Jesús Hernández Garibay
A sólo dos semanas de culminar el 2010, vale intentar un recuento así sea parcial de algunos de los principales hechos que envuelven a Estados Unidos en los inicios del segundo decenio del nuevo siglo. Del Informe denominado “Evaluación Anual sobre Amenazas Elaborado por la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos”, presentado en febrero pasado por el entonces Director de Inteligencia Nacional, Dennis Blair, hasta estos días finales en que el “ataque terrorista informático” de Wikileaks llega para voltear de cabeza no sólo a más de un funcionario en Washington sino a quienes, como el umbroso grupo Bilderberg, suelen rondar por los entretelones del imperio pretendiendo conducir los intríngulis de la historia, distintas han sido las preocupaciones.
Como se recuerda, el Informe de febrero destaca aquellas circunstancias que esa comunidad ubica entonces como las “principales amenazas a la seguridad” de la Unión Americana: desde luego la crisis económica que considera entonces, con obvio acierto, como no superada todavía; a la vez, el reto de la energía y las necesidades de su renovación frente al declive de los combustibles fósiles; habla también de la amenaza latente que continúa representando Al Qaeda en el mundo, de la sempiterna preocupación por una posible proliferación de “armas de destrucción masiva”, a la vez que de los problemas políticos que persisten en el Medio Oriente, o con respecto a países como China, India y Rusia. Igual recuerda el cambio climático y las profundas implicaciones que tendrá para la seguridad estadounidense durante los siguientes 20 años.
En el 2010 diversas otras fueron preocupaciones también para la Casa Blanca, como las nacionales donde el debate alrededor de la figura del presidente Barack Obama, la sentida crisis económica y sus efectos en el empleo o hasta el derrame de la British Petroleum en el Golfo de México, junto con los intentos por llevar adelante una Reforma de Salud o una Reforma Financiera, marcaron un ambiente de bullicio constante en los medios informativos de esa nación; o como las de orden internacional en que las intenciones no consolidadas por salir de Irak o los nuevos tropiezos en la guerra de Afganistán, se entreveraron con la impaciencia frente a los propósitos nucleares de Irán o las tensiones con Corea del Norte. Desde luego, las crecientes inquietudes ante el cambio climático que en el Año Internacional de la Biodiversidad continúan sin solución luego de la Conferencia de Cancún.
Por supuesto las elecciones intermedias en las que el Partido Demócrata sufre una derrota, cuyo resultado (alentador para las fuerzas más conservadoras en tratar de impedir la reelección del actual mandatario) representa el nuevo ingrediente de la escena política norteamericana, en el contexto de la continuidad de la crisis en Europa y el resto del planeta que amenaza con una posible nueva gran crisis global; o la crisis alimentaria que junto con el inagotable desempleo y la creciente pobreza sigue sin resolverse en el mundo y que pretende soliviantarse por la vía de renovar el rumbo del “libre comercio” (ahora en la dinámica comunidad Asia-Pacífico), son hechos junto con los anteriores que marcan un nuevo momento en el curso del desenvolvimiento del capitalismo mundial. Un curso en el cual las armas de destrucción (aunque no sean masivas) representan un mercado cada vez más vital para el sostenimiento del sistema, ahora amenazado por un “perverso activista cibernético” que, “por fortuna”, dicen sus detractores, ha sido por el momento aprehendido.
13 de diciembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 19 de diciembre de 2010)
El Otoño del Imperio
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lunes, 13 de diciembre de 2010
Un Año Más Llega a su Fin
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miércoles, 8 de diciembre de 2010
Alcance de las Filtraciones Secretas de Wikileaks
Jesús Hernández Garibay
A dos semanas de haberse llevado a cabo la nueva “filtración” de 250 mil cables diplomáticos secretos de Estados Unidos, que entregó WikiLeaks para su difusión a los diarios El País, The Guardian, Le Monde y The New York Times, y a la revista alemana Der Spiegel, las reacciones a nivel mundial van desde el asombro ante “el traje nuevo del emperador”, hasta la duda de cuáles serán las verdaderas intenciones detrás del hecho protagonizado por un previamente desconocido personaje australiano llamado Julian Assange. Sin dejar de estar presente la convicción de quienes, más allá de la sorpresa o el desencanto, confirman lo sospechado muchas veces: que las prácticas del imperio siguen siendo las mismas de siempre, aunque ahora se dan a conocer y eso es lo que interesa.
Como se recuerda, antes de las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos ya se había dado a través del portal de Wikileaks la masiva filtración de 400 mil documentos del Pentágono acerca de la guerra de Irak, mientras en julio anterior el mismo portal también había revelado 92 mil informes secretos sobre Afganistán. Ahora, al expediente se agregan documentos sobre la forma como internamente maneja el Departamento de Estado sus relaciones diplomáticas con el mundo, y el concepto real que le merecen los dirigentes de países aliados, naciones “amigas” y enemigas; un auténtico “ataque terrorista” dicha divulgación (según el decir de algunos funcionarios gubernamentales de la administración Obama) que viene a desnudar el siempre pretendidamente inmaculado usual trato diplomático de la crecientemente desconcertada Casa Blanca ante el mundo actual.
Como ya se ha dado a conocer profusamente, los cables difundidos incluyen distintas notas internas de las embajadas norteamericanas en países diversos, cuyos servicios de inteligencia se encuentran siempre prestos a ofrecer detalles sobre las circunstancias nacionales del momento, algunas veces con la lerda mirada de quienes ven al mundo con los ojos parciales de la ignorancia global del “mejor de los mundos posible”, mientras que otras con la enfocada visión del agente que desnuda a sus propios compinches nacionales apátridas. Destaca ―entre muchas notas que ya se han dado a conocer y otras que seguramente rodarán aun de manera parcial y bajo la óptica siempre interesada de los propios medios informativos que gota a gota comienzan a ofrecerlos al público―, la idea de que “la única amenaza a la seguridad de Estados Unidos en Latinoamérica proviene de México”.
El número más reciente de la revista Forbes incide centralmente y de manera profusa en el tema, a partir de una entrevista con el creador de Wikileaks. De este, dice: “Assange, el cautivo extraño, transgrede los intereses de uno como cualquier Lex Luthor [el enemigo principal de Superman], quien dirige un malvado imperio desde una guarida subterránea…” Como fiel representante y defensor a ultranza del mundo de los grandes negocios, Forbes opina que Wikileaks proporciona el vislumbre de un futuro donde los documentos confidenciales y clasificados estarán disponibles al público en general; e indica que los gobiernos y corporaciones con trapos sucios “deben por ello estar muy temerosos…” Y culmina: “Admirado o injuriado, Julian Assange es el profeta de una cercana época próxima de involuntaria transparencia para el Gobierno y los negocios...” O sea, una gota incómoda que apenas comienza y a la que será obligado adaptar al imperio ahora; aunque, por supuesto, ello sea parte de las nuevas condiciones provistas por un mundo más abierto.
6 de diciembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 12 de diciembre de 2010)
El Otoño del Imperio
A dos semanas de haberse llevado a cabo la nueva “filtración” de 250 mil cables diplomáticos secretos de Estados Unidos, que entregó WikiLeaks para su difusión a los diarios El País, The Guardian, Le Monde y The New York Times, y a la revista alemana Der Spiegel, las reacciones a nivel mundial van desde el asombro ante “el traje nuevo del emperador”, hasta la duda de cuáles serán las verdaderas intenciones detrás del hecho protagonizado por un previamente desconocido personaje australiano llamado Julian Assange. Sin dejar de estar presente la convicción de quienes, más allá de la sorpresa o el desencanto, confirman lo sospechado muchas veces: que las prácticas del imperio siguen siendo las mismas de siempre, aunque ahora se dan a conocer y eso es lo que interesa.
Como se recuerda, antes de las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos ya se había dado a través del portal de Wikileaks la masiva filtración de 400 mil documentos del Pentágono acerca de la guerra de Irak, mientras en julio anterior el mismo portal también había revelado 92 mil informes secretos sobre Afganistán. Ahora, al expediente se agregan documentos sobre la forma como internamente maneja el Departamento de Estado sus relaciones diplomáticas con el mundo, y el concepto real que le merecen los dirigentes de países aliados, naciones “amigas” y enemigas; un auténtico “ataque terrorista” dicha divulgación (según el decir de algunos funcionarios gubernamentales de la administración Obama) que viene a desnudar el siempre pretendidamente inmaculado usual trato diplomático de la crecientemente desconcertada Casa Blanca ante el mundo actual.
Como ya se ha dado a conocer profusamente, los cables difundidos incluyen distintas notas internas de las embajadas norteamericanas en países diversos, cuyos servicios de inteligencia se encuentran siempre prestos a ofrecer detalles sobre las circunstancias nacionales del momento, algunas veces con la lerda mirada de quienes ven al mundo con los ojos parciales de la ignorancia global del “mejor de los mundos posible”, mientras que otras con la enfocada visión del agente que desnuda a sus propios compinches nacionales apátridas. Destaca ―entre muchas notas que ya se han dado a conocer y otras que seguramente rodarán aun de manera parcial y bajo la óptica siempre interesada de los propios medios informativos que gota a gota comienzan a ofrecerlos al público―, la idea de que “la única amenaza a la seguridad de Estados Unidos en Latinoamérica proviene de México”.
El número más reciente de la revista Forbes incide centralmente y de manera profusa en el tema, a partir de una entrevista con el creador de Wikileaks. De este, dice: “Assange, el cautivo extraño, transgrede los intereses de uno como cualquier Lex Luthor [el enemigo principal de Superman], quien dirige un malvado imperio desde una guarida subterránea…” Como fiel representante y defensor a ultranza del mundo de los grandes negocios, Forbes opina que Wikileaks proporciona el vislumbre de un futuro donde los documentos confidenciales y clasificados estarán disponibles al público en general; e indica que los gobiernos y corporaciones con trapos sucios “deben por ello estar muy temerosos…” Y culmina: “Admirado o injuriado, Julian Assange es el profeta de una cercana época próxima de involuntaria transparencia para el Gobierno y los negocios...” O sea, una gota incómoda que apenas comienza y a la que será obligado adaptar al imperio ahora; aunque, por supuesto, ello sea parte de las nuevas condiciones provistas por un mundo más abierto.
6 de diciembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 12 de diciembre de 2010)
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viernes, 29 de octubre de 2010
Wikileaks: Un Nuevo Escándalo para Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
La masiva filtración de documentos del Pentágono acerca de la guerra de Irak a través del portal de Internet Wikileaks, constituye un nuevo golpe a la maquinaria militar de Estados Unidos y un escándalo más de los varios que ha sufrido en los últimos años dicho país. Los cerca de 400 mil testimonios sobre el comportamiento de las fuerzas castrenses en aquella invadida nación, revela un nuevo dramático dato: la muerte desde el 2003, de más de 100 mil iraquíes, de los que unos 70 mil fueron civiles, además de “numerosos casos de tortura, humillación y homicidios contra civiles”. Wiki¬leaks, una polémica base de datos que opera en la red y que en julio pasado publicó también 92 mil informes secretos de las Fuerzas Armadas estadounidenses sobre Afganistán, se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para los beligerantes halcones militares.
Hasta ahora, ni el gobierno de EUA ni las fuerzas aliadas habían facilitado un número oficial de las víctimas iraquíes que ha ocasionado el conflicto, con el argumento de que no se llevaba una contabilidad al respecto. Sin embargo, los documentos del Pentágono que desclasifica Wikileaks, dan cuenta de las denuncias de torturas, abusos, e incluso de posible asesinato, de cientos de prisioneros por parte de las fuerzas iraquíes, además de las narraciones de jornadas sangrientas y la revelación de situaciones lamentables en que las tropas estadounidenses, por error, accidente o precipitación, mataron a civiles inocentes. Los documentos que da a conocer el sitio http://wikileaks.org/, provienen de los informes de campo redactados por soldados estadounidenses entre 2004 y 2009; un dossier hasta ahora escondido o vilipendiado por el Pentágono.
El portal ciudadano Wikileaks lleva desde diciembre de 2006 comprometiendo la credibilidad de gobiernos, empresas y organizaciones religiosas y cuestionando la manera de hacer periodismo en la actualidad. El portal, fundado por el australiano Julian Assange, se describe como una “organización periodística sin ánimo de lucro, cuyo principal objetivo es sacar a la luz aquellas noticias e informaciones importantes”, preservando en todo momento el anonimato de sus fuentes. En la actualidad, cuenta con más de un millón de informes y no posee ningún tipo de publicidad ni recibe ayudas de ningún estado; subsiste gracias a donaciones. El verdadero poder de Wikileaks reside en la confianza de los lectores (y medios de comunicación), en la autenticidad de lo que leen, recopilados con base en “técnicas de investigación del periodismo tradicional” y los métodos más modernos.
Tras los intentos de cierre de la web por parte de algunos gobiernos, Wikileaks ha tenido que ubicar sus servidores en distintas localizaciones como Suecia o Finlandia, evitando así utilizar un centro de datos único. A la vez, su fundador Julian Assange, quien afirma que los documentos muestran la verdad sobre la guerra de Irak y que se publican en espera de “corregir parte del ataque a la verdad que ocurrió antes de la guerra, durante la guerra y que ha continuado desde que ésta terminó oficialmente”, ha denunciado “las presiones” de EUA sobre su organización. Assange ha comenzado a ser hostigado, mientras que una de sus fuentes, el analista de inteligencia Bradley Manning, un soldado de sólo 23 años de edad, se encuentra ahora prisionero, acusado de filtrar algunos de esos documentos clasificados a los medios de comunicación, con una pena máxima de 52 años. Como quiera que sea, tarde pero seguro, la verdad se difunde cada día más.
29 de octubre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 31 de octubre de 2010)
El Otoño del Imperio
La masiva filtración de documentos del Pentágono acerca de la guerra de Irak a través del portal de Internet Wikileaks, constituye un nuevo golpe a la maquinaria militar de Estados Unidos y un escándalo más de los varios que ha sufrido en los últimos años dicho país. Los cerca de 400 mil testimonios sobre el comportamiento de las fuerzas castrenses en aquella invadida nación, revela un nuevo dramático dato: la muerte desde el 2003, de más de 100 mil iraquíes, de los que unos 70 mil fueron civiles, además de “numerosos casos de tortura, humillación y homicidios contra civiles”. Wiki¬leaks, una polémica base de datos que opera en la red y que en julio pasado publicó también 92 mil informes secretos de las Fuerzas Armadas estadounidenses sobre Afganistán, se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para los beligerantes halcones militares.
Hasta ahora, ni el gobierno de EUA ni las fuerzas aliadas habían facilitado un número oficial de las víctimas iraquíes que ha ocasionado el conflicto, con el argumento de que no se llevaba una contabilidad al respecto. Sin embargo, los documentos del Pentágono que desclasifica Wikileaks, dan cuenta de las denuncias de torturas, abusos, e incluso de posible asesinato, de cientos de prisioneros por parte de las fuerzas iraquíes, además de las narraciones de jornadas sangrientas y la revelación de situaciones lamentables en que las tropas estadounidenses, por error, accidente o precipitación, mataron a civiles inocentes. Los documentos que da a conocer el sitio http://wikileaks.org/, provienen de los informes de campo redactados por soldados estadounidenses entre 2004 y 2009; un dossier hasta ahora escondido o vilipendiado por el Pentágono.
El portal ciudadano Wikileaks lleva desde diciembre de 2006 comprometiendo la credibilidad de gobiernos, empresas y organizaciones religiosas y cuestionando la manera de hacer periodismo en la actualidad. El portal, fundado por el australiano Julian Assange, se describe como una “organización periodística sin ánimo de lucro, cuyo principal objetivo es sacar a la luz aquellas noticias e informaciones importantes”, preservando en todo momento el anonimato de sus fuentes. En la actualidad, cuenta con más de un millón de informes y no posee ningún tipo de publicidad ni recibe ayudas de ningún estado; subsiste gracias a donaciones. El verdadero poder de Wikileaks reside en la confianza de los lectores (y medios de comunicación), en la autenticidad de lo que leen, recopilados con base en “técnicas de investigación del periodismo tradicional” y los métodos más modernos.
Tras los intentos de cierre de la web por parte de algunos gobiernos, Wikileaks ha tenido que ubicar sus servidores en distintas localizaciones como Suecia o Finlandia, evitando así utilizar un centro de datos único. A la vez, su fundador Julian Assange, quien afirma que los documentos muestran la verdad sobre la guerra de Irak y que se publican en espera de “corregir parte del ataque a la verdad que ocurrió antes de la guerra, durante la guerra y que ha continuado desde que ésta terminó oficialmente”, ha denunciado “las presiones” de EUA sobre su organización. Assange ha comenzado a ser hostigado, mientras que una de sus fuentes, el analista de inteligencia Bradley Manning, un soldado de sólo 23 años de edad, se encuentra ahora prisionero, acusado de filtrar algunos de esos documentos clasificados a los medios de comunicación, con una pena máxima de 52 años. Como quiera que sea, tarde pero seguro, la verdad se difunde cada día más.
29 de octubre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 31 de octubre de 2010)
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lunes, 5 de julio de 2010
Nuevos Tropiezos en la Guerra de Afganistán
Jesús Hernández Garibay
Un nuevo incidente en el entorno de la guerra da cuenta del alcance de las contradicciones que vive hoy la presidencia de Barack Obama. En días pasados Stanley McChrystal, hasta entonces comandante de las fuerzas estadounidenses y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Afganistán, fue despedido por el mandatario (oficialmente “renuncia”), luego de darse a conocer un artículo que sería publicado en la revista “Rolling Stone”, donde McChrystal y varios altos integrantes de su equipo hacen comentarios despectivos y hasta de burla de Obama y su equipo de seguridad nacional encargado de la guerra en el país asiático. El hecho forma parte tanto del cúmulo de objeciones que viene sufriendo desde su inicio la presidencia del demócrata por parte de las fuerzas más conservadoras de Estados Unidos, como de las dificultades de la guerra más larga acometida por este país.
De una manera torpe por inusual y ausente de tacto político, en el artículo de la revista McChrystal y su equipo se burlan de la administración Obama como “peleles” de la Casa Blanca; a la vez, califican de “payaso” al asesor de Seguridad Nacional, James Jones y juegan con el nombre del vicepresidente, Joe Biden (“Bite me” o “muérdeme”, en español), acusándolo de mantener dudas sobre la escalada en Afganistán, entre otras brusquedades. En el fondo e independientemente de las diferencias que esos soldados mantienen con sus altos jefes civiles, lo que develan las disconformidades son las dificultades para resolver la guerra y eventual salida de las tropas, de suelo afgano. Como se recuerda, la decisión de Obama de enviar 30 mil soldados adicionales y alcanzar para agosto de este año un despliegue de 150 mil efectivos ahí, enfrenta crecientes cuestionamientos.
A casi nueve años del inicio de la ofensiva estadounidense en Afganistán desde el 7 de octubre de 2001, no se advierte una solución para esa guerra. Luego de dos elecciones en las que Washington alcanza a mantener a su principal aliado Hamid Karzai como presidente, los problemas continúan similares. El incremento de la corrupción en el gobierno y las luchas intestinas entre quienes se resisten a reconocer a una autoridad nacional que los controle, derivan en un escenario de creciente violencia; el año 2009 ha sido el año más sangriento de estos últimos ocho de presencia internacional, en el que se entremezclan diversos actores: los seguidores de Al Qaeda, los insurgentes nacionalistas, las milicias de los “señores de la guerra” y distintas bandas criminales en un río revuelto. Todo ello en el marco del gran negocio internacional del opio y la heroína en que se ha convertido al país.
Desde la derrota del régimen talibán, a finales de 2001, se han realizado seis Conferencias internacionales sobre la situación de Afganistán y en todas ellas se ha repetido la misma frase: “la paz está a la vuelta de la esquina”. En la más reciente llevada a cabo en Londres en enero de este año, se informaba que Karzai ―con el consenso del presidente Obama― invitaría a los “talibanes moderados” a participar en el Gobierno, a través de un “consejo para la reconciliación e integración nacional”. El mismo Henry A. Kissinger, Secretario de Estado de 1973 a 1977, ha planteado que EUA “necesita una estrategia y no una coartada” para salir de ahí apresuradamente, y que la mejor estrategia es un “marco diplomático regional” en el cual se implique a países como China, Rusia, India y Pakistán. Claro, todo ello tal vez conveniente pero improbable para solucionar un conflicto que continuará creando controversias para el gobierno de Obama.
28 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de julio de 2010)
El Otoño del Imperio
Un nuevo incidente en el entorno de la guerra da cuenta del alcance de las contradicciones que vive hoy la presidencia de Barack Obama. En días pasados Stanley McChrystal, hasta entonces comandante de las fuerzas estadounidenses y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Afganistán, fue despedido por el mandatario (oficialmente “renuncia”), luego de darse a conocer un artículo que sería publicado en la revista “Rolling Stone”, donde McChrystal y varios altos integrantes de su equipo hacen comentarios despectivos y hasta de burla de Obama y su equipo de seguridad nacional encargado de la guerra en el país asiático. El hecho forma parte tanto del cúmulo de objeciones que viene sufriendo desde su inicio la presidencia del demócrata por parte de las fuerzas más conservadoras de Estados Unidos, como de las dificultades de la guerra más larga acometida por este país.
De una manera torpe por inusual y ausente de tacto político, en el artículo de la revista McChrystal y su equipo se burlan de la administración Obama como “peleles” de la Casa Blanca; a la vez, califican de “payaso” al asesor de Seguridad Nacional, James Jones y juegan con el nombre del vicepresidente, Joe Biden (“Bite me” o “muérdeme”, en español), acusándolo de mantener dudas sobre la escalada en Afganistán, entre otras brusquedades. En el fondo e independientemente de las diferencias que esos soldados mantienen con sus altos jefes civiles, lo que develan las disconformidades son las dificultades para resolver la guerra y eventual salida de las tropas, de suelo afgano. Como se recuerda, la decisión de Obama de enviar 30 mil soldados adicionales y alcanzar para agosto de este año un despliegue de 150 mil efectivos ahí, enfrenta crecientes cuestionamientos.
A casi nueve años del inicio de la ofensiva estadounidense en Afganistán desde el 7 de octubre de 2001, no se advierte una solución para esa guerra. Luego de dos elecciones en las que Washington alcanza a mantener a su principal aliado Hamid Karzai como presidente, los problemas continúan similares. El incremento de la corrupción en el gobierno y las luchas intestinas entre quienes se resisten a reconocer a una autoridad nacional que los controle, derivan en un escenario de creciente violencia; el año 2009 ha sido el año más sangriento de estos últimos ocho de presencia internacional, en el que se entremezclan diversos actores: los seguidores de Al Qaeda, los insurgentes nacionalistas, las milicias de los “señores de la guerra” y distintas bandas criminales en un río revuelto. Todo ello en el marco del gran negocio internacional del opio y la heroína en que se ha convertido al país.
Desde la derrota del régimen talibán, a finales de 2001, se han realizado seis Conferencias internacionales sobre la situación de Afganistán y en todas ellas se ha repetido la misma frase: “la paz está a la vuelta de la esquina”. En la más reciente llevada a cabo en Londres en enero de este año, se informaba que Karzai ―con el consenso del presidente Obama― invitaría a los “talibanes moderados” a participar en el Gobierno, a través de un “consejo para la reconciliación e integración nacional”. El mismo Henry A. Kissinger, Secretario de Estado de 1973 a 1977, ha planteado que EUA “necesita una estrategia y no una coartada” para salir de ahí apresuradamente, y que la mejor estrategia es un “marco diplomático regional” en el cual se implique a países como China, Rusia, India y Pakistán. Claro, todo ello tal vez conveniente pero improbable para solucionar un conflicto que continuará creando controversias para el gobierno de Obama.
28 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de julio de 2010)
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