Jesús Hernández Garibay
El jueves 9 de septiembre último se cumplieron los 90 días de la adopción de la resolución 1929 del Consejo de Seguridad de la ONU, la cual estableció desde el pasado mes de junio una cuarta ronda de sanciones a Teherán por su determinación a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. El proyecto de sanciones, elaborado por Estados Unidos y sus principales aliados en la pretendida búsqueda de que Irán no alcance a desarrollar armas nucleares (una dura acusación que se le hace, por causa de la determinación de su gobierno de abrir varias centrales nucleares), establece ahora el ampliar el embargo al suministro de armas a Irán, congelar las cuentas de otras decenas de firmas iraníes y la posibilidad de la inspección de barcos iraníes en busca de material radioactivo o implementos relacionados. A partir de ahora, cualquier escaramuza podría derivar en un conflicto bélico.
En contribución al clima beligerante, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de la misma ONU había informado el lunes 6 que Irán ha producido hasta hoy unos 2 mil 800 kilos de uranio poco enriquecido ―mil kilos más que en noviembre anterior―, una cantidad que algunos expertos consideran suficiente para “construir entre dos y tres bombas nucleares”. En su más reciente informe técnico sobre Irán, dicha agencia nuclear señala que el país islámico está avanzando en sus labores atómicas y “desafía las severas sanciones impuestas en su contra”. Además, la OIEA expresa “su preocupación por las objeciones de Teherán al ingreso de algunos inspectores”. El documento llama a Irán, que niega las acusaciones de estar buscando fabricar bombas atómicas, a garantizar que la agencia de la ONU tenga acceso a instalaciones, equipos y personas importantes “sin más demora”, a fin de ayudar en su investigación.
El cuarto paquete de sanciones contra Irán fue aprobado por 12 votos a favor (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, China, México, Nigeria, Gabón, Bosnia y Herzegovina, Austria, Japón y Uganda), dos en contra (Brasil y Turquía) y una abstención (Líbano). Como se recuerda, en un loable esfuerzo diplomático Brasil y Turquía habían alcanzado en mayo con Teheran un compromiso para el enriquecimiento de su uranio en territorio turco y así asegurarse de que no dispusiera de combustible para actividades nucleares no civiles; hecho que EUA, de acuerdo con sus intenciones, no reconoció como válido y suficiente. Ahora, a partir de estas fechas, comienzan a aplicarse las nuevas sanciones, que incluyen una “lista negra” de 40 entidades presuntamente vinculadas al proyecto nuclear iraní y el veto a la venta de armamento pesado al país persa, incluidos vehículos de combate.
Lo que puede advertirse de toda esa parafernalia encabezada por Estados Unidos e Israel, es que más que buscar que las sanciones decretadas por el Consejo de Seguridad sean eficaces en impedir que Irán mantenga sus intenciones de avanzar en el desarrollo de una industria nuclear, lo que pretende esencialmente son dos cosas: internamente, posibilitar una mayor presión social en contra del gobierno de Mahmoud Ahmanidejad (al cual ya en el pasado y de manera infructuosa se le ha intentado socavar); en el plano internacional, preparar las condiciones para que una eventual invasión a Irán (en caso de fallar en lograr cambios internos significativos), sea acompañada de un apoyo mundial suficiente a los planes del ejército norteamericano, siempre presto en cumplir con los propósitos de mover de nuevo la maquinaria de la guerra, que tanta satisfacción deja a la industria militar.
15 de septiembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 19 de septiembre de 2010)
El Otoño del Imperio
Mostrando las entradas con la etiqueta AIEA. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta AIEA. Mostrar todas las entradas
miércoles, 15 de septiembre de 2010
lunes, 30 de agosto de 2010
Se Inaugura la Primera Central Nuclear de Irán
Jesús Hernández Garibay
El pasado fin de semana, tal y como estaba previsto, Irán arrancó en la ciudad de Bushehr, a orillas del golfo Pérsico, su primera central nuclear. Construida por ingenieros rusos, la planta fue puesta en marcha con el beneplácito de la Agencia Internacional de Energía Atómica de la ONU (AIEA). Muy a pesar de la postura de los sectores ultra-conservadores de Estados Unidos y Europa, o de la postura ultramontana de sectores israelíes que sostuvieron la idea de atacar a Irán (inclusive con una bomba atómica) antes del periodo que culmina ahora, tanto Irán como Rusia mantienen la posición de que Bushehr únicamente está destinada a generar electricidad y que sus instalaciones no pueden ser utilizadas con fines militares. Así, el mismo Departamento de Estado norteamericano, hubo de considerar oficialmente que la central no supone un “riesgo de proliferación”.
A diferencia de lo que pudiera pensarse, en el sentido de que la intención de armar atómicamente a Irán surge de un supuesto “guerrerismo antisemita” del actual presidente Mahmoud Ahmanidejad, la construcción de la central nuclear de Bushehr inició en el año 1975, a cargo del consorcio alemán Kraftwerk Union A.G. (Siemens/KWU); sin embargo, luego de que Estados Unidos impusiese un embargo sobre el suministro de alta tecnología a Teherán, tras la Revolución Islámica en 1979, la compañía rompió el contrato. Posteriormente, en 1995, Rusia firmó un contrato con las autoridades iraníes para completar la construcción de la central, pero su lanzamiento se pospuso en reiteradas ocasiones por razones financieras o técnicas. La compañía rusa Atomstroiexport (que pertenece a Rosatom, la Corporación de Energía Nuclear del Estado) fue la contratista general de la construcción de esta primera central nuclear iraní.
A propósito del supuesto peligro de que lo que aquí se encubra sea la pretensión de desarrollar supuestas armas de destrucción masiva, la pregunta principal es si la opción nuclear pacífica es vital para una economía como la iraní, o en verdad hay algo que esconder. Con un crecimiento del Producto Interno Bruto de alrededor del 6% promedio en los últimos tres años, puede advertirse a Irán, en medio de la crisis financiera internacional, como una nación necesitada de fortalecer sus opciones y su infraestructura para mantener su ritmo. De tal manera que el esfuerzo iraní por encontrar un camino viable para la producción de energía eléctrica más limpia y barata, le permitiría entrar al club de la treintena de países, incluyendo las superpotencias (EUA, Rusia, Francia, Gran Bretaña y China), que poseen reactores comerciales para la generación de electricidad a bajo costo.
Como se sabe, la energía atómica aporta hoy el 16% de la electricidad del mundo y casi el 24% en países de la OCDE (35% en EUA, 77% en Francia y 30% en Japón). Las ventajas de la energía nuclear sobre otras formas de energía son palpables: la cantidad de combustible nuclear requerida para producir cantidades grandes de energía eléctrica es mucho menos que la cantidad de carbón o de aceite necesitado para generar la misma cantidad de energía; las plantas de energía atómica bien funcionando producen menos cantidad de basura comparadas a cualquier otra forma de energía; en comparación con el carbón y el aceite, el uranio es una fuente abundante, de volumen bajo y fácilmente extraíble y transportable. Así, la idea de que “nunca debimos dejar construir esa central nuclear, porque el gobierno de Irán es un loco extremista…”, es, por lo menos, absurda, si no es que tramposa.
30 de agosto de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 29 de agosto de 2010)
El Otoño del Imperio
El pasado fin de semana, tal y como estaba previsto, Irán arrancó en la ciudad de Bushehr, a orillas del golfo Pérsico, su primera central nuclear. Construida por ingenieros rusos, la planta fue puesta en marcha con el beneplácito de la Agencia Internacional de Energía Atómica de la ONU (AIEA). Muy a pesar de la postura de los sectores ultra-conservadores de Estados Unidos y Europa, o de la postura ultramontana de sectores israelíes que sostuvieron la idea de atacar a Irán (inclusive con una bomba atómica) antes del periodo que culmina ahora, tanto Irán como Rusia mantienen la posición de que Bushehr únicamente está destinada a generar electricidad y que sus instalaciones no pueden ser utilizadas con fines militares. Así, el mismo Departamento de Estado norteamericano, hubo de considerar oficialmente que la central no supone un “riesgo de proliferación”.
A diferencia de lo que pudiera pensarse, en el sentido de que la intención de armar atómicamente a Irán surge de un supuesto “guerrerismo antisemita” del actual presidente Mahmoud Ahmanidejad, la construcción de la central nuclear de Bushehr inició en el año 1975, a cargo del consorcio alemán Kraftwerk Union A.G. (Siemens/KWU); sin embargo, luego de que Estados Unidos impusiese un embargo sobre el suministro de alta tecnología a Teherán, tras la Revolución Islámica en 1979, la compañía rompió el contrato. Posteriormente, en 1995, Rusia firmó un contrato con las autoridades iraníes para completar la construcción de la central, pero su lanzamiento se pospuso en reiteradas ocasiones por razones financieras o técnicas. La compañía rusa Atomstroiexport (que pertenece a Rosatom, la Corporación de Energía Nuclear del Estado) fue la contratista general de la construcción de esta primera central nuclear iraní.
A propósito del supuesto peligro de que lo que aquí se encubra sea la pretensión de desarrollar supuestas armas de destrucción masiva, la pregunta principal es si la opción nuclear pacífica es vital para una economía como la iraní, o en verdad hay algo que esconder. Con un crecimiento del Producto Interno Bruto de alrededor del 6% promedio en los últimos tres años, puede advertirse a Irán, en medio de la crisis financiera internacional, como una nación necesitada de fortalecer sus opciones y su infraestructura para mantener su ritmo. De tal manera que el esfuerzo iraní por encontrar un camino viable para la producción de energía eléctrica más limpia y barata, le permitiría entrar al club de la treintena de países, incluyendo las superpotencias (EUA, Rusia, Francia, Gran Bretaña y China), que poseen reactores comerciales para la generación de electricidad a bajo costo.
Como se sabe, la energía atómica aporta hoy el 16% de la electricidad del mundo y casi el 24% en países de la OCDE (35% en EUA, 77% en Francia y 30% en Japón). Las ventajas de la energía nuclear sobre otras formas de energía son palpables: la cantidad de combustible nuclear requerida para producir cantidades grandes de energía eléctrica es mucho menos que la cantidad de carbón o de aceite necesitado para generar la misma cantidad de energía; las plantas de energía atómica bien funcionando producen menos cantidad de basura comparadas a cualquier otra forma de energía; en comparación con el carbón y el aceite, el uranio es una fuente abundante, de volumen bajo y fácilmente extraíble y transportable. Así, la idea de que “nunca debimos dejar construir esa central nuclear, porque el gobierno de Irán es un loco extremista…”, es, por lo menos, absurda, si no es que tramposa.
30 de agosto de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 29 de agosto de 2010)
El Otoño del Imperio
Etiquetas:
Ahmanidejad,
AIEA,
Atomstroiexport,
Bushehr,
energia nuclear,
Iran,
Kraftwerk Union,
Rosatom,
Teheran
miércoles, 2 de junio de 2010
El Nuevo Acuerdo Nuclear con Irán
Jesús Hernández Garibay
El 17 de mayo fue firmado en Teherán un acuerdo del gobierno iraní con los de Turquía y Brasil, en el que Irán acepta en intercambio una parte de su uranio levemente enriquecido, por combustible nuclear enriquecido al 20 por ciento. Tal y como lo dio a conocer la prensa internacional, el acuerdo prevé el envío a Tur¬quía de mil 200 kilos de uranio iraní enriquecido a 3.5 por ciento, donde será cambiado en el plazo máximo de un año por 120 kilos de combustible enriquecido a 20 por ciento, necesario para el reactor de investigación nuclear de Teherán. El uranio iraní, que deberá ser depositado en Turquía un mes después del acuerdo, estará bajo supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), que sería informada del mismo en el plazo de una semana. La decisión fue calificada por el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, como una victoria de la diplomacia.
El acuerdo logrado entre el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, el presidente Lula de Brasil y el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, fue considerado por estos como una experiencia positiva que vuelve a demostrar que si se busca la cooperación antes que la confrontación, pueden alcanzarse mejoras en la delicada situación internacional. Como se sabe, Irán defiende su derecho a desarrollar un programa nuclear que, asegura, tiene fines pacíficos, lo que es rechazado por una parte de la comunidad internacional encabezada por Estados Unidos; las fuerzas más conservadoras de este país, de su lado, continúan tratando de impedir que el actual gobierno de Teherán, de filiación distinta a la de sus principales aliados en la región, se robustezca más, sobre todo a partir del mejoramiento de su actual fortaleza económica. Para ello acusan ahora al gobierno de Ahmadinejad, de querer hacerse de la bomba atómica y convertirse en un peligro internacional.
Tanto EUA como la Unión Europea habían ya propuesto a Irán en octubre anterior la entrega de 70 por ciento de su uranio débilmente enriquecido para transformarlo en combustible nuclear para su reactor de investigación. Al argumentar su falta de confianza en el acuerdo, Teherán había rechazado la propuesta y planteado que el canje de combustible se realizara en pequeñas cantidades y en su territorio, lo que rechazaron las potencias occidentales. Como resultado de ello, en febrero Irán inició la producción de uranio enriquecido a 20 por ciento, lo que aceleró la movilización de los países occidentales para adoptar nuevas sanciones por el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas. Una intención a la que, bajo el marco del nuevo acuerdo, se opone ahora Rusia.
Lo curioso de todo ello es que el convenio al que llegan Brasil y Turquía con el gobierno de Irán ha sido recibido con cautela por la Casa Blanca, quien asegura que la propuesta no detendrá su intención de aplicar más sanciones contra Teherán. Lo cual contraviene lo afirmado recién en Barcelona por el presidente Lula: “Hicimos exactamente lo que Estados Unidos quería hacer hace cinco o seis meses…”; aun más, contradice lo que el gobierno de Brasilia aduce en el sentido de que el acuerdo firmado contiene en gran medida elementos de una sugerencia del presidente estadounidense Barack Obama a su colega brasileño Lula da Silva, presentada en carta enviada 15 días antes del mismo. Como quiera que sea, lo que se advierte para el caso de Irán es la pretensión de la maquinaria de guerra estadounidense y su poderosísima industria (hambrienta de mayor ganancia) de hacer lo que sea necesario (hasta falsear el plano diplomático), con tal de lanzar una nueva ofensiva por el mundo.
22 de mayo de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 23 de mayo de 2010)
El Otoño del Imperio
El 17 de mayo fue firmado en Teherán un acuerdo del gobierno iraní con los de Turquía y Brasil, en el que Irán acepta en intercambio una parte de su uranio levemente enriquecido, por combustible nuclear enriquecido al 20 por ciento. Tal y como lo dio a conocer la prensa internacional, el acuerdo prevé el envío a Tur¬quía de mil 200 kilos de uranio iraní enriquecido a 3.5 por ciento, donde será cambiado en el plazo máximo de un año por 120 kilos de combustible enriquecido a 20 por ciento, necesario para el reactor de investigación nuclear de Teherán. El uranio iraní, que deberá ser depositado en Turquía un mes después del acuerdo, estará bajo supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), que sería informada del mismo en el plazo de una semana. La decisión fue calificada por el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, como una victoria de la diplomacia.
El acuerdo logrado entre el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, el presidente Lula de Brasil y el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, fue considerado por estos como una experiencia positiva que vuelve a demostrar que si se busca la cooperación antes que la confrontación, pueden alcanzarse mejoras en la delicada situación internacional. Como se sabe, Irán defiende su derecho a desarrollar un programa nuclear que, asegura, tiene fines pacíficos, lo que es rechazado por una parte de la comunidad internacional encabezada por Estados Unidos; las fuerzas más conservadoras de este país, de su lado, continúan tratando de impedir que el actual gobierno de Teherán, de filiación distinta a la de sus principales aliados en la región, se robustezca más, sobre todo a partir del mejoramiento de su actual fortaleza económica. Para ello acusan ahora al gobierno de Ahmadinejad, de querer hacerse de la bomba atómica y convertirse en un peligro internacional.
Tanto EUA como la Unión Europea habían ya propuesto a Irán en octubre anterior la entrega de 70 por ciento de su uranio débilmente enriquecido para transformarlo en combustible nuclear para su reactor de investigación. Al argumentar su falta de confianza en el acuerdo, Teherán había rechazado la propuesta y planteado que el canje de combustible se realizara en pequeñas cantidades y en su territorio, lo que rechazaron las potencias occidentales. Como resultado de ello, en febrero Irán inició la producción de uranio enriquecido a 20 por ciento, lo que aceleró la movilización de los países occidentales para adoptar nuevas sanciones por el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas. Una intención a la que, bajo el marco del nuevo acuerdo, se opone ahora Rusia.
Lo curioso de todo ello es que el convenio al que llegan Brasil y Turquía con el gobierno de Irán ha sido recibido con cautela por la Casa Blanca, quien asegura que la propuesta no detendrá su intención de aplicar más sanciones contra Teherán. Lo cual contraviene lo afirmado recién en Barcelona por el presidente Lula: “Hicimos exactamente lo que Estados Unidos quería hacer hace cinco o seis meses…”; aun más, contradice lo que el gobierno de Brasilia aduce en el sentido de que el acuerdo firmado contiene en gran medida elementos de una sugerencia del presidente estadounidense Barack Obama a su colega brasileño Lula da Silva, presentada en carta enviada 15 días antes del mismo. Como quiera que sea, lo que se advierte para el caso de Irán es la pretensión de la maquinaria de guerra estadounidense y su poderosísima industria (hambrienta de mayor ganancia) de hacer lo que sea necesario (hasta falsear el plano diplomático), con tal de lanzar una nueva ofensiva por el mundo.
22 de mayo de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 23 de mayo de 2010)
El Otoño del Imperio
Etiquetas:
Ahmadinejad,
AIEA,
Brasil,
Erdogan,
Iran,
Lula,
tratado nuclear,
Turquia
lunes, 1 de marzo de 2010
Continúa la Amenaza de Guerra en Contra de Irán
Jesús Hernández Garibay
El pasado 16 de febrero, la Casa Blanca emitió su más reciente declaración en el sentido de que no descarta ninguna posibilidad, incluso la guerra, para enfrentar el programa nuclear de Irán; al respecto, el portavoz de la Casa Blanca Robert Gibbs señalaba que el rechazo iraní a todos los intentos del gobierno del presidente Barack Obama por lograr un compromiso diplomático, “es una prueba de que su programa nuclear no es para los fines ni del tipo que ellos han tratado de convencer a otros...” En tanto, el día 17 Hillary Clinton aseveraba ante estudiantes de la Universidad Femenina de Dar Al Hekma, en Arabia Saudita, que Irán pretende que su programa tenga objetivos pacíficos, pero que no hay pruebas que respalden eso; a la vez, afirmaba que “Irán es el más grande sustento al terrorismo en el mundo hoy…”. Como se recuerda, varios países encabezados por Estados Unidos han asegurado que el objetivo de Teherán es la fabricación de la bomba atómica.
En la ya conocida Evaluación Anual de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos, acerca de las amenazas potenciales para ese país, dado a conocer el 3 de febrero último en la Cámara de Representantes y el Senado por Dennis C. Blair, Director Nacional de Inteligencia, este funcionario afirmaba que “El régimen iraní sigue saltando las restricciones del Consejo de Seguridad sobre su programa nuclear…”, y que existe un riesgo real de que su programa nuclear “estimule a otros países en el Oriente a perseguir opciones nucleares...” No obstante, en un sentido más cauto que la secretaria de Estado, el funcionario agregaba: “Seguimos evaluando el que Irán mantiene abierta la opción de desarrollar armas nucleares, en parte mediante el desarrollo de diferentes capacidades nucleares más cercanas a ser capaz de producir tales armas, si elige hacerlo. No sabemos, sin embargo, si Irán decidirá finalmente construir armas nucleares…”
De su parte, el nuevo director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), el japonés Yukiya Amano, entregaba el 18 de febrero un informe de 10 páginas sobre las inspecciones realizadas en Irán acerca de las actividades nucleares supervisadas por la agencia. Normalmente y en base a los reglamentos de la AIEA, el informe secreto del director general se entrega entre 10 a 14 días antes de la celebración de la reunión trimestral del Consejo de Gobernadores en Viena a los 35 miembros de dicha entidad. Como la siguiente reunión del Consejo de Gobernadores se celebraba el primero de marzo del año en Viena, se supone que el informe entregado por Amano tendría dicho propósito. Habrá que ver lo que el informe indica, pero lo que demuestra es la continuada colaboración de Irán con la agencia en el marco de los compromisos ya establecidos.
La AIEA ha insistido muchas veces en sus informes previos el carácter no militar del programa nuclear de Irán, así como el respeto de este país a los artículos del Tratado de No Proliferación Nuclear y su colaboración con los inspectores de la agencia; el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, de su parte, ha reiterado su disposición a un intercambio de uranio en un marco equitativo, en primer lugar con el mismo Estados Unidos. Como quiera, EUA mantiene ya actualmente más de 300 mil soldados en la región y está involucrado en dos guerras (Irak y Afganistán), con fuerte presencia militar también en Pakistán; aunque antes de lanzar una nueva guerra, ahora en contra de Irán, con seguridad insistirá en buscar cambiar al régimen iraní por la vía del resurgimiento del movimiento cívico que ya apoya.
(1° de marzo de 2010)
(Publicado: Revista Siempre!, México, 7 de marzo de 2010)
El pasado 16 de febrero, la Casa Blanca emitió su más reciente declaración en el sentido de que no descarta ninguna posibilidad, incluso la guerra, para enfrentar el programa nuclear de Irán; al respecto, el portavoz de la Casa Blanca Robert Gibbs señalaba que el rechazo iraní a todos los intentos del gobierno del presidente Barack Obama por lograr un compromiso diplomático, “es una prueba de que su programa nuclear no es para los fines ni del tipo que ellos han tratado de convencer a otros...” En tanto, el día 17 Hillary Clinton aseveraba ante estudiantes de la Universidad Femenina de Dar Al Hekma, en Arabia Saudita, que Irán pretende que su programa tenga objetivos pacíficos, pero que no hay pruebas que respalden eso; a la vez, afirmaba que “Irán es el más grande sustento al terrorismo en el mundo hoy…”. Como se recuerda, varios países encabezados por Estados Unidos han asegurado que el objetivo de Teherán es la fabricación de la bomba atómica.
En la ya conocida Evaluación Anual de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos, acerca de las amenazas potenciales para ese país, dado a conocer el 3 de febrero último en la Cámara de Representantes y el Senado por Dennis C. Blair, Director Nacional de Inteligencia, este funcionario afirmaba que “El régimen iraní sigue saltando las restricciones del Consejo de Seguridad sobre su programa nuclear…”, y que existe un riesgo real de que su programa nuclear “estimule a otros países en el Oriente a perseguir opciones nucleares...” No obstante, en un sentido más cauto que la secretaria de Estado, el funcionario agregaba: “Seguimos evaluando el que Irán mantiene abierta la opción de desarrollar armas nucleares, en parte mediante el desarrollo de diferentes capacidades nucleares más cercanas a ser capaz de producir tales armas, si elige hacerlo. No sabemos, sin embargo, si Irán decidirá finalmente construir armas nucleares…”
De su parte, el nuevo director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), el japonés Yukiya Amano, entregaba el 18 de febrero un informe de 10 páginas sobre las inspecciones realizadas en Irán acerca de las actividades nucleares supervisadas por la agencia. Normalmente y en base a los reglamentos de la AIEA, el informe secreto del director general se entrega entre 10 a 14 días antes de la celebración de la reunión trimestral del Consejo de Gobernadores en Viena a los 35 miembros de dicha entidad. Como la siguiente reunión del Consejo de Gobernadores se celebraba el primero de marzo del año en Viena, se supone que el informe entregado por Amano tendría dicho propósito. Habrá que ver lo que el informe indica, pero lo que demuestra es la continuada colaboración de Irán con la agencia en el marco de los compromisos ya establecidos.
La AIEA ha insistido muchas veces en sus informes previos el carácter no militar del programa nuclear de Irán, así como el respeto de este país a los artículos del Tratado de No Proliferación Nuclear y su colaboración con los inspectores de la agencia; el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, de su parte, ha reiterado su disposición a un intercambio de uranio en un marco equitativo, en primer lugar con el mismo Estados Unidos. Como quiera, EUA mantiene ya actualmente más de 300 mil soldados en la región y está involucrado en dos guerras (Irak y Afganistán), con fuerte presencia militar también en Pakistán; aunque antes de lanzar una nueva guerra, ahora en contra de Irán, con seguridad insistirá en buscar cambiar al régimen iraní por la vía del resurgimiento del movimiento cívico que ya apoya.
(1° de marzo de 2010)
(Publicado: Revista Siempre!, México, 7 de marzo de 2010)
Etiquetas:
AIEA,
armas nucleares,
energia atomica,
hillary clinton,
inteligencia,
Iran,
programa nuclear
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
