Jesús Hernández Garibay
La gira de Donald Trump llevada a cabo del 3 al 14 de noviembre por cinco países de Asia: Japón, China, Corea del Sur, Vietnam y Filipinas, con su participación en varias cumbres viene a subrayar la intención del polémico presidente de buscar fortalecer vínculos y compromisos políticos a fin de hacer frente a crisis como la de Corea del Norte, pero a la vez intentar avanzar hacia nuevos acuerdos bilaterales de comercio, esta última la postura oficial de la Casa Blanca frente a los tratados multilaterales vigentes.
Trump participó en la Cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y la Cumbre del Este de Asia (EAS), ambas en Filipinas, pero su principal intervención la tuvo en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) que se realizó en el balneario de Đà Nẵng, Vietnam. Previamente había conversado en Beijing con el mandatario chino Xi Jinping, a quien urgió apoyar los esfuerzos por bajar la tirantez existente con Corea del Norte, y al que a la vez proponía alcanzar un acuerdo bilateral de comercio que beneficiara a ambos países.
Como se sabe, Trump ha criticado a China por supuestas “prácticas comerciales desleales”, por el manejo que ha hecho de su moneda y por su inevitable influencia en la eliminación de puestos de trabajo en Estados Unidos, y más recientemente ha calificado hasta de “vergonzoso” el grave déficit comercial de su país con el gigante asiático, que alcanzó los 347 mil millones de dólares en 2016. Así, en su discurso pronunciado en Đà Nẵng el líder norteamericano abandonaría el tono amable exhibido en Beijing, para hablar en contra de “las violaciones, engaños y agresión económica” que, a su juicio, padece EUA, anunciando que sólo estaría dispuesto a colaborar con los 20 restantes países de la APEC en tanto “acaten acuerdos comerciales justos y recíprocos” pues, insistía, la política comercial mantenida por los anteriores gobiernos estadounidenses “ha costado millones de puestos de trabajo” al país.
A la vez aseveraba que la Organización Mundial del Comercio (OMC), organismo que marca hasta ahora las reglas del comercio internacional, no puede funcionar correctamente “si sus miembros no respetan esas reglas”, denunciando además que no ha existido reciprocidad cuando según él, EUA ha reducido las barreras y suprimido aranceles comerciales. “Esas prácticas han ‘trasquilado’ los puestos de trabajo, las fábricas y las industrias de mi país”, se lamentaba frente a sus oyentes, y anunciaba que negociaría tratados bilaterales, pero “con quienes estén dispuestos a llegar a un acuerdo justo sobre la base del respeto y el beneficio mutuo…”
Quien, sin embargo, marcó la pauta del encuentro ahí fue Xi Jinping, el cual defendía precisamente lo contrario a lo planteado por Trump: una colaboración económica cada vez más globalizada y abierta entre países de todo el mundo, mediante acuerdos multilaterales en los cuales, claro, encaje su principal proyecto de transporte denominado la “Nueva Ruta de la Seda” que pretende cubrir el 65 por ciento de la población mundial y afianzar a China como nuevo referente económico global. Ante este escenario, lo que habría que preguntar entonces, es: ¿Quién podría ganar la partida en el actual tablero mundial; un país en declive, o un país en ascenso…?
19 de noviembre de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 19 de noviembre de 2017)
El Otoño del Imperio
domingo, 19 de noviembre de 2017
sábado, 4 de noviembre de 2017
A 100 años de la Revolución de Octubre
Jesús Hernández Garibay
En estas fechas se cumplen 100 años de la revolución rusa de octubre de 1917 (25 de octubrebajo el calendario juliano vigente en el Imperio ruso, después abolido por el nuevo Gobierno bolchevique, o 7 de noviembre bajo el calendario gregoriano). Una ocasión para reflexionar acerca de un hecho que en su momento fue muy admirado pero a la vez ha sido cientos y miles de veces vilipendiado, despreciado, malmirado, descalificado, considerado tan fastidioso como impertinente y hasta mal comprendido por muchas de las izquierdas en el mundo.
No hay que soslayar un tema ya sabido; que desde un inicio fueron enviadas tropas a destruir las intenciones de los soviets para apartarse de la senda del capitalismo reinante. Ante el asedio de las tropas alemanas cuyo gobierno en un doble juego proponía pero rechazaba la aceptación de paz de los bolcheviques, en un texto titulado “¡La patria socialista está en peligro!”, el 21 de febrero de 1918 Lenin denunciaba: “El militarismo Alemán, cumpliendo el encargo de los capitalistas de todos los países, quiere estrangular a los obreros y campesinos de Rusia y Ucrania, devolver la tierra a los terratenientes, las fábricas y las empresas a los banqueros, el Poder a la monarquía…” (cursivas en el original).
Luego de ese infausto inicio de una inédita revolución, la Unión Soviética enfrentaría la radical oposición y el odio de las fuerzas más conservadoras encabezadas por las oligarquías, que tratarían de atajarla mediante todas las formas legales o ilegales posibles. El surgimiento del nazi fascismo y el feroz ataque alemán en la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y, desde luego, el diversionismo ideológico que pone en el centro de sus esfuerzos el descrédito no sólo de los soviets sino de cualquier forma de pensamiento independiente más allá del “mejor de los mundos posible”; una intención manipuladora que incide a lo largo de ese siglo sobre gran parte de la intelectualidad del planeta.
La pretensión de esa revolución, como de otras que son luego estimuladas por el ejemplo, no fue más que encontrar un camino para la genuina aspiración de todos los tiempos de resolver la vida en favor de millones de trabajadores y en general pueblos explotados y engañados en todas partes del mundo, por parte de minorías privilegiadas. Pero con mayor afán, el capital después convertido en imperialismo logra ahí ―a través de mecanismos distintos, compra de conciencias, bloqueos económicos, golpes de Estado, invasiones militares, guerras psicológicas, operaciones encubiertas y otros tantos―, detener esa marcha y reforzar su poder mundial.
Desde hace muchos años resulta claro que el capitalismo no es la solución a las cada vez mayores penurias de la gente, sino su progenitor. Y existe ahora una progresiva conciencia de que el futuro no será mejor sino peor, mientras la humanidad continúe caminando bajo el paraguas de la “libre competencia”, sustento principal del enriquecimiento de voraces oligopolios. Y a pesar del poderío que alcance todavía durante muchos años más el “libre mercado”, lo cierto es que sus cada vez más incontrolables efectos de la crisis permanente que padece, pero sobre todo la decisión organizada de los pueblos, inevitablemente volverán vigentes las experiencias de lucha que, como la revolución de octubre, ha tenido el ser humano a lo largo de su historia.
4 de noviembre de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 5 de noviembre de 2017)
El Otoño del Imperio
En estas fechas se cumplen 100 años de la revolución rusa de octubre de 1917 (25 de octubrebajo el calendario juliano vigente en el Imperio ruso, después abolido por el nuevo Gobierno bolchevique, o 7 de noviembre bajo el calendario gregoriano). Una ocasión para reflexionar acerca de un hecho que en su momento fue muy admirado pero a la vez ha sido cientos y miles de veces vilipendiado, despreciado, malmirado, descalificado, considerado tan fastidioso como impertinente y hasta mal comprendido por muchas de las izquierdas en el mundo.
No hay que soslayar un tema ya sabido; que desde un inicio fueron enviadas tropas a destruir las intenciones de los soviets para apartarse de la senda del capitalismo reinante. Ante el asedio de las tropas alemanas cuyo gobierno en un doble juego proponía pero rechazaba la aceptación de paz de los bolcheviques, en un texto titulado “¡La patria socialista está en peligro!”, el 21 de febrero de 1918 Lenin denunciaba: “El militarismo Alemán, cumpliendo el encargo de los capitalistas de todos los países, quiere estrangular a los obreros y campesinos de Rusia y Ucrania, devolver la tierra a los terratenientes, las fábricas y las empresas a los banqueros, el Poder a la monarquía…” (cursivas en el original).
Luego de ese infausto inicio de una inédita revolución, la Unión Soviética enfrentaría la radical oposición y el odio de las fuerzas más conservadoras encabezadas por las oligarquías, que tratarían de atajarla mediante todas las formas legales o ilegales posibles. El surgimiento del nazi fascismo y el feroz ataque alemán en la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y, desde luego, el diversionismo ideológico que pone en el centro de sus esfuerzos el descrédito no sólo de los soviets sino de cualquier forma de pensamiento independiente más allá del “mejor de los mundos posible”; una intención manipuladora que incide a lo largo de ese siglo sobre gran parte de la intelectualidad del planeta.
La pretensión de esa revolución, como de otras que son luego estimuladas por el ejemplo, no fue más que encontrar un camino para la genuina aspiración de todos los tiempos de resolver la vida en favor de millones de trabajadores y en general pueblos explotados y engañados en todas partes del mundo, por parte de minorías privilegiadas. Pero con mayor afán, el capital después convertido en imperialismo logra ahí ―a través de mecanismos distintos, compra de conciencias, bloqueos económicos, golpes de Estado, invasiones militares, guerras psicológicas, operaciones encubiertas y otros tantos―, detener esa marcha y reforzar su poder mundial.
Desde hace muchos años resulta claro que el capitalismo no es la solución a las cada vez mayores penurias de la gente, sino su progenitor. Y existe ahora una progresiva conciencia de que el futuro no será mejor sino peor, mientras la humanidad continúe caminando bajo el paraguas de la “libre competencia”, sustento principal del enriquecimiento de voraces oligopolios. Y a pesar del poderío que alcance todavía durante muchos años más el “libre mercado”, lo cierto es que sus cada vez más incontrolables efectos de la crisis permanente que padece, pero sobre todo la decisión organizada de los pueblos, inevitablemente volverán vigentes las experiencias de lucha que, como la revolución de octubre, ha tenido el ser humano a lo largo de su historia.
4 de noviembre de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 5 de noviembre de 2017)
El Otoño del Imperio
sábado, 21 de octubre de 2017
“Trump pone a Estados Unidos primero, pero cada vez se ve más solitario”
Jesús Hernández Garibay
Las palabras que encabezan este artículo dan título a una nota de la agencia AFP del día 14 de octubre último, en la que se destaca la manera en como el presidente Donald Trump ha llevado adelante la política exterior de su país durante la primera etapa de su gobierno. En la misma, la agencia destaca cómo el mandatario “ha jugado con la credibilidad diplomática de Estados Unidos, atacando un acuerdo nuclear de Irán que sus aliados europeos aprecian como punto de referencia para la cooperación internacional. Y al hacerlo… ha subrayado el riesgo de que su política…, ‘[Norte]América primero’, se traduzca en: ‘un solitario en [Norte]América’, al enfrentar futuras crisis…”
Entre discursos nacionalistas, proteccionistas, muecas y “arrebatos en Twitter de alto octanaje”, dice AFP, diversos observadores han batallado para identificar una estrategia coherente detrás de las decisiones del magnate. Y al mismo tiempo, miembros de su gabinete, de su partido y hasta de su cofradía en los medios, se han afanado en traducir sus decisiones para hacerlas más coherentes y acordes con los tiempos actuales. Lo cierto es que actuando de la manera en como lo ha hecho en temas como el medioambiente, los tratados comerciales o el Medio Oriente ha debilitado lazos con históricos aliados de su país, en la misma medida en que también internamente avanza en su mandato de tropiezo en tropiezo.
Ha mantenido los pleitos con los medios de comunicación, con importantes republicanos en el Congreso y hasta con los jugadores de la Liga Nacional de Futbol que protestan al hincarse durante el himno nacional en contra del racismo prevaleciente en la nación. En el tema de una prometida reforma fiscal, varios de sus aliados han dicho de manera anónima que temen que sus formas groseras al referirse a varios senadores republicanos que han criticado el proyecto de la Casa Blanca, podrían llevarlo a otro gran fracaso legislativo por el resto de su mandato y lo mostrarían como un líder ineficaz, incapaz de convencer a su propio partido de sus prioridades.
En el curso de este clima político, el senador Bob Corker, un republicano de Tennessee quien preside la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, hizo recién una dura evaluación acerca de la aptitud de Trump para la oficina oval, con la advertencia de que el comportamiento imprudente del presidente podría lanzar a la nación “en el camino a la III Guerra Mundial”. Y luego de un intercambio cáustico en Twitter con insultos entre Trump y Corker, ningún líder republicano ha acudido en defensa del Presidente, con excepción del vicepresidente Pence.
Por algo, luego de semanas de advertir su agenda en peligro por las divisiones republicanas y las luchas internas entre sus ayudantes, la agencia Reuters también dice: “Por el momento, el presidente de Estados Unidos… va solo”. Una circunstancia que desde luego no se puede explicar únicamente por el agrio carácter o las torpezas políticas del multimillonario, sino a la vez por el declive que sufre su país en el contexto del desgaste mundial de la formación social capitalista, que pugna por encontrar soluciones nada fáciles de alcanzar a su problemática actual.
21 de octubre de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 22 de octubre de 2017)
El Otoño del Imperio
Las palabras que encabezan este artículo dan título a una nota de la agencia AFP del día 14 de octubre último, en la que se destaca la manera en como el presidente Donald Trump ha llevado adelante la política exterior de su país durante la primera etapa de su gobierno. En la misma, la agencia destaca cómo el mandatario “ha jugado con la credibilidad diplomática de Estados Unidos, atacando un acuerdo nuclear de Irán que sus aliados europeos aprecian como punto de referencia para la cooperación internacional. Y al hacerlo… ha subrayado el riesgo de que su política…, ‘[Norte]América primero’, se traduzca en: ‘un solitario en [Norte]América’, al enfrentar futuras crisis…”
Entre discursos nacionalistas, proteccionistas, muecas y “arrebatos en Twitter de alto octanaje”, dice AFP, diversos observadores han batallado para identificar una estrategia coherente detrás de las decisiones del magnate. Y al mismo tiempo, miembros de su gabinete, de su partido y hasta de su cofradía en los medios, se han afanado en traducir sus decisiones para hacerlas más coherentes y acordes con los tiempos actuales. Lo cierto es que actuando de la manera en como lo ha hecho en temas como el medioambiente, los tratados comerciales o el Medio Oriente ha debilitado lazos con históricos aliados de su país, en la misma medida en que también internamente avanza en su mandato de tropiezo en tropiezo.
Ha mantenido los pleitos con los medios de comunicación, con importantes republicanos en el Congreso y hasta con los jugadores de la Liga Nacional de Futbol que protestan al hincarse durante el himno nacional en contra del racismo prevaleciente en la nación. En el tema de una prometida reforma fiscal, varios de sus aliados han dicho de manera anónima que temen que sus formas groseras al referirse a varios senadores republicanos que han criticado el proyecto de la Casa Blanca, podrían llevarlo a otro gran fracaso legislativo por el resto de su mandato y lo mostrarían como un líder ineficaz, incapaz de convencer a su propio partido de sus prioridades.
En el curso de este clima político, el senador Bob Corker, un republicano de Tennessee quien preside la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, hizo recién una dura evaluación acerca de la aptitud de Trump para la oficina oval, con la advertencia de que el comportamiento imprudente del presidente podría lanzar a la nación “en el camino a la III Guerra Mundial”. Y luego de un intercambio cáustico en Twitter con insultos entre Trump y Corker, ningún líder republicano ha acudido en defensa del Presidente, con excepción del vicepresidente Pence.
Por algo, luego de semanas de advertir su agenda en peligro por las divisiones republicanas y las luchas internas entre sus ayudantes, la agencia Reuters también dice: “Por el momento, el presidente de Estados Unidos… va solo”. Una circunstancia que desde luego no se puede explicar únicamente por el agrio carácter o las torpezas políticas del multimillonario, sino a la vez por el declive que sufre su país en el contexto del desgaste mundial de la formación social capitalista, que pugna por encontrar soluciones nada fáciles de alcanzar a su problemática actual.
21 de octubre de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 22 de octubre de 2017)
El Otoño del Imperio
domingo, 8 de octubre de 2017
La Preocupación del Grupo de los 7 por el Futuro de los Mercados
Jesús Hernández Garibay
El pasado 29 y 30 de septiembre tuvo lugar en Reggia di Venaria, Turín, la reunión de los ministros de trabajo y empleo del Grupo de los 7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Japón e Italia). En dicho conclave participaron también los ministros de industria, educación y ciencia del mismo grupo, todos los cuales discutieron en sesiones separadas, centrándose en sus campos específicos pero con un enfoque integrado y coordinado, en el marco de una semana dedicada a “los desafíos de la Cuarta Revolución Industrial”.
Considerado como un “foro informal”, la primera Cumbre de las economías industrialmente más avanzadas del mundo se celebró en 1975 en Rambouillet, Francia, para discutir acerca de la crisis financiera y económica provocada por el shock petrolero de 1973-1974. Posteriormente, en 1998 el grupo invita a Rusia, país que luego es expulsado a raíz de la postura que asume ante la crisis en Ucrania. Así, cada año varias reuniones del G7 se llevan a cabo, en busca de respuestas a los grandes retos que enfrentan los mercados.
“El trabajo ―decía el G7 en el encuentro de dos días en Turín― es un componente clave del cambio: la manera en que se forma el futuro de trabajo y bienestar tendrá un impacto significativo en el proceso de innovación conjunto…” Por esta razón, el elemento clave que guio la discusión fue: “colocando a la gente y al trabajo en el centro de la innovación”. En este entorno se abordaron “los beneficios y los nuevos retos globales” que implicaría la Próxima Revolución Productiva, que, dijeron, “comportará incomparables oportunidades no sólo para la producción de bienes y servicios, sino también en el modo en que se crea y aprovecha el conocimiento”.
Lo mismo que a otros organismos o foros internacionales como la OCDE, el Banco Mundial o el Foro Económico de Davos, los temas que preocupan al G7 son, sobre todo, la progresiva implantación de cadenas de producción globales, la creciente importancia del capital productivo basado en el conocimiento y el desarrollo de profundos cambios tecnológicos que están generando la transformación digital en un gran número de actividades, y conduciendo a una nueva revolución productiva; a la vez, preocupa el resolver cómo hacer posible dicha transformación.
Entre estos retos, dice la Fundación Ramón Areces y la OCDE en el Seminario “La nueva revolución de la producción: la transformación digital”, realizado en Madrid el 14 de marzo último, se encuentran los siguientes: “¿Cómo se puede preparar a los trabajadores y a la sociedad para los cambios estructurales que van a tener lugar, incluido su previsible impacto sobre el empleo y la desigualdad? ¿De qué modo puede la política económica asegurar que la transformación digital redunde en crecimiento inclusivo? ¿Qué tipo de políticas mejoran el acceso a las herramientas digitales en la empresa y facilitan un mayor dinamismo empresarial, especialmente en la pequeña y mediana empresa y en las nacientes empresas innovadoras?”
Aspiraciones que enfrentan hoy los mercados ante el mayor estancamiento del capital, un cada vez más alto desempleo y un empleo cada día más precario a las puertas de una automatización sin precedente, que resulta en la crecientemente imparable desigualdad en todos los países.
8 de octubre de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de octubre de 2017)
El Otoño del Imperio
El pasado 29 y 30 de septiembre tuvo lugar en Reggia di Venaria, Turín, la reunión de los ministros de trabajo y empleo del Grupo de los 7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Japón e Italia). En dicho conclave participaron también los ministros de industria, educación y ciencia del mismo grupo, todos los cuales discutieron en sesiones separadas, centrándose en sus campos específicos pero con un enfoque integrado y coordinado, en el marco de una semana dedicada a “los desafíos de la Cuarta Revolución Industrial”.
Considerado como un “foro informal”, la primera Cumbre de las economías industrialmente más avanzadas del mundo se celebró en 1975 en Rambouillet, Francia, para discutir acerca de la crisis financiera y económica provocada por el shock petrolero de 1973-1974. Posteriormente, en 1998 el grupo invita a Rusia, país que luego es expulsado a raíz de la postura que asume ante la crisis en Ucrania. Así, cada año varias reuniones del G7 se llevan a cabo, en busca de respuestas a los grandes retos que enfrentan los mercados.
“El trabajo ―decía el G7 en el encuentro de dos días en Turín― es un componente clave del cambio: la manera en que se forma el futuro de trabajo y bienestar tendrá un impacto significativo en el proceso de innovación conjunto…” Por esta razón, el elemento clave que guio la discusión fue: “colocando a la gente y al trabajo en el centro de la innovación”. En este entorno se abordaron “los beneficios y los nuevos retos globales” que implicaría la Próxima Revolución Productiva, que, dijeron, “comportará incomparables oportunidades no sólo para la producción de bienes y servicios, sino también en el modo en que se crea y aprovecha el conocimiento”.
Lo mismo que a otros organismos o foros internacionales como la OCDE, el Banco Mundial o el Foro Económico de Davos, los temas que preocupan al G7 son, sobre todo, la progresiva implantación de cadenas de producción globales, la creciente importancia del capital productivo basado en el conocimiento y el desarrollo de profundos cambios tecnológicos que están generando la transformación digital en un gran número de actividades, y conduciendo a una nueva revolución productiva; a la vez, preocupa el resolver cómo hacer posible dicha transformación.
Entre estos retos, dice la Fundación Ramón Areces y la OCDE en el Seminario “La nueva revolución de la producción: la transformación digital”, realizado en Madrid el 14 de marzo último, se encuentran los siguientes: “¿Cómo se puede preparar a los trabajadores y a la sociedad para los cambios estructurales que van a tener lugar, incluido su previsible impacto sobre el empleo y la desigualdad? ¿De qué modo puede la política económica asegurar que la transformación digital redunde en crecimiento inclusivo? ¿Qué tipo de políticas mejoran el acceso a las herramientas digitales en la empresa y facilitan un mayor dinamismo empresarial, especialmente en la pequeña y mediana empresa y en las nacientes empresas innovadoras?”
Aspiraciones que enfrentan hoy los mercados ante el mayor estancamiento del capital, un cada vez más alto desempleo y un empleo cada día más precario a las puertas de una automatización sin precedente, que resulta en la crecientemente imparable desigualdad en todos los países.
8 de octubre de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de octubre de 2017)
El Otoño del Imperio
sábado, 23 de septiembre de 2017
Estados Unidos: ¿Crisis pasajera, o declive sin retorno...?
Jesús Hernández Garibay
Luego del paso de los huracanes Irma y Harvey por el sureste de Estados Unidos, un grupo de artistas estadounidenses llevaron a cabo un festival para reunir fondos en favor de las víctimas de ambos meteoros. En su presentación, la cantante Beyoncé decía: “Los efectos del cambio climático se manifiestan día con día en el mundo… Tenemos que estar preparados para lo que viene después…” De su lado, el legendario cantante Stevie Wonder afirmaba sin decirlo, pero rozando la postura del presidente Donald Trump en relación con el tema: “Quien crea que no hay nada como calentamiento global debe ser ciego o tonto…” Aprovechando la ocasión, otros de los participantes hicieron también la misma crítica, lo cual al siguiente día era condenado por los medios ultraconservadores pro Trump como manifestaciones de “demócratas izquierdistas”.
Unos días después se llevó a cabo la entrega de los Premios Emmy 2017. De nueva cuenta, el evento aquí también fue aprovechado por varios de los presentadores y premiados para hacer crítica y burla del mismo Trump, un hecho que motivó que esos mismos medios ultraconservadores consideraran la entrega de los icónicos Premios de este año como: “ciertamente el evento políticamente más cargado de todos los tiempos…” Como quiera, ambos sucesos se convertían así en representativos del clima que en estos tiempos campea en Estados Unidos: una grave división social y política que hoy se vive el país.
Lo importante aquí, en todo caso, es tratar de comprender si dicho clima es consecuencia de una figura como la del polémico multimillonario, o si es resultado de problemas de mayor fondo. La realidad es que la Unión Americana no es ya lo que fue hasta los años setenta del siglo pasado: una nación pujante. Y hoy tal circunstancia no es distinta, como los siguientes datos lo revelan:
1) De acuerdo con el Departamento del Tesoro, la deuda federal ha sobrepasado ya por vez primera los 20 billones de dólares, obligando de nueva cuenta al presidente a pedir al Congreso un aumento del techo autorizado de dicha deuda, lo que representa una mayor presión sobre el gasto gubernamental. 2) Junto a ello, en el entorno de la emergencia de nuevos y crecientemente poderosos actores como China, de acuerdo con Bloomberg el déficit comercial del país alcanzó ya en este 2017 los 48 mil 500 millones de dólares, el más grande desde el 2012. 3) A pesar del momento de recuperación con más empleos que en estos meses se vive ahí, lo cierto es que la realidad del mundo laboral es apabullante: de acuerdo con datos recientes del Departamento del Trabajo, el número de norteamericanos por arriba de los 16 años que se encuentran desempleados por cualquier motivo, alcanza los 94 millones 785 mil personas.
Entre otros muchos, son estos datos un botón de muestra del insoluble declive que el país padece y el nivel de empobrecimiento que el mismo provoca en no menos de 32 millones de personas que se ven afectadas por la creciente precariedad en el empleo con salarios insuficientes, el creciente gasto en salud ahora sin el Obamacare, la imposibilidad de que un trabajador de salario mínimo pueda acceder a una vivienda digna y muchos otros problemas por los cuales un creciente número de ciudadanos muestran su descontento de diversas maneras.
23 de septiembre de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 24 de septiembre de 2017)
El Otoño del Imperio
Luego del paso de los huracanes Irma y Harvey por el sureste de Estados Unidos, un grupo de artistas estadounidenses llevaron a cabo un festival para reunir fondos en favor de las víctimas de ambos meteoros. En su presentación, la cantante Beyoncé decía: “Los efectos del cambio climático se manifiestan día con día en el mundo… Tenemos que estar preparados para lo que viene después…” De su lado, el legendario cantante Stevie Wonder afirmaba sin decirlo, pero rozando la postura del presidente Donald Trump en relación con el tema: “Quien crea que no hay nada como calentamiento global debe ser ciego o tonto…” Aprovechando la ocasión, otros de los participantes hicieron también la misma crítica, lo cual al siguiente día era condenado por los medios ultraconservadores pro Trump como manifestaciones de “demócratas izquierdistas”.
Unos días después se llevó a cabo la entrega de los Premios Emmy 2017. De nueva cuenta, el evento aquí también fue aprovechado por varios de los presentadores y premiados para hacer crítica y burla del mismo Trump, un hecho que motivó que esos mismos medios ultraconservadores consideraran la entrega de los icónicos Premios de este año como: “ciertamente el evento políticamente más cargado de todos los tiempos…” Como quiera, ambos sucesos se convertían así en representativos del clima que en estos tiempos campea en Estados Unidos: una grave división social y política que hoy se vive el país.
Lo importante aquí, en todo caso, es tratar de comprender si dicho clima es consecuencia de una figura como la del polémico multimillonario, o si es resultado de problemas de mayor fondo. La realidad es que la Unión Americana no es ya lo que fue hasta los años setenta del siglo pasado: una nación pujante. Y hoy tal circunstancia no es distinta, como los siguientes datos lo revelan:
1) De acuerdo con el Departamento del Tesoro, la deuda federal ha sobrepasado ya por vez primera los 20 billones de dólares, obligando de nueva cuenta al presidente a pedir al Congreso un aumento del techo autorizado de dicha deuda, lo que representa una mayor presión sobre el gasto gubernamental. 2) Junto a ello, en el entorno de la emergencia de nuevos y crecientemente poderosos actores como China, de acuerdo con Bloomberg el déficit comercial del país alcanzó ya en este 2017 los 48 mil 500 millones de dólares, el más grande desde el 2012. 3) A pesar del momento de recuperación con más empleos que en estos meses se vive ahí, lo cierto es que la realidad del mundo laboral es apabullante: de acuerdo con datos recientes del Departamento del Trabajo, el número de norteamericanos por arriba de los 16 años que se encuentran desempleados por cualquier motivo, alcanza los 94 millones 785 mil personas.
Entre otros muchos, son estos datos un botón de muestra del insoluble declive que el país padece y el nivel de empobrecimiento que el mismo provoca en no menos de 32 millones de personas que se ven afectadas por la creciente precariedad en el empleo con salarios insuficientes, el creciente gasto en salud ahora sin el Obamacare, la imposibilidad de que un trabajador de salario mínimo pueda acceder a una vivienda digna y muchos otros problemas por los cuales un creciente número de ciudadanos muestran su descontento de diversas maneras.
23 de septiembre de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 24 de septiembre de 2017)
El Otoño del Imperio
lunes, 4 de septiembre de 2017
Corea del Norte: La Temperatura Bélica Escala
Jesús Hernández Garibay
“Cualquier amenaza a Estados Unidos o sus territorios, incluyendo Guam, o nuestros aliados, será recibido con una respuesta militar masiva, una respuesta eficaz y abrumadora…”, decía el domingo anterior el secretario de Defensa Jim Mattis. El secretario Mattis hacía esta advertencia ante lo que la Casa Blanca consideró como una nueva amenaza de Corea del Norte, después de una prueba de la que Pyongyang dijo que fue “una bomba de hidrógeno capaz de encajar en la punta de un misil”, y luego de que presidente Donald Trump se reuniera con sus asesores de Seguridad Nacional.
Con esta nueva prueba, que Corea del Norte describió oficialmente como “éxito perfecto de una bomba de hidrógeno para un misil balístico intercontinental” (el más reciente de 11 ensayos con 17 misiles lanzados de febrero a septiembre de 2017, que perfeccionan aún más con cada lanzamiento su tecnología), se pone de nuevo al mundo en vilo al acrecentarse la presión sobre el presidente Trump en lo que podría convertirse en su primera gran crisis de política exterior.
Más allá del descrédito que busca la caricaturización en la prensa occidental del mandatario Kim Jong-un para hacerlo ver como un demente, la gran pregunta es: ¿por qué Corea del Norte busca tener armas nucleares? Al respecto, un análisis más serio considera que el objetivo final de Pyongyang es conseguir un misil con una ojiva nuclear capaz de alcanzar territorio norteamericano, pues el régimen está convencido de que EUA trata de derrocar a Jong-un, y Pyongyang ve en las armas nucleares la clave para evitar que su mandatario sufra un destino similar al de Moammar Gaddafi en Libia o Saddam Hussein en Irak.
La Casa Blanca se queja de estar siendo amenazada por el guerrerismo del líder norcoreano, pero habría que recordar que el mismo EUA ha sido el causante de que no se logre una solución pacífica duradera en la península de Corea. Veamos si no, cómo a lo largo de varios años Norcorea promovió un diálogo constructivo hacia la reunificación de las dos Coreas; hecho que siempre ha sido del desagrado de Washington, quien insiste en mantener un amplio aparato castrense en la zona. Durante esos años, un diálogo bilateral permitió establecer una agenda para promover reuniones comerciales, intercambios deportivos y reunificación de familias separadas, con el apoyo de la Cruz Roja Internacional, pero siempre ante el enfado de Washington.
A la vez, durante varios años se abrieron conversaciones a seis bandas (Corea del Norte, China, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y Rusia) llevadas a cabo hasta 2005 a fin de resolver el programa nuclear de Norcorea, para lo cual Pyongyang pedía que EUA retirara las sanciones financieras al país y que Occidente se comprometiera en un apoyo económico para solventar las necesidades sociales del pueblo norcoreano; a lo que siempre se negó Norteamérica. Las pruebas de misiles nucleares de Pyongyang parecieran complicar más las cosas; no obstante, lo cierto es que la retórica belicista utilizada hasta ahora por su presidente Kim Jong-un es resultado de la porfiada actitud de Washington, de no hacer caso a las posibilidades de paz.
4 de septiembre de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de septiembre de 2017)
El Otoño del Imperio
“Cualquier amenaza a Estados Unidos o sus territorios, incluyendo Guam, o nuestros aliados, será recibido con una respuesta militar masiva, una respuesta eficaz y abrumadora…”, decía el domingo anterior el secretario de Defensa Jim Mattis. El secretario Mattis hacía esta advertencia ante lo que la Casa Blanca consideró como una nueva amenaza de Corea del Norte, después de una prueba de la que Pyongyang dijo que fue “una bomba de hidrógeno capaz de encajar en la punta de un misil”, y luego de que presidente Donald Trump se reuniera con sus asesores de Seguridad Nacional.
Con esta nueva prueba, que Corea del Norte describió oficialmente como “éxito perfecto de una bomba de hidrógeno para un misil balístico intercontinental” (el más reciente de 11 ensayos con 17 misiles lanzados de febrero a septiembre de 2017, que perfeccionan aún más con cada lanzamiento su tecnología), se pone de nuevo al mundo en vilo al acrecentarse la presión sobre el presidente Trump en lo que podría convertirse en su primera gran crisis de política exterior.
Más allá del descrédito que busca la caricaturización en la prensa occidental del mandatario Kim Jong-un para hacerlo ver como un demente, la gran pregunta es: ¿por qué Corea del Norte busca tener armas nucleares? Al respecto, un análisis más serio considera que el objetivo final de Pyongyang es conseguir un misil con una ojiva nuclear capaz de alcanzar territorio norteamericano, pues el régimen está convencido de que EUA trata de derrocar a Jong-un, y Pyongyang ve en las armas nucleares la clave para evitar que su mandatario sufra un destino similar al de Moammar Gaddafi en Libia o Saddam Hussein en Irak.
La Casa Blanca se queja de estar siendo amenazada por el guerrerismo del líder norcoreano, pero habría que recordar que el mismo EUA ha sido el causante de que no se logre una solución pacífica duradera en la península de Corea. Veamos si no, cómo a lo largo de varios años Norcorea promovió un diálogo constructivo hacia la reunificación de las dos Coreas; hecho que siempre ha sido del desagrado de Washington, quien insiste en mantener un amplio aparato castrense en la zona. Durante esos años, un diálogo bilateral permitió establecer una agenda para promover reuniones comerciales, intercambios deportivos y reunificación de familias separadas, con el apoyo de la Cruz Roja Internacional, pero siempre ante el enfado de Washington.
A la vez, durante varios años se abrieron conversaciones a seis bandas (Corea del Norte, China, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y Rusia) llevadas a cabo hasta 2005 a fin de resolver el programa nuclear de Norcorea, para lo cual Pyongyang pedía que EUA retirara las sanciones financieras al país y que Occidente se comprometiera en un apoyo económico para solventar las necesidades sociales del pueblo norcoreano; a lo que siempre se negó Norteamérica. Las pruebas de misiles nucleares de Pyongyang parecieran complicar más las cosas; no obstante, lo cierto es que la retórica belicista utilizada hasta ahora por su presidente Kim Jong-un es resultado de la porfiada actitud de Washington, de no hacer caso a las posibilidades de paz.
4 de septiembre de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de septiembre de 2017)
El Otoño del Imperio
martes, 22 de agosto de 2017
La Presidencia Enrevesada de Donald Trump
Jesús Hernández Garibay
El retiro del ultraconservador Stephen Bannon de la Casa Blanca luego de un año de estar apoyando al pendenciero Donald Trump, una figura aquél quien fue clave en el triunfo electoral del republicano al afinar convenientemente el mensaje populista y nacionalista de su campaña, sea que haya renunciado o lo hayan despedido evidencia la pugna desatada hoy al interior de la novel administración entre las posturas más radicales encabezadas por el mismísimo multimillonario, y quienes desde una óptica “menos controvertible” tratan de encauzar la nueva presidencia hacia un sendero más aceptable para el “establishment”.
Ex-director del libelo ultraderechista Breitbart y con vínculos en la llamada derecha “Alt-Right”, heredera del supremacismo nacionalista y anti-inmigrante blanco pero bajo la bandera de un movimiento que actúa sustentado en la estrategia “suave” del politólogo estadounidense Gene Sharp, con un nombre más admisible para las nuevas generaciones que no quieren ser identificadas con movimientos ultrarracistas o neonazis pero sí bajo la pretensión de “deconstruir” (Jacques Derrida) el “fastidioso” Statu Quo actual, Bannon se encontraba en medio de una intensa disputa interna en la Casa Blanca.
Un forcejeo encabezado en el otro bando por el nuevo jefe de gabinete ex-general John Kelly, el consejero de seguridad nacional ex-general Herbert Raymond McMaster, el yerno y asesor presidencial Jared Kushner y hasta el vicepresidente Michael Richard Pence, quienes han tratado de “suavizar” las mostrencas frases del mandatario al amenazar a Corea del Norte “con fuego y furia” en el posible uso de misiles nucleares, a Venezuela de contar en contra de la Revolución Bolivariana “con muchas opciones, incluida la militar”, o al culpar “a las dos partes" de la violencia supremacista en Charlottesville; dichos que han concitado fuertes críticas hasta de sus correligionarios y sectores que antes le apoyaban.
De por sí que en sus primeros siete meses Trump ha padecido ya importantes despidos y renuncias de muchos de los hasta ahora 26 asesores presidenciales y de altos funcionarios como el jefe de gabinete Reince Priebus, el consejero de seguridad nacional Michael Flynn, el despido de la fiscal general Sally Yates y la salida del secretario de prensa Sean Spicer, de los directores de comunicaciones Mike Dubke y Anthony Scaramucci, un subjefe de gabinete y hasta el rechazo de la oferta del vicealmirante Robert Harward para convertirse en su nuevo asesor de seguridad nacional. A la vez, también el despido de una procuradora general en funciones y un jefe de la Oficina Federal de Investigaciones.
Con cierta amargura, la abrupta salida de Stephen Bannon lo llevó a decir que “La presidencia ya se acabó”. No obstante, ya calmado, luego en una entrevista con Bloomberg, Bannon diría: “estoy dejando la Casa Blanca y voy a la guerra de Trump contra sus opositores en Capitol Hill, en los medios de comunicación y en la [Norte]América corporativa”. En otra entrevista Bannon diría que los enemigos del presidente eran entre otros el Consejero Económico Gary Cohn y “los cabilderos de Goldman Sachs” en la Casa Blanca. Dichos que auguran pugnas más abiertas de quienes, aun preocupados por sus dislates, ven en Trump un faro que ilumina su camino.
22 de agosto de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de agosto de 2017)
El Otoño del Imperio
El retiro del ultraconservador Stephen Bannon de la Casa Blanca luego de un año de estar apoyando al pendenciero Donald Trump, una figura aquél quien fue clave en el triunfo electoral del republicano al afinar convenientemente el mensaje populista y nacionalista de su campaña, sea que haya renunciado o lo hayan despedido evidencia la pugna desatada hoy al interior de la novel administración entre las posturas más radicales encabezadas por el mismísimo multimillonario, y quienes desde una óptica “menos controvertible” tratan de encauzar la nueva presidencia hacia un sendero más aceptable para el “establishment”.
Ex-director del libelo ultraderechista Breitbart y con vínculos en la llamada derecha “Alt-Right”, heredera del supremacismo nacionalista y anti-inmigrante blanco pero bajo la bandera de un movimiento que actúa sustentado en la estrategia “suave” del politólogo estadounidense Gene Sharp, con un nombre más admisible para las nuevas generaciones que no quieren ser identificadas con movimientos ultrarracistas o neonazis pero sí bajo la pretensión de “deconstruir” (Jacques Derrida) el “fastidioso” Statu Quo actual, Bannon se encontraba en medio de una intensa disputa interna en la Casa Blanca.
Un forcejeo encabezado en el otro bando por el nuevo jefe de gabinete ex-general John Kelly, el consejero de seguridad nacional ex-general Herbert Raymond McMaster, el yerno y asesor presidencial Jared Kushner y hasta el vicepresidente Michael Richard Pence, quienes han tratado de “suavizar” las mostrencas frases del mandatario al amenazar a Corea del Norte “con fuego y furia” en el posible uso de misiles nucleares, a Venezuela de contar en contra de la Revolución Bolivariana “con muchas opciones, incluida la militar”, o al culpar “a las dos partes" de la violencia supremacista en Charlottesville; dichos que han concitado fuertes críticas hasta de sus correligionarios y sectores que antes le apoyaban.
De por sí que en sus primeros siete meses Trump ha padecido ya importantes despidos y renuncias de muchos de los hasta ahora 26 asesores presidenciales y de altos funcionarios como el jefe de gabinete Reince Priebus, el consejero de seguridad nacional Michael Flynn, el despido de la fiscal general Sally Yates y la salida del secretario de prensa Sean Spicer, de los directores de comunicaciones Mike Dubke y Anthony Scaramucci, un subjefe de gabinete y hasta el rechazo de la oferta del vicealmirante Robert Harward para convertirse en su nuevo asesor de seguridad nacional. A la vez, también el despido de una procuradora general en funciones y un jefe de la Oficina Federal de Investigaciones.
Con cierta amargura, la abrupta salida de Stephen Bannon lo llevó a decir que “La presidencia ya se acabó”. No obstante, ya calmado, luego en una entrevista con Bloomberg, Bannon diría: “estoy dejando la Casa Blanca y voy a la guerra de Trump contra sus opositores en Capitol Hill, en los medios de comunicación y en la [Norte]América corporativa”. En otra entrevista Bannon diría que los enemigos del presidente eran entre otros el Consejero Económico Gary Cohn y “los cabilderos de Goldman Sachs” en la Casa Blanca. Dichos que auguran pugnas más abiertas de quienes, aun preocupados por sus dislates, ven en Trump un faro que ilumina su camino.
22 de agosto de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de agosto de 2017)
El Otoño del Imperio
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