Jesús Hernández Garibay
El intento de asesinato de la congresista por Arizona, Gabrielle Giffords, quien recibiera un disparo en la cabeza el pasado día sábado 8 de enero, cuando se disponía a reunirse con votantes, es una muestra del alcance que comienza a tener el clima de tensión política en la Unión Americana; en el ataque, perpetrado por un joven radical que, según pueril opinión, “padece problemas mentales”, murió un juez federal y otras cinco personas, mientras 14 resultaron heridas. La representante por el Partido Demócrata, había sido ya señalada en un sitio de Internet como un “blanco” a quien había que afrentar por su postura política en favor del presidente Obama, por parte de la ex-candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos, la republicana Sarah Palin, quien encabeza el llamado grupo “Tea Party”, especie de legión de ultraderecha opuesta a la presidencia del actual mandatario.
Giffords iniciaba un mitin dentro del programa promovido por legisladores afectos al presidente, denominado “el Congreso en las Esquinas” (Congress on the Corner), sobre temas candentes de la difícil situación económica y social en ese país; la legisladora había sido criticada por el “Tea Party” y otros sectores ultraconservadores de la escena política por causa de su apoyo a la reforma al sistema de salud y el día que ésta fue aprobada en la Cámara de Representantes, su oficina fue objeto de un ataque vandálico. Como se recuerda, en la nueva composición de la Cámara resultado de las elecciones de noviembre, justamente miembros de dicho grupo habían ya declarado que promoverían una nueva votación en el Congreso, para echar atrás esa reforma, a la cual acusan de “socialista”; tanto como a la propia intención de su “marxista” promotor de: “Obamunismo”.
Obama, de hecho, tendrá que enfrentar en las próximas semanas y meses una agenda cargada de acciones contrarias a su política, que intentará sembrar un Congreso ahora desfavorable a él, en el que miembros del Tea Party se han logrado colar. De su parte, en su afán por disminuir las presiones de derecha el presidente ha tratado de hacer concesiones y ha hecho llamados a los republicanos a que trabajen con él para revitalizar la economía, en lugar de caer en la tentación de buscar ventajas para los comicios presidenciales de 2012. A la vez, ha prometido que este año buscará tender puentes hacia dicha oposición, una táctica que a finales de 2010 le consiguió la aprobación de medidas como el nuevo tratado START de desarme nuclear con Rusia; tal vez por ello es que ahora se propone, en los cambios del nuevo año hechos a su gabinete, nombrar a William Daley, en el pasado un alto ejecutivo en la megaempresa financiera JP Morgan, como jefe de gabinete.
Y mientras Obama prepara el terreno para intentar llevar adelante planes de gobierno que incluyen la reforma educativa, tratados de libre comercio pendientes o una reforma migratoria, entre otros, el ambiente de la calle es ahora muy ríspido. El joven atacante, al que algunos compañeros refieren también como un “izquierdista radical”, forma parte de un complejo escenario en el que la pregunta: “¿Es Esto el Fin de Norteamérica?”, es cosa de todos los días. Y en el que algunos analistas tanto desde la izquierda como desde la derecha ya pronostican “disturbios en las calles...” y hasta tal vez una ley marcial, ejecutada por las fuerzas armadas, como resultado de una crisis que se ha convertido en amenaza “para nuestra propia forma de vida…”; por lo que el deseo de más de uno es, dicen: “revertir el actual descenso hacia al Infierno…”
10 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 16 de enero de 2011)
El Otoño del Imperio
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lunes, 10 de enero de 2011
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Las Razones de la Derrota Demócrata
Jesús Hernández Garibay
La derrota demócrata, a manos de un movimiento popular conservador que se expresa a través del Partido Republicano y provoca la conquista por éste de importantes espacios legislativos, es una lección para el mundo acerca de lo frágil que pueden ser las perspectivas en busca de mejores tiempos globales, desde Estados Unidos. Los resultados finales de la jornada electoral del 2 de noviembre último son también una lección para Barack Obama mismo, acerca de la importancia que tenía el haberse mantenido en su primer periodo de gobierno cercano a los electores que lo favorecieron; a la vez sin embargo, si bien es una evidencia sobre los límites actuales, es también un indicador acerca de los alcances que puede implicar ello para un verdadero cambio en el panorama político de la Unión Americana.
Como se recuerda, el complejo escenario estadounidense de principios del nuevo siglo incluye una severa crisis económica como no había sido advertida desde los años treinta del siglo anterior; una crisis que afecta en todos los sentidos tanto a las empresas que por miles nacen, crecen y sucumben a manos de una despiadada competencia en la que los grandes se tragan sin más a los pequeños, como para los consumidores que no logran la suficiente estabilidad para mantener un status familiar, en medio del insoluble desempleo, del creciente empobrecimiento y del agotamiento del crédito como un recurso viable para sus necesidades. Una crisis que fuerza a buscar en el gasto armamentista, con todas las implicaciones guerreristas de ello, opciones para contrarrestar el declive en el ámbito planetario, y que a mucha gente le plantea también las salidas falsas de la delincuencia y la drogadicción.
El movimiento de derecha que propina en los comicios “una paliza”, así lo decía el mandatario estadounidense, a sus pretensiones por modificar el escenario político nacional y global, responde en lo fundamental al desaliento de esa gente cansada de promesas por no advertir mayores avances en su seguridad familiar (en lo educativo, en una mejor vivienda, en un empleo más estable…) El llamado Tea Party (siendo aprovechado ahora en forma oportunista por políticos ultraconservadores para mejorar sus espacios particulares), de origen nace con fuertes críticas hacia todo lo que suene a “gobierno”, como los “despilfarros” administrativos, o la intervención en sectores de la economía o la sanidad, o los recortes de impuestos; e irrumpe exigiendo mayor austeridad en el gasto y una menor intervención estatal, lo que también incluye críticas al gobierno de George W. Bush.
Por las características del nuevo presidente, negro, con aire musulmán e ideas renovadas que proponen apoyos más sustanciales a la gente más empobrecida, ese ultraconservadurismo ―proveniente tanto del “reaganomics” (política económica de Ronald Reagan) como de las políticas neoliberales de la Era Bush, con su ramplón anticomunismo que ahora ve en Obama un peligro “socialista”―, busca en esencia descarrilar el carro de cualquier intento por seguir construyendo un país distinto; o como decía una de las estrellas del Tea Party, Rand Paul (senador por Kentucky), su objetivo es “devolver el gobierno al pueblo”.
No obstante lo anterior, lo que es cierto es que tanto aquél como específicamente el popular que llevó a Obama a la presidencia son parte de un movimiento diverso con lazos comunes y comunicantes, que si bien hoy se encuentra dividido y paralizado, sin salidas fáciles, más temprano que tarde encontrará en el regreso a los orígenes que le dieron vida, el camino para continuar abonando en socorro de una historia nueva.
10 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio
La derrota demócrata, a manos de un movimiento popular conservador que se expresa a través del Partido Republicano y provoca la conquista por éste de importantes espacios legislativos, es una lección para el mundo acerca de lo frágil que pueden ser las perspectivas en busca de mejores tiempos globales, desde Estados Unidos. Los resultados finales de la jornada electoral del 2 de noviembre último son también una lección para Barack Obama mismo, acerca de la importancia que tenía el haberse mantenido en su primer periodo de gobierno cercano a los electores que lo favorecieron; a la vez sin embargo, si bien es una evidencia sobre los límites actuales, es también un indicador acerca de los alcances que puede implicar ello para un verdadero cambio en el panorama político de la Unión Americana.
Como se recuerda, el complejo escenario estadounidense de principios del nuevo siglo incluye una severa crisis económica como no había sido advertida desde los años treinta del siglo anterior; una crisis que afecta en todos los sentidos tanto a las empresas que por miles nacen, crecen y sucumben a manos de una despiadada competencia en la que los grandes se tragan sin más a los pequeños, como para los consumidores que no logran la suficiente estabilidad para mantener un status familiar, en medio del insoluble desempleo, del creciente empobrecimiento y del agotamiento del crédito como un recurso viable para sus necesidades. Una crisis que fuerza a buscar en el gasto armamentista, con todas las implicaciones guerreristas de ello, opciones para contrarrestar el declive en el ámbito planetario, y que a mucha gente le plantea también las salidas falsas de la delincuencia y la drogadicción.
El movimiento de derecha que propina en los comicios “una paliza”, así lo decía el mandatario estadounidense, a sus pretensiones por modificar el escenario político nacional y global, responde en lo fundamental al desaliento de esa gente cansada de promesas por no advertir mayores avances en su seguridad familiar (en lo educativo, en una mejor vivienda, en un empleo más estable…) El llamado Tea Party (siendo aprovechado ahora en forma oportunista por políticos ultraconservadores para mejorar sus espacios particulares), de origen nace con fuertes críticas hacia todo lo que suene a “gobierno”, como los “despilfarros” administrativos, o la intervención en sectores de la economía o la sanidad, o los recortes de impuestos; e irrumpe exigiendo mayor austeridad en el gasto y una menor intervención estatal, lo que también incluye críticas al gobierno de George W. Bush.
Por las características del nuevo presidente, negro, con aire musulmán e ideas renovadas que proponen apoyos más sustanciales a la gente más empobrecida, ese ultraconservadurismo ―proveniente tanto del “reaganomics” (política económica de Ronald Reagan) como de las políticas neoliberales de la Era Bush, con su ramplón anticomunismo que ahora ve en Obama un peligro “socialista”―, busca en esencia descarrilar el carro de cualquier intento por seguir construyendo un país distinto; o como decía una de las estrellas del Tea Party, Rand Paul (senador por Kentucky), su objetivo es “devolver el gobierno al pueblo”.
No obstante lo anterior, lo que es cierto es que tanto aquél como específicamente el popular que llevó a Obama a la presidencia son parte de un movimiento diverso con lazos comunes y comunicantes, que si bien hoy se encuentra dividido y paralizado, sin salidas fáciles, más temprano que tarde encontrará en el regreso a los orígenes que le dieron vida, el camino para continuar abonando en socorro de una historia nueva.
10 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio
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miércoles, 3 de noviembre de 2010
Las Elecciones Intermedias en Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
En una esperada jornada que promete un nuevo giro en el de por sí complejo panorama político de Estados Unidos, el ultraconservadurismo y sus variantes derechistas, racistas, anticomunistas y antimusulmanas, defensoras a ultranza del llamado mercado libre, este 2 de noviembre, en las elecciones intermedias en las que se jugaba la mayoría en el Senado, la Cámara de Representantes y las gubernaturas de la Unión Americana, propinó lo que se califica como un duro descalabro a los sueños de “cambio” del presidente Barack Obama y antecedente importante para atajar sus intenciones de un segundo periodo presidencial. En estos comicios serían renovados 435 escaños de la Cámara y 37 de los 100 del Senado, así como 37 gubernaturas y numerosos congresos locales.
A través del Partido Republicano, dicho movimiento ultraconservador que nace encabezado por quienes se autodenominan el “Partido del Té” (“Tea Party”), propina una categórica derrota al Partido Demócrata en la Cámara baja, con 240 republicanos ganadores (55%), frente a 184 demócratas y aun 11 no decididos hasta las primeras horas del 3 de noviembre (la composición de la Cámara era antes de estos comicios, de 235 demócratas (56%) y 199 republicanos, resultado de la elección de 2008). Con toda fortuna para la agenda política de Obama, en el Senado los demócratas mantienen su ventaja al menos con el mínimo 51% de las curules, mientras que en la carrera por las gubernaturas los republicanos arrancan también a los demócratas la delantera con una ventaja de 2 a 1.
Un indudable revés a las aspiraciones de Obama de cambiar la correlación interna de fuerzas por la vía de propuestas como las reformas de salud y financiera (ahora, con el triunfo republicano, a punto de ser regresadas al congelador), o las reformas sobre el cambio ambiental, la inmigración o la educación entre otras a nivel nacional, además de las intenciones por disminuir la tensión bélica mundial, por parte de un movimiento popular ultraconservador que despierta y reacciona frente a los cambios en el mundo, ante un movimiento popular que había llevado a Obama a la Casa Blanca, pero que ahora paralizado y desconcertado deja de votar en favor de los demócratas, que tampoco resultan atractivos por pertenecer a una rancia “clase política”, maleable y sin proyecto de futuro asequible.
Curioso, la gran ganadora de los comicios resulta ser Sarah Palin, la ex-candidata republicana a la vice-presidencia en las pasadas elecciones, quien en un singular activismo por todo el país respaldó a 43 candidatos para la Cámara, de los que al menos 30 ganaron un escaño, mientras que para el Senado apoyó a 12 candidatos, de los que ganan 7. Esto la deja en condiciones de buscar de nuevo la nominación presidencial republicana para el 2012, una gran oportunidad de llevar adelante su agenda ultramontana como un miembro destacado que es de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), y quien siempre apoyó la invasión a Irak al opinar que EUA enviaba ahí soldados, como “una misión de Dios”.
El presidente Barack Obama de su parte, vilipendiado por la derecha, malentendido por la izquierda y, como alguien decía, “abandonado por el centro”, a quien los electores acusan de no resolver la recesión económica y el desempleo, al menos por ahora acepta, de acuerdo con una entrevista de Peter Baker, que descuidó la “inspiración” una vez que fue electo, al no haberse mantenido “conectado” con la gente que lo colocó en el cargo; algo que esta gente comienza a considerar igual: que no debió abandonarlo tampoco.
3 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 7 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio
En una esperada jornada que promete un nuevo giro en el de por sí complejo panorama político de Estados Unidos, el ultraconservadurismo y sus variantes derechistas, racistas, anticomunistas y antimusulmanas, defensoras a ultranza del llamado mercado libre, este 2 de noviembre, en las elecciones intermedias en las que se jugaba la mayoría en el Senado, la Cámara de Representantes y las gubernaturas de la Unión Americana, propinó lo que se califica como un duro descalabro a los sueños de “cambio” del presidente Barack Obama y antecedente importante para atajar sus intenciones de un segundo periodo presidencial. En estos comicios serían renovados 435 escaños de la Cámara y 37 de los 100 del Senado, así como 37 gubernaturas y numerosos congresos locales.
A través del Partido Republicano, dicho movimiento ultraconservador que nace encabezado por quienes se autodenominan el “Partido del Té” (“Tea Party”), propina una categórica derrota al Partido Demócrata en la Cámara baja, con 240 republicanos ganadores (55%), frente a 184 demócratas y aun 11 no decididos hasta las primeras horas del 3 de noviembre (la composición de la Cámara era antes de estos comicios, de 235 demócratas (56%) y 199 republicanos, resultado de la elección de 2008). Con toda fortuna para la agenda política de Obama, en el Senado los demócratas mantienen su ventaja al menos con el mínimo 51% de las curules, mientras que en la carrera por las gubernaturas los republicanos arrancan también a los demócratas la delantera con una ventaja de 2 a 1.
Un indudable revés a las aspiraciones de Obama de cambiar la correlación interna de fuerzas por la vía de propuestas como las reformas de salud y financiera (ahora, con el triunfo republicano, a punto de ser regresadas al congelador), o las reformas sobre el cambio ambiental, la inmigración o la educación entre otras a nivel nacional, además de las intenciones por disminuir la tensión bélica mundial, por parte de un movimiento popular ultraconservador que despierta y reacciona frente a los cambios en el mundo, ante un movimiento popular que había llevado a Obama a la Casa Blanca, pero que ahora paralizado y desconcertado deja de votar en favor de los demócratas, que tampoco resultan atractivos por pertenecer a una rancia “clase política”, maleable y sin proyecto de futuro asequible.
Curioso, la gran ganadora de los comicios resulta ser Sarah Palin, la ex-candidata republicana a la vice-presidencia en las pasadas elecciones, quien en un singular activismo por todo el país respaldó a 43 candidatos para la Cámara, de los que al menos 30 ganaron un escaño, mientras que para el Senado apoyó a 12 candidatos, de los que ganan 7. Esto la deja en condiciones de buscar de nuevo la nominación presidencial republicana para el 2012, una gran oportunidad de llevar adelante su agenda ultramontana como un miembro destacado que es de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), y quien siempre apoyó la invasión a Irak al opinar que EUA enviaba ahí soldados, como “una misión de Dios”.
El presidente Barack Obama de su parte, vilipendiado por la derecha, malentendido por la izquierda y, como alguien decía, “abandonado por el centro”, a quien los electores acusan de no resolver la recesión económica y el desempleo, al menos por ahora acepta, de acuerdo con una entrevista de Peter Baker, que descuidó la “inspiración” una vez que fue electo, al no haberse mantenido “conectado” con la gente que lo colocó en el cargo; algo que esta gente comienza a considerar igual: que no debió abandonarlo tampoco.
3 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 7 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio
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