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lunes, 2 de mayo de 2011

Los Entretelones de la Reforma de Salud en Estados Unidos

Jesús Hernández Garibay

En mayo de 2007, un año antes de que la parafernalia de las elecciones presidenciales en Estados Unidos enmarcara las intenciones de varios de los precandidatos de ocupar la Casa Blanca, Barack Obama comenzaba a plantear como una de sus promesas de campaña la posibilidad de un cambio de fondo en el Sistema de Salud de su país. Por esas mismas fechas, un estudio internacional (Fondo Commonwealth) ubicaba dicho sistema en el último lugar de los países de la OCDE, debido a ser el más caro del mundo y dado el “pobre desempeño en calidad, acceso y eficiencia”, entre los países desarrollados. El estudio destacaba que 45 millones de estadounidenses, equivalente a 15 por ciento de la población, no contaban con seguro médico.

El Sistema de Salud venía siendo cuestionado durante muchas décadas atrás, desde Theodore Roosevelt en 1901 hasta William Clinton en 1993, y nunca había podido ser reformado debido a la negativa de las compañías de seguros y los grupos médicos que ejercían presión para que no fuesen sancionados ninguno de los proyectos de reforma. Ahora, la promesa de Obama se concretaba al ser aprobada su reforma el 21 de marzo de 2010 en la Cámara de Representantes, con 219 votos a favor y 212 en contra; a la misma se opondrían todos los 178 legisladores republicanos junto con 34 demócratas. Con el tiempo y el cambio en la correlación de fuerzas en las elecciones legislativas de 2010, la misma trataría de ser revocada, todavía sin éxito hasta ahora, por los diputados republicanos.

A pesar de que este rechazo intentaba desprestigiar la propuesta de Obama, pretendiendo que su puesta en marcha sería un “desastre” para la economía y que el inicio del “Obamacare”, como se llamó despectivamente a la “Ley de Cuidado de Salud Asequible”, no era más que un “socialismo” disfrazado y una costosa injerencia del Estado en el sector privado que abultaría el déficit presupuestal, la misma habría de ser iniciada desde el mes de enero de este año, con aspectos como estos: gratuidad de exámenes preventivos para los usuarios de Medicare (programa de salud del Estado); descuentos del 50% en medicamentos para usuarios de Medicare; bonos para médicos de Medicare que ofrecieran servicios de atención primaria; reembolso en costo de medicamentos, entre muchos otros.

El mercado mundial de las medicinas representa unos 200 mil millones de dólares al año; y una docena de grandes empresas, entre ellas las llamadas “Big Pharma” (Bayer, GlaxoSmithKline (GSK), Merck, Novartis, Pfizer, Roche, Sanofi-Aventis), controlan la mitad de ese mercado; sus beneficios son superiores a los obtenidos por los poderosos grupos del complejo militar-industrial o de las telecomunicaciones. Por eso, apoyándose en los grandes medios de comunicación más conservadores y en el Partido Republicano, están gastando decenas de millones de dólares en campañas de desinformación. La reforma, dicen sus detractores, “es la joya de la corona” del “socialismo” de Obama y los republicanos lucharán “hasta colocar en la Casa Blanca a un presidente que la revoque…”

2 de mayo de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de mayo de 2011)
El Otoño del Imperio

Para entender la reforma de salud de Obama (1/3)

miércoles, 26 de enero de 2011

Dos Años de Barack Obama

Jesús Hernández Garibay

El pasado 20 de enero se cumplió el segundo aniversario del nombramiento oficial de Barack Obama como presidente de Estados Unidos. Como se recuerda, dos años antes el ahora mandatario juraba ante miles de personas congregadas para atestiguar lo que representaba un momento histórico para el pueblo que lo eligiera. Obama se convertía, así, en el primer presidente afroamericano de EUA, y en su discurso inaugural, en medio de una profunda crisis económica y de dos guerras, la de Irak y la de Afganistán, llamaba a construir un país, “con esperanzas en lugar del miedo, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia”. Luego del tiempo transcurrido, en este martes último, al ofrecer su discurso sobre el Estado de la Unión, el mandatario se enfrentaría ahora, paradójicamente, a la necesidad de la esperanza y la unidad, en medio del desempleo y la discordia.

Los dos primeros años fueron especialmente duros para un joven entusiasta que pretendía quizás de una manera cándida haber llegado al reino desde el cual podría por sí mismo reorientar el curso de la nación. El peso de una maquinaria del poder heredado, donde grandes intereses están y han estado presentes y actuando durante muchas décadas, le hizo sentir su presencia y sus reglas, invisibles muchas de ellas, pero a la vez más poderosas que las evidentes; una maquinaria que excede hasta al propio Congreso y a los partidos, obligados a moverse bajo la lógica de tales intereses. Un tejido cuya razón de ser en el mercado, se enfrenta sin embargo, ahora, a la indómita crisis que pervive, a pesar de los deseos y las medidas en contrario; la economía comienza a remontar, se dice, con previsiones de crecimiento de hasta el 4%, pero el desempleo se mantiene en un 10%.

En medio de esa problemática circunstancia, la ola de entusiasmo con la que asumió el poder se esfumó pronto. La guerra prolongada en Afganistán y los titubeos para salir de Irak, hicieron mella en los sectores que lo apoyaron. El derrame petrolero en el Golfo de México, considerado el peor desastre ecológico de la historia de los EUA, lo dejó casi como un Bush cualquiera frente al Katrina. Ni siquiera la Reforma de Salud, principalísimo logro de su gestión, ni la Reforma Financiera con la que amarro las manos de los bancos, le reportaron mejores dividendos; y es que los sectores anticomunistas y ultraconservadores hicieron campaña sobre todo contra una reforma sanitaria a la que demonizaron, acusándola de ser socialista y antinorteamericana. Así, la popularidad de Obama cayó a mayor velocidad que la de ningún otro presidente anteriormente.

El golpe resultante llegó con las elecciones de mitad de mandato, en las que los republicanos lograron mayoría en la Cámara de Representantes, lo que supone que ninguna ley podrá aprobarse ahora sin el consentimiento de ellos; lo que lo obliga a buscar compromisos. Por ello inicia un cambio hasta en su gabinete, nombrando entre otros a Bill Daley, un ex banquero de Wall Street, como su nuevo jefe de gabinete, para así reforzar los lazos con el mundo empresarial. La reciente visita del presidente chino Hu Jintao le ha permitido abrir más el mercado asiático y buscar en el mundial mejores ventas para las mercancías estadounidenses, lo que supone promoverá más empleos. Con la relativa recuperación reciente de su buena imagen pública, lo prioritario en estos dos siguientes años será desde luego preparar las condiciones para una reelección; aunque siempre en medio de los peligros que implica esa intención en el entorno de una crisis que no termina.

26 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 30 de enero de 2011)
El Otoño del Imperio

jueves, 20 de enero de 2011

La Visita del Presidente Chino Hu Jintao a Estados Unidos

Jesús Hernández Garibay

La visita de Hu Jintao, presidente de la República Popular China, a la Unión Americana, llevada a cabo del 19 al 21 de este mes, se desenvuelve en el contexto del mordaz panorama por el que camina ahora un país en crisis, frente al pujante desarrollo de la economía del “Dragón Rojo”. El hecho, que golpea la conciencia de muchos ciudadanos estadounidenses, se sucede a la vez en medio del clima de zozobra ocasionado por la violencia que deriva en la muerte de ciudadanos en el mitin donde fue baleada Gabrielle Giffords, congresista por Arizona; en un acto llevado a cabo en la universidad de ese Estado, días después del abominable hecho, decía al respecto el presidente Barack Obama: “las pérdidas repentinas nos llevan a la introspección, a reflexionar sobre el presente y el futuro...” Un futuro en el que el mundo cambia, no del todo en favor de su país.

Como se sabe, la relación entre China y Estados Unidos es ahora desfavorable a este último. Beijing es, desde 2008, como poseedor de la mayoría de los bonos del Tesoro estadounidenses, el principal acreedor de EUA, por encima de Japón; y aunque se menciona que el principal acreedor de la Casa Blanca es más recientemente la Reserva Federal, lo cierto es que aun en medio de la crisis que golpea por todos lados, no existe comparación entre el crecimiento de China de un 8 al 10% en los últimos años, y el de EUA que fue de 0.4% en 2008, de -2.4% en 2009 y de 2.6% estimado por la OCDE en 2010. Para 2008 China había alcanzado un superávit de 368 mil 200 millones de dólares (mdd) en su balanza comercial, mientras EUA sufría en el mismo año un déficit de -568 mil 800 mdd. (según The World Factbook). Cifras que representan un dolor de cabeza para la Casa Blanca, por lo que implican al desempleo y el crecimiento de la pobreza.

Hu Jintao era esperado para entrevistarse con el presidente Obama, con quien debía tratar espinosos asuntos bilaterales como el valor comercial del yuan, considerado inconveniente para el crecientemente débil dólar, tanto como varios diferendos comerciales que han afectado las relaciones de las dos potencias económicas mundiales. A la vez, la visita del jefe de Estado se realiza al tenor de las tensiones ocurridas entre Corea del Norte (aliado de China) y Corea del Sur (aliado de Washington), lo que aumenta los temores de una mayor desestabilización en la región que al gobierno chino preocupa por lo que pudiera implicar para su nación como vecina de la zona. Asuntos todos para encarar, que requerirían de parte de Obama un rol de líder fuerte, que por el momento no alcanza.

Para el presidente Obama, el momento en el que se realiza la visita no resulta a la vez muy conveniente, dada la nueva correlación de fuerzas en el Congreso, desfavorable a su gobierno; circunstancia que lo obliga a adoptar internamente un discurso unitario, alejado de discordancias que pudieran ocasionarle mayores obstáculos en su administración. Por algo ha mencionado que espera con ansias la ocasión de trabajar tanto con demócratas como con republicanos para enfrentar los desafíos que encara el país. Por ello también ha planteado que la prioridad ahora es enfrentar los retos que el país tiene por delante, como la necesidad de crear empleos, forjar una economía más fuerte y competitiva, apuntalar el presupuesto, etcétera; aspectos todos que, de ser hoy una realidad y no una necesidad, le permitirían posibilidades distintas frente su rival mundial. Posibilidades que no alcanza, por lo que sólo puede mantener una actitud de respeto frente a su par chino.

20 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 23 de enero de 2011)
El Otoño del Imperio

lunes, 10 de enero de 2011

El Violento Escenario del Nuevo Año en Estados Unidos

Jesús Hernández Garibay

El intento de asesinato de la congresista por Arizona, Gabrielle Giffords, quien recibiera un disparo en la cabeza el pasado día sábado 8 de enero, cuando se disponía a reunirse con votantes, es una muestra del alcance que comienza a tener el clima de tensión política en la Unión Americana; en el ataque, perpetrado por un joven radical que, según pueril opinión, “padece problemas mentales”, murió un juez federal y otras cinco personas, mientras 14 resultaron heridas. La representante por el Partido Demócrata, había sido ya señalada en un sitio de Internet como un “blanco” a quien había que afrentar por su postura política en favor del presidente Obama, por parte de la ex-candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos, la republicana Sarah Palin, quien encabeza el llamado grupo “Tea Party”, especie de legión de ultraderecha opuesta a la presidencia del actual mandatario.

Giffords iniciaba un mitin dentro del programa promovido por legisladores afectos al presidente, denominado “el Congreso en las Esquinas” (Congress on the Corner), sobre temas candentes de la difícil situación económica y social en ese país; la legisladora había sido criticada por el “Tea Party” y otros sectores ultraconservadores de la escena política por causa de su apoyo a la reforma al sistema de salud y el día que ésta fue aprobada en la Cámara de Representantes, su oficina fue objeto de un ataque vandálico. Como se recuerda, en la nueva composición de la Cámara resultado de las elecciones de noviembre, justamente miembros de dicho grupo habían ya declarado que promoverían una nueva votación en el Congreso, para echar atrás esa reforma, a la cual acusan de “socialista”; tanto como a la propia intención de su “marxista” promotor de: “Obamunismo”.

Obama, de hecho, tendrá que enfrentar en las próximas semanas y meses una agenda cargada de acciones contrarias a su política, que intentará sembrar un Congreso ahora desfavorable a él, en el que miembros del Tea Party se han logrado colar. De su parte, en su afán por disminuir las presiones de derecha el presidente ha tratado de hacer concesiones y ha hecho llamados a los republicanos a que trabajen con él para revitalizar la economía, en lugar de caer en la tentación de buscar ventajas para los comicios presidenciales de 2012. A la vez, ha prometido que este año buscará tender puentes hacia dicha oposición, una táctica que a finales de 2010 le consiguió la aprobación de medidas como el nuevo tratado START de desarme nuclear con Rusia; tal vez por ello es que ahora se propone, en los cambios del nuevo año hechos a su gabinete, nombrar a William Daley, en el pasado un alto ejecutivo en la megaempresa financiera JP Morgan, como jefe de gabinete.

Y mientras Obama prepara el terreno para intentar llevar adelante planes de gobierno que incluyen la reforma educativa, tratados de libre comercio pendientes o una reforma migratoria, entre otros, el ambiente de la calle es ahora muy ríspido. El joven atacante, al que algunos compañeros refieren también como un “izquierdista radical”, forma parte de un complejo escenario en el que la pregunta: “¿Es Esto el Fin de Norteamérica?”, es cosa de todos los días. Y en el que algunos analistas tanto desde la izquierda como desde la derecha ya pronostican “disturbios en las calles...” y hasta tal vez una ley marcial, ejecutada por las fuerzas armadas, como resultado de una crisis que se ha convertido en amenaza “para nuestra propia forma de vida…”; por lo que el deseo de más de uno es, dicen: “revertir el actual descenso hacia al Infierno…”

10 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 16 de enero de 2011)
El Otoño del Imperio

martes, 4 de enero de 2011

2011: ¿Sigue Creciendo la Pobreza en Estados Unidos?

Jesús Hernández Garibay

El 8 de diciembre último en el periódico norteamericano “National Journal” apareció un artículo intitulado: “La Caída Del Pedestal”, que destaca: “Los estadounidenses ya no piensan más que la economía estadounidense es la Nº 1”; e indica: “En la carrera global para el empleo y la prosperidad económica, los Estados Unidos es Nº 2. Y es probable que permanezca allí durante algún tiempo. Esta es la sombría conclusión de la mayoría de los estadounidenses encuestados en la última encuesta de Allstate/National Journal Heartland Monitor…” Coincidentemente, el día anterior en una conferencia de prensa en la Casa Blanca el presidente Barack Obama, acremente criticado por lo que se considera son “tibias acciones” en favor de la mayoría de los estadounidenses, advertía: “No hay una sola cosa que haya dicho que haría, que yo no haya hecho o intentado hacer…”

Al preguntárseles qué nación tiene ahora la economía más fuerte del mundo, en la encuesta mencionada sólo un 20% escogió a Estados Unidos; más de dos veces más (47%) escogió a China, mientras que sólo el 1% eligió a Japón. En varios frentes, especialmente la calidad de la educación superior y la investigación científica, la mayoría de los estadounidenses todavía cree que su país es líder en el mundo; a la vez, la mayoría dice que Estados Unidos puede permanecer además como un líder en la fabricación de productos. No obstante, la encuesta revela una profunda incertidumbre acerca del impacto de la economía en las perspectivas económicas para las generaciones más jóvenes. Y es revelador como solamente algunos de los encuestados esperan que su situación económica pueda mejorar durante el nuevo año; la mayoría son escépticos; la confianza en el sistema político y el optimismo acerca de la economía son escasos.

Y es que mientras que la Oficina del Censo anunciaba el 21 de diciembre que la población del país ya es de cerca de 309 millones de personas, en relación con poco más de 281 millones de hace una década (es decir, una tasa de crecimiento durante el último decenio del 9,7%, la más baja desde la gran depresión), el informe denominado “Pobreza: 2008 y 2009”, dado a conocer por la misma oficina en septiembre último, resalta los resultados de la Encuesta de la Comunidad Estadounidense (ACS) de 2009 y presenta las estimaciones de la pobreza basadas en datos de la ACS de 2008 y la ACS de 2009. En la ACS de 2009, el 14,3% de la población estadounidense tuvo ingresos por debajo de sus umbrales de pobreza respectivos; es decir, el número de personas en la pobreza aumentó de 39.8 a 42,9 millones.

Aunque existe una discrepancia entre el dato de 42.9 millones de pobres que se informa existen a partir de los datos de la ACS, y 43,6 millones que el 16 de septiembre anunciaba la Oficina del Censo en su informe Income, Poverty, and Health Insurance Coverage in the United States: 2009, lo cierto es que es este el tercer aumento anual consecutivo; a la vez, la Oficina del Censo confirma que 31 estados (del total de 50) tuvieron aumentos en el número y el porcentaje de personas en la pobreza entre 2008 y 2009; lo que es más, ningún estado tuvo una disminución estadísticamente significativa en el número en la pobreza o en la tasa de pobreza. Mientras tanto, el número de personas sin cobertura de seguro de salud pasó de 46,3 millones en 2008 a 50,7 millones en 2009. Por algo se multiplican las discrepancias entre Obama y sus bases de apoyo, en la medida en que la pobreza crece frente a una política gubernamental que se mantiene, como en épocas de Bush, en apoyo al gran mercado.

4 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de enero de 2011)
El Otoño del Imperio

domingo, 2 de enero de 2011

El Drama de la Pobreza en el País Más Rico de la Tierra

Jesús Hernández Garibay

Que están cambiando las cosas en el mundo, lo dejan ver los nuevos acontecimientos que se suceden aquí o allá, para bien o para mal. Es el caso de las circunstancias nacionales que vive Estados Unidos (EUA), un lugar que siempre fue considerado país rico, y que por su poderío económico podía garantizar a sus habitantes un nivel de vida excepcional y diferente al del resto del mundo.

Tan es así, que cuando en una reunión de sobremesa los miembros de alguna familia latinoamericana comentan acerca de la pobreza en esa nación, opinan que la de aquel país no se compara con la nuestra. Y hay quien se atreve a afirmar que allá en todo caso cualquier familia puede contar con un modesto automóvil y una vivienda, así sea pequeña. Pero si bien hace varias décadas pudo haber estado justificada, dicha creencia desde hace años es cada vez menos cierta, pues la pobreza en esa nación se mantiene sin solución, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por abatirla.

No obstante un breve aumento en los niveles de bienestar en 1973 y luego en 1999, lo cierto es que el ingreso familiar medio en EUA ha declinado en el último medio siglo, de manera fundamental por dos razones:

1) el índice inflacionario que, aunque no comparable con los que nuestros países sufrieron hace un tiempo, sí ha sido constante y ha mermado lentamente los ingresos reales de los hogares;

2) el endeudamiento creciente de las familias, que les obliga a buscar en forma intensiva mayores ingresos y créditos, pero a la vez les lleva a límites en el poder de compra y a menores posibilidades de desarrollo familiar cada día.

Las cifras de la pobreza

Si se toman en cuenta tendencias de largo plazo, se puede advertir que los índices del abatimiento de la pobreza de las últimas décadas son intrascendentes para un país que suele ostentarse como un “modelo” de civilización y paladín de la democracia, aun cuando recibe una enorme proporción del sangrado permanente de recursos de nuestros pueblos.

Una muestra de datos oficiales del U.S.Census Bureau desde 1959, deja ver el comportamiento errático que han tenido los datos sobre la pobreza en ese país, del peor momento de la posguerra en plena recesión de 1960 (poco más de 40 millones de habitantes abajo del nivel de pobreza) hasta su mejor momento en 1973, los “años dorados”, donde disminuye a 23 millones.

Sin embargo, a partir de entonces las cifras no son para alegrar a nadie: 35 millones hacia 1983, cerca de 40 millones en 1993, más de 32 millones en 1999, casi 36 millones en 2003 y 37 millones en 2004. Desde luego, con un impacto mayor en los grupos negro e hispano donde mucha gente ve alejarse de manera más irremediable el llamado Sueño Americano, mientras una realidad de mayor endeudamiento familiar o desahucio se le impone.

La crisis afecta a todos

Como se recuerda, en 2005 azotó a EUA uno de los más mortales huracanes de su historia. El Katrina se formó el 23 de agosto y se disipó el 31, luego de devastar la costa norte-centro del golfo de México, de manera particular la ciudad de Nueva Orleáns, en Luisiana, donde según algunos medios dejó más de 10 mil muertos. En el fondo, lo que el Katrina reveló fue la situación de pobreza que muchas familias padecen en ese, “el país más rico de la tierra”, pues de los 500 mil habitantes de la ciudad de Nueva Orleáns muchos de los 100 mil que se mantuvieron ahí no pudieron huir por falta de recursos, pues no contaban con un auto y no había transportes públicos.

Más recientemente, recordemos, en octubre de 2008 la economía de Estados Unidos sufrió un severo tsunami financiero, cuyo impacto en los sectores medios ha sido desastroso, pues comienzan estos también a sufrir en carne propia el rigor de una inmisericorde realidad. El caso de la vivienda es siniestro: familias viviendo hace unos años todavía en edificaciones residenciales hipotecadas trataron de salir adelante con tarjetas de crédito luego impagables, causando lo inimaginable: que de bonitas casas con jardín tuvieran que vivir ahora en coches, tiendas de campaña, desvanes en casas familiares o moteles baratos de las carreteras.

Campamentos sin servicios de ningún tipo para gente sin hogar albergan ya a cientos y cientos de personas y crecen a un ritmo de decenas de nuevos residentes diarios; los habitantes de estas llamadas Tent Cities (Ciudades de Carpas), no son sólo vagabundos alcohólicos, sino también numerosas familias clasemedieras con niños que han perdido sus trabajos y sus casas por no poder afrontar los pagos de las hipotecas.

En medio de la crisis, la alimentación ha sido también un tema sensible. Ante el alza imparable de los precios de los alimentos, la realidad impone su cruda realidad. Los Bancos de Alimentos son organizaciones no lucrativas cuyo objetivo es recuperar excedentes alimenticios y redistribuirlos entre las personas necesitadas. Actualmente hay más de mil bancos en todo el mundo, incluyendo México, mientras que en Estados Unidos el año pasado más de 25 millones de personas pobres tuvieron que acudir a los mismos para garantizar su supervivencia diaria.

No obstante, ahora esos bancos de alimentos no solamente benefician a comunidades desahuciadas, sino a la vez a miembros de aquellas “clases medias”. El pasado 20 de febrero una nota periodística destacaba el caso de una pareja de ejecutivos empresariales con un buen sueldo estable, un matrimonio que se acercaba cada noche a uno de estos bancos para garantizar su alimento diario, mientras sus recursos financieros eran invertidos en cubrir sus impagables deudas.

El mundo del trabajo

El diagnóstico del propio presidente Barack Obama, días antes en su toma de posesión el 16 de enero de este año, era bastante crudo: en los últimos meses de 2008 se evaporaron en ese país casi dos millones de empleos y tan sólo durante ese año se perdieron más puestos de trabajo que durante todos los años desde la Segunda Guerra Mundial; en ese mismo año 2,8 millones de estadounidenses que deseaban y necesitaban un trabajo de jornada completa tuvieron que aceptar uno de tiempo parcial, mientras las manufacturas llegaron a su punto más bajo en 28 años; muchos negocios ya no pudieron pedir más préstamos ni alcanzar a manejar una nómina, en tanto que cientos de miles de familias no podían ya pagar sus deudas ni su hipoteca y muchos trabajadores veían que los ahorros de su vida se esfumaban.

Como efecto de los cambios en el mundo del trabajo, en Estados Unidos también aumenta el desempleo y las distinciones en la esfera laboral. El “trabajo simbólico” (uso de computadoras) es más requerido y la técnica redefine las habilidades de los trabajadores y la organización del trabajo. Los puestos de trabajo de alto perfil aumentan, aunque no en la proporción necesaria, mientras los de bajo perfil son más difíciles de encontrar, hecho que contribuye a la desigualdad en el mercado laboral; la brecha entre los altos y los bajos salarios crece substancialmente y la diferencia es mayor que nunca.

La negociación colectiva logra moderar esa brecha, pues los trabajadores sindicalizados ganan casi un tercio más que los no sindicalizados y tienen mayores beneficios de salud y pensión, lo que para las minorías ha sido importantísimo. Pero el drama es que la tasa de sindicalización disminuye, pues hace 50 años era del 35 por ciento de la población ocupada, pero hace 10 años solamente incluía alrededor del 20 por ciento y hoy ya es menor al 13 por ciento, tal vez rondando el 10 por ciento.

En cuanto al desempleo, un “mal necesario” e irresoluble del sistema, muestra graves diferencias en grupos sociales diversos, al afectar mayormente a las mujeres y los jóvenes de raza no blanca, además con una tercera parte de la fuerza laboral gozando sólo del empleo “contingente”, que incluye puestos temporales o por contrato limitado. A la vez, la brecha salarial entre distintos grupos sociales continúa, pues las mujeres y las minorías ganan menos (35 a 45 por ciento menos) que sus pares masculinos blancos.

Miseria en la superpotencia mundial

A propósito del drama vivido en Nueva Orleáns con el huracán Katrina y la lenta respuesta del gobierno a dicha emergencia, con posterioridad al hecho fue creada en el 2006 la llamada “Comisión de la Verdad”, integrada por representantes de una amplia diversidad de organizaciones sociales, sindicales, civiles, de sectores eclesiásticos, de juristas y defensores de derechos humanos de ese país y otros delegados pertenecientes a instituciones, redes y organizaciones de alto perfil representativo en el mundo y el hemisferio (comisión fundada por The Poor People's Economic Human Rights Campaign).

Luego de recibir documentación y escuchar decenas de testimonios emblemáticos denunciados por mujeres y hombres pobres, blancos y negros, latinos y asiáticos, jóvenes y ancianos, veteranos de Irak y madres que perdieron a sus hijos en esa guerra, personas sin vivienda, víctimas del huracán Katrina, desempleados, migrantes, ciudadanos sin acceso a la salud, entre otros sectores, dicha Comisión concluía que la pregunta: “¿Hay gente viviendo en la miseria en la superpotencia mundial, panacea del bienestar y del consumo…, que hoy lidera un discurso… de sanciones a otras naciones por sus presuntos desapegos a la democracia y a los derechos humanos?”, no tiene más respuesta, sino: “los derechos humanos, económicos, sociales y culturales sí se violan en los Estados Unidos de Norteamérica…”

Se entiende entonces que la elección de un nuevo presidente en el 2008 en Estados Unidos haya intentado plantear una nueva circunstancia como se deduce, trascendente no sólo para esa nación sino a la vez para el resto del mundo. Con la toma de posesión de Obama como presidente por el periodo 2009-2012, tiene lugar un nuevo escenario en la Unión Americana. Su presidencia era previsible antes de las elecciones del 4 de noviembre dada una compleja confluencia de factores entre los que destacaba la impopular presidencia del anterior mandatario, tanto como el cansancio de la gente frente a las desastrosas condiciones de su economía, además del crecimiento en esa misma gente de una percepción de lo social en ese su convulso mundo.

2 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Pueblo Unido Nº 1, México, febrero-abril de 2010)
El Otoño del Imperio

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Las Razones de la Derrota Demócrata

Jesús Hernández Garibay

La derrota demócrata, a manos de un movimiento popular conservador que se expresa a través del Partido Republicano y provoca la conquista por éste de importantes espacios legislativos, es una lección para el mundo acerca de lo frágil que pueden ser las perspectivas en busca de mejores tiempos globales, desde Estados Unidos. Los resultados finales de la jornada electoral del 2 de noviembre último son también una lección para Barack Obama mismo, acerca de la importancia que tenía el haberse mantenido en su primer periodo de gobierno cercano a los electores que lo favorecieron; a la vez sin embargo, si bien es una evidencia sobre los límites actuales, es también un indicador acerca de los alcances que puede implicar ello para un verdadero cambio en el panorama político de la Unión Americana.

Como se recuerda, el complejo escenario estadounidense de principios del nuevo siglo incluye una severa crisis económica como no había sido advertida desde los años treinta del siglo anterior; una crisis que afecta en todos los sentidos tanto a las empresas que por miles nacen, crecen y sucumben a manos de una despiadada competencia en la que los grandes se tragan sin más a los pequeños, como para los consumidores que no logran la suficiente estabilidad para mantener un status familiar, en medio del insoluble desempleo, del creciente empobrecimiento y del agotamiento del crédito como un recurso viable para sus necesidades. Una crisis que fuerza a buscar en el gasto armamentista, con todas las implicaciones guerreristas de ello, opciones para contrarrestar el declive en el ámbito planetario, y que a mucha gente le plantea también las salidas falsas de la delincuencia y la drogadicción.

El movimiento de derecha que propina en los comicios “una paliza”, así lo decía el mandatario estadounidense, a sus pretensiones por modificar el escenario político nacional y global, responde en lo fundamental al desaliento de esa gente cansada de promesas por no advertir mayores avances en su seguridad familiar (en lo educativo, en una mejor vivienda, en un empleo más estable…) El llamado Tea Party (siendo aprovechado ahora en forma oportunista por políticos ultraconservadores para mejorar sus espacios particulares), de origen nace con fuertes críticas hacia todo lo que suene a “gobierno”, como los “despilfarros” administrativos, o la intervención en sectores de la economía o la sanidad, o los recortes de impuestos; e irrumpe exigiendo mayor austeridad en el gasto y una menor intervención estatal, lo que también incluye críticas al gobierno de George W. Bush.

Por las características del nuevo presidente, negro, con aire musulmán e ideas renovadas que proponen apoyos más sustanciales a la gente más empobrecida, ese ultraconservadurismo ―proveniente tanto del “reaganomics” (política económica de Ronald Reagan) como de las políticas neoliberales de la Era Bush, con su ramplón anticomunismo que ahora ve en Obama un peligro “socialista”―, busca en esencia descarrilar el carro de cualquier intento por seguir construyendo un país distinto; o como decía una de las estrellas del Tea Party, Rand Paul (senador por Kentucky), su objetivo es “devolver el gobierno al pueblo”.

No obstante lo anterior, lo que es cierto es que tanto aquél como específicamente el popular que llevó a Obama a la presidencia son parte de un movimiento diverso con lazos comunes y comunicantes, que si bien hoy se encuentra dividido y paralizado, sin salidas fáciles, más temprano que tarde encontrará en el regreso a los orígenes que le dieron vida, el camino para continuar abonando en socorro de una historia nueva.

10 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Las Elecciones Intermedias en Estados Unidos

Jesús Hernández Garibay

En una esperada jornada que promete un nuevo giro en el de por sí complejo panorama político de Estados Unidos, el ultraconservadurismo y sus variantes derechistas, racistas, anticomunistas y antimusulmanas, defensoras a ultranza del llamado mercado libre, este 2 de noviembre, en las elecciones intermedias en las que se jugaba la mayoría en el Senado, la Cámara de Representantes y las gubernaturas de la Unión Americana, propinó lo que se califica como un duro descalabro a los sueños de “cambio” del presidente Barack Obama y antecedente importante para atajar sus intenciones de un segundo periodo presidencial. En estos comicios serían renovados 435 escaños de la Cámara y 37 de los 100 del Senado, así como 37 gubernaturas y numerosos congresos locales.

A través del Partido Republicano, dicho movimiento ultraconservador que nace encabezado por quienes se autodenominan el “Partido del Té” (“Tea Party”), propina una categórica derrota al Partido Demócrata en la Cámara baja, con 240 republicanos ganadores (55%), frente a 184 demócratas y aun 11 no decididos hasta las primeras horas del 3 de noviembre (la composición de la Cámara era antes de estos comicios, de 235 demócratas (56%) y 199 republicanos, resultado de la elección de 2008). Con toda fortuna para la agenda política de Obama, en el Senado los demócratas mantienen su ventaja al menos con el mínimo 51% de las curules, mientras que en la carrera por las gubernaturas los republicanos arrancan también a los demócratas la delantera con una ventaja de 2 a 1.

Un indudable revés a las aspiraciones de Obama de cambiar la correlación interna de fuerzas por la vía de propuestas como las reformas de salud y financiera (ahora, con el triunfo republicano, a punto de ser regresadas al congelador), o las reformas sobre el cambio ambiental, la inmigración o la educación entre otras a nivel nacional, además de las intenciones por disminuir la tensión bélica mundial, por parte de un movimiento popular ultraconservador que despierta y reacciona frente a los cambios en el mundo, ante un movimiento popular que había llevado a Obama a la Casa Blanca, pero que ahora paralizado y desconcertado deja de votar en favor de los demócratas, que tampoco resultan atractivos por pertenecer a una rancia “clase política”, maleable y sin proyecto de futuro asequible.

Curioso, la gran ganadora de los comicios resulta ser Sarah Palin, la ex-candidata republicana a la vice-presidencia en las pasadas elecciones, quien en un singular activismo por todo el país respaldó a 43 candidatos para la Cámara, de los que al menos 30 ganaron un escaño, mientras que para el Senado apoyó a 12 candidatos, de los que ganan 7. Esto la deja en condiciones de buscar de nuevo la nominación presidencial republicana para el 2012, una gran oportunidad de llevar adelante su agenda ultramontana como un miembro destacado que es de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), y quien siempre apoyó la invasión a Irak al opinar que EUA enviaba ahí soldados, como “una misión de Dios”.

El presidente Barack Obama de su parte, vilipendiado por la derecha, malentendido por la izquierda y, como alguien decía, “abandonado por el centro”, a quien los electores acusan de no resolver la recesión económica y el desempleo, al menos por ahora acepta, de acuerdo con una entrevista de Peter Baker, que descuidó la “inspiración” una vez que fue electo, al no haberse mantenido “conectado” con la gente que lo colocó en el cargo; algo que esta gente comienza a considerar igual: que no debió abandonarlo tampoco.

3 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 7 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Las Sanciones a Irán

Jesús Hernández Garibay

El jueves 9 de septiembre último se cumplieron los 90 días de la adopción de la resolución 1929 del Consejo de Seguridad de la ONU, la cual estableció desde el pasado mes de junio una cuarta ronda de sanciones a Teherán por su determinación a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. El proyecto de sanciones, elaborado por Estados Unidos y sus principales aliados en la pretendida búsqueda de que Irán no alcance a desarrollar armas nucleares (una dura acusación que se le hace, por causa de la determinación de su gobierno de abrir varias centrales nucleares), establece ahora el ampliar el embargo al suministro de armas a Irán, congelar las cuentas de otras decenas de firmas iraníes y la posibilidad de la inspección de barcos iraníes en busca de material radioactivo o implementos relacionados. A partir de ahora, cualquier escaramuza podría derivar en un conflicto bélico.

En contribución al clima beligerante, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de la misma ONU había informado el lunes 6 que Irán ha producido hasta hoy unos 2 mil 800 kilos de uranio poco enriquecido ―mil kilos más que en noviembre anterior―, una cantidad que algunos expertos consideran suficiente para “construir entre dos y tres bombas nucleares”. En su más reciente informe técnico sobre Irán, dicha agencia nuclear señala que el país islámico está avanzando en sus labores atómicas y “desafía las severas sanciones impuestas en su contra”. Además, la OIEA expresa “su preocupación por las objeciones de Teherán al ingreso de algunos inspectores”. El documento llama a Irán, que niega las acusaciones de estar buscando fabricar bombas atómicas, a garantizar que la agencia de la ONU tenga acceso a instalaciones, equipos y personas importantes “sin más demora”, a fin de ayudar en su investigación.

El cuarto paquete de sanciones contra Irán fue aprobado por 12 votos a favor (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, China, México, Nigeria, Gabón, Bosnia y Herzegovina, Austria, Japón y Uganda), dos en contra (Brasil y Turquía) y una abstención (Líbano). Como se recuerda, en un loable esfuerzo diplomático Brasil y Turquía habían alcanzado en mayo con Teheran un compromiso para el enriquecimiento de su uranio en territorio turco y así asegurarse de que no dispusiera de combustible para actividades nucleares no civiles; hecho que EUA, de acuerdo con sus intenciones, no reconoció como válido y suficiente. Ahora, a partir de estas fechas, comienzan a aplicarse las nuevas sanciones, que incluyen una “lista negra” de 40 entidades presuntamente vinculadas al proyecto nuclear iraní y el veto a la venta de armamento pesado al país persa, incluidos vehículos de combate.

Lo que puede advertirse de toda esa parafernalia encabezada por Estados Unidos e Israel, es que más que buscar que las sanciones decretadas por el Consejo de Seguridad sean eficaces en impedir que Irán mantenga sus intenciones de avanzar en el desarrollo de una industria nuclear, lo que pretende esencialmente son dos cosas: internamente, posibilitar una mayor presión social en contra del gobierno de Mahmoud Ahmanidejad (al cual ya en el pasado y de manera infructuosa se le ha intentado socavar); en el plano internacional, preparar las condiciones para que una eventual invasión a Irán (en caso de fallar en lograr cambios internos significativos), sea acompañada de un apoyo mundial suficiente a los planes del ejército norteamericano, siempre presto en cumplir con los propósitos de mover de nuevo la maquinaria de la guerra, que tanta satisfacción deja a la industria militar.

15 de septiembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 19 de septiembre de 2010)
El Otoño del Imperio

lunes, 6 de septiembre de 2010

Hacia una Nueva Gran Crisis Global

Jesús Hernández Garibay

La reciente caída de las bolsas del mundo y la persistencia de inestabilidad económica en países europeos como Grecia, Portugal y España, cae como nuevo balde de agua fría en quienes consideraban que las medidas establecidas en reuniones importantes como la del Grupo de los 20, serían capaces de remontar la crisis que comienza a exhibirse en su más amplia dimensión en el desplome de las bolsas de valores en el otoño de 2008. La economía en distintos países y en diversos sectores se ha venido reactivando, pero en el fondo marcada por un creciente debilitamiento general del mercado, que no alcanza a despuntar y a imprimir fuerza en su desenvolvimiento, por la precariedad del consumo. El crédito, un recurso socorrido en las últimas décadas bajo el capitalismo, trastabilla frente a las necesidades de su reproducción, sin salida firme para las deudas que se acumulan.

La porfiada baja en las ventas de casas nuevas en Estados Unidos continúa evidenciando la crisis inmobiliaria y, no obstante que estas ventas se mantienen por encima del ritmo más bajo de hace dos años, lo que continúa también creciendo, “a velocidad de crucero”, son los embargos de viviendas; tan sólo durante el pasado mes de julio, los bancos confiscaron hasta 92 mil 858 casas, la segunda cifra mensual más alta de la historia, de propietarios que dejaron de pagar sus cuotas hipotecarias, según informaba recién la compañía de datos inmobiliarios RealtyTrac. Las compañías financieras estadounidenses tratan así de limpiar sus cuentas y balances de préstamos morosos y de ahí que las ejecuciones se cuenten por decenas de miles; éstas, según RealtyTrac, en lugar de notificar el incumplimiento del abono de cuotas y dar un margen de maniobra, optan por embargar directamente.

La actual debilidad financiera ha llevado a pensar que podría derivar en una nueva gran crisis. En días recientes una caída del 12 por ciento en las ventas de casas nuevas en EU provocaba durante dos días consecutivos el desplome de las Bolsas europeas. Si a ello se suman los más de 40 millones de personas sin trabajo que ilustraban el panorama europeo-estadounidense de inicios de este año (15 millones en la zona del euro, lo que representa 10 por ciento de la PEA, el peor índice desde 1998), entonces es cierto que persiste el riesgo de “un crecimiento débil y de una nueva crisis”, tal y como lo reconocieran Barack Obama y los jefes de gobierno de Canadá, Francia, Gran Bretaña y Corea del Sur en una declaración de marzo pasado en la reunión en el G-20 en el Palacio del Eliseo, París. Los cinco hacen en ese entonces un urgente llamado al resto del Grupo, presuponiendo que las ayudas a los bancos no han sido suficientes para la reanimación económica.

El mismo The Financial Times, un ícono del mundo financiero europeo, indicaba desde febrero de este año: “Estamos ante una nueva crisis global”. Ni siquiera la nueva Reforma Financiera impulsada por Obama y adoptada como ley por el Congreso el 4 de julio pasado, puede hoy resultar un seguro para evitar la detonación de una nueva crisis en Wall Street. Además porque la sombra de una insolvencia generalizada de pagos de deuda pública por causa de los déficit presupuestarios y la baja en la recaudación fiscal en distintos países, hace temer un rebrote de esa crisis financiera, no sólo en bancos y otras entidades privadas, sino inclusive en el nivel de los propios Estados. El Fondo Monetario Internacional estima que el déficit fiscal estadounidense llegará al 108 por ciento del PIB en 2014, un alza significativa frente al 62 por ciento del PIB de 2007. Noticias todas nada buenas para la salud del imperio.

06 de septiembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 05 de septiembre de 2010)
El Otoño del Imperio

domingo, 15 de agosto de 2010

La Salida de Irak y el Peligro de una Nueva Guerra en Irán

Jesús Hernández Garibay

Luego de casi tres años en que por primera ocasión Barack Obama se comprometiera a terminar con la guerra de Irak, por fin este 2 de agosto el ahora presidente anunció iniciar el cumplimiento de su promesa de terminar las operaciones de combate de Estados Unidos en ese país, a finales de agosto, pese al peligroso estancamiento político en Bagdad y al reciente aumento de la violencia. “Poco después de asumir el cargo, anuncié nuestra nueva estrategia para Irak y para una transición a una responsabilidad completamente iraquí”, dijo Obama. “Y dejé claro que para el 31 de agosto del 2010, las misiones de combate de Estados Unidos en Irak terminarían. Y eso es exactamente lo que estamos haciendo, como se prometió, a tiempo”, agregó el mandatario. No obstante la importancia de tal medida, se advierten signos de lo que podrían ser los prolegómenos de una nueva guerra.

Ya desde octubre de 2007, Obama advertía: “Lo primero que tenemos que hacer es terminar la Guerra… No hay ninguna solución militar para Irak y nunca la hubo…” El entonces precandidato planteaba que retiraría entonces “una o dos brigadas por mes”, comprometiéndose a sacar a todas las tropas de combate de Irak en el transcurso de 16 meses. “Las únicas tropas que mantendré en Irak llevarán a cabo misiones limitadas a proteger a nuestros diplomáticos y a desempeñar ataques enfocados en Al Qaeda…”, agregaba. En marzo de 2008 volvía a plantear que, de ser elegido presidente, retiraría las fuerzas estadounidenses de ese país en 16 meses, aunque a partir de los 60 primeros días de asumir la presidencia. Así, la situación objetiva cambió las intenciones de iniciar antes el curso de la salida de las tropas, tanto como las razones a la permanencia de las tropas restantes.

En efecto, a partir de septiembre los 50 mil soldados estadounidenses que quedan en el país pasarán a desempeñar un papel eminentemente de entrenamiento para las tropas iraquíes, a fin de que el gobierno mantenga a raya a los grupos extremistas que aún existen y mantener la paz entre las facciones rivales de chiítas, sunnitas y kurdos. Así mismo, de acuerdo con un informe (McClatchy Newspapers), la transición dará paso a un incremento en el trabajo de los “contratistas” financiados por EUA y que serán, a partir de ahora, quienes asumirán el papel que desempeñan las tropas de combate; en estas condiciones, a pesar de que con ello la industria armamentista, el verdadero “poder detrás del trono”, gana mediante tales contratos, con el tiempo requerirá de nuevas aventuras bélicas parecidas a la que durante siete años llevó a cabo en Irak y a la que ahora se realiza en Afganistán.

Al respecto, informes persistentes dejan ver que las fuerzas estadounidenses parecieran estarse preparando para una eventual colisión con Irán, al concentrarse alrededor del Golfo Pérsico y el Cáucaso, así como en Yemen y Azerbaiyán, con tropas israelíes junto a las que ha estado realizando prácticas conjuntas; todo ello de manera muy conveniente para las guerreristas empresas de la industria armamentista. Olvidando por cierto la adicional promesa de Obama hecha también desde el 2007: “Necesitamos un Presidente dispuesto a hablar con todas las naciones, amigas y enemigas. No temo que [Norte]América pierda una batalla de propaganda con un tirano nimio ―tenemos que presentarnos al mundo y ganar estas batallas―. Si adoptamos la actitud de que el Presidente sólo llega para hacerse la foto después de que se haya llegado a un acuerdo, sólo llegaremos a acuerdos con nuestros amigos. Así no vamos a proteger al pueblo americano…”


15 de agosto de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 15 de agosto de 2010)
El Otoño del Imperio

lunes, 5 de julio de 2010

Nuevos Tropiezos en la Guerra de Afganistán

Jesús Hernández Garibay

Un nuevo incidente en el entorno de la guerra da cuenta del alcance de las contradicciones que vive hoy la presidencia de Barack Obama. En días pasados Stanley McChrystal, hasta entonces comandante de las fuerzas estadounidenses y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Afganistán, fue despedido por el mandatario (oficialmente “renuncia”), luego de darse a conocer un artículo que sería publicado en la revista “Rolling Stone”, donde McChrystal y varios altos integrantes de su equipo hacen comentarios despectivos y hasta de burla de Obama y su equipo de seguridad nacional encargado de la guerra en el país asiático. El hecho forma parte tanto del cúmulo de objeciones que viene sufriendo desde su inicio la presidencia del demócrata por parte de las fuerzas más conservadoras de Estados Unidos, como de las dificultades de la guerra más larga acometida por este país.

De una manera torpe por inusual y ausente de tacto político, en el artículo de la revista McChrystal y su equipo se burlan de la administración Obama como “peleles” de la Casa Blanca; a la vez, califican de “payaso” al asesor de Seguridad Nacional, James Jones y juegan con el nombre del vicepresidente, Joe Biden (“Bite me” o “muérdeme”, en español), acusándolo de mantener dudas sobre la escalada en Afganistán, entre otras brusquedades. En el fondo e independientemente de las diferencias que esos soldados mantienen con sus altos jefes civiles, lo que develan las disconformidades son las dificultades para resolver la guerra y eventual salida de las tropas, de suelo afgano. Como se recuerda, la decisión de Obama de enviar 30 mil soldados adicionales y alcanzar para agosto de este año un despliegue de 150 mil efectivos ahí, enfrenta crecientes cuestionamientos.

A casi nueve años del inicio de la ofensiva estadounidense en Afganistán desde el 7 de octubre de 2001, no se advierte una solución para esa guerra. Luego de dos elecciones en las que Washington alcanza a mantener a su principal aliado Hamid Karzai como presidente, los problemas continúan similares. El incremento de la corrupción en el gobierno y las luchas intestinas entre quienes se resisten a reconocer a una autoridad nacional que los controle, derivan en un escenario de creciente violencia; el año 2009 ha sido el año más sangriento de estos últimos ocho de presencia internacional, en el que se entremezclan diversos actores: los seguidores de Al Qaeda, los insurgentes nacionalistas, las milicias de los “señores de la guerra” y distintas bandas criminales en un río revuelto. Todo ello en el marco del gran negocio internacional del opio y la heroína en que se ha convertido al país.

Desde la derrota del régimen talibán, a finales de 2001, se han realizado seis Conferencias internacionales sobre la situación de Afganistán y en todas ellas se ha repetido la misma frase: “la paz está a la vuelta de la esquina”. En la más reciente llevada a cabo en Londres en enero de este año, se informaba que Karzai ―con el consenso del presidente Obama― invitaría a los “talibanes moderados” a participar en el Gobierno, a través de un “consejo para la reconciliación e integración nacional”. El mismo Henry A. Kissinger, Secretario de Estado de 1973 a 1977, ha planteado que EUA “necesita una estrategia y no una coartada” para salir de ahí apresuradamente, y que la mejor estrategia es un “marco diplomático regional” en el cual se implique a países como China, Rusia, India y Pakistán. Claro, todo ello tal vez conveniente pero improbable para solucionar un conflicto que continuará creando controversias para el gobierno de Obama.

28 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de julio de 2010)
El Otoño del Imperio

miércoles, 2 de junio de 2010

La Nueva Estrategia de Seguridad de Estados Unidos

Jesús Hernández Garibay

El pasado 27 de mayo fue anunciada por la Casa Blanca la nueva versión de la Estrategia de Seguridad Nacional, un documento marco que establece cómo evalúa Estados Unidos las amenazas en su contra, así como la respuesta que daría en caso de lo que considere un ataque a su soberanía. El texto ha sido el resultado de 16 meses de intensas consultas en la administración Obama, para dar lugar a un escrito que el gobierno emite por exigencia del Congreso, y que fija las prioridades diplomáticas y defensivas del país. De manera general, el documento de 52 páginas revela una nueva estrategia que enfatiza la colaboración con los países aliados y el fortalecimiento de las instituciones internacionales como herramientas para resolver los conflictos, al plantear que lo que intenta es “deslegitimar el uso del terrorismo y aislar a aquellos que lo practican…”

En su Introducción al documento, el presidente Obama indica que la globalización “ha intensificado los peligros que enfrentamos, desde el terrorismo internacional y la propagación de tecnologías mortíferas, a los desórdenes económicos y el cambio climático…” A la vez, recuerda que durante casi una década la Unión Americana “ha estado en guerra con una red de largo alcance, de violencia y odio…” En este sentido, advierte que tanto la guerra en Irak como su participación en Afganistán han sido “parte del compromiso de trastornar, desmantelar y derrotar a Al Qaeda y sus afiliados…, como parte de un esfuerzo amplio, multinacional, que es correcto y justo…”; un compromiso de su país “con la seguridad de nuestro pueblo, nuestros aliados y nuestros asociados…”

No obstante esa intención de preservar una ventaja militar global con una visión similar a la tradicional norteamericana, Obama matiza: “Nuestra estrategia antepone el reconocimiento de que nuestra fuerza… se inicia con las pasos que demos en nuestro país…” Y acota la prioridad de su gobierno por hacer crecer la economía y reducir el déficit, educar a sus niños para competir “en una era en la que el conocimiento es el capital, y el mercado es mundial...”; desarrollar energía limpia para impulsar nuevas industrias, liberarse del petróleo extranjero y preservar el planeta, fomentar la ciencia y la investigación para favorecer nuevos descubrimientos. “Sencillamente ―agrega―, debemos considerar la inventiva estadounidense como el fundamento del poderío estadounidense…”

En la nueva estrategia, el presidente abandona formalmente el concepto de “guerra preventiva contra el terrorismo” que caracterizó la política de George W. Bush. Y si bien se reserva la facultad de emprender acciones militares unilaterales, plantea hacerlo bajo condiciones más estrictas, al anteponer la diplomacia multilateral, la disciplina económica, la ayuda al desarrollo, la educación y la cooperación con potencias como China o Rusia, aclarando que su guerra “no es una guerra mundial contra una táctica: el terrorismo, o una religión: el Islam. Nosotros estamos en guerra con una red específica: Al Qaeda…” El documento dice buscar un orden internacional que ayude a contrarrestar el extremismo violento y la insurgencia, detener la diseminación de armas nucleares y asegurar materiales nucleares, combatir el cambio climático y sostener el crecimiento mundial, “ayudar a los países a alimentarse a sí mismos y a cuidar de sus enfermos; resolver y prevenir el conflicto; al tiempo que también se sanan las heridas…” Intenciones varias de éstas, desde luego, en verdad difíciles de alcanzar en las condiciones actuales del mundo.

31 de mayo de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 6 de junio de 2010)
El Otoño del Imperio

sábado, 8 de mayo de 2010

La Reforma Financiera de Obama

Jesús Hernández Garibay

Luego del éxito obtenido por Barack Obama, al haber alcanzado una Reforma del Sistema de Salud para Estados Unidos, aun cuando limitada, el presidente se plantea ahora sacar adelante la segunda reforma que había ya prometido luego de la grave crisis financiera que estallara en septiembre-octubre de 2008 en Wall Street. La Reforma Financiera es, para el mandatario, el segundo de sus grandes proyectos domésticos, que advierte como necesarios para estar en posibilidades de mejorar en su favor la composición del Congreso y competir con cierta ventaja en las elecciones de 2013 por un nuevo periodo presidencial. La Reforma Financiera desata, igual que la del sistema de salud, pasiones encontradas, aunque estas sobre todo de parte de quienes más se han beneficiado de la falta de regulación del mercado: los empresarios y sus funcionarios, niños mimados de los anteriores regímenes.

El plan básico para la Reforma Financiera fue anunciado formalmente el 17 de junio de 2009. El mandatario decía entonces que la reforma buscaba regular al mercado, por lo que daría más poder a la Reserva Federal para disciplinar a las grandes firmas financieras. El plan también preveía elevar requisitos de capital para todas las instituciones depositarias, obligar a los fondos de cobertura a registrarse ante la Comisión de Valores y crear una regulación amplia del mercado de seguros. “Con las reformas que estamos proponiendo hoy ―decía Obama―, buscamos instituir normas que permitirán que nuestros mercados promuevan la innovación, a la vez que desalienten el abuso… Buscamos crear un marco en el que los mercados puedan funcionar libre y justamente, sin la fragilidad en la que los ciclos de negocios normales traen el riesgo de un colapso financiero; un sistema que funcione para las empresas y los consumidores…”

Hoy el proyecto propone la creación de una agencia de supervisión independiente que fiscalice los productos financieros para los consumidores y que obligue a las firmas financieras a tener más capital para sobrevivir mejor en tiempos difíciles. A la vez, obliga a los mercados financieros a exhibir mayor transparencia y responsabilidad. Según el plan, el Gobierno tendría poder para embargar y desarmar empresas grandes en problemas, tomando como modelo los poderes actuales de la Corporación Federal de Seguros de Depósito (FDIC, por su sigla en inglés) para desarticular bancos en quiebra. A la vez, exige que se estipulen controles sobre los mercados de deuda, así como una mayor regulación sobre los fondos mutuos de los mercados de dinero, las agencias calificadoras de crédito y los fondos de cobertura. Presionaría para que se realicen cambios en los gobiernos corporativos que den a los accionistas más poder para restringir pagos de los ejecutivos.

Considerada como la más radical reforma al sistema financiero de EUA de los últimos 70 años, con normas que pretenden regular casi todos los entretelones del especulativo sistema financiero norteamericano, las nuevas medidas buscan introducir una serie de límites al tamaño de la banca y sus vías de ingresos. Obama justifica estas medidas debido a la necesidad de proteger a la economía de crisis futuras, además de comunicarles a los contribuyentes que nunca más serán rehenes de este tipo de entidades financieras. Una pretensión nada fácil de alcanzar, cuando firmas como Goldman Sachs o Morgan Stanley, JPMorgan, Bank of America o Citi Bank han sido los niños mimados de gobiernos anteriores y se han enriquecido con la creciente pobreza de muchos.

8 de mayo de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 9 de mayo de 2010)
El Otoño del Imperio

jueves, 15 de abril de 2010

La Nueva Política Nuclear de Estados Unidos

Jesús Hernández Garibay

El pasado jueves 8 de abril los presidentes de Estados y Rusia, Barack Obama y Dimitri Medvédev, respectivamente, firmaron en Praga el nuevo tratado de reducción de armas nucleares, segunda versión del START (siglas en inglés del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas Nucleares), que sustituye al START-1, firmado por esos gobiernos en 1991. Por medio del mismo, ambos países limitan a mil 500 sus ojivas nucleares estratégicas cada uno, en un plazo de siete años. El tratado era un compromiso que Obama y Medvédev habían establecido reunidos en Moscú el pasado mes de julio, pues el START-1 caducaba en diciembre de 2009. La nueva firma se produce a sólo unos días de que Obama atendiera en Washington el 12 y 13 de este mismo mes, la Cumbre Sobre Seguridad Nuclear en la que participarían 47 jefes de Estado, para discutir medidas como “evitar que armas nucleares lleguen a manos de grupos terroristas”.

El acuerdo START-1 fue firmado unos meses antes de la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1991; en ese entonces permitió reducir los arsenales estratégicos de los dos países de 10 mil a menos de seis mil ojivas nucleares. Luego en varias ocasiones tanto la Casa Blanca como los gobiernos rusos intentaron renegociar el tema. El mismo George W. Bush intentó un acuerdo con Vladimir Putin para sustituir al START-1, desde mayo de 2001, sin que finalmente fuera logrado por las dificultades en el entorno del ataque terrorista a las Torres Gemelas. No obstante, ya desde el 31 de diciembre de ese mismo año el Departamento de Defensa emitía un documento titulado “Revisión de la Postura Nuclear”, en el que habla de la necesidad de modificar la política de Estados Unidos respecto al tema.

Dos días antes de la reciente firma, tanto el jefe del Pentágono Robert Gates como la secretaria de Estado Hillary Clinton daban a conocer la nueva versión de la “Revisión de la Postura Nuclear”, que en esencia plantea que EUA le asigna ahora un papel menor a las armas nucleares para su defensa, al indicar que “un primer ataque con estas armas sólo se contemplará bajo determinadas circunstancias…”; a la vez, que no fabricará nuevas cabezas nucleares y seguirá desistiendo de hacer pruebas atómicas, además de renunciar por vez primera en su historia al uso de armas atómicas contra países sin arsenal nuclear. Junto a ello, Washington mantiene una especial atención al cuidado de la “Iniciativa de Combate al Terrorismo Nuclear”, cuyo objetivo central es fortalecer la capacidad para “prevenir la adquisición de materiales y conocimientos en materia nuclear por parte de terroristas”.

La nueva política de Obama, así, mantiene una diferencia respecto de la de Bush de buscar represalias nucleares ante un potencial ataque químico o biológico. No obstante, además de conservar “su derecho” a sí usar la bomba atómica “de manera excepcional” en contra de “estados fuera de la ley”, como considera a Irán y Corea del Norte, la Casa Blanca mantiene a la vez su intención de acelerar su programa para desarrollar y desplegar una nueva clase de misiles balísticos intercontinentales, que tendrían la capacidad de golpear blancos en cualquier parte del mundo en un plazo de una a cuatro horas. El proyecto, denominado “Golpe Inmediato Global” (Prompt Global Strike), tiene la intención de lograr “un golpe concentrado utilizando varios miles de armas convencionales de precisión…” Un concepto no menos belicoso que otros previos encabezados por el Pentágono.

15 de abril de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 18 de abril de 2010)
El Otoño del Imperio

miércoles, 24 de marzo de 2010

La Reforma de Salud en Estados Unidos

Jesús Hernández Garibay

El pasado domingo 21 el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, logró un avance, restringido pero importante, al aprobar el Congreso el proyecto de reforma de salud que promovió desde que llegó a la Casa Blanca. Luego de semanas de negociaciones y agrios debates, la Cámara de Representantes con mayoría demócrata aprobó con 219 votos a favor y 212 en contra el proyecto de ley que extiende la cobertura de salud a 32 millones de estadounidenses adicionales. En un ambiente para unos festivo, pero altamente polémico para otros, se opusieron a la medida la totalidad de los diputados republicanos y 34 demócratas conservadores, alentados por cientos de manifestantes que repetían “Kill the bill” (maten el proyecto de ley) desde las afueras del Congreso. No obstante el triunfo que se considera histórico para una añeja demanda imposible antes de ser alcanzada, lo cierto es que el rasurado proyecto en el fondo no dejará de fortalecer a las farmacéuticas y las aseguradoras, quienes se llevan también una importante tajada del presupuesto público.

Como se sabe, en Estados Unidos no hay un sistema de cobertura universal; las empresas garantizan la cobertura de salud de sus trabajadores, pero unos 46 millones de habitantes no están asegurados, mientras alrededor de 25 millones tienen una cobertura deficiente y con cuotas cada vez más altas. Medicare, al que se accede a partir de los 65 años y Medicaid, que se hace cargo de familias con sueldos bajos, niños, mujeres embarazadas y personas con discapacidades, tienen también un alto costo. Quien se enferma y no tiene ningún seguro debe pagar de su bolsillo, con lo que ello implica en términos de onerosos gastos médicos para las familias. El plan de Obama era el de abatir los costos de las cuotas, la garantía de que todos los estadounidenses podrían escoger su propio plan de sanidad, incluido uno público, así como la calidad y la accesibilidad del sistema.

La nueva ley sí muestra avances, pues crea un seguro obligatorio con el cual el Estado apoya a las personas necesitadas; comprende también impuestos para las personas con mayores ingresos y prohíbe a las aseguradoras rechazar la cobertura a personas con condiciones médicas preexistentes (imposible hasta hoy). A la vez, la nueva legislación hace obligatorio que los ciudadanos contraten seguros de salud, mientras las familias de cuatro personas con ingresos por debajo de los 88 mil dólares anuales recibirán subsidios del gobierno. Las aseguradoras tendrán además nuevas regulaciones que impedirán la práctica de ponerle límites de por vida a determinadas pólizas de salud o la cancelación de planes a clientes enfermos. A partir del 2014, además, se crea una “bolsa de seguros” que permitirá a muchos estadounidenses y a pequeñas empresas contratar seguros a más bajos precios. De esta manera, el 95% de los estadounidenses estará cubierto por algún seguro de salud.

No obstante este avance que con seguridad celebrarán los sectores sociales que se encontraban más desprotegidos en ese país, lo cierto es que tanto las farmacéuticas y empresas hospitalarias, como las asociaciones de médicos privados, ganan ahora un mercado de más de 30 millones de clientes nuevos, que con el tiempo tendrán que contratarlos con el presupuesto público destinado para tal fin; lo que en estos tiempos de crisis significa un exquisito manjar de dinero fresco para sus ya no tan boyantes cuentas bancarias. Luego de la votación del domingo el propio Obama decía, no sin razón, que se había atendido “el llamado de la historia”; pero también, claro, de manera irremediable las necesidades de dicho mercado.

Miércoles 24 de marzo de 2010.
(Publicado Revista Siempre!, México, 28 de marzo de 2010)
El otoño del imperio

lunes, 15 de marzo de 2010

La Visión Norteamericana Sobre Derechos Humanos

Jesús Hernández Garibay

El 23 de febrero último el gobierno de Washington dio a conocer la versión 2010 del Informe Anual por Países sobre Prácticas de Derechos Humanos. En el mismo, la actual administración se esfuerza por mostrar una novedosa visión acerca de su controvertida intensión calificadora, al opinar que el 2009 fue un año de contrastes en que “las tensiones étnicas, raciales y religiosas llevaron a conflictos violentos y violaciones graves de los derechos humanos”, y alimentaron o agravaron más de 30 guerras o conflictos armados internos. Pero, al mismo tiempo, dice, “fue un año en el que los Estados Unidos y otros gobiernos dedicaron una mayor atención en encontrar maneras de reconocer y combatir esas tensiones…, a través de su liderazgo en la promoción del respeto de los derechos humanos universales, la promoción de la tolerancia, la lucha contra el extremismo violento, y buscando soluciones pacíficas a conflictos de larga data en el Oriente Medio y otros lugares...”

En efecto, el Informe procura tomar en cuenta el espíritu del presidente Barack Obama planteado en su discurso de junio de 2009 en la Universidad de El Cairo, en el sentido de que “debemos ser definidos no por nuestras diferencias sino por nuestra humanidad común y debemos encontrar maneras de trabajar en asociación con otras naciones para que todas las personas alcancen la justicia y la prosperidad…” Así, el documento incluye informes sobre las cárceles y una nueva legislación para ayudar a otros gobiernos a mejorar sus condiciones correctivas; una nueva sección sobre derechos de los trabajadores; reportes sobre iniciativas de otros países para ampliar la libertad de prensa; cobertura más amplia de casos de niños soldados, derechos reproductivos y prácticas que amenazan la salud, el bienestar o los medios de vida de indígenas; cobertura de discriminación contra personas homosexuales, bisexuales y transexuales (LGBT), así como sobre personas con VIH/SIDA.

La nota de prensa sobre el Informe 2010 destaca que su elaboración fue encabezada por Michael H. Posner, abogado fundador y presidente de la organización ciudadana “Primero Derechos Humanos” (Human Rights First, antes Lawyers Committee for Human Rights), a quien Obama nombrara el año pasado como secretario adjunto de la “Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo” del Departamento de Estado; asumiendo así el presidente que en su gobierno cambian algunas reglas con la presencia de nuevos elementos con una visión disímil a la que por años tuteló la Casa Blanca. El Informe, dice Posner, cubre los derechos civiles, políticos y laborales internacionalmente reconocidos. Entre esos figuran el vivir libre de tortura, el no ejercicio de la detención prolongada sin acusación, y el vivir “libre de otras violaciones a los derechos a la vida, la libertad y la seguridad…”

El problema para el informe, impugnado siempre por diversas asociaciones pro derechos humanos, es que continúa dirigido sobre todo a aquellos espacios que son vitales para su seguridad (como es el caso de México), o a quienes no comparten la ruta que a la Unión Americana le complace más, que es la de la “libre empresa”, el “libre comercio” y la “democracia de mercado”: China, Rusia, Irán, Cuba, Venezuela, Bolivia, son los gobiernos a quienes más fustiga en la misma medida en que alaba a aquellos quienes sí se mantienen en dicha ruta, como es el caso de Honduras donde si bien destaca la violación a los derechos humanos durante el golpe de Estado, asume que sus recientes elecciones fueron “libres y justas”, cuando paradójicamente se dieron conducidas y avaladas por ese mismo golpe.

15 de marzo de 2010
(Publicado: Revista Siempre!, México, 21 de marzo de 2010)
"El otoño del imperio"