Jesús Hernández Garibay
El pasado 12 de mayo, Michel Temer, hombre de la CIA según Wikileaks y acusado de seis delitos que habría cometido de desvío de fondos vinculados al caso Petrobras, asumió la presidencia interina del Brasil. Un cargo que pertenece legítimamente a Dilma Rousseff ―quien ganó los más recientes comicios con más de 54 millones de votos en su favor―, a la que sustituye espuriamente hasta que termine en el Senado del país el juicio a la ahora ex presidenta a quien se acusa de manera imprecisa de malos manejos en su gobierno.
Acompañado de más de 200 parlamentarios que son, ellos sí, inculpados en procesos de corrupción en el Supremo Tribunal Federal de esa nación, el nuevo mandatario llega al gobierno junto a los que fueron sucesivamente derrotados en las últimas cuatro elecciones presidenciales, destacadamente el Partido de la Social Democracia Brasileña, así como la ultraderecha Demócrata (DEM), dispuestos a echar atrás con medidas de corte neoliberal las políticas sociales que propugnaban los dos gobiernos sucesivos del Partido de los Trabajadores. Este y ningún otro, es el objetivo del nuevo golpe de Estado que ahora se produce en Brasil; un hecho apadrinado por la gran burguesía brasileña y los consorcios nacionales y transnacionales, a cuyos intereses les resulta incómodo cualquier proyecto que se aleje de sus pillajes de mercado en la región.
El reciente cambio presidencial en Argentina en el que triunfa el candidato empresarial del país Mauricio Macri, la victoria de la opositora Mesa de la Unidad Democrática en las elecciones parlamentarias en Venezuela, las artificiosas acciones de algunos grupos sociales en contra del gobierno de Rafael Correa en Ecuador y de Evo Morales en Bolivia, sucesos precedidos por los virtuales golpes de Estado civiles en Honduras y en Paraguay, todo ello sustentado en la pertinaz acción de las fuerzas de la derecha continental apoyadas eficientemente por las de otros países y en el trasfondo por Estados Unidos, se mueven en la misma dirección que el golpe de Estado ahora a la presidenta Rousseff en Brasil.
Y es que no es fácil caminar hacia una sociedad distinta, sin que las fuerzas más ligadas a esos grandes intereses corporativos, busquen y encuentren nuevas maneras de detener los procesos. En el pasado utilizaron las armas de las dictaduras militares; o acudieron al recurso de la coptación de los líderes, o al del diversionismo ideológico de los medios masivos; o a tantos otros, siempre apoyados eficientemente por Estados Unidos y sus intereses geoestratégicos. Tal y como lo hicieron en otros tiempos en que acudieron a la represión abierta o a la guerra de baja intensidad, hoy se acude al engaño a las masas por medio de nuevos modos como el del “golpe suave”. Pero los fines son exactamente los mismos: no permitir ningún cambio que aleje a los mercados de su reinado: el “sacrosanto” mundo de los grandes negocios que, hoy por hoy, en medio de la crisis global, requiere de una mayor disciplina de los pueblos.
20 de mayo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 22 de mayo de 2016)
El Otoño del Imperio
viernes, 20 de mayo de 2016
jueves, 5 de mayo de 2016
Francia: El Movimiento Sindical y Social Contra la Reforma Laboral
Jesús Hernández Garibay
Miles de ciudadanos franceses salieron el domingo 1° de mayo a marchar nuevamente en contra de la Reforma Laboral propuesta por el gobierno de François Hollande, con manifestaciones en todo el país que aprovecharon el Día Internacional de los Trabajadores para demandar la retirada de una supuesta mejora del Ejecutivo que, insisten, destruye “todos los derechos que los trabajadores han ganado desde la Segunda Guerra Mundial” y que, consideran, provocará más precariedad para la clase obrera. En París desfilaron, según los sindicatos, unos 70 mil manifestantes, mientras que en toda Francia el Ministerio del Interior calculó en 84 mil la cifra total. Las manifestaciones coincidieron con el cumplimiento del primer mes de realización de las asambleas ciudadanas de un nuevo movimiento social: “Nuit Debout” (Noche en Pie).
A la reforma, que sería discutida en la misma semana ante el Parlamento, se le reprocha, entre otros puntos, acabar con la igualdad de negociación entre empleados y empresarios al otorgar primacía a los acuerdos en las empresas por encima de los Convenios Colectivos. Además, con esa normativa el gobierno se propone hacer “ajustes” modificando la jornada laboral a 35 horas por semana, con el pretendido fin de reducir el 10 por ciento del desempleo. A un año de los comicios presidenciales y con la impopularidad de Hollande ―que en sus máximos históricos hoy cuenta con una desaprobación de ocho de cada diez ciudadanos―, el mandatario no ha logrado frenar el descontento popular por esta nueva acción de su gobierno.
Al frente abierto en contra de la propuesta se sumó el movimiento “Nuit Debout”, que guarda similitudes con el movimiento español de los Indignados y el estadounidense Ocupa Wall Street; una virtual asamblea ciudadana, que ha hecho de la Plaza parisina de la República su lugar de reunión. Un movimiento popular más en el orbe, que rebasa la acción de los Estados nacionales y exhibe la incapacidad de estos para dar solución a grandes problemas tales como el desempleo y el empobrecimiento de los más amplios estratos de la población. Sin ser un movimiento de masas, el movimiento “Nuit Debout” se encuentra integrado mayoritariamente por jóvenes franceses preocupados por su futuro; uno en donde, dicen, ya no caben las elecciones y los partidos políticos actuales, por muy representativos que pretendan ser, porque sencillamente no resuelven su situación.
Un movimiento social que aunque adolece de las limitaciones de otros en el rechazo de toda jerarquía y la “horizontalidad” de su funcionamiento ―formas democráticas que, no obstante, concitan también un lastre para su evolución actual―, despierta el interés de organizaciones sindicales como la CGT que encuentran puntos de coincidencia, en una lucha en Francia que al final es común y que, por ahora, igual que lo han hecho en su respectivo país el movimiento de los Indignados y el Ocupa Wall Street, comienza a inspirar a toda una sociedad que advierte también el irrefrenable descenso de su nivel de vida.
5 de mayo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de mayo de 2016)
El Otoño del Imperio
Miles de ciudadanos franceses salieron el domingo 1° de mayo a marchar nuevamente en contra de la Reforma Laboral propuesta por el gobierno de François Hollande, con manifestaciones en todo el país que aprovecharon el Día Internacional de los Trabajadores para demandar la retirada de una supuesta mejora del Ejecutivo que, insisten, destruye “todos los derechos que los trabajadores han ganado desde la Segunda Guerra Mundial” y que, consideran, provocará más precariedad para la clase obrera. En París desfilaron, según los sindicatos, unos 70 mil manifestantes, mientras que en toda Francia el Ministerio del Interior calculó en 84 mil la cifra total. Las manifestaciones coincidieron con el cumplimiento del primer mes de realización de las asambleas ciudadanas de un nuevo movimiento social: “Nuit Debout” (Noche en Pie).
A la reforma, que sería discutida en la misma semana ante el Parlamento, se le reprocha, entre otros puntos, acabar con la igualdad de negociación entre empleados y empresarios al otorgar primacía a los acuerdos en las empresas por encima de los Convenios Colectivos. Además, con esa normativa el gobierno se propone hacer “ajustes” modificando la jornada laboral a 35 horas por semana, con el pretendido fin de reducir el 10 por ciento del desempleo. A un año de los comicios presidenciales y con la impopularidad de Hollande ―que en sus máximos históricos hoy cuenta con una desaprobación de ocho de cada diez ciudadanos―, el mandatario no ha logrado frenar el descontento popular por esta nueva acción de su gobierno.
Al frente abierto en contra de la propuesta se sumó el movimiento “Nuit Debout”, que guarda similitudes con el movimiento español de los Indignados y el estadounidense Ocupa Wall Street; una virtual asamblea ciudadana, que ha hecho de la Plaza parisina de la República su lugar de reunión. Un movimiento popular más en el orbe, que rebasa la acción de los Estados nacionales y exhibe la incapacidad de estos para dar solución a grandes problemas tales como el desempleo y el empobrecimiento de los más amplios estratos de la población. Sin ser un movimiento de masas, el movimiento “Nuit Debout” se encuentra integrado mayoritariamente por jóvenes franceses preocupados por su futuro; uno en donde, dicen, ya no caben las elecciones y los partidos políticos actuales, por muy representativos que pretendan ser, porque sencillamente no resuelven su situación.
Un movimiento social que aunque adolece de las limitaciones de otros en el rechazo de toda jerarquía y la “horizontalidad” de su funcionamiento ―formas democráticas que, no obstante, concitan también un lastre para su evolución actual―, despierta el interés de organizaciones sindicales como la CGT que encuentran puntos de coincidencia, en una lucha en Francia que al final es común y que, por ahora, igual que lo han hecho en su respectivo país el movimiento de los Indignados y el Ocupa Wall Street, comienza a inspirar a toda una sociedad que advierte también el irrefrenable descenso de su nivel de vida.
5 de mayo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de mayo de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 24 de abril de 2016
La Lucha Sindical por un Mayor Salario en Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
El jueves 14 de este mes los trabajadores con salarios más bajos de Estados Unidos estallaron una huelga en más de 300 ciudades del país, siendo ésta la mayor acción a la fecha en la creciente lucha a nivel nacional por un salario mínimo de quince dólares la hora. La “lucha por los quince” ha reunido a trabajadores de Wall Mart, trabajadores domésticos, de comida rápida y cuidado de niños, profesores, trabajadores de la salud y muchos más. Y es que el tema de los salarios es hoy uno de los que más preocupan al trabajador, luego de 40 años con salarios congelados, pues no hay un aumento real de los mismos desde 1973.
En los años 90 los sindicatos lograron un exiguo aumento del mínimo, que quedó entonces en 7 dólares y 25 centavos por hora, un ingreso no mayor a 20 mil dólares al año que no da para subsistir a una persona en una ciudad, mucho menos a una familia; un salario de miseria lejano a los 80 mil a 150 mil dólares anuales que puede llegar a ganar un profesionista. Por fortuna en varios estados y ciudades, como California y Nueva York, existen ya salarios mínimos diferenciados; en estos estados se han logrado acuerdos hacia el establecimiento de un salario mínimo de quince dólares la hora en los próximos años.
No obstante, la lucha apenas comienza, y es más amplia. Brian Finnegan, uno de los dirigentes de la AFL-CIO, la principal confederación sindical de Estados Unidos, decía al respecto: “Hoy es común que en una empresa por lo menos la mitad de los trabajadores sean subcontratados, con salarios más bajos, menos estabilidad y menos derechos…” Y existen muchos casos en los que al trabajador se le paga al día y en efectivo, de lo cual no queda ningún registro; un hecho que afecta sobre todo a trabajadores migrantes y más a las mujeres.
Pero en el país se padece una situación que aqueja no sólo a los trabajadores más desprotegidos. El pasado miércoles 13, a lo largo de la costa Este desde Massachusetts a Virginia se fueron también a la huelga unos 36 mil trabajadores de Verizon ―la más grande proveedora de tecnología de punta 4G LTE, cuya producción incluye teléfonos celulares, tabletas y tecnología inalámbrica―; siendo ésta una de las mayores huelgas del país en muchos años. Al respecto, dicen sus empleados: “Luchamos contra la destrucción de los sindicatos; tratando de evitar que la empresa nos quite lo que obtuvimos por derecho a través de contratos anteriores…”
Una circunstancia que exhibe también la mayor debilidad ahí de las organizaciones sindicales, que en los años cincuenta incluían al 38 por ciento de toda la fuerza laboral gozando de negociación colectiva, mientras que actualmente en el sector público solamente está sindicalizado el 18 por ciento, y en el sector privado el 7 por ciento. Hoy las condiciones laborales son más duras, sobre todo en el sector privado, donde la represión antisindical y el despido de trabajadores es cosa de todos los días.
24 de abril de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 24 de abril de 2016)
El Otoño del Imperio
El jueves 14 de este mes los trabajadores con salarios más bajos de Estados Unidos estallaron una huelga en más de 300 ciudades del país, siendo ésta la mayor acción a la fecha en la creciente lucha a nivel nacional por un salario mínimo de quince dólares la hora. La “lucha por los quince” ha reunido a trabajadores de Wall Mart, trabajadores domésticos, de comida rápida y cuidado de niños, profesores, trabajadores de la salud y muchos más. Y es que el tema de los salarios es hoy uno de los que más preocupan al trabajador, luego de 40 años con salarios congelados, pues no hay un aumento real de los mismos desde 1973.
En los años 90 los sindicatos lograron un exiguo aumento del mínimo, que quedó entonces en 7 dólares y 25 centavos por hora, un ingreso no mayor a 20 mil dólares al año que no da para subsistir a una persona en una ciudad, mucho menos a una familia; un salario de miseria lejano a los 80 mil a 150 mil dólares anuales que puede llegar a ganar un profesionista. Por fortuna en varios estados y ciudades, como California y Nueva York, existen ya salarios mínimos diferenciados; en estos estados se han logrado acuerdos hacia el establecimiento de un salario mínimo de quince dólares la hora en los próximos años.
No obstante, la lucha apenas comienza, y es más amplia. Brian Finnegan, uno de los dirigentes de la AFL-CIO, la principal confederación sindical de Estados Unidos, decía al respecto: “Hoy es común que en una empresa por lo menos la mitad de los trabajadores sean subcontratados, con salarios más bajos, menos estabilidad y menos derechos…” Y existen muchos casos en los que al trabajador se le paga al día y en efectivo, de lo cual no queda ningún registro; un hecho que afecta sobre todo a trabajadores migrantes y más a las mujeres.
Pero en el país se padece una situación que aqueja no sólo a los trabajadores más desprotegidos. El pasado miércoles 13, a lo largo de la costa Este desde Massachusetts a Virginia se fueron también a la huelga unos 36 mil trabajadores de Verizon ―la más grande proveedora de tecnología de punta 4G LTE, cuya producción incluye teléfonos celulares, tabletas y tecnología inalámbrica―; siendo ésta una de las mayores huelgas del país en muchos años. Al respecto, dicen sus empleados: “Luchamos contra la destrucción de los sindicatos; tratando de evitar que la empresa nos quite lo que obtuvimos por derecho a través de contratos anteriores…”
Una circunstancia que exhibe también la mayor debilidad ahí de las organizaciones sindicales, que en los años cincuenta incluían al 38 por ciento de toda la fuerza laboral gozando de negociación colectiva, mientras que actualmente en el sector público solamente está sindicalizado el 18 por ciento, y en el sector privado el 7 por ciento. Hoy las condiciones laborales son más duras, sobre todo en el sector privado, donde la represión antisindical y el despido de trabajadores es cosa de todos los días.
24 de abril de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 24 de abril de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 17 de abril de 2016
El Viaje de Barack Obama por Cuba y Argentina
Jesús Hernández Garibay
Del 20 al 25 de marzo último el presidente de Estados Unidos Barack Obama realizó la que con seguridad ha sido su última gira por nuestra América, al visitar dos países hoy importantes de destacar para la geopolítica de la actual Casa Blanca: Cuba y Argentina. El principal objetivo, que Obama no podía dejar de asumir, era el visitar la isla caribeña para garantizar la consolidación del paso dado por su administración al reiniciar relaciones diplomáticas con La Habana. La segunda visita, a la Argentina, le permitió al mandatario hacer contrapeso a las posibles críticas de las derechas anticastristas estadounidenses y continentales, descontentas por la decisión tomada en el último tramo de su gobierno.
“Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas…”, dijo Obama en la principal alocución de su visita en el Gran Teatro de La Habana, lo cual es más una aspiración que un hecho, puesto que su país continúa preocupado por lo que pudiera acontecer en los países nuestros, como se advierte en su comportamiento abierto y soterrado en el entorno de los cambios que se producen en esta región. No por menos es que la reacción de diversos cubanos fue categórica. Un periodista opinaba: “Fue un discurso seductor, pero también tramposo…”
El viaje a la Argentina lo mismo fue importante para Obama, pero sobre todo por el encuentro con el presidente Mauricio Macri, personero del gran empresariado argentino cuyos intereses empatan mucho más con aquellos de los grandes consorcios y el “libre mercado” (ofrecido de nuevo y por enésima ocasión a los cubanos en aquella alocución). Obama, en el emblemático país del Cono Sur, no tuvo que hablar de ello y más bien se sintió obligado, al cumplirse 40 años del cruento golpe de Estado padecido ahí, a hacer un reconocimiento en el sentido de que EUA “tardó” en defender los derechos humanos en Argentina y otros países nuestroamericanos.
Debió haber dicho que Estados Unidos “promovió” el golpe, como lo hizo en aquel entonces en ese y en otros países, o como lo hace con métodos más “institucionales” en tiempos más recientes en Honduras o en Paraguay, o como lo quisiera hacer ahora mediante el uso del “golpe suave” en Venezuela, Brasil, Ecuador o Bolivia, países que incluyen a gobiernos incómodos para el plan aún vigente de lograr la gran tarea delineada por la Doctrina Monroe: “América para los americanos”. Sólo que en estos tiempos el escenario es más complicado, a tal punto que su presidente, “el hombre más poderoso del mundo”, tiene que ir a La Habana a pedirles a los cubanos que “por favor sean razonables” y acepten la “democracia”, mientras a Macri tiene que solicitarle que, por favor, se respeten los derechos humanos.
Y es que ahora, a pesar de los vaivenes, en nuestros países hay más conciencia del entorno y pueblos cada vez mejor organizados, que contribuyen en muchos casos a una defensa más férrea de nuestros recursos y a la más sistemática búsqueda de caminos seguros hacia un futuro más nuestro.
17 de abril de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de abril de 2016)
El Otoño del Imperio
Del 20 al 25 de marzo último el presidente de Estados Unidos Barack Obama realizó la que con seguridad ha sido su última gira por nuestra América, al visitar dos países hoy importantes de destacar para la geopolítica de la actual Casa Blanca: Cuba y Argentina. El principal objetivo, que Obama no podía dejar de asumir, era el visitar la isla caribeña para garantizar la consolidación del paso dado por su administración al reiniciar relaciones diplomáticas con La Habana. La segunda visita, a la Argentina, le permitió al mandatario hacer contrapeso a las posibles críticas de las derechas anticastristas estadounidenses y continentales, descontentas por la decisión tomada en el último tramo de su gobierno.
“Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas…”, dijo Obama en la principal alocución de su visita en el Gran Teatro de La Habana, lo cual es más una aspiración que un hecho, puesto que su país continúa preocupado por lo que pudiera acontecer en los países nuestros, como se advierte en su comportamiento abierto y soterrado en el entorno de los cambios que se producen en esta región. No por menos es que la reacción de diversos cubanos fue categórica. Un periodista opinaba: “Fue un discurso seductor, pero también tramposo…”
El viaje a la Argentina lo mismo fue importante para Obama, pero sobre todo por el encuentro con el presidente Mauricio Macri, personero del gran empresariado argentino cuyos intereses empatan mucho más con aquellos de los grandes consorcios y el “libre mercado” (ofrecido de nuevo y por enésima ocasión a los cubanos en aquella alocución). Obama, en el emblemático país del Cono Sur, no tuvo que hablar de ello y más bien se sintió obligado, al cumplirse 40 años del cruento golpe de Estado padecido ahí, a hacer un reconocimiento en el sentido de que EUA “tardó” en defender los derechos humanos en Argentina y otros países nuestroamericanos.
Debió haber dicho que Estados Unidos “promovió” el golpe, como lo hizo en aquel entonces en ese y en otros países, o como lo hace con métodos más “institucionales” en tiempos más recientes en Honduras o en Paraguay, o como lo quisiera hacer ahora mediante el uso del “golpe suave” en Venezuela, Brasil, Ecuador o Bolivia, países que incluyen a gobiernos incómodos para el plan aún vigente de lograr la gran tarea delineada por la Doctrina Monroe: “América para los americanos”. Sólo que en estos tiempos el escenario es más complicado, a tal punto que su presidente, “el hombre más poderoso del mundo”, tiene que ir a La Habana a pedirles a los cubanos que “por favor sean razonables” y acepten la “democracia”, mientras a Macri tiene que solicitarle que, por favor, se respeten los derechos humanos.
Y es que ahora, a pesar de los vaivenes, en nuestros países hay más conciencia del entorno y pueblos cada vez mejor organizados, que contribuyen en muchos casos a una defensa más férrea de nuestros recursos y a la más sistemática búsqueda de caminos seguros hacia un futuro más nuestro.
17 de abril de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de abril de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 27 de marzo de 2016
La Carrera Presidencial Demócrata: Sin Ganador Todavía
Jesús Hernández Garibay
Habiendo concluido una parte importante de las primarias en las precampañas para la carrera por la presidencia de Estados Unidos, uno podría suponer que estarían casi consolidadas las tendencias en las dos principales fuerzas partidistas; pero no es así. En el Partido Republicano ha tomado vigor la propuesta planteada por el multimillonario Donald Trump; pero eso no quiere decir que esté allanado el camino de quien ha resultado un personaje incómodo hasta para su mismo partido. En el Partido Demócrata, los triunfos de Hillary Clinton en varios estados podrían sugerir que comienza a doblegar a su único contrincante importante, el senador Bernie Sanders; pero tampoco es así.
Los triunfos, importantes y que han permitido por el momento a la Clinton tomar un poco de aire, han sido sobre todo engrandecidos por los principales medios informativos y la llamada “clase política” de Washington; es decir, los aparatos del Statu Quo para quienes la mejor opción presidencial por ahora es ese Clan Clinton. No obstante, la historia real es otra, pues la campaña apenas está comenzando a incidir en las reglas políticas tradicionales, como sucedió seis años antes, pues el movimiento popular alrededor de Sanders está construyendo por sí mismo un momento comicial propio, que cobra fuerza día a día. Así, lo que los grandes medios informativos destacan son sólo las viejas maneras de hacer política y no los nuevos vientos.
El movimiento que apoya a Sanders nace de luchas anteriores, con el movimiento contra la guerra de Vietnam de 1965 a 1975, la Coalición Arcoíris de los ochenta, el movimiento altermundista que conserva aún el “espíritu de Seattle” de 1999, un movimiento luego potenciado tanto por el triunfo electoral doble que le otorga en 2008 y en 2012 a Barack Obama, como posteriormente por el aún más importante movimiento “Ocupa Wall Street”, que provee de una creciente conciencia a sectores de inmigrantes, de mujeres y sobre todo de jóvenes ―una robusta nueva generación que por vez primera comienza a aceptar la palabra prohibida: “socialismo”, como una posibilidad para su país―, y que por ahora crece de una manera exponencial.
Es la gente la que ha inundado esta campaña con un nuevo movimiento popular que, ciertamente, de un lado apoya a Trump en defensa de los valores tradicionales blancos, pero de otro apoya a Sanders; y este segundo movimiento masivo diseña su empoderamiento a través de las redes sociales y se muestra como un movimiento político que habla abiertamente de una necesaria “revolución política”, cuyo vehículo, al reunirlo y abrir sus puertas, es ahora Sanders.
Éste es el verdadero adversario de Hillary Clinton y lo que con seguridad le seguirá quitando el sueño en las semanas por venir hasta la Convención del Partido Demócrata el 25 de julio próximo. Y así fuera que ese movimiento no lograra triunfar ahora, como lo hizo con Obama, llevando a Sanders a la Casa Blanca, triunfaría en haberse fortalecido una vez más como un movimiento popular creciente para las futuras batallas que seguro llegarán en ese país.
27 de marzo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de marzo de 2016)
El Otoño del Imperio
Habiendo concluido una parte importante de las primarias en las precampañas para la carrera por la presidencia de Estados Unidos, uno podría suponer que estarían casi consolidadas las tendencias en las dos principales fuerzas partidistas; pero no es así. En el Partido Republicano ha tomado vigor la propuesta planteada por el multimillonario Donald Trump; pero eso no quiere decir que esté allanado el camino de quien ha resultado un personaje incómodo hasta para su mismo partido. En el Partido Demócrata, los triunfos de Hillary Clinton en varios estados podrían sugerir que comienza a doblegar a su único contrincante importante, el senador Bernie Sanders; pero tampoco es así.
Los triunfos, importantes y que han permitido por el momento a la Clinton tomar un poco de aire, han sido sobre todo engrandecidos por los principales medios informativos y la llamada “clase política” de Washington; es decir, los aparatos del Statu Quo para quienes la mejor opción presidencial por ahora es ese Clan Clinton. No obstante, la historia real es otra, pues la campaña apenas está comenzando a incidir en las reglas políticas tradicionales, como sucedió seis años antes, pues el movimiento popular alrededor de Sanders está construyendo por sí mismo un momento comicial propio, que cobra fuerza día a día. Así, lo que los grandes medios informativos destacan son sólo las viejas maneras de hacer política y no los nuevos vientos.
El movimiento que apoya a Sanders nace de luchas anteriores, con el movimiento contra la guerra de Vietnam de 1965 a 1975, la Coalición Arcoíris de los ochenta, el movimiento altermundista que conserva aún el “espíritu de Seattle” de 1999, un movimiento luego potenciado tanto por el triunfo electoral doble que le otorga en 2008 y en 2012 a Barack Obama, como posteriormente por el aún más importante movimiento “Ocupa Wall Street”, que provee de una creciente conciencia a sectores de inmigrantes, de mujeres y sobre todo de jóvenes ―una robusta nueva generación que por vez primera comienza a aceptar la palabra prohibida: “socialismo”, como una posibilidad para su país―, y que por ahora crece de una manera exponencial.
Es la gente la que ha inundado esta campaña con un nuevo movimiento popular que, ciertamente, de un lado apoya a Trump en defensa de los valores tradicionales blancos, pero de otro apoya a Sanders; y este segundo movimiento masivo diseña su empoderamiento a través de las redes sociales y se muestra como un movimiento político que habla abiertamente de una necesaria “revolución política”, cuyo vehículo, al reunirlo y abrir sus puertas, es ahora Sanders.
Éste es el verdadero adversario de Hillary Clinton y lo que con seguridad le seguirá quitando el sueño en las semanas por venir hasta la Convención del Partido Demócrata el 25 de julio próximo. Y así fuera que ese movimiento no lograra triunfar ahora, como lo hizo con Obama, llevando a Sanders a la Casa Blanca, triunfaría en haberse fortalecido una vez más como un movimiento popular creciente para las futuras batallas que seguro llegarán en ese país.
27 de marzo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 27 de marzo de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 6 de marzo de 2016
La Carrera Presidencial Republicana: Donald Trump a la Cabeza
Jesús Hernández Garibay
Para el domingo 6 de marzo en que este comentario salga a la luz, ya se habrán llevado a cabo en el curso de la carrera por la presidencia de Estados Unidos 25 primarias o asambleas partidistas (caucus), que iniciaron en la primera quincena de febrero en Iowa y New Hampshire e incluyeron específicamente el pasado primero de marzo un “Supermartes” en 14 estados. Una cita que ha incluido al Partido Republicano en 22 ocasiones y al Partido Demócrata en otras 19, y que provee al primero de estos una tendencia inicial en la definición de su candidato.
Ya hoy afuera de la carrera republicana el inicial favorito Jeb Bush, hermano del ex presidente George W., así como otros precandidatos sin mayor oportunidad, la contienda incluye en sus filas a dos senadores de ascendencia cubana: el senador por el estado de Florida Marco Rubio y el senador por Texas Ted Cruz, así como al multimillonario Donald Trump. En dicho escenario se advierte ―a pesar del clamor de varios liderazgos republicanos y sectores no republicanos en el sentido de detener a Trump, por motivo del malestar que causan sus escandalosas declaraciones―, que éste sigue liderando las preferencias de su partido.
Y aún más, por el creciente apoyo que comienzan a brindarle al multimillonario figuras republicanas como el ex precandidato presidencial y gobernador de Nueva Jersey Chris Christie y la ex gobernadora de Arizona Jan Brewer, impulsora de una ley anti-inmigrante que consideraba presuntos culpables de crímenes a todos los que por su apariencia pudieran parecer inmigrantes, fueran o no norteamericanos. O la más reciente del senador por Alabama Jeff Sessions, conocido por su postura de línea dura contra la inmigración ilegal. O hasta el ultrarracista ex líder del Ku Klux Klan David Duke.
Al respecto, el senador Sessions decía en un mitin de campaña en Madison, Alabama: “Esta elección es nuestra última oportunidad para salvar la soberanía de Estados Unidos… Nos estamos acercando rápidamente al punto de no retorno; las personas están sufriendo, los salarios disminuyen, las escuelas están sobrecargadas, los hospitales dilatados más allá del punto de ruptura, el crimen es ascendente y la confianza de la comunidad está por los suelos…” Temas en los que todos y cada uno de los republicanos han insistido religiosamente, en críticas abiertas y soterradas hechas en contra del primer negro en la historia de la Casa Blanca.
Ahora, ante la preocupación de algunos de los principales líderes republicanos que comienzan a advertir que la campaña incómoda de Trump se viene transformando en un movimiento popular y que hay una fuerte posibilidad de que éste llegue a ser el candidato, la “implosión” sobre dicha candidatura comienza a emerger y preocupar, pues podría derivar en enfrentamientos y hasta fisuras en la unidad partidista. “Es aterrador”, opinaba el gobernador de Carolina del sur Nikki Haley, pues plantea al partido preguntas acerca de su verdadera identidad y sus valores. “Y eso es algo que no queremos que suceda…”, decía Haley.
6 de marzo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 6 de marzo de 2016)
El Otoño del Imperio
Para el domingo 6 de marzo en que este comentario salga a la luz, ya se habrán llevado a cabo en el curso de la carrera por la presidencia de Estados Unidos 25 primarias o asambleas partidistas (caucus), que iniciaron en la primera quincena de febrero en Iowa y New Hampshire e incluyeron específicamente el pasado primero de marzo un “Supermartes” en 14 estados. Una cita que ha incluido al Partido Republicano en 22 ocasiones y al Partido Demócrata en otras 19, y que provee al primero de estos una tendencia inicial en la definición de su candidato.
Ya hoy afuera de la carrera republicana el inicial favorito Jeb Bush, hermano del ex presidente George W., así como otros precandidatos sin mayor oportunidad, la contienda incluye en sus filas a dos senadores de ascendencia cubana: el senador por el estado de Florida Marco Rubio y el senador por Texas Ted Cruz, así como al multimillonario Donald Trump. En dicho escenario se advierte ―a pesar del clamor de varios liderazgos republicanos y sectores no republicanos en el sentido de detener a Trump, por motivo del malestar que causan sus escandalosas declaraciones―, que éste sigue liderando las preferencias de su partido.
Y aún más, por el creciente apoyo que comienzan a brindarle al multimillonario figuras republicanas como el ex precandidato presidencial y gobernador de Nueva Jersey Chris Christie y la ex gobernadora de Arizona Jan Brewer, impulsora de una ley anti-inmigrante que consideraba presuntos culpables de crímenes a todos los que por su apariencia pudieran parecer inmigrantes, fueran o no norteamericanos. O la más reciente del senador por Alabama Jeff Sessions, conocido por su postura de línea dura contra la inmigración ilegal. O hasta el ultrarracista ex líder del Ku Klux Klan David Duke.
Al respecto, el senador Sessions decía en un mitin de campaña en Madison, Alabama: “Esta elección es nuestra última oportunidad para salvar la soberanía de Estados Unidos… Nos estamos acercando rápidamente al punto de no retorno; las personas están sufriendo, los salarios disminuyen, las escuelas están sobrecargadas, los hospitales dilatados más allá del punto de ruptura, el crimen es ascendente y la confianza de la comunidad está por los suelos…” Temas en los que todos y cada uno de los republicanos han insistido religiosamente, en críticas abiertas y soterradas hechas en contra del primer negro en la historia de la Casa Blanca.
Ahora, ante la preocupación de algunos de los principales líderes republicanos que comienzan a advertir que la campaña incómoda de Trump se viene transformando en un movimiento popular y que hay una fuerte posibilidad de que éste llegue a ser el candidato, la “implosión” sobre dicha candidatura comienza a emerger y preocupar, pues podría derivar en enfrentamientos y hasta fisuras en la unidad partidista. “Es aterrador”, opinaba el gobernador de Carolina del sur Nikki Haley, pues plantea al partido preguntas acerca de su verdadera identidad y sus valores. “Y eso es algo que no queremos que suceda…”, decía Haley.
6 de marzo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 6 de marzo de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 21 de febrero de 2016
El Orden Internacional: ¿Hacia una Tercera Guerra Mundial?
Jesús Hernández Garibay
Del 12 al 14 de este mes se llevó a cabo en la ciudad de Múnich la Conferencia Internacional de Seguridad 2016, con la presencia de políticos, diplomáticos, militares, hombres de negocios, científicos y figuras públicas de más de 40 países del mundo, miembros de la OTAN y la Unión Europea, junto con países influyentes como Rusia, China, Japón, India y otros. La Conferencia es el evento más importante en el ámbito de la seguridad internacional. Lo que resulta de ello es altamente significativo, y en esta ocasión se dijo ahí que el orden mundial atraviesa el momento más dramático desde hace catorce lustros.
En su discurso inaugural, el presidente de la misma, Wolfgang Ischinger, indicaba: “El orden mundial atraviesa probablemente el estado más grave desde el final de la Segunda Guerra Mundial…” Luego, al término del encuentro, bajo la sombra de un creciente pesimismo con respecto a las opciones de éxito del acuerdo sobre Siria alcanzado recién por Estados Unidos y Rusia, el mismo Ischinger reafirmaba: “Dije al principio de la conferencia que la situación era desoladora y tres días de conversaciones no me han hecho cambiar de opinión…”; y resumió que, lo que sobre todo se destacó ahí, fue la “confianza rota”, las “narrativas diametralmente opuestas” y los “instrumentos internacionales inadecuados para resolver conflictos”.
Son cada vez más las voces que se suman a una apreciación similar; y es que las cifras mismas lo sustentan. En este 2016 el presupuesto global de defensa aumentará en el mundo hasta US$1,68 billones, frente a US$1,65 billones en 2015, según indica el informe anual de la publicación “Defence & Security Intelligence & Analysis”, de Londres (IHS Jane). De acuerdo con IHS Jane, el presente año marcará “el retorno al crecimiento de los presupuestos de defensa”, mermados en los últimos tiempos por la crisis económica, y se espera que también la OTAN vea aumentar su dotación por primera vez desde 2010, con Estados Unidos a la cabeza.
China y Rusia son al respecto un contrapeso significativo. Pero la declaración de EUA sobre su disposición a seguir desarrollando un sistema antimisiles en Europa vuelve a confirmar que, en realidad, esa “defensa antimisiles” tiene como objetivo instalaciones rusas. A la vez, actualmente se desarrolla en Texas, el mayor y más caro proyecto nuclear de la historia de ese país, consistente en el desmantelamiento de ojivas antiguas, que son reemplazadas por nuevas. El asunto se discute en el Congreso, pues supondría el incumplimiento de la promesa de Obama de “no desarrollar ningún tipo de arma nuclear con nuevas capacidades”. La gravedad de una decisión como esa, bien nos podría llevar a la Tercera Guerra Mundial como pretendida solución al declive de su hegemonía y del reinado del dólar.
En noviembre último el secretario de Defensa estadounidense Ash Carter acusaba: “No buscamos hacer de Rusia un enemigo. Pero no hay que equivocarse; Estados Unidos defenderá sus intereses, los de nuestros aliados, el ejemplar orden internacional y el futuro positivo que abarca a todos…” Aunque, en verdad, este “futuro positivo” abarque más bien a unos cuantos.
21 de febrero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 21 de febrero de 2016)
El Otoño del Imperio
Del 12 al 14 de este mes se llevó a cabo en la ciudad de Múnich la Conferencia Internacional de Seguridad 2016, con la presencia de políticos, diplomáticos, militares, hombres de negocios, científicos y figuras públicas de más de 40 países del mundo, miembros de la OTAN y la Unión Europea, junto con países influyentes como Rusia, China, Japón, India y otros. La Conferencia es el evento más importante en el ámbito de la seguridad internacional. Lo que resulta de ello es altamente significativo, y en esta ocasión se dijo ahí que el orden mundial atraviesa el momento más dramático desde hace catorce lustros.
En su discurso inaugural, el presidente de la misma, Wolfgang Ischinger, indicaba: “El orden mundial atraviesa probablemente el estado más grave desde el final de la Segunda Guerra Mundial…” Luego, al término del encuentro, bajo la sombra de un creciente pesimismo con respecto a las opciones de éxito del acuerdo sobre Siria alcanzado recién por Estados Unidos y Rusia, el mismo Ischinger reafirmaba: “Dije al principio de la conferencia que la situación era desoladora y tres días de conversaciones no me han hecho cambiar de opinión…”; y resumió que, lo que sobre todo se destacó ahí, fue la “confianza rota”, las “narrativas diametralmente opuestas” y los “instrumentos internacionales inadecuados para resolver conflictos”.
Son cada vez más las voces que se suman a una apreciación similar; y es que las cifras mismas lo sustentan. En este 2016 el presupuesto global de defensa aumentará en el mundo hasta US$1,68 billones, frente a US$1,65 billones en 2015, según indica el informe anual de la publicación “Defence & Security Intelligence & Analysis”, de Londres (IHS Jane). De acuerdo con IHS Jane, el presente año marcará “el retorno al crecimiento de los presupuestos de defensa”, mermados en los últimos tiempos por la crisis económica, y se espera que también la OTAN vea aumentar su dotación por primera vez desde 2010, con Estados Unidos a la cabeza.
China y Rusia son al respecto un contrapeso significativo. Pero la declaración de EUA sobre su disposición a seguir desarrollando un sistema antimisiles en Europa vuelve a confirmar que, en realidad, esa “defensa antimisiles” tiene como objetivo instalaciones rusas. A la vez, actualmente se desarrolla en Texas, el mayor y más caro proyecto nuclear de la historia de ese país, consistente en el desmantelamiento de ojivas antiguas, que son reemplazadas por nuevas. El asunto se discute en el Congreso, pues supondría el incumplimiento de la promesa de Obama de “no desarrollar ningún tipo de arma nuclear con nuevas capacidades”. La gravedad de una decisión como esa, bien nos podría llevar a la Tercera Guerra Mundial como pretendida solución al declive de su hegemonía y del reinado del dólar.
En noviembre último el secretario de Defensa estadounidense Ash Carter acusaba: “No buscamos hacer de Rusia un enemigo. Pero no hay que equivocarse; Estados Unidos defenderá sus intereses, los de nuestros aliados, el ejemplar orden internacional y el futuro positivo que abarca a todos…” Aunque, en verdad, este “futuro positivo” abarque más bien a unos cuantos.
21 de febrero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 21 de febrero de 2016)
El Otoño del Imperio
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