Jesús Hernández Garibay
El pasado fin de semana se reunió en la ciudad de Yokohama, Japón, el llamado Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), cuyos líderes hicieron un exhorto a aplicar “políticas que promuevan el crecimiento equilibrado”; el Foro de la APEC estuvo precedido por la también cumbre del denominado Grupo de los 20 (G-20), que se congregó por quinta ocasión luego de la crisis de 2008, esta vez en la ciudad de Seúl, Corea del Sur. Como suele suceder, en ambos conclaves los dirigentes de las mayores economías del mundo se mostraron más preocupados por la necesidad de lograr acuerdos que garanticen un mayor fortalecimiento al mundo de los negocios en medio de la crisis, que por responder de una manera puntual a las nutridas protestas que se manifestaron a sus puertas, y que revelan el malestar general existente por las “devastadoras consecuencias sociales” de dicha crisis.
El APEC incluye a las tres economías más grandes del mundo: Estados Unidos, China y Japón, cuyas empresas han exigido por largo tiempo que se realice un gran pacto comercial de la cuenca del Pacífico, según esto para “simplificar y armonizar la infinita serie de normas y estándares aplicados en los diversos pactos” entre países del mismo APEC. Así, en la más reciente cita en Yokohama sus miembros plantearon su deseo de comenzar a trabajar para crear una “vasta zona de libre comercio”, en lo que se considera por algunos “la región económica más dinámica del mundo”; así, los principales funcionarios y sus jefes en APEC afirmaron que trabajarían entonces sobre los 43 tratados bilaterales y mini pactos de libre comercio que existen ya entre sus miembros.
Como suele suceder en las cumbres que ya se han llevado a cabo, la meta buscada en la reunión del G-20, de “alcanzar una recuperación global equilibrada y sostenida” (en palabras del presidente Barack Obama), quedará nuevamente en buen propósito, en la medida en que el acuerdo principal de que los gobiernos se abstengan de intervenir para devaluar las monedas, no se podrá alcanzar, sencillamente porque no se habla de medidas concretas para lograrlo; el G-20 se plantea avanzar hacia un tipo de cambio más regido por el mercado y menos por los gobiernos, pero en un mercado altamente competido por ganar mejores ventas con productos menos caros, que requiere políticas cambiarias con devaluaciones competitivas. A la vez, el grupo se plantea un nuevo intento por concluir ya la Ronda comercial de Doha y rechazar el proteccionismo, meta que hasta ahora no ha sido posible por más de 10 años en que países como Estados Unidos no la aceptan.
La reunión de APEC, de su lado, planteó también su rechazo al proteccionismo, mientras retomaba la idea de elaborar un marco en pro del crecimiento de largo plazo en la región, específicamente a través del impulso del libre comercio (“Zona de Libre Comercio Asia-Pacífico” para el 2020), en una zona que reúne a 21 economías que representan 40.5% de la población del mundo, 54.2% del PIB mundial y 43.7% del comercio global. De esta manera, como bien se entiende, la intención de ambas reuniones, la de las 20 economías en respuesta a la crisis que estalla en el tercer tercio de 2008, como la de las economías de la dinámica zona Asia-Pacífico, continúan buscando en esencia, bajo el predominio de los países capitalistas más desarrollados, avanzar en resolver las complicaciones mundiales con base en las políticas más socorridas que llevaron justamente a la problemática situación que aún se vive; es decir, con base en un mayor impulso al “mercado libre”.
18 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 21 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio
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jueves, 18 de noviembre de 2010
lunes, 6 de septiembre de 2010
Hacia una Nueva Gran Crisis Global
Jesús Hernández Garibay
La reciente caída de las bolsas del mundo y la persistencia de inestabilidad económica en países europeos como Grecia, Portugal y España, cae como nuevo balde de agua fría en quienes consideraban que las medidas establecidas en reuniones importantes como la del Grupo de los 20, serían capaces de remontar la crisis que comienza a exhibirse en su más amplia dimensión en el desplome de las bolsas de valores en el otoño de 2008. La economía en distintos países y en diversos sectores se ha venido reactivando, pero en el fondo marcada por un creciente debilitamiento general del mercado, que no alcanza a despuntar y a imprimir fuerza en su desenvolvimiento, por la precariedad del consumo. El crédito, un recurso socorrido en las últimas décadas bajo el capitalismo, trastabilla frente a las necesidades de su reproducción, sin salida firme para las deudas que se acumulan.
La porfiada baja en las ventas de casas nuevas en Estados Unidos continúa evidenciando la crisis inmobiliaria y, no obstante que estas ventas se mantienen por encima del ritmo más bajo de hace dos años, lo que continúa también creciendo, “a velocidad de crucero”, son los embargos de viviendas; tan sólo durante el pasado mes de julio, los bancos confiscaron hasta 92 mil 858 casas, la segunda cifra mensual más alta de la historia, de propietarios que dejaron de pagar sus cuotas hipotecarias, según informaba recién la compañía de datos inmobiliarios RealtyTrac. Las compañías financieras estadounidenses tratan así de limpiar sus cuentas y balances de préstamos morosos y de ahí que las ejecuciones se cuenten por decenas de miles; éstas, según RealtyTrac, en lugar de notificar el incumplimiento del abono de cuotas y dar un margen de maniobra, optan por embargar directamente.
La actual debilidad financiera ha llevado a pensar que podría derivar en una nueva gran crisis. En días recientes una caída del 12 por ciento en las ventas de casas nuevas en EU provocaba durante dos días consecutivos el desplome de las Bolsas europeas. Si a ello se suman los más de 40 millones de personas sin trabajo que ilustraban el panorama europeo-estadounidense de inicios de este año (15 millones en la zona del euro, lo que representa 10 por ciento de la PEA, el peor índice desde 1998), entonces es cierto que persiste el riesgo de “un crecimiento débil y de una nueva crisis”, tal y como lo reconocieran Barack Obama y los jefes de gobierno de Canadá, Francia, Gran Bretaña y Corea del Sur en una declaración de marzo pasado en la reunión en el G-20 en el Palacio del Eliseo, París. Los cinco hacen en ese entonces un urgente llamado al resto del Grupo, presuponiendo que las ayudas a los bancos no han sido suficientes para la reanimación económica.
El mismo The Financial Times, un ícono del mundo financiero europeo, indicaba desde febrero de este año: “Estamos ante una nueva crisis global”. Ni siquiera la nueva Reforma Financiera impulsada por Obama y adoptada como ley por el Congreso el 4 de julio pasado, puede hoy resultar un seguro para evitar la detonación de una nueva crisis en Wall Street. Además porque la sombra de una insolvencia generalizada de pagos de deuda pública por causa de los déficit presupuestarios y la baja en la recaudación fiscal en distintos países, hace temer un rebrote de esa crisis financiera, no sólo en bancos y otras entidades privadas, sino inclusive en el nivel de los propios Estados. El Fondo Monetario Internacional estima que el déficit fiscal estadounidense llegará al 108 por ciento del PIB en 2014, un alza significativa frente al 62 por ciento del PIB de 2007. Noticias todas nada buenas para la salud del imperio.
06 de septiembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 05 de septiembre de 2010)
El Otoño del Imperio
La reciente caída de las bolsas del mundo y la persistencia de inestabilidad económica en países europeos como Grecia, Portugal y España, cae como nuevo balde de agua fría en quienes consideraban que las medidas establecidas en reuniones importantes como la del Grupo de los 20, serían capaces de remontar la crisis que comienza a exhibirse en su más amplia dimensión en el desplome de las bolsas de valores en el otoño de 2008. La economía en distintos países y en diversos sectores se ha venido reactivando, pero en el fondo marcada por un creciente debilitamiento general del mercado, que no alcanza a despuntar y a imprimir fuerza en su desenvolvimiento, por la precariedad del consumo. El crédito, un recurso socorrido en las últimas décadas bajo el capitalismo, trastabilla frente a las necesidades de su reproducción, sin salida firme para las deudas que se acumulan.
La porfiada baja en las ventas de casas nuevas en Estados Unidos continúa evidenciando la crisis inmobiliaria y, no obstante que estas ventas se mantienen por encima del ritmo más bajo de hace dos años, lo que continúa también creciendo, “a velocidad de crucero”, son los embargos de viviendas; tan sólo durante el pasado mes de julio, los bancos confiscaron hasta 92 mil 858 casas, la segunda cifra mensual más alta de la historia, de propietarios que dejaron de pagar sus cuotas hipotecarias, según informaba recién la compañía de datos inmobiliarios RealtyTrac. Las compañías financieras estadounidenses tratan así de limpiar sus cuentas y balances de préstamos morosos y de ahí que las ejecuciones se cuenten por decenas de miles; éstas, según RealtyTrac, en lugar de notificar el incumplimiento del abono de cuotas y dar un margen de maniobra, optan por embargar directamente.
La actual debilidad financiera ha llevado a pensar que podría derivar en una nueva gran crisis. En días recientes una caída del 12 por ciento en las ventas de casas nuevas en EU provocaba durante dos días consecutivos el desplome de las Bolsas europeas. Si a ello se suman los más de 40 millones de personas sin trabajo que ilustraban el panorama europeo-estadounidense de inicios de este año (15 millones en la zona del euro, lo que representa 10 por ciento de la PEA, el peor índice desde 1998), entonces es cierto que persiste el riesgo de “un crecimiento débil y de una nueva crisis”, tal y como lo reconocieran Barack Obama y los jefes de gobierno de Canadá, Francia, Gran Bretaña y Corea del Sur en una declaración de marzo pasado en la reunión en el G-20 en el Palacio del Eliseo, París. Los cinco hacen en ese entonces un urgente llamado al resto del Grupo, presuponiendo que las ayudas a los bancos no han sido suficientes para la reanimación económica.
El mismo The Financial Times, un ícono del mundo financiero europeo, indicaba desde febrero de este año: “Estamos ante una nueva crisis global”. Ni siquiera la nueva Reforma Financiera impulsada por Obama y adoptada como ley por el Congreso el 4 de julio pasado, puede hoy resultar un seguro para evitar la detonación de una nueva crisis en Wall Street. Además porque la sombra de una insolvencia generalizada de pagos de deuda pública por causa de los déficit presupuestarios y la baja en la recaudación fiscal en distintos países, hace temer un rebrote de esa crisis financiera, no sólo en bancos y otras entidades privadas, sino inclusive en el nivel de los propios Estados. El Fondo Monetario Internacional estima que el déficit fiscal estadounidense llegará al 108 por ciento del PIB en 2014, un alza significativa frente al 62 por ciento del PIB de 2007. Noticias todas nada buenas para la salud del imperio.
06 de septiembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 05 de septiembre de 2010)
El Otoño del Imperio
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