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domingo, 2 de enero de 2011

El Drama de la Pobreza en el País Más Rico de la Tierra

Jesús Hernández Garibay

Que están cambiando las cosas en el mundo, lo dejan ver los nuevos acontecimientos que se suceden aquí o allá, para bien o para mal. Es el caso de las circunstancias nacionales que vive Estados Unidos (EUA), un lugar que siempre fue considerado país rico, y que por su poderío económico podía garantizar a sus habitantes un nivel de vida excepcional y diferente al del resto del mundo.

Tan es así, que cuando en una reunión de sobremesa los miembros de alguna familia latinoamericana comentan acerca de la pobreza en esa nación, opinan que la de aquel país no se compara con la nuestra. Y hay quien se atreve a afirmar que allá en todo caso cualquier familia puede contar con un modesto automóvil y una vivienda, así sea pequeña. Pero si bien hace varias décadas pudo haber estado justificada, dicha creencia desde hace años es cada vez menos cierta, pues la pobreza en esa nación se mantiene sin solución, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por abatirla.

No obstante un breve aumento en los niveles de bienestar en 1973 y luego en 1999, lo cierto es que el ingreso familiar medio en EUA ha declinado en el último medio siglo, de manera fundamental por dos razones:

1) el índice inflacionario que, aunque no comparable con los que nuestros países sufrieron hace un tiempo, sí ha sido constante y ha mermado lentamente los ingresos reales de los hogares;

2) el endeudamiento creciente de las familias, que les obliga a buscar en forma intensiva mayores ingresos y créditos, pero a la vez les lleva a límites en el poder de compra y a menores posibilidades de desarrollo familiar cada día.

Las cifras de la pobreza

Si se toman en cuenta tendencias de largo plazo, se puede advertir que los índices del abatimiento de la pobreza de las últimas décadas son intrascendentes para un país que suele ostentarse como un “modelo” de civilización y paladín de la democracia, aun cuando recibe una enorme proporción del sangrado permanente de recursos de nuestros pueblos.

Una muestra de datos oficiales del U.S.Census Bureau desde 1959, deja ver el comportamiento errático que han tenido los datos sobre la pobreza en ese país, del peor momento de la posguerra en plena recesión de 1960 (poco más de 40 millones de habitantes abajo del nivel de pobreza) hasta su mejor momento en 1973, los “años dorados”, donde disminuye a 23 millones.

Sin embargo, a partir de entonces las cifras no son para alegrar a nadie: 35 millones hacia 1983, cerca de 40 millones en 1993, más de 32 millones en 1999, casi 36 millones en 2003 y 37 millones en 2004. Desde luego, con un impacto mayor en los grupos negro e hispano donde mucha gente ve alejarse de manera más irremediable el llamado Sueño Americano, mientras una realidad de mayor endeudamiento familiar o desahucio se le impone.

La crisis afecta a todos

Como se recuerda, en 2005 azotó a EUA uno de los más mortales huracanes de su historia. El Katrina se formó el 23 de agosto y se disipó el 31, luego de devastar la costa norte-centro del golfo de México, de manera particular la ciudad de Nueva Orleáns, en Luisiana, donde según algunos medios dejó más de 10 mil muertos. En el fondo, lo que el Katrina reveló fue la situación de pobreza que muchas familias padecen en ese, “el país más rico de la tierra”, pues de los 500 mil habitantes de la ciudad de Nueva Orleáns muchos de los 100 mil que se mantuvieron ahí no pudieron huir por falta de recursos, pues no contaban con un auto y no había transportes públicos.

Más recientemente, recordemos, en octubre de 2008 la economía de Estados Unidos sufrió un severo tsunami financiero, cuyo impacto en los sectores medios ha sido desastroso, pues comienzan estos también a sufrir en carne propia el rigor de una inmisericorde realidad. El caso de la vivienda es siniestro: familias viviendo hace unos años todavía en edificaciones residenciales hipotecadas trataron de salir adelante con tarjetas de crédito luego impagables, causando lo inimaginable: que de bonitas casas con jardín tuvieran que vivir ahora en coches, tiendas de campaña, desvanes en casas familiares o moteles baratos de las carreteras.

Campamentos sin servicios de ningún tipo para gente sin hogar albergan ya a cientos y cientos de personas y crecen a un ritmo de decenas de nuevos residentes diarios; los habitantes de estas llamadas Tent Cities (Ciudades de Carpas), no son sólo vagabundos alcohólicos, sino también numerosas familias clasemedieras con niños que han perdido sus trabajos y sus casas por no poder afrontar los pagos de las hipotecas.

En medio de la crisis, la alimentación ha sido también un tema sensible. Ante el alza imparable de los precios de los alimentos, la realidad impone su cruda realidad. Los Bancos de Alimentos son organizaciones no lucrativas cuyo objetivo es recuperar excedentes alimenticios y redistribuirlos entre las personas necesitadas. Actualmente hay más de mil bancos en todo el mundo, incluyendo México, mientras que en Estados Unidos el año pasado más de 25 millones de personas pobres tuvieron que acudir a los mismos para garantizar su supervivencia diaria.

No obstante, ahora esos bancos de alimentos no solamente benefician a comunidades desahuciadas, sino a la vez a miembros de aquellas “clases medias”. El pasado 20 de febrero una nota periodística destacaba el caso de una pareja de ejecutivos empresariales con un buen sueldo estable, un matrimonio que se acercaba cada noche a uno de estos bancos para garantizar su alimento diario, mientras sus recursos financieros eran invertidos en cubrir sus impagables deudas.

El mundo del trabajo

El diagnóstico del propio presidente Barack Obama, días antes en su toma de posesión el 16 de enero de este año, era bastante crudo: en los últimos meses de 2008 se evaporaron en ese país casi dos millones de empleos y tan sólo durante ese año se perdieron más puestos de trabajo que durante todos los años desde la Segunda Guerra Mundial; en ese mismo año 2,8 millones de estadounidenses que deseaban y necesitaban un trabajo de jornada completa tuvieron que aceptar uno de tiempo parcial, mientras las manufacturas llegaron a su punto más bajo en 28 años; muchos negocios ya no pudieron pedir más préstamos ni alcanzar a manejar una nómina, en tanto que cientos de miles de familias no podían ya pagar sus deudas ni su hipoteca y muchos trabajadores veían que los ahorros de su vida se esfumaban.

Como efecto de los cambios en el mundo del trabajo, en Estados Unidos también aumenta el desempleo y las distinciones en la esfera laboral. El “trabajo simbólico” (uso de computadoras) es más requerido y la técnica redefine las habilidades de los trabajadores y la organización del trabajo. Los puestos de trabajo de alto perfil aumentan, aunque no en la proporción necesaria, mientras los de bajo perfil son más difíciles de encontrar, hecho que contribuye a la desigualdad en el mercado laboral; la brecha entre los altos y los bajos salarios crece substancialmente y la diferencia es mayor que nunca.

La negociación colectiva logra moderar esa brecha, pues los trabajadores sindicalizados ganan casi un tercio más que los no sindicalizados y tienen mayores beneficios de salud y pensión, lo que para las minorías ha sido importantísimo. Pero el drama es que la tasa de sindicalización disminuye, pues hace 50 años era del 35 por ciento de la población ocupada, pero hace 10 años solamente incluía alrededor del 20 por ciento y hoy ya es menor al 13 por ciento, tal vez rondando el 10 por ciento.

En cuanto al desempleo, un “mal necesario” e irresoluble del sistema, muestra graves diferencias en grupos sociales diversos, al afectar mayormente a las mujeres y los jóvenes de raza no blanca, además con una tercera parte de la fuerza laboral gozando sólo del empleo “contingente”, que incluye puestos temporales o por contrato limitado. A la vez, la brecha salarial entre distintos grupos sociales continúa, pues las mujeres y las minorías ganan menos (35 a 45 por ciento menos) que sus pares masculinos blancos.

Miseria en la superpotencia mundial

A propósito del drama vivido en Nueva Orleáns con el huracán Katrina y la lenta respuesta del gobierno a dicha emergencia, con posterioridad al hecho fue creada en el 2006 la llamada “Comisión de la Verdad”, integrada por representantes de una amplia diversidad de organizaciones sociales, sindicales, civiles, de sectores eclesiásticos, de juristas y defensores de derechos humanos de ese país y otros delegados pertenecientes a instituciones, redes y organizaciones de alto perfil representativo en el mundo y el hemisferio (comisión fundada por The Poor People's Economic Human Rights Campaign).

Luego de recibir documentación y escuchar decenas de testimonios emblemáticos denunciados por mujeres y hombres pobres, blancos y negros, latinos y asiáticos, jóvenes y ancianos, veteranos de Irak y madres que perdieron a sus hijos en esa guerra, personas sin vivienda, víctimas del huracán Katrina, desempleados, migrantes, ciudadanos sin acceso a la salud, entre otros sectores, dicha Comisión concluía que la pregunta: “¿Hay gente viviendo en la miseria en la superpotencia mundial, panacea del bienestar y del consumo…, que hoy lidera un discurso… de sanciones a otras naciones por sus presuntos desapegos a la democracia y a los derechos humanos?”, no tiene más respuesta, sino: “los derechos humanos, económicos, sociales y culturales sí se violan en los Estados Unidos de Norteamérica…”

Se entiende entonces que la elección de un nuevo presidente en el 2008 en Estados Unidos haya intentado plantear una nueva circunstancia como se deduce, trascendente no sólo para esa nación sino a la vez para el resto del mundo. Con la toma de posesión de Obama como presidente por el periodo 2009-2012, tiene lugar un nuevo escenario en la Unión Americana. Su presidencia era previsible antes de las elecciones del 4 de noviembre dada una compleja confluencia de factores entre los que destacaba la impopular presidencia del anterior mandatario, tanto como el cansancio de la gente frente a las desastrosas condiciones de su economía, además del crecimiento en esa misma gente de una percepción de lo social en ese su convulso mundo.

2 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Pueblo Unido Nº 1, México, febrero-abril de 2010)
El Otoño del Imperio

lunes, 5 de julio de 2010

Sin Solución a la Vista, la Pobreza en el Mundo

Jesús Hernández Garibay

Luego que los líderes de las veinte economías más ricas y las llamadas “emergentes” (Grupo de los 20 ó G-20, que hoy representa al 85% de las economías del mundo) fracasaron en su intento por acordar ―hace dos semanas en Toronto, Canadá― mecanismos comunes para hacer frente a los estragos de la debacle financiera que estallara en Wall Street en el otoño del 2008, llamando solamente a reducir a la mitad los déficits presupuestarios para 2013, sin fijar una resolución única y concreta sobre la aplicación de una tasa a los bancos para hacer frente a la crisis (dejando la decisión de todo ello en manos de cada Estado, sin mayores acuerdos unitarios internacionales), la esperanza de mejores tiempos en el mundo en general para las grandes mayorías y en particular para los más afectados por la desigualdad social, se desvanece todavía más.

El comunicado de la cumbre de Toronto del 26 y 27 de junio, un documento de 26 páginas con 48 puntos y dos anexos, evidencia el desacuerdo en una cumbre que, a diferencia de las convocadas anteriormente, bendice la decisión de que cada Gobierno vaya por su camino para fomentar el “necesario crecimiento”. Es decir, contrario a lo que se había tratado de hacer para lograr coordinar una estrategia común ante la crisis, sin acuerdo tampoco en materia financiera, pues todo lo relativo al asunto de la estructura del capital de la banca queda para la cumbre de Seúl en noviembre, al final, se deja a las “libres fuerzas del mercado” seguir actuando incólumes y establecer sus propias reglas, por cierto las dictadas por la descarnada y desigual competencia de los tiburones frente a los pececillos.

Dejar que cada quien establezca sus medidas para hacer frente a los problemas, sólo permite prever que el empobrecimiento mundial será mayor, desde las pequeñas empresas que estarán casi paralizadas en sus precarias inversiones, hasta la población de menos recursos que comprarán cada vez menos todavía con sus mismos ingresos. En Europa, este 2010 ha sido declarado el “año oficial de la lucha contra la pobreza y la exclusión social”; precisamente en el momento en que más se recrudecen los efectos sociales de la crisis con el aumento del desempleo en casi todos los países de la Unión, donde ya se ubica en 80 millones el número de personas bajo el umbral de la pobreza, esto es, que no tienen recursos suficientes para satisfacer una o varias necesidades básicas; con España a la cabeza con un 20% de la población con niveles de pobreza relativa o absoluta.

Las ciudades con los peores cinturones de miseria están ubicadas en el África Sub-sahariana, en el sudeste asiático, en Asia Occidental y en América Latina y el Caribe, según lo indica el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat); un tercio de la población de América Latina y el Caribe vive en vecindarios pobres en las ciudades. Una tercera parte de los más de 900 millones de personas sumidas en la pobreza extrema en el mundo son miembros de comunidades indígenas, víctimas de un legado de discriminación e injusticias históricas, según advierte la ONU en otro informe difundido en enero; el estudio denuncia que los 370 millones de indígenas existentes en el mundo “constituyen una parte desproporcionada de la población pobre, analfabeta y desempleada” del planeta. Así, la manifiesta incapacidad de los gobiernos reunidos en el G-20 ante dichas “libres fuerzas del mercado”, deja ver que la misma economía seguirá afectada justo por falta de consumo causada por la pobreza, que seguirá creciendo.

5 de julio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 11 de julio de 2010)
El Otoño del Imperio

miércoles, 10 de marzo de 2010

La Crisis Económica aún no ha Terminado

Jesús Hernández Garibay

Del primero al cinco de marzo último se llevó a cabo en La Habana, Cuba, el XII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo. El evento reunió alrededor de mil 500 estudiosos de unos 40 países: economistas, sociólogos, politólogos, juristas, escritores, periodistas, funcionarios de organismos regionales e internacionales, empresarios, cooperativistas y dirigentes de fuerzas políticas y movimientos sociales, provenientes de diferentes escuelas de pensamiento y de todo el orbe, lo que permitió analizar desde diferentes miradas las problemáticas más acuciantes de la economía y de manera particular la crisis económica global en sus causas estructurales, sus manifestaciones, interrelaciones y posibles salidas, tras su estallido en la década que termina.

Al respecto, el encuentro abrió sus puertas a temas tales como la dimensión social de la crisis con especial énfasis en la situación del desempleo, la naturaleza de la recesión, la relación entre medio ambiente y desarrollo sostenible, así como la integración ante los Tratados de Libre Comercio. En cuanto al tema de la cultura, en el evento se habló también sobre el papel del arte y de la literatura en el desarrollo y el impacto de la crisis en el cine, la plástica y la música; a la vez, debatió sobre los efectos económicos del cambio climático en los países subdesarrollados y las medidas para enfrentarlos, así como sobre la urgencia de avanzar hacia un desarrollo sostenible en el marco de la globalización actual y el papel de las nuevas tecnologías para lograr este objetivo. Todo ello, en momentos en que se estima que existen ya en el mundo entre 250 y 300 millones más de pobres.

José Juan Ortiz Brú, representante de la UNICEF en Cuba, recordaba en el evento que en un solo día fallecen 18 mil niños porque no les garantizaron dos litros de agua, 65 gramos de azúcar y 45 de sal, pues con solo eso se cura una diarrea, causa de muertes inconcebibles. Precisaba además que en estos tiempos el 15% de la población del mundo consume el 60% de los recursos; algo que se hace necesario confrontar, pues, decía, “desgraciadamente no se implementan políticas globales para distribuir de modo más equitativo. Todo está organizado para que los que tienen sigan teniendo y los que no tienen, no tengan nunca…” Una visión importante ésta, en momentos en que a diferencia de las consideraciones oficiales que hablan de la crisis como algo ya del pasado, se reafirman otros puntos de vista que advierten que la verdadera crisis empezará a mediados de 2010 y que durante el periodo 2010-2012 el nivel de la caída “será brutal, terrible…”, con economías que sufrirán muchísimo tal vez hasta el periodo del 2018 al 2020.

La seriedad del encuentro en Cuba fue avalada por la presencia de los Premios Nobel de Economía Robert Mundell (1999) y Robert Ingle (2003), así como expertos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, delegados del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), el Banco del Sur del ALBA, siete ministros de Economía y Finanzas, y presidentes de Bancos Centrales, representantes de la Organización Mundial de Comercio (OMC), así como de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), entre otros. Al destacar que una de las características de la crisis actual es la destrucción de las fuerzas productivas, el experimentado economista cubano Osvaldo Martínez indicaba de su parte: “Este es un capitalismo de edad avanzada, con una solución lenta y larga…”

(8 de marzo de 2010)
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de marzo de 2010)
El otoño del imperio