Jesús Hernández Garibay
El enorme derrame de petróleo de la empresa British Petroleum (BP) se convirtió en el más grande de la historia en el Golfo de México, de acuerdo con estimaciones del gobierno de Estados Unidos; un récord sin duda deplorable. El petróleo, que se vierte ya por meses de un pozo averiado a 1,6 kilómetros (1 milla) de la superficie del mar, supera ahora la marca de 530 millones de litros (140 millones de galones) derramados por el pozo Ixtoc I en las costas de México de 1979 a 1980. El desastre ocurrido el pasado 20 de abril tras una fuerte explosión en la plataforma Deepwater Horizon, no sólo desató un incendio y dejó 11 obreros muertos y 17 heridos, sino que además es a la vez ya el desastre ecológico más grande de la historia en la región. Todo causado por los descuidos de un gran corporativo al que más le importan las grandes ganancias que la seguridad de sus operaciones.
El derrame cruza el norte del Golfo de México entre la desembocadura del río Mississippi y Florida; avanza cubriendo gran extensión, amenazando las costas y aguas profundas, además de cancelar la pesca en las zonas afectadas, dañando el frágil hábitat y poniendo a la flora y la fauna en peligro; tras varios intentos por contener el derrame del líquido, éste continuó vertiéndose entre 12 mil y 19 mil barriles diarios, contaminando todo el lecho marino. Desde el principio el gobierno de Obama ofreció su ayuda a la BP, pero el crudo siguió brotando, agravándose por la expansión de la marea negra y la espera de las tormentas tropicales que preveían la formación de los huracanes de la temporada. De su parte, la BP ofreció una compensación a los residentes costeros de hasta 5 mil dólares, a cambio de que renunciaran a su derecho a demandar a la compañía por los daños.
British Petroleum es una empresa importante; en el primer trimestre del 2010 obtuvo ingresos por 73 mil millones de dólares (mdd), de ese monto 72,3 mil mdd surgieron de la exploración, producción, refinación y comercialización de petróleo y gas natural. No obstante, la compañía cuenta con un extenso historial de desastres. En 2005, una explosión en la refinería de petróleo de BP de Texas dejó 15 trabajadores muertos y 170 heridos, por causa de haber ignorado sus propias normas de seguridad. En 2006, 267 mil galones de petróleo crudo se derramaron en la tundra de Prudhoe Bay en Alaska, debido a un agujero en la tubería de la empresa; el derrame no fue descubierto hasta después de cinco días y fue el mayor en la historia de la región. Ante estos desastres, BP ha demostrado una y otra vez que prefiere pagar por sus errores en lugar de tomar medidas para prevenirlos.
La empresa ha pagado 485 millones de dólares en multas tan sólo en los EUA en los últimos cinco años. En octubre de 2009 BP pagó 87,43 millones de dólares a la Administración de Ocupación, Seguridad y Salud (OSHA), la mayor multa en la historia de ese organismo, por la explosión en la refinería de Texas, a la vez que pagó una suma adicional de 50 millones al Departamento de Justicia por lo mismo. La compañía también fue multada por 20 millones dólares por el Departamento de Justicia por el derrame en Prudhoe Bay, que violó la Ley de Agua Limpia. En el 2006, BP realizó un pago multimillonario en libras a los agricultores colombianos tras haber sido acusada de beneficiarse del régimen de terror provocado por los paramilitares, a quiénes contrató para proteger sus 450 millas de tubería. Esta es la forma en cómo BP ―que además resulta hoy el principal abastecedor de combustible para el Ejército estadounidense―, se beneficia de los desastres.
12 de julio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 25 de julio de 2010)
El Otoño del Imperio
lunes, 12 de julio de 2010
La Ley Arizona en Contra de Inmigrantes Ilegales
Jesús Hernández Garibay
El pasado 6 de julio, a sólo 23 días para que entrara en vigor la llamada Ley Arizona en contra de inmigrantes ilegales, el Departamento de Justicia de Estados Unidos, actuando bajo las órdenes del presidente Barack Obama, presentó ante un juez en Phoenix, capital de ese estado, una demanda para suspenderla, alegando que es inconstitucional. El recurso legal se suma a otras demandas en el mismo sentido presentadas por varias organizaciones civiles, a las que ya se fijó fecha para dos audiencias: el 15 y el 22 de julio. Como se recuerda, la Ley SB 1070 aprobada por el Senado de ese estado desde el mes de abril del presente, otorga facultades para detener a cualquier persona, tan solo por sus rasgos físicos; esto es, autoriza a la policía estatal a cuestionar el estatus migratorio de las personas al solicitar a inmigrantes, visitantes y ciudadanos, que muestren sus documentos migratorios cuando sean detenidos por violaciones locales.
La polémica legislación, que ha levantado ámpula en el entorno de Arizona con México y el resto de Latinoamérica, pero a la vez con otras legislaturas como la de California, deberá ser implementada a partir del 29 de julio. La decisión de la ciudad de Los Ángeles de someter una moción ante las cortes de Arizona para que se revierta la ley, es un escollo más en la lista de obstáculos judiciales que podrían impedir que se lleve a cabo dicha legislación. La ley del senado deberá entrar en efecto el próximo 29 de julio, pero el Senado enfrenta unos seis recursos judiciales que desafían la medida. El Consejo de Los Ángeles decidió unirse a la querella que presentó una coalición de organizaciones comunitarias el pasado 17 de mayo y el gobierno de la ciudad decidió someter ante los tribunales de Arizona un documento que sustente la demanda “Friendly House vs. Whiting”, que afirma que la legislación interfiere con la autoridad y el poder federal sobre asuntos migratorios.
De su parte, el principal argumento del Departamento de Justicia advierte que la nueva legislación se contrapone a la política migratoria federal y contradice “el cuidadoso balance de sus prioridades y objetivos”, que consisten en luchar contra la migración ilegal. Además, alega que la Ley Arizona viola la supremacía de la Constitución, “que establece su jerarquía sobre cualquier ley local cuyo contenido sea conflictivo o inconsistente”. Así, dicha demanda se suma a las presentadas también ante un juez en Phoenix, por organizaciones como la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU), el Centro Nacional de Leyes de Inmigración (NILC) o la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (Lulac), entre otras 20 que a la vez han encabezado acciones civiles en más de setenta ciudades de Estados Unidos y un creciente boicot de varias ciudades y organizaciones contra Arizona.
De acuerdo con lo anunciado por funcionarios del gobierno de Arizona, la gobernadora Jan Brewer, ferviente defensora de la ley, ha recibido sin solicitarlo previamente, decenas de miles de dólares de parte de individuos en más de 40 estados de EUA “para sufragar los costos asociados con las potenciales demandas judiciales en contra de los ciudadanos de Arizona”. La gobernadora ha mencionado que Arizona se encuentra bajo el ataque de los narcotraficantes y de los polleros que trafican con ilegales; lo cierto es que, independientemente de los aspectos criminales vinculados al caso, es el desempleo creciente aquello de lo que más preocupa a las capas medias estadounidenses, que ven a los inmigrantes como peligros que amenazan sus cada día más disminuidas posibilidades de encontrar trabajo.
12 de julio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 18 de julio de 2010)
El Otoño del Imperio
El pasado 6 de julio, a sólo 23 días para que entrara en vigor la llamada Ley Arizona en contra de inmigrantes ilegales, el Departamento de Justicia de Estados Unidos, actuando bajo las órdenes del presidente Barack Obama, presentó ante un juez en Phoenix, capital de ese estado, una demanda para suspenderla, alegando que es inconstitucional. El recurso legal se suma a otras demandas en el mismo sentido presentadas por varias organizaciones civiles, a las que ya se fijó fecha para dos audiencias: el 15 y el 22 de julio. Como se recuerda, la Ley SB 1070 aprobada por el Senado de ese estado desde el mes de abril del presente, otorga facultades para detener a cualquier persona, tan solo por sus rasgos físicos; esto es, autoriza a la policía estatal a cuestionar el estatus migratorio de las personas al solicitar a inmigrantes, visitantes y ciudadanos, que muestren sus documentos migratorios cuando sean detenidos por violaciones locales.
La polémica legislación, que ha levantado ámpula en el entorno de Arizona con México y el resto de Latinoamérica, pero a la vez con otras legislaturas como la de California, deberá ser implementada a partir del 29 de julio. La decisión de la ciudad de Los Ángeles de someter una moción ante las cortes de Arizona para que se revierta la ley, es un escollo más en la lista de obstáculos judiciales que podrían impedir que se lleve a cabo dicha legislación. La ley del senado deberá entrar en efecto el próximo 29 de julio, pero el Senado enfrenta unos seis recursos judiciales que desafían la medida. El Consejo de Los Ángeles decidió unirse a la querella que presentó una coalición de organizaciones comunitarias el pasado 17 de mayo y el gobierno de la ciudad decidió someter ante los tribunales de Arizona un documento que sustente la demanda “Friendly House vs. Whiting”, que afirma que la legislación interfiere con la autoridad y el poder federal sobre asuntos migratorios.
De su parte, el principal argumento del Departamento de Justicia advierte que la nueva legislación se contrapone a la política migratoria federal y contradice “el cuidadoso balance de sus prioridades y objetivos”, que consisten en luchar contra la migración ilegal. Además, alega que la Ley Arizona viola la supremacía de la Constitución, “que establece su jerarquía sobre cualquier ley local cuyo contenido sea conflictivo o inconsistente”. Así, dicha demanda se suma a las presentadas también ante un juez en Phoenix, por organizaciones como la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU), el Centro Nacional de Leyes de Inmigración (NILC) o la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (Lulac), entre otras 20 que a la vez han encabezado acciones civiles en más de setenta ciudades de Estados Unidos y un creciente boicot de varias ciudades y organizaciones contra Arizona.
De acuerdo con lo anunciado por funcionarios del gobierno de Arizona, la gobernadora Jan Brewer, ferviente defensora de la ley, ha recibido sin solicitarlo previamente, decenas de miles de dólares de parte de individuos en más de 40 estados de EUA “para sufragar los costos asociados con las potenciales demandas judiciales en contra de los ciudadanos de Arizona”. La gobernadora ha mencionado que Arizona se encuentra bajo el ataque de los narcotraficantes y de los polleros que trafican con ilegales; lo cierto es que, independientemente de los aspectos criminales vinculados al caso, es el desempleo creciente aquello de lo que más preocupa a las capas medias estadounidenses, que ven a los inmigrantes como peligros que amenazan sus cada día más disminuidas posibilidades de encontrar trabajo.
12 de julio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 18 de julio de 2010)
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lunes, 5 de julio de 2010
Sin Solución a la Vista, la Pobreza en el Mundo
Jesús Hernández Garibay
Luego que los líderes de las veinte economías más ricas y las llamadas “emergentes” (Grupo de los 20 ó G-20, que hoy representa al 85% de las economías del mundo) fracasaron en su intento por acordar ―hace dos semanas en Toronto, Canadá― mecanismos comunes para hacer frente a los estragos de la debacle financiera que estallara en Wall Street en el otoño del 2008, llamando solamente a reducir a la mitad los déficits presupuestarios para 2013, sin fijar una resolución única y concreta sobre la aplicación de una tasa a los bancos para hacer frente a la crisis (dejando la decisión de todo ello en manos de cada Estado, sin mayores acuerdos unitarios internacionales), la esperanza de mejores tiempos en el mundo en general para las grandes mayorías y en particular para los más afectados por la desigualdad social, se desvanece todavía más.
El comunicado de la cumbre de Toronto del 26 y 27 de junio, un documento de 26 páginas con 48 puntos y dos anexos, evidencia el desacuerdo en una cumbre que, a diferencia de las convocadas anteriormente, bendice la decisión de que cada Gobierno vaya por su camino para fomentar el “necesario crecimiento”. Es decir, contrario a lo que se había tratado de hacer para lograr coordinar una estrategia común ante la crisis, sin acuerdo tampoco en materia financiera, pues todo lo relativo al asunto de la estructura del capital de la banca queda para la cumbre de Seúl en noviembre, al final, se deja a las “libres fuerzas del mercado” seguir actuando incólumes y establecer sus propias reglas, por cierto las dictadas por la descarnada y desigual competencia de los tiburones frente a los pececillos.
Dejar que cada quien establezca sus medidas para hacer frente a los problemas, sólo permite prever que el empobrecimiento mundial será mayor, desde las pequeñas empresas que estarán casi paralizadas en sus precarias inversiones, hasta la población de menos recursos que comprarán cada vez menos todavía con sus mismos ingresos. En Europa, este 2010 ha sido declarado el “año oficial de la lucha contra la pobreza y la exclusión social”; precisamente en el momento en que más se recrudecen los efectos sociales de la crisis con el aumento del desempleo en casi todos los países de la Unión, donde ya se ubica en 80 millones el número de personas bajo el umbral de la pobreza, esto es, que no tienen recursos suficientes para satisfacer una o varias necesidades básicas; con España a la cabeza con un 20% de la población con niveles de pobreza relativa o absoluta.
Las ciudades con los peores cinturones de miseria están ubicadas en el África Sub-sahariana, en el sudeste asiático, en Asia Occidental y en América Latina y el Caribe, según lo indica el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat); un tercio de la población de América Latina y el Caribe vive en vecindarios pobres en las ciudades. Una tercera parte de los más de 900 millones de personas sumidas en la pobreza extrema en el mundo son miembros de comunidades indígenas, víctimas de un legado de discriminación e injusticias históricas, según advierte la ONU en otro informe difundido en enero; el estudio denuncia que los 370 millones de indígenas existentes en el mundo “constituyen una parte desproporcionada de la población pobre, analfabeta y desempleada” del planeta. Así, la manifiesta incapacidad de los gobiernos reunidos en el G-20 ante dichas “libres fuerzas del mercado”, deja ver que la misma economía seguirá afectada justo por falta de consumo causada por la pobreza, que seguirá creciendo.
5 de julio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 11 de julio de 2010)
El Otoño del Imperio
Luego que los líderes de las veinte economías más ricas y las llamadas “emergentes” (Grupo de los 20 ó G-20, que hoy representa al 85% de las economías del mundo) fracasaron en su intento por acordar ―hace dos semanas en Toronto, Canadá― mecanismos comunes para hacer frente a los estragos de la debacle financiera que estallara en Wall Street en el otoño del 2008, llamando solamente a reducir a la mitad los déficits presupuestarios para 2013, sin fijar una resolución única y concreta sobre la aplicación de una tasa a los bancos para hacer frente a la crisis (dejando la decisión de todo ello en manos de cada Estado, sin mayores acuerdos unitarios internacionales), la esperanza de mejores tiempos en el mundo en general para las grandes mayorías y en particular para los más afectados por la desigualdad social, se desvanece todavía más.
El comunicado de la cumbre de Toronto del 26 y 27 de junio, un documento de 26 páginas con 48 puntos y dos anexos, evidencia el desacuerdo en una cumbre que, a diferencia de las convocadas anteriormente, bendice la decisión de que cada Gobierno vaya por su camino para fomentar el “necesario crecimiento”. Es decir, contrario a lo que se había tratado de hacer para lograr coordinar una estrategia común ante la crisis, sin acuerdo tampoco en materia financiera, pues todo lo relativo al asunto de la estructura del capital de la banca queda para la cumbre de Seúl en noviembre, al final, se deja a las “libres fuerzas del mercado” seguir actuando incólumes y establecer sus propias reglas, por cierto las dictadas por la descarnada y desigual competencia de los tiburones frente a los pececillos.
Dejar que cada quien establezca sus medidas para hacer frente a los problemas, sólo permite prever que el empobrecimiento mundial será mayor, desde las pequeñas empresas que estarán casi paralizadas en sus precarias inversiones, hasta la población de menos recursos que comprarán cada vez menos todavía con sus mismos ingresos. En Europa, este 2010 ha sido declarado el “año oficial de la lucha contra la pobreza y la exclusión social”; precisamente en el momento en que más se recrudecen los efectos sociales de la crisis con el aumento del desempleo en casi todos los países de la Unión, donde ya se ubica en 80 millones el número de personas bajo el umbral de la pobreza, esto es, que no tienen recursos suficientes para satisfacer una o varias necesidades básicas; con España a la cabeza con un 20% de la población con niveles de pobreza relativa o absoluta.
Las ciudades con los peores cinturones de miseria están ubicadas en el África Sub-sahariana, en el sudeste asiático, en Asia Occidental y en América Latina y el Caribe, según lo indica el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat); un tercio de la población de América Latina y el Caribe vive en vecindarios pobres en las ciudades. Una tercera parte de los más de 900 millones de personas sumidas en la pobreza extrema en el mundo son miembros de comunidades indígenas, víctimas de un legado de discriminación e injusticias históricas, según advierte la ONU en otro informe difundido en enero; el estudio denuncia que los 370 millones de indígenas existentes en el mundo “constituyen una parte desproporcionada de la población pobre, analfabeta y desempleada” del planeta. Así, la manifiesta incapacidad de los gobiernos reunidos en el G-20 ante dichas “libres fuerzas del mercado”, deja ver que la misma economía seguirá afectada justo por falta de consumo causada por la pobreza, que seguirá creciendo.
5 de julio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 11 de julio de 2010)
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Nuevos Tropiezos en la Guerra de Afganistán
Jesús Hernández Garibay
Un nuevo incidente en el entorno de la guerra da cuenta del alcance de las contradicciones que vive hoy la presidencia de Barack Obama. En días pasados Stanley McChrystal, hasta entonces comandante de las fuerzas estadounidenses y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Afganistán, fue despedido por el mandatario (oficialmente “renuncia”), luego de darse a conocer un artículo que sería publicado en la revista “Rolling Stone”, donde McChrystal y varios altos integrantes de su equipo hacen comentarios despectivos y hasta de burla de Obama y su equipo de seguridad nacional encargado de la guerra en el país asiático. El hecho forma parte tanto del cúmulo de objeciones que viene sufriendo desde su inicio la presidencia del demócrata por parte de las fuerzas más conservadoras de Estados Unidos, como de las dificultades de la guerra más larga acometida por este país.
De una manera torpe por inusual y ausente de tacto político, en el artículo de la revista McChrystal y su equipo se burlan de la administración Obama como “peleles” de la Casa Blanca; a la vez, califican de “payaso” al asesor de Seguridad Nacional, James Jones y juegan con el nombre del vicepresidente, Joe Biden (“Bite me” o “muérdeme”, en español), acusándolo de mantener dudas sobre la escalada en Afganistán, entre otras brusquedades. En el fondo e independientemente de las diferencias que esos soldados mantienen con sus altos jefes civiles, lo que develan las disconformidades son las dificultades para resolver la guerra y eventual salida de las tropas, de suelo afgano. Como se recuerda, la decisión de Obama de enviar 30 mil soldados adicionales y alcanzar para agosto de este año un despliegue de 150 mil efectivos ahí, enfrenta crecientes cuestionamientos.
A casi nueve años del inicio de la ofensiva estadounidense en Afganistán desde el 7 de octubre de 2001, no se advierte una solución para esa guerra. Luego de dos elecciones en las que Washington alcanza a mantener a su principal aliado Hamid Karzai como presidente, los problemas continúan similares. El incremento de la corrupción en el gobierno y las luchas intestinas entre quienes se resisten a reconocer a una autoridad nacional que los controle, derivan en un escenario de creciente violencia; el año 2009 ha sido el año más sangriento de estos últimos ocho de presencia internacional, en el que se entremezclan diversos actores: los seguidores de Al Qaeda, los insurgentes nacionalistas, las milicias de los “señores de la guerra” y distintas bandas criminales en un río revuelto. Todo ello en el marco del gran negocio internacional del opio y la heroína en que se ha convertido al país.
Desde la derrota del régimen talibán, a finales de 2001, se han realizado seis Conferencias internacionales sobre la situación de Afganistán y en todas ellas se ha repetido la misma frase: “la paz está a la vuelta de la esquina”. En la más reciente llevada a cabo en Londres en enero de este año, se informaba que Karzai ―con el consenso del presidente Obama― invitaría a los “talibanes moderados” a participar en el Gobierno, a través de un “consejo para la reconciliación e integración nacional”. El mismo Henry A. Kissinger, Secretario de Estado de 1973 a 1977, ha planteado que EUA “necesita una estrategia y no una coartada” para salir de ahí apresuradamente, y que la mejor estrategia es un “marco diplomático regional” en el cual se implique a países como China, Rusia, India y Pakistán. Claro, todo ello tal vez conveniente pero improbable para solucionar un conflicto que continuará creando controversias para el gobierno de Obama.
28 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de julio de 2010)
El Otoño del Imperio
Un nuevo incidente en el entorno de la guerra da cuenta del alcance de las contradicciones que vive hoy la presidencia de Barack Obama. En días pasados Stanley McChrystal, hasta entonces comandante de las fuerzas estadounidenses y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Afganistán, fue despedido por el mandatario (oficialmente “renuncia”), luego de darse a conocer un artículo que sería publicado en la revista “Rolling Stone”, donde McChrystal y varios altos integrantes de su equipo hacen comentarios despectivos y hasta de burla de Obama y su equipo de seguridad nacional encargado de la guerra en el país asiático. El hecho forma parte tanto del cúmulo de objeciones que viene sufriendo desde su inicio la presidencia del demócrata por parte de las fuerzas más conservadoras de Estados Unidos, como de las dificultades de la guerra más larga acometida por este país.
De una manera torpe por inusual y ausente de tacto político, en el artículo de la revista McChrystal y su equipo se burlan de la administración Obama como “peleles” de la Casa Blanca; a la vez, califican de “payaso” al asesor de Seguridad Nacional, James Jones y juegan con el nombre del vicepresidente, Joe Biden (“Bite me” o “muérdeme”, en español), acusándolo de mantener dudas sobre la escalada en Afganistán, entre otras brusquedades. En el fondo e independientemente de las diferencias que esos soldados mantienen con sus altos jefes civiles, lo que develan las disconformidades son las dificultades para resolver la guerra y eventual salida de las tropas, de suelo afgano. Como se recuerda, la decisión de Obama de enviar 30 mil soldados adicionales y alcanzar para agosto de este año un despliegue de 150 mil efectivos ahí, enfrenta crecientes cuestionamientos.
A casi nueve años del inicio de la ofensiva estadounidense en Afganistán desde el 7 de octubre de 2001, no se advierte una solución para esa guerra. Luego de dos elecciones en las que Washington alcanza a mantener a su principal aliado Hamid Karzai como presidente, los problemas continúan similares. El incremento de la corrupción en el gobierno y las luchas intestinas entre quienes se resisten a reconocer a una autoridad nacional que los controle, derivan en un escenario de creciente violencia; el año 2009 ha sido el año más sangriento de estos últimos ocho de presencia internacional, en el que se entremezclan diversos actores: los seguidores de Al Qaeda, los insurgentes nacionalistas, las milicias de los “señores de la guerra” y distintas bandas criminales en un río revuelto. Todo ello en el marco del gran negocio internacional del opio y la heroína en que se ha convertido al país.
Desde la derrota del régimen talibán, a finales de 2001, se han realizado seis Conferencias internacionales sobre la situación de Afganistán y en todas ellas se ha repetido la misma frase: “la paz está a la vuelta de la esquina”. En la más reciente llevada a cabo en Londres en enero de este año, se informaba que Karzai ―con el consenso del presidente Obama― invitaría a los “talibanes moderados” a participar en el Gobierno, a través de un “consejo para la reconciliación e integración nacional”. El mismo Henry A. Kissinger, Secretario de Estado de 1973 a 1977, ha planteado que EUA “necesita una estrategia y no una coartada” para salir de ahí apresuradamente, y que la mejor estrategia es un “marco diplomático regional” en el cual se implique a países como China, Rusia, India y Pakistán. Claro, todo ello tal vez conveniente pero improbable para solucionar un conflicto que continuará creando controversias para el gobierno de Obama.
28 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de julio de 2010)
El Otoño del Imperio
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lunes, 21 de junio de 2010
El Fantasma de la Crisis Recorre Europa
Jesús Hernández Garibay
Muy a pesar de la pretensión de que el Campeonato Mundial de Futbol que se lleva a cabo en Sudáfrica, permita remontar al menos en parte la crisis económica internacional con base en el incremento de las ventas millonarias de distintos productos vinculados con la parafernalia del balompié, lo cierto es que el paliativo tanto financiero como psicológico de estas semanas no será suficiente para dejar atrás los efectos de muchos años de depredación de los mercados, donde quienes ganan en verdad son los más grandes. Así, la cruda realidad se impone y se mantiene por ahora en forma evidente y aun latente en zonas geográficas como Europa, donde como en Grecia se revelan graves los problemas, o como en Hungría donde amenazan con seguir el ejemplo trágico de aquel país, o en Portugal donde crece latente el desempleo, o en España donde se convierte en realidad devastadora.
La crisis mundial tomó a Grecia en mala posición; como el país más endeudado de la eurozona, con un déficit presupuestario diez puntos por encima del umbral estipulado por el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea (UE), desde el año pasado pero sobre todo a principios de éste atraviesa una crisis sin precedente, que suscita gran nerviosismo en los mercados y pone en entredicho la fortaleza unionista. Su balanza de pagos muestra gran debilidad y sus finanzas públicas colapsan; la deuda pública de Grecia alcanzó en 2009 ni más ni menos que el 115,1% de su Producto Interno Bruto (PIB). A raíz de ello, el gobierno de Giorgos Papandreou monta un plan de austeridad para reducir el déficit, que incluye medidas impopulares como el congelamiento de las jubilaciones y los recortes salariales a los empleados públicos; hecho que, desde luego, provoca grandes huelgas y movilizaciones.
Pero el fantasma de la crisis amenaza también a otros países, como Hungría, cuyos mercados reaccionan con gran virulencia al hecho de que su gobierno haya reconocido que falseó sus datos económicos en los últimos años y que su situación es “muy grave”; el endeudamiento público de Hungría, un candidato a entrar en la zona euro, representó el 78,3% de su PIB en 2009. No por menos es que la UE ha aprobado un plan de ayuda financiera hasta de 997 mil millones de dólares (mdd), para crear un mecanismo de garantías y avales para gobiernos con dificultades de pago. Un monto inédito, pues tan sólo el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa al término de la Segunda Guerra Mundial implicó recursos por 17 mil 600 mdd, que a valor actual serían 120 mil mdd (cálculo de la Hoover Institution, de la Universidad de Stanford). Así, el paquete puesto sobre la mesa por gobiernos europeos equivale a 7.6 planes Marshall.
Varios analistas y economistas señalan también a Portugal, el país más pobre en la zona euro, con una deuda pública del 80% del PIB, como el siguiente país que tendrá problemas. Y muy cerca del mismo sitúan a España, cuyos bancos se convirtieron en el pasado mes de mayo en los principales demandantes de crédito al Banco Central Europeo. Un alto funcionario del BBVA, el segundo banco de España después del Santander, lo decía de una manera cruda: “Los mercados financieros han retirado su confianza en nuestro país. Para la mayoría de empresas y entidades españolas, los mercados internacionales de capitales están cerrados”; una situación de emergencia que se vive en medio de la especulación desenfrenada en el sector inmobiliario y un mercado de trabajo en el que más del 33% de los trabajadores tienen un empleo precario y el 19% (casi 4,5 millones) están desocupados.
21 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de junio de 2010)
El Otoño del Imperio
Muy a pesar de la pretensión de que el Campeonato Mundial de Futbol que se lleva a cabo en Sudáfrica, permita remontar al menos en parte la crisis económica internacional con base en el incremento de las ventas millonarias de distintos productos vinculados con la parafernalia del balompié, lo cierto es que el paliativo tanto financiero como psicológico de estas semanas no será suficiente para dejar atrás los efectos de muchos años de depredación de los mercados, donde quienes ganan en verdad son los más grandes. Así, la cruda realidad se impone y se mantiene por ahora en forma evidente y aun latente en zonas geográficas como Europa, donde como en Grecia se revelan graves los problemas, o como en Hungría donde amenazan con seguir el ejemplo trágico de aquel país, o en Portugal donde crece latente el desempleo, o en España donde se convierte en realidad devastadora.
La crisis mundial tomó a Grecia en mala posición; como el país más endeudado de la eurozona, con un déficit presupuestario diez puntos por encima del umbral estipulado por el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea (UE), desde el año pasado pero sobre todo a principios de éste atraviesa una crisis sin precedente, que suscita gran nerviosismo en los mercados y pone en entredicho la fortaleza unionista. Su balanza de pagos muestra gran debilidad y sus finanzas públicas colapsan; la deuda pública de Grecia alcanzó en 2009 ni más ni menos que el 115,1% de su Producto Interno Bruto (PIB). A raíz de ello, el gobierno de Giorgos Papandreou monta un plan de austeridad para reducir el déficit, que incluye medidas impopulares como el congelamiento de las jubilaciones y los recortes salariales a los empleados públicos; hecho que, desde luego, provoca grandes huelgas y movilizaciones.
Pero el fantasma de la crisis amenaza también a otros países, como Hungría, cuyos mercados reaccionan con gran virulencia al hecho de que su gobierno haya reconocido que falseó sus datos económicos en los últimos años y que su situación es “muy grave”; el endeudamiento público de Hungría, un candidato a entrar en la zona euro, representó el 78,3% de su PIB en 2009. No por menos es que la UE ha aprobado un plan de ayuda financiera hasta de 997 mil millones de dólares (mdd), para crear un mecanismo de garantías y avales para gobiernos con dificultades de pago. Un monto inédito, pues tan sólo el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa al término de la Segunda Guerra Mundial implicó recursos por 17 mil 600 mdd, que a valor actual serían 120 mil mdd (cálculo de la Hoover Institution, de la Universidad de Stanford). Así, el paquete puesto sobre la mesa por gobiernos europeos equivale a 7.6 planes Marshall.
Varios analistas y economistas señalan también a Portugal, el país más pobre en la zona euro, con una deuda pública del 80% del PIB, como el siguiente país que tendrá problemas. Y muy cerca del mismo sitúan a España, cuyos bancos se convirtieron en el pasado mes de mayo en los principales demandantes de crédito al Banco Central Europeo. Un alto funcionario del BBVA, el segundo banco de España después del Santander, lo decía de una manera cruda: “Los mercados financieros han retirado su confianza en nuestro país. Para la mayoría de empresas y entidades españolas, los mercados internacionales de capitales están cerrados”; una situación de emergencia que se vive en medio de la especulación desenfrenada en el sector inmobiliario y un mercado de trabajo en el que más del 33% de los trabajadores tienen un empleo precario y el 19% (casi 4,5 millones) están desocupados.
21 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de junio de 2010)
El Otoño del Imperio
jueves, 17 de junio de 2010
El Mundial de Sudáfrica, entre la Celebración y el Negocio
Jesús Hernández Garibay
Iniciado el Campeonato Mundial de Futbol 2010, más allá de la parafernalia de la que en estos días se baña al mundo, vale recordar brevemente dos asuntos que hoy se juegan en Sudáfrica. El primero y esencial es la celebración de una fiesta distintiva del deporte en el entorno de un maravilloso país como ese, liberado ahora de la impudicia del apartheid, un inhumano sistema de segregación racial del cual se beneficiaron sobre todo colonizadores ingleses, en contra de quienes sus esclavos negros por muchos años lucharon a costa de sangre y cárcel, y cuyo icono más reconocido en esa larga lucha es Nelson Mandela. El segundo asunto es el de los colosales negocios alrededor del preciado evento, que compite con el gran negocio del oro, la plata y los diamantes que durante el siglo XX empobreció a sus trabajadores, y que ahora en el XXI, no obstante lo esperable, los mantendrá en el mismo sitio.
Sudáfrica, desde el siglo XIX sistemáticamente saqueada entre otras por la De Beers Mining Company del inglés John Rhodes, es ahora luego del apartheid la primera economía de África, con el 25% de todo el Producto Interno Bruto (PIB) africano y un gran volumen de capital nacional público y privado. La bolsa de valores de Johannesburgo es la mayor del continente. Un importante sector es la minería, principalmente la extracción de carbón y de minerales y metales preciosos como los diamantes, el oro y el platino. Otro es la industria más poderosa y diversificada de todo el continente, que incluye desde bienes agropecuarios y minerales, hasta los sectores automovilístico, aeronáutico y energético. Pero como sucede con países que tienen todo para lograr el desarrollo, al final los beneficiarios de tales riquezas no son sino los grandes capitales a quienes poco preocupa la desigualdad social.
A propósito de la justa deportiva el gobierno actual encabezado por Jacob Zuma, más democrático sí, que el que en el siglo anterior se sufría, deposita una gran confianza en el fútbol y aspira a que como resultado del Campeonato Mundial este año su PIB crezca por encima del 10% y tal vez alcance hasta un 15%. No obstante, poco de esa riqueza nacional quedará entre la población más desfavorecida. Un informe del Instituto Sudafricano de Relaciones Raciales indica que si en 1996 había 1,9 millones de sudafricanos que vivían con menos de un dólar diario, en 2005 eran de 4,2 millones, un crecimiento calificado por los expertos como “dramático”. El incremento de la pobreza se ha debido al aumento del desempleo y del subempleo, que afectan a cerca del 40 por ciento de la población activa, según estudios privados.
El fútbol, como se sabe, a escala mundial es un macronegocio de 500 mil millones de dólares (mdd), que incluye a empresas patrocinantes, cadenas informativas, técnicos, jugadores, que lo convierten en un gran consorcio con incidencia en toda la economía global. En el área de los grandes beneficiarios económicos de esa danza multimillonaria están firmas patrocinadoras, empresas trasnacionales como Adidas, Nike o muchas otras que utilizan al evento como vitrina y herramienta de posicionamiento en el mercado. Una consultora estadounidense elaboró en diciembre pasado un informe en el que estimaba que el impacto económico del mundial sería de unos 7 mil 325 mdd, mientras que la visita de unos 480 mil turistas dejaría cerca de 1 mil 117 mdd durante el mes que durará la competencia. Pero a 15 años de la terminación del apartheid en que todavía el 10% de los blancos tienen más del 50% de la riqueza nacional, es de esperarse que el beneficio no sea para las mayorías.
14 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 20 de junio de 2010)
El Otoño del Imperio
Iniciado el Campeonato Mundial de Futbol 2010, más allá de la parafernalia de la que en estos días se baña al mundo, vale recordar brevemente dos asuntos que hoy se juegan en Sudáfrica. El primero y esencial es la celebración de una fiesta distintiva del deporte en el entorno de un maravilloso país como ese, liberado ahora de la impudicia del apartheid, un inhumano sistema de segregación racial del cual se beneficiaron sobre todo colonizadores ingleses, en contra de quienes sus esclavos negros por muchos años lucharon a costa de sangre y cárcel, y cuyo icono más reconocido en esa larga lucha es Nelson Mandela. El segundo asunto es el de los colosales negocios alrededor del preciado evento, que compite con el gran negocio del oro, la plata y los diamantes que durante el siglo XX empobreció a sus trabajadores, y que ahora en el XXI, no obstante lo esperable, los mantendrá en el mismo sitio.
Sudáfrica, desde el siglo XIX sistemáticamente saqueada entre otras por la De Beers Mining Company del inglés John Rhodes, es ahora luego del apartheid la primera economía de África, con el 25% de todo el Producto Interno Bruto (PIB) africano y un gran volumen de capital nacional público y privado. La bolsa de valores de Johannesburgo es la mayor del continente. Un importante sector es la minería, principalmente la extracción de carbón y de minerales y metales preciosos como los diamantes, el oro y el platino. Otro es la industria más poderosa y diversificada de todo el continente, que incluye desde bienes agropecuarios y minerales, hasta los sectores automovilístico, aeronáutico y energético. Pero como sucede con países que tienen todo para lograr el desarrollo, al final los beneficiarios de tales riquezas no son sino los grandes capitales a quienes poco preocupa la desigualdad social.
A propósito de la justa deportiva el gobierno actual encabezado por Jacob Zuma, más democrático sí, que el que en el siglo anterior se sufría, deposita una gran confianza en el fútbol y aspira a que como resultado del Campeonato Mundial este año su PIB crezca por encima del 10% y tal vez alcance hasta un 15%. No obstante, poco de esa riqueza nacional quedará entre la población más desfavorecida. Un informe del Instituto Sudafricano de Relaciones Raciales indica que si en 1996 había 1,9 millones de sudafricanos que vivían con menos de un dólar diario, en 2005 eran de 4,2 millones, un crecimiento calificado por los expertos como “dramático”. El incremento de la pobreza se ha debido al aumento del desempleo y del subempleo, que afectan a cerca del 40 por ciento de la población activa, según estudios privados.
El fútbol, como se sabe, a escala mundial es un macronegocio de 500 mil millones de dólares (mdd), que incluye a empresas patrocinantes, cadenas informativas, técnicos, jugadores, que lo convierten en un gran consorcio con incidencia en toda la economía global. En el área de los grandes beneficiarios económicos de esa danza multimillonaria están firmas patrocinadoras, empresas trasnacionales como Adidas, Nike o muchas otras que utilizan al evento como vitrina y herramienta de posicionamiento en el mercado. Una consultora estadounidense elaboró en diciembre pasado un informe en el que estimaba que el impacto económico del mundial sería de unos 7 mil 325 mdd, mientras que la visita de unos 480 mil turistas dejaría cerca de 1 mil 117 mdd durante el mes que durará la competencia. Pero a 15 años de la terminación del apartheid en que todavía el 10% de los blancos tienen más del 50% de la riqueza nacional, es de esperarse que el beneficio no sea para las mayorías.
14 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 20 de junio de 2010)
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lunes, 7 de junio de 2010
El Informe Sobre Gasto Militar Mundial 2010
Jesús Hernández Garibay
El 2 de junio último el Instituto Internacional de Investigación para la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés), presentó en Estolcolmo su nuevo informe anual acerca del gasto militar mundial. De acuerdo con el mismo, dicho gasto ascendió a mil 531 millones de dólares en 2009, lo que representa un incremento histórico del 5.9% con relación al año precedente. Al respecto, el encargado del Proyecto de Gasto Militar del SIPRI, Sam Perlo-Freeman, planteaba que muchos países aumentaron su gasto público total en 2009, “como una forma de impulsar la demanda para combatir la recesión…”; a la vez, indicaba que las cifras demuestran que “para las potencias grandes o intermedias como Estados Unidos, China, Rusia, India y Brasil, el gasto militar representa una elección estratégica de largo aliento que desean tomar incluso en tiempos de dificultades económicas...”
Como se sabe, de manera particular Estados Unidos es una de las naciones que concede una importancia de primer orden desde hace muchas décadas a los conflictos bélicos. El gasto para su defensa de 2001 a 2009, por ejemplo, aumentó en alrededor de un 70%, hasta 661 mil millones de dólares en este último año, o 4.3% de su PIB, significativamente más alto que el gasto para su defensa desde la Segunda Guerra Mundial hasta el año 2000. El aumento registrado en este país durante 2009 supone más de la mitad (54%) del crecimiento mundial, según señala el Informe del SIPRI, y se debe a que, pese al creciente desempleo y la recesión, el país sostiene dos guerras en Afganistán e Irak. De nuevo, por supuesto, basado en el llamado “militarismo keynesiano”, que plantea que lo más conveniente para un país es gastar en armamentos para resolver el problema del empleo, por lo que los sucesivos gobiernos han dejado al complejo militar-industrial hacer lo propio.
Ya durante los años cincuenta el gasto militar gubernamental en este país resultó clave en la acumulación del capitalismo de la posguerra, pues contribuyó a un relativamente alto nivel de empleo; los propios medios informativos contribuyeron a asegurar el apoyo de la población en favor de dicho armamentismo. Al respecto, en 1959 el economista Seymour Harris escribía: “Si tomamos los años de 1941 a la actualidad como un todo, encontramos de nuevo que el periodo de mayor prosperidad coincide con un periodo de mayor desarrollo militar…” Diez años antes, otro economista de Harvard, Sumner Slichter, explicaba que era muy difícil de concebir que persistiera una severa depresión económica en la época de la guerra fría, puesto que la guerra fría, decía, “incrementa la demanda de bienes, ayuda a sostener un alto nivel de empleos… Así que debemos agradecer a los rusos por ayudar a que el capitalismo de Estados Unidos trabaje mejor que nunca...”
Para mediados de los cincuenta había en EUA una economía estable que permitió reforzar el nuevo orden militar. Durante los sesenta logra consolidar dicha industria, con base en la necesidad de defensa de la hegemonía global norteamericana, la creación de una plataforma internacionalmente “segura” para la expansión de las corporaciones norteamericanas, el logro de una población complaciente en casa bajo la influencia nacionalista de la guerra perpetua y de la preparación para la guerra, y el incremento de la capacidad productiva de la nación para ayudar a salir del estancamiento económico a través de la promoción de un gasto militar con altas ganancias y bajo riesgo. Hechos que, por donde se les vea, continúan siendo piedra angular en las relaciones de EUA con el mundo.
7 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 13 de junio de 2010)
El Otoño del Imperio
El 2 de junio último el Instituto Internacional de Investigación para la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés), presentó en Estolcolmo su nuevo informe anual acerca del gasto militar mundial. De acuerdo con el mismo, dicho gasto ascendió a mil 531 millones de dólares en 2009, lo que representa un incremento histórico del 5.9% con relación al año precedente. Al respecto, el encargado del Proyecto de Gasto Militar del SIPRI, Sam Perlo-Freeman, planteaba que muchos países aumentaron su gasto público total en 2009, “como una forma de impulsar la demanda para combatir la recesión…”; a la vez, indicaba que las cifras demuestran que “para las potencias grandes o intermedias como Estados Unidos, China, Rusia, India y Brasil, el gasto militar representa una elección estratégica de largo aliento que desean tomar incluso en tiempos de dificultades económicas...”
Como se sabe, de manera particular Estados Unidos es una de las naciones que concede una importancia de primer orden desde hace muchas décadas a los conflictos bélicos. El gasto para su defensa de 2001 a 2009, por ejemplo, aumentó en alrededor de un 70%, hasta 661 mil millones de dólares en este último año, o 4.3% de su PIB, significativamente más alto que el gasto para su defensa desde la Segunda Guerra Mundial hasta el año 2000. El aumento registrado en este país durante 2009 supone más de la mitad (54%) del crecimiento mundial, según señala el Informe del SIPRI, y se debe a que, pese al creciente desempleo y la recesión, el país sostiene dos guerras en Afganistán e Irak. De nuevo, por supuesto, basado en el llamado “militarismo keynesiano”, que plantea que lo más conveniente para un país es gastar en armamentos para resolver el problema del empleo, por lo que los sucesivos gobiernos han dejado al complejo militar-industrial hacer lo propio.
Ya durante los años cincuenta el gasto militar gubernamental en este país resultó clave en la acumulación del capitalismo de la posguerra, pues contribuyó a un relativamente alto nivel de empleo; los propios medios informativos contribuyeron a asegurar el apoyo de la población en favor de dicho armamentismo. Al respecto, en 1959 el economista Seymour Harris escribía: “Si tomamos los años de 1941 a la actualidad como un todo, encontramos de nuevo que el periodo de mayor prosperidad coincide con un periodo de mayor desarrollo militar…” Diez años antes, otro economista de Harvard, Sumner Slichter, explicaba que era muy difícil de concebir que persistiera una severa depresión económica en la época de la guerra fría, puesto que la guerra fría, decía, “incrementa la demanda de bienes, ayuda a sostener un alto nivel de empleos… Así que debemos agradecer a los rusos por ayudar a que el capitalismo de Estados Unidos trabaje mejor que nunca...”
Para mediados de los cincuenta había en EUA una economía estable que permitió reforzar el nuevo orden militar. Durante los sesenta logra consolidar dicha industria, con base en la necesidad de defensa de la hegemonía global norteamericana, la creación de una plataforma internacionalmente “segura” para la expansión de las corporaciones norteamericanas, el logro de una población complaciente en casa bajo la influencia nacionalista de la guerra perpetua y de la preparación para la guerra, y el incremento de la capacidad productiva de la nación para ayudar a salir del estancamiento económico a través de la promoción de un gasto militar con altas ganancias y bajo riesgo. Hechos que, por donde se les vea, continúan siendo piedra angular en las relaciones de EUA con el mundo.
7 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 13 de junio de 2010)
El Otoño del Imperio
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