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domingo, 15 de agosto de 2010

La Salida de Irak y el Peligro de una Nueva Guerra en Irán

Jesús Hernández Garibay

Luego de casi tres años en que por primera ocasión Barack Obama se comprometiera a terminar con la guerra de Irak, por fin este 2 de agosto el ahora presidente anunció iniciar el cumplimiento de su promesa de terminar las operaciones de combate de Estados Unidos en ese país, a finales de agosto, pese al peligroso estancamiento político en Bagdad y al reciente aumento de la violencia. “Poco después de asumir el cargo, anuncié nuestra nueva estrategia para Irak y para una transición a una responsabilidad completamente iraquí”, dijo Obama. “Y dejé claro que para el 31 de agosto del 2010, las misiones de combate de Estados Unidos en Irak terminarían. Y eso es exactamente lo que estamos haciendo, como se prometió, a tiempo”, agregó el mandatario. No obstante la importancia de tal medida, se advierten signos de lo que podrían ser los prolegómenos de una nueva guerra.

Ya desde octubre de 2007, Obama advertía: “Lo primero que tenemos que hacer es terminar la Guerra… No hay ninguna solución militar para Irak y nunca la hubo…” El entonces precandidato planteaba que retiraría entonces “una o dos brigadas por mes”, comprometiéndose a sacar a todas las tropas de combate de Irak en el transcurso de 16 meses. “Las únicas tropas que mantendré en Irak llevarán a cabo misiones limitadas a proteger a nuestros diplomáticos y a desempeñar ataques enfocados en Al Qaeda…”, agregaba. En marzo de 2008 volvía a plantear que, de ser elegido presidente, retiraría las fuerzas estadounidenses de ese país en 16 meses, aunque a partir de los 60 primeros días de asumir la presidencia. Así, la situación objetiva cambió las intenciones de iniciar antes el curso de la salida de las tropas, tanto como las razones a la permanencia de las tropas restantes.

En efecto, a partir de septiembre los 50 mil soldados estadounidenses que quedan en el país pasarán a desempeñar un papel eminentemente de entrenamiento para las tropas iraquíes, a fin de que el gobierno mantenga a raya a los grupos extremistas que aún existen y mantener la paz entre las facciones rivales de chiítas, sunnitas y kurdos. Así mismo, de acuerdo con un informe (McClatchy Newspapers), la transición dará paso a un incremento en el trabajo de los “contratistas” financiados por EUA y que serán, a partir de ahora, quienes asumirán el papel que desempeñan las tropas de combate; en estas condiciones, a pesar de que con ello la industria armamentista, el verdadero “poder detrás del trono”, gana mediante tales contratos, con el tiempo requerirá de nuevas aventuras bélicas parecidas a la que durante siete años llevó a cabo en Irak y a la que ahora se realiza en Afganistán.

Al respecto, informes persistentes dejan ver que las fuerzas estadounidenses parecieran estarse preparando para una eventual colisión con Irán, al concentrarse alrededor del Golfo Pérsico y el Cáucaso, así como en Yemen y Azerbaiyán, con tropas israelíes junto a las que ha estado realizando prácticas conjuntas; todo ello de manera muy conveniente para las guerreristas empresas de la industria armamentista. Olvidando por cierto la adicional promesa de Obama hecha también desde el 2007: “Necesitamos un Presidente dispuesto a hablar con todas las naciones, amigas y enemigas. No temo que [Norte]América pierda una batalla de propaganda con un tirano nimio ―tenemos que presentarnos al mundo y ganar estas batallas―. Si adoptamos la actitud de que el Presidente sólo llega para hacerse la foto después de que se haya llegado a un acuerdo, sólo llegaremos a acuerdos con nuestros amigos. Así no vamos a proteger al pueblo americano…”


15 de agosto de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 15 de agosto de 2010)
El Otoño del Imperio

miércoles, 2 de junio de 2010

La Nueva Estrategia de Seguridad de Estados Unidos

Jesús Hernández Garibay

El pasado 27 de mayo fue anunciada por la Casa Blanca la nueva versión de la Estrategia de Seguridad Nacional, un documento marco que establece cómo evalúa Estados Unidos las amenazas en su contra, así como la respuesta que daría en caso de lo que considere un ataque a su soberanía. El texto ha sido el resultado de 16 meses de intensas consultas en la administración Obama, para dar lugar a un escrito que el gobierno emite por exigencia del Congreso, y que fija las prioridades diplomáticas y defensivas del país. De manera general, el documento de 52 páginas revela una nueva estrategia que enfatiza la colaboración con los países aliados y el fortalecimiento de las instituciones internacionales como herramientas para resolver los conflictos, al plantear que lo que intenta es “deslegitimar el uso del terrorismo y aislar a aquellos que lo practican…”

En su Introducción al documento, el presidente Obama indica que la globalización “ha intensificado los peligros que enfrentamos, desde el terrorismo internacional y la propagación de tecnologías mortíferas, a los desórdenes económicos y el cambio climático…” A la vez, recuerda que durante casi una década la Unión Americana “ha estado en guerra con una red de largo alcance, de violencia y odio…” En este sentido, advierte que tanto la guerra en Irak como su participación en Afganistán han sido “parte del compromiso de trastornar, desmantelar y derrotar a Al Qaeda y sus afiliados…, como parte de un esfuerzo amplio, multinacional, que es correcto y justo…”; un compromiso de su país “con la seguridad de nuestro pueblo, nuestros aliados y nuestros asociados…”

No obstante esa intención de preservar una ventaja militar global con una visión similar a la tradicional norteamericana, Obama matiza: “Nuestra estrategia antepone el reconocimiento de que nuestra fuerza… se inicia con las pasos que demos en nuestro país…” Y acota la prioridad de su gobierno por hacer crecer la economía y reducir el déficit, educar a sus niños para competir “en una era en la que el conocimiento es el capital, y el mercado es mundial...”; desarrollar energía limpia para impulsar nuevas industrias, liberarse del petróleo extranjero y preservar el planeta, fomentar la ciencia y la investigación para favorecer nuevos descubrimientos. “Sencillamente ―agrega―, debemos considerar la inventiva estadounidense como el fundamento del poderío estadounidense…”

En la nueva estrategia, el presidente abandona formalmente el concepto de “guerra preventiva contra el terrorismo” que caracterizó la política de George W. Bush. Y si bien se reserva la facultad de emprender acciones militares unilaterales, plantea hacerlo bajo condiciones más estrictas, al anteponer la diplomacia multilateral, la disciplina económica, la ayuda al desarrollo, la educación y la cooperación con potencias como China o Rusia, aclarando que su guerra “no es una guerra mundial contra una táctica: el terrorismo, o una religión: el Islam. Nosotros estamos en guerra con una red específica: Al Qaeda…” El documento dice buscar un orden internacional que ayude a contrarrestar el extremismo violento y la insurgencia, detener la diseminación de armas nucleares y asegurar materiales nucleares, combatir el cambio climático y sostener el crecimiento mundial, “ayudar a los países a alimentarse a sí mismos y a cuidar de sus enfermos; resolver y prevenir el conflicto; al tiempo que también se sanan las heridas…” Intenciones varias de éstas, desde luego, en verdad difíciles de alcanzar en las condiciones actuales del mundo.

31 de mayo de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 6 de junio de 2010)
El Otoño del Imperio