Jesús Hernández Garibay
La polémica toma de protesta de Donald Trump como nuevo presidente de Estados Unidos estuvo, como se sabe, repleta de protestas, desaires y todo tipo de preocupaciones por el futuro del planeta. En tanto que en su discurso el magnate reafirmaba el camino prometido en su mandato (“Hemos hecho ricos a otros países mientras la fuerza y la confianza de nuestro país ha decaído. Ese es el pasado. Ahora miraremos solamente hacia el futuro”; “Recuperaremos nuestros trabajos, nuestras fronteras, nuestra salud y nuestros sueños”; “Estamos devolviéndoles el poder a ustedes, al pueblo…”), en la villa de Davos, Suiza, se llevaba a cabo la 47 edición del Foro Económico Mundial.
En este conclave el vicepresidente saliente, Joe Biden, pronunciaba un emotivo discurso a las élites asistentes, cuyo mensaje estaba dirigido al recién estrenado inquilino de la Casa Blanca: “en un momento de incertidumbre como el que padece actualmente el mundo, debemos apostar por los valores que hicieron grandes a las democracias occidentales y no permitir que el orden liberal del mundo sea desgarrado por fuerzas destructivas…”, decía. No obstante, dicho planteamiento también reflejaba la zozobra que, como telón de fondo, permea hoy tanto a la presidencia de Trump, como al mismo Foro y al mundo entero.
En discursos y conversaciones del Foro, “la frustración y el descontento”, así como la incógnita, la incredulidad y el no entender de plano hacia donde caminar, enmarcaron la agenda de la reunión anual. Fue éste un Davos sin brío, donde resonaron frases como “el peligro del populismo” o “las inconveniencias del proteccionismo”. Y es que la virtual defensa del proceso sistémico global equipara con la acrecentada desigualdad planetaria, que ya crea el hartazgo social. Un informe de Oxfam Internacional, Una economía para el 99%, expuesto antes de abrirse el evento, denunciaba que sólo ocho personas en el mundo poseen hoy una riqueza igual a la de los 3 mil 600 millones de seres humanos más pobres, es decir la mitad más excluida de la población mundial.
Así, mientras el nuevo mandatario disfruta ahora de su triunfo como resultado de la promesa de fortalecer a los trabajadores para que al fin alcancen el “sueño americano” ―una posibilidad tardía, que comenzó a perderse desde los ochenta cuando ya se denunciaba que las empresas dejaban atrás fábricas cerradas, trabajadores desempleados, y un grupo de pueblos fantasmas (ghosttowns) bajo el progreso de la desindustrialización a que sometieron a su país, al preferir aprovechar el poderío del mismo para hacer fortuna afuera, a costa del resto del mundo―, el informe de Oxfam muestra precisamente cómo “la brecha entre ricos y pobres es hoy mucho mayor de lo que se temía y describe cómo grandes empresas y los más ricos logran eludir y evadir el pago de impuestos, potencian la devaluación salarial y utilizan su poder para influir en políticas públicas, alimentando así la grave crisis de desigualdad”.
Una realidad que ahora evocan el ex-vicepresidente Biden y sus cofrades internacionales, cuando hablan de “apostar por los valores democráticos” del mercado, que paradójicamente guiarán también a Trump.
29 de enero de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 29 de enero de 2017)
El Otoño del Imperio
domingo, 29 de enero de 2017
domingo, 22 de enero de 2017
Trump en la Casa Blanca: ¿Influyó Putin en el Descalabro Demócrata?
Jesús Hernández Garibay
Más allá de la polémica desatada por el gobierno saliente de Estados Unidos, de explicar la derrota demócrata y el triunfo de Trump en los recientes comicios por causa de la “mano negra” de Vladimir Putin, lo cierto es que hay muchas más formas de explicar el descalabro por el que ahora se rasgan las vestiduras quienes no podrían esconder su propia mano en decenas de comicios de otros países, incluida Rusia.
Una en particular es muy evidente. Ya desde noviembre de 2010 era manifiesto el deterioro del Partido Demócrata, cuando en las elecciones intermedias de ese año sufre una derrota legislativa a manos de un movimiento popular conservador que se expresa a través del Partido Republicano y ocasiona el logro por éste de importantes espacios en el Congreso, en el entorno del complejo escenario estadounidense de entonces, que incluía una severa crisis financiera.
Los resultados que propinan “una paliza” electoral (según el mismo Obama), respondían en lo fundamental al desaliento de gente cansada de promesas que no resolvían su desmejora familiar. El movimiento de derecha que ahora promueve a Trump nace en ese contexto, sustentando fuertes críticas hacia todo lo que sonara a gobierno demócrata, como los “despilfarros administrativos”, o su intervención en la economía o la decisión de crear un “Obamacare”. Como decía Rand Paul, senador por Kentucky y una de las “estrellitas” del llamado Tea Party que impulsaba a dicho movimiento, su objetivo era “devolver el gobierno al pueblo”.
Lo mismo en las elecciones intermedias de noviembre de 2014, muchos ciudadanos descontentos con dicha decadencia social acudieron a las urnas para repudiar a un presidente malquerido por ellos, y darles a los republicanos el control total del Congreso. En ese año se generó un gran delirio entre los sectores más conservadores del país, que ya hablaban de que los demócratas habían caído “en un profundo agujero”, con una minoría legislativa no tenida que soportar desde hacía casi 80 años.
En este entorno, un columnista afirmaba en la televisión que las victorias republicanas eran, “de muro a muro, la peor, inequívoca, la más aplastante derrota que usted verá alguna vez”, mientras otro comentarista alegaba: “Seis años…, las cosas no van bien, es hora de un cambio…, este es un voto anti-Obama, un voto en contra de los demócratas… La gente no quiere más. La gente no está cómoda con la dirección del país. No está cómoda con la posición de Estados Unidos en el mundo…”
Desde luego que no será el nuevo gobierno de Trump el que resuelva los problemas por los que se quejan quienes ahora lo impulsan. Como con toda seguridad tampoco un gobierno demócrata lo hubiera hecho, ni serían menos los problemas que ese país seguiría provocando en el resto del mundo con un mandato de Hillary, como no lo serán ahora con el nuevo turbulento habitante de la Casa Blanca. Porque la verdadera solución a los problemas por los que hoy pasan Estados Unidos y el resto del mundo, no depende de ningún gobernante sino de la decisión de pueblos enteros de modificar su historia actual y su futuro.
22 de enero de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 15 de enero de 2017)
El Otoño del Imperio
Más allá de la polémica desatada por el gobierno saliente de Estados Unidos, de explicar la derrota demócrata y el triunfo de Trump en los recientes comicios por causa de la “mano negra” de Vladimir Putin, lo cierto es que hay muchas más formas de explicar el descalabro por el que ahora se rasgan las vestiduras quienes no podrían esconder su propia mano en decenas de comicios de otros países, incluida Rusia.
Una en particular es muy evidente. Ya desde noviembre de 2010 era manifiesto el deterioro del Partido Demócrata, cuando en las elecciones intermedias de ese año sufre una derrota legislativa a manos de un movimiento popular conservador que se expresa a través del Partido Republicano y ocasiona el logro por éste de importantes espacios en el Congreso, en el entorno del complejo escenario estadounidense de entonces, que incluía una severa crisis financiera.
Los resultados que propinan “una paliza” electoral (según el mismo Obama), respondían en lo fundamental al desaliento de gente cansada de promesas que no resolvían su desmejora familiar. El movimiento de derecha que ahora promueve a Trump nace en ese contexto, sustentando fuertes críticas hacia todo lo que sonara a gobierno demócrata, como los “despilfarros administrativos”, o su intervención en la economía o la decisión de crear un “Obamacare”. Como decía Rand Paul, senador por Kentucky y una de las “estrellitas” del llamado Tea Party que impulsaba a dicho movimiento, su objetivo era “devolver el gobierno al pueblo”.
Lo mismo en las elecciones intermedias de noviembre de 2014, muchos ciudadanos descontentos con dicha decadencia social acudieron a las urnas para repudiar a un presidente malquerido por ellos, y darles a los republicanos el control total del Congreso. En ese año se generó un gran delirio entre los sectores más conservadores del país, que ya hablaban de que los demócratas habían caído “en un profundo agujero”, con una minoría legislativa no tenida que soportar desde hacía casi 80 años.
En este entorno, un columnista afirmaba en la televisión que las victorias republicanas eran, “de muro a muro, la peor, inequívoca, la más aplastante derrota que usted verá alguna vez”, mientras otro comentarista alegaba: “Seis años…, las cosas no van bien, es hora de un cambio…, este es un voto anti-Obama, un voto en contra de los demócratas… La gente no quiere más. La gente no está cómoda con la dirección del país. No está cómoda con la posición de Estados Unidos en el mundo…”
Desde luego que no será el nuevo gobierno de Trump el que resuelva los problemas por los que se quejan quienes ahora lo impulsan. Como con toda seguridad tampoco un gobierno demócrata lo hubiera hecho, ni serían menos los problemas que ese país seguiría provocando en el resto del mundo con un mandato de Hillary, como no lo serán ahora con el nuevo turbulento habitante de la Casa Blanca. Porque la verdadera solución a los problemas por los que hoy pasan Estados Unidos y el resto del mundo, no depende de ningún gobernante sino de la decisión de pueblos enteros de modificar su historia actual y su futuro.
22 de enero de 2017.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 15 de enero de 2017)
El Otoño del Imperio
sábado, 31 de diciembre de 2016
2017: Donald Trump y las Piezas del Tablero Mundial
Jesús Hernández Garibay
“Persona del Año” es un suplemento anual de la revista estadounidense Time, que destaca la vida y obra de una persona que “tuvo la mayor influencia, para bien o para mal, en los eventos del año”. En su edición de diciembre la revista nombró Persona del Año al presidente electo Donald Trump, llamándole “Presidente de los Estados Divididos de América”; una acertada manera de advertir la actual correlación social y política del país, no nueva porque ya estaba presente desde la “Era Bush”, pero que se convierte ahora en el signo de una época.
De hecho, varias de las promesas y posturas planteadas por el ya en breve ungido nuevo mandatario no son tampoco nuevas, sino más bien la continuación de las tendencias sistémicas vigentes del país. El espantajo, por ejemplo, de expulsar una cantidad importante de ilegales, tiene como antecedente inmediato los 5 millones 800 mil inmigrantes deportados por Barack Obama durante su administración, mientras que la construcción de un muro se inicia desde 1994 bajo el gobierno de Bill Clinton y se fortalece cuando George W. Bush promulga en 2006 una ley que autoriza la construcción de mil 100 kilómetros más a lo largo de la frontera.
Incluso la postura que hoy asume Trump en el sentido de fortalecer su programa de armas nucleares ―cuyo botón rojo causa una gran inquietud dejado en las manos de aquel que ha sido considerado un “Hitler del siglo XXI”―, no es un asunto nuevo si recordamos que a Obama mismo se le acusó de pasar de Premio Nobel de la Paz a “señor y amo de las guerras”, al asumir la intención de renovar su arsenal atómico durante los próximos 30 años en que EUA invertirá alrededor de un billón de dólares en la modernización de su capacidad nuclear.
Lo real y verdadero es que más allá de su sello, Trump es un miembro de las capas pudientes norteamericanas con fuertes inversiones alrededor del mundo; así, parte de sus posturas y su discurso “antiglobalización” son retórica de campaña. Porque detrás del multimillonario se encuentra el gran capital y la necesidad de una apremiante reforma en medio de la irresoluble crisis global del sistema, y sus planteamientos de política económica y la incorporación a su equipo de figuras ligadas a grandes intereses corporativos en Wall Street, señala la búsqueda de una recomposición del poder económico mundial de nuevos con viejos grupos.
Un hecho tampoco novedoso en el concierto mundial del reparto del pastel. El mismo George W. Bush invitó también a su gabinete a sus cófrades, cabezas de grandes compañías petroleras y armamentistas como el secretario de la Defensa Donald Rumsfeld y el vicepresidente Dick Cheney, que junto al propio Bush armaron en unos cuantos meses el teatro de una nueva guerra en Irak, que benefició a sus empresas considerablemente. Habrá que esperar entonces a que las piezas del tablero mundial del capital terminen de reacomodarse, para entender el alcance de la nueva “Era Trump”; en tanto, claro, la pobreza se extiende más, el “trabajo decente” (OIT) disminuye y en general el quebranto del “sueño americano” se robustece.
31 de diciembre de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1° de enero de 2017)
El Otoño del Imperio
El Proyecto Marte I: La Colonización del Planeta Rojo
Jesús Hernández Garibay
Desde hace décadas se advierte el inevitable declive natural de la Tierra y por ello el que la colonización del espacio pueda ser un paso deseable y hasta inevitable para garantizar el futuro de la humanidad. En torno a ello, por ser el planeta más cercano y el más fácil de alcanzar, Marte ha sido tomado ya desde la década de 1950 como foco de las intenciones acerca de la posibilidad de conformar una primera colonia fuera de este mundo. En 1962, el proyecto Empire del Centro Marshall de la NASA recibió los estudios de viajes tripulados al planeta rojo realizados por Aeronutronic Ford, General Dynamics y Lockheed Missiles & Space Company.
Varias agencias gubernamentales han desarrollado también proyectos a futuro, abarcando desde la realización de misiones cortas automatizadas hasta la fundación de colonias y la adaptación de la vida humana. En reconocimiento de esa perspectiva y por la existencia de un proyecto concreto de la NASA, ahora el canal de National Geografic (NatGeo) ha dado inicio a la novedosa serie televisiva llamada “Marte” (Mars), en parte documental y en parte dramatización, que permite enfocar la atención en los planes que desde hace años buscan preparar a un grupo de astronautas para ese propósito.
Al respecto, ya desde la primavera del 2013 el proyecto “Marte 1” solicitaba candidatos para el primer asentamiento; en respuesta, más de 200 mil personas se postularon para ser los primeros en colonizar el planeta rojo y 24 fueron seleccionados bajo el criterio de que lo harían en un viaje sin retorno. Para ello, desde un inicio se llamó a contratistas a presentar propuestas y se pretende aprovechar la experiencia tenida en los 16 años de existencia de la Estación Espacial Internacional, donde se han desarrollado módulos vitales, los cuales podrían ser utilizados a fin de mantener la vida humana durante las primeras etapas.
Luego de estudiar las propuestas hechas, la NASA decidió optar por el proyecto de SpaceX, compañía norteamericana del científico y empresario Elon Musk, a fin de producir la tecnología necesaria para respaldar los viajes; para Musk, “conquistar” Marte sería posible con “una comunidad autosustentable” de al menos un millón de personas y en un inicio el plan era enviar un primer vuelo en 2022 en una nave que transportaría un máximo de 10 astronautas, para después transportar entre 100 y 200 personas cada 26 meses, con el fin de crear colonias en Marte de hasta 80 mil personas e introducir luego vuelos regulares a un precio de 500 mil dólares por persona, lo cual en un nuevo plazo iniciará alrededor del 2030.
Muchos de quienes ahora son niños con seguridad podrán ser parte de esos primeros colonizadores del nuevo planeta soñado…; aunque claro, tal y como lo advierte el panorama actual del mercado, sólo si cuentan con el recurso millonario necesario para intentarlo. De otra manera, hecha la “selección natural”, quienes no puedan lograrlo quedarán varados, como el resto de la población mundial de entonces, en el cada día más empobrecido y devastado mundo nuestro…
31 de diciembre de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 18 de diciembre de 2016)
El Otoño del Imperio
Desde hace décadas se advierte el inevitable declive natural de la Tierra y por ello el que la colonización del espacio pueda ser un paso deseable y hasta inevitable para garantizar el futuro de la humanidad. En torno a ello, por ser el planeta más cercano y el más fácil de alcanzar, Marte ha sido tomado ya desde la década de 1950 como foco de las intenciones acerca de la posibilidad de conformar una primera colonia fuera de este mundo. En 1962, el proyecto Empire del Centro Marshall de la NASA recibió los estudios de viajes tripulados al planeta rojo realizados por Aeronutronic Ford, General Dynamics y Lockheed Missiles & Space Company.
Varias agencias gubernamentales han desarrollado también proyectos a futuro, abarcando desde la realización de misiones cortas automatizadas hasta la fundación de colonias y la adaptación de la vida humana. En reconocimiento de esa perspectiva y por la existencia de un proyecto concreto de la NASA, ahora el canal de National Geografic (NatGeo) ha dado inicio a la novedosa serie televisiva llamada “Marte” (Mars), en parte documental y en parte dramatización, que permite enfocar la atención en los planes que desde hace años buscan preparar a un grupo de astronautas para ese propósito.
Al respecto, ya desde la primavera del 2013 el proyecto “Marte 1” solicitaba candidatos para el primer asentamiento; en respuesta, más de 200 mil personas se postularon para ser los primeros en colonizar el planeta rojo y 24 fueron seleccionados bajo el criterio de que lo harían en un viaje sin retorno. Para ello, desde un inicio se llamó a contratistas a presentar propuestas y se pretende aprovechar la experiencia tenida en los 16 años de existencia de la Estación Espacial Internacional, donde se han desarrollado módulos vitales, los cuales podrían ser utilizados a fin de mantener la vida humana durante las primeras etapas.
Luego de estudiar las propuestas hechas, la NASA decidió optar por el proyecto de SpaceX, compañía norteamericana del científico y empresario Elon Musk, a fin de producir la tecnología necesaria para respaldar los viajes; para Musk, “conquistar” Marte sería posible con “una comunidad autosustentable” de al menos un millón de personas y en un inicio el plan era enviar un primer vuelo en 2022 en una nave que transportaría un máximo de 10 astronautas, para después transportar entre 100 y 200 personas cada 26 meses, con el fin de crear colonias en Marte de hasta 80 mil personas e introducir luego vuelos regulares a un precio de 500 mil dólares por persona, lo cual en un nuevo plazo iniciará alrededor del 2030.
Muchos de quienes ahora son niños con seguridad podrán ser parte de esos primeros colonizadores del nuevo planeta soñado…; aunque claro, tal y como lo advierte el panorama actual del mercado, sólo si cuentan con el recurso millonario necesario para intentarlo. De otra manera, hecha la “selección natural”, quienes no puedan lograrlo quedarán varados, como el resto de la población mundial de entonces, en el cada día más empobrecido y devastado mundo nuestro…
31 de diciembre de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 18 de diciembre de 2016)
El Otoño del Imperio
lunes, 28 de noviembre de 2016
El Fallecimiento del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana
Jesús Hernández Garibay
El fallecimiento de Fidel Castro hace aflorar de nuevo las viejas rencillas del exilio cubano en Miami, los reclamos desmedidos de “¡libertad para el pueblo cubano!” de las derechas mundiales, el impacto analizado ahora por los “servicios de inteligencia” acerca de qué puede ofrecer a sus planes desestabilizadores la muerte del “cerebro del mal de la tiranía”, la (¡por fin!) desaparición del “brutal dictador” como fue calificado por Donald Trump, la sugerente pregunta de “¿La historia lo absolverá?” puesta en el primer plano de un conocido portal de noticias mexicano, y hasta el desaforado grito en algún mensaje en las redes sociales: “EL COMUNISMO SOLO DESTRUYE, NO TIENE ABSOLUTAMENTE NADA DE BUENO, NADA!!!!!”, coincidente en el fondo con todas aquellas expresiones.
Más allá del dislate de desconocer lo que la ciencia social apunta y aseverar de manera silvestre la existencia de una sociedad comunista en el mundo actual, confundiendo lo que es un anhelo con un hecho, habría que destacar más bien en el entorno de una revolución que se asumió “de los humildes, con los humildes y para los humildes…” ―una que resiste la prueba del tiempo y los más de 600 atentados en contra de su principal líder a la vez que más de medio siglo de un descarnado bloqueo en contra de aquel al que se desea “liberar”―, algunas de las fuentes en las cuales abreva la convicción nacional de buscar una historia propia y soberana.
Al respecto hay que recordar la dictadura de Batista a partir de 1952; la crisis económica y social ya presente en esos años donde el 47 por ciento de las tierras cultivadas pertenecía a las grandes compañías estadounidenses y el analfabetismo alcanzaba al 23 por ciento de la población, o la creciente desigualdad en el reparto de la riqueza y la transformación de un país en un casino de juegos y prostitución. Pero, sobre todo, la intención de Estados Unidos de hacerse de la isla y los empeños populares por ello de alcanzar la independencia ante España y luego frente al nuevo amo, vigentes desde el siglo XIX y frustrados por la imposición en la nueva Constitución de 1901 de la enmienda Platt.
Pero más que nada, hay que dar cuenta de las ideas y del llamado de José Martí, el verdadero padre de la eventual revolución cubana, a defender la patria. El sólo texto del artículo martiano de 1861, “Nuestra América” (difícilmente conocido y menos aún comprendido en uno solo de sus doce párrafos por todos aquellos que ahora claman por la libertad en Cuba), contiene la clave para entender por qué el 95 por ciento del pueblo cubano opta por su socialismo y lo defiende a lo largo de más de cinco décadas. El Movimiento 26 de Julio, fundado en 1955 por Fidel Castro como un sustento de esa revolución, toma forma acabada con el aporte filosófico, ideológico y social del pensamiento y el llamado a la acción organizativa de José Martí. Un ideario moral, social y político que llama también por cierto a la liberación integral y definitiva del continente: “¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!”, asume también para nosotros mismos el todavía vigente escrito…
28 de noviembre de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de diciembre de 2016)
El Otoño del Imperio
El fallecimiento de Fidel Castro hace aflorar de nuevo las viejas rencillas del exilio cubano en Miami, los reclamos desmedidos de “¡libertad para el pueblo cubano!” de las derechas mundiales, el impacto analizado ahora por los “servicios de inteligencia” acerca de qué puede ofrecer a sus planes desestabilizadores la muerte del “cerebro del mal de la tiranía”, la (¡por fin!) desaparición del “brutal dictador” como fue calificado por Donald Trump, la sugerente pregunta de “¿La historia lo absolverá?” puesta en el primer plano de un conocido portal de noticias mexicano, y hasta el desaforado grito en algún mensaje en las redes sociales: “EL COMUNISMO SOLO DESTRUYE, NO TIENE ABSOLUTAMENTE NADA DE BUENO, NADA!!!!!”, coincidente en el fondo con todas aquellas expresiones.
Más allá del dislate de desconocer lo que la ciencia social apunta y aseverar de manera silvestre la existencia de una sociedad comunista en el mundo actual, confundiendo lo que es un anhelo con un hecho, habría que destacar más bien en el entorno de una revolución que se asumió “de los humildes, con los humildes y para los humildes…” ―una que resiste la prueba del tiempo y los más de 600 atentados en contra de su principal líder a la vez que más de medio siglo de un descarnado bloqueo en contra de aquel al que se desea “liberar”―, algunas de las fuentes en las cuales abreva la convicción nacional de buscar una historia propia y soberana.
Al respecto hay que recordar la dictadura de Batista a partir de 1952; la crisis económica y social ya presente en esos años donde el 47 por ciento de las tierras cultivadas pertenecía a las grandes compañías estadounidenses y el analfabetismo alcanzaba al 23 por ciento de la población, o la creciente desigualdad en el reparto de la riqueza y la transformación de un país en un casino de juegos y prostitución. Pero, sobre todo, la intención de Estados Unidos de hacerse de la isla y los empeños populares por ello de alcanzar la independencia ante España y luego frente al nuevo amo, vigentes desde el siglo XIX y frustrados por la imposición en la nueva Constitución de 1901 de la enmienda Platt.
Pero más que nada, hay que dar cuenta de las ideas y del llamado de José Martí, el verdadero padre de la eventual revolución cubana, a defender la patria. El sólo texto del artículo martiano de 1861, “Nuestra América” (difícilmente conocido y menos aún comprendido en uno solo de sus doce párrafos por todos aquellos que ahora claman por la libertad en Cuba), contiene la clave para entender por qué el 95 por ciento del pueblo cubano opta por su socialismo y lo defiende a lo largo de más de cinco décadas. El Movimiento 26 de Julio, fundado en 1955 por Fidel Castro como un sustento de esa revolución, toma forma acabada con el aporte filosófico, ideológico y social del pensamiento y el llamado a la acción organizativa de José Martí. Un ideario moral, social y político que llama también por cierto a la liberación integral y definitiva del continente: “¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!”, asume también para nosotros mismos el todavía vigente escrito…
28 de noviembre de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de diciembre de 2016)
El Otoño del Imperio
jueves, 10 de noviembre de 2016
Estados Unidos y las Tendencias de un Mundo Cambiante
Jesús Hernández Garibay
Con toda seguridad quien ocupe la Casa Blanca a partir del próximo enero y gobierne desde el despacho oval de la misma al todavía “país más poderoso de la tierra”, tendrá que asumir el curso de las tendencias que se advierten hacia un futuro no lejano. La propia visión norteamericana de ese futuro deja ver el alcance de las dificultades que esperan en los próximos meses y hacia las siguientes dos décadas en un cambiante mundo, a un país decadente y enredado en sus propias contradicciones.
Un estudio elaborado por el Consejo Nacional de Inteligencia denominado “Tendencias Globales hacia 2030: Mundos Alternativos”, es un intento por razonar en dichas tendencias y, desde luego, sus implicaciones para esa nación; un punto de vista que implica dos hechos por lo demás muy discutibles: 1. que el sistema, el capitalismo, camina por la historia actual sin problemas mayores y logrará finalmente disminuir la pobreza y respaldar el crecimiento de la clase media; y 2. que la “democracia”, entendida a la manera en que se intenta imponer siempre a nivel mundial ―es decir, aquella en la cual el “libre mercado” es el soberano―, será aquel elemento que garantice a la sociedad global salir adelante.
En sus páginas, el estudio reconoce un hecho innegable ahora: que en razón de “la difusión del poder”, o su “repartición”, que se hace hoy entre distintos países, el cambio tendrá un impacto dramático alrededor del 2030; que para entonces “no habrá ninguna potencia hegemónica y que el poder se desplazará a las redes y coaliciones en un mundo multipolar…”, pues, indica, para esa fecha “Asia habrá sobrepasado a Norte América y Europa juntas en términos de poder global…” Esto lo admite, razonablemente, al advertir que “el ‘momento unipolar’ se ha terminado y la Pax Americana ―la era de la ascendencia [norte]americana en la política internacional que comenzó en 1945― está decayendo rápidamente…”
Agrega a la vez que “Estados Unidos ya no intentará jugar al ‘policía global’ ante cada amenaza a la seguridad”; pero sin romper con su sempiterna lógica guerrerista, añade que “Un colapso o el retiro repentino del poder de Estados Unidos en el mundo daría lugar probablemente a un largo período de anarquía mundial”, pues “ningún liderazgo poderoso será capaz de reemplazar a Estados Unidos como garante del orden internacional…”
Tal vez por ello, y para que la sociedad no se aparte de ese camino donde sin duda sí tratará de mantener como policía global el sacro “libre mercado”, el Consejo Militar Joint Force Development ha elaborado recién otro estudio que dibuja al mundo hacia 2035, diseñado para impulsar la “preparación útil” de una “Fuerza Conjunta para gestionar eficazmente los peligros futuros a la seguridad” en contra “de los actuales y potenciales adversarios en una lucha que será abierta y violenta”, y que establece las bases para una discusión más detallada sobre cómo dicha Fuerza puede alcanzar el éxito en un entorno futuro. Una siniestra tarea belicosa para la que la puntual política de la Casa Blanca en los próximos años será fundamental.
10 de noviembre de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 6 de noviembre de 2016)
El Otoño del Imperio
Con toda seguridad quien ocupe la Casa Blanca a partir del próximo enero y gobierne desde el despacho oval de la misma al todavía “país más poderoso de la tierra”, tendrá que asumir el curso de las tendencias que se advierten hacia un futuro no lejano. La propia visión norteamericana de ese futuro deja ver el alcance de las dificultades que esperan en los próximos meses y hacia las siguientes dos décadas en un cambiante mundo, a un país decadente y enredado en sus propias contradicciones.
Un estudio elaborado por el Consejo Nacional de Inteligencia denominado “Tendencias Globales hacia 2030: Mundos Alternativos”, es un intento por razonar en dichas tendencias y, desde luego, sus implicaciones para esa nación; un punto de vista que implica dos hechos por lo demás muy discutibles: 1. que el sistema, el capitalismo, camina por la historia actual sin problemas mayores y logrará finalmente disminuir la pobreza y respaldar el crecimiento de la clase media; y 2. que la “democracia”, entendida a la manera en que se intenta imponer siempre a nivel mundial ―es decir, aquella en la cual el “libre mercado” es el soberano―, será aquel elemento que garantice a la sociedad global salir adelante.
En sus páginas, el estudio reconoce un hecho innegable ahora: que en razón de “la difusión del poder”, o su “repartición”, que se hace hoy entre distintos países, el cambio tendrá un impacto dramático alrededor del 2030; que para entonces “no habrá ninguna potencia hegemónica y que el poder se desplazará a las redes y coaliciones en un mundo multipolar…”, pues, indica, para esa fecha “Asia habrá sobrepasado a Norte América y Europa juntas en términos de poder global…” Esto lo admite, razonablemente, al advertir que “el ‘momento unipolar’ se ha terminado y la Pax Americana ―la era de la ascendencia [norte]americana en la política internacional que comenzó en 1945― está decayendo rápidamente…”
Agrega a la vez que “Estados Unidos ya no intentará jugar al ‘policía global’ ante cada amenaza a la seguridad”; pero sin romper con su sempiterna lógica guerrerista, añade que “Un colapso o el retiro repentino del poder de Estados Unidos en el mundo daría lugar probablemente a un largo período de anarquía mundial”, pues “ningún liderazgo poderoso será capaz de reemplazar a Estados Unidos como garante del orden internacional…”
Tal vez por ello, y para que la sociedad no se aparte de ese camino donde sin duda sí tratará de mantener como policía global el sacro “libre mercado”, el Consejo Militar Joint Force Development ha elaborado recién otro estudio que dibuja al mundo hacia 2035, diseñado para impulsar la “preparación útil” de una “Fuerza Conjunta para gestionar eficazmente los peligros futuros a la seguridad” en contra “de los actuales y potenciales adversarios en una lucha que será abierta y violenta”, y que establece las bases para una discusión más detallada sobre cómo dicha Fuerza puede alcanzar el éxito en un entorno futuro. Una siniestra tarea belicosa para la que la puntual política de la Casa Blanca en los próximos años será fundamental.
10 de noviembre de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 6 de noviembre de 2016)
El Otoño del Imperio
lunes, 24 de octubre de 2016
A Todo Vapor la Guerra Electoral en Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
El panorama electoral en Estados Unidos, a sólo tres semanas de los comicios del 8 de noviembre, mantiene expectantes tanto a los electores de su país, como a medios informativos, gobiernos, organismos internacionales, foros mundiales y fuerzas políticas diversas en el planeta entero. Todos en espera del resultado final de lo que a estas alturas se ha convertido en una guerra general abierta en la que los dos contendientes principales y sus más fieles seguidores, unos más, otros menos, sacan al balcón los trapitos del adversario para golpearlo en sus debilidades y así tratar de mermar sus oportunidades de ganar la batalla por la Casa Blanca.
Como se ha visto luego de los debates de campaña llevados a cabo, el equipo de la candidata demócrata Hillary Clinton ha podido aprovechar los pueriles dislates y las escabrosas historias de su contrincante, para pegar y difundir la idea de que una presidencia republicana sería hoy “el Apocalipsis” (para una nación de tiempo atrás ya, por cierto, golpeada por su declive histórico). Una candidata que apoyada fervientemente por el “establishment”, ha podido en este nuevo momento y en este hipócrita entorno donde el sexismo entre muchos empresarios igual que políticos se da a flor de piel, sosegar un poco sus preocupaciones frente al peligro que representan las decididas huestes electorales de quien se autonombra el “salvador” de la nación.
Donald Trump de su lado, continúa insistiendo en que la candidata es “deshonesta” (“crooked Hillary”, le ha puesto como mote), al acusarla de connivencia con Wall Street y otras grandes empresas, y recalcar en los correos electrónicos que durante su cargo como Secretaria de Estado manejó sin apegarse a más estrictas medidas de seguridad, o los correos de su equipo que durante la precampaña contribuyeron a descarrilar las aspiraciones de su rival demócrata Bernie Sanders; estos segundos dados a conocer por el equipo de WikiLeaks y por lo cual los demócratas ahora grotescamente acusan de hackeo a Vladimir Putin. El propio republicano, claro, sigue dando muestras de lo embrollada que sería su presidencia en caso de ganar las elecciones y ahora todo lo acontecido le da fuerzas a la cúpula de su partido para repudiar de plano a quien ya era un “candidato incómodo”.
Donde en verdad se percibe mejor todo el lodazal en el que se ha convertido el proceso electoral de este 2016, es en el sentido común del ciudadano de a pie que se ve reflejado en las redes sociales. Dígalo si no, un “meme” difundido con la fotografía de un niño pequeño que comienza a meter un cuchillo de metal en una de las dos tomas de corriente de un contacto de pared y al que a punto de recibir una descarga eléctrica le siguen las palabras: “¿Trump, o Hillary? ¿El socket de arriba, o el socket de abajo?” o, entre muchos más, otro que incluye las fotos tanto del empresario como de la ex-primera dama, seguidas de las palabras: “¿Son estos dos realmente lo mejor que pudimos lograr…?” Así, lo bueno es que todavía hay quien tiene muy claro el cuadro que se nos viene, quede quien quede, luego del segundo martes de noviembre…
24 de octubre de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 23 de octubre de 2016)
El Otoño del Imperio
El panorama electoral en Estados Unidos, a sólo tres semanas de los comicios del 8 de noviembre, mantiene expectantes tanto a los electores de su país, como a medios informativos, gobiernos, organismos internacionales, foros mundiales y fuerzas políticas diversas en el planeta entero. Todos en espera del resultado final de lo que a estas alturas se ha convertido en una guerra general abierta en la que los dos contendientes principales y sus más fieles seguidores, unos más, otros menos, sacan al balcón los trapitos del adversario para golpearlo en sus debilidades y así tratar de mermar sus oportunidades de ganar la batalla por la Casa Blanca.
Como se ha visto luego de los debates de campaña llevados a cabo, el equipo de la candidata demócrata Hillary Clinton ha podido aprovechar los pueriles dislates y las escabrosas historias de su contrincante, para pegar y difundir la idea de que una presidencia republicana sería hoy “el Apocalipsis” (para una nación de tiempo atrás ya, por cierto, golpeada por su declive histórico). Una candidata que apoyada fervientemente por el “establishment”, ha podido en este nuevo momento y en este hipócrita entorno donde el sexismo entre muchos empresarios igual que políticos se da a flor de piel, sosegar un poco sus preocupaciones frente al peligro que representan las decididas huestes electorales de quien se autonombra el “salvador” de la nación.
Donald Trump de su lado, continúa insistiendo en que la candidata es “deshonesta” (“crooked Hillary”, le ha puesto como mote), al acusarla de connivencia con Wall Street y otras grandes empresas, y recalcar en los correos electrónicos que durante su cargo como Secretaria de Estado manejó sin apegarse a más estrictas medidas de seguridad, o los correos de su equipo que durante la precampaña contribuyeron a descarrilar las aspiraciones de su rival demócrata Bernie Sanders; estos segundos dados a conocer por el equipo de WikiLeaks y por lo cual los demócratas ahora grotescamente acusan de hackeo a Vladimir Putin. El propio republicano, claro, sigue dando muestras de lo embrollada que sería su presidencia en caso de ganar las elecciones y ahora todo lo acontecido le da fuerzas a la cúpula de su partido para repudiar de plano a quien ya era un “candidato incómodo”.
Donde en verdad se percibe mejor todo el lodazal en el que se ha convertido el proceso electoral de este 2016, es en el sentido común del ciudadano de a pie que se ve reflejado en las redes sociales. Dígalo si no, un “meme” difundido con la fotografía de un niño pequeño que comienza a meter un cuchillo de metal en una de las dos tomas de corriente de un contacto de pared y al que a punto de recibir una descarga eléctrica le siguen las palabras: “¿Trump, o Hillary? ¿El socket de arriba, o el socket de abajo?” o, entre muchos más, otro que incluye las fotos tanto del empresario como de la ex-primera dama, seguidas de las palabras: “¿Son estos dos realmente lo mejor que pudimos lograr…?” Así, lo bueno es que todavía hay quien tiene muy claro el cuadro que se nos viene, quede quien quede, luego del segundo martes de noviembre…
24 de octubre de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 23 de octubre de 2016)
El Otoño del Imperio
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