Jesús Hernández Garibay
La crisis no respeta fronteras, ni en países desarrollados. Mientras que más de 70 mil empleados públicos (maestros, profesionistas, administrativos) mantenían el domingo 20 de este mes su sexto día de protestas dentro y fuera del Capitolio de Madison, Wisconsin, en Estados Unidos, el gobernador Scott Walker reiteraba que no transigiría en su intención: un proyecto de ley que elimina la mayoría de los derechos de negociación colectiva de los empleados públicos y además los obliga a pagar más por el sistema de pensiones y de seguro médico. Al igual que en varios países árabes, las protestas sacuden ahora a ese estado, por la ley antisindical presentada por un gobernador republicano, quien con tan solo seis semanas de mandato enfrenta una virtual insurrección.
Más allá de las particularidades, la crisis golpea y busca someter también a quienes hasta hoy habían podido prevalecer menos vulnerables. La razón que aduce el republicano Walker ―vinculado al Tea Party Movement, un movimiento político neopopulista de derecha que trabaja en la línea de evitar que el presidente Barack Obama asuma un segundo mandato y que apoya activamente al gobernador― para llevar adelante su propuesta es que de llevarse a cabo ello permitiría frenar el déficit fiscal de Wisconsin (el cual llegará a los tres mil 600 millones de dólares en los próximos dos años), pues obliga a los empleados públicos a pagar el 5.8% de su salario hacia sus pensiones y 12.6% de las primas de cuidado de la salud, con base en el 6% promedio que hoy pagan.
Walker pretende recortar también muchos de los derechos de negociación colectiva de los sindicatos, uno de los escasos mecanismos que permiten mantener las condiciones salariales/laborales y evitar despidos masivos. Como se sabe, la tecnología en el mundo desarrollado evidencia problemas, pues mientras el número de trabajos de alto perfil bien pagados aumenta, los de bajo perfil son más difíciles de encontrar. Estos factores contribuyen a la desigualdad en el mercado laboral, pues la diferencia entre los altos y bajos salarios crece substancialmente. La negociación colectiva ha logrado moderar esa brecha, pues los obreros sindicalizados ganan casi un tercio más que los no sindicalizados, y tienen mayor posibilidad de alcanzar beneficios de salud y pensión, lo que para el caso de las minorías sobre todo hispanas y negras ha sido importantísimo.
El problema sin embargo es grave, pues la tasa de sindicalización virtualmente se derrumba en Estados Unidos. El índice de sindicalización ha disminuido de manera continua desde principios de la década de los setenta. Hace 30 años era de 25%, en 2002 fue de sólo 13%, siendo el sector público el que ha mantenido un mejor desempeño relativo desde los años sesenta; en las empresas privadas, sólo el 7.4% de los trabajadores se encontraba afiliado en 2006. La crisis y las necesidades del mercado libre, así, golpean duro a los trabajadores, expuestos tanto a despidos masivos como a nuevas condiciones salariales y laborales como chivos expiatorios al gusto de quienes más se enriquecen.
21 de febrero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de febrero de 2011)
El Otoño del Imperio
Más de 50 mil personas participaron en el quinto dia de protestas en Madison
viernes, 25 de febrero de 2011
lunes, 14 de febrero de 2011
La Revolución Egipcia Apenas Inicia
Jesús Hernández Garibay
En 18 días, una insurrección popular arrancó de su podio a un régimen que había gobernado Egipto en forma brutal durante 30 años. No obstante, mientras que los inicios de una posible revolución abren la puerta ahora a una reforma política y económica de alcance limitado por causa de los intereses predominantes en esa nación, su efecto más importante y duradero podría ser el despertar de una conciencia social de mucho mayor alcance; luego de la fiesta nacional que como resultado de la caída de Hosni Mubarack se diera en todo el país, comienzan a surgir voces de duda y descontento ante las posibles intenciones del llamado Consejo Militar, al frente ahora de los destinos nacionales.
De un día para el siguiente, como se recuerda, Mubarack, que en su último mensaje llamaba a quienes imaginaba sus “hijos” al entendimiento, decide transmitir el poder al ejército egipcio. Virtual golpe de Estado por causa de la llamarada popular que aparte de la ahora emblemática Plaza Tahrir de El Cairo crecía y se multiplicaba en Alejandría, Damanhour, Mansoura, Suez y Port Said, además de las ciudades sureñas de Assiut, Luxor, Aswan y el oasis de al-Kharga, donde la gente arrasó con la comisaría y las instalaciones del gobierno. Huelgas y protestas en los centros de trabajo desde los trabajadores textiles de Kafr al-Dawwar, Helwan y Mahalla, hasta los trabajadores de la Autoridad del Canal de Suez, que se unen tácitamente a cientos de miles de jóvenes sin empleo.
Tanto para el caso de Túnez como ahora de Egipto la mayoría de los medios informativos sólo destacan el papel de la juventud y las clases medias que utilizan Internet y las redes sociales como actores privilegiados de las protestas. No obstante, lo cierto es que el papel de los trabajadores fue decisivo en Túnez lo mismo que en Egipto. Algunas estimaciones elevan a dos millones el número de trabajadores egipcios que llegaron a participar en más de tres mil acciones colectivas, un 40% de ellas en el sector privado. A partir del domingo 6 de febrero con la vuelta al trabajo fomentada por el gobierno, la situación dio un giro justamente con la entrada masiva de una clase obrera egipcia de larga data en la escena; en una ciudad tras otra hubo huelgas y ocupaciones.
Luego de las celebraciones, la realidad comienza ahora de nuevo a imponerse. Miles de manifestantes volvieron a la plaza Tahrir el domingo 13, después de que las fuerzas armadas intentaran dispersarlos; al mismo tiempo, cerca del Ministerio del Interior la policía realizaba una protesta por mejores sueldos. Mientras los nuevos manifestantes en la plaza gritaban “Revolución, revolución hasta la victoria…”, cientos de trabajadores empleados en los bancos estatales protestaban a las afueras de sus bancos contra la supuesta corrupción y abusos. A la vez, los trabajadores de la Compañía del Canal de Suez de las ciudades de Suez, Port Said e Ismailia iniciaban una ocupación indefinida de las instalaciones de trabajo. En el fondo, todos protestando en contra de los salarios de pobreza y el deterioro de las condiciones laborales; las estrellas de la crisis global.
14 de febrero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 20 de febrero de 2011)
El Otoño del Imperio
La Revolución en Egipto
En 18 días, una insurrección popular arrancó de su podio a un régimen que había gobernado Egipto en forma brutal durante 30 años. No obstante, mientras que los inicios de una posible revolución abren la puerta ahora a una reforma política y económica de alcance limitado por causa de los intereses predominantes en esa nación, su efecto más importante y duradero podría ser el despertar de una conciencia social de mucho mayor alcance; luego de la fiesta nacional que como resultado de la caída de Hosni Mubarack se diera en todo el país, comienzan a surgir voces de duda y descontento ante las posibles intenciones del llamado Consejo Militar, al frente ahora de los destinos nacionales.
De un día para el siguiente, como se recuerda, Mubarack, que en su último mensaje llamaba a quienes imaginaba sus “hijos” al entendimiento, decide transmitir el poder al ejército egipcio. Virtual golpe de Estado por causa de la llamarada popular que aparte de la ahora emblemática Plaza Tahrir de El Cairo crecía y se multiplicaba en Alejandría, Damanhour, Mansoura, Suez y Port Said, además de las ciudades sureñas de Assiut, Luxor, Aswan y el oasis de al-Kharga, donde la gente arrasó con la comisaría y las instalaciones del gobierno. Huelgas y protestas en los centros de trabajo desde los trabajadores textiles de Kafr al-Dawwar, Helwan y Mahalla, hasta los trabajadores de la Autoridad del Canal de Suez, que se unen tácitamente a cientos de miles de jóvenes sin empleo.
Tanto para el caso de Túnez como ahora de Egipto la mayoría de los medios informativos sólo destacan el papel de la juventud y las clases medias que utilizan Internet y las redes sociales como actores privilegiados de las protestas. No obstante, lo cierto es que el papel de los trabajadores fue decisivo en Túnez lo mismo que en Egipto. Algunas estimaciones elevan a dos millones el número de trabajadores egipcios que llegaron a participar en más de tres mil acciones colectivas, un 40% de ellas en el sector privado. A partir del domingo 6 de febrero con la vuelta al trabajo fomentada por el gobierno, la situación dio un giro justamente con la entrada masiva de una clase obrera egipcia de larga data en la escena; en una ciudad tras otra hubo huelgas y ocupaciones.
Luego de las celebraciones, la realidad comienza ahora de nuevo a imponerse. Miles de manifestantes volvieron a la plaza Tahrir el domingo 13, después de que las fuerzas armadas intentaran dispersarlos; al mismo tiempo, cerca del Ministerio del Interior la policía realizaba una protesta por mejores sueldos. Mientras los nuevos manifestantes en la plaza gritaban “Revolución, revolución hasta la victoria…”, cientos de trabajadores empleados en los bancos estatales protestaban a las afueras de sus bancos contra la supuesta corrupción y abusos. A la vez, los trabajadores de la Compañía del Canal de Suez de las ciudades de Suez, Port Said e Ismailia iniciaban una ocupación indefinida de las instalaciones de trabajo. En el fondo, todos protestando en contra de los salarios de pobreza y el deterioro de las condiciones laborales; las estrellas de la crisis global.
14 de febrero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 20 de febrero de 2011)
El Otoño del Imperio
La Revolución en Egipto
lunes, 7 de febrero de 2011
¿Quiénes Pierden con la Insurrección Popular en Egipto?
Jesús Hernández Garibay
Enredado en los intríngulis políticos y diplomáticos, en los entreveros familiares y los influjos de gobiernos autoritarios en una región como la de Asia, Oriente Medio, o cualquier otro país del mundo, lo que en el fondo se juega hoy en Egipto es el destino de los intereses predominantes durante décadas, que se enriquecen a costa de la miseria de cada vez más familias. En este país se habla, por ejemplo, de unas 200 empresas estadounidenses bien establecidas bajo la segura promoción de unos 650 agentes y organismos egipcios y norteamericanos, como Thomas Register, Dun & Bradstreet, American Big Business o American Export Register, aparte de numerosos contactos en el propio Gobierno egipcio; el núcleo, pues, de una comunidad empresarial muy activa en el país.
Egipto ha sido el segundo gran receptor de ayuda de Estados Unidos durante décadas, después de Israel; el régimen de Mubarak ha recibido unos 2 mil millones de dólares al año desde que asumió el poder. De este monto, las fuerzas armadas se quedan con unos mil 300, pero como siempre sucede con la “ayuda” a los países, los fondos concedidos han ido a parar a las arcas de las empresas estadounidenses del complejo militar industrial como Lockheed Martin y General Dynamics; el dinero nunca es visto, pues se transforma en contratos con empresas que proveen armamentos tales como aviones F-16, tanques M-1, motores de aeronaves, todo tipo de misiles, pistolas o latas de gases lacrimógenos. Lockheed Martin ha encabezado en Egipto acuerdos por unos 3 mil 800 millones de dólares en los últimos diez años; General Dynamics por 2 mil 500 millones; Boeing por mil 700 millones y Raytheon por otro tanto para todo tipo de armas.
A la vez, la seguridad interna y militar de Egipto ha sido apuntalada por una elite de negocios que constituyen el núcleo de un orden policiaco y militar que ha sostenido a Hosni Mubarak durante más de tres décadas. Como se sabe ahora, aparte de los al final de cuentas grandes beneficios por la ayuda militar que recibe, el ejército egipcio dirige una gran variedad de empresas: hoteles, empresas y fábricas, una cartera que le da un importante control de la economía de Egipto, pues se traduce en miles de millones de dólares de ingresos anuales. Durante años ha desarrollado actividades comerciales, incluyendo la construcción de carreteras y aeropuertos, procesamiento de alimentos y de fábricas diversas; una base económica que inclusive ha impulsado a los altos mandos militares en las filas de la élite financiera del país (en datos de Al Jazzera).
Por ello es que la reciente apertura de un diálogo entre el vicepresidente del país, Omar Suleiman, y los grupos opositores, para sentar las bases de lo que sería una “transición a la democracia”, es algo que no beneficia a Mubarak (quien ahora no es más que historia), sino que satisface a una boyante comunidad empresarial, bien representada en el improvisado “Consejo de Sabios” que incluye a Naguib Sawiris, el magnate de negocios que recomendó al mismo Suleiman para un “Gobierno de transición”. Sawiris es uno de los empresarios más influyentes de Egipto en la actualidad, gracias a su rápida expansión de Orascom Telecom, un corporativo que opera redes en siete países y atiende con servicios a unos 500 millones de personas. Así, antes de que Mubarak se vaya, la “transición” tendrá que dejar satisfecho a aquellos quienes serían, en todo caso, los verdaderos perdedores con la posibilidad de que la insurrección popular actual saliera adelante.
7 de febrero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 13 de febrero de 2011)
El Otoño del Imperio
El Cairo, 25 de enero de 2011...
Enredado en los intríngulis políticos y diplomáticos, en los entreveros familiares y los influjos de gobiernos autoritarios en una región como la de Asia, Oriente Medio, o cualquier otro país del mundo, lo que en el fondo se juega hoy en Egipto es el destino de los intereses predominantes durante décadas, que se enriquecen a costa de la miseria de cada vez más familias. En este país se habla, por ejemplo, de unas 200 empresas estadounidenses bien establecidas bajo la segura promoción de unos 650 agentes y organismos egipcios y norteamericanos, como Thomas Register, Dun & Bradstreet, American Big Business o American Export Register, aparte de numerosos contactos en el propio Gobierno egipcio; el núcleo, pues, de una comunidad empresarial muy activa en el país.
Egipto ha sido el segundo gran receptor de ayuda de Estados Unidos durante décadas, después de Israel; el régimen de Mubarak ha recibido unos 2 mil millones de dólares al año desde que asumió el poder. De este monto, las fuerzas armadas se quedan con unos mil 300, pero como siempre sucede con la “ayuda” a los países, los fondos concedidos han ido a parar a las arcas de las empresas estadounidenses del complejo militar industrial como Lockheed Martin y General Dynamics; el dinero nunca es visto, pues se transforma en contratos con empresas que proveen armamentos tales como aviones F-16, tanques M-1, motores de aeronaves, todo tipo de misiles, pistolas o latas de gases lacrimógenos. Lockheed Martin ha encabezado en Egipto acuerdos por unos 3 mil 800 millones de dólares en los últimos diez años; General Dynamics por 2 mil 500 millones; Boeing por mil 700 millones y Raytheon por otro tanto para todo tipo de armas.
A la vez, la seguridad interna y militar de Egipto ha sido apuntalada por una elite de negocios que constituyen el núcleo de un orden policiaco y militar que ha sostenido a Hosni Mubarak durante más de tres décadas. Como se sabe ahora, aparte de los al final de cuentas grandes beneficios por la ayuda militar que recibe, el ejército egipcio dirige una gran variedad de empresas: hoteles, empresas y fábricas, una cartera que le da un importante control de la economía de Egipto, pues se traduce en miles de millones de dólares de ingresos anuales. Durante años ha desarrollado actividades comerciales, incluyendo la construcción de carreteras y aeropuertos, procesamiento de alimentos y de fábricas diversas; una base económica que inclusive ha impulsado a los altos mandos militares en las filas de la élite financiera del país (en datos de Al Jazzera).
Por ello es que la reciente apertura de un diálogo entre el vicepresidente del país, Omar Suleiman, y los grupos opositores, para sentar las bases de lo que sería una “transición a la democracia”, es algo que no beneficia a Mubarak (quien ahora no es más que historia), sino que satisface a una boyante comunidad empresarial, bien representada en el improvisado “Consejo de Sabios” que incluye a Naguib Sawiris, el magnate de negocios que recomendó al mismo Suleiman para un “Gobierno de transición”. Sawiris es uno de los empresarios más influyentes de Egipto en la actualidad, gracias a su rápida expansión de Orascom Telecom, un corporativo que opera redes en siete países y atiende con servicios a unos 500 millones de personas. Así, antes de que Mubarak se vaya, la “transición” tendrá que dejar satisfecho a aquellos quienes serían, en todo caso, los verdaderos perdedores con la posibilidad de que la insurrección popular actual saliera adelante.
7 de febrero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 13 de febrero de 2011)
El Otoño del Imperio
El Cairo, 25 de enero de 2011...
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lunes, 31 de enero de 2011
El Foro de Davos y los Riesgos de una Crisis Social
Jesús Hernández Garibay
El domingo 30 de enero concluyó en Davos, Suiza, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés). El Foro, ahora en su 41ª edición, volvió a reunir como lo hace cada año en esta época invernal, a la crema y nata del llamado libre mercado mundial, además de algunos seguidores que desean ser escuchados por la misma; un lugar como siempre, donde los más grandes de los grandes negocios pueden sembrarse o florecer, y donde como en diversas ocasiones, se reitera la facundia de la búsqueda del bienestar de la gente, aunque no sea la gente la que disfrute finalmente de ello. En este 2011 destacaron las discordancias al hablar de soluciones para terminar por fin con una prolongada crisis, en medio del clima de incertidumbre que dejan las revueltas populares en varios países del mundo árabe, que amenazan con seguir contaminando al resto del orbe.
Ya desde días antes de la inauguración del Foro 2011, Klaus Schwab, presidente del organismo, había precisado que este año el tradicional evento trabajaría con el objetivo de encontrar la forma de “evitar que la crisis financiera mundial se convierta en una crisis social…” Una intención muy a tono con las condiciones actuales del mundo, en que el incremento desmedido en los precios de los artículos de la canasta básica se entrevera con la baja en el empleo global y las graves limitaciones en la capacidad de consumo de la gente. Una circunstancia que igual que ahora golpea la estabilidad política de naciones como Túnez, Egipto, Yemen y otros países árabes, sacude también a países europeos, africanos y latinoamericanos, por no mencionar a los propios Estados Unidos.
También previo al encuentro fue dado a conocer el informe del mismo WEF “Riesgos globales 2011”, en su sexta edición, que concluye que la crisis financiera ha mermado la capacidad global para afrontar las dificultades; en su presentación, el director General y Comercial del Foro, Robert Greenhill, indicaba que “Los sistemas del siglo XX no logran afrontar los riesgos del siglo XXI…”, mientras el informe concluía que hay tres grupos de riesgos que generan importantes obstáculos: las debilidades estructurales a largo plazo de la economía internacional; la economía informal que en 2009 alcanzó 1.3 billones de dólares o más, y las limitaciones de agua, alimentos y energía. Un reconocimiento de que el “modelo económico” imperante ha fracasado y, por ello, diversos países se encuentran en la antesala del conflicto social.
De nueva cuenta como en otros años y otros foros internacionales, en este WEF los grandes países de la Organización Mundial del Comercio (OMC) acordaban que en julio próximo sí se alcanzaría por fin un acuerdo sobre la Ronda de Doha de liberalización comercial, a la vez que se discutiría acerca de las normas necesarias para hacer posible la cooperación mundial en esta nueva etapa; una fantasía entreverada con los grandes intereses implicados y no cumplida hasta ahora, después de diez años. También se propuso la creación de una Red de Respuesta a los Riesgos para que, de manera similar a lo que sucedió en los casos de Grecia o Irlanda, se establezca un mecanismo para mitigar situaciones de crisis antes de que éstas ocurran o sean mayores. En fin, que ante la perspectiva de que los puntos débiles del “libre mercado” puedan causar una nueva crisis global en los próximos años, en esta versión 41 del Foro destacó la necesidad de recordar los riesgos que pueden dar al traste con los grandes negocios, por causa de las protestas sociales.
31 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 6 de febrero de 2011)
El Otoño del Imperio
Se cumplen 10 años de la celebración del primer Foro Mundial Social
El domingo 30 de enero concluyó en Davos, Suiza, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés). El Foro, ahora en su 41ª edición, volvió a reunir como lo hace cada año en esta época invernal, a la crema y nata del llamado libre mercado mundial, además de algunos seguidores que desean ser escuchados por la misma; un lugar como siempre, donde los más grandes de los grandes negocios pueden sembrarse o florecer, y donde como en diversas ocasiones, se reitera la facundia de la búsqueda del bienestar de la gente, aunque no sea la gente la que disfrute finalmente de ello. En este 2011 destacaron las discordancias al hablar de soluciones para terminar por fin con una prolongada crisis, en medio del clima de incertidumbre que dejan las revueltas populares en varios países del mundo árabe, que amenazan con seguir contaminando al resto del orbe.
Ya desde días antes de la inauguración del Foro 2011, Klaus Schwab, presidente del organismo, había precisado que este año el tradicional evento trabajaría con el objetivo de encontrar la forma de “evitar que la crisis financiera mundial se convierta en una crisis social…” Una intención muy a tono con las condiciones actuales del mundo, en que el incremento desmedido en los precios de los artículos de la canasta básica se entrevera con la baja en el empleo global y las graves limitaciones en la capacidad de consumo de la gente. Una circunstancia que igual que ahora golpea la estabilidad política de naciones como Túnez, Egipto, Yemen y otros países árabes, sacude también a países europeos, africanos y latinoamericanos, por no mencionar a los propios Estados Unidos.
También previo al encuentro fue dado a conocer el informe del mismo WEF “Riesgos globales 2011”, en su sexta edición, que concluye que la crisis financiera ha mermado la capacidad global para afrontar las dificultades; en su presentación, el director General y Comercial del Foro, Robert Greenhill, indicaba que “Los sistemas del siglo XX no logran afrontar los riesgos del siglo XXI…”, mientras el informe concluía que hay tres grupos de riesgos que generan importantes obstáculos: las debilidades estructurales a largo plazo de la economía internacional; la economía informal que en 2009 alcanzó 1.3 billones de dólares o más, y las limitaciones de agua, alimentos y energía. Un reconocimiento de que el “modelo económico” imperante ha fracasado y, por ello, diversos países se encuentran en la antesala del conflicto social.
De nueva cuenta como en otros años y otros foros internacionales, en este WEF los grandes países de la Organización Mundial del Comercio (OMC) acordaban que en julio próximo sí se alcanzaría por fin un acuerdo sobre la Ronda de Doha de liberalización comercial, a la vez que se discutiría acerca de las normas necesarias para hacer posible la cooperación mundial en esta nueva etapa; una fantasía entreverada con los grandes intereses implicados y no cumplida hasta ahora, después de diez años. También se propuso la creación de una Red de Respuesta a los Riesgos para que, de manera similar a lo que sucedió en los casos de Grecia o Irlanda, se establezca un mecanismo para mitigar situaciones de crisis antes de que éstas ocurran o sean mayores. En fin, que ante la perspectiva de que los puntos débiles del “libre mercado” puedan causar una nueva crisis global en los próximos años, en esta versión 41 del Foro destacó la necesidad de recordar los riesgos que pueden dar al traste con los grandes negocios, por causa de las protestas sociales.
31 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 6 de febrero de 2011)
El Otoño del Imperio
Se cumplen 10 años de la celebración del primer Foro Mundial Social
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miércoles, 26 de enero de 2011
Dos Años de Barack Obama
Jesús Hernández Garibay
El pasado 20 de enero se cumplió el segundo aniversario del nombramiento oficial de Barack Obama como presidente de Estados Unidos. Como se recuerda, dos años antes el ahora mandatario juraba ante miles de personas congregadas para atestiguar lo que representaba un momento histórico para el pueblo que lo eligiera. Obama se convertía, así, en el primer presidente afroamericano de EUA, y en su discurso inaugural, en medio de una profunda crisis económica y de dos guerras, la de Irak y la de Afganistán, llamaba a construir un país, “con esperanzas en lugar del miedo, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia”. Luego del tiempo transcurrido, en este martes último, al ofrecer su discurso sobre el Estado de la Unión, el mandatario se enfrentaría ahora, paradójicamente, a la necesidad de la esperanza y la unidad, en medio del desempleo y la discordia.
Los dos primeros años fueron especialmente duros para un joven entusiasta que pretendía quizás de una manera cándida haber llegado al reino desde el cual podría por sí mismo reorientar el curso de la nación. El peso de una maquinaria del poder heredado, donde grandes intereses están y han estado presentes y actuando durante muchas décadas, le hizo sentir su presencia y sus reglas, invisibles muchas de ellas, pero a la vez más poderosas que las evidentes; una maquinaria que excede hasta al propio Congreso y a los partidos, obligados a moverse bajo la lógica de tales intereses. Un tejido cuya razón de ser en el mercado, se enfrenta sin embargo, ahora, a la indómita crisis que pervive, a pesar de los deseos y las medidas en contrario; la economía comienza a remontar, se dice, con previsiones de crecimiento de hasta el 4%, pero el desempleo se mantiene en un 10%.
En medio de esa problemática circunstancia, la ola de entusiasmo con la que asumió el poder se esfumó pronto. La guerra prolongada en Afganistán y los titubeos para salir de Irak, hicieron mella en los sectores que lo apoyaron. El derrame petrolero en el Golfo de México, considerado el peor desastre ecológico de la historia de los EUA, lo dejó casi como un Bush cualquiera frente al Katrina. Ni siquiera la Reforma de Salud, principalísimo logro de su gestión, ni la Reforma Financiera con la que amarro las manos de los bancos, le reportaron mejores dividendos; y es que los sectores anticomunistas y ultraconservadores hicieron campaña sobre todo contra una reforma sanitaria a la que demonizaron, acusándola de ser socialista y antinorteamericana. Así, la popularidad de Obama cayó a mayor velocidad que la de ningún otro presidente anteriormente.
El golpe resultante llegó con las elecciones de mitad de mandato, en las que los republicanos lograron mayoría en la Cámara de Representantes, lo que supone que ninguna ley podrá aprobarse ahora sin el consentimiento de ellos; lo que lo obliga a buscar compromisos. Por ello inicia un cambio hasta en su gabinete, nombrando entre otros a Bill Daley, un ex banquero de Wall Street, como su nuevo jefe de gabinete, para así reforzar los lazos con el mundo empresarial. La reciente visita del presidente chino Hu Jintao le ha permitido abrir más el mercado asiático y buscar en el mundial mejores ventas para las mercancías estadounidenses, lo que supone promoverá más empleos. Con la relativa recuperación reciente de su buena imagen pública, lo prioritario en estos dos siguientes años será desde luego preparar las condiciones para una reelección; aunque siempre en medio de los peligros que implica esa intención en el entorno de una crisis que no termina.
26 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 30 de enero de 2011)
El Otoño del Imperio
El pasado 20 de enero se cumplió el segundo aniversario del nombramiento oficial de Barack Obama como presidente de Estados Unidos. Como se recuerda, dos años antes el ahora mandatario juraba ante miles de personas congregadas para atestiguar lo que representaba un momento histórico para el pueblo que lo eligiera. Obama se convertía, así, en el primer presidente afroamericano de EUA, y en su discurso inaugural, en medio de una profunda crisis económica y de dos guerras, la de Irak y la de Afganistán, llamaba a construir un país, “con esperanzas en lugar del miedo, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia”. Luego del tiempo transcurrido, en este martes último, al ofrecer su discurso sobre el Estado de la Unión, el mandatario se enfrentaría ahora, paradójicamente, a la necesidad de la esperanza y la unidad, en medio del desempleo y la discordia.
Los dos primeros años fueron especialmente duros para un joven entusiasta que pretendía quizás de una manera cándida haber llegado al reino desde el cual podría por sí mismo reorientar el curso de la nación. El peso de una maquinaria del poder heredado, donde grandes intereses están y han estado presentes y actuando durante muchas décadas, le hizo sentir su presencia y sus reglas, invisibles muchas de ellas, pero a la vez más poderosas que las evidentes; una maquinaria que excede hasta al propio Congreso y a los partidos, obligados a moverse bajo la lógica de tales intereses. Un tejido cuya razón de ser en el mercado, se enfrenta sin embargo, ahora, a la indómita crisis que pervive, a pesar de los deseos y las medidas en contrario; la economía comienza a remontar, se dice, con previsiones de crecimiento de hasta el 4%, pero el desempleo se mantiene en un 10%.
En medio de esa problemática circunstancia, la ola de entusiasmo con la que asumió el poder se esfumó pronto. La guerra prolongada en Afganistán y los titubeos para salir de Irak, hicieron mella en los sectores que lo apoyaron. El derrame petrolero en el Golfo de México, considerado el peor desastre ecológico de la historia de los EUA, lo dejó casi como un Bush cualquiera frente al Katrina. Ni siquiera la Reforma de Salud, principalísimo logro de su gestión, ni la Reforma Financiera con la que amarro las manos de los bancos, le reportaron mejores dividendos; y es que los sectores anticomunistas y ultraconservadores hicieron campaña sobre todo contra una reforma sanitaria a la que demonizaron, acusándola de ser socialista y antinorteamericana. Así, la popularidad de Obama cayó a mayor velocidad que la de ningún otro presidente anteriormente.
El golpe resultante llegó con las elecciones de mitad de mandato, en las que los republicanos lograron mayoría en la Cámara de Representantes, lo que supone que ninguna ley podrá aprobarse ahora sin el consentimiento de ellos; lo que lo obliga a buscar compromisos. Por ello inicia un cambio hasta en su gabinete, nombrando entre otros a Bill Daley, un ex banquero de Wall Street, como su nuevo jefe de gabinete, para así reforzar los lazos con el mundo empresarial. La reciente visita del presidente chino Hu Jintao le ha permitido abrir más el mercado asiático y buscar en el mundial mejores ventas para las mercancías estadounidenses, lo que supone promoverá más empleos. Con la relativa recuperación reciente de su buena imagen pública, lo prioritario en estos dos siguientes años será desde luego preparar las condiciones para una reelección; aunque siempre en medio de los peligros que implica esa intención en el entorno de una crisis que no termina.
26 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 30 de enero de 2011)
El Otoño del Imperio
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jueves, 20 de enero de 2011
La Visita del Presidente Chino Hu Jintao a Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
La visita de Hu Jintao, presidente de la República Popular China, a la Unión Americana, llevada a cabo del 19 al 21 de este mes, se desenvuelve en el contexto del mordaz panorama por el que camina ahora un país en crisis, frente al pujante desarrollo de la economía del “Dragón Rojo”. El hecho, que golpea la conciencia de muchos ciudadanos estadounidenses, se sucede a la vez en medio del clima de zozobra ocasionado por la violencia que deriva en la muerte de ciudadanos en el mitin donde fue baleada Gabrielle Giffords, congresista por Arizona; en un acto llevado a cabo en la universidad de ese Estado, días después del abominable hecho, decía al respecto el presidente Barack Obama: “las pérdidas repentinas nos llevan a la introspección, a reflexionar sobre el presente y el futuro...” Un futuro en el que el mundo cambia, no del todo en favor de su país.
Como se sabe, la relación entre China y Estados Unidos es ahora desfavorable a este último. Beijing es, desde 2008, como poseedor de la mayoría de los bonos del Tesoro estadounidenses, el principal acreedor de EUA, por encima de Japón; y aunque se menciona que el principal acreedor de la Casa Blanca es más recientemente la Reserva Federal, lo cierto es que aun en medio de la crisis que golpea por todos lados, no existe comparación entre el crecimiento de China de un 8 al 10% en los últimos años, y el de EUA que fue de 0.4% en 2008, de -2.4% en 2009 y de 2.6% estimado por la OCDE en 2010. Para 2008 China había alcanzado un superávit de 368 mil 200 millones de dólares (mdd) en su balanza comercial, mientras EUA sufría en el mismo año un déficit de -568 mil 800 mdd. (según The World Factbook). Cifras que representan un dolor de cabeza para la Casa Blanca, por lo que implican al desempleo y el crecimiento de la pobreza.
Hu Jintao era esperado para entrevistarse con el presidente Obama, con quien debía tratar espinosos asuntos bilaterales como el valor comercial del yuan, considerado inconveniente para el crecientemente débil dólar, tanto como varios diferendos comerciales que han afectado las relaciones de las dos potencias económicas mundiales. A la vez, la visita del jefe de Estado se realiza al tenor de las tensiones ocurridas entre Corea del Norte (aliado de China) y Corea del Sur (aliado de Washington), lo que aumenta los temores de una mayor desestabilización en la región que al gobierno chino preocupa por lo que pudiera implicar para su nación como vecina de la zona. Asuntos todos para encarar, que requerirían de parte de Obama un rol de líder fuerte, que por el momento no alcanza.
Para el presidente Obama, el momento en el que se realiza la visita no resulta a la vez muy conveniente, dada la nueva correlación de fuerzas en el Congreso, desfavorable a su gobierno; circunstancia que lo obliga a adoptar internamente un discurso unitario, alejado de discordancias que pudieran ocasionarle mayores obstáculos en su administración. Por algo ha mencionado que espera con ansias la ocasión de trabajar tanto con demócratas como con republicanos para enfrentar los desafíos que encara el país. Por ello también ha planteado que la prioridad ahora es enfrentar los retos que el país tiene por delante, como la necesidad de crear empleos, forjar una economía más fuerte y competitiva, apuntalar el presupuesto, etcétera; aspectos todos que, de ser hoy una realidad y no una necesidad, le permitirían posibilidades distintas frente su rival mundial. Posibilidades que no alcanza, por lo que sólo puede mantener una actitud de respeto frente a su par chino.
20 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 23 de enero de 2011)
El Otoño del Imperio
La visita de Hu Jintao, presidente de la República Popular China, a la Unión Americana, llevada a cabo del 19 al 21 de este mes, se desenvuelve en el contexto del mordaz panorama por el que camina ahora un país en crisis, frente al pujante desarrollo de la economía del “Dragón Rojo”. El hecho, que golpea la conciencia de muchos ciudadanos estadounidenses, se sucede a la vez en medio del clima de zozobra ocasionado por la violencia que deriva en la muerte de ciudadanos en el mitin donde fue baleada Gabrielle Giffords, congresista por Arizona; en un acto llevado a cabo en la universidad de ese Estado, días después del abominable hecho, decía al respecto el presidente Barack Obama: “las pérdidas repentinas nos llevan a la introspección, a reflexionar sobre el presente y el futuro...” Un futuro en el que el mundo cambia, no del todo en favor de su país.
Como se sabe, la relación entre China y Estados Unidos es ahora desfavorable a este último. Beijing es, desde 2008, como poseedor de la mayoría de los bonos del Tesoro estadounidenses, el principal acreedor de EUA, por encima de Japón; y aunque se menciona que el principal acreedor de la Casa Blanca es más recientemente la Reserva Federal, lo cierto es que aun en medio de la crisis que golpea por todos lados, no existe comparación entre el crecimiento de China de un 8 al 10% en los últimos años, y el de EUA que fue de 0.4% en 2008, de -2.4% en 2009 y de 2.6% estimado por la OCDE en 2010. Para 2008 China había alcanzado un superávit de 368 mil 200 millones de dólares (mdd) en su balanza comercial, mientras EUA sufría en el mismo año un déficit de -568 mil 800 mdd. (según The World Factbook). Cifras que representan un dolor de cabeza para la Casa Blanca, por lo que implican al desempleo y el crecimiento de la pobreza.
Hu Jintao era esperado para entrevistarse con el presidente Obama, con quien debía tratar espinosos asuntos bilaterales como el valor comercial del yuan, considerado inconveniente para el crecientemente débil dólar, tanto como varios diferendos comerciales que han afectado las relaciones de las dos potencias económicas mundiales. A la vez, la visita del jefe de Estado se realiza al tenor de las tensiones ocurridas entre Corea del Norte (aliado de China) y Corea del Sur (aliado de Washington), lo que aumenta los temores de una mayor desestabilización en la región que al gobierno chino preocupa por lo que pudiera implicar para su nación como vecina de la zona. Asuntos todos para encarar, que requerirían de parte de Obama un rol de líder fuerte, que por el momento no alcanza.
Para el presidente Obama, el momento en el que se realiza la visita no resulta a la vez muy conveniente, dada la nueva correlación de fuerzas en el Congreso, desfavorable a su gobierno; circunstancia que lo obliga a adoptar internamente un discurso unitario, alejado de discordancias que pudieran ocasionarle mayores obstáculos en su administración. Por algo ha mencionado que espera con ansias la ocasión de trabajar tanto con demócratas como con republicanos para enfrentar los desafíos que encara el país. Por ello también ha planteado que la prioridad ahora es enfrentar los retos que el país tiene por delante, como la necesidad de crear empleos, forjar una economía más fuerte y competitiva, apuntalar el presupuesto, etcétera; aspectos todos que, de ser hoy una realidad y no una necesidad, le permitirían posibilidades distintas frente su rival mundial. Posibilidades que no alcanza, por lo que sólo puede mantener una actitud de respeto frente a su par chino.
20 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 23 de enero de 2011)
El Otoño del Imperio
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lunes, 10 de enero de 2011
El Violento Escenario del Nuevo Año en Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
El intento de asesinato de la congresista por Arizona, Gabrielle Giffords, quien recibiera un disparo en la cabeza el pasado día sábado 8 de enero, cuando se disponía a reunirse con votantes, es una muestra del alcance que comienza a tener el clima de tensión política en la Unión Americana; en el ataque, perpetrado por un joven radical que, según pueril opinión, “padece problemas mentales”, murió un juez federal y otras cinco personas, mientras 14 resultaron heridas. La representante por el Partido Demócrata, había sido ya señalada en un sitio de Internet como un “blanco” a quien había que afrentar por su postura política en favor del presidente Obama, por parte de la ex-candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos, la republicana Sarah Palin, quien encabeza el llamado grupo “Tea Party”, especie de legión de ultraderecha opuesta a la presidencia del actual mandatario.
Giffords iniciaba un mitin dentro del programa promovido por legisladores afectos al presidente, denominado “el Congreso en las Esquinas” (Congress on the Corner), sobre temas candentes de la difícil situación económica y social en ese país; la legisladora había sido criticada por el “Tea Party” y otros sectores ultraconservadores de la escena política por causa de su apoyo a la reforma al sistema de salud y el día que ésta fue aprobada en la Cámara de Representantes, su oficina fue objeto de un ataque vandálico. Como se recuerda, en la nueva composición de la Cámara resultado de las elecciones de noviembre, justamente miembros de dicho grupo habían ya declarado que promoverían una nueva votación en el Congreso, para echar atrás esa reforma, a la cual acusan de “socialista”; tanto como a la propia intención de su “marxista” promotor de: “Obamunismo”.
Obama, de hecho, tendrá que enfrentar en las próximas semanas y meses una agenda cargada de acciones contrarias a su política, que intentará sembrar un Congreso ahora desfavorable a él, en el que miembros del Tea Party se han logrado colar. De su parte, en su afán por disminuir las presiones de derecha el presidente ha tratado de hacer concesiones y ha hecho llamados a los republicanos a que trabajen con él para revitalizar la economía, en lugar de caer en la tentación de buscar ventajas para los comicios presidenciales de 2012. A la vez, ha prometido que este año buscará tender puentes hacia dicha oposición, una táctica que a finales de 2010 le consiguió la aprobación de medidas como el nuevo tratado START de desarme nuclear con Rusia; tal vez por ello es que ahora se propone, en los cambios del nuevo año hechos a su gabinete, nombrar a William Daley, en el pasado un alto ejecutivo en la megaempresa financiera JP Morgan, como jefe de gabinete.
Y mientras Obama prepara el terreno para intentar llevar adelante planes de gobierno que incluyen la reforma educativa, tratados de libre comercio pendientes o una reforma migratoria, entre otros, el ambiente de la calle es ahora muy ríspido. El joven atacante, al que algunos compañeros refieren también como un “izquierdista radical”, forma parte de un complejo escenario en el que la pregunta: “¿Es Esto el Fin de Norteamérica?”, es cosa de todos los días. Y en el que algunos analistas tanto desde la izquierda como desde la derecha ya pronostican “disturbios en las calles...” y hasta tal vez una ley marcial, ejecutada por las fuerzas armadas, como resultado de una crisis que se ha convertido en amenaza “para nuestra propia forma de vida…”; por lo que el deseo de más de uno es, dicen: “revertir el actual descenso hacia al Infierno…”
10 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 16 de enero de 2011)
El Otoño del Imperio
El intento de asesinato de la congresista por Arizona, Gabrielle Giffords, quien recibiera un disparo en la cabeza el pasado día sábado 8 de enero, cuando se disponía a reunirse con votantes, es una muestra del alcance que comienza a tener el clima de tensión política en la Unión Americana; en el ataque, perpetrado por un joven radical que, según pueril opinión, “padece problemas mentales”, murió un juez federal y otras cinco personas, mientras 14 resultaron heridas. La representante por el Partido Demócrata, había sido ya señalada en un sitio de Internet como un “blanco” a quien había que afrentar por su postura política en favor del presidente Obama, por parte de la ex-candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos, la republicana Sarah Palin, quien encabeza el llamado grupo “Tea Party”, especie de legión de ultraderecha opuesta a la presidencia del actual mandatario.
Giffords iniciaba un mitin dentro del programa promovido por legisladores afectos al presidente, denominado “el Congreso en las Esquinas” (Congress on the Corner), sobre temas candentes de la difícil situación económica y social en ese país; la legisladora había sido criticada por el “Tea Party” y otros sectores ultraconservadores de la escena política por causa de su apoyo a la reforma al sistema de salud y el día que ésta fue aprobada en la Cámara de Representantes, su oficina fue objeto de un ataque vandálico. Como se recuerda, en la nueva composición de la Cámara resultado de las elecciones de noviembre, justamente miembros de dicho grupo habían ya declarado que promoverían una nueva votación en el Congreso, para echar atrás esa reforma, a la cual acusan de “socialista”; tanto como a la propia intención de su “marxista” promotor de: “Obamunismo”.
Obama, de hecho, tendrá que enfrentar en las próximas semanas y meses una agenda cargada de acciones contrarias a su política, que intentará sembrar un Congreso ahora desfavorable a él, en el que miembros del Tea Party se han logrado colar. De su parte, en su afán por disminuir las presiones de derecha el presidente ha tratado de hacer concesiones y ha hecho llamados a los republicanos a que trabajen con él para revitalizar la economía, en lugar de caer en la tentación de buscar ventajas para los comicios presidenciales de 2012. A la vez, ha prometido que este año buscará tender puentes hacia dicha oposición, una táctica que a finales de 2010 le consiguió la aprobación de medidas como el nuevo tratado START de desarme nuclear con Rusia; tal vez por ello es que ahora se propone, en los cambios del nuevo año hechos a su gabinete, nombrar a William Daley, en el pasado un alto ejecutivo en la megaempresa financiera JP Morgan, como jefe de gabinete.
Y mientras Obama prepara el terreno para intentar llevar adelante planes de gobierno que incluyen la reforma educativa, tratados de libre comercio pendientes o una reforma migratoria, entre otros, el ambiente de la calle es ahora muy ríspido. El joven atacante, al que algunos compañeros refieren también como un “izquierdista radical”, forma parte de un complejo escenario en el que la pregunta: “¿Es Esto el Fin de Norteamérica?”, es cosa de todos los días. Y en el que algunos analistas tanto desde la izquierda como desde la derecha ya pronostican “disturbios en las calles...” y hasta tal vez una ley marcial, ejecutada por las fuerzas armadas, como resultado de una crisis que se ha convertido en amenaza “para nuestra propia forma de vida…”; por lo que el deseo de más de uno es, dicen: “revertir el actual descenso hacia al Infierno…”
10 de enero de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 16 de enero de 2011)
El Otoño del Imperio
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