Jesús Hernández Garibay
Calificado por quienes saben de su existencia como el grupo más poderoso del mundo, que congrega en la actualidad y reúne cada año a un centenar y medio de “figurones” del planeta para decidir acerca del “nuevo orden mundial”, el llamado Club Bilderberg volvió a reunirse en 2010; esta vez por segunda ocasión en la historia en un lugar de España: el Hotel Dolce de la población barcelonesa de Sitges, del 3 al 6 de junio último. Ahora los temas a tratar serían el futuro del euro y las alternativas eventuales a un dólar en decadencia. Aunque en medio del secretismo, se sabe que los asistentes fueron de nuevo una selecta carretada de personajes: reyes, presidentes, ministros y secretarios de Estado, los responsables del FMI, Banco Mundial, bancos centrales, entidades financieras y grandes compañías, así como editores y directores de algunos periódicos preferidos.
El Club Bilderberg, llamado así por haberse reunido por primera vez en 1954 en el hotel Bilderberg, en Holanda, bajo la propuesta del entonces príncipe Bernard de crear un núcleo de reunión para las élites de Occidente, es así un selecto grupo, la mayoría de quienes tienen influencia en círculos empresariales, académicos y políticos que se reúne para tomar grandes decisiones y de esta forma ejercer un pretendido “gobierno informal mundial”. O como lo dijo alguna vez el Baron Denis Healy, ex Secretario de Defensa de Gran Bretaña y miembro por 20 años del mismo: “Decir que estábamos en búsqueda de un gobierno mundial es exagerado, pero no totalmente equivocado. Aquellos de nosotros en Bilderberg sentíamos que no podíamos seguir peleándonos por nada. Así que creímos que formar una única comunidad a lo largo del mundo era una buena idea…”
Una vez al año el grupo se reúne en total reserva en complejos turísticos de alto nivel. En 2006 el grupo se reunió en Ottawa, Canadá; el 2007 en el hotel Ritz Carlton de Estambul, Turquía; en 2008 debía de haberse reunido en el Palace Hotel Vouliagmeni, en Atenas, Grecia, pero intempestivamente decidió cambiar de sede y reunirse en la periferia de Washington, D.C. (las razones para el cambio son desconocidas, pero se llegó a decir que, a unas horas de la definición de la candidatura demócrata a la presidencia de Estados Unidos, deseaban participar de las decisiones del evento). Finalmente, en 2009 volvieron a reunirse ahora sí, en el Vouliagmeni, de Atenas, mientras en 2010 lo hicieron en España para, según se dijo, continuar discutiendo sobre temas geopolíticos y económicos.
Se estima que la creación del grupo siempre estuvo ligada a la idea de crear una Unión Europea con su moneda única; a la vez, que ha pretendido impulsar otros proyectos como los de promover la Unión Africana, la Unión Asiática y la Unión Norteamericana (México, Canadá, EUA). No obstante, ahora está más preocupado por temas que al parecer fueron discutidos con preocupación en Sitges: la sobrevivencia del euro; la crisis de deuda pública que estalló en Grecia y que amenaza a otras economías en Europa; las últimas propuestas de reformas financieras y económicas a nivel global lanzadas por el Grupo de los 20; la misión de la OTAN en Afganistán; las amenazas económicas y financieras de Irán y Rusia; las consecuencias de la guerra contra el terrorismo, etcétera. Asuntos que junto con el del futuro del dólar de EUA, quitan hoy el sueño de los poderosos por sus imperios. Claro, con un mucho menor interés preocupados por el hambre y el desempleo en el mundo, a menos que sea un obstáculo ello para mantener el dominio que ya tienen sobre el planeta.
8 de agosto de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1° de agosto de 2010)
El Otoño del Imperio
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domingo, 8 de agosto de 2010
lunes, 21 de junio de 2010
El Fantasma de la Crisis Recorre Europa
Jesús Hernández Garibay
Muy a pesar de la pretensión de que el Campeonato Mundial de Futbol que se lleva a cabo en Sudáfrica, permita remontar al menos en parte la crisis económica internacional con base en el incremento de las ventas millonarias de distintos productos vinculados con la parafernalia del balompié, lo cierto es que el paliativo tanto financiero como psicológico de estas semanas no será suficiente para dejar atrás los efectos de muchos años de depredación de los mercados, donde quienes ganan en verdad son los más grandes. Así, la cruda realidad se impone y se mantiene por ahora en forma evidente y aun latente en zonas geográficas como Europa, donde como en Grecia se revelan graves los problemas, o como en Hungría donde amenazan con seguir el ejemplo trágico de aquel país, o en Portugal donde crece latente el desempleo, o en España donde se convierte en realidad devastadora.
La crisis mundial tomó a Grecia en mala posición; como el país más endeudado de la eurozona, con un déficit presupuestario diez puntos por encima del umbral estipulado por el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea (UE), desde el año pasado pero sobre todo a principios de éste atraviesa una crisis sin precedente, que suscita gran nerviosismo en los mercados y pone en entredicho la fortaleza unionista. Su balanza de pagos muestra gran debilidad y sus finanzas públicas colapsan; la deuda pública de Grecia alcanzó en 2009 ni más ni menos que el 115,1% de su Producto Interno Bruto (PIB). A raíz de ello, el gobierno de Giorgos Papandreou monta un plan de austeridad para reducir el déficit, que incluye medidas impopulares como el congelamiento de las jubilaciones y los recortes salariales a los empleados públicos; hecho que, desde luego, provoca grandes huelgas y movilizaciones.
Pero el fantasma de la crisis amenaza también a otros países, como Hungría, cuyos mercados reaccionan con gran virulencia al hecho de que su gobierno haya reconocido que falseó sus datos económicos en los últimos años y que su situación es “muy grave”; el endeudamiento público de Hungría, un candidato a entrar en la zona euro, representó el 78,3% de su PIB en 2009. No por menos es que la UE ha aprobado un plan de ayuda financiera hasta de 997 mil millones de dólares (mdd), para crear un mecanismo de garantías y avales para gobiernos con dificultades de pago. Un monto inédito, pues tan sólo el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa al término de la Segunda Guerra Mundial implicó recursos por 17 mil 600 mdd, que a valor actual serían 120 mil mdd (cálculo de la Hoover Institution, de la Universidad de Stanford). Así, el paquete puesto sobre la mesa por gobiernos europeos equivale a 7.6 planes Marshall.
Varios analistas y economistas señalan también a Portugal, el país más pobre en la zona euro, con una deuda pública del 80% del PIB, como el siguiente país que tendrá problemas. Y muy cerca del mismo sitúan a España, cuyos bancos se convirtieron en el pasado mes de mayo en los principales demandantes de crédito al Banco Central Europeo. Un alto funcionario del BBVA, el segundo banco de España después del Santander, lo decía de una manera cruda: “Los mercados financieros han retirado su confianza en nuestro país. Para la mayoría de empresas y entidades españolas, los mercados internacionales de capitales están cerrados”; una situación de emergencia que se vive en medio de la especulación desenfrenada en el sector inmobiliario y un mercado de trabajo en el que más del 33% de los trabajadores tienen un empleo precario y el 19% (casi 4,5 millones) están desocupados.
21 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de junio de 2010)
El Otoño del Imperio
Muy a pesar de la pretensión de que el Campeonato Mundial de Futbol que se lleva a cabo en Sudáfrica, permita remontar al menos en parte la crisis económica internacional con base en el incremento de las ventas millonarias de distintos productos vinculados con la parafernalia del balompié, lo cierto es que el paliativo tanto financiero como psicológico de estas semanas no será suficiente para dejar atrás los efectos de muchos años de depredación de los mercados, donde quienes ganan en verdad son los más grandes. Así, la cruda realidad se impone y se mantiene por ahora en forma evidente y aun latente en zonas geográficas como Europa, donde como en Grecia se revelan graves los problemas, o como en Hungría donde amenazan con seguir el ejemplo trágico de aquel país, o en Portugal donde crece latente el desempleo, o en España donde se convierte en realidad devastadora.
La crisis mundial tomó a Grecia en mala posición; como el país más endeudado de la eurozona, con un déficit presupuestario diez puntos por encima del umbral estipulado por el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea (UE), desde el año pasado pero sobre todo a principios de éste atraviesa una crisis sin precedente, que suscita gran nerviosismo en los mercados y pone en entredicho la fortaleza unionista. Su balanza de pagos muestra gran debilidad y sus finanzas públicas colapsan; la deuda pública de Grecia alcanzó en 2009 ni más ni menos que el 115,1% de su Producto Interno Bruto (PIB). A raíz de ello, el gobierno de Giorgos Papandreou monta un plan de austeridad para reducir el déficit, que incluye medidas impopulares como el congelamiento de las jubilaciones y los recortes salariales a los empleados públicos; hecho que, desde luego, provoca grandes huelgas y movilizaciones.
Pero el fantasma de la crisis amenaza también a otros países, como Hungría, cuyos mercados reaccionan con gran virulencia al hecho de que su gobierno haya reconocido que falseó sus datos económicos en los últimos años y que su situación es “muy grave”; el endeudamiento público de Hungría, un candidato a entrar en la zona euro, representó el 78,3% de su PIB en 2009. No por menos es que la UE ha aprobado un plan de ayuda financiera hasta de 997 mil millones de dólares (mdd), para crear un mecanismo de garantías y avales para gobiernos con dificultades de pago. Un monto inédito, pues tan sólo el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa al término de la Segunda Guerra Mundial implicó recursos por 17 mil 600 mdd, que a valor actual serían 120 mil mdd (cálculo de la Hoover Institution, de la Universidad de Stanford). Así, el paquete puesto sobre la mesa por gobiernos europeos equivale a 7.6 planes Marshall.
Varios analistas y economistas señalan también a Portugal, el país más pobre en la zona euro, con una deuda pública del 80% del PIB, como el siguiente país que tendrá problemas. Y muy cerca del mismo sitúan a España, cuyos bancos se convirtieron en el pasado mes de mayo en los principales demandantes de crédito al Banco Central Europeo. Un alto funcionario del BBVA, el segundo banco de España después del Santander, lo decía de una manera cruda: “Los mercados financieros han retirado su confianza en nuestro país. Para la mayoría de empresas y entidades españolas, los mercados internacionales de capitales están cerrados”; una situación de emergencia que se vive en medio de la especulación desenfrenada en el sector inmobiliario y un mercado de trabajo en el que más del 33% de los trabajadores tienen un empleo precario y el 19% (casi 4,5 millones) están desocupados.
21 de junio de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de junio de 2010)
El Otoño del Imperio
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