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domingo, 26 de diciembre de 2010

El Saldo Global de 2010

Jesús Hernández Garibay

Es todavía temprano para valorar el conjunto de perspectivas y nuevas circunstancias que deja la intención de un grupo de cibernautas alrededor de Internet por descobijar las entrañas del sistema mediante la divulgación de documentos secretos de toda índole, en su mayor parte por razones obvias vinculados con Estados Unidos; pero si hay algo por lo que el año 2010 será recordado por muchos más en el futuro, es por dar inicio a una nueva era en la forma de hacer política global altermundista. Lo más trascendente de Wikileaks no es que haya mostrado los trapos sucios, sino que mostró el camino para seguir revelando los trapos sucios… Posibilidad ya sabida por quienes han seguido el curso del desenvolvimiento de los nuevos medios en la por momentos manoseada “sociedad del conocimiento”, pero cuya importancia para una sociedad en verdad democrática es creciente.

Desde luego que el hecho no es circunstancial. El desenvolvimiento del mercado, que luego de dos décadas de políticas neoliberales no logra despuntar y mantener estable el crecimiento en el orden global, poco a poco se enfrenta a una multiplicidad de contradicciones que dejan ver la decadencia y el enfrentamiento con nuevas y peligrosas fuerzas sociales en el planeta y le plantean al país más poderoso de la tierra intentar reafirmar su liderazgo con base en el poderoso aparato político-militar que posee; pero en un momento en que el mundo se ha vuelto tan complejo que es imposible ya que pueda ser resuelto por una sola o sólo por algunas naciones. Como advierte el escenario internacional, los problemas crecen en distintas direcciones y las expresiones de fragilidad en los mercados continúan apareciendo y repercuten en el nivel mundial.

Y es que el mundo de la etapa dorada del capitalismo se ha agotado; ya no existe como tal, ni volverá jamás. Un mundo que se derrocha poco a poco y que provoca ya profundas transformaciones económicas, geopolíticas y culturales, que poco a poco irrumpen con más ímpetu en el escenario global, impulsadas por esas nuevas fuerzas sociales que sacan a la luz e intensifican de manera inevitable tales nuevas circunstancias, que se fraguan más rápido de lo que podemos suponer, porque esas fuerzas que se vienen conformando a lo largo de los últimos decenios, responden no sólo al progresivo agotamiento de una era en la que los recursos naturales daban lugar a posibilidades a trasmano en el mundo, resultando en el despliegue sin fin del “mercado libre”, sino que lo hacen ahora con una nueva conciencia del entorno y de la necesidad de detener la destrucción mayor del planeta.

La crisis de Wall Street en 2008 vino a evidenciar la lasitud de los mercados, pero según todo apunta ahora no era ella más que un anuncio, simulacro pasajero o ensayo general de lo que de forma ineluctable se avecina. Ha sido así una chispa que ha activado la dinámica de una crisis global creciente, gestada por muchos años de desaseos en el uso y desuso de mecanismos como el crédito que otrora resultaron viables pero luego comienzan a agotarse y presagian un desmoronamiento lento y contradictorio pero seguro del mundo de los sucios timos en sustento de los grandes negocios. Así, no puede esperarse menos para el año que en unos días comienza, que continuar con el colapso progresivo, con altibajos es cierto y sin duda peligros indecibles, para los que será necesario prepararse cada vez mejor, a fin de contribuir al surgimiento de mejores condiciones para que la raza humana florezca, aunque ahora esperanzadoramente con mayores posibilidades de sobrevivir.

26 de diciembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 26 de diciembre de 2010)
El Otoño del Imperio

lunes, 6 de septiembre de 2010

Hacia una Nueva Gran Crisis Global

Jesús Hernández Garibay

La reciente caída de las bolsas del mundo y la persistencia de inestabilidad económica en países europeos como Grecia, Portugal y España, cae como nuevo balde de agua fría en quienes consideraban que las medidas establecidas en reuniones importantes como la del Grupo de los 20, serían capaces de remontar la crisis que comienza a exhibirse en su más amplia dimensión en el desplome de las bolsas de valores en el otoño de 2008. La economía en distintos países y en diversos sectores se ha venido reactivando, pero en el fondo marcada por un creciente debilitamiento general del mercado, que no alcanza a despuntar y a imprimir fuerza en su desenvolvimiento, por la precariedad del consumo. El crédito, un recurso socorrido en las últimas décadas bajo el capitalismo, trastabilla frente a las necesidades de su reproducción, sin salida firme para las deudas que se acumulan.

La porfiada baja en las ventas de casas nuevas en Estados Unidos continúa evidenciando la crisis inmobiliaria y, no obstante que estas ventas se mantienen por encima del ritmo más bajo de hace dos años, lo que continúa también creciendo, “a velocidad de crucero”, son los embargos de viviendas; tan sólo durante el pasado mes de julio, los bancos confiscaron hasta 92 mil 858 casas, la segunda cifra mensual más alta de la historia, de propietarios que dejaron de pagar sus cuotas hipotecarias, según informaba recién la compañía de datos inmobiliarios RealtyTrac. Las compañías financieras estadounidenses tratan así de limpiar sus cuentas y balances de préstamos morosos y de ahí que las ejecuciones se cuenten por decenas de miles; éstas, según RealtyTrac, en lugar de notificar el incumplimiento del abono de cuotas y dar un margen de maniobra, optan por embargar directamente.

La actual debilidad financiera ha llevado a pensar que podría derivar en una nueva gran crisis. En días recientes una caída del 12 por ciento en las ventas de casas nuevas en EU provocaba durante dos días consecutivos el desplome de las Bolsas europeas. Si a ello se suman los más de 40 millones de personas sin trabajo que ilustraban el panorama europeo-estadounidense de inicios de este año (15 millones en la zona del euro, lo que representa 10 por ciento de la PEA, el peor índice desde 1998), entonces es cierto que persiste el riesgo de “un crecimiento débil y de una nueva crisis”, tal y como lo reconocieran Barack Obama y los jefes de gobierno de Canadá, Francia, Gran Bretaña y Corea del Sur en una declaración de marzo pasado en la reunión en el G-20 en el Palacio del Eliseo, París. Los cinco hacen en ese entonces un urgente llamado al resto del Grupo, presuponiendo que las ayudas a los bancos no han sido suficientes para la reanimación económica.

El mismo The Financial Times, un ícono del mundo financiero europeo, indicaba desde febrero de este año: “Estamos ante una nueva crisis global”. Ni siquiera la nueva Reforma Financiera impulsada por Obama y adoptada como ley por el Congreso el 4 de julio pasado, puede hoy resultar un seguro para evitar la detonación de una nueva crisis en Wall Street. Además porque la sombra de una insolvencia generalizada de pagos de deuda pública por causa de los déficit presupuestarios y la baja en la recaudación fiscal en distintos países, hace temer un rebrote de esa crisis financiera, no sólo en bancos y otras entidades privadas, sino inclusive en el nivel de los propios Estados. El Fondo Monetario Internacional estima que el déficit fiscal estadounidense llegará al 108 por ciento del PIB en 2014, un alza significativa frente al 62 por ciento del PIB de 2007. Noticias todas nada buenas para la salud del imperio.

06 de septiembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 05 de septiembre de 2010)
El Otoño del Imperio

miércoles, 10 de marzo de 2010

La Crisis Económica aún no ha Terminado

Jesús Hernández Garibay

Del primero al cinco de marzo último se llevó a cabo en La Habana, Cuba, el XII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo. El evento reunió alrededor de mil 500 estudiosos de unos 40 países: economistas, sociólogos, politólogos, juristas, escritores, periodistas, funcionarios de organismos regionales e internacionales, empresarios, cooperativistas y dirigentes de fuerzas políticas y movimientos sociales, provenientes de diferentes escuelas de pensamiento y de todo el orbe, lo que permitió analizar desde diferentes miradas las problemáticas más acuciantes de la economía y de manera particular la crisis económica global en sus causas estructurales, sus manifestaciones, interrelaciones y posibles salidas, tras su estallido en la década que termina.

Al respecto, el encuentro abrió sus puertas a temas tales como la dimensión social de la crisis con especial énfasis en la situación del desempleo, la naturaleza de la recesión, la relación entre medio ambiente y desarrollo sostenible, así como la integración ante los Tratados de Libre Comercio. En cuanto al tema de la cultura, en el evento se habló también sobre el papel del arte y de la literatura en el desarrollo y el impacto de la crisis en el cine, la plástica y la música; a la vez, debatió sobre los efectos económicos del cambio climático en los países subdesarrollados y las medidas para enfrentarlos, así como sobre la urgencia de avanzar hacia un desarrollo sostenible en el marco de la globalización actual y el papel de las nuevas tecnologías para lograr este objetivo. Todo ello, en momentos en que se estima que existen ya en el mundo entre 250 y 300 millones más de pobres.

José Juan Ortiz Brú, representante de la UNICEF en Cuba, recordaba en el evento que en un solo día fallecen 18 mil niños porque no les garantizaron dos litros de agua, 65 gramos de azúcar y 45 de sal, pues con solo eso se cura una diarrea, causa de muertes inconcebibles. Precisaba además que en estos tiempos el 15% de la población del mundo consume el 60% de los recursos; algo que se hace necesario confrontar, pues, decía, “desgraciadamente no se implementan políticas globales para distribuir de modo más equitativo. Todo está organizado para que los que tienen sigan teniendo y los que no tienen, no tengan nunca…” Una visión importante ésta, en momentos en que a diferencia de las consideraciones oficiales que hablan de la crisis como algo ya del pasado, se reafirman otros puntos de vista que advierten que la verdadera crisis empezará a mediados de 2010 y que durante el periodo 2010-2012 el nivel de la caída “será brutal, terrible…”, con economías que sufrirán muchísimo tal vez hasta el periodo del 2018 al 2020.

La seriedad del encuentro en Cuba fue avalada por la presencia de los Premios Nobel de Economía Robert Mundell (1999) y Robert Ingle (2003), así como expertos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, delegados del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), el Banco del Sur del ALBA, siete ministros de Economía y Finanzas, y presidentes de Bancos Centrales, representantes de la Organización Mundial de Comercio (OMC), así como de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), entre otros. Al destacar que una de las características de la crisis actual es la destrucción de las fuerzas productivas, el experimentado economista cubano Osvaldo Martínez indicaba de su parte: “Este es un capitalismo de edad avanzada, con una solución lenta y larga…”

(8 de marzo de 2010)
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de marzo de 2010)
El otoño del imperio