Jesús Hernández Garibay
Más allá de las graves consecuencias nacionales que en lo económico y lo social deja el despiadado terremoto sufrido por Japón hace unos días e independientemente de lo que vaya a suceder con las secuelas radioactivas de dos plantas nucleares afectadas en la isla, los efectos financieros del sismo en medio de una situación global también seriamente tocada por la crisis política de varios países árabes, las derivaciones de ello en el mercado petrolero, la crisis de la deuda en países europeos, el imbatible desempleo y el continuado empobrecimiento de grandes sectores de la población, en medio del recrudecimiento de una crisis alimentaria y el avance de la crisis por el calentamiento global, son ahora motivo de una gran preocupación, pues ponen a la economía mundial prendida con alfileres.
La catástrofe sucedida en Japón paraliza virtualmente a un país que resulta ser la tercera economía a nivel mundial, sólo rebasada por China y Estados Unidos; eso hace de su situación actual un asunto particularmente grave. Por ello es que, ante la respuesta trepidante de los mercados en los días posteriores al mismo, de inmediato el Banco central de Japón (BOJ) anunció que inyectaría en un principio siete billones y luego hasta 15 billones de yenes (183 mil 825 millones de dólares), con el objeto de asegurar la liquidez durante lo que llega a considerarse ya como “la mayor crisis del país desde la II Guerra Mundial”, en la que el cierre de puertos, fábricas y aun refinerías de petróleo hace que se desplomen en todo el mundo, entre otros, los precios de las compañías de seguros.
Como se recuerda, el precio del petróleo había venido subiendo hasta por encima de los 120 dólares el barril, con la posibilidad de llegar a 150 o más. El precio mantiene todavía su tendencia alcista debido a las crisis políticas en Libia y Bahréin, que amenazan con desestabilizar a los grandes productores de petróleo en Oriente Próximo y África del norte. Libia interrumpió las operaciones en sus puertos petroleros, en tanto que sus más escasos suministros se han paralizado porque los bancos se niegan a efectuar sus pagos en dólares debido a las sanciones de Estados Unidos en contra de ese país, y como éste es proveedor clave para Europa las bolsas europeas caen por los precios del crudo, lo que prevé un alza generalizada de precios de productos diversos. Una situación, desde luego, muy conveniente para el principal productor del mundo: Arabia Saudita.
De acuerdo a compañías de análisis de riesgos de EUA, el virtual tsunami económico en Japón prevé como factura preliminar del seísmo pérdidas por más de 100 mil millones de dólares; un hecho que afecta duramente tanto a la economía nipona como a la mundial. Una grave circunstancia en la que grandes corporativos tratarán como siempre de salvarse, a costa de lo que sea, desde luego aun del empobrecimiento mayor de distintas capas de la población. Un hecho a la vez, que debiera de ser una razón más para que los pueblos del mundo renueven sus esfuerzos por tomar los destinos del planeta en sus manos, con representantes genuinos y una mayor vigilancia de su gestión.
19 de marzo de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 20 de marzo de 2011)
El Otoño del Imperio
El Impacto Económico Mundial de la Crisis en Japón
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sábado, 19 de marzo de 2011
martes, 4 de enero de 2011
2011: ¿Sigue Creciendo la Pobreza en Estados Unidos?
Jesús Hernández Garibay
El 8 de diciembre último en el periódico norteamericano “National Journal” apareció un artículo intitulado: “La Caída Del Pedestal”, que destaca: “Los estadounidenses ya no piensan más que la economía estadounidense es la Nº 1”; e indica: “En la carrera global para el empleo y la prosperidad económica, los Estados Unidos es Nº 2. Y es probable que permanezca allí durante algún tiempo. Esta es la sombría conclusión de la mayoría de los estadounidenses encuestados en la última encuesta de Allstate/National Journal Heartland Monitor…” Coincidentemente, el día anterior en una conferencia de prensa en la Casa Blanca el presidente Barack Obama, acremente criticado por lo que se considera son “tibias acciones” en favor de la mayoría de los estadounidenses, advertía: “No hay una sola cosa que haya dicho que haría, que yo no haya hecho o intentado hacer…”
Al preguntárseles qué nación tiene ahora la economía más fuerte del mundo, en la encuesta mencionada sólo un 20% escogió a Estados Unidos; más de dos veces más (47%) escogió a China, mientras que sólo el 1% eligió a Japón. En varios frentes, especialmente la calidad de la educación superior y la investigación científica, la mayoría de los estadounidenses todavía cree que su país es líder en el mundo; a la vez, la mayoría dice que Estados Unidos puede permanecer además como un líder en la fabricación de productos. No obstante, la encuesta revela una profunda incertidumbre acerca del impacto de la economía en las perspectivas económicas para las generaciones más jóvenes. Y es revelador como solamente algunos de los encuestados esperan que su situación económica pueda mejorar durante el nuevo año; la mayoría son escépticos; la confianza en el sistema político y el optimismo acerca de la economía son escasos.
Y es que mientras que la Oficina del Censo anunciaba el 21 de diciembre que la población del país ya es de cerca de 309 millones de personas, en relación con poco más de 281 millones de hace una década (es decir, una tasa de crecimiento durante el último decenio del 9,7%, la más baja desde la gran depresión), el informe denominado “Pobreza: 2008 y 2009”, dado a conocer por la misma oficina en septiembre último, resalta los resultados de la Encuesta de la Comunidad Estadounidense (ACS) de 2009 y presenta las estimaciones de la pobreza basadas en datos de la ACS de 2008 y la ACS de 2009. En la ACS de 2009, el 14,3% de la población estadounidense tuvo ingresos por debajo de sus umbrales de pobreza respectivos; es decir, el número de personas en la pobreza aumentó de 39.8 a 42,9 millones.
Aunque existe una discrepancia entre el dato de 42.9 millones de pobres que se informa existen a partir de los datos de la ACS, y 43,6 millones que el 16 de septiembre anunciaba la Oficina del Censo en su informe Income, Poverty, and Health Insurance Coverage in the United States: 2009, lo cierto es que es este el tercer aumento anual consecutivo; a la vez, la Oficina del Censo confirma que 31 estados (del total de 50) tuvieron aumentos en el número y el porcentaje de personas en la pobreza entre 2008 y 2009; lo que es más, ningún estado tuvo una disminución estadísticamente significativa en el número en la pobreza o en la tasa de pobreza. Mientras tanto, el número de personas sin cobertura de seguro de salud pasó de 46,3 millones en 2008 a 50,7 millones en 2009. Por algo se multiplican las discrepancias entre Obama y sus bases de apoyo, en la medida en que la pobreza crece frente a una política gubernamental que se mantiene, como en épocas de Bush, en apoyo al gran mercado.
4 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de enero de 2011)
El Otoño del Imperio
El 8 de diciembre último en el periódico norteamericano “National Journal” apareció un artículo intitulado: “La Caída Del Pedestal”, que destaca: “Los estadounidenses ya no piensan más que la economía estadounidense es la Nº 1”; e indica: “En la carrera global para el empleo y la prosperidad económica, los Estados Unidos es Nº 2. Y es probable que permanezca allí durante algún tiempo. Esta es la sombría conclusión de la mayoría de los estadounidenses encuestados en la última encuesta de Allstate/National Journal Heartland Monitor…” Coincidentemente, el día anterior en una conferencia de prensa en la Casa Blanca el presidente Barack Obama, acremente criticado por lo que se considera son “tibias acciones” en favor de la mayoría de los estadounidenses, advertía: “No hay una sola cosa que haya dicho que haría, que yo no haya hecho o intentado hacer…”
Al preguntárseles qué nación tiene ahora la economía más fuerte del mundo, en la encuesta mencionada sólo un 20% escogió a Estados Unidos; más de dos veces más (47%) escogió a China, mientras que sólo el 1% eligió a Japón. En varios frentes, especialmente la calidad de la educación superior y la investigación científica, la mayoría de los estadounidenses todavía cree que su país es líder en el mundo; a la vez, la mayoría dice que Estados Unidos puede permanecer además como un líder en la fabricación de productos. No obstante, la encuesta revela una profunda incertidumbre acerca del impacto de la economía en las perspectivas económicas para las generaciones más jóvenes. Y es revelador como solamente algunos de los encuestados esperan que su situación económica pueda mejorar durante el nuevo año; la mayoría son escépticos; la confianza en el sistema político y el optimismo acerca de la economía son escasos.
Y es que mientras que la Oficina del Censo anunciaba el 21 de diciembre que la población del país ya es de cerca de 309 millones de personas, en relación con poco más de 281 millones de hace una década (es decir, una tasa de crecimiento durante el último decenio del 9,7%, la más baja desde la gran depresión), el informe denominado “Pobreza: 2008 y 2009”, dado a conocer por la misma oficina en septiembre último, resalta los resultados de la Encuesta de la Comunidad Estadounidense (ACS) de 2009 y presenta las estimaciones de la pobreza basadas en datos de la ACS de 2008 y la ACS de 2009. En la ACS de 2009, el 14,3% de la población estadounidense tuvo ingresos por debajo de sus umbrales de pobreza respectivos; es decir, el número de personas en la pobreza aumentó de 39.8 a 42,9 millones.
Aunque existe una discrepancia entre el dato de 42.9 millones de pobres que se informa existen a partir de los datos de la ACS, y 43,6 millones que el 16 de septiembre anunciaba la Oficina del Censo en su informe Income, Poverty, and Health Insurance Coverage in the United States: 2009, lo cierto es que es este el tercer aumento anual consecutivo; a la vez, la Oficina del Censo confirma que 31 estados (del total de 50) tuvieron aumentos en el número y el porcentaje de personas en la pobreza entre 2008 y 2009; lo que es más, ningún estado tuvo una disminución estadísticamente significativa en el número en la pobreza o en la tasa de pobreza. Mientras tanto, el número de personas sin cobertura de seguro de salud pasó de 46,3 millones en 2008 a 50,7 millones en 2009. Por algo se multiplican las discrepancias entre Obama y sus bases de apoyo, en la medida en que la pobreza crece frente a una política gubernamental que se mantiene, como en épocas de Bush, en apoyo al gran mercado.
4 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de enero de 2011)
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domingo, 2 de enero de 2011
El Drama de la Pobreza en el País Más Rico de la Tierra
Jesús Hernández Garibay
Que están cambiando las cosas en el mundo, lo dejan ver los nuevos acontecimientos que se suceden aquí o allá, para bien o para mal. Es el caso de las circunstancias nacionales que vive Estados Unidos (EUA), un lugar que siempre fue considerado país rico, y que por su poderío económico podía garantizar a sus habitantes un nivel de vida excepcional y diferente al del resto del mundo.
Tan es así, que cuando en una reunión de sobremesa los miembros de alguna familia latinoamericana comentan acerca de la pobreza en esa nación, opinan que la de aquel país no se compara con la nuestra. Y hay quien se atreve a afirmar que allá en todo caso cualquier familia puede contar con un modesto automóvil y una vivienda, así sea pequeña. Pero si bien hace varias décadas pudo haber estado justificada, dicha creencia desde hace años es cada vez menos cierta, pues la pobreza en esa nación se mantiene sin solución, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por abatirla.
No obstante un breve aumento en los niveles de bienestar en 1973 y luego en 1999, lo cierto es que el ingreso familiar medio en EUA ha declinado en el último medio siglo, de manera fundamental por dos razones:
1) el índice inflacionario que, aunque no comparable con los que nuestros países sufrieron hace un tiempo, sí ha sido constante y ha mermado lentamente los ingresos reales de los hogares;
2) el endeudamiento creciente de las familias, que les obliga a buscar en forma intensiva mayores ingresos y créditos, pero a la vez les lleva a límites en el poder de compra y a menores posibilidades de desarrollo familiar cada día.
Las cifras de la pobreza
Si se toman en cuenta tendencias de largo plazo, se puede advertir que los índices del abatimiento de la pobreza de las últimas décadas son intrascendentes para un país que suele ostentarse como un “modelo” de civilización y paladín de la democracia, aun cuando recibe una enorme proporción del sangrado permanente de recursos de nuestros pueblos.
Una muestra de datos oficiales del U.S.Census Bureau desde 1959, deja ver el comportamiento errático que han tenido los datos sobre la pobreza en ese país, del peor momento de la posguerra en plena recesión de 1960 (poco más de 40 millones de habitantes abajo del nivel de pobreza) hasta su mejor momento en 1973, los “años dorados”, donde disminuye a 23 millones.
Sin embargo, a partir de entonces las cifras no son para alegrar a nadie: 35 millones hacia 1983, cerca de 40 millones en 1993, más de 32 millones en 1999, casi 36 millones en 2003 y 37 millones en 2004. Desde luego, con un impacto mayor en los grupos negro e hispano donde mucha gente ve alejarse de manera más irremediable el llamado Sueño Americano, mientras una realidad de mayor endeudamiento familiar o desahucio se le impone.
La crisis afecta a todos
Como se recuerda, en 2005 azotó a EUA uno de los más mortales huracanes de su historia. El Katrina se formó el 23 de agosto y se disipó el 31, luego de devastar la costa norte-centro del golfo de México, de manera particular la ciudad de Nueva Orleáns, en Luisiana, donde según algunos medios dejó más de 10 mil muertos. En el fondo, lo que el Katrina reveló fue la situación de pobreza que muchas familias padecen en ese, “el país más rico de la tierra”, pues de los 500 mil habitantes de la ciudad de Nueva Orleáns muchos de los 100 mil que se mantuvieron ahí no pudieron huir por falta de recursos, pues no contaban con un auto y no había transportes públicos.
Más recientemente, recordemos, en octubre de 2008 la economía de Estados Unidos sufrió un severo tsunami financiero, cuyo impacto en los sectores medios ha sido desastroso, pues comienzan estos también a sufrir en carne propia el rigor de una inmisericorde realidad. El caso de la vivienda es siniestro: familias viviendo hace unos años todavía en edificaciones residenciales hipotecadas trataron de salir adelante con tarjetas de crédito luego impagables, causando lo inimaginable: que de bonitas casas con jardín tuvieran que vivir ahora en coches, tiendas de campaña, desvanes en casas familiares o moteles baratos de las carreteras.
Campamentos sin servicios de ningún tipo para gente sin hogar albergan ya a cientos y cientos de personas y crecen a un ritmo de decenas de nuevos residentes diarios; los habitantes de estas llamadas Tent Cities (Ciudades de Carpas), no son sólo vagabundos alcohólicos, sino también numerosas familias clasemedieras con niños que han perdido sus trabajos y sus casas por no poder afrontar los pagos de las hipotecas.
En medio de la crisis, la alimentación ha sido también un tema sensible. Ante el alza imparable de los precios de los alimentos, la realidad impone su cruda realidad. Los Bancos de Alimentos son organizaciones no lucrativas cuyo objetivo es recuperar excedentes alimenticios y redistribuirlos entre las personas necesitadas. Actualmente hay más de mil bancos en todo el mundo, incluyendo México, mientras que en Estados Unidos el año pasado más de 25 millones de personas pobres tuvieron que acudir a los mismos para garantizar su supervivencia diaria.
No obstante, ahora esos bancos de alimentos no solamente benefician a comunidades desahuciadas, sino a la vez a miembros de aquellas “clases medias”. El pasado 20 de febrero una nota periodística destacaba el caso de una pareja de ejecutivos empresariales con un buen sueldo estable, un matrimonio que se acercaba cada noche a uno de estos bancos para garantizar su alimento diario, mientras sus recursos financieros eran invertidos en cubrir sus impagables deudas.
El mundo del trabajo
El diagnóstico del propio presidente Barack Obama, días antes en su toma de posesión el 16 de enero de este año, era bastante crudo: en los últimos meses de 2008 se evaporaron en ese país casi dos millones de empleos y tan sólo durante ese año se perdieron más puestos de trabajo que durante todos los años desde la Segunda Guerra Mundial; en ese mismo año 2,8 millones de estadounidenses que deseaban y necesitaban un trabajo de jornada completa tuvieron que aceptar uno de tiempo parcial, mientras las manufacturas llegaron a su punto más bajo en 28 años; muchos negocios ya no pudieron pedir más préstamos ni alcanzar a manejar una nómina, en tanto que cientos de miles de familias no podían ya pagar sus deudas ni su hipoteca y muchos trabajadores veían que los ahorros de su vida se esfumaban.
Como efecto de los cambios en el mundo del trabajo, en Estados Unidos también aumenta el desempleo y las distinciones en la esfera laboral. El “trabajo simbólico” (uso de computadoras) es más requerido y la técnica redefine las habilidades de los trabajadores y la organización del trabajo. Los puestos de trabajo de alto perfil aumentan, aunque no en la proporción necesaria, mientras los de bajo perfil son más difíciles de encontrar, hecho que contribuye a la desigualdad en el mercado laboral; la brecha entre los altos y los bajos salarios crece substancialmente y la diferencia es mayor que nunca.
La negociación colectiva logra moderar esa brecha, pues los trabajadores sindicalizados ganan casi un tercio más que los no sindicalizados y tienen mayores beneficios de salud y pensión, lo que para las minorías ha sido importantísimo. Pero el drama es que la tasa de sindicalización disminuye, pues hace 50 años era del 35 por ciento de la población ocupada, pero hace 10 años solamente incluía alrededor del 20 por ciento y hoy ya es menor al 13 por ciento, tal vez rondando el 10 por ciento.
En cuanto al desempleo, un “mal necesario” e irresoluble del sistema, muestra graves diferencias en grupos sociales diversos, al afectar mayormente a las mujeres y los jóvenes de raza no blanca, además con una tercera parte de la fuerza laboral gozando sólo del empleo “contingente”, que incluye puestos temporales o por contrato limitado. A la vez, la brecha salarial entre distintos grupos sociales continúa, pues las mujeres y las minorías ganan menos (35 a 45 por ciento menos) que sus pares masculinos blancos.
Miseria en la superpotencia mundial
A propósito del drama vivido en Nueva Orleáns con el huracán Katrina y la lenta respuesta del gobierno a dicha emergencia, con posterioridad al hecho fue creada en el 2006 la llamada “Comisión de la Verdad”, integrada por representantes de una amplia diversidad de organizaciones sociales, sindicales, civiles, de sectores eclesiásticos, de juristas y defensores de derechos humanos de ese país y otros delegados pertenecientes a instituciones, redes y organizaciones de alto perfil representativo en el mundo y el hemisferio (comisión fundada por The Poor People's Economic Human Rights Campaign).
Luego de recibir documentación y escuchar decenas de testimonios emblemáticos denunciados por mujeres y hombres pobres, blancos y negros, latinos y asiáticos, jóvenes y ancianos, veteranos de Irak y madres que perdieron a sus hijos en esa guerra, personas sin vivienda, víctimas del huracán Katrina, desempleados, migrantes, ciudadanos sin acceso a la salud, entre otros sectores, dicha Comisión concluía que la pregunta: “¿Hay gente viviendo en la miseria en la superpotencia mundial, panacea del bienestar y del consumo…, que hoy lidera un discurso… de sanciones a otras naciones por sus presuntos desapegos a la democracia y a los derechos humanos?”, no tiene más respuesta, sino: “los derechos humanos, económicos, sociales y culturales sí se violan en los Estados Unidos de Norteamérica…”
Se entiende entonces que la elección de un nuevo presidente en el 2008 en Estados Unidos haya intentado plantear una nueva circunstancia como se deduce, trascendente no sólo para esa nación sino a la vez para el resto del mundo. Con la toma de posesión de Obama como presidente por el periodo 2009-2012, tiene lugar un nuevo escenario en la Unión Americana. Su presidencia era previsible antes de las elecciones del 4 de noviembre dada una compleja confluencia de factores entre los que destacaba la impopular presidencia del anterior mandatario, tanto como el cansancio de la gente frente a las desastrosas condiciones de su economía, además del crecimiento en esa misma gente de una percepción de lo social en ese su convulso mundo.
2 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Pueblo Unido Nº 1, México, febrero-abril de 2010)
El Otoño del Imperio
Que están cambiando las cosas en el mundo, lo dejan ver los nuevos acontecimientos que se suceden aquí o allá, para bien o para mal. Es el caso de las circunstancias nacionales que vive Estados Unidos (EUA), un lugar que siempre fue considerado país rico, y que por su poderío económico podía garantizar a sus habitantes un nivel de vida excepcional y diferente al del resto del mundo.
Tan es así, que cuando en una reunión de sobremesa los miembros de alguna familia latinoamericana comentan acerca de la pobreza en esa nación, opinan que la de aquel país no se compara con la nuestra. Y hay quien se atreve a afirmar que allá en todo caso cualquier familia puede contar con un modesto automóvil y una vivienda, así sea pequeña. Pero si bien hace varias décadas pudo haber estado justificada, dicha creencia desde hace años es cada vez menos cierta, pues la pobreza en esa nación se mantiene sin solución, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por abatirla.
No obstante un breve aumento en los niveles de bienestar en 1973 y luego en 1999, lo cierto es que el ingreso familiar medio en EUA ha declinado en el último medio siglo, de manera fundamental por dos razones:
1) el índice inflacionario que, aunque no comparable con los que nuestros países sufrieron hace un tiempo, sí ha sido constante y ha mermado lentamente los ingresos reales de los hogares;
2) el endeudamiento creciente de las familias, que les obliga a buscar en forma intensiva mayores ingresos y créditos, pero a la vez les lleva a límites en el poder de compra y a menores posibilidades de desarrollo familiar cada día.
Las cifras de la pobreza
Si se toman en cuenta tendencias de largo plazo, se puede advertir que los índices del abatimiento de la pobreza de las últimas décadas son intrascendentes para un país que suele ostentarse como un “modelo” de civilización y paladín de la democracia, aun cuando recibe una enorme proporción del sangrado permanente de recursos de nuestros pueblos.
Una muestra de datos oficiales del U.S.Census Bureau desde 1959, deja ver el comportamiento errático que han tenido los datos sobre la pobreza en ese país, del peor momento de la posguerra en plena recesión de 1960 (poco más de 40 millones de habitantes abajo del nivel de pobreza) hasta su mejor momento en 1973, los “años dorados”, donde disminuye a 23 millones.
Sin embargo, a partir de entonces las cifras no son para alegrar a nadie: 35 millones hacia 1983, cerca de 40 millones en 1993, más de 32 millones en 1999, casi 36 millones en 2003 y 37 millones en 2004. Desde luego, con un impacto mayor en los grupos negro e hispano donde mucha gente ve alejarse de manera más irremediable el llamado Sueño Americano, mientras una realidad de mayor endeudamiento familiar o desahucio se le impone.
La crisis afecta a todos
Como se recuerda, en 2005 azotó a EUA uno de los más mortales huracanes de su historia. El Katrina se formó el 23 de agosto y se disipó el 31, luego de devastar la costa norte-centro del golfo de México, de manera particular la ciudad de Nueva Orleáns, en Luisiana, donde según algunos medios dejó más de 10 mil muertos. En el fondo, lo que el Katrina reveló fue la situación de pobreza que muchas familias padecen en ese, “el país más rico de la tierra”, pues de los 500 mil habitantes de la ciudad de Nueva Orleáns muchos de los 100 mil que se mantuvieron ahí no pudieron huir por falta de recursos, pues no contaban con un auto y no había transportes públicos.
Más recientemente, recordemos, en octubre de 2008 la economía de Estados Unidos sufrió un severo tsunami financiero, cuyo impacto en los sectores medios ha sido desastroso, pues comienzan estos también a sufrir en carne propia el rigor de una inmisericorde realidad. El caso de la vivienda es siniestro: familias viviendo hace unos años todavía en edificaciones residenciales hipotecadas trataron de salir adelante con tarjetas de crédito luego impagables, causando lo inimaginable: que de bonitas casas con jardín tuvieran que vivir ahora en coches, tiendas de campaña, desvanes en casas familiares o moteles baratos de las carreteras.
Campamentos sin servicios de ningún tipo para gente sin hogar albergan ya a cientos y cientos de personas y crecen a un ritmo de decenas de nuevos residentes diarios; los habitantes de estas llamadas Tent Cities (Ciudades de Carpas), no son sólo vagabundos alcohólicos, sino también numerosas familias clasemedieras con niños que han perdido sus trabajos y sus casas por no poder afrontar los pagos de las hipotecas.
En medio de la crisis, la alimentación ha sido también un tema sensible. Ante el alza imparable de los precios de los alimentos, la realidad impone su cruda realidad. Los Bancos de Alimentos son organizaciones no lucrativas cuyo objetivo es recuperar excedentes alimenticios y redistribuirlos entre las personas necesitadas. Actualmente hay más de mil bancos en todo el mundo, incluyendo México, mientras que en Estados Unidos el año pasado más de 25 millones de personas pobres tuvieron que acudir a los mismos para garantizar su supervivencia diaria.
No obstante, ahora esos bancos de alimentos no solamente benefician a comunidades desahuciadas, sino a la vez a miembros de aquellas “clases medias”. El pasado 20 de febrero una nota periodística destacaba el caso de una pareja de ejecutivos empresariales con un buen sueldo estable, un matrimonio que se acercaba cada noche a uno de estos bancos para garantizar su alimento diario, mientras sus recursos financieros eran invertidos en cubrir sus impagables deudas.
El mundo del trabajo
El diagnóstico del propio presidente Barack Obama, días antes en su toma de posesión el 16 de enero de este año, era bastante crudo: en los últimos meses de 2008 se evaporaron en ese país casi dos millones de empleos y tan sólo durante ese año se perdieron más puestos de trabajo que durante todos los años desde la Segunda Guerra Mundial; en ese mismo año 2,8 millones de estadounidenses que deseaban y necesitaban un trabajo de jornada completa tuvieron que aceptar uno de tiempo parcial, mientras las manufacturas llegaron a su punto más bajo en 28 años; muchos negocios ya no pudieron pedir más préstamos ni alcanzar a manejar una nómina, en tanto que cientos de miles de familias no podían ya pagar sus deudas ni su hipoteca y muchos trabajadores veían que los ahorros de su vida se esfumaban.
Como efecto de los cambios en el mundo del trabajo, en Estados Unidos también aumenta el desempleo y las distinciones en la esfera laboral. El “trabajo simbólico” (uso de computadoras) es más requerido y la técnica redefine las habilidades de los trabajadores y la organización del trabajo. Los puestos de trabajo de alto perfil aumentan, aunque no en la proporción necesaria, mientras los de bajo perfil son más difíciles de encontrar, hecho que contribuye a la desigualdad en el mercado laboral; la brecha entre los altos y los bajos salarios crece substancialmente y la diferencia es mayor que nunca.
La negociación colectiva logra moderar esa brecha, pues los trabajadores sindicalizados ganan casi un tercio más que los no sindicalizados y tienen mayores beneficios de salud y pensión, lo que para las minorías ha sido importantísimo. Pero el drama es que la tasa de sindicalización disminuye, pues hace 50 años era del 35 por ciento de la población ocupada, pero hace 10 años solamente incluía alrededor del 20 por ciento y hoy ya es menor al 13 por ciento, tal vez rondando el 10 por ciento.
En cuanto al desempleo, un “mal necesario” e irresoluble del sistema, muestra graves diferencias en grupos sociales diversos, al afectar mayormente a las mujeres y los jóvenes de raza no blanca, además con una tercera parte de la fuerza laboral gozando sólo del empleo “contingente”, que incluye puestos temporales o por contrato limitado. A la vez, la brecha salarial entre distintos grupos sociales continúa, pues las mujeres y las minorías ganan menos (35 a 45 por ciento menos) que sus pares masculinos blancos.
Miseria en la superpotencia mundial
A propósito del drama vivido en Nueva Orleáns con el huracán Katrina y la lenta respuesta del gobierno a dicha emergencia, con posterioridad al hecho fue creada en el 2006 la llamada “Comisión de la Verdad”, integrada por representantes de una amplia diversidad de organizaciones sociales, sindicales, civiles, de sectores eclesiásticos, de juristas y defensores de derechos humanos de ese país y otros delegados pertenecientes a instituciones, redes y organizaciones de alto perfil representativo en el mundo y el hemisferio (comisión fundada por The Poor People's Economic Human Rights Campaign).
Luego de recibir documentación y escuchar decenas de testimonios emblemáticos denunciados por mujeres y hombres pobres, blancos y negros, latinos y asiáticos, jóvenes y ancianos, veteranos de Irak y madres que perdieron a sus hijos en esa guerra, personas sin vivienda, víctimas del huracán Katrina, desempleados, migrantes, ciudadanos sin acceso a la salud, entre otros sectores, dicha Comisión concluía que la pregunta: “¿Hay gente viviendo en la miseria en la superpotencia mundial, panacea del bienestar y del consumo…, que hoy lidera un discurso… de sanciones a otras naciones por sus presuntos desapegos a la democracia y a los derechos humanos?”, no tiene más respuesta, sino: “los derechos humanos, económicos, sociales y culturales sí se violan en los Estados Unidos de Norteamérica…”
Se entiende entonces que la elección de un nuevo presidente en el 2008 en Estados Unidos haya intentado plantear una nueva circunstancia como se deduce, trascendente no sólo para esa nación sino a la vez para el resto del mundo. Con la toma de posesión de Obama como presidente por el periodo 2009-2012, tiene lugar un nuevo escenario en la Unión Americana. Su presidencia era previsible antes de las elecciones del 4 de noviembre dada una compleja confluencia de factores entre los que destacaba la impopular presidencia del anterior mandatario, tanto como el cansancio de la gente frente a las desastrosas condiciones de su economía, además del crecimiento en esa misma gente de una percepción de lo social en ese su convulso mundo.
2 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Pueblo Unido Nº 1, México, febrero-abril de 2010)
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lunes, 6 de septiembre de 2010
Hacia una Nueva Gran Crisis Global
Jesús Hernández Garibay
La reciente caída de las bolsas del mundo y la persistencia de inestabilidad económica en países europeos como Grecia, Portugal y España, cae como nuevo balde de agua fría en quienes consideraban que las medidas establecidas en reuniones importantes como la del Grupo de los 20, serían capaces de remontar la crisis que comienza a exhibirse en su más amplia dimensión en el desplome de las bolsas de valores en el otoño de 2008. La economía en distintos países y en diversos sectores se ha venido reactivando, pero en el fondo marcada por un creciente debilitamiento general del mercado, que no alcanza a despuntar y a imprimir fuerza en su desenvolvimiento, por la precariedad del consumo. El crédito, un recurso socorrido en las últimas décadas bajo el capitalismo, trastabilla frente a las necesidades de su reproducción, sin salida firme para las deudas que se acumulan.
La porfiada baja en las ventas de casas nuevas en Estados Unidos continúa evidenciando la crisis inmobiliaria y, no obstante que estas ventas se mantienen por encima del ritmo más bajo de hace dos años, lo que continúa también creciendo, “a velocidad de crucero”, son los embargos de viviendas; tan sólo durante el pasado mes de julio, los bancos confiscaron hasta 92 mil 858 casas, la segunda cifra mensual más alta de la historia, de propietarios que dejaron de pagar sus cuotas hipotecarias, según informaba recién la compañía de datos inmobiliarios RealtyTrac. Las compañías financieras estadounidenses tratan así de limpiar sus cuentas y balances de préstamos morosos y de ahí que las ejecuciones se cuenten por decenas de miles; éstas, según RealtyTrac, en lugar de notificar el incumplimiento del abono de cuotas y dar un margen de maniobra, optan por embargar directamente.
La actual debilidad financiera ha llevado a pensar que podría derivar en una nueva gran crisis. En días recientes una caída del 12 por ciento en las ventas de casas nuevas en EU provocaba durante dos días consecutivos el desplome de las Bolsas europeas. Si a ello se suman los más de 40 millones de personas sin trabajo que ilustraban el panorama europeo-estadounidense de inicios de este año (15 millones en la zona del euro, lo que representa 10 por ciento de la PEA, el peor índice desde 1998), entonces es cierto que persiste el riesgo de “un crecimiento débil y de una nueva crisis”, tal y como lo reconocieran Barack Obama y los jefes de gobierno de Canadá, Francia, Gran Bretaña y Corea del Sur en una declaración de marzo pasado en la reunión en el G-20 en el Palacio del Eliseo, París. Los cinco hacen en ese entonces un urgente llamado al resto del Grupo, presuponiendo que las ayudas a los bancos no han sido suficientes para la reanimación económica.
El mismo The Financial Times, un ícono del mundo financiero europeo, indicaba desde febrero de este año: “Estamos ante una nueva crisis global”. Ni siquiera la nueva Reforma Financiera impulsada por Obama y adoptada como ley por el Congreso el 4 de julio pasado, puede hoy resultar un seguro para evitar la detonación de una nueva crisis en Wall Street. Además porque la sombra de una insolvencia generalizada de pagos de deuda pública por causa de los déficit presupuestarios y la baja en la recaudación fiscal en distintos países, hace temer un rebrote de esa crisis financiera, no sólo en bancos y otras entidades privadas, sino inclusive en el nivel de los propios Estados. El Fondo Monetario Internacional estima que el déficit fiscal estadounidense llegará al 108 por ciento del PIB en 2014, un alza significativa frente al 62 por ciento del PIB de 2007. Noticias todas nada buenas para la salud del imperio.
06 de septiembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 05 de septiembre de 2010)
El Otoño del Imperio
La reciente caída de las bolsas del mundo y la persistencia de inestabilidad económica en países europeos como Grecia, Portugal y España, cae como nuevo balde de agua fría en quienes consideraban que las medidas establecidas en reuniones importantes como la del Grupo de los 20, serían capaces de remontar la crisis que comienza a exhibirse en su más amplia dimensión en el desplome de las bolsas de valores en el otoño de 2008. La economía en distintos países y en diversos sectores se ha venido reactivando, pero en el fondo marcada por un creciente debilitamiento general del mercado, que no alcanza a despuntar y a imprimir fuerza en su desenvolvimiento, por la precariedad del consumo. El crédito, un recurso socorrido en las últimas décadas bajo el capitalismo, trastabilla frente a las necesidades de su reproducción, sin salida firme para las deudas que se acumulan.
La porfiada baja en las ventas de casas nuevas en Estados Unidos continúa evidenciando la crisis inmobiliaria y, no obstante que estas ventas se mantienen por encima del ritmo más bajo de hace dos años, lo que continúa también creciendo, “a velocidad de crucero”, son los embargos de viviendas; tan sólo durante el pasado mes de julio, los bancos confiscaron hasta 92 mil 858 casas, la segunda cifra mensual más alta de la historia, de propietarios que dejaron de pagar sus cuotas hipotecarias, según informaba recién la compañía de datos inmobiliarios RealtyTrac. Las compañías financieras estadounidenses tratan así de limpiar sus cuentas y balances de préstamos morosos y de ahí que las ejecuciones se cuenten por decenas de miles; éstas, según RealtyTrac, en lugar de notificar el incumplimiento del abono de cuotas y dar un margen de maniobra, optan por embargar directamente.
La actual debilidad financiera ha llevado a pensar que podría derivar en una nueva gran crisis. En días recientes una caída del 12 por ciento en las ventas de casas nuevas en EU provocaba durante dos días consecutivos el desplome de las Bolsas europeas. Si a ello se suman los más de 40 millones de personas sin trabajo que ilustraban el panorama europeo-estadounidense de inicios de este año (15 millones en la zona del euro, lo que representa 10 por ciento de la PEA, el peor índice desde 1998), entonces es cierto que persiste el riesgo de “un crecimiento débil y de una nueva crisis”, tal y como lo reconocieran Barack Obama y los jefes de gobierno de Canadá, Francia, Gran Bretaña y Corea del Sur en una declaración de marzo pasado en la reunión en el G-20 en el Palacio del Eliseo, París. Los cinco hacen en ese entonces un urgente llamado al resto del Grupo, presuponiendo que las ayudas a los bancos no han sido suficientes para la reanimación económica.
El mismo The Financial Times, un ícono del mundo financiero europeo, indicaba desde febrero de este año: “Estamos ante una nueva crisis global”. Ni siquiera la nueva Reforma Financiera impulsada por Obama y adoptada como ley por el Congreso el 4 de julio pasado, puede hoy resultar un seguro para evitar la detonación de una nueva crisis en Wall Street. Además porque la sombra de una insolvencia generalizada de pagos de deuda pública por causa de los déficit presupuestarios y la baja en la recaudación fiscal en distintos países, hace temer un rebrote de esa crisis financiera, no sólo en bancos y otras entidades privadas, sino inclusive en el nivel de los propios Estados. El Fondo Monetario Internacional estima que el déficit fiscal estadounidense llegará al 108 por ciento del PIB en 2014, un alza significativa frente al 62 por ciento del PIB de 2007. Noticias todas nada buenas para la salud del imperio.
06 de septiembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 05 de septiembre de 2010)
El Otoño del Imperio
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lunes, 5 de julio de 2010
Sin Solución a la Vista, la Pobreza en el Mundo
Jesús Hernández Garibay
Luego que los líderes de las veinte economías más ricas y las llamadas “emergentes” (Grupo de los 20 ó G-20, que hoy representa al 85% de las economías del mundo) fracasaron en su intento por acordar ―hace dos semanas en Toronto, Canadá― mecanismos comunes para hacer frente a los estragos de la debacle financiera que estallara en Wall Street en el otoño del 2008, llamando solamente a reducir a la mitad los déficits presupuestarios para 2013, sin fijar una resolución única y concreta sobre la aplicación de una tasa a los bancos para hacer frente a la crisis (dejando la decisión de todo ello en manos de cada Estado, sin mayores acuerdos unitarios internacionales), la esperanza de mejores tiempos en el mundo en general para las grandes mayorías y en particular para los más afectados por la desigualdad social, se desvanece todavía más.
El comunicado de la cumbre de Toronto del 26 y 27 de junio, un documento de 26 páginas con 48 puntos y dos anexos, evidencia el desacuerdo en una cumbre que, a diferencia de las convocadas anteriormente, bendice la decisión de que cada Gobierno vaya por su camino para fomentar el “necesario crecimiento”. Es decir, contrario a lo que se había tratado de hacer para lograr coordinar una estrategia común ante la crisis, sin acuerdo tampoco en materia financiera, pues todo lo relativo al asunto de la estructura del capital de la banca queda para la cumbre de Seúl en noviembre, al final, se deja a las “libres fuerzas del mercado” seguir actuando incólumes y establecer sus propias reglas, por cierto las dictadas por la descarnada y desigual competencia de los tiburones frente a los pececillos.
Dejar que cada quien establezca sus medidas para hacer frente a los problemas, sólo permite prever que el empobrecimiento mundial será mayor, desde las pequeñas empresas que estarán casi paralizadas en sus precarias inversiones, hasta la población de menos recursos que comprarán cada vez menos todavía con sus mismos ingresos. En Europa, este 2010 ha sido declarado el “año oficial de la lucha contra la pobreza y la exclusión social”; precisamente en el momento en que más se recrudecen los efectos sociales de la crisis con el aumento del desempleo en casi todos los países de la Unión, donde ya se ubica en 80 millones el número de personas bajo el umbral de la pobreza, esto es, que no tienen recursos suficientes para satisfacer una o varias necesidades básicas; con España a la cabeza con un 20% de la población con niveles de pobreza relativa o absoluta.
Las ciudades con los peores cinturones de miseria están ubicadas en el África Sub-sahariana, en el sudeste asiático, en Asia Occidental y en América Latina y el Caribe, según lo indica el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat); un tercio de la población de América Latina y el Caribe vive en vecindarios pobres en las ciudades. Una tercera parte de los más de 900 millones de personas sumidas en la pobreza extrema en el mundo son miembros de comunidades indígenas, víctimas de un legado de discriminación e injusticias históricas, según advierte la ONU en otro informe difundido en enero; el estudio denuncia que los 370 millones de indígenas existentes en el mundo “constituyen una parte desproporcionada de la población pobre, analfabeta y desempleada” del planeta. Así, la manifiesta incapacidad de los gobiernos reunidos en el G-20 ante dichas “libres fuerzas del mercado”, deja ver que la misma economía seguirá afectada justo por falta de consumo causada por la pobreza, que seguirá creciendo.
5 de julio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 11 de julio de 2010)
El Otoño del Imperio
Luego que los líderes de las veinte economías más ricas y las llamadas “emergentes” (Grupo de los 20 ó G-20, que hoy representa al 85% de las economías del mundo) fracasaron en su intento por acordar ―hace dos semanas en Toronto, Canadá― mecanismos comunes para hacer frente a los estragos de la debacle financiera que estallara en Wall Street en el otoño del 2008, llamando solamente a reducir a la mitad los déficits presupuestarios para 2013, sin fijar una resolución única y concreta sobre la aplicación de una tasa a los bancos para hacer frente a la crisis (dejando la decisión de todo ello en manos de cada Estado, sin mayores acuerdos unitarios internacionales), la esperanza de mejores tiempos en el mundo en general para las grandes mayorías y en particular para los más afectados por la desigualdad social, se desvanece todavía más.
El comunicado de la cumbre de Toronto del 26 y 27 de junio, un documento de 26 páginas con 48 puntos y dos anexos, evidencia el desacuerdo en una cumbre que, a diferencia de las convocadas anteriormente, bendice la decisión de que cada Gobierno vaya por su camino para fomentar el “necesario crecimiento”. Es decir, contrario a lo que se había tratado de hacer para lograr coordinar una estrategia común ante la crisis, sin acuerdo tampoco en materia financiera, pues todo lo relativo al asunto de la estructura del capital de la banca queda para la cumbre de Seúl en noviembre, al final, se deja a las “libres fuerzas del mercado” seguir actuando incólumes y establecer sus propias reglas, por cierto las dictadas por la descarnada y desigual competencia de los tiburones frente a los pececillos.
Dejar que cada quien establezca sus medidas para hacer frente a los problemas, sólo permite prever que el empobrecimiento mundial será mayor, desde las pequeñas empresas que estarán casi paralizadas en sus precarias inversiones, hasta la población de menos recursos que comprarán cada vez menos todavía con sus mismos ingresos. En Europa, este 2010 ha sido declarado el “año oficial de la lucha contra la pobreza y la exclusión social”; precisamente en el momento en que más se recrudecen los efectos sociales de la crisis con el aumento del desempleo en casi todos los países de la Unión, donde ya se ubica en 80 millones el número de personas bajo el umbral de la pobreza, esto es, que no tienen recursos suficientes para satisfacer una o varias necesidades básicas; con España a la cabeza con un 20% de la población con niveles de pobreza relativa o absoluta.
Las ciudades con los peores cinturones de miseria están ubicadas en el África Sub-sahariana, en el sudeste asiático, en Asia Occidental y en América Latina y el Caribe, según lo indica el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat); un tercio de la población de América Latina y el Caribe vive en vecindarios pobres en las ciudades. Una tercera parte de los más de 900 millones de personas sumidas en la pobreza extrema en el mundo son miembros de comunidades indígenas, víctimas de un legado de discriminación e injusticias históricas, según advierte la ONU en otro informe difundido en enero; el estudio denuncia que los 370 millones de indígenas existentes en el mundo “constituyen una parte desproporcionada de la población pobre, analfabeta y desempleada” del planeta. Así, la manifiesta incapacidad de los gobiernos reunidos en el G-20 ante dichas “libres fuerzas del mercado”, deja ver que la misma economía seguirá afectada justo por falta de consumo causada por la pobreza, que seguirá creciendo.
5 de julio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 11 de julio de 2010)
El Otoño del Imperio
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miércoles, 10 de marzo de 2010
La Crisis Económica aún no ha Terminado
Jesús Hernández Garibay
Del primero al cinco de marzo último se llevó a cabo en La Habana, Cuba, el XII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo. El evento reunió alrededor de mil 500 estudiosos de unos 40 países: economistas, sociólogos, politólogos, juristas, escritores, periodistas, funcionarios de organismos regionales e internacionales, empresarios, cooperativistas y dirigentes de fuerzas políticas y movimientos sociales, provenientes de diferentes escuelas de pensamiento y de todo el orbe, lo que permitió analizar desde diferentes miradas las problemáticas más acuciantes de la economía y de manera particular la crisis económica global en sus causas estructurales, sus manifestaciones, interrelaciones y posibles salidas, tras su estallido en la década que termina.
Al respecto, el encuentro abrió sus puertas a temas tales como la dimensión social de la crisis con especial énfasis en la situación del desempleo, la naturaleza de la recesión, la relación entre medio ambiente y desarrollo sostenible, así como la integración ante los Tratados de Libre Comercio. En cuanto al tema de la cultura, en el evento se habló también sobre el papel del arte y de la literatura en el desarrollo y el impacto de la crisis en el cine, la plástica y la música; a la vez, debatió sobre los efectos económicos del cambio climático en los países subdesarrollados y las medidas para enfrentarlos, así como sobre la urgencia de avanzar hacia un desarrollo sostenible en el marco de la globalización actual y el papel de las nuevas tecnologías para lograr este objetivo. Todo ello, en momentos en que se estima que existen ya en el mundo entre 250 y 300 millones más de pobres.
José Juan Ortiz Brú, representante de la UNICEF en Cuba, recordaba en el evento que en un solo día fallecen 18 mil niños porque no les garantizaron dos litros de agua, 65 gramos de azúcar y 45 de sal, pues con solo eso se cura una diarrea, causa de muertes inconcebibles. Precisaba además que en estos tiempos el 15% de la población del mundo consume el 60% de los recursos; algo que se hace necesario confrontar, pues, decía, “desgraciadamente no se implementan políticas globales para distribuir de modo más equitativo. Todo está organizado para que los que tienen sigan teniendo y los que no tienen, no tengan nunca…” Una visión importante ésta, en momentos en que a diferencia de las consideraciones oficiales que hablan de la crisis como algo ya del pasado, se reafirman otros puntos de vista que advierten que la verdadera crisis empezará a mediados de 2010 y que durante el periodo 2010-2012 el nivel de la caída “será brutal, terrible…”, con economías que sufrirán muchísimo tal vez hasta el periodo del 2018 al 2020.
La seriedad del encuentro en Cuba fue avalada por la presencia de los Premios Nobel de Economía Robert Mundell (1999) y Robert Ingle (2003), así como expertos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, delegados del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), el Banco del Sur del ALBA, siete ministros de Economía y Finanzas, y presidentes de Bancos Centrales, representantes de la Organización Mundial de Comercio (OMC), así como de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), entre otros. Al destacar que una de las características de la crisis actual es la destrucción de las fuerzas productivas, el experimentado economista cubano Osvaldo Martínez indicaba de su parte: “Este es un capitalismo de edad avanzada, con una solución lenta y larga…”
(8 de marzo de 2010)
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de marzo de 2010)
El otoño del imperio
Del primero al cinco de marzo último se llevó a cabo en La Habana, Cuba, el XII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo. El evento reunió alrededor de mil 500 estudiosos de unos 40 países: economistas, sociólogos, politólogos, juristas, escritores, periodistas, funcionarios de organismos regionales e internacionales, empresarios, cooperativistas y dirigentes de fuerzas políticas y movimientos sociales, provenientes de diferentes escuelas de pensamiento y de todo el orbe, lo que permitió analizar desde diferentes miradas las problemáticas más acuciantes de la economía y de manera particular la crisis económica global en sus causas estructurales, sus manifestaciones, interrelaciones y posibles salidas, tras su estallido en la década que termina.
Al respecto, el encuentro abrió sus puertas a temas tales como la dimensión social de la crisis con especial énfasis en la situación del desempleo, la naturaleza de la recesión, la relación entre medio ambiente y desarrollo sostenible, así como la integración ante los Tratados de Libre Comercio. En cuanto al tema de la cultura, en el evento se habló también sobre el papel del arte y de la literatura en el desarrollo y el impacto de la crisis en el cine, la plástica y la música; a la vez, debatió sobre los efectos económicos del cambio climático en los países subdesarrollados y las medidas para enfrentarlos, así como sobre la urgencia de avanzar hacia un desarrollo sostenible en el marco de la globalización actual y el papel de las nuevas tecnologías para lograr este objetivo. Todo ello, en momentos en que se estima que existen ya en el mundo entre 250 y 300 millones más de pobres.
José Juan Ortiz Brú, representante de la UNICEF en Cuba, recordaba en el evento que en un solo día fallecen 18 mil niños porque no les garantizaron dos litros de agua, 65 gramos de azúcar y 45 de sal, pues con solo eso se cura una diarrea, causa de muertes inconcebibles. Precisaba además que en estos tiempos el 15% de la población del mundo consume el 60% de los recursos; algo que se hace necesario confrontar, pues, decía, “desgraciadamente no se implementan políticas globales para distribuir de modo más equitativo. Todo está organizado para que los que tienen sigan teniendo y los que no tienen, no tengan nunca…” Una visión importante ésta, en momentos en que a diferencia de las consideraciones oficiales que hablan de la crisis como algo ya del pasado, se reafirman otros puntos de vista que advierten que la verdadera crisis empezará a mediados de 2010 y que durante el periodo 2010-2012 el nivel de la caída “será brutal, terrible…”, con economías que sufrirán muchísimo tal vez hasta el periodo del 2018 al 2020.
La seriedad del encuentro en Cuba fue avalada por la presencia de los Premios Nobel de Economía Robert Mundell (1999) y Robert Ingle (2003), así como expertos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, delegados del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), el Banco del Sur del ALBA, siete ministros de Economía y Finanzas, y presidentes de Bancos Centrales, representantes de la Organización Mundial de Comercio (OMC), así como de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), entre otros. Al destacar que una de las características de la crisis actual es la destrucción de las fuerzas productivas, el experimentado economista cubano Osvaldo Martínez indicaba de su parte: “Este es un capitalismo de edad avanzada, con una solución lenta y larga…”
(8 de marzo de 2010)
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de marzo de 2010)
El otoño del imperio
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