Jesús Hernández Garibay
El domingo 30 de enero concluyó en Davos, Suiza, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés). El Foro, ahora en su 41ª edición, volvió a reunir como lo hace cada año en esta época invernal, a la crema y nata del llamado libre mercado mundial, además de algunos seguidores que desean ser escuchados por la misma; un lugar como siempre, donde los más grandes de los grandes negocios pueden sembrarse o florecer, y donde como en diversas ocasiones, se reitera la facundia de la búsqueda del bienestar de la gente, aunque no sea la gente la que disfrute finalmente de ello. En este 2011 destacaron las discordancias al hablar de soluciones para terminar por fin con una prolongada crisis, en medio del clima de incertidumbre que dejan las revueltas populares en varios países del mundo árabe, que amenazan con seguir contaminando al resto del orbe.
Ya desde días antes de la inauguración del Foro 2011, Klaus Schwab, presidente del organismo, había precisado que este año el tradicional evento trabajaría con el objetivo de encontrar la forma de “evitar que la crisis financiera mundial se convierta en una crisis social…” Una intención muy a tono con las condiciones actuales del mundo, en que el incremento desmedido en los precios de los artículos de la canasta básica se entrevera con la baja en el empleo global y las graves limitaciones en la capacidad de consumo de la gente. Una circunstancia que igual que ahora golpea la estabilidad política de naciones como Túnez, Egipto, Yemen y otros países árabes, sacude también a países europeos, africanos y latinoamericanos, por no mencionar a los propios Estados Unidos.
También previo al encuentro fue dado a conocer el informe del mismo WEF “Riesgos globales 2011”, en su sexta edición, que concluye que la crisis financiera ha mermado la capacidad global para afrontar las dificultades; en su presentación, el director General y Comercial del Foro, Robert Greenhill, indicaba que “Los sistemas del siglo XX no logran afrontar los riesgos del siglo XXI…”, mientras el informe concluía que hay tres grupos de riesgos que generan importantes obstáculos: las debilidades estructurales a largo plazo de la economía internacional; la economía informal que en 2009 alcanzó 1.3 billones de dólares o más, y las limitaciones de agua, alimentos y energía. Un reconocimiento de que el “modelo económico” imperante ha fracasado y, por ello, diversos países se encuentran en la antesala del conflicto social.
De nueva cuenta como en otros años y otros foros internacionales, en este WEF los grandes países de la Organización Mundial del Comercio (OMC) acordaban que en julio próximo sí se alcanzaría por fin un acuerdo sobre la Ronda de Doha de liberalización comercial, a la vez que se discutiría acerca de las normas necesarias para hacer posible la cooperación mundial en esta nueva etapa; una fantasía entreverada con los grandes intereses implicados y no cumplida hasta ahora, después de diez años. También se propuso la creación de una Red de Respuesta a los Riesgos para que, de manera similar a lo que sucedió en los casos de Grecia o Irlanda, se establezca un mecanismo para mitigar situaciones de crisis antes de que éstas ocurran o sean mayores. En fin, que ante la perspectiva de que los puntos débiles del “libre mercado” puedan causar una nueva crisis global en los próximos años, en esta versión 41 del Foro destacó la necesidad de recordar los riesgos que pueden dar al traste con los grandes negocios, por causa de las protestas sociales.
31 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 6 de febrero de 2011)
El Otoño del Imperio
Se cumplen 10 años de la celebración del primer Foro Mundial Social
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lunes, 31 de enero de 2011
lunes, 21 de junio de 2010
El Fantasma de la Crisis Recorre Europa
Jesús Hernández Garibay
Muy a pesar de la pretensión de que el Campeonato Mundial de Futbol que se lleva a cabo en Sudáfrica, permita remontar al menos en parte la crisis económica internacional con base en el incremento de las ventas millonarias de distintos productos vinculados con la parafernalia del balompié, lo cierto es que el paliativo tanto financiero como psicológico de estas semanas no será suficiente para dejar atrás los efectos de muchos años de depredación de los mercados, donde quienes ganan en verdad son los más grandes. Así, la cruda realidad se impone y se mantiene por ahora en forma evidente y aun latente en zonas geográficas como Europa, donde como en Grecia se revelan graves los problemas, o como en Hungría donde amenazan con seguir el ejemplo trágico de aquel país, o en Portugal donde crece latente el desempleo, o en España donde se convierte en realidad devastadora.
La crisis mundial tomó a Grecia en mala posición; como el país más endeudado de la eurozona, con un déficit presupuestario diez puntos por encima del umbral estipulado por el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea (UE), desde el año pasado pero sobre todo a principios de éste atraviesa una crisis sin precedente, que suscita gran nerviosismo en los mercados y pone en entredicho la fortaleza unionista. Su balanza de pagos muestra gran debilidad y sus finanzas públicas colapsan; la deuda pública de Grecia alcanzó en 2009 ni más ni menos que el 115,1% de su Producto Interno Bruto (PIB). A raíz de ello, el gobierno de Giorgos Papandreou monta un plan de austeridad para reducir el déficit, que incluye medidas impopulares como el congelamiento de las jubilaciones y los recortes salariales a los empleados públicos; hecho que, desde luego, provoca grandes huelgas y movilizaciones.
Pero el fantasma de la crisis amenaza también a otros países, como Hungría, cuyos mercados reaccionan con gran virulencia al hecho de que su gobierno haya reconocido que falseó sus datos económicos en los últimos años y que su situación es “muy grave”; el endeudamiento público de Hungría, un candidato a entrar en la zona euro, representó el 78,3% de su PIB en 2009. No por menos es que la UE ha aprobado un plan de ayuda financiera hasta de 997 mil millones de dólares (mdd), para crear un mecanismo de garantías y avales para gobiernos con dificultades de pago. Un monto inédito, pues tan sólo el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa al término de la Segunda Guerra Mundial implicó recursos por 17 mil 600 mdd, que a valor actual serían 120 mil mdd (cálculo de la Hoover Institution, de la Universidad de Stanford). Así, el paquete puesto sobre la mesa por gobiernos europeos equivale a 7.6 planes Marshall.
Varios analistas y economistas señalan también a Portugal, el país más pobre en la zona euro, con una deuda pública del 80% del PIB, como el siguiente país que tendrá problemas. Y muy cerca del mismo sitúan a España, cuyos bancos se convirtieron en el pasado mes de mayo en los principales demandantes de crédito al Banco Central Europeo. Un alto funcionario del BBVA, el segundo banco de España después del Santander, lo decía de una manera cruda: “Los mercados financieros han retirado su confianza en nuestro país. Para la mayoría de empresas y entidades españolas, los mercados internacionales de capitales están cerrados”; una situación de emergencia que se vive en medio de la especulación desenfrenada en el sector inmobiliario y un mercado de trabajo en el que más del 33% de los trabajadores tienen un empleo precario y el 19% (casi 4,5 millones) están desocupados.
21 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de junio de 2010)
El Otoño del Imperio
Muy a pesar de la pretensión de que el Campeonato Mundial de Futbol que se lleva a cabo en Sudáfrica, permita remontar al menos en parte la crisis económica internacional con base en el incremento de las ventas millonarias de distintos productos vinculados con la parafernalia del balompié, lo cierto es que el paliativo tanto financiero como psicológico de estas semanas no será suficiente para dejar atrás los efectos de muchos años de depredación de los mercados, donde quienes ganan en verdad son los más grandes. Así, la cruda realidad se impone y se mantiene por ahora en forma evidente y aun latente en zonas geográficas como Europa, donde como en Grecia se revelan graves los problemas, o como en Hungría donde amenazan con seguir el ejemplo trágico de aquel país, o en Portugal donde crece latente el desempleo, o en España donde se convierte en realidad devastadora.
La crisis mundial tomó a Grecia en mala posición; como el país más endeudado de la eurozona, con un déficit presupuestario diez puntos por encima del umbral estipulado por el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea (UE), desde el año pasado pero sobre todo a principios de éste atraviesa una crisis sin precedente, que suscita gran nerviosismo en los mercados y pone en entredicho la fortaleza unionista. Su balanza de pagos muestra gran debilidad y sus finanzas públicas colapsan; la deuda pública de Grecia alcanzó en 2009 ni más ni menos que el 115,1% de su Producto Interno Bruto (PIB). A raíz de ello, el gobierno de Giorgos Papandreou monta un plan de austeridad para reducir el déficit, que incluye medidas impopulares como el congelamiento de las jubilaciones y los recortes salariales a los empleados públicos; hecho que, desde luego, provoca grandes huelgas y movilizaciones.
Pero el fantasma de la crisis amenaza también a otros países, como Hungría, cuyos mercados reaccionan con gran virulencia al hecho de que su gobierno haya reconocido que falseó sus datos económicos en los últimos años y que su situación es “muy grave”; el endeudamiento público de Hungría, un candidato a entrar en la zona euro, representó el 78,3% de su PIB en 2009. No por menos es que la UE ha aprobado un plan de ayuda financiera hasta de 997 mil millones de dólares (mdd), para crear un mecanismo de garantías y avales para gobiernos con dificultades de pago. Un monto inédito, pues tan sólo el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa al término de la Segunda Guerra Mundial implicó recursos por 17 mil 600 mdd, que a valor actual serían 120 mil mdd (cálculo de la Hoover Institution, de la Universidad de Stanford). Así, el paquete puesto sobre la mesa por gobiernos europeos equivale a 7.6 planes Marshall.
Varios analistas y economistas señalan también a Portugal, el país más pobre en la zona euro, con una deuda pública del 80% del PIB, como el siguiente país que tendrá problemas. Y muy cerca del mismo sitúan a España, cuyos bancos se convirtieron en el pasado mes de mayo en los principales demandantes de crédito al Banco Central Europeo. Un alto funcionario del BBVA, el segundo banco de España después del Santander, lo decía de una manera cruda: “Los mercados financieros han retirado su confianza en nuestro país. Para la mayoría de empresas y entidades españolas, los mercados internacionales de capitales están cerrados”; una situación de emergencia que se vive en medio de la especulación desenfrenada en el sector inmobiliario y un mercado de trabajo en el que más del 33% de los trabajadores tienen un empleo precario y el 19% (casi 4,5 millones) están desocupados.
21 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de junio de 2010)
El Otoño del Imperio
sábado, 8 de mayo de 2010
La Reforma Financiera de Obama
Jesús Hernández Garibay
Luego del éxito obtenido por Barack Obama, al haber alcanzado una Reforma del Sistema de Salud para Estados Unidos, aun cuando limitada, el presidente se plantea ahora sacar adelante la segunda reforma que había ya prometido luego de la grave crisis financiera que estallara en septiembre-octubre de 2008 en Wall Street. La Reforma Financiera es, para el mandatario, el segundo de sus grandes proyectos domésticos, que advierte como necesarios para estar en posibilidades de mejorar en su favor la composición del Congreso y competir con cierta ventaja en las elecciones de 2013 por un nuevo periodo presidencial. La Reforma Financiera desata, igual que la del sistema de salud, pasiones encontradas, aunque estas sobre todo de parte de quienes más se han beneficiado de la falta de regulación del mercado: los empresarios y sus funcionarios, niños mimados de los anteriores regímenes.
El plan básico para la Reforma Financiera fue anunciado formalmente el 17 de junio de 2009. El mandatario decía entonces que la reforma buscaba regular al mercado, por lo que daría más poder a la Reserva Federal para disciplinar a las grandes firmas financieras. El plan también preveía elevar requisitos de capital para todas las instituciones depositarias, obligar a los fondos de cobertura a registrarse ante la Comisión de Valores y crear una regulación amplia del mercado de seguros. “Con las reformas que estamos proponiendo hoy ―decía Obama―, buscamos instituir normas que permitirán que nuestros mercados promuevan la innovación, a la vez que desalienten el abuso… Buscamos crear un marco en el que los mercados puedan funcionar libre y justamente, sin la fragilidad en la que los ciclos de negocios normales traen el riesgo de un colapso financiero; un sistema que funcione para las empresas y los consumidores…”
Hoy el proyecto propone la creación de una agencia de supervisión independiente que fiscalice los productos financieros para los consumidores y que obligue a las firmas financieras a tener más capital para sobrevivir mejor en tiempos difíciles. A la vez, obliga a los mercados financieros a exhibir mayor transparencia y responsabilidad. Según el plan, el Gobierno tendría poder para embargar y desarmar empresas grandes en problemas, tomando como modelo los poderes actuales de la Corporación Federal de Seguros de Depósito (FDIC, por su sigla en inglés) para desarticular bancos en quiebra. A la vez, exige que se estipulen controles sobre los mercados de deuda, así como una mayor regulación sobre los fondos mutuos de los mercados de dinero, las agencias calificadoras de crédito y los fondos de cobertura. Presionaría para que se realicen cambios en los gobiernos corporativos que den a los accionistas más poder para restringir pagos de los ejecutivos.
Considerada como la más radical reforma al sistema financiero de EUA de los últimos 70 años, con normas que pretenden regular casi todos los entretelones del especulativo sistema financiero norteamericano, las nuevas medidas buscan introducir una serie de límites al tamaño de la banca y sus vías de ingresos. Obama justifica estas medidas debido a la necesidad de proteger a la economía de crisis futuras, además de comunicarles a los contribuyentes que nunca más serán rehenes de este tipo de entidades financieras. Una pretensión nada fácil de alcanzar, cuando firmas como Goldman Sachs o Morgan Stanley, JPMorgan, Bank of America o Citi Bank han sido los niños mimados de gobiernos anteriores y se han enriquecido con la creciente pobreza de muchos.
8 de mayo de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 9 de mayo de 2010)
El Otoño del Imperio
Luego del éxito obtenido por Barack Obama, al haber alcanzado una Reforma del Sistema de Salud para Estados Unidos, aun cuando limitada, el presidente se plantea ahora sacar adelante la segunda reforma que había ya prometido luego de la grave crisis financiera que estallara en septiembre-octubre de 2008 en Wall Street. La Reforma Financiera es, para el mandatario, el segundo de sus grandes proyectos domésticos, que advierte como necesarios para estar en posibilidades de mejorar en su favor la composición del Congreso y competir con cierta ventaja en las elecciones de 2013 por un nuevo periodo presidencial. La Reforma Financiera desata, igual que la del sistema de salud, pasiones encontradas, aunque estas sobre todo de parte de quienes más se han beneficiado de la falta de regulación del mercado: los empresarios y sus funcionarios, niños mimados de los anteriores regímenes.
El plan básico para la Reforma Financiera fue anunciado formalmente el 17 de junio de 2009. El mandatario decía entonces que la reforma buscaba regular al mercado, por lo que daría más poder a la Reserva Federal para disciplinar a las grandes firmas financieras. El plan también preveía elevar requisitos de capital para todas las instituciones depositarias, obligar a los fondos de cobertura a registrarse ante la Comisión de Valores y crear una regulación amplia del mercado de seguros. “Con las reformas que estamos proponiendo hoy ―decía Obama―, buscamos instituir normas que permitirán que nuestros mercados promuevan la innovación, a la vez que desalienten el abuso… Buscamos crear un marco en el que los mercados puedan funcionar libre y justamente, sin la fragilidad en la que los ciclos de negocios normales traen el riesgo de un colapso financiero; un sistema que funcione para las empresas y los consumidores…”
Hoy el proyecto propone la creación de una agencia de supervisión independiente que fiscalice los productos financieros para los consumidores y que obligue a las firmas financieras a tener más capital para sobrevivir mejor en tiempos difíciles. A la vez, obliga a los mercados financieros a exhibir mayor transparencia y responsabilidad. Según el plan, el Gobierno tendría poder para embargar y desarmar empresas grandes en problemas, tomando como modelo los poderes actuales de la Corporación Federal de Seguros de Depósito (FDIC, por su sigla en inglés) para desarticular bancos en quiebra. A la vez, exige que se estipulen controles sobre los mercados de deuda, así como una mayor regulación sobre los fondos mutuos de los mercados de dinero, las agencias calificadoras de crédito y los fondos de cobertura. Presionaría para que se realicen cambios en los gobiernos corporativos que den a los accionistas más poder para restringir pagos de los ejecutivos.
Considerada como la más radical reforma al sistema financiero de EUA de los últimos 70 años, con normas que pretenden regular casi todos los entretelones del especulativo sistema financiero norteamericano, las nuevas medidas buscan introducir una serie de límites al tamaño de la banca y sus vías de ingresos. Obama justifica estas medidas debido a la necesidad de proteger a la economía de crisis futuras, además de comunicarles a los contribuyentes que nunca más serán rehenes de este tipo de entidades financieras. Una pretensión nada fácil de alcanzar, cuando firmas como Goldman Sachs o Morgan Stanley, JPMorgan, Bank of America o Citi Bank han sido los niños mimados de gobiernos anteriores y se han enriquecido con la creciente pobreza de muchos.
8 de mayo de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 9 de mayo de 2010)
El Otoño del Imperio
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crisis,
Obama,
reforma financiera
miércoles, 10 de marzo de 2010
La Crisis Económica aún no ha Terminado
Jesús Hernández Garibay
Del primero al cinco de marzo último se llevó a cabo en La Habana, Cuba, el XII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo. El evento reunió alrededor de mil 500 estudiosos de unos 40 países: economistas, sociólogos, politólogos, juristas, escritores, periodistas, funcionarios de organismos regionales e internacionales, empresarios, cooperativistas y dirigentes de fuerzas políticas y movimientos sociales, provenientes de diferentes escuelas de pensamiento y de todo el orbe, lo que permitió analizar desde diferentes miradas las problemáticas más acuciantes de la economía y de manera particular la crisis económica global en sus causas estructurales, sus manifestaciones, interrelaciones y posibles salidas, tras su estallido en la década que termina.
Al respecto, el encuentro abrió sus puertas a temas tales como la dimensión social de la crisis con especial énfasis en la situación del desempleo, la naturaleza de la recesión, la relación entre medio ambiente y desarrollo sostenible, así como la integración ante los Tratados de Libre Comercio. En cuanto al tema de la cultura, en el evento se habló también sobre el papel del arte y de la literatura en el desarrollo y el impacto de la crisis en el cine, la plástica y la música; a la vez, debatió sobre los efectos económicos del cambio climático en los países subdesarrollados y las medidas para enfrentarlos, así como sobre la urgencia de avanzar hacia un desarrollo sostenible en el marco de la globalización actual y el papel de las nuevas tecnologías para lograr este objetivo. Todo ello, en momentos en que se estima que existen ya en el mundo entre 250 y 300 millones más de pobres.
José Juan Ortiz Brú, representante de la UNICEF en Cuba, recordaba en el evento que en un solo día fallecen 18 mil niños porque no les garantizaron dos litros de agua, 65 gramos de azúcar y 45 de sal, pues con solo eso se cura una diarrea, causa de muertes inconcebibles. Precisaba además que en estos tiempos el 15% de la población del mundo consume el 60% de los recursos; algo que se hace necesario confrontar, pues, decía, “desgraciadamente no se implementan políticas globales para distribuir de modo más equitativo. Todo está organizado para que los que tienen sigan teniendo y los que no tienen, no tengan nunca…” Una visión importante ésta, en momentos en que a diferencia de las consideraciones oficiales que hablan de la crisis como algo ya del pasado, se reafirman otros puntos de vista que advierten que la verdadera crisis empezará a mediados de 2010 y que durante el periodo 2010-2012 el nivel de la caída “será brutal, terrible…”, con economías que sufrirán muchísimo tal vez hasta el periodo del 2018 al 2020.
La seriedad del encuentro en Cuba fue avalada por la presencia de los Premios Nobel de Economía Robert Mundell (1999) y Robert Ingle (2003), así como expertos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, delegados del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), el Banco del Sur del ALBA, siete ministros de Economía y Finanzas, y presidentes de Bancos Centrales, representantes de la Organización Mundial de Comercio (OMC), así como de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), entre otros. Al destacar que una de las características de la crisis actual es la destrucción de las fuerzas productivas, el experimentado economista cubano Osvaldo Martínez indicaba de su parte: “Este es un capitalismo de edad avanzada, con una solución lenta y larga…”
(8 de marzo de 2010)
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de marzo de 2010)
El otoño del imperio
Del primero al cinco de marzo último se llevó a cabo en La Habana, Cuba, el XII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo. El evento reunió alrededor de mil 500 estudiosos de unos 40 países: economistas, sociólogos, politólogos, juristas, escritores, periodistas, funcionarios de organismos regionales e internacionales, empresarios, cooperativistas y dirigentes de fuerzas políticas y movimientos sociales, provenientes de diferentes escuelas de pensamiento y de todo el orbe, lo que permitió analizar desde diferentes miradas las problemáticas más acuciantes de la economía y de manera particular la crisis económica global en sus causas estructurales, sus manifestaciones, interrelaciones y posibles salidas, tras su estallido en la década que termina.
Al respecto, el encuentro abrió sus puertas a temas tales como la dimensión social de la crisis con especial énfasis en la situación del desempleo, la naturaleza de la recesión, la relación entre medio ambiente y desarrollo sostenible, así como la integración ante los Tratados de Libre Comercio. En cuanto al tema de la cultura, en el evento se habló también sobre el papel del arte y de la literatura en el desarrollo y el impacto de la crisis en el cine, la plástica y la música; a la vez, debatió sobre los efectos económicos del cambio climático en los países subdesarrollados y las medidas para enfrentarlos, así como sobre la urgencia de avanzar hacia un desarrollo sostenible en el marco de la globalización actual y el papel de las nuevas tecnologías para lograr este objetivo. Todo ello, en momentos en que se estima que existen ya en el mundo entre 250 y 300 millones más de pobres.
José Juan Ortiz Brú, representante de la UNICEF en Cuba, recordaba en el evento que en un solo día fallecen 18 mil niños porque no les garantizaron dos litros de agua, 65 gramos de azúcar y 45 de sal, pues con solo eso se cura una diarrea, causa de muertes inconcebibles. Precisaba además que en estos tiempos el 15% de la población del mundo consume el 60% de los recursos; algo que se hace necesario confrontar, pues, decía, “desgraciadamente no se implementan políticas globales para distribuir de modo más equitativo. Todo está organizado para que los que tienen sigan teniendo y los que no tienen, no tengan nunca…” Una visión importante ésta, en momentos en que a diferencia de las consideraciones oficiales que hablan de la crisis como algo ya del pasado, se reafirman otros puntos de vista que advierten que la verdadera crisis empezará a mediados de 2010 y que durante el periodo 2010-2012 el nivel de la caída “será brutal, terrible…”, con economías que sufrirán muchísimo tal vez hasta el periodo del 2018 al 2020.
La seriedad del encuentro en Cuba fue avalada por la presencia de los Premios Nobel de Economía Robert Mundell (1999) y Robert Ingle (2003), así como expertos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, delegados del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), el Banco del Sur del ALBA, siete ministros de Economía y Finanzas, y presidentes de Bancos Centrales, representantes de la Organización Mundial de Comercio (OMC), así como de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), entre otros. Al destacar que una de las características de la crisis actual es la destrucción de las fuerzas productivas, el experimentado economista cubano Osvaldo Martínez indicaba de su parte: “Este es un capitalismo de edad avanzada, con una solución lenta y larga…”
(8 de marzo de 2010)
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de marzo de 2010)
El otoño del imperio
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