Jesús Hernández Garibay
La ola de calor que azota a Rusia desde principios de este verano, que ha duplicado la mortalidad en su capital Moscú (hasta 700 decesos diarios), es, de acuerdo con cifras oficiales, la más prolongada y sin precedentes desde hace mil años. De su parte, la ola de calor que ha azotado en los últimos meses a Japón dejó hasta el pasado julio cerca de 100 muertos y unas 21 mil personas hospitalizadas. En España 23 provincias se pusieron en días pasados en alerta amarilla (riesgo importante), pues el calor alcanzó los 42 grados centígrados. En Estados Unidos la ola de calor abarca 18 estados, desde Texas a Nueva York y la alta humedad eleva la sensación térmica a casi 38 grados centígrados. A los extremos, mientras que en el hemisferio norte el verano resulta insoportable, en países del hemisferio sur donde hoy se vive el invierno, de manera inusual las nevadas se ponen a la orden del día.
En febrero pasado (tiempo de verano en el hemisferio sur) Río de Janeiro registraba una histórica ola de calor que superó al desierto del Sahara. Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, el promedio de calor registrado en la capital carioca fue de 46,3 grados centígrados, aunque hasta en tres oportunidades superó la barrera de los 50 grados, es decir, la más alta en el último medio siglo; estas inusuales temperaturas convirtieron a Río de Janeiro en la segunda ciudad con mayor sensación térmica de las 3 mil 258 estaciones monitoreadas por la Organización Meteorológica Mundial. También en el mismo mes, alrededor de 31 personas murieron en Paraguay durante un fin de semana, como consecuencia de la ola de calor que afectó al país, según confirmaron fuentes médicas y policiales: 17 muertes súbitas en los departamentos Central, Cordillera, Paraguarí y Caaguazú, más 14 muertos en la capital Asunción entre un viernes y un domingo.
Durante ese mes de febrero varias regiones de EUA padecieron las consecuencias de una severa tormenta de nieve, no vista desde el año 1922. Mientras, en este mes de julio ciudades bolivianas como La Paz y El Alto amanecieron de manera sorprendente cubiertas de blanco con la segunda nevada del invierno, el más frío de los últimos 16 años, con temperaturas mínimas que llegaron hasta los -20 grados en algunas zonas. A principios de ese mismo mes también cayó nieve en Buenos Aires; una sorpresa para sus habitantes quienes no veían este fenómeno desde 89 años atrás. Así, mientras el mundo está afectado por eventos climatológicos extremos que provocan la muerte de muchas personas y el desplazamiento de cientos de miles, con lluvias torrenciales que provocan grandes inundaciones y deslizamientos de tierra, un gran bloque de hielo se desprende en Groenlandia, dejando una gran isla de hielo navegando en el océano, mientras la sequía amenaza a varias regiones africanas.
Como se entiende, todos estos fenómenos tienen como un referente común ineluctable el constituir nuevas manifestaciones del cambio climático. De hecho, según lo afirma un especialista (Jeff Masters, cofundador y director de meteorología de Weather Underground), en 2010 se han registrado temperaturas máximas históricas en más países en el mundo en un solo año: 17; la última década fue la más calurosa de la que se tiene registro; la primera mitad de 2010 fue el semestre más caluroso en la historia conocida del planeta, y los cinco meses más calurosos de la historia en la zona tropical del Atlántico ocurrieron este año, lo que amenaza con mas frecuentes y severos huracanes en dicho Océano (ver “How Climate Change Affects You”, de Ami Goodman, en www.truthdig.com). Así las cosas.
22 de agosto de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 22 de agosto de 2010)
El Otoño del Imperio
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domingo, 22 de agosto de 2010
lunes, 26 de abril de 2010
La Conferencia Climática de Bolivia
Jesús Hernández Garibay
“Hoy, nuestra Madre Tierra está herida y el futuro de la humanidad está en peligro…”, dice la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra (ó “Acuerdo de los Pueblos”) que resultó de la llamada Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra llevada a cabo en la ciudad de Cochabamba, en Bolivia, del 19 al 22 de abril últimos. Un evento considerado indispensable, luego del fracaso en el que se tornó la Cumbre de Copenhague de diciembre; ahora, a diferencia de entonces en que pretendió imponerse la voluntad de países poderosos, a pesar de haber representantes de gobierno de 47 naciones, quienes tomaron la batuta fueron movimientos sociales, campesinos, indígenas, académicos, intelectuales, activistas, artistas, músicos, organizaciones de mujeres, ambientalistas y presidentes comprometidos con sus pueblos.
La Conferencia Climática de Cochabamba fue una iniciativa del presidente boliviano Evo Morales, quien invitó a realizar en su país un nuevo tipo de cumbre climática. Así, durante tres días se debatió en 17 grupos de trabajo convocados por los organizadores y 127 talleres autorganizados. El mismo gobierno boliviano proponía cuatro grandes ejes para discutir: otorgar derechos que protejan de la aniquilación a los ecosistemas (una declaración universal de los derechos de la madre tierra); enfrentar consecuencias legales por parte de aquellos que violen esos derechos (un tribunal de justicia climática); que los países pobres reciban compensaciones por las crisis que enfrenten y que no hayan causado (deuda climática), y que exista un mecanismo para que la gente en el mundo exprese sus puntos de vista sobre estos temas (un referéndum mundial de los pueblos sobre cambio climático).
Con base en esas ideas se llevó a cabo un inusual encuentro en el que también participaron los presidentes de Ecuador, Venezuela, Paraguay, Nicaragua y el anfitrión Bolivia (miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América / ALBA), donde se denunciaron las causas de la crisis climática, al advertir que, en el fondo, la resultante amenaza a la vida en el planeta es consecuencia de un sistema que se ha impuesto mediante una lógica de competencia y crecimiento ilimitado. “Este régimen de producción y consumo busca la ganancia sin límites, separando al ser humano de la naturaleza, estableciendo una lógica de dominación sobre ésta, convirtiendo todo en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, las culturas ancestrales, la biodiversidad, la justicia, la ética, los derechos de los pueblos, la muerte y la vida misma…”, expresa el Acuerdo de los Pueblos.
Para enfrentar el cambio climático, la Conferencia reconocía al planeta mismo como fuente de la vida y llamaba a forjar un nuevo sistema basado en los principios de armonía y equilibrio, complementariedad, solidaridad y equidad, bienestar colectivo y satisfacción de las necesidades fundamentales de todos, reconocimiento del ser humano por lo que es y no por lo que tiene, eliminación de toda forma de colonialismo, imperialismo e intervencionismo, y paz entre los pueblos. “El modelo que propugnamos ―concluye la Declaración― no es de desarrollo destructivo ni ilimitado. Los países necesitan producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades fundamentales de su población, pero de ninguna manera pueden continuar por este camino de desarrollo en el cual los países más ricos tienen una huella ecológica 5 veces más grande de lo que el planeta es capaz de soportar…” Sustentos fundamentales estos, que ya confrontarán a la Cumbre Climática de diciembre en Cancún.
26 de abril de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 2 de mayo de 2010)
El Otoño del Imperio
“Hoy, nuestra Madre Tierra está herida y el futuro de la humanidad está en peligro…”, dice la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra (ó “Acuerdo de los Pueblos”) que resultó de la llamada Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra llevada a cabo en la ciudad de Cochabamba, en Bolivia, del 19 al 22 de abril últimos. Un evento considerado indispensable, luego del fracaso en el que se tornó la Cumbre de Copenhague de diciembre; ahora, a diferencia de entonces en que pretendió imponerse la voluntad de países poderosos, a pesar de haber representantes de gobierno de 47 naciones, quienes tomaron la batuta fueron movimientos sociales, campesinos, indígenas, académicos, intelectuales, activistas, artistas, músicos, organizaciones de mujeres, ambientalistas y presidentes comprometidos con sus pueblos.
La Conferencia Climática de Cochabamba fue una iniciativa del presidente boliviano Evo Morales, quien invitó a realizar en su país un nuevo tipo de cumbre climática. Así, durante tres días se debatió en 17 grupos de trabajo convocados por los organizadores y 127 talleres autorganizados. El mismo gobierno boliviano proponía cuatro grandes ejes para discutir: otorgar derechos que protejan de la aniquilación a los ecosistemas (una declaración universal de los derechos de la madre tierra); enfrentar consecuencias legales por parte de aquellos que violen esos derechos (un tribunal de justicia climática); que los países pobres reciban compensaciones por las crisis que enfrenten y que no hayan causado (deuda climática), y que exista un mecanismo para que la gente en el mundo exprese sus puntos de vista sobre estos temas (un referéndum mundial de los pueblos sobre cambio climático).
Con base en esas ideas se llevó a cabo un inusual encuentro en el que también participaron los presidentes de Ecuador, Venezuela, Paraguay, Nicaragua y el anfitrión Bolivia (miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América / ALBA), donde se denunciaron las causas de la crisis climática, al advertir que, en el fondo, la resultante amenaza a la vida en el planeta es consecuencia de un sistema que se ha impuesto mediante una lógica de competencia y crecimiento ilimitado. “Este régimen de producción y consumo busca la ganancia sin límites, separando al ser humano de la naturaleza, estableciendo una lógica de dominación sobre ésta, convirtiendo todo en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, las culturas ancestrales, la biodiversidad, la justicia, la ética, los derechos de los pueblos, la muerte y la vida misma…”, expresa el Acuerdo de los Pueblos.
Para enfrentar el cambio climático, la Conferencia reconocía al planeta mismo como fuente de la vida y llamaba a forjar un nuevo sistema basado en los principios de armonía y equilibrio, complementariedad, solidaridad y equidad, bienestar colectivo y satisfacción de las necesidades fundamentales de todos, reconocimiento del ser humano por lo que es y no por lo que tiene, eliminación de toda forma de colonialismo, imperialismo e intervencionismo, y paz entre los pueblos. “El modelo que propugnamos ―concluye la Declaración― no es de desarrollo destructivo ni ilimitado. Los países necesitan producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades fundamentales de su población, pero de ninguna manera pueden continuar por este camino de desarrollo en el cual los países más ricos tienen una huella ecológica 5 veces más grande de lo que el planeta es capaz de soportar…” Sustentos fundamentales estos, que ya confrontarán a la Cumbre Climática de diciembre en Cancún.
26 de abril de 2010.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 2 de mayo de 2010)
El Otoño del Imperio
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