Jesús Hernández Garibay
A sólo dos semanas de culminar el 2010, vale intentar un recuento así sea parcial de algunos de los principales hechos que envuelven a Estados Unidos en los inicios del segundo decenio del nuevo siglo. Del Informe denominado “Evaluación Anual sobre Amenazas Elaborado por la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos”, presentado en febrero pasado por el entonces Director de Inteligencia Nacional, Dennis Blair, hasta estos días finales en que el “ataque terrorista informático” de Wikileaks llega para voltear de cabeza no sólo a más de un funcionario en Washington sino a quienes, como el umbroso grupo Bilderberg, suelen rondar por los entretelones del imperio pretendiendo conducir los intríngulis de la historia, distintas han sido las preocupaciones.
Como se recuerda, el Informe de febrero destaca aquellas circunstancias que esa comunidad ubica entonces como las “principales amenazas a la seguridad” de la Unión Americana: desde luego la crisis económica que considera entonces, con obvio acierto, como no superada todavía; a la vez, el reto de la energía y las necesidades de su renovación frente al declive de los combustibles fósiles; habla también de la amenaza latente que continúa representando Al Qaeda en el mundo, de la sempiterna preocupación por una posible proliferación de “armas de destrucción masiva”, a la vez que de los problemas políticos que persisten en el Medio Oriente, o con respecto a países como China, India y Rusia. Igual recuerda el cambio climático y las profundas implicaciones que tendrá para la seguridad estadounidense durante los siguientes 20 años.
En el 2010 diversas otras fueron preocupaciones también para la Casa Blanca, como las nacionales donde el debate alrededor de la figura del presidente Barack Obama, la sentida crisis económica y sus efectos en el empleo o hasta el derrame de la British Petroleum en el Golfo de México, junto con los intentos por llevar adelante una Reforma de Salud o una Reforma Financiera, marcaron un ambiente de bullicio constante en los medios informativos de esa nación; o como las de orden internacional en que las intenciones no consolidadas por salir de Irak o los nuevos tropiezos en la guerra de Afganistán, se entreveraron con la impaciencia frente a los propósitos nucleares de Irán o las tensiones con Corea del Norte. Desde luego, las crecientes inquietudes ante el cambio climático que en el Año Internacional de la Biodiversidad continúan sin solución luego de la Conferencia de Cancún.
Por supuesto las elecciones intermedias en las que el Partido Demócrata sufre una derrota, cuyo resultado (alentador para las fuerzas más conservadoras en tratar de impedir la reelección del actual mandatario) representa el nuevo ingrediente de la escena política norteamericana, en el contexto de la continuidad de la crisis en Europa y el resto del planeta que amenaza con una posible nueva gran crisis global; o la crisis alimentaria que junto con el inagotable desempleo y la creciente pobreza sigue sin resolverse en el mundo y que pretende soliviantarse por la vía de renovar el rumbo del “libre comercio” (ahora en la dinámica comunidad Asia-Pacífico), son hechos junto con los anteriores que marcan un nuevo momento en el curso del desenvolvimiento del capitalismo mundial. Un curso en el cual las armas de destrucción (aunque no sean masivas) representan un mercado cada vez más vital para el sostenimiento del sistema, ahora amenazado por un “perverso activista cibernético” que, “por fortuna”, dicen sus detractores, ha sido por el momento aprehendido.
13 de diciembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 19 de diciembre de 2010)
El Otoño del Imperio
lunes, 13 de diciembre de 2010
Un Año Más Llega a su Fin
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miércoles, 8 de diciembre de 2010
Alcance de las Filtraciones Secretas de Wikileaks
Jesús Hernández Garibay
A dos semanas de haberse llevado a cabo la nueva “filtración” de 250 mil cables diplomáticos secretos de Estados Unidos, que entregó WikiLeaks para su difusión a los diarios El País, The Guardian, Le Monde y The New York Times, y a la revista alemana Der Spiegel, las reacciones a nivel mundial van desde el asombro ante “el traje nuevo del emperador”, hasta la duda de cuáles serán las verdaderas intenciones detrás del hecho protagonizado por un previamente desconocido personaje australiano llamado Julian Assange. Sin dejar de estar presente la convicción de quienes, más allá de la sorpresa o el desencanto, confirman lo sospechado muchas veces: que las prácticas del imperio siguen siendo las mismas de siempre, aunque ahora se dan a conocer y eso es lo que interesa.
Como se recuerda, antes de las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos ya se había dado a través del portal de Wikileaks la masiva filtración de 400 mil documentos del Pentágono acerca de la guerra de Irak, mientras en julio anterior el mismo portal también había revelado 92 mil informes secretos sobre Afganistán. Ahora, al expediente se agregan documentos sobre la forma como internamente maneja el Departamento de Estado sus relaciones diplomáticas con el mundo, y el concepto real que le merecen los dirigentes de países aliados, naciones “amigas” y enemigas; un auténtico “ataque terrorista” dicha divulgación (según el decir de algunos funcionarios gubernamentales de la administración Obama) que viene a desnudar el siempre pretendidamente inmaculado usual trato diplomático de la crecientemente desconcertada Casa Blanca ante el mundo actual.
Como ya se ha dado a conocer profusamente, los cables difundidos incluyen distintas notas internas de las embajadas norteamericanas en países diversos, cuyos servicios de inteligencia se encuentran siempre prestos a ofrecer detalles sobre las circunstancias nacionales del momento, algunas veces con la lerda mirada de quienes ven al mundo con los ojos parciales de la ignorancia global del “mejor de los mundos posible”, mientras que otras con la enfocada visión del agente que desnuda a sus propios compinches nacionales apátridas. Destaca ―entre muchas notas que ya se han dado a conocer y otras que seguramente rodarán aun de manera parcial y bajo la óptica siempre interesada de los propios medios informativos que gota a gota comienzan a ofrecerlos al público―, la idea de que “la única amenaza a la seguridad de Estados Unidos en Latinoamérica proviene de México”.
El número más reciente de la revista Forbes incide centralmente y de manera profusa en el tema, a partir de una entrevista con el creador de Wikileaks. De este, dice: “Assange, el cautivo extraño, transgrede los intereses de uno como cualquier Lex Luthor [el enemigo principal de Superman], quien dirige un malvado imperio desde una guarida subterránea…” Como fiel representante y defensor a ultranza del mundo de los grandes negocios, Forbes opina que Wikileaks proporciona el vislumbre de un futuro donde los documentos confidenciales y clasificados estarán disponibles al público en general; e indica que los gobiernos y corporaciones con trapos sucios “deben por ello estar muy temerosos…” Y culmina: “Admirado o injuriado, Julian Assange es el profeta de una cercana época próxima de involuntaria transparencia para el Gobierno y los negocios...” O sea, una gota incómoda que apenas comienza y a la que será obligado adaptar al imperio ahora; aunque, por supuesto, ello sea parte de las nuevas condiciones provistas por un mundo más abierto.
6 de diciembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 12 de diciembre de 2010)
El Otoño del Imperio
A dos semanas de haberse llevado a cabo la nueva “filtración” de 250 mil cables diplomáticos secretos de Estados Unidos, que entregó WikiLeaks para su difusión a los diarios El País, The Guardian, Le Monde y The New York Times, y a la revista alemana Der Spiegel, las reacciones a nivel mundial van desde el asombro ante “el traje nuevo del emperador”, hasta la duda de cuáles serán las verdaderas intenciones detrás del hecho protagonizado por un previamente desconocido personaje australiano llamado Julian Assange. Sin dejar de estar presente la convicción de quienes, más allá de la sorpresa o el desencanto, confirman lo sospechado muchas veces: que las prácticas del imperio siguen siendo las mismas de siempre, aunque ahora se dan a conocer y eso es lo que interesa.
Como se recuerda, antes de las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos ya se había dado a través del portal de Wikileaks la masiva filtración de 400 mil documentos del Pentágono acerca de la guerra de Irak, mientras en julio anterior el mismo portal también había revelado 92 mil informes secretos sobre Afganistán. Ahora, al expediente se agregan documentos sobre la forma como internamente maneja el Departamento de Estado sus relaciones diplomáticas con el mundo, y el concepto real que le merecen los dirigentes de países aliados, naciones “amigas” y enemigas; un auténtico “ataque terrorista” dicha divulgación (según el decir de algunos funcionarios gubernamentales de la administración Obama) que viene a desnudar el siempre pretendidamente inmaculado usual trato diplomático de la crecientemente desconcertada Casa Blanca ante el mundo actual.
Como ya se ha dado a conocer profusamente, los cables difundidos incluyen distintas notas internas de las embajadas norteamericanas en países diversos, cuyos servicios de inteligencia se encuentran siempre prestos a ofrecer detalles sobre las circunstancias nacionales del momento, algunas veces con la lerda mirada de quienes ven al mundo con los ojos parciales de la ignorancia global del “mejor de los mundos posible”, mientras que otras con la enfocada visión del agente que desnuda a sus propios compinches nacionales apátridas. Destaca ―entre muchas notas que ya se han dado a conocer y otras que seguramente rodarán aun de manera parcial y bajo la óptica siempre interesada de los propios medios informativos que gota a gota comienzan a ofrecerlos al público―, la idea de que “la única amenaza a la seguridad de Estados Unidos en Latinoamérica proviene de México”.
El número más reciente de la revista Forbes incide centralmente y de manera profusa en el tema, a partir de una entrevista con el creador de Wikileaks. De este, dice: “Assange, el cautivo extraño, transgrede los intereses de uno como cualquier Lex Luthor [el enemigo principal de Superman], quien dirige un malvado imperio desde una guarida subterránea…” Como fiel representante y defensor a ultranza del mundo de los grandes negocios, Forbes opina que Wikileaks proporciona el vislumbre de un futuro donde los documentos confidenciales y clasificados estarán disponibles al público en general; e indica que los gobiernos y corporaciones con trapos sucios “deben por ello estar muy temerosos…” Y culmina: “Admirado o injuriado, Julian Assange es el profeta de una cercana época próxima de involuntaria transparencia para el Gobierno y los negocios...” O sea, una gota incómoda que apenas comienza y a la que será obligado adaptar al imperio ahora; aunque, por supuesto, ello sea parte de las nuevas condiciones provistas por un mundo más abierto.
6 de diciembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 12 de diciembre de 2010)
El Otoño del Imperio
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viernes, 3 de diciembre de 2010
Ahora la Crisis Estalla en Irlanda
Jesús Hernández Garibay
Como alguien lo decía: un fantasma recorre Europa…; el fantasma de la crisis. Primero fue Islandia, luego Grecia, ahora Irlanda; después vendrán Portugal y España, Francia y otras economías de menor rango, pero de igual significado. Y es que la crisis que estalla en el 2008 en Wall Street, como expresión de los actuales límites del mercado, se reproduce de manera inevitable en otras regiones del globo. Porque las empresas que antes ganaban en algunos círculos tradicionales, cuando el crédito deja de ser ahí una opción suficiente comienzan a buscar en nuevos frentes otras posibilidades. Así pasó en Irlanda, donde las cosas han dado un giro de 180 grados para un régimen, el de Brian Cowen, del partido Fianna Fail en el Gobierno desde 1997; Irlanda es la nueva economía en crisis, que ahora se apresta a “rescatar” el FMI, a costa de despojar a trabajadores empleados y desempleados.
Luego del largo y oscuro periodo de los noventa en que una serie de atentados dio cuenta de las dificultades para construir la paz y el progreso de un sufrido pueblo como el irlandés, los comicios legislativos de junio de 1997 tuvieron como ganador al Fianna Fail en una coalición minoritaria con los Demócratas Progresistas y el apoyo de los independientes. Después de una ardua negociación, el 10 de abril de 1998, en Belfast, se arribó a un acuerdo de paz para Irlanda del Norte; a fines de mayo un referéndum ratificó el acuerdo con el 94% de los votos en la República y el 72% en el Norte. Un mes más tarde se realizaban las primeras elecciones para integrar una Asamblea. La instalación, en diciembre de 1999, del primer gobierno de Irlanda del Norte en 25 años, confirmó la “devolución” de soberanía a los habitantes del territorio por parte del Parlamento Británico.
En este curso, la economía sufrió un declive del 8% anual para el período 1995-2002, a apenas un 2,7% en 2003. Irlanda había desplegado en los noventa una agresiva política de inversión extranjera que le permitió tener el crecimiento económico más veloz de Europa; a través de un impuesto menor al de otros países de la región, logró atraer a corporativos como Google, Facebook o Canon, y proveer servicios de outsourcing. Las empresas irlandesas llegaron a competir en los principales mercados internacionales con sofisticados productos desarrollados. Pero luego, una media docena de banqueros, unas cuantas agencias inmobiliarias y un puñado de políticos, dieron rienda suelta al crecimiento de una burbuja inmobiliaria; con crédito fácil y barato se incitaron aventuras en la industria de la construcción y el sector financiero hizo de la economía irlandesa una venta de garaje.
En sólo tres años, la República de Irlanda pasó de un rápido crecimiento económico a registrar un grave déficit público. Su desarrollo se basó durante años en impuestos bajos que atraían inversiones y multinacionales al país, y en un boyante mercado inmobiliario; cuando estalló la burbuja de la construcción en 2008, el valor de los inmuebles se desplomó entre un 50% y un 60% y atrapó a todos los bancos del país, que habían concedido innumerables préstamos a particulares y promotores. El gobierno de Cowen en Dublín se vio forzado a socorrer a los banqueros con 50 mil millones de euros; ese apoyo hundió las cuentas públicas irlandesas que terminarán en este 2010 con un déficit del 32% de su PIB, frente al 14% que registró a finales de 2009. Hoy un nuevo “rescate” europeo y del FMI de 85 mil millones de euros, será pagado con sangre y sudor por los irlandeses; 25 mil funcionarios públicos perderán sus puestos de trabajo, mientras el salario mínimo, hasta ahora el más alto de la Unión Europea, se verá reducido junto también con un leñazo a las pensiones.
3 de diciembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 5 de diciembre de 2010)
El Otoño del Imperio
Como alguien lo decía: un fantasma recorre Europa…; el fantasma de la crisis. Primero fue Islandia, luego Grecia, ahora Irlanda; después vendrán Portugal y España, Francia y otras economías de menor rango, pero de igual significado. Y es que la crisis que estalla en el 2008 en Wall Street, como expresión de los actuales límites del mercado, se reproduce de manera inevitable en otras regiones del globo. Porque las empresas que antes ganaban en algunos círculos tradicionales, cuando el crédito deja de ser ahí una opción suficiente comienzan a buscar en nuevos frentes otras posibilidades. Así pasó en Irlanda, donde las cosas han dado un giro de 180 grados para un régimen, el de Brian Cowen, del partido Fianna Fail en el Gobierno desde 1997; Irlanda es la nueva economía en crisis, que ahora se apresta a “rescatar” el FMI, a costa de despojar a trabajadores empleados y desempleados.
Luego del largo y oscuro periodo de los noventa en que una serie de atentados dio cuenta de las dificultades para construir la paz y el progreso de un sufrido pueblo como el irlandés, los comicios legislativos de junio de 1997 tuvieron como ganador al Fianna Fail en una coalición minoritaria con los Demócratas Progresistas y el apoyo de los independientes. Después de una ardua negociación, el 10 de abril de 1998, en Belfast, se arribó a un acuerdo de paz para Irlanda del Norte; a fines de mayo un referéndum ratificó el acuerdo con el 94% de los votos en la República y el 72% en el Norte. Un mes más tarde se realizaban las primeras elecciones para integrar una Asamblea. La instalación, en diciembre de 1999, del primer gobierno de Irlanda del Norte en 25 años, confirmó la “devolución” de soberanía a los habitantes del territorio por parte del Parlamento Británico.
En este curso, la economía sufrió un declive del 8% anual para el período 1995-2002, a apenas un 2,7% en 2003. Irlanda había desplegado en los noventa una agresiva política de inversión extranjera que le permitió tener el crecimiento económico más veloz de Europa; a través de un impuesto menor al de otros países de la región, logró atraer a corporativos como Google, Facebook o Canon, y proveer servicios de outsourcing. Las empresas irlandesas llegaron a competir en los principales mercados internacionales con sofisticados productos desarrollados. Pero luego, una media docena de banqueros, unas cuantas agencias inmobiliarias y un puñado de políticos, dieron rienda suelta al crecimiento de una burbuja inmobiliaria; con crédito fácil y barato se incitaron aventuras en la industria de la construcción y el sector financiero hizo de la economía irlandesa una venta de garaje.
En sólo tres años, la República de Irlanda pasó de un rápido crecimiento económico a registrar un grave déficit público. Su desarrollo se basó durante años en impuestos bajos que atraían inversiones y multinacionales al país, y en un boyante mercado inmobiliario; cuando estalló la burbuja de la construcción en 2008, el valor de los inmuebles se desplomó entre un 50% y un 60% y atrapó a todos los bancos del país, que habían concedido innumerables préstamos a particulares y promotores. El gobierno de Cowen en Dublín se vio forzado a socorrer a los banqueros con 50 mil millones de euros; ese apoyo hundió las cuentas públicas irlandesas que terminarán en este 2010 con un déficit del 32% de su PIB, frente al 14% que registró a finales de 2009. Hoy un nuevo “rescate” europeo y del FMI de 85 mil millones de euros, será pagado con sangre y sudor por los irlandeses; 25 mil funcionarios públicos perderán sus puestos de trabajo, mientras el salario mínimo, hasta ahora el más alto de la Unión Europea, se verá reducido junto también con un leñazo a las pensiones.
3 de diciembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 5 de diciembre de 2010)
El Otoño del Imperio
lunes, 22 de noviembre de 2010
La Conferencia de Cancún sobre el Cambio Climático
Jesús Hernández Garibay
Del lunes 29 de noviembre al viernes 10 de diciembre del presente se lleva a cabo en el puerto turístico de Cancún, México, la largamente esperada XVI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático, organizada por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), un organismo de la ONU que organiza conferencias anuales desde 1995. El objetivo de la Conferencia es conseguir un acuerdo jurídicamente vinculante sobre el clima que se aplique a partir de 2012, una meta buscada desde la Conferencia de Copenhague de 2009, que no fue alcanzada por razón de los grandes intereses de los países desarrollados ahí enredados. Con una mayor conciencia mundial ahora en favor de un acuerdo de tal calibre, el objetivo, sin embargo, se antoja todavía imposible de lograr, a pesar de los esfuerzos realizados para ello.
Tal y como ha sido destacado en distintas ocasiones, la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, provocada por el hombre, ha alcanzado ya niveles tan altos que el clima del planeta se ha desequilibrado. La concentración de CO2 y la temperatura del mundo han aumentado con rapidez en los últimos 50 años y se estima que subirán aun más rápido en las próximas décadas. Esto se suma a multitud de desequilibrios ecológicos, cuyo impacto pone en peligro vidas, diversidad y medios de subsistencia de la gente, en particular de grupos vulnerables. A la vez, se ha destacado que lo que necesita el planeta es una transición justa y sostenible de nuestras sociedades a un modelo que garantice el derecho a la vida y la dignidad de todas las personas, y entregue un planeta más fértil y vidas más plenas a las generaciones presentes y futuras.
La Conferencia de Copenhague debía alcanzar compromisos para reemplazar los del Protocolo de Kioto, que termina en 2012. Sin embargo, como se recuerda, los países presentes en la dicha conferencia sólo lograron un acuerdo parcial y no vinculante; renunciando a la unanimidad, el pleno sólo pudo asumir un documento menor, que postergó para la Conferencia de Cancún los grandes acuerdos, como el fijar metas de reducción de emisiones contaminantes para las naciones ricas. De entonces acá, diversas acciones han sido llevadas a cabo, como la realización de la Cumbre de Nagoya, Japón, de la Diversidad Biológica que intenta confrontar la pérdida de diversidad biológica agravada por el cambio climático; y destacadamente la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra realizada en Cochabamba, Bolivia.
Recién en estos días también tuvo lugar en la ciudad de México la llamada Cumbre Climática Mundial de Alcaldes, escenario en el que se firma el Pacto entre Ciudades para Luchar Contra el Cambio Climático, suscrito por 138 alcaldes de 43 países. Un esfuerzo local encomiable que, no obstante, enfrenta sus propios límites, ya que de un lado su propuesta de “adoptar e implementar medidas locales de mitigación climática diseñadas para alcanzar metas voluntarias de reducción de emisiones” no incluye aún el “cómo”, en medio de los grandes intereses industriales existentes, mientras que de otro lado no establece la imperiosa necesidad de apoyar financieramente la investigación y promoción del uso de energías renovables, como la solar o la eólica (cuya participación al menos de esta última en la generación total nacional apenas pasará de 0.1% a 0.5% en los próximos 14 años, según la Prospectiva del Sector Eléctrico 2000-2024). Adiciona sí, el “promover la inclusión de la sociedad civil en la lucha contra el cambio climático”; lo que al menos resulta alentador…
22 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 28 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio
Del lunes 29 de noviembre al viernes 10 de diciembre del presente se lleva a cabo en el puerto turístico de Cancún, México, la largamente esperada XVI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático, organizada por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), un organismo de la ONU que organiza conferencias anuales desde 1995. El objetivo de la Conferencia es conseguir un acuerdo jurídicamente vinculante sobre el clima que se aplique a partir de 2012, una meta buscada desde la Conferencia de Copenhague de 2009, que no fue alcanzada por razón de los grandes intereses de los países desarrollados ahí enredados. Con una mayor conciencia mundial ahora en favor de un acuerdo de tal calibre, el objetivo, sin embargo, se antoja todavía imposible de lograr, a pesar de los esfuerzos realizados para ello.
Tal y como ha sido destacado en distintas ocasiones, la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, provocada por el hombre, ha alcanzado ya niveles tan altos que el clima del planeta se ha desequilibrado. La concentración de CO2 y la temperatura del mundo han aumentado con rapidez en los últimos 50 años y se estima que subirán aun más rápido en las próximas décadas. Esto se suma a multitud de desequilibrios ecológicos, cuyo impacto pone en peligro vidas, diversidad y medios de subsistencia de la gente, en particular de grupos vulnerables. A la vez, se ha destacado que lo que necesita el planeta es una transición justa y sostenible de nuestras sociedades a un modelo que garantice el derecho a la vida y la dignidad de todas las personas, y entregue un planeta más fértil y vidas más plenas a las generaciones presentes y futuras.
La Conferencia de Copenhague debía alcanzar compromisos para reemplazar los del Protocolo de Kioto, que termina en 2012. Sin embargo, como se recuerda, los países presentes en la dicha conferencia sólo lograron un acuerdo parcial y no vinculante; renunciando a la unanimidad, el pleno sólo pudo asumir un documento menor, que postergó para la Conferencia de Cancún los grandes acuerdos, como el fijar metas de reducción de emisiones contaminantes para las naciones ricas. De entonces acá, diversas acciones han sido llevadas a cabo, como la realización de la Cumbre de Nagoya, Japón, de la Diversidad Biológica que intenta confrontar la pérdida de diversidad biológica agravada por el cambio climático; y destacadamente la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra realizada en Cochabamba, Bolivia.
Recién en estos días también tuvo lugar en la ciudad de México la llamada Cumbre Climática Mundial de Alcaldes, escenario en el que se firma el Pacto entre Ciudades para Luchar Contra el Cambio Climático, suscrito por 138 alcaldes de 43 países. Un esfuerzo local encomiable que, no obstante, enfrenta sus propios límites, ya que de un lado su propuesta de “adoptar e implementar medidas locales de mitigación climática diseñadas para alcanzar metas voluntarias de reducción de emisiones” no incluye aún el “cómo”, en medio de los grandes intereses industriales existentes, mientras que de otro lado no establece la imperiosa necesidad de apoyar financieramente la investigación y promoción del uso de energías renovables, como la solar o la eólica (cuya participación al menos de esta última en la generación total nacional apenas pasará de 0.1% a 0.5% en los próximos 14 años, según la Prospectiva del Sector Eléctrico 2000-2024). Adiciona sí, el “promover la inclusión de la sociedad civil en la lucha contra el cambio climático”; lo que al menos resulta alentador…
22 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 28 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio
jueves, 18 de noviembre de 2010
El Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico 2010
Jesús Hernández Garibay
El pasado fin de semana se reunió en la ciudad de Yokohama, Japón, el llamado Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), cuyos líderes hicieron un exhorto a aplicar “políticas que promuevan el crecimiento equilibrado”; el Foro de la APEC estuvo precedido por la también cumbre del denominado Grupo de los 20 (G-20), que se congregó por quinta ocasión luego de la crisis de 2008, esta vez en la ciudad de Seúl, Corea del Sur. Como suele suceder, en ambos conclaves los dirigentes de las mayores economías del mundo se mostraron más preocupados por la necesidad de lograr acuerdos que garanticen un mayor fortalecimiento al mundo de los negocios en medio de la crisis, que por responder de una manera puntual a las nutridas protestas que se manifestaron a sus puertas, y que revelan el malestar general existente por las “devastadoras consecuencias sociales” de dicha crisis.
El APEC incluye a las tres economías más grandes del mundo: Estados Unidos, China y Japón, cuyas empresas han exigido por largo tiempo que se realice un gran pacto comercial de la cuenca del Pacífico, según esto para “simplificar y armonizar la infinita serie de normas y estándares aplicados en los diversos pactos” entre países del mismo APEC. Así, en la más reciente cita en Yokohama sus miembros plantearon su deseo de comenzar a trabajar para crear una “vasta zona de libre comercio”, en lo que se considera por algunos “la región económica más dinámica del mundo”; así, los principales funcionarios y sus jefes en APEC afirmaron que trabajarían entonces sobre los 43 tratados bilaterales y mini pactos de libre comercio que existen ya entre sus miembros.
Como suele suceder en las cumbres que ya se han llevado a cabo, la meta buscada en la reunión del G-20, de “alcanzar una recuperación global equilibrada y sostenida” (en palabras del presidente Barack Obama), quedará nuevamente en buen propósito, en la medida en que el acuerdo principal de que los gobiernos se abstengan de intervenir para devaluar las monedas, no se podrá alcanzar, sencillamente porque no se habla de medidas concretas para lograrlo; el G-20 se plantea avanzar hacia un tipo de cambio más regido por el mercado y menos por los gobiernos, pero en un mercado altamente competido por ganar mejores ventas con productos menos caros, que requiere políticas cambiarias con devaluaciones competitivas. A la vez, el grupo se plantea un nuevo intento por concluir ya la Ronda comercial de Doha y rechazar el proteccionismo, meta que hasta ahora no ha sido posible por más de 10 años en que países como Estados Unidos no la aceptan.
La reunión de APEC, de su lado, planteó también su rechazo al proteccionismo, mientras retomaba la idea de elaborar un marco en pro del crecimiento de largo plazo en la región, específicamente a través del impulso del libre comercio (“Zona de Libre Comercio Asia-Pacífico” para el 2020), en una zona que reúne a 21 economías que representan 40.5% de la población del mundo, 54.2% del PIB mundial y 43.7% del comercio global. De esta manera, como bien se entiende, la intención de ambas reuniones, la de las 20 economías en respuesta a la crisis que estalla en el tercer tercio de 2008, como la de las economías de la dinámica zona Asia-Pacífico, continúan buscando en esencia, bajo el predominio de los países capitalistas más desarrollados, avanzar en resolver las complicaciones mundiales con base en las políticas más socorridas que llevaron justamente a la problemática situación que aún se vive; es decir, con base en un mayor impulso al “mercado libre”.
18 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 21 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio
El pasado fin de semana se reunió en la ciudad de Yokohama, Japón, el llamado Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), cuyos líderes hicieron un exhorto a aplicar “políticas que promuevan el crecimiento equilibrado”; el Foro de la APEC estuvo precedido por la también cumbre del denominado Grupo de los 20 (G-20), que se congregó por quinta ocasión luego de la crisis de 2008, esta vez en la ciudad de Seúl, Corea del Sur. Como suele suceder, en ambos conclaves los dirigentes de las mayores economías del mundo se mostraron más preocupados por la necesidad de lograr acuerdos que garanticen un mayor fortalecimiento al mundo de los negocios en medio de la crisis, que por responder de una manera puntual a las nutridas protestas que se manifestaron a sus puertas, y que revelan el malestar general existente por las “devastadoras consecuencias sociales” de dicha crisis.
El APEC incluye a las tres economías más grandes del mundo: Estados Unidos, China y Japón, cuyas empresas han exigido por largo tiempo que se realice un gran pacto comercial de la cuenca del Pacífico, según esto para “simplificar y armonizar la infinita serie de normas y estándares aplicados en los diversos pactos” entre países del mismo APEC. Así, en la más reciente cita en Yokohama sus miembros plantearon su deseo de comenzar a trabajar para crear una “vasta zona de libre comercio”, en lo que se considera por algunos “la región económica más dinámica del mundo”; así, los principales funcionarios y sus jefes en APEC afirmaron que trabajarían entonces sobre los 43 tratados bilaterales y mini pactos de libre comercio que existen ya entre sus miembros.
Como suele suceder en las cumbres que ya se han llevado a cabo, la meta buscada en la reunión del G-20, de “alcanzar una recuperación global equilibrada y sostenida” (en palabras del presidente Barack Obama), quedará nuevamente en buen propósito, en la medida en que el acuerdo principal de que los gobiernos se abstengan de intervenir para devaluar las monedas, no se podrá alcanzar, sencillamente porque no se habla de medidas concretas para lograrlo; el G-20 se plantea avanzar hacia un tipo de cambio más regido por el mercado y menos por los gobiernos, pero en un mercado altamente competido por ganar mejores ventas con productos menos caros, que requiere políticas cambiarias con devaluaciones competitivas. A la vez, el grupo se plantea un nuevo intento por concluir ya la Ronda comercial de Doha y rechazar el proteccionismo, meta que hasta ahora no ha sido posible por más de 10 años en que países como Estados Unidos no la aceptan.
La reunión de APEC, de su lado, planteó también su rechazo al proteccionismo, mientras retomaba la idea de elaborar un marco en pro del crecimiento de largo plazo en la región, específicamente a través del impulso del libre comercio (“Zona de Libre Comercio Asia-Pacífico” para el 2020), en una zona que reúne a 21 economías que representan 40.5% de la población del mundo, 54.2% del PIB mundial y 43.7% del comercio global. De esta manera, como bien se entiende, la intención de ambas reuniones, la de las 20 economías en respuesta a la crisis que estalla en el tercer tercio de 2008, como la de las economías de la dinámica zona Asia-Pacífico, continúan buscando en esencia, bajo el predominio de los países capitalistas más desarrollados, avanzar en resolver las complicaciones mundiales con base en las políticas más socorridas que llevaron justamente a la problemática situación que aún se vive; es decir, con base en un mayor impulso al “mercado libre”.
18 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 21 de noviembre de 2010)
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miércoles, 10 de noviembre de 2010
Las Razones de la Derrota Demócrata
Jesús Hernández Garibay
La derrota demócrata, a manos de un movimiento popular conservador que se expresa a través del Partido Republicano y provoca la conquista por éste de importantes espacios legislativos, es una lección para el mundo acerca de lo frágil que pueden ser las perspectivas en busca de mejores tiempos globales, desde Estados Unidos. Los resultados finales de la jornada electoral del 2 de noviembre último son también una lección para Barack Obama mismo, acerca de la importancia que tenía el haberse mantenido en su primer periodo de gobierno cercano a los electores que lo favorecieron; a la vez sin embargo, si bien es una evidencia sobre los límites actuales, es también un indicador acerca de los alcances que puede implicar ello para un verdadero cambio en el panorama político de la Unión Americana.
Como se recuerda, el complejo escenario estadounidense de principios del nuevo siglo incluye una severa crisis económica como no había sido advertida desde los años treinta del siglo anterior; una crisis que afecta en todos los sentidos tanto a las empresas que por miles nacen, crecen y sucumben a manos de una despiadada competencia en la que los grandes se tragan sin más a los pequeños, como para los consumidores que no logran la suficiente estabilidad para mantener un status familiar, en medio del insoluble desempleo, del creciente empobrecimiento y del agotamiento del crédito como un recurso viable para sus necesidades. Una crisis que fuerza a buscar en el gasto armamentista, con todas las implicaciones guerreristas de ello, opciones para contrarrestar el declive en el ámbito planetario, y que a mucha gente le plantea también las salidas falsas de la delincuencia y la drogadicción.
El movimiento de derecha que propina en los comicios “una paliza”, así lo decía el mandatario estadounidense, a sus pretensiones por modificar el escenario político nacional y global, responde en lo fundamental al desaliento de esa gente cansada de promesas por no advertir mayores avances en su seguridad familiar (en lo educativo, en una mejor vivienda, en un empleo más estable…) El llamado Tea Party (siendo aprovechado ahora en forma oportunista por políticos ultraconservadores para mejorar sus espacios particulares), de origen nace con fuertes críticas hacia todo lo que suene a “gobierno”, como los “despilfarros” administrativos, o la intervención en sectores de la economía o la sanidad, o los recortes de impuestos; e irrumpe exigiendo mayor austeridad en el gasto y una menor intervención estatal, lo que también incluye críticas al gobierno de George W. Bush.
Por las características del nuevo presidente, negro, con aire musulmán e ideas renovadas que proponen apoyos más sustanciales a la gente más empobrecida, ese ultraconservadurismo ―proveniente tanto del “reaganomics” (política económica de Ronald Reagan) como de las políticas neoliberales de la Era Bush, con su ramplón anticomunismo que ahora ve en Obama un peligro “socialista”―, busca en esencia descarrilar el carro de cualquier intento por seguir construyendo un país distinto; o como decía una de las estrellas del Tea Party, Rand Paul (senador por Kentucky), su objetivo es “devolver el gobierno al pueblo”.
No obstante lo anterior, lo que es cierto es que tanto aquél como específicamente el popular que llevó a Obama a la presidencia son parte de un movimiento diverso con lazos comunes y comunicantes, que si bien hoy se encuentra dividido y paralizado, sin salidas fáciles, más temprano que tarde encontrará en el regreso a los orígenes que le dieron vida, el camino para continuar abonando en socorro de una historia nueva.
10 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio
La derrota demócrata, a manos de un movimiento popular conservador que se expresa a través del Partido Republicano y provoca la conquista por éste de importantes espacios legislativos, es una lección para el mundo acerca de lo frágil que pueden ser las perspectivas en busca de mejores tiempos globales, desde Estados Unidos. Los resultados finales de la jornada electoral del 2 de noviembre último son también una lección para Barack Obama mismo, acerca de la importancia que tenía el haberse mantenido en su primer periodo de gobierno cercano a los electores que lo favorecieron; a la vez sin embargo, si bien es una evidencia sobre los límites actuales, es también un indicador acerca de los alcances que puede implicar ello para un verdadero cambio en el panorama político de la Unión Americana.
Como se recuerda, el complejo escenario estadounidense de principios del nuevo siglo incluye una severa crisis económica como no había sido advertida desde los años treinta del siglo anterior; una crisis que afecta en todos los sentidos tanto a las empresas que por miles nacen, crecen y sucumben a manos de una despiadada competencia en la que los grandes se tragan sin más a los pequeños, como para los consumidores que no logran la suficiente estabilidad para mantener un status familiar, en medio del insoluble desempleo, del creciente empobrecimiento y del agotamiento del crédito como un recurso viable para sus necesidades. Una crisis que fuerza a buscar en el gasto armamentista, con todas las implicaciones guerreristas de ello, opciones para contrarrestar el declive en el ámbito planetario, y que a mucha gente le plantea también las salidas falsas de la delincuencia y la drogadicción.
El movimiento de derecha que propina en los comicios “una paliza”, así lo decía el mandatario estadounidense, a sus pretensiones por modificar el escenario político nacional y global, responde en lo fundamental al desaliento de esa gente cansada de promesas por no advertir mayores avances en su seguridad familiar (en lo educativo, en una mejor vivienda, en un empleo más estable…) El llamado Tea Party (siendo aprovechado ahora en forma oportunista por políticos ultraconservadores para mejorar sus espacios particulares), de origen nace con fuertes críticas hacia todo lo que suene a “gobierno”, como los “despilfarros” administrativos, o la intervención en sectores de la economía o la sanidad, o los recortes de impuestos; e irrumpe exigiendo mayor austeridad en el gasto y una menor intervención estatal, lo que también incluye críticas al gobierno de George W. Bush.
Por las características del nuevo presidente, negro, con aire musulmán e ideas renovadas que proponen apoyos más sustanciales a la gente más empobrecida, ese ultraconservadurismo ―proveniente tanto del “reaganomics” (política económica de Ronald Reagan) como de las políticas neoliberales de la Era Bush, con su ramplón anticomunismo que ahora ve en Obama un peligro “socialista”―, busca en esencia descarrilar el carro de cualquier intento por seguir construyendo un país distinto; o como decía una de las estrellas del Tea Party, Rand Paul (senador por Kentucky), su objetivo es “devolver el gobierno al pueblo”.
No obstante lo anterior, lo que es cierto es que tanto aquél como específicamente el popular que llevó a Obama a la presidencia son parte de un movimiento diverso con lazos comunes y comunicantes, que si bien hoy se encuentra dividido y paralizado, sin salidas fáciles, más temprano que tarde encontrará en el regreso a los orígenes que le dieron vida, el camino para continuar abonando en socorro de una historia nueva.
10 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio
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miércoles, 3 de noviembre de 2010
Las Elecciones Intermedias en Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
En una esperada jornada que promete un nuevo giro en el de por sí complejo panorama político de Estados Unidos, el ultraconservadurismo y sus variantes derechistas, racistas, anticomunistas y antimusulmanas, defensoras a ultranza del llamado mercado libre, este 2 de noviembre, en las elecciones intermedias en las que se jugaba la mayoría en el Senado, la Cámara de Representantes y las gubernaturas de la Unión Americana, propinó lo que se califica como un duro descalabro a los sueños de “cambio” del presidente Barack Obama y antecedente importante para atajar sus intenciones de un segundo periodo presidencial. En estos comicios serían renovados 435 escaños de la Cámara y 37 de los 100 del Senado, así como 37 gubernaturas y numerosos congresos locales.
A través del Partido Republicano, dicho movimiento ultraconservador que nace encabezado por quienes se autodenominan el “Partido del Té” (“Tea Party”), propina una categórica derrota al Partido Demócrata en la Cámara baja, con 240 republicanos ganadores (55%), frente a 184 demócratas y aun 11 no decididos hasta las primeras horas del 3 de noviembre (la composición de la Cámara era antes de estos comicios, de 235 demócratas (56%) y 199 republicanos, resultado de la elección de 2008). Con toda fortuna para la agenda política de Obama, en el Senado los demócratas mantienen su ventaja al menos con el mínimo 51% de las curules, mientras que en la carrera por las gubernaturas los republicanos arrancan también a los demócratas la delantera con una ventaja de 2 a 1.
Un indudable revés a las aspiraciones de Obama de cambiar la correlación interna de fuerzas por la vía de propuestas como las reformas de salud y financiera (ahora, con el triunfo republicano, a punto de ser regresadas al congelador), o las reformas sobre el cambio ambiental, la inmigración o la educación entre otras a nivel nacional, además de las intenciones por disminuir la tensión bélica mundial, por parte de un movimiento popular ultraconservador que despierta y reacciona frente a los cambios en el mundo, ante un movimiento popular que había llevado a Obama a la Casa Blanca, pero que ahora paralizado y desconcertado deja de votar en favor de los demócratas, que tampoco resultan atractivos por pertenecer a una rancia “clase política”, maleable y sin proyecto de futuro asequible.
Curioso, la gran ganadora de los comicios resulta ser Sarah Palin, la ex-candidata republicana a la vice-presidencia en las pasadas elecciones, quien en un singular activismo por todo el país respaldó a 43 candidatos para la Cámara, de los que al menos 30 ganaron un escaño, mientras que para el Senado apoyó a 12 candidatos, de los que ganan 7. Esto la deja en condiciones de buscar de nuevo la nominación presidencial republicana para el 2012, una gran oportunidad de llevar adelante su agenda ultramontana como un miembro destacado que es de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), y quien siempre apoyó la invasión a Irak al opinar que EUA enviaba ahí soldados, como “una misión de Dios”.
El presidente Barack Obama de su parte, vilipendiado por la derecha, malentendido por la izquierda y, como alguien decía, “abandonado por el centro”, a quien los electores acusan de no resolver la recesión económica y el desempleo, al menos por ahora acepta, de acuerdo con una entrevista de Peter Baker, que descuidó la “inspiración” una vez que fue electo, al no haberse mantenido “conectado” con la gente que lo colocó en el cargo; algo que esta gente comienza a considerar igual: que no debió abandonarlo tampoco.
3 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 7 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio
En una esperada jornada que promete un nuevo giro en el de por sí complejo panorama político de Estados Unidos, el ultraconservadurismo y sus variantes derechistas, racistas, anticomunistas y antimusulmanas, defensoras a ultranza del llamado mercado libre, este 2 de noviembre, en las elecciones intermedias en las que se jugaba la mayoría en el Senado, la Cámara de Representantes y las gubernaturas de la Unión Americana, propinó lo que se califica como un duro descalabro a los sueños de “cambio” del presidente Barack Obama y antecedente importante para atajar sus intenciones de un segundo periodo presidencial. En estos comicios serían renovados 435 escaños de la Cámara y 37 de los 100 del Senado, así como 37 gubernaturas y numerosos congresos locales.
A través del Partido Republicano, dicho movimiento ultraconservador que nace encabezado por quienes se autodenominan el “Partido del Té” (“Tea Party”), propina una categórica derrota al Partido Demócrata en la Cámara baja, con 240 republicanos ganadores (55%), frente a 184 demócratas y aun 11 no decididos hasta las primeras horas del 3 de noviembre (la composición de la Cámara era antes de estos comicios, de 235 demócratas (56%) y 199 republicanos, resultado de la elección de 2008). Con toda fortuna para la agenda política de Obama, en el Senado los demócratas mantienen su ventaja al menos con el mínimo 51% de las curules, mientras que en la carrera por las gubernaturas los republicanos arrancan también a los demócratas la delantera con una ventaja de 2 a 1.
Un indudable revés a las aspiraciones de Obama de cambiar la correlación interna de fuerzas por la vía de propuestas como las reformas de salud y financiera (ahora, con el triunfo republicano, a punto de ser regresadas al congelador), o las reformas sobre el cambio ambiental, la inmigración o la educación entre otras a nivel nacional, además de las intenciones por disminuir la tensión bélica mundial, por parte de un movimiento popular ultraconservador que despierta y reacciona frente a los cambios en el mundo, ante un movimiento popular que había llevado a Obama a la Casa Blanca, pero que ahora paralizado y desconcertado deja de votar en favor de los demócratas, que tampoco resultan atractivos por pertenecer a una rancia “clase política”, maleable y sin proyecto de futuro asequible.
Curioso, la gran ganadora de los comicios resulta ser Sarah Palin, la ex-candidata republicana a la vice-presidencia en las pasadas elecciones, quien en un singular activismo por todo el país respaldó a 43 candidatos para la Cámara, de los que al menos 30 ganaron un escaño, mientras que para el Senado apoyó a 12 candidatos, de los que ganan 7. Esto la deja en condiciones de buscar de nuevo la nominación presidencial republicana para el 2012, una gran oportunidad de llevar adelante su agenda ultramontana como un miembro destacado que es de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), y quien siempre apoyó la invasión a Irak al opinar que EUA enviaba ahí soldados, como “una misión de Dios”.
El presidente Barack Obama de su parte, vilipendiado por la derecha, malentendido por la izquierda y, como alguien decía, “abandonado por el centro”, a quien los electores acusan de no resolver la recesión económica y el desempleo, al menos por ahora acepta, de acuerdo con una entrevista de Peter Baker, que descuidó la “inspiración” una vez que fue electo, al no haberse mantenido “conectado” con la gente que lo colocó en el cargo; algo que esta gente comienza a considerar igual: que no debió abandonarlo tampoco.
3 de noviembre de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 7 de noviembre de 2010)
El Otoño del Imperio
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