Jesús Hernández Garibay
El retiro del ultraconservador Stephen Bannon de la Casa Blanca luego de un año de estar apoyando al pendenciero Donald Trump, una figura aquél quien fue clave en el triunfo electoral del republicano al afinar convenientemente el mensaje populista y nacionalista de su campaña, sea que haya renunciado o lo hayan despedido evidencia la pugna desatada hoy al interior de la novel administración entre las posturas más radicales encabezadas por el mismísimo multimillonario, y quienes desde una óptica “menos controvertible” tratan de encauzar la nueva presidencia hacia un sendero más aceptable para el “establishment”.
Ex-director del libelo ultraderechista Breitbart y con vínculos en la llamada derecha “Alt-Right”, heredera del supremacismo nacionalista y anti-inmigrante blanco pero bajo la bandera de un movimiento que actúa sustentado en la estrategia “suave” del politólogo estadounidense Gene Sharp, con un nombre más admisible para las nuevas generaciones que no quieren ser identificadas con movimientos ultrarracistas o neonazis pero sí bajo la pretensión de “deconstruir” (Jacques Derrida) el “fastidioso” Statu Quo actual, Bannon se encontraba en medio de una intensa disputa interna en la Casa Blanca.
Un forcejeo encabezado en el otro bando por el nuevo jefe de gabinete ex-general John Kelly, el consejero de seguridad nacional ex-general Herbert Raymond McMaster, el yerno y asesor presidencial Jared Kushner y hasta el vicepresidente Michael Richard Pence, quienes han tratado de “suavizar” las mostrencas frases del mandatario al amenazar a Corea del Norte “con fuego y furia” en el posible uso de misiles nucleares, a Venezuela de contar en contra de la Revolución Bolivariana “con muchas opciones, incluida la militar”, o al culpar “a las dos partes" de la violencia supremacista en Charlottesville; dichos que han concitado fuertes críticas hasta de sus correligionarios y sectores que antes le apoyaban.
De por sí que en sus primeros siete meses Trump ha padecido ya importantes despidos y renuncias de muchos de los hasta ahora 26 asesores presidenciales y de altos funcionarios como el jefe de gabinete Reince Priebus, el consejero de seguridad nacional Michael Flynn, el despido de la fiscal general Sally Yates y la salida del secretario de prensa Sean Spicer, de los directores de comunicaciones Mike Dubke y Anthony Scaramucci, un subjefe de gabinete y hasta el rechazo de la oferta del vicealmirante Robert Harward para convertirse en su nuevo asesor de seguridad nacional. A la vez, también el despido de una procuradora general en funciones y un jefe de la Oficina Federal de Investigaciones.
Con cierta amargura, la abrupta salida de Stephen Bannon lo llevó a decir que “La presidencia ya se acabó”. No obstante, ya calmado, luego en una entrevista con Bloomberg, Bannon diría: “estoy dejando la Casa Blanca y voy a la guerra de Trump contra sus opositores en Capitol Hill, en los medios de comunicación y en la [Norte]América corporativa”. En otra entrevista Bannon diría que los enemigos del presidente eran entre otros el Consejero Económico Gary Cohn y “los cabilderos de Goldman Sachs” en la Casa Blanca. Dichos que auguran pugnas más abiertas de quienes, aun preocupados por sus dislates, ven en Trump un faro que ilumina su camino.
22 de agosto de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de agosto de 2017)
El Otoño del Imperio
martes, 22 de agosto de 2017
La Reunión en 2017 del Furtivo Grupo Bilderberg
Jesús Hernández Garibay
Del jueves 1º al domingo 4 de junio el siempre hierático Grupo Bilderberg llevó a cabo en este año su 65° cenáculo, en un hotel de la ciudad de Chantilly, Virginia, en Estados Unidos. Como se sabe, habiendo nacido en los Países Bajos desde 1954 ―creado, según se ha conocido luego de muchos años, por la CIA y el MI5, para fortalecer a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)―, como un foro privado, según esto, de “intercambio de opiniones”, dicho grupo no ha dejado de congregar cada año a la más selecta élite política, empresarial y financiera de Europa y Norteamérica.
En esta ocasión reunió a 131 invitados de 21 países, entre ministros, académicos, empresarios millonarios, directores de medios y de instituciones financieras, y miembros de la llamada nobleza. Según el propio grupo, una diversidad que incluyó a varios ejecutivos de bancos como Goldman Sachs, Deutsche Bank, BP, además de viejos y nuevos actores como los jefes de Google, AT&T, Bayer, Airbus, AXA, Allianz, ING; todos interesados en el tema de si es pertinente poner un freno a la globalización, pues es éste, como se dijo ahí, “el aire que respiran”.
El gran ausente fue el recién fallecido multimillonario David Rockefeller, uno de sus principales propulsores quien siempre acompaño al grupo junto con el ex-secretario de Estado Henry Kissinger. Del Bilderberg, Rockefeller decía justo en 1991: “Estamos agradecidos con [los medios informativos] cuyos directores han asistido… y respetado sus promesas de discreción durante casi cuarenta años. Habría sido imposible para nosotros desarrollar nuestro plan para el mundo si hubiéramos sido objeto de las brillantes luces de la publicidad durante esos años. Pero el mundo es ahora más sofisticado y preparado para marchar hacia un gobierno mundial... La soberanía supranacional de una élite intelectual y banqueros del mundo es seguramente preferible a la autodeterminación nacional practicada en siglos pasados…”
“Soberanía supranacional” que debatió en este año cuestiones tales como “Las relaciones transatlánticas”, “La actividad de la OTAN”, “Las guerras de información”, “El papel de Rusia en el orden mundial”, “China” y “La proliferación de armas nucleares”, entre otras. No obstante, la ponencia central fue “La Administración Trump: informe de avances”; un enunciado éste que explica que hay en el grupo un reconocimiento y aceptación previa del polémico presidente.
Según fue conocido, un asunto derivó ahí en un enconado debate: el que se dio entre partidarios y adversarios acerca de la “conveniencia” o no del terrorismo islamista. Al respecto, hubo objeciones a lo dicho por Donald Trump en Arabia Saudita y en la cumbre de la OTAN, en que el mandatario trató de convencer a sus aliados y socios de que deben abandonar a la Hermandad Musulmana (ISIS) a la que respaldan, han armado y dirigen; un emplasto a través del cual Estados Unidos, Francia y el Reino Unido se han dedicado durante años a organizar una guerra contra el gobierno legítimo de Siria mientras fingían negociar una salida política a ese conflicto. Y frente al que hoy no saben qué hacer por causa del costo que han ocasionado las cada día más frecuentes acciones terroristas del mismo ISIS en sus propios países.
22 de agosto de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 13 de agosto de 2017)
El Otoño del Imperio
Del jueves 1º al domingo 4 de junio el siempre hierático Grupo Bilderberg llevó a cabo en este año su 65° cenáculo, en un hotel de la ciudad de Chantilly, Virginia, en Estados Unidos. Como se sabe, habiendo nacido en los Países Bajos desde 1954 ―creado, según se ha conocido luego de muchos años, por la CIA y el MI5, para fortalecer a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)―, como un foro privado, según esto, de “intercambio de opiniones”, dicho grupo no ha dejado de congregar cada año a la más selecta élite política, empresarial y financiera de Europa y Norteamérica.
En esta ocasión reunió a 131 invitados de 21 países, entre ministros, académicos, empresarios millonarios, directores de medios y de instituciones financieras, y miembros de la llamada nobleza. Según el propio grupo, una diversidad que incluyó a varios ejecutivos de bancos como Goldman Sachs, Deutsche Bank, BP, además de viejos y nuevos actores como los jefes de Google, AT&T, Bayer, Airbus, AXA, Allianz, ING; todos interesados en el tema de si es pertinente poner un freno a la globalización, pues es éste, como se dijo ahí, “el aire que respiran”.
El gran ausente fue el recién fallecido multimillonario David Rockefeller, uno de sus principales propulsores quien siempre acompaño al grupo junto con el ex-secretario de Estado Henry Kissinger. Del Bilderberg, Rockefeller decía justo en 1991: “Estamos agradecidos con [los medios informativos] cuyos directores han asistido… y respetado sus promesas de discreción durante casi cuarenta años. Habría sido imposible para nosotros desarrollar nuestro plan para el mundo si hubiéramos sido objeto de las brillantes luces de la publicidad durante esos años. Pero el mundo es ahora más sofisticado y preparado para marchar hacia un gobierno mundial... La soberanía supranacional de una élite intelectual y banqueros del mundo es seguramente preferible a la autodeterminación nacional practicada en siglos pasados…”
“Soberanía supranacional” que debatió en este año cuestiones tales como “Las relaciones transatlánticas”, “La actividad de la OTAN”, “Las guerras de información”, “El papel de Rusia en el orden mundial”, “China” y “La proliferación de armas nucleares”, entre otras. No obstante, la ponencia central fue “La Administración Trump: informe de avances”; un enunciado éste que explica que hay en el grupo un reconocimiento y aceptación previa del polémico presidente.
Según fue conocido, un asunto derivó ahí en un enconado debate: el que se dio entre partidarios y adversarios acerca de la “conveniencia” o no del terrorismo islamista. Al respecto, hubo objeciones a lo dicho por Donald Trump en Arabia Saudita y en la cumbre de la OTAN, en que el mandatario trató de convencer a sus aliados y socios de que deben abandonar a la Hermandad Musulmana (ISIS) a la que respaldan, han armado y dirigen; un emplasto a través del cual Estados Unidos, Francia y el Reino Unido se han dedicado durante años a organizar una guerra contra el gobierno legítimo de Siria mientras fingían negociar una salida política a ese conflicto. Y frente al que hoy no saben qué hacer por causa del costo que han ocasionado las cada día más frecuentes acciones terroristas del mismo ISIS en sus propios países.
22 de agosto de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 13 de agosto de 2017)
El Otoño del Imperio
Donald Trump en la Casa Blanca. El Polémico Inicio
Jesús Hernández Garibay
El jueves 20 de julio se cumplieron 181 días o seis meses desde que el controvertido magnate Donald Trump fue ungido como nuevo presidente de Estados Unidos. A muchos de sus más fieles seguidores, este periodo de tiempo les debe haber parecido sólo un destello durante el cual el peculiar mandatario ha logrado ya lo que su principal frase de campaña anunciaba: “Hacer grande nuevamente a (Norte)América”. Para sus detractores, sin embargo, el inicio se ha traducido en hacer más que evidente la incapacidad para gobernar de quien, se dice, no sabe cómo conducir una nave de gran calado.
No ha sido poco lo que ha trabajado el novel político, pues a sus 991 mensajes de texto y 54 discursos se suman en este lapso 41 acciones ejecutivas, 58 memorandas presidenciales, 42 decretos sancionados como leyes y dos giras internacionales. No obstante esas cifras y a pesar de la parafernalia que medios devotos a su cofradía, como Breitbart News, Canal Fox News o The New York Post, han desatado en cada ocasión que tienen para defender la investidura de su luminaria, otros, encabezados por seguidores de quienes esperaban que la favorita del “establishment” Hillary Clinton llegara a la Oficina Oval, lo acusan de no haber podido impulsar una sola de sus “grandilocuentes promesas electorales”.
Como ha sido destacado en las noticias, durante estos meses se advierten ya las dificultades en efecto, para llevar adelante los propósitos anunciados en campaña por el empresario. La primera orden ejecutiva firmada, una polémica orden migratoria anti-musulmana queda paralizada de inmediato y el veto a la entrada en Estados Unidos de ciudadanos de siete países solo es parcialmente consentido hasta junio. La construcción del muro fronterizo con México queda empantanada en el Congreso, donde no recibe partida alguna para que comience a construirse. La intención de suprimir el sistema de cobertura sanitaria Obamacare y reemplazarlo por uno propio, fracasa por falta de apoyos entre los mismos republicanos.
A nivel internacional Trump no ha sido menos errático y disentido. En mayo choca con sus propios aliados de la OTAN y los líderes europeos de quienes exige más apoyo económico, mientras en la cumbre del G-7 lo confinan sus ideas proteccionistas. En junio abandona el Acuerdo de París suscrito por la comunidad internacional, mientras su propuesta de renegociación recibe un rechazo unánime. Hace tres semanas reitera en Varsovia y en Hamburgo su misma postura ultramontana que dice anunciar para su país a una nueva era dorada; pretensión bien vista por muchos pero que implica la misión imposible de voltear la rueda de la historia.
La investigación sobre supuestos vínculos de la campaña republicana con operadores de inteligencia rusos para perjudicar a la Clinton domina también el primer semestre de la presidencia de Trump y lo lleva a su nivel más bajo de popularidad, con sólo un 36 por ciento de aprobación a su gestión. Caballito de batalla éste, de las huestes que sueñan en convertir su resultado en un por ahora ilusorio juicio político para desaparecer de la escena a quien consideran un advenedizo inoportuno para el “statu quo ante comitia”, o sea, el neoliberal…
22 de agosto de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 30 de julio de 2017)
El Otoño del Imperio
El jueves 20 de julio se cumplieron 181 días o seis meses desde que el controvertido magnate Donald Trump fue ungido como nuevo presidente de Estados Unidos. A muchos de sus más fieles seguidores, este periodo de tiempo les debe haber parecido sólo un destello durante el cual el peculiar mandatario ha logrado ya lo que su principal frase de campaña anunciaba: “Hacer grande nuevamente a (Norte)América”. Para sus detractores, sin embargo, el inicio se ha traducido en hacer más que evidente la incapacidad para gobernar de quien, se dice, no sabe cómo conducir una nave de gran calado.
No ha sido poco lo que ha trabajado el novel político, pues a sus 991 mensajes de texto y 54 discursos se suman en este lapso 41 acciones ejecutivas, 58 memorandas presidenciales, 42 decretos sancionados como leyes y dos giras internacionales. No obstante esas cifras y a pesar de la parafernalia que medios devotos a su cofradía, como Breitbart News, Canal Fox News o The New York Post, han desatado en cada ocasión que tienen para defender la investidura de su luminaria, otros, encabezados por seguidores de quienes esperaban que la favorita del “establishment” Hillary Clinton llegara a la Oficina Oval, lo acusan de no haber podido impulsar una sola de sus “grandilocuentes promesas electorales”.
Como ha sido destacado en las noticias, durante estos meses se advierten ya las dificultades en efecto, para llevar adelante los propósitos anunciados en campaña por el empresario. La primera orden ejecutiva firmada, una polémica orden migratoria anti-musulmana queda paralizada de inmediato y el veto a la entrada en Estados Unidos de ciudadanos de siete países solo es parcialmente consentido hasta junio. La construcción del muro fronterizo con México queda empantanada en el Congreso, donde no recibe partida alguna para que comience a construirse. La intención de suprimir el sistema de cobertura sanitaria Obamacare y reemplazarlo por uno propio, fracasa por falta de apoyos entre los mismos republicanos.
A nivel internacional Trump no ha sido menos errático y disentido. En mayo choca con sus propios aliados de la OTAN y los líderes europeos de quienes exige más apoyo económico, mientras en la cumbre del G-7 lo confinan sus ideas proteccionistas. En junio abandona el Acuerdo de París suscrito por la comunidad internacional, mientras su propuesta de renegociación recibe un rechazo unánime. Hace tres semanas reitera en Varsovia y en Hamburgo su misma postura ultramontana que dice anunciar para su país a una nueva era dorada; pretensión bien vista por muchos pero que implica la misión imposible de voltear la rueda de la historia.
La investigación sobre supuestos vínculos de la campaña republicana con operadores de inteligencia rusos para perjudicar a la Clinton domina también el primer semestre de la presidencia de Trump y lo lleva a su nivel más bajo de popularidad, con sólo un 36 por ciento de aprobación a su gestión. Caballito de batalla éste, de las huestes que sueñan en convertir su resultado en un por ahora ilusorio juicio político para desaparecer de la escena a quien consideran un advenedizo inoportuno para el “statu quo ante comitia”, o sea, el neoliberal…
22 de agosto de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 30 de julio de 2017)
El Otoño del Imperio
La Gigante Petrolera Aramco Compra la Refinería más Grande de Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
El 3 de mayo pasado fue anunciado el acuerdo al que llegaron la empresa estatal de petróleo y gas Saudi Aramco y la holandesa Shell para distribuirse los bienes que compartían a través de la sociedad Motiva Enterprises. Con la compra del 100 por ciento de sus activos (antes ya poseía el 50 por ciento), la gigante árabe se queda con “la joya de la corona”, Port Arthur, la mayor refinería de Estados Unidos, ubicada en la parte texana del golfo de México.
La estatal Saudi Aramco es ni más ni menos que la mayor empresa de Arabia Saudita en el mundo, lo cual es altamente significativo para un país que es el mayor exportador mundial de petróleo con una producción de 10 millones 67 mil barriles diarios al mes de julio de 2016. Con sede en Dhahran, Arabia Saudita, la monumental empresa es al mismo tiempo la propietaria de la mayor red de hidrocarburos del planeta, conocida como Master Gas System.
Entre las reservas de petróleo que esta compañía saudí posee destacan el Campo Ghawar, la segunda reserva petrolífera más grande del mundo, el Campo Safaniya, que es el campo petrolífero marítimo mayor del mundo, y el Campo Shaybah, que es también uno de los mayores yacimientos conocidos a escala mundial. Líder también en la producción y exportación de gas natural licuado (GNL), Saudi Aramco tiene un valor aproximado global estimado por algunos en más de 2.5 billones de dólares.
Valero Port Arthur Refinery, de su lado, tiene capacidad para refinar 600 mil barriles diarios de crudo, pero con el acuerdo logrado, además de Port Arthur la petrolera árabe se queda también con 24 terminales de distribución y con el derecho exclusivo de vender gasolina Shell en ocho estados de ese país; y por supuesto ya enfoca su atención en el mercado mexicano, con cuyo régimen llegó a establecer acuerdos el año pasado para explorar diversas áreas de cooperación.
No obstante, en el negocio del petróleo no todo es miel sobre hojuelas. Desde hace varios años el gobierno saudí ha estado preparando la venta de Aramco para llevarla a cabo en 2018. La razón es que el petróleo está siendo irremediablemente sustituido por fuentes energéticas alternas; algunos expertos señalan que sólo es cosa de imaginar “un mundo en el que la mayoría de vehículos fueran eléctricos y funcionaran con gas natural y energía solar”, lo cual se estima que podría suceder para 2030. Esos mismos analistas ponderan que si el 80 por ciento de la demanda de crudo es en nuestros días para los vehículos automotores, entonces dentro de unos 15 años en que el petróleo valga cero, “la que hoy es la compañía más valiosa del mundo también valdrá cero” (E&N estrategiaynegocios.net); un hecho posible que lleva a los sauditas a buscar deshacerse de la petrolera, al mejor precio posible de ahora.
Como quiera que sea, por el momento el acuerdo le permite a Saudi Aramco abrir más el mercado de EUA a sus hidrocarburos, lo cual es con seguridad una buena noticia por la preservación de empleos en Norteamérica, pero a la vez una mala porque la dependencia de petróleo refinado a un gobierno extranjero se amplia.
22 de agosto de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de junio de 2017)
El Otoño del Imperio
El 3 de mayo pasado fue anunciado el acuerdo al que llegaron la empresa estatal de petróleo y gas Saudi Aramco y la holandesa Shell para distribuirse los bienes que compartían a través de la sociedad Motiva Enterprises. Con la compra del 100 por ciento de sus activos (antes ya poseía el 50 por ciento), la gigante árabe se queda con “la joya de la corona”, Port Arthur, la mayor refinería de Estados Unidos, ubicada en la parte texana del golfo de México.
La estatal Saudi Aramco es ni más ni menos que la mayor empresa de Arabia Saudita en el mundo, lo cual es altamente significativo para un país que es el mayor exportador mundial de petróleo con una producción de 10 millones 67 mil barriles diarios al mes de julio de 2016. Con sede en Dhahran, Arabia Saudita, la monumental empresa es al mismo tiempo la propietaria de la mayor red de hidrocarburos del planeta, conocida como Master Gas System.
Entre las reservas de petróleo que esta compañía saudí posee destacan el Campo Ghawar, la segunda reserva petrolífera más grande del mundo, el Campo Safaniya, que es el campo petrolífero marítimo mayor del mundo, y el Campo Shaybah, que es también uno de los mayores yacimientos conocidos a escala mundial. Líder también en la producción y exportación de gas natural licuado (GNL), Saudi Aramco tiene un valor aproximado global estimado por algunos en más de 2.5 billones de dólares.
Valero Port Arthur Refinery, de su lado, tiene capacidad para refinar 600 mil barriles diarios de crudo, pero con el acuerdo logrado, además de Port Arthur la petrolera árabe se queda también con 24 terminales de distribución y con el derecho exclusivo de vender gasolina Shell en ocho estados de ese país; y por supuesto ya enfoca su atención en el mercado mexicano, con cuyo régimen llegó a establecer acuerdos el año pasado para explorar diversas áreas de cooperación.
No obstante, en el negocio del petróleo no todo es miel sobre hojuelas. Desde hace varios años el gobierno saudí ha estado preparando la venta de Aramco para llevarla a cabo en 2018. La razón es que el petróleo está siendo irremediablemente sustituido por fuentes energéticas alternas; algunos expertos señalan que sólo es cosa de imaginar “un mundo en el que la mayoría de vehículos fueran eléctricos y funcionaran con gas natural y energía solar”, lo cual se estima que podría suceder para 2030. Esos mismos analistas ponderan que si el 80 por ciento de la demanda de crudo es en nuestros días para los vehículos automotores, entonces dentro de unos 15 años en que el petróleo valga cero, “la que hoy es la compañía más valiosa del mundo también valdrá cero” (E&N estrategiaynegocios.net); un hecho posible que lleva a los sauditas a buscar deshacerse de la petrolera, al mejor precio posible de ahora.
Como quiera que sea, por el momento el acuerdo le permite a Saudi Aramco abrir más el mercado de EUA a sus hidrocarburos, lo cual es con seguridad una buena noticia por la preservación de empleos en Norteamérica, pero a la vez una mala porque la dependencia de petróleo refinado a un gobierno extranjero se amplia.
22 de agosto de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de junio de 2017)
El Otoño del Imperio
lunes, 1 de mayo de 2017
Los Tambores de Guerra de Trump
Jesús Hernández Garibay
El despliegue bélico que el recién estrenado presidente de Estados Unidos Donald Trump ha ordenado y que incluye el malicioso ataque a una base aérea en Siria, el envío de porta-aviones, cazas, tropas y otros artefactos militares alrededor de Corea del Norte, y el uso de “la madre de todas las bombas” (MOAB) en Afganistán, viene a darle forma a la expresión planteada hace unas semanas por el mandatario en el sentido de que su país “necesita de una nueva guerra”.
Como se sabe, el bombardeo estadunidense a la base aérea siria de Shayrat con 59 misiles crucero se dio en represalia por el supuesto uso por parte del gobierno de Bashar al-Assad de gas sarín en contra de la población de Khan Sheikhoun; hecho que ha sido negado por el propio gobierno sirio y que el canciller ruso Sergei Lavrov ha tildado de ser un falso suceso orquestado por la Casa Blanca para intentar seguir debilitando a Assad, un mandatario más del disgusto del país “señalado por Dios” para mostrar al mundo “el camino a la felicidad”.
Un acto de guerra el de Trump que ―como sucedió en su tiempo con George W. Bush para el caso de Irak y Afganistán― viola los procedimientos legales de su propia nación al no tomar en cuenta al Congreso ni a la ONU, y que es tan rechazado por múltiples expresiones ciudadanas en las redes sociales, como aplaudido hasta por quienes antes se pronunciaban en contra del peculiar personaje, entre otros varios importantes medios de comunicación y legisladores como John McCain, y con seguridad también con el regocijo de muchos demócratas.
Los mismos que también aplauden el aumento de la tensión en el sureste asiático con el envío del portaaviones “USS Carl Vinson” escoltado por tres barcos lanzamisiles, además de 28 mil 500 soldados, 450 tubos lanzamisiles, drones, submarinos de ataque, escuadrones de aviones de combate y hasta un sistema de defensa antimisiles. Y los mismos que de igual forma se congratulan de que haya sido lanzado el más poderoso proyectil de todos los tiempos, la MOAB GBU-43 fabricado por la empresa Dynetics. Hecho por el que Trump se vanagloriaba diciendo: “Es realmente un gran trabajo, estamos muy orgullosos de nuestro Ejército”.
Lo que en todo caso el novel presidente deja entrever con este beligerante episodio que pone de nuevo al planeta al borde de una nueva y peligrosa conflagración, es la manera en cómo, siendo un personaje supuestamente distintivo, como mandatario de la nación más poderosa del mundo, al final de cuentas ―lo mismo que ocurrió con “el presidente de la guerra” Bush, o con Barack Obama que tan sólo durante el 2016 lanzó a múltiples blancos la friolera de 26 mil 171 misiles―, se debe a los intereses predominantes en el mercado.
En los inicios de su campaña para la presidencia el inculto personaje decía que durante su gobierno disminuiría el gasto militar; pero lo obvio es que ahora son todas las empresas vinculadas a la industria armamentista las que se frotan las manos por causa del alto gasto militar que hará durante su gestión, y los trillones de dólares que cada conflicto bélico les concede. Y no es el único cambio de postura que Trump ha hecho, ni que hará en el futuro.
1° de mayo de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 23 de abril de 2017)
El Otoño del Imperio
El despliegue bélico que el recién estrenado presidente de Estados Unidos Donald Trump ha ordenado y que incluye el malicioso ataque a una base aérea en Siria, el envío de porta-aviones, cazas, tropas y otros artefactos militares alrededor de Corea del Norte, y el uso de “la madre de todas las bombas” (MOAB) en Afganistán, viene a darle forma a la expresión planteada hace unas semanas por el mandatario en el sentido de que su país “necesita de una nueva guerra”.
Como se sabe, el bombardeo estadunidense a la base aérea siria de Shayrat con 59 misiles crucero se dio en represalia por el supuesto uso por parte del gobierno de Bashar al-Assad de gas sarín en contra de la población de Khan Sheikhoun; hecho que ha sido negado por el propio gobierno sirio y que el canciller ruso Sergei Lavrov ha tildado de ser un falso suceso orquestado por la Casa Blanca para intentar seguir debilitando a Assad, un mandatario más del disgusto del país “señalado por Dios” para mostrar al mundo “el camino a la felicidad”.
Un acto de guerra el de Trump que ―como sucedió en su tiempo con George W. Bush para el caso de Irak y Afganistán― viola los procedimientos legales de su propia nación al no tomar en cuenta al Congreso ni a la ONU, y que es tan rechazado por múltiples expresiones ciudadanas en las redes sociales, como aplaudido hasta por quienes antes se pronunciaban en contra del peculiar personaje, entre otros varios importantes medios de comunicación y legisladores como John McCain, y con seguridad también con el regocijo de muchos demócratas.
Los mismos que también aplauden el aumento de la tensión en el sureste asiático con el envío del portaaviones “USS Carl Vinson” escoltado por tres barcos lanzamisiles, además de 28 mil 500 soldados, 450 tubos lanzamisiles, drones, submarinos de ataque, escuadrones de aviones de combate y hasta un sistema de defensa antimisiles. Y los mismos que de igual forma se congratulan de que haya sido lanzado el más poderoso proyectil de todos los tiempos, la MOAB GBU-43 fabricado por la empresa Dynetics. Hecho por el que Trump se vanagloriaba diciendo: “Es realmente un gran trabajo, estamos muy orgullosos de nuestro Ejército”.
Lo que en todo caso el novel presidente deja entrever con este beligerante episodio que pone de nuevo al planeta al borde de una nueva y peligrosa conflagración, es la manera en cómo, siendo un personaje supuestamente distintivo, como mandatario de la nación más poderosa del mundo, al final de cuentas ―lo mismo que ocurrió con “el presidente de la guerra” Bush, o con Barack Obama que tan sólo durante el 2016 lanzó a múltiples blancos la friolera de 26 mil 171 misiles―, se debe a los intereses predominantes en el mercado.
En los inicios de su campaña para la presidencia el inculto personaje decía que durante su gobierno disminuiría el gasto militar; pero lo obvio es que ahora son todas las empresas vinculadas a la industria armamentista las que se frotan las manos por causa del alto gasto militar que hará durante su gestión, y los trillones de dólares que cada conflicto bélico les concede. Y no es el único cambio de postura que Trump ha hecho, ni que hará en el futuro.
1° de mayo de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 23 de abril de 2017)
El Otoño del Imperio
domingo, 16 de abril de 2017
El Hambre en el Mundo: Otro Problema Insoluble
Jesús Hernández Garibay
El pasado primero de abril se dio a conocer un informe elaborado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Europea (UE), en el que se advierte el estado actual del hambre en el mundo. En el mismo se indica que durante 2016 aumentó a 108 millones el número de personas afectadas por ese detestable mal, tanto por causa del aumento incontenible de los precios de las mercancías, como por la presencia de execrables conflictos y el aumento de las condiciones climáticas extremas.
Dicha cifra
representa nada menos que un incremento del 35 por ciento de personas
enfrentadas a una "inseguridad alimentaria grave", que tan sólo un
año antes era estimada en 80 millones, lo que da una idea del deterioro y la
ineficacia de las medidas adoptadas por distintos organismos y gobiernos para
intentar paliar esa cruel tragedia.
Ya desde 2015 la Organización
de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Observatorio
de la Salud Mundial (OMS) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la misma
ONU, daban a conocer descomunales cifras acerca del tema: alrededor de 795
millones de personas en el mundo no tienen suficientes alimentos para llevar
una vida saludable y activa; la gran mayoría de personas que padecen hambre
viven en países “en desarrollo” donde el 12.9 por ciento de la población
presenta desnutrición; si las mujeres agricultoras tuvieran el mismo acceso que
los hombres a los recursos, el número de personas con hambre podría reducirse
hasta en 150 millones.
Para el caso de
los niños, peor el escenario: la nutrición deficiente es la causa de casi la
mitad (45 por ciento) de las muertes en niños menores de cinco años (3,1
millones de niños cada año); uno de cada seis niños (100 millones) en los
países “en desarrollo” presentan peso inferior al normal; uno de cada cuatro de
los niños en el mundo padece de retraso en el crecimiento (en los países “en
desarrollo” la proporción se eleva a uno de cada tres); 66 millones de niños en
edad escolar primaria asisten a clases con hambre en esos mismos países “en
desarrollo” (tan sólo en África hay 23 millones).
Si los recursos
con que cuenta cualquier gobierno los usara para enfrentar de manera decisiva
ese inhumano asunto, lo podría solucionar. El PMA estima que se necesitan solamente
alrededor de 3 mil 200 millones de dólares por año, para llegar a todos los 66
millones de niños con hambre en edad escolar. No obstante, en el declive del
sistema, tales gobiernos prefieren y están obligados a ofrecer al “libre
mercado” las mejores condiciones para estimular su “buen funcionamiento”, antes
de enfrentar calamidades fundamentales de la población como esa.
“Buen funcionamiento”, que crea inevitablemente
el aumento incontenible de los precios de las mercancías, la creación de
execrables conflictos y el deterioro de las condiciones climáticas globales, de
los cuales se nutren sobre todo las más grandes corporaciones multinacionales
para sobrevivir a la despiadada competencia del salvaje capitalismo que hoy
vivimos.16 de abril de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 9 de abril de 2017)
El Otoño del Imperio
sábado, 25 de marzo de 2017
Cumbre del G20: La Economía Mundial Sigue en Vilo
Jesús Hernández Garibay
Como un preámbulo para la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de los 20 (G20) que se realizará el mes de julio en la ciudad de Hamburgo, el pasado 17 y 18 de marzo se llevó a cabo la cumbre de ministros de Finanzas del G20 en la ciudad de Baden Baden. Los ministros abordaron ahí temas relacionados con los problemas de la economía mundial y fue ésta una oportunidad para medir el alcance de las diferencias existentes ahora entre los principales gobiernos a la luz de las políticas proteccionistas que el nuevo presidente de Estados Unidos trata de impulsar.
En la cumbre de ministros la participación del novel secretario del Tesoro norteamericano Steven Mnuchin fue enfática, al advertir que en la intención del mandatario de anteponer a “[Norte]América Primero” no cabe un sistema comercial global abierto y que EUA estaría dispuesto a llevar a la Organización Mundial de Comercio (OMC) la propuesta de renegociar sus compromisos de no proteccionismo, olvidando Mnuchin que desde siempre ha sido planteado en este organismo la falta de consenso de su país respecto a la regla, sí aceptada por el resto de las economías, de no proteccionismo.
Como quiera que sea, la gran pregunta que sería necesario hacer es si esta posible “crisis de la globalización” ―como se comienza a llamar a la amenaza de Donald Trump de cambiar las reglas del “libre mercado”―, es resultado de la insensatez del controvertido gobernante, o hay razones furtivas que operan en la economía norteamericana y mundial, que obligan a buscar nuevas soluciones a los complejos problemas que persisten en todos lados.
Al respecto, es importante destacar el dato que apunta al déficit comercial de Norteamérica que hoy alcanza ya los 48 mil 500 millones de dólares, el más grande déficit comercial de ese país desde el 2012 (Bloomberg). Dato que por sí mismo sería suficiente para explicar la preocupación de Trump respecto a las actuales condiciones de la economía, y que el presidente supone ser resultado de la globalización que ha promovido la salida de capitales de su país.
Habría, sin embargo, que excavar más a fondo para entender la verdadera razón del grave deterioro histórico que hoy sufre Estados Unidos. Economistas italianos como Carchedi hacen un juicioso estudio de 65 años (1945-2010) que da cuenta de la enorme caída irreversible de la tasa media de ganancia de los capitales en aquel país; una tendencia frenada por momentos a lo largo de esos años por la productividad consecuencia de mejoras tecnológicas o por el abatimiento de los salarios y la mayor tasa de explotación de los trabajadores, pero al final imparable.
Para peor, una condición que no es exclusiva de EUA sino a la vez vigente en el conjunto del sistema, que deja ver el deterioro global de las economías de mercado y la creciente incapacidad de los gobiernos para detener su tendencia; temas de permanente preocupación en los principales foros económicos mundiales, como el G20, el de Davos y otros más.
25 de marzo de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 26 de marzo de 2017)
El Otoño del Imperio
Como un preámbulo para la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de los 20 (G20) que se realizará el mes de julio en la ciudad de Hamburgo, el pasado 17 y 18 de marzo se llevó a cabo la cumbre de ministros de Finanzas del G20 en la ciudad de Baden Baden. Los ministros abordaron ahí temas relacionados con los problemas de la economía mundial y fue ésta una oportunidad para medir el alcance de las diferencias existentes ahora entre los principales gobiernos a la luz de las políticas proteccionistas que el nuevo presidente de Estados Unidos trata de impulsar.
En la cumbre de ministros la participación del novel secretario del Tesoro norteamericano Steven Mnuchin fue enfática, al advertir que en la intención del mandatario de anteponer a “[Norte]América Primero” no cabe un sistema comercial global abierto y que EUA estaría dispuesto a llevar a la Organización Mundial de Comercio (OMC) la propuesta de renegociar sus compromisos de no proteccionismo, olvidando Mnuchin que desde siempre ha sido planteado en este organismo la falta de consenso de su país respecto a la regla, sí aceptada por el resto de las economías, de no proteccionismo.
Como quiera que sea, la gran pregunta que sería necesario hacer es si esta posible “crisis de la globalización” ―como se comienza a llamar a la amenaza de Donald Trump de cambiar las reglas del “libre mercado”―, es resultado de la insensatez del controvertido gobernante, o hay razones furtivas que operan en la economía norteamericana y mundial, que obligan a buscar nuevas soluciones a los complejos problemas que persisten en todos lados.
Al respecto, es importante destacar el dato que apunta al déficit comercial de Norteamérica que hoy alcanza ya los 48 mil 500 millones de dólares, el más grande déficit comercial de ese país desde el 2012 (Bloomberg). Dato que por sí mismo sería suficiente para explicar la preocupación de Trump respecto a las actuales condiciones de la economía, y que el presidente supone ser resultado de la globalización que ha promovido la salida de capitales de su país.
Habría, sin embargo, que excavar más a fondo para entender la verdadera razón del grave deterioro histórico que hoy sufre Estados Unidos. Economistas italianos como Carchedi hacen un juicioso estudio de 65 años (1945-2010) que da cuenta de la enorme caída irreversible de la tasa media de ganancia de los capitales en aquel país; una tendencia frenada por momentos a lo largo de esos años por la productividad consecuencia de mejoras tecnológicas o por el abatimiento de los salarios y la mayor tasa de explotación de los trabajadores, pero al final imparable.
Para peor, una condición que no es exclusiva de EUA sino a la vez vigente en el conjunto del sistema, que deja ver el deterioro global de las economías de mercado y la creciente incapacidad de los gobiernos para detener su tendencia; temas de permanente preocupación en los principales foros económicos mundiales, como el G20, el de Davos y otros más.
25 de marzo de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 26 de marzo de 2017)
El Otoño del Imperio
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