Jesús Hernández Garibay
A propósito del clima de desencanto en Estados Unidos, de la persistencia del desempleo y el crecimiento de la pobreza entre ciudadanos antes pertenecientes a una mítica “clase media” en busca del “sueño americano”, del inicio de una precampaña en la que la gente suele recordar a Barack Obama sobre el “cambio” no alcanzado aún y del nombramiento por parte de ese gobierno de “asesores financieros” provenientes de las filas de grandes compañías que ganan cada día más, a costa del erario y de los consumidores, vale la pena destacar la película de Charles Ferguson, que en febrero de este año ganó un Oscar como mejor largometraje documental y que en Iberoamérica se proyecta ahora con el título de “Dinero Sucio” (Inside Job).
El tema del documental es la crisis financiera global de 2008, que llevó a decenas de millones de personas, sobre todo pero no solamente en Estados Unidos, a perder sus ahorros, sus empleos y sus casas. La película, que muestra cómo sucedió, comienza hablando del caso de Islandia, muy similar al de Estados Unidos, donde en el transcurso de tres meses se esfumaron 100 mil millones de dólares debido a una política gubernamental de desregulación que permitió a ciertos inversores trabajar una expansión sin límite de sus negocios y privatizó tres bancos importantes del país, causando con ello un severo incremento en el desempleo y la pobreza, en un país donde no la había. Palabras más o menos, tal y como ocurrió en EUA una década atrás, donde un grupo de empresarios administraban sus negocios e igual manipulaban al gobierno y al Congreso para su propio beneficio.
La crisis de Wall Street en el otoño de 2008 afectó a todos los mercados de valores y dejó unos 30 millones más de desempleados en el mundo; una recesión cuyo precio ha sido la pérdida de varias decenas de miles de millones de dólares, que duplicó la deuda nacional de Estados Unidos y resultó ahí en 50 millones más de pobres. Una crisis causada por un grupo de empresarios de finanzas sin control gubernamental, que a lo largo de la primera década del nuevo siglo ya ganaban a trasmano dinero ilegal en medio de la crisis. La película muestra, en cuatro segmentos, por qué y cómo es que ocurre ese escandaloso robo, con fraudes, lavado de dinero, exageración de ingresos, evasión de impuestos, otorgamiento de bonos adicionales para altos funcionarios de las compañías, etcétera.
La película narra la manera en que crece una burbuja financiera por el encarecimiento de las hipotecas que da lugar a ganancias exageradas por préstamos excedidos; un gran fraude piramidal global bajo la premisa de la “libre circulación de los capitales…”, sustentado en evaluaciones falsas de los precios de la vivienda y que lleva a la quiebra a compañías hipotecarias, bancos y aseguradoras: sin dinero para inversiones, el desempleo crece y en 2010 hay seis millones de ejecuciones hipotecarias que llevan a muchas familias a tener que vivir literalmente en tiendas de campaña (tent cities). En la película se recuerda: “Al final, los más pobres siempre pagan lo peor…”; y señala cómo quienes causaron dichos males tanto como sus cómplices legislativos disfrutan todavía de las ganancias.
25 de abril de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1º de mayo de 2011)
El Otoño del Imperio
Trailer de "Inside Job"
El documental completo de Charles Ferguson puede ser visto en www.cuevana.com
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lunes, 25 de abril de 2011
domingo, 26 de diciembre de 2010
El Saldo Global de 2010
Jesús Hernández Garibay
Es todavía temprano para valorar el conjunto de perspectivas y nuevas circunstancias que deja la intención de un grupo de cibernautas alrededor de Internet por descobijar las entrañas del sistema mediante la divulgación de documentos secretos de toda índole, en su mayor parte por razones obvias vinculados con Estados Unidos; pero si hay algo por lo que el año 2010 será recordado por muchos más en el futuro, es por dar inicio a una nueva era en la forma de hacer política global altermundista. Lo más trascendente de Wikileaks no es que haya mostrado los trapos sucios, sino que mostró el camino para seguir revelando los trapos sucios… Posibilidad ya sabida por quienes han seguido el curso del desenvolvimiento de los nuevos medios en la por momentos manoseada “sociedad del conocimiento”, pero cuya importancia para una sociedad en verdad democrática es creciente.
Desde luego que el hecho no es circunstancial. El desenvolvimiento del mercado, que luego de dos décadas de políticas neoliberales no logra despuntar y mantener estable el crecimiento en el orden global, poco a poco se enfrenta a una multiplicidad de contradicciones que dejan ver la decadencia y el enfrentamiento con nuevas y peligrosas fuerzas sociales en el planeta y le plantean al país más poderoso de la tierra intentar reafirmar su liderazgo con base en el poderoso aparato político-militar que posee; pero en un momento en que el mundo se ha vuelto tan complejo que es imposible ya que pueda ser resuelto por una sola o sólo por algunas naciones. Como advierte el escenario internacional, los problemas crecen en distintas direcciones y las expresiones de fragilidad en los mercados continúan apareciendo y repercuten en el nivel mundial.
Y es que el mundo de la etapa dorada del capitalismo se ha agotado; ya no existe como tal, ni volverá jamás. Un mundo que se derrocha poco a poco y que provoca ya profundas transformaciones económicas, geopolíticas y culturales, que poco a poco irrumpen con más ímpetu en el escenario global, impulsadas por esas nuevas fuerzas sociales que sacan a la luz e intensifican de manera inevitable tales nuevas circunstancias, que se fraguan más rápido de lo que podemos suponer, porque esas fuerzas que se vienen conformando a lo largo de los últimos decenios, responden no sólo al progresivo agotamiento de una era en la que los recursos naturales daban lugar a posibilidades a trasmano en el mundo, resultando en el despliegue sin fin del “mercado libre”, sino que lo hacen ahora con una nueva conciencia del entorno y de la necesidad de detener la destrucción mayor del planeta.
La crisis de Wall Street en 2008 vino a evidenciar la lasitud de los mercados, pero según todo apunta ahora no era ella más que un anuncio, simulacro pasajero o ensayo general de lo que de forma ineluctable se avecina. Ha sido así una chispa que ha activado la dinámica de una crisis global creciente, gestada por muchos años de desaseos en el uso y desuso de mecanismos como el crédito que otrora resultaron viables pero luego comienzan a agotarse y presagian un desmoronamiento lento y contradictorio pero seguro del mundo de los sucios timos en sustento de los grandes negocios. Así, no puede esperarse menos para el año que en unos días comienza, que continuar con el colapso progresivo, con altibajos es cierto y sin duda peligros indecibles, para los que será necesario prepararse cada vez mejor, a fin de contribuir al surgimiento de mejores condiciones para que la raza humana florezca, aunque ahora esperanzadoramente con mayores posibilidades de sobrevivir.
26 de diciembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 26 de diciembre de 2010)
El Otoño del Imperio
Es todavía temprano para valorar el conjunto de perspectivas y nuevas circunstancias que deja la intención de un grupo de cibernautas alrededor de Internet por descobijar las entrañas del sistema mediante la divulgación de documentos secretos de toda índole, en su mayor parte por razones obvias vinculados con Estados Unidos; pero si hay algo por lo que el año 2010 será recordado por muchos más en el futuro, es por dar inicio a una nueva era en la forma de hacer política global altermundista. Lo más trascendente de Wikileaks no es que haya mostrado los trapos sucios, sino que mostró el camino para seguir revelando los trapos sucios… Posibilidad ya sabida por quienes han seguido el curso del desenvolvimiento de los nuevos medios en la por momentos manoseada “sociedad del conocimiento”, pero cuya importancia para una sociedad en verdad democrática es creciente.
Desde luego que el hecho no es circunstancial. El desenvolvimiento del mercado, que luego de dos décadas de políticas neoliberales no logra despuntar y mantener estable el crecimiento en el orden global, poco a poco se enfrenta a una multiplicidad de contradicciones que dejan ver la decadencia y el enfrentamiento con nuevas y peligrosas fuerzas sociales en el planeta y le plantean al país más poderoso de la tierra intentar reafirmar su liderazgo con base en el poderoso aparato político-militar que posee; pero en un momento en que el mundo se ha vuelto tan complejo que es imposible ya que pueda ser resuelto por una sola o sólo por algunas naciones. Como advierte el escenario internacional, los problemas crecen en distintas direcciones y las expresiones de fragilidad en los mercados continúan apareciendo y repercuten en el nivel mundial.
Y es que el mundo de la etapa dorada del capitalismo se ha agotado; ya no existe como tal, ni volverá jamás. Un mundo que se derrocha poco a poco y que provoca ya profundas transformaciones económicas, geopolíticas y culturales, que poco a poco irrumpen con más ímpetu en el escenario global, impulsadas por esas nuevas fuerzas sociales que sacan a la luz e intensifican de manera inevitable tales nuevas circunstancias, que se fraguan más rápido de lo que podemos suponer, porque esas fuerzas que se vienen conformando a lo largo de los últimos decenios, responden no sólo al progresivo agotamiento de una era en la que los recursos naturales daban lugar a posibilidades a trasmano en el mundo, resultando en el despliegue sin fin del “mercado libre”, sino que lo hacen ahora con una nueva conciencia del entorno y de la necesidad de detener la destrucción mayor del planeta.
La crisis de Wall Street en 2008 vino a evidenciar la lasitud de los mercados, pero según todo apunta ahora no era ella más que un anuncio, simulacro pasajero o ensayo general de lo que de forma ineluctable se avecina. Ha sido así una chispa que ha activado la dinámica de una crisis global creciente, gestada por muchos años de desaseos en el uso y desuso de mecanismos como el crédito que otrora resultaron viables pero luego comienzan a agotarse y presagian un desmoronamiento lento y contradictorio pero seguro del mundo de los sucios timos en sustento de los grandes negocios. Así, no puede esperarse menos para el año que en unos días comienza, que continuar con el colapso progresivo, con altibajos es cierto y sin duda peligros indecibles, para los que será necesario prepararse cada vez mejor, a fin de contribuir al surgimiento de mejores condiciones para que la raza humana florezca, aunque ahora esperanzadoramente con mayores posibilidades de sobrevivir.
26 de diciembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 26 de diciembre de 2010)
El Otoño del Imperio
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capitalismo,
crisis global,
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políticas neoliberales,
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