Jesús Hernández Garibay
La compleja situación en Libia, no resuelta ni en vías de resolverse en meses por adelante, ha venido de nueva cuenta a dividir a la opinión pública entre quienes desean que un supuesto dictador sea derrocado con celeridad por la “comunidad internacional”, y quienes consideran que, sea lo que sea que signifique la situación creada, lo imprescindible es permitir que los pueblos sean quienes solucionen sus propios conflictos internos, de una manera soberana. Un proceso el libio lleno de entreveros, que pretende ahora resolverse por fuerzas interesadas en lo que pudiera resultar para su beneficio, y que conforma un indeseable panorama bélico en el que sólo algunos ganan y muchos más pierden.
Es tan delicada la nueva situación creada, que Barack Obama con su Premio Nobel de la Paz a cuestas, ha tenido que buscar la manera de sostener una intervención más sin transgredir principios pacifistas y esa es la razón por la que decide “pasar el mando” de las decisiones militares a la OTAN, con el fin de que no se le vincule con una nueva guerra. Pero la nueva guerra ya está activa y pretende estar sustentada en una Resolución de la ONU empujada por la misma Casa Blanca y sus aliados, que autoriza a crear ahí una zona de exclusión aérea, y que en los hechos fue convenientemente traducida por las fuerzas militares de Occidente como: “la ONU da luz verde para atacar a Libia…”, sin importar más muertes de civiles por causa de los “daños colaterales”.
Lo cierto es que el golpe de Estado ensamblado en un inicio contra Muamar Kadafi resultó fallido y esa es la razón por la que esas fuerzas militares, ante dicho escenario, lo que tratan de alcanzar ahora es la supervivencia de una oposición todavía endeble y desafortunadamente creada al amparo de los servicios de inteligencia de varios países: la CIA de Estados Unidos, el M15 de Gran Bretaña, el Mossad de Israel y hasta el Istajbarat de Arabia Saudita; justamente de la misma forma en que le hubiera gustado a Occidente sostener una oposición en Irán, hoy disminuida aunque no acabada, por la fortaleza del Estado iraní. Por cierto, una oposición la libia, vinculada también a fuerzas leales a grupos de Al Qaeda, lo que para EUA implica jugar con un escabroso fuego.
De mi parte, no podría aceptar otra cosa que no sea estar decididamente en contra de una solución militar a un conflicto en cualquier zona del mundo. Los pueblos tienen derecho a su propia autodeterminación y a resolver sus contradicciones, SIN INJERENCIA EXTRANJERA; así sea ésta bajo la pretensión de los más “nobles” supuestos humanitarios internacionales. Y eso no significa ubicarse en favor de cualquier desgastado gobernante, sino estar en favor de la paz y el sagrado derecho de los pueblos a ser absolutamente soberanos en sus decisiones; de otra forma, tendría que aceptar el hecho de que en mi propio país cualquier potencia extranjera impusiera condiciones a la soberana decisión de mi pueblo en la construcción de su propia historia, lo que a la vez resulta contrario a nuestros principios de política exterior.
11 de abril de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de abril de 2011)
El Otoño del Imperio
Bombardeos fuerzas imperialistas en Libia mata a civiles
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lunes, 11 de abril de 2011
La Zona de Exclusión Aérea en Libia
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viernes, 25 de marzo de 2011
¿A Quién Conviene una Nueva Guerra, Ahora en Libia?
Jesús Hernández Garibay
Después de que el planeta entero ha tenido que padecer durante una década más de millón de civiles muertos en Irak y decenas de miles de familias destrozadas en Afganistán… Luego de que durante toda la presidencia de George W. Bush el mundo fue puesto en vilo por causa de la decisión de hacer imperar el lenguaje de las armas por sobre la resolución pacífica de los conflictos… Con todos los problemas que padece la economía de mercado a nivel mundial, que promueve el endeudamiento, el desempleo entre los trabajadores y el aumento incontrolable de la economía informal, la escasez y el incremento del precio de los alimentos, el derroche de los recursos naturales, ¿quién desea una nueva guerra como la que se lanza de nuevo, ahora en Libia…?; ¿a quién le conviene una invasión militar más en contra de un país soberano…?
El actual escenario crítico libio fue construido pacientemente durante semanas y meses previos, aprovechando el acrecimiento de las luchas populares en varios países árabes y del norte de África: Yemen, Túnez, Bahréin y Egipto. Pero a diferencia de estos en donde fue el pueblo sublevado el que convirtió el descontento de muchos decenios de padecer hambre y menosprecio social, en vastas manifestaciones populares sin precedente que han hecho temblar las estructuras de poder, en Libia fue intentado un golpe de Estado que no pudo ser llevado adelante, porque careció del apoyo de la gran mayoría de la población. Y ha sido la CIA la que ha promovido eficazmente las acciones de una “oposición” dirigida entretelones y apoyada ahora por las fuerzas militares de la OTAN.
El llamado Frente Nacional de Salvación de Libia (NFSL), quien dirige las acciones de esa “oposición” ubicada ahora en la frontera con Egipto, es financiado por la CIA desde 1981 y su oficina principal está localizada en Washington. El pueblo libio no vive desamparado y en la miseria, ni sufre una represión generalizada que lo obligase a levantarse contra el gobierno; al contrario, tiene el más alto Índice de Desarrollo Humano de África, la salud y la educación son gratuitas, vivienda, alimentos y combustibles están disponibles para todos, aún con las barreras por el bloqueo contra el país; la tasa de alfabetización es superior a 90%, contra los 9% que existían antes de Kadafi, y las mujeres que antes vivían en el oscurantismo, ahora estudian y ocupan puestos de trabajo.
¿A quién conviene pues esta nueva guerra? ¿Al pueblo libio, quien luego de la derrota militar del nuevo “sanguinario dictador” recibirá las bendiciones de la “democracia”? O al gran complejo industrial militar que tiene con esta nueva intervención ―a un país soberano que cuenta con petróleo y gas― una nueva oportunidad para intentar resarcir los graves problemas que padece en la actualidad el “libre mercado”, mediante una economía de guerra que reactiva los negocios por un tiempo y gana más recursos energéticos. ¿A costa de cuántos muertos más…? En el primer ataque de la OTAN mueren 48 civiles y más de 150 resultan heridos; ¿cuántos más “daños colaterales” tendremos ahora…?
19 de marzo de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 20 de marzo de 2011)
El Otoño del Imperio
Presidentes Ortega, Lugo y Morales condenan ataque a Libia
Después de que el planeta entero ha tenido que padecer durante una década más de millón de civiles muertos en Irak y decenas de miles de familias destrozadas en Afganistán… Luego de que durante toda la presidencia de George W. Bush el mundo fue puesto en vilo por causa de la decisión de hacer imperar el lenguaje de las armas por sobre la resolución pacífica de los conflictos… Con todos los problemas que padece la economía de mercado a nivel mundial, que promueve el endeudamiento, el desempleo entre los trabajadores y el aumento incontrolable de la economía informal, la escasez y el incremento del precio de los alimentos, el derroche de los recursos naturales, ¿quién desea una nueva guerra como la que se lanza de nuevo, ahora en Libia…?; ¿a quién le conviene una invasión militar más en contra de un país soberano…?
El actual escenario crítico libio fue construido pacientemente durante semanas y meses previos, aprovechando el acrecimiento de las luchas populares en varios países árabes y del norte de África: Yemen, Túnez, Bahréin y Egipto. Pero a diferencia de estos en donde fue el pueblo sublevado el que convirtió el descontento de muchos decenios de padecer hambre y menosprecio social, en vastas manifestaciones populares sin precedente que han hecho temblar las estructuras de poder, en Libia fue intentado un golpe de Estado que no pudo ser llevado adelante, porque careció del apoyo de la gran mayoría de la población. Y ha sido la CIA la que ha promovido eficazmente las acciones de una “oposición” dirigida entretelones y apoyada ahora por las fuerzas militares de la OTAN.
El llamado Frente Nacional de Salvación de Libia (NFSL), quien dirige las acciones de esa “oposición” ubicada ahora en la frontera con Egipto, es financiado por la CIA desde 1981 y su oficina principal está localizada en Washington. El pueblo libio no vive desamparado y en la miseria, ni sufre una represión generalizada que lo obligase a levantarse contra el gobierno; al contrario, tiene el más alto Índice de Desarrollo Humano de África, la salud y la educación son gratuitas, vivienda, alimentos y combustibles están disponibles para todos, aún con las barreras por el bloqueo contra el país; la tasa de alfabetización es superior a 90%, contra los 9% que existían antes de Kadafi, y las mujeres que antes vivían en el oscurantismo, ahora estudian y ocupan puestos de trabajo.
¿A quién conviene pues esta nueva guerra? ¿Al pueblo libio, quien luego de la derrota militar del nuevo “sanguinario dictador” recibirá las bendiciones de la “democracia”? O al gran complejo industrial militar que tiene con esta nueva intervención ―a un país soberano que cuenta con petróleo y gas― una nueva oportunidad para intentar resarcir los graves problemas que padece en la actualidad el “libre mercado”, mediante una economía de guerra que reactiva los negocios por un tiempo y gana más recursos energéticos. ¿A costa de cuántos muertos más…? En el primer ataque de la OTAN mueren 48 civiles y más de 150 resultan heridos; ¿cuántos más “daños colaterales” tendremos ahora…?
19 de marzo de 2011.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 20 de marzo de 2011)
El Otoño del Imperio
Presidentes Ortega, Lugo y Morales condenan ataque a Libia
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