Jesús Hernández Garibay
Un centenar de barricadas de concreto y rejas fueron colocadas por la policía de la ciudad de Dresden, Alemania, alrededor del Hotel Taschenbergpalais, sitio donde se llevó a cabo del miércoles 8 al domingo 12 de junio de este año una nueva reunión cumbre del sombrío Grupo Bilderberg, estableciendo así una gran “área de seguridad restringida” en torno al lugar donde se encontraron unos 150 “líderes mundiales”, entre jefes de estado, expertos en tecnología, académicos y periodistas selectos. Durante el evento, policías federales fuertemente armados impidieron las manifestaciones de más de 15 personas en la periferia.
Algunos periódicos y sitios independientes de redes sociales informaron sobre los invitados, que aparte de figurones usuales como Henry Kissinger, David Rockefeller o los Rothschild, incluyeron ahora al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, el ex presidente de la Comisión Europea José Manuel Barroso, y al secretario de la OTAN, Jens Stoltenberg, sin faltar además las principales cabezas de Google, Shell, BP y Deutsche Bank, entre otros. Todos encaminados por los primeros ―quienes durante muchos años han tenido el mando del cónclave― a la firme idea de seguir conspirando en decidir el futuro de la humanidad.
Los temas que figuraron en esta ocasión fueron el (seguramente perturbador) poderío alcanzado por China y Rusia, el panorama político electoral de Estados Unidos, el panorama financiero global y la posibilidad de un nuevo colapso como el de 2008, las condiciones actuales de la Unión Europea y en particular la posibilidad de que Gran Bretaña salga de la misma, además de la innovación tecnológica y la seguridad cibernética, entre otros importantes. Todos tratados en un ambiente de total secrecía. Stanislav Tillic, uno de los asistentes al conclave, admitía al final de la reunión ante los reporteros, que Bilderberg es básicamente un poderoso grupo cabildero que puede “encauzar” a los distintos gobiernos del orbe.
Claro, el grupo se sigue autoproclamando como “un foro internacional pequeño, flexible, informal y extraoficial en el cual pueden ser expresados diferentes puntos de vista en un ambiente de comprensión mutua”. No obstante, en múltiples ocasiones ha sido acusado de ser un verdadero intento de “gobierno del mundo en la sombra”. Y es que el selecto club, que se reuniera por vez primera en Holanda en 1954, está integrado hoy por inversores internacionales, banqueros, dueños de los principales medios de información, políticos y miembros de la realeza, mientras que las personas que acceden de vez en vez a sus reuniones, lo hacen a conveniencia del “foro” y sólo por invitación expresa.
Como quiera que sea, un intento más éste de orientar el convulso mundo que vivimos ahora, hacia el paraíso que ansían los grandes capitales de alcanzar estabilidad y mayor riqueza con base en la disciplina absoluta de los pueblos.
19 de junio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 19 de junio de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 19 de junio de 2016
domingo, 5 de junio de 2016
La Rapiña por el Agua
Jesús Hernández Garibay
De tiempo atrás se dice que el agua en el planeta se convierte en el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI, pues se prevé que en diez años más la demanda de este elemento indispensable para la vida humana será un 56 por ciento superior al suministro actual y quienes posean agua podrían ser blanco de un saqueo forzado. Esto es así porque en los últimos tiempos, advierten especialistas, las grandes corporaciones han pasado a controlar el agua en gran parte del orbe y se especula que en los próximos años unas pocas empresas privadas poseerán el control monopólico de casi el 75 por ciento de este recurso vital en el mundo.
Según cálculos de la ONU, cerca de mil millones de personas no tienen hoy acceso a agua potable y segura; 2 mil quinientos millones carecen de sistemas sanitarios adecuados, y más de 5 millones de personas fallecen anualmente por causa de enfermedades relacionadas con el agua. Pero mientras poblaciones enteras no tienen acceso al agua potable, grandes corporaciones aprovechan para vender agua pura embotellada bajo el supuesto de subsanar el problema; en 1970 se vendieron en el mundo mil millones de litros, en 2000 la venta fue de 84 mil millones y en el 2015 fue de 320 mil millones de litros.
Como cada tres años, en abril pasado se realizó la 7ª edición del Foro Mundial del Agua, en ciudades de Corea del Sur. En ésta ocasión se reunieron líderes políticos, funcionarios y expertos en el tema provenientes de más de 100 países, quienes discutieron bajo el lema: “Agua para nuestro futuro”. El objetivo era claro y se hizo un llamado a fin de incluir el caso en la Agenda del Desarrollo Post 2015, así como, entre otras cosas, “aportar apoyo científico y promover el desarrollo y la difusión de las tecnologías para la reducción de enfermedades relacionadas con el agua, la mejora de los tratamientos de purificación y la gestión de aguas residuales”.
No obstante, muchos gobiernos desvían su responsabilidad de tutela de los recursos naturales en favor de las empresas y así el embotellamiento del agua resulta un gran negocio. Al respecto, Sylvia Ubal, directora y fundadora de Barómetro Internacional, ha dicho: “En los finales del siglo pasado el mundo entró en una nueva fase de confrontación que denominamos la Nueva Guerra por los recursos naturales [donde lo que se busca es] apropiarse de los recursos estratégicos y necesarios para el desarrollo y expansión del capitalismo. Guerras por el petróleo, guerras por el agua, guerras por tierras, guerras atmosféricas, esta es la verdadera cara de la globalización económica… El problema no son los recursos naturales, no es la gente, sino la codicia de las corporaciones empresariales y las asociaciones entre éstas y los Estados con el fin de usurpar los recursos de los pueblos y violar sus derechos fundamentales de vida.”
Tan sólo la compañía Coca-Cola, la empresa de bebidas más grande del mundo, en un año utiliza alrededor de 390 mil millones de litros de agua para elaborar su producto, tan adictivo y dañino para la salud de todos.
05 de junio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 05 de junio de 2016)
El Otoño del Imperio
De tiempo atrás se dice que el agua en el planeta se convierte en el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI, pues se prevé que en diez años más la demanda de este elemento indispensable para la vida humana será un 56 por ciento superior al suministro actual y quienes posean agua podrían ser blanco de un saqueo forzado. Esto es así porque en los últimos tiempos, advierten especialistas, las grandes corporaciones han pasado a controlar el agua en gran parte del orbe y se especula que en los próximos años unas pocas empresas privadas poseerán el control monopólico de casi el 75 por ciento de este recurso vital en el mundo.
Según cálculos de la ONU, cerca de mil millones de personas no tienen hoy acceso a agua potable y segura; 2 mil quinientos millones carecen de sistemas sanitarios adecuados, y más de 5 millones de personas fallecen anualmente por causa de enfermedades relacionadas con el agua. Pero mientras poblaciones enteras no tienen acceso al agua potable, grandes corporaciones aprovechan para vender agua pura embotellada bajo el supuesto de subsanar el problema; en 1970 se vendieron en el mundo mil millones de litros, en 2000 la venta fue de 84 mil millones y en el 2015 fue de 320 mil millones de litros.
Como cada tres años, en abril pasado se realizó la 7ª edición del Foro Mundial del Agua, en ciudades de Corea del Sur. En ésta ocasión se reunieron líderes políticos, funcionarios y expertos en el tema provenientes de más de 100 países, quienes discutieron bajo el lema: “Agua para nuestro futuro”. El objetivo era claro y se hizo un llamado a fin de incluir el caso en la Agenda del Desarrollo Post 2015, así como, entre otras cosas, “aportar apoyo científico y promover el desarrollo y la difusión de las tecnologías para la reducción de enfermedades relacionadas con el agua, la mejora de los tratamientos de purificación y la gestión de aguas residuales”.
No obstante, muchos gobiernos desvían su responsabilidad de tutela de los recursos naturales en favor de las empresas y así el embotellamiento del agua resulta un gran negocio. Al respecto, Sylvia Ubal, directora y fundadora de Barómetro Internacional, ha dicho: “En los finales del siglo pasado el mundo entró en una nueva fase de confrontación que denominamos la Nueva Guerra por los recursos naturales [donde lo que se busca es] apropiarse de los recursos estratégicos y necesarios para el desarrollo y expansión del capitalismo. Guerras por el petróleo, guerras por el agua, guerras por tierras, guerras atmosféricas, esta es la verdadera cara de la globalización económica… El problema no son los recursos naturales, no es la gente, sino la codicia de las corporaciones empresariales y las asociaciones entre éstas y los Estados con el fin de usurpar los recursos de los pueblos y violar sus derechos fundamentales de vida.”
Tan sólo la compañía Coca-Cola, la empresa de bebidas más grande del mundo, en un año utiliza alrededor de 390 mil millones de litros de agua para elaborar su producto, tan adictivo y dañino para la salud de todos.
05 de junio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 05 de junio de 2016)
El Otoño del Imperio
viernes, 20 de mayo de 2016
Las Razones de Fondo del Golpe de Estado en Brasil
Jesús Hernández Garibay
El pasado 12 de mayo, Michel Temer, hombre de la CIA según Wikileaks y acusado de seis delitos que habría cometido de desvío de fondos vinculados al caso Petrobras, asumió la presidencia interina del Brasil. Un cargo que pertenece legítimamente a Dilma Rousseff ―quien ganó los más recientes comicios con más de 54 millones de votos en su favor―, a la que sustituye espuriamente hasta que termine en el Senado del país el juicio a la ahora ex presidenta a quien se acusa de manera imprecisa de malos manejos en su gobierno.
Acompañado de más de 200 parlamentarios que son, ellos sí, inculpados en procesos de corrupción en el Supremo Tribunal Federal de esa nación, el nuevo mandatario llega al gobierno junto a los que fueron sucesivamente derrotados en las últimas cuatro elecciones presidenciales, destacadamente el Partido de la Social Democracia Brasileña, así como la ultraderecha Demócrata (DEM), dispuestos a echar atrás con medidas de corte neoliberal las políticas sociales que propugnaban los dos gobiernos sucesivos del Partido de los Trabajadores. Este y ningún otro, es el objetivo del nuevo golpe de Estado que ahora se produce en Brasil; un hecho apadrinado por la gran burguesía brasileña y los consorcios nacionales y transnacionales, a cuyos intereses les resulta incómodo cualquier proyecto que se aleje de sus pillajes de mercado en la región.
El reciente cambio presidencial en Argentina en el que triunfa el candidato empresarial del país Mauricio Macri, la victoria de la opositora Mesa de la Unidad Democrática en las elecciones parlamentarias en Venezuela, las artificiosas acciones de algunos grupos sociales en contra del gobierno de Rafael Correa en Ecuador y de Evo Morales en Bolivia, sucesos precedidos por los virtuales golpes de Estado civiles en Honduras y en Paraguay, todo ello sustentado en la pertinaz acción de las fuerzas de la derecha continental apoyadas eficientemente por las de otros países y en el trasfondo por Estados Unidos, se mueven en la misma dirección que el golpe de Estado ahora a la presidenta Rousseff en Brasil.
Y es que no es fácil caminar hacia una sociedad distinta, sin que las fuerzas más ligadas a esos grandes intereses corporativos, busquen y encuentren nuevas maneras de detener los procesos. En el pasado utilizaron las armas de las dictaduras militares; o acudieron al recurso de la coptación de los líderes, o al del diversionismo ideológico de los medios masivos; o a tantos otros, siempre apoyados eficientemente por Estados Unidos y sus intereses geoestratégicos. Tal y como lo hicieron en otros tiempos en que acudieron a la represión abierta o a la guerra de baja intensidad, hoy se acude al engaño a las masas por medio de nuevos modos como el del “golpe suave”. Pero los fines son exactamente los mismos: no permitir ningún cambio que aleje a los mercados de su reinado: el “sacrosanto” mundo de los grandes negocios que, hoy por hoy, en medio de la crisis global, requiere de una mayor disciplina de los pueblos.
20 de mayo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 22 de mayo de 2016)
El Otoño del Imperio
El pasado 12 de mayo, Michel Temer, hombre de la CIA según Wikileaks y acusado de seis delitos que habría cometido de desvío de fondos vinculados al caso Petrobras, asumió la presidencia interina del Brasil. Un cargo que pertenece legítimamente a Dilma Rousseff ―quien ganó los más recientes comicios con más de 54 millones de votos en su favor―, a la que sustituye espuriamente hasta que termine en el Senado del país el juicio a la ahora ex presidenta a quien se acusa de manera imprecisa de malos manejos en su gobierno.
Acompañado de más de 200 parlamentarios que son, ellos sí, inculpados en procesos de corrupción en el Supremo Tribunal Federal de esa nación, el nuevo mandatario llega al gobierno junto a los que fueron sucesivamente derrotados en las últimas cuatro elecciones presidenciales, destacadamente el Partido de la Social Democracia Brasileña, así como la ultraderecha Demócrata (DEM), dispuestos a echar atrás con medidas de corte neoliberal las políticas sociales que propugnaban los dos gobiernos sucesivos del Partido de los Trabajadores. Este y ningún otro, es el objetivo del nuevo golpe de Estado que ahora se produce en Brasil; un hecho apadrinado por la gran burguesía brasileña y los consorcios nacionales y transnacionales, a cuyos intereses les resulta incómodo cualquier proyecto que se aleje de sus pillajes de mercado en la región.
El reciente cambio presidencial en Argentina en el que triunfa el candidato empresarial del país Mauricio Macri, la victoria de la opositora Mesa de la Unidad Democrática en las elecciones parlamentarias en Venezuela, las artificiosas acciones de algunos grupos sociales en contra del gobierno de Rafael Correa en Ecuador y de Evo Morales en Bolivia, sucesos precedidos por los virtuales golpes de Estado civiles en Honduras y en Paraguay, todo ello sustentado en la pertinaz acción de las fuerzas de la derecha continental apoyadas eficientemente por las de otros países y en el trasfondo por Estados Unidos, se mueven en la misma dirección que el golpe de Estado ahora a la presidenta Rousseff en Brasil.
Y es que no es fácil caminar hacia una sociedad distinta, sin que las fuerzas más ligadas a esos grandes intereses corporativos, busquen y encuentren nuevas maneras de detener los procesos. En el pasado utilizaron las armas de las dictaduras militares; o acudieron al recurso de la coptación de los líderes, o al del diversionismo ideológico de los medios masivos; o a tantos otros, siempre apoyados eficientemente por Estados Unidos y sus intereses geoestratégicos. Tal y como lo hicieron en otros tiempos en que acudieron a la represión abierta o a la guerra de baja intensidad, hoy se acude al engaño a las masas por medio de nuevos modos como el del “golpe suave”. Pero los fines son exactamente los mismos: no permitir ningún cambio que aleje a los mercados de su reinado: el “sacrosanto” mundo de los grandes negocios que, hoy por hoy, en medio de la crisis global, requiere de una mayor disciplina de los pueblos.
20 de mayo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 22 de mayo de 2016)
El Otoño del Imperio
jueves, 5 de mayo de 2016
Francia: El Movimiento Sindical y Social Contra la Reforma Laboral
Jesús Hernández Garibay
Miles de ciudadanos franceses salieron el domingo 1° de mayo a marchar nuevamente en contra de la Reforma Laboral propuesta por el gobierno de François Hollande, con manifestaciones en todo el país que aprovecharon el Día Internacional de los Trabajadores para demandar la retirada de una supuesta mejora del Ejecutivo que, insisten, destruye “todos los derechos que los trabajadores han ganado desde la Segunda Guerra Mundial” y que, consideran, provocará más precariedad para la clase obrera. En París desfilaron, según los sindicatos, unos 70 mil manifestantes, mientras que en toda Francia el Ministerio del Interior calculó en 84 mil la cifra total. Las manifestaciones coincidieron con el cumplimiento del primer mes de realización de las asambleas ciudadanas de un nuevo movimiento social: “Nuit Debout” (Noche en Pie).
A la reforma, que sería discutida en la misma semana ante el Parlamento, se le reprocha, entre otros puntos, acabar con la igualdad de negociación entre empleados y empresarios al otorgar primacía a los acuerdos en las empresas por encima de los Convenios Colectivos. Además, con esa normativa el gobierno se propone hacer “ajustes” modificando la jornada laboral a 35 horas por semana, con el pretendido fin de reducir el 10 por ciento del desempleo. A un año de los comicios presidenciales y con la impopularidad de Hollande ―que en sus máximos históricos hoy cuenta con una desaprobación de ocho de cada diez ciudadanos―, el mandatario no ha logrado frenar el descontento popular por esta nueva acción de su gobierno.
Al frente abierto en contra de la propuesta se sumó el movimiento “Nuit Debout”, que guarda similitudes con el movimiento español de los Indignados y el estadounidense Ocupa Wall Street; una virtual asamblea ciudadana, que ha hecho de la Plaza parisina de la República su lugar de reunión. Un movimiento popular más en el orbe, que rebasa la acción de los Estados nacionales y exhibe la incapacidad de estos para dar solución a grandes problemas tales como el desempleo y el empobrecimiento de los más amplios estratos de la población. Sin ser un movimiento de masas, el movimiento “Nuit Debout” se encuentra integrado mayoritariamente por jóvenes franceses preocupados por su futuro; uno en donde, dicen, ya no caben las elecciones y los partidos políticos actuales, por muy representativos que pretendan ser, porque sencillamente no resuelven su situación.
Un movimiento social que aunque adolece de las limitaciones de otros en el rechazo de toda jerarquía y la “horizontalidad” de su funcionamiento ―formas democráticas que, no obstante, concitan también un lastre para su evolución actual―, despierta el interés de organizaciones sindicales como la CGT que encuentran puntos de coincidencia, en una lucha en Francia que al final es común y que, por ahora, igual que lo han hecho en su respectivo país el movimiento de los Indignados y el Ocupa Wall Street, comienza a inspirar a toda una sociedad que advierte también el irrefrenable descenso de su nivel de vida.
5 de mayo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de mayo de 2016)
El Otoño del Imperio
Miles de ciudadanos franceses salieron el domingo 1° de mayo a marchar nuevamente en contra de la Reforma Laboral propuesta por el gobierno de François Hollande, con manifestaciones en todo el país que aprovecharon el Día Internacional de los Trabajadores para demandar la retirada de una supuesta mejora del Ejecutivo que, insisten, destruye “todos los derechos que los trabajadores han ganado desde la Segunda Guerra Mundial” y que, consideran, provocará más precariedad para la clase obrera. En París desfilaron, según los sindicatos, unos 70 mil manifestantes, mientras que en toda Francia el Ministerio del Interior calculó en 84 mil la cifra total. Las manifestaciones coincidieron con el cumplimiento del primer mes de realización de las asambleas ciudadanas de un nuevo movimiento social: “Nuit Debout” (Noche en Pie).
A la reforma, que sería discutida en la misma semana ante el Parlamento, se le reprocha, entre otros puntos, acabar con la igualdad de negociación entre empleados y empresarios al otorgar primacía a los acuerdos en las empresas por encima de los Convenios Colectivos. Además, con esa normativa el gobierno se propone hacer “ajustes” modificando la jornada laboral a 35 horas por semana, con el pretendido fin de reducir el 10 por ciento del desempleo. A un año de los comicios presidenciales y con la impopularidad de Hollande ―que en sus máximos históricos hoy cuenta con una desaprobación de ocho de cada diez ciudadanos―, el mandatario no ha logrado frenar el descontento popular por esta nueva acción de su gobierno.
Al frente abierto en contra de la propuesta se sumó el movimiento “Nuit Debout”, que guarda similitudes con el movimiento español de los Indignados y el estadounidense Ocupa Wall Street; una virtual asamblea ciudadana, que ha hecho de la Plaza parisina de la República su lugar de reunión. Un movimiento popular más en el orbe, que rebasa la acción de los Estados nacionales y exhibe la incapacidad de estos para dar solución a grandes problemas tales como el desempleo y el empobrecimiento de los más amplios estratos de la población. Sin ser un movimiento de masas, el movimiento “Nuit Debout” se encuentra integrado mayoritariamente por jóvenes franceses preocupados por su futuro; uno en donde, dicen, ya no caben las elecciones y los partidos políticos actuales, por muy representativos que pretendan ser, porque sencillamente no resuelven su situación.
Un movimiento social que aunque adolece de las limitaciones de otros en el rechazo de toda jerarquía y la “horizontalidad” de su funcionamiento ―formas democráticas que, no obstante, concitan también un lastre para su evolución actual―, despierta el interés de organizaciones sindicales como la CGT que encuentran puntos de coincidencia, en una lucha en Francia que al final es común y que, por ahora, igual que lo han hecho en su respectivo país el movimiento de los Indignados y el Ocupa Wall Street, comienza a inspirar a toda una sociedad que advierte también el irrefrenable descenso de su nivel de vida.
5 de mayo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de mayo de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 24 de abril de 2016
La Lucha Sindical por un Mayor Salario en Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
El jueves 14 de este mes los trabajadores con salarios más bajos de Estados Unidos estallaron una huelga en más de 300 ciudades del país, siendo ésta la mayor acción a la fecha en la creciente lucha a nivel nacional por un salario mínimo de quince dólares la hora. La “lucha por los quince” ha reunido a trabajadores de Wall Mart, trabajadores domésticos, de comida rápida y cuidado de niños, profesores, trabajadores de la salud y muchos más. Y es que el tema de los salarios es hoy uno de los que más preocupan al trabajador, luego de 40 años con salarios congelados, pues no hay un aumento real de los mismos desde 1973.
En los años 90 los sindicatos lograron un exiguo aumento del mínimo, que quedó entonces en 7 dólares y 25 centavos por hora, un ingreso no mayor a 20 mil dólares al año que no da para subsistir a una persona en una ciudad, mucho menos a una familia; un salario de miseria lejano a los 80 mil a 150 mil dólares anuales que puede llegar a ganar un profesionista. Por fortuna en varios estados y ciudades, como California y Nueva York, existen ya salarios mínimos diferenciados; en estos estados se han logrado acuerdos hacia el establecimiento de un salario mínimo de quince dólares la hora en los próximos años.
No obstante, la lucha apenas comienza, y es más amplia. Brian Finnegan, uno de los dirigentes de la AFL-CIO, la principal confederación sindical de Estados Unidos, decía al respecto: “Hoy es común que en una empresa por lo menos la mitad de los trabajadores sean subcontratados, con salarios más bajos, menos estabilidad y menos derechos…” Y existen muchos casos en los que al trabajador se le paga al día y en efectivo, de lo cual no queda ningún registro; un hecho que afecta sobre todo a trabajadores migrantes y más a las mujeres.
Pero en el país se padece una situación que aqueja no sólo a los trabajadores más desprotegidos. El pasado miércoles 13, a lo largo de la costa Este desde Massachusetts a Virginia se fueron también a la huelga unos 36 mil trabajadores de Verizon ―la más grande proveedora de tecnología de punta 4G LTE, cuya producción incluye teléfonos celulares, tabletas y tecnología inalámbrica―; siendo ésta una de las mayores huelgas del país en muchos años. Al respecto, dicen sus empleados: “Luchamos contra la destrucción de los sindicatos; tratando de evitar que la empresa nos quite lo que obtuvimos por derecho a través de contratos anteriores…”
Una circunstancia que exhibe también la mayor debilidad ahí de las organizaciones sindicales, que en los años cincuenta incluían al 38 por ciento de toda la fuerza laboral gozando de negociación colectiva, mientras que actualmente en el sector público solamente está sindicalizado el 18 por ciento, y en el sector privado el 7 por ciento. Hoy las condiciones laborales son más duras, sobre todo en el sector privado, donde la represión antisindical y el despido de trabajadores es cosa de todos los días.
24 de abril de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 24 de abril de 2016)
El Otoño del Imperio
El jueves 14 de este mes los trabajadores con salarios más bajos de Estados Unidos estallaron una huelga en más de 300 ciudades del país, siendo ésta la mayor acción a la fecha en la creciente lucha a nivel nacional por un salario mínimo de quince dólares la hora. La “lucha por los quince” ha reunido a trabajadores de Wall Mart, trabajadores domésticos, de comida rápida y cuidado de niños, profesores, trabajadores de la salud y muchos más. Y es que el tema de los salarios es hoy uno de los que más preocupan al trabajador, luego de 40 años con salarios congelados, pues no hay un aumento real de los mismos desde 1973.
En los años 90 los sindicatos lograron un exiguo aumento del mínimo, que quedó entonces en 7 dólares y 25 centavos por hora, un ingreso no mayor a 20 mil dólares al año que no da para subsistir a una persona en una ciudad, mucho menos a una familia; un salario de miseria lejano a los 80 mil a 150 mil dólares anuales que puede llegar a ganar un profesionista. Por fortuna en varios estados y ciudades, como California y Nueva York, existen ya salarios mínimos diferenciados; en estos estados se han logrado acuerdos hacia el establecimiento de un salario mínimo de quince dólares la hora en los próximos años.
No obstante, la lucha apenas comienza, y es más amplia. Brian Finnegan, uno de los dirigentes de la AFL-CIO, la principal confederación sindical de Estados Unidos, decía al respecto: “Hoy es común que en una empresa por lo menos la mitad de los trabajadores sean subcontratados, con salarios más bajos, menos estabilidad y menos derechos…” Y existen muchos casos en los que al trabajador se le paga al día y en efectivo, de lo cual no queda ningún registro; un hecho que afecta sobre todo a trabajadores migrantes y más a las mujeres.
Pero en el país se padece una situación que aqueja no sólo a los trabajadores más desprotegidos. El pasado miércoles 13, a lo largo de la costa Este desde Massachusetts a Virginia se fueron también a la huelga unos 36 mil trabajadores de Verizon ―la más grande proveedora de tecnología de punta 4G LTE, cuya producción incluye teléfonos celulares, tabletas y tecnología inalámbrica―; siendo ésta una de las mayores huelgas del país en muchos años. Al respecto, dicen sus empleados: “Luchamos contra la destrucción de los sindicatos; tratando de evitar que la empresa nos quite lo que obtuvimos por derecho a través de contratos anteriores…”
Una circunstancia que exhibe también la mayor debilidad ahí de las organizaciones sindicales, que en los años cincuenta incluían al 38 por ciento de toda la fuerza laboral gozando de negociación colectiva, mientras que actualmente en el sector público solamente está sindicalizado el 18 por ciento, y en el sector privado el 7 por ciento. Hoy las condiciones laborales son más duras, sobre todo en el sector privado, donde la represión antisindical y el despido de trabajadores es cosa de todos los días.
24 de abril de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 24 de abril de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 17 de abril de 2016
El Viaje de Barack Obama por Cuba y Argentina
Jesús Hernández Garibay
Del 20 al 25 de marzo último el presidente de Estados Unidos Barack Obama realizó la que con seguridad ha sido su última gira por nuestra América, al visitar dos países hoy importantes de destacar para la geopolítica de la actual Casa Blanca: Cuba y Argentina. El principal objetivo, que Obama no podía dejar de asumir, era el visitar la isla caribeña para garantizar la consolidación del paso dado por su administración al reiniciar relaciones diplomáticas con La Habana. La segunda visita, a la Argentina, le permitió al mandatario hacer contrapeso a las posibles críticas de las derechas anticastristas estadounidenses y continentales, descontentas por la decisión tomada en el último tramo de su gobierno.
“Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas…”, dijo Obama en la principal alocución de su visita en el Gran Teatro de La Habana, lo cual es más una aspiración que un hecho, puesto que su país continúa preocupado por lo que pudiera acontecer en los países nuestros, como se advierte en su comportamiento abierto y soterrado en el entorno de los cambios que se producen en esta región. No por menos es que la reacción de diversos cubanos fue categórica. Un periodista opinaba: “Fue un discurso seductor, pero también tramposo…”
El viaje a la Argentina lo mismo fue importante para Obama, pero sobre todo por el encuentro con el presidente Mauricio Macri, personero del gran empresariado argentino cuyos intereses empatan mucho más con aquellos de los grandes consorcios y el “libre mercado” (ofrecido de nuevo y por enésima ocasión a los cubanos en aquella alocución). Obama, en el emblemático país del Cono Sur, no tuvo que hablar de ello y más bien se sintió obligado, al cumplirse 40 años del cruento golpe de Estado padecido ahí, a hacer un reconocimiento en el sentido de que EUA “tardó” en defender los derechos humanos en Argentina y otros países nuestroamericanos.
Debió haber dicho que Estados Unidos “promovió” el golpe, como lo hizo en aquel entonces en ese y en otros países, o como lo hace con métodos más “institucionales” en tiempos más recientes en Honduras o en Paraguay, o como lo quisiera hacer ahora mediante el uso del “golpe suave” en Venezuela, Brasil, Ecuador o Bolivia, países que incluyen a gobiernos incómodos para el plan aún vigente de lograr la gran tarea delineada por la Doctrina Monroe: “América para los americanos”. Sólo que en estos tiempos el escenario es más complicado, a tal punto que su presidente, “el hombre más poderoso del mundo”, tiene que ir a La Habana a pedirles a los cubanos que “por favor sean razonables” y acepten la “democracia”, mientras a Macri tiene que solicitarle que, por favor, se respeten los derechos humanos.
Y es que ahora, a pesar de los vaivenes, en nuestros países hay más conciencia del entorno y pueblos cada vez mejor organizados, que contribuyen en muchos casos a una defensa más férrea de nuestros recursos y a la más sistemática búsqueda de caminos seguros hacia un futuro más nuestro.
17 de abril de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de abril de 2016)
El Otoño del Imperio
Del 20 al 25 de marzo último el presidente de Estados Unidos Barack Obama realizó la que con seguridad ha sido su última gira por nuestra América, al visitar dos países hoy importantes de destacar para la geopolítica de la actual Casa Blanca: Cuba y Argentina. El principal objetivo, que Obama no podía dejar de asumir, era el visitar la isla caribeña para garantizar la consolidación del paso dado por su administración al reiniciar relaciones diplomáticas con La Habana. La segunda visita, a la Argentina, le permitió al mandatario hacer contrapeso a las posibles críticas de las derechas anticastristas estadounidenses y continentales, descontentas por la decisión tomada en el último tramo de su gobierno.
“Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas…”, dijo Obama en la principal alocución de su visita en el Gran Teatro de La Habana, lo cual es más una aspiración que un hecho, puesto que su país continúa preocupado por lo que pudiera acontecer en los países nuestros, como se advierte en su comportamiento abierto y soterrado en el entorno de los cambios que se producen en esta región. No por menos es que la reacción de diversos cubanos fue categórica. Un periodista opinaba: “Fue un discurso seductor, pero también tramposo…”
El viaje a la Argentina lo mismo fue importante para Obama, pero sobre todo por el encuentro con el presidente Mauricio Macri, personero del gran empresariado argentino cuyos intereses empatan mucho más con aquellos de los grandes consorcios y el “libre mercado” (ofrecido de nuevo y por enésima ocasión a los cubanos en aquella alocución). Obama, en el emblemático país del Cono Sur, no tuvo que hablar de ello y más bien se sintió obligado, al cumplirse 40 años del cruento golpe de Estado padecido ahí, a hacer un reconocimiento en el sentido de que EUA “tardó” en defender los derechos humanos en Argentina y otros países nuestroamericanos.
Debió haber dicho que Estados Unidos “promovió” el golpe, como lo hizo en aquel entonces en ese y en otros países, o como lo hace con métodos más “institucionales” en tiempos más recientes en Honduras o en Paraguay, o como lo quisiera hacer ahora mediante el uso del “golpe suave” en Venezuela, Brasil, Ecuador o Bolivia, países que incluyen a gobiernos incómodos para el plan aún vigente de lograr la gran tarea delineada por la Doctrina Monroe: “América para los americanos”. Sólo que en estos tiempos el escenario es más complicado, a tal punto que su presidente, “el hombre más poderoso del mundo”, tiene que ir a La Habana a pedirles a los cubanos que “por favor sean razonables” y acepten la “democracia”, mientras a Macri tiene que solicitarle que, por favor, se respeten los derechos humanos.
Y es que ahora, a pesar de los vaivenes, en nuestros países hay más conciencia del entorno y pueblos cada vez mejor organizados, que contribuyen en muchos casos a una defensa más férrea de nuestros recursos y a la más sistemática búsqueda de caminos seguros hacia un futuro más nuestro.
17 de abril de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de abril de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 27 de marzo de 2016
La Carrera Presidencial Demócrata: Sin Ganador Todavía
Jesús Hernández Garibay
Habiendo concluido una parte importante de las primarias en las precampañas para la carrera por la presidencia de Estados Unidos, uno podría suponer que estarían casi consolidadas las tendencias en las dos principales fuerzas partidistas; pero no es así. En el Partido Republicano ha tomado vigor la propuesta planteada por el multimillonario Donald Trump; pero eso no quiere decir que esté allanado el camino de quien ha resultado un personaje incómodo hasta para su mismo partido. En el Partido Demócrata, los triunfos de Hillary Clinton en varios estados podrían sugerir que comienza a doblegar a su único contrincante importante, el senador Bernie Sanders; pero tampoco es así.
Los triunfos, importantes y que han permitido por el momento a la Clinton tomar un poco de aire, han sido sobre todo engrandecidos por los principales medios informativos y la llamada “clase política” de Washington; es decir, los aparatos del Statu Quo para quienes la mejor opción presidencial por ahora es ese Clan Clinton. No obstante, la historia real es otra, pues la campaña apenas está comenzando a incidir en las reglas políticas tradicionales, como sucedió seis años antes, pues el movimiento popular alrededor de Sanders está construyendo por sí mismo un momento comicial propio, que cobra fuerza día a día. Así, lo que los grandes medios informativos destacan son sólo las viejas maneras de hacer política y no los nuevos vientos.
El movimiento que apoya a Sanders nace de luchas anteriores, con el movimiento contra la guerra de Vietnam de 1965 a 1975, la Coalición Arcoíris de los ochenta, el movimiento altermundista que conserva aún el “espíritu de Seattle” de 1999, un movimiento luego potenciado tanto por el triunfo electoral doble que le otorga en 2008 y en 2012 a Barack Obama, como posteriormente por el aún más importante movimiento “Ocupa Wall Street”, que provee de una creciente conciencia a sectores de inmigrantes, de mujeres y sobre todo de jóvenes ―una robusta nueva generación que por vez primera comienza a aceptar la palabra prohibida: “socialismo”, como una posibilidad para su país―, y que por ahora crece de una manera exponencial.
Es la gente la que ha inundado esta campaña con un nuevo movimiento popular que, ciertamente, de un lado apoya a Trump en defensa de los valores tradicionales blancos, pero de otro apoya a Sanders; y este segundo movimiento masivo diseña su empoderamiento a través de las redes sociales y se muestra como un movimiento político que habla abiertamente de una necesaria “revolución política”, cuyo vehículo, al reunirlo y abrir sus puertas, es ahora Sanders.
Éste es el verdadero adversario de Hillary Clinton y lo que con seguridad le seguirá quitando el sueño en las semanas por venir hasta la Convención del Partido Demócrata el 25 de julio próximo. Y así fuera que ese movimiento no lograra triunfar ahora, como lo hizo con Obama, llevando a Sanders a la Casa Blanca, triunfaría en haberse fortalecido una vez más como un movimiento popular creciente para las futuras batallas que seguro llegarán en ese país.
27 de marzo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de marzo de 2016)
El Otoño del Imperio
Habiendo concluido una parte importante de las primarias en las precampañas para la carrera por la presidencia de Estados Unidos, uno podría suponer que estarían casi consolidadas las tendencias en las dos principales fuerzas partidistas; pero no es así. En el Partido Republicano ha tomado vigor la propuesta planteada por el multimillonario Donald Trump; pero eso no quiere decir que esté allanado el camino de quien ha resultado un personaje incómodo hasta para su mismo partido. En el Partido Demócrata, los triunfos de Hillary Clinton en varios estados podrían sugerir que comienza a doblegar a su único contrincante importante, el senador Bernie Sanders; pero tampoco es así.
Los triunfos, importantes y que han permitido por el momento a la Clinton tomar un poco de aire, han sido sobre todo engrandecidos por los principales medios informativos y la llamada “clase política” de Washington; es decir, los aparatos del Statu Quo para quienes la mejor opción presidencial por ahora es ese Clan Clinton. No obstante, la historia real es otra, pues la campaña apenas está comenzando a incidir en las reglas políticas tradicionales, como sucedió seis años antes, pues el movimiento popular alrededor de Sanders está construyendo por sí mismo un momento comicial propio, que cobra fuerza día a día. Así, lo que los grandes medios informativos destacan son sólo las viejas maneras de hacer política y no los nuevos vientos.
El movimiento que apoya a Sanders nace de luchas anteriores, con el movimiento contra la guerra de Vietnam de 1965 a 1975, la Coalición Arcoíris de los ochenta, el movimiento altermundista que conserva aún el “espíritu de Seattle” de 1999, un movimiento luego potenciado tanto por el triunfo electoral doble que le otorga en 2008 y en 2012 a Barack Obama, como posteriormente por el aún más importante movimiento “Ocupa Wall Street”, que provee de una creciente conciencia a sectores de inmigrantes, de mujeres y sobre todo de jóvenes ―una robusta nueva generación que por vez primera comienza a aceptar la palabra prohibida: “socialismo”, como una posibilidad para su país―, y que por ahora crece de una manera exponencial.
Es la gente la que ha inundado esta campaña con un nuevo movimiento popular que, ciertamente, de un lado apoya a Trump en defensa de los valores tradicionales blancos, pero de otro apoya a Sanders; y este segundo movimiento masivo diseña su empoderamiento a través de las redes sociales y se muestra como un movimiento político que habla abiertamente de una necesaria “revolución política”, cuyo vehículo, al reunirlo y abrir sus puertas, es ahora Sanders.
Éste es el verdadero adversario de Hillary Clinton y lo que con seguridad le seguirá quitando el sueño en las semanas por venir hasta la Convención del Partido Demócrata el 25 de julio próximo. Y así fuera que ese movimiento no lograra triunfar ahora, como lo hizo con Obama, llevando a Sanders a la Casa Blanca, triunfaría en haberse fortalecido una vez más como un movimiento popular creciente para las futuras batallas que seguro llegarán en ese país.
27 de marzo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de marzo de 2016)
El Otoño del Imperio
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