Jesús Hernández Garibay
Del 29 de mayo al 1° de junio último se llevó a cabo la 62ª edición de la reunión anual del llamado “Club Bilderberg”, la selecta organización que reúne a los más importantes mandos de la política, la economía y el poder militar de Europa, Estados Unidos y otros países clave. Todas las ponencias y debates, que se celebraron ahora en el hotel Marriot de Copenhague, Dinamarca, discurrieron en el más absoluto secreto: a puerta cerrada, sin acceso de los medios y sin publicación de conclusiones. Aunque desde el club se insiste en que sus reuniones son sólo un foro de discusión privado, se atribuye al Bilderberg ser el encuentro internacional más trascendente del mundo, en el que se toman las decisiones que más afectan a todos.
De hecho, las conferencias anuales que reúnen a las poco más de cien personas más influyentes del orbe no han dejado de ser el blanco de teorías de la conspiración desde que se reunieran por vez primera en Holanda en 1954. Y es que el selecto club está integrado por inversores internacionales, banqueros, dueños de los principales medios de información, políticos y miembros de la realeza, mientras que otras personas acceden a las reuniones sólo por invitación. Las conclusiones de estos foros nunca se han hecho públicas. El grupo es señalado, por ejemplo, como el autor del proyecto de la ahora Unión Europea, el propulsor del Acuerdo Transpacífico (TPP) firmado por Chile, Perú, Estados Unidos y Japón, y el promotor de la idea de crear una sola Norteamérica, con la integración de México, Canadá y bajo el mando de Estados Unidos.
Acusado de pretender moldear así al planeta a sus intereses particulares, en esta ocasión el controvertido club recibió la visita de 140 personas, 35 de EUA, 13 del Reino Unido y el resto de los principales países europeos, Canadá y China. Con el resultado de las elecciones europeas sobre la mesa, durante cuatro días el grupo intentó “comprender mejor” el sentido en que camina el mundo; en este contexto, otros temas de debate fueron: la sostenibilidad de la recuperación económica, el tema de la privacidad y el intercambio de datos de inteligencia, los grandes cambios en la tecnología, la “trampa de la clase media” en el futuro de la democracia, el panorama político y económico de China, el tema de Ucrania, y lo qué viene para Europa…
Ya en el 2013, durante el curso de sus sesiones el grupo tuvo que lidiar con activistas que le obligaron a debatir brevemente con ellos en el Hotel Grove, de Inglaterra; a la vez, imprevistamente se convirtió en objeto de un agrio debate parlamentario en la Cámara de los Comunes del Reino Unido, unos días después de finalizado el cónclave. Por ello subsiste la preocupación en el mismo de cuidar más la secrecía, aunque ésta hoy se enfrenta a hechos incontrovertibles: acusado de ser una de las formas mediante las cuales el capitalismo, a través de pactos secretos, busca perpetuarse, existen ahora demasiadas voces reclamando transparencia y el cese de los encuentros secretos entre políticos votados en las urnas, la banca, las multinacionales, las agencias de espionaje, “selectos académicos”, la industria del entretenimiento, y diversos conglomerados mediáticos. Máxime que participan banqueros y financieros ─ladrones por protagonistas de los descalabros económicos─, así como dirigentes de organismos internacionales como el FMI y otros, que buscan siempre una guía para manejar la crisis; y la reciben, claro, aunque no en beneficio de las mayorías del orbe.
22 de junio de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 22 de junio de 2014)
El Otoño del Imperio
domingo, 22 de junio de 2014
domingo, 15 de junio de 2014
A 70 Años del Desembarco de Normandía
Jesús Hernández Garibay
El pasado 6 de junio se llevó a cabo el evento conmemorativo del 70 aniversario del desembarco de las tropas occidentales aliadas en playas de Normandía, provincia del noroeste de Francia, acaecido en 1944, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial ─el “segundo frente”, demandado por la Unión Soviética a sus aliados occidentales desde julio de 1941─. A la celebración asistieron una veintena de mandatarios de diversos países; entre otros el norteamericano Barack Obama, el ruso Vladimir Putin, la alemana Ángela Merkel y el británico David Cameron, todos quienes fueron recibidos por el anfitrión, el presidente francés, François Hollande. Publicitada como “la batalla que cambió la Segunda Guerra Mundial”, dicha acción encabezada por estadounidenses e ingleses, fue largamente esperada, antes de ser llevada a cabo.
En el también conocido como el “Día D”, los aliados iniciaron el desembarco de un ejército de 150 mil soldados norteamericanos, británicos y canadienses, acompañados por 5 mil barcos y 13 mil aeronaves. Conocida también como Operación “Overlord”, las tropas aliadas superaron a las defensas organizadas por el mando alemán. La supremacía aérea anglo-norteamericana fue clave para lograr dicho éxito; los aviones aliados destrozaron la mayor parte de los puentes sobre el Sena y el Loira, impidiendo que los alemanes pudieran enviar refuerzos a Normandía. A la vez, las contradicciones en el mando militar alemán, que para esas fechas tenía ya perdida una guerra que costaba la vida de 20 millones de hombres y mujeres soviéticos, contribuyó a que Adolfo Hitler no lograra responder eficazmente al hecho.
Tras el relativo fracaso en la invasión de 1941 y 1942 a Moscú y Leningrado, la guerra comenzó a ser perdida por los alemanes. Lo que en un principio fue un éxito total de la “guerra relámpago” alemana, poco a poco se convirtió en un cada día más mermado propósito. En un desesperado intento, el ejército alemán avanzó hacia Stalingrado, pero ahí las tropas nazis se encontraron con la gran resistencia del pueblo y ejército soviético, y al final fue cercado un ejército alemán cada vez más agotado y desmoralizado; el 31 de enero de 1943 se firmó la rendición. Ésta, y no la de Normandía, fue la batalla clave de la guerra. En adelante, el ejército nazi no cesó de retroceder y el paso del Ejército Rojo por el Rio Niéper en el Frente Oriental fue la señal para los aliados de Occidente de que quien iba a ganar la guerra sería la Unión Soviética.
En efecto, luego de Stalingrado la batalla de Smolensk de agosto a octubre de 1943 fue una gran operación militar que hizo retroceder definitivamente a las fuerzas alemanas y abrió el paso de las tropas soviéticas por el Niéper, en camino final hacia Berlín. Los mandatarios occidentales, conducidos por los capitanes de las fuerzas del “libre mercado” preocupados por el significado mundial de la Unión Soviética, esperaron así durante tres años a que Hitler ganara la guerra en contra de ésta; cuando a principios de 1944 vieron que eso ya era imposible, prepararon entonces la ofensiva que dio lugar al desembarco de Normandía. La intención de fondo de dicho desembarco no era ya, sin embargo, contribuir a “derrotar a Hitler y volver la paz a Europa”, sino ahora llegar a Berlín antes que el Ejército Rojo. Cosa que no logran, aunque si alcanzan a dividir la ciudad en dos sectores: Berlín Oriental y Berlín Occidental, con la consecuente historia posterior ahora conocida.
15 de junio de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 15 de junio de 2014)
El Otoño del Imperio
El pasado 6 de junio se llevó a cabo el evento conmemorativo del 70 aniversario del desembarco de las tropas occidentales aliadas en playas de Normandía, provincia del noroeste de Francia, acaecido en 1944, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial ─el “segundo frente”, demandado por la Unión Soviética a sus aliados occidentales desde julio de 1941─. A la celebración asistieron una veintena de mandatarios de diversos países; entre otros el norteamericano Barack Obama, el ruso Vladimir Putin, la alemana Ángela Merkel y el británico David Cameron, todos quienes fueron recibidos por el anfitrión, el presidente francés, François Hollande. Publicitada como “la batalla que cambió la Segunda Guerra Mundial”, dicha acción encabezada por estadounidenses e ingleses, fue largamente esperada, antes de ser llevada a cabo.
En el también conocido como el “Día D”, los aliados iniciaron el desembarco de un ejército de 150 mil soldados norteamericanos, británicos y canadienses, acompañados por 5 mil barcos y 13 mil aeronaves. Conocida también como Operación “Overlord”, las tropas aliadas superaron a las defensas organizadas por el mando alemán. La supremacía aérea anglo-norteamericana fue clave para lograr dicho éxito; los aviones aliados destrozaron la mayor parte de los puentes sobre el Sena y el Loira, impidiendo que los alemanes pudieran enviar refuerzos a Normandía. A la vez, las contradicciones en el mando militar alemán, que para esas fechas tenía ya perdida una guerra que costaba la vida de 20 millones de hombres y mujeres soviéticos, contribuyó a que Adolfo Hitler no lograra responder eficazmente al hecho.
Tras el relativo fracaso en la invasión de 1941 y 1942 a Moscú y Leningrado, la guerra comenzó a ser perdida por los alemanes. Lo que en un principio fue un éxito total de la “guerra relámpago” alemana, poco a poco se convirtió en un cada día más mermado propósito. En un desesperado intento, el ejército alemán avanzó hacia Stalingrado, pero ahí las tropas nazis se encontraron con la gran resistencia del pueblo y ejército soviético, y al final fue cercado un ejército alemán cada vez más agotado y desmoralizado; el 31 de enero de 1943 se firmó la rendición. Ésta, y no la de Normandía, fue la batalla clave de la guerra. En adelante, el ejército nazi no cesó de retroceder y el paso del Ejército Rojo por el Rio Niéper en el Frente Oriental fue la señal para los aliados de Occidente de que quien iba a ganar la guerra sería la Unión Soviética.
En efecto, luego de Stalingrado la batalla de Smolensk de agosto a octubre de 1943 fue una gran operación militar que hizo retroceder definitivamente a las fuerzas alemanas y abrió el paso de las tropas soviéticas por el Niéper, en camino final hacia Berlín. Los mandatarios occidentales, conducidos por los capitanes de las fuerzas del “libre mercado” preocupados por el significado mundial de la Unión Soviética, esperaron así durante tres años a que Hitler ganara la guerra en contra de ésta; cuando a principios de 1944 vieron que eso ya era imposible, prepararon entonces la ofensiva que dio lugar al desembarco de Normandía. La intención de fondo de dicho desembarco no era ya, sin embargo, contribuir a “derrotar a Hitler y volver la paz a Europa”, sino ahora llegar a Berlín antes que el Ejército Rojo. Cosa que no logran, aunque si alcanzan a dividir la ciudad en dos sectores: Berlín Oriental y Berlín Occidental, con la consecuente historia posterior ahora conocida.
15 de junio de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 15 de junio de 2014)
El Otoño del Imperio
domingo, 8 de junio de 2014
La Revolución del Gas Esquisto en Estados Unidos (Segunda Parte)
Jesús Hernández Garibay
La llamada “revolución” del gas de esquisto o gas natural de lutita (“shale gas”) en Estados Unidos, ha creado grandes expectativas por lo que implica en un renovado impulso a nuevos energéticos y la estimación de que a través de su extracción ese país sería autosuficiente en petróleo y superavitario en gas natural en menos de 30 años, lo que en esta época de crisis y decadencia ofrece una nueva esperanza a la economía nacional. El problema, sin embargo, es que la obtención del “shale gas” está demostrando tener un alto costo para la vida humana; al respecto, un reporte elaborado por la “Alianza Mexicana Contra el Fracking” deja ver que el resultado de la extracción del gas por el método de la “fractura hidráulica” implica graves problemas.
Para la obtención del gas y el petróleo de esquisto, cada pozo necesita de millones de litros de agua mezclada con arena y miles de litros de químicos que incluyen productos tóxicos. Esto significa, dice la Alianza, que “nos despedimos para siempre de estos millones de litros de agua usados para el fracking que no podrán ser usados para otras actividades humanas ni devueltas al ambiente de forma segura…” Así, las aguas residuales representan un grave problema colateral, del cual por cierto no se quiere hablar. Se dice que es posible evaporar el agua contaminada, pero no se aclara lo que ello implica para el medio ambiente, ya lastimado por las emisiones de gas invernadero; diversos científicos calculan que el uso de “shale gas” es incluso peor para el calentamiento global que el uso del carbón.
Durante el más reciente Discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Barack Obama se vanagloriaba acerca del papel que jugaría el “shale gas” en su maltrecha economía y puntualizaba la necesidad de una pronta aprobación de los proyectos productivos previstos para ello. Y al respecto, el pasado 25 de marzo fue anunciado que el “boom” del nuevo gas ha implicado ya una millonaria inversión en la industria química nacional y que más de la mitad de esa inversión proviene de empresas con sede fuera de Estados Unidos; específicamente, de acuerdo con un comunicado del Consejo Americano de la Química, en febrero habían ya por lo menos 148 proyectos nuevos por un valor de 100 mil 200 millones de dólares.
Pero el gobierno está enfrentando un serio problema en sus comunidades: en distintos Estados la fiebre del “fracking” deriva en serios peligros, por la contaminación de las cuencas acuíferas. El sitio en Internet de la organizacion ”Earth Justice” ofrece un amplio listado, tan sólo muestra parcial de los accidentes relacionados con las fracturas: muerte de peces y ganado diverso, contaminación del agua potable, explosiones en zonas cercanas a las casas residenciales, incendios en pozos para residuos, altos niveles de contaminación en el aire, compuestos químicos peligrosos detectados y constantes miniterremotos en zonas no sismicas, entre otros. En todos los casos han sido encontrados componentes químicos tales como benzeno, tolueno, metano, etilbenzina, xileno, que causan dolores de cabeza, nauseas, hemorragias nasales severas, irritaciones oculares y problemas respiratorios; a algunos de estos componentes, se les considera altamente cancerigenos. La lista abarca Estados tales como Louisiana, Texas, Pensilvania, Virginia, Ohio, Oklahoma, Colorado y Wyoming, donde la gente se viene organizando para protestar y oponerse al ”fracking”.
8 de junio de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de junio de 2014)
El Otoño del Imperio
La llamada “revolución” del gas de esquisto o gas natural de lutita (“shale gas”) en Estados Unidos, ha creado grandes expectativas por lo que implica en un renovado impulso a nuevos energéticos y la estimación de que a través de su extracción ese país sería autosuficiente en petróleo y superavitario en gas natural en menos de 30 años, lo que en esta época de crisis y decadencia ofrece una nueva esperanza a la economía nacional. El problema, sin embargo, es que la obtención del “shale gas” está demostrando tener un alto costo para la vida humana; al respecto, un reporte elaborado por la “Alianza Mexicana Contra el Fracking” deja ver que el resultado de la extracción del gas por el método de la “fractura hidráulica” implica graves problemas.
Para la obtención del gas y el petróleo de esquisto, cada pozo necesita de millones de litros de agua mezclada con arena y miles de litros de químicos que incluyen productos tóxicos. Esto significa, dice la Alianza, que “nos despedimos para siempre de estos millones de litros de agua usados para el fracking que no podrán ser usados para otras actividades humanas ni devueltas al ambiente de forma segura…” Así, las aguas residuales representan un grave problema colateral, del cual por cierto no se quiere hablar. Se dice que es posible evaporar el agua contaminada, pero no se aclara lo que ello implica para el medio ambiente, ya lastimado por las emisiones de gas invernadero; diversos científicos calculan que el uso de “shale gas” es incluso peor para el calentamiento global que el uso del carbón.
Durante el más reciente Discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Barack Obama se vanagloriaba acerca del papel que jugaría el “shale gas” en su maltrecha economía y puntualizaba la necesidad de una pronta aprobación de los proyectos productivos previstos para ello. Y al respecto, el pasado 25 de marzo fue anunciado que el “boom” del nuevo gas ha implicado ya una millonaria inversión en la industria química nacional y que más de la mitad de esa inversión proviene de empresas con sede fuera de Estados Unidos; específicamente, de acuerdo con un comunicado del Consejo Americano de la Química, en febrero habían ya por lo menos 148 proyectos nuevos por un valor de 100 mil 200 millones de dólares.
Pero el gobierno está enfrentando un serio problema en sus comunidades: en distintos Estados la fiebre del “fracking” deriva en serios peligros, por la contaminación de las cuencas acuíferas. El sitio en Internet de la organizacion ”Earth Justice” ofrece un amplio listado, tan sólo muestra parcial de los accidentes relacionados con las fracturas: muerte de peces y ganado diverso, contaminación del agua potable, explosiones en zonas cercanas a las casas residenciales, incendios en pozos para residuos, altos niveles de contaminación en el aire, compuestos químicos peligrosos detectados y constantes miniterremotos en zonas no sismicas, entre otros. En todos los casos han sido encontrados componentes químicos tales como benzeno, tolueno, metano, etilbenzina, xileno, que causan dolores de cabeza, nauseas, hemorragias nasales severas, irritaciones oculares y problemas respiratorios; a algunos de estos componentes, se les considera altamente cancerigenos. La lista abarca Estados tales como Louisiana, Texas, Pensilvania, Virginia, Ohio, Oklahoma, Colorado y Wyoming, donde la gente se viene organizando para protestar y oponerse al ”fracking”.
8 de junio de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de junio de 2014)
El Otoño del Imperio
domingo, 1 de junio de 2014
La Revolución del Gas Esquisto en Estados Unidos (Primera Parte)
Jesús Hernández Garibay
Desde hace un par de años se habla de una revolución del gas de esquisto o lutita (“shale gas”, en inglés) en Estados Unidos, y de cómo este original recurso energético está haciendo incluso tambalear los precios del gas natural e influyendo en la actual cotización del crudo. Su producción ha sorprendido al mundo, por su rápido desarrollo y el impacto en las reservas de hidrocarburos; ha entusiasmado a la vez, pues se estima ahora que ese país sería autosuficientes en petróleo y superavitario en gas natural en menos de 30 años. El renovado impulso de los hidrocarburos no-convencionales comienza, así, a ser visto como una verdadera “revolución energética” que ofrece un nuevo dinamismo a la economía del maltratado país.
El gas lutita o esquisto se genera en cuencas arenosas. A través de una técnica llamada de fractura hidráulica, o “fracking”, desarrollada por los mismos estadounidenses, estos vienen creando fisuras subterráneas, las que al inyectar agua, arena y productos químicos para liberar el gas almacenado en las placas arcillosas, permiten lograr perforaciones horizontales y capturar recursos del subsuelo que antes no podían ser explotados; lo que se obtiene entonces es el “shale gas”, y en algunas zonas incluso ya se ha llegado a encontrar petróleo de esquisto. Desde el 2006, EUA comenzó a encontrar en su subsuelo más y más de este gas no convencional, lo suficiente como para que se hable de ese “boom” que, se ha dicho, podría llegar a reconfigurar la geopolítica mundial, como resultado de la obtención de fuentes inmensas de energía barata.
Apenas en 2005 la producción de gas y petróleo estaba declinando y el Departamento de Energía de EUA pronosticaba que ese país tendría que importar hasta el 26 por ciento de su consumo total, para mantenerse en línea con la creciente demanda. Pero ahora la situación ha cambiado; entre 2007 y 2012 la producción de gas de esquisto representó casi el 35 por ciento de la producción total de gas en EUA, cifra que podría llegar a crecer al 50 por ciento para 2030. Y si hablamos de petróleo de esquisto, este podría llegar hasta los 6 millones de barriles al día para el 2020, según un estudio del Centro Belfer de la Universidad de Harvard. Ello implicaría, de acuerdo con algunos expertos, que para el 2020 los estadounidenses serían autosuficientes en materia energética; lo que no es poco decir.
El problema, sin embargo, es que la obtención del “shale gas” tiene un alto costo para la vida humana. Un reporte elaborado por la “Alianza Mexicana contra el Fracking” deja ver que, para lograr el “fracking”, cada pozo necesita de unos 9 a 29 millones de litros de agua. Con el agua se mezclan arena y 300 mil litros de químicos que incluyen productos tóxicos como benceno, tolueno, etilbenceno y xileno. Una vez que esta mezcla se introduce a altas presiones para fracturar la roca, una parte vuelve a salir a la superficie y otra se queda en el subsuelo, lo que provoca que el agua así contaminada alcance a llegar a los mantos acuíferos. Pero a la vez, el recubrimiento de los pozos falla, y el agua contaminada entra en contacto con los mantos por los que pasa. Además, en la superficie se presenta otro problema: no existe tecnología para tratar el agua que contiene los tóxicos introducidos originalmente, sino que además se mezcla con lo que hay en el subsuelo, que incluye hidrocarburos, metales pesados y materiales radioactivos, que generan enfermedades.
1° de junio de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1° de junio de 2014)
El Otoño del Imperio
Desde hace un par de años se habla de una revolución del gas de esquisto o lutita (“shale gas”, en inglés) en Estados Unidos, y de cómo este original recurso energético está haciendo incluso tambalear los precios del gas natural e influyendo en la actual cotización del crudo. Su producción ha sorprendido al mundo, por su rápido desarrollo y el impacto en las reservas de hidrocarburos; ha entusiasmado a la vez, pues se estima ahora que ese país sería autosuficientes en petróleo y superavitario en gas natural en menos de 30 años. El renovado impulso de los hidrocarburos no-convencionales comienza, así, a ser visto como una verdadera “revolución energética” que ofrece un nuevo dinamismo a la economía del maltratado país.
El gas lutita o esquisto se genera en cuencas arenosas. A través de una técnica llamada de fractura hidráulica, o “fracking”, desarrollada por los mismos estadounidenses, estos vienen creando fisuras subterráneas, las que al inyectar agua, arena y productos químicos para liberar el gas almacenado en las placas arcillosas, permiten lograr perforaciones horizontales y capturar recursos del subsuelo que antes no podían ser explotados; lo que se obtiene entonces es el “shale gas”, y en algunas zonas incluso ya se ha llegado a encontrar petróleo de esquisto. Desde el 2006, EUA comenzó a encontrar en su subsuelo más y más de este gas no convencional, lo suficiente como para que se hable de ese “boom” que, se ha dicho, podría llegar a reconfigurar la geopolítica mundial, como resultado de la obtención de fuentes inmensas de energía barata.
Apenas en 2005 la producción de gas y petróleo estaba declinando y el Departamento de Energía de EUA pronosticaba que ese país tendría que importar hasta el 26 por ciento de su consumo total, para mantenerse en línea con la creciente demanda. Pero ahora la situación ha cambiado; entre 2007 y 2012 la producción de gas de esquisto representó casi el 35 por ciento de la producción total de gas en EUA, cifra que podría llegar a crecer al 50 por ciento para 2030. Y si hablamos de petróleo de esquisto, este podría llegar hasta los 6 millones de barriles al día para el 2020, según un estudio del Centro Belfer de la Universidad de Harvard. Ello implicaría, de acuerdo con algunos expertos, que para el 2020 los estadounidenses serían autosuficientes en materia energética; lo que no es poco decir.
El problema, sin embargo, es que la obtención del “shale gas” tiene un alto costo para la vida humana. Un reporte elaborado por la “Alianza Mexicana contra el Fracking” deja ver que, para lograr el “fracking”, cada pozo necesita de unos 9 a 29 millones de litros de agua. Con el agua se mezclan arena y 300 mil litros de químicos que incluyen productos tóxicos como benceno, tolueno, etilbenceno y xileno. Una vez que esta mezcla se introduce a altas presiones para fracturar la roca, una parte vuelve a salir a la superficie y otra se queda en el subsuelo, lo que provoca que el agua así contaminada alcance a llegar a los mantos acuíferos. Pero a la vez, el recubrimiento de los pozos falla, y el agua contaminada entra en contacto con los mantos por los que pasa. Además, en la superficie se presenta otro problema: no existe tecnología para tratar el agua que contiene los tóxicos introducidos originalmente, sino que además se mezcla con lo que hay en el subsuelo, que incluye hidrocarburos, metales pesados y materiales radioactivos, que generan enfermedades.
1° de junio de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1° de junio de 2014)
El Otoño del Imperio
domingo, 25 de mayo de 2014
Benghazi: Una Piedra Más en el Zapato de Obama
Jesús Hernández Garibay
El 11 de septiembre de 2012 se produjo el asalto al consulado estadounidense en Benghazi, en esa ciudad del este de Libia. El asalto provocó la muerte de varias personas, entre ellas la del embajador estadounidense en el país africano, Christopher Stevens, así como la de varios soldados y funcionarios. La respuesta inmediata al inesperado suceso fue el envío, por parte de Washington, de 50 marines de la Flota del Equipo de Seguridad Antiterrorista y dos buques de guerra a Libia, así como evacuar a su personal diplomático en el país. Pero a la vez y desde entonces, el evento fue convertido en un punto de aguda crítica para la presidencia de Barack Obama, que supone que si el mandatario hubiese actuado a tiempo, el embajador y sus custodios estarían hoy reunidos con sus familias.
Hasta hace un tiempo la Casa Blanca podía considerar que el hecho era un tema olvidado y que no influiría sobre los comicios electorales de 2014 y 2016. No obstante, la organización “Judicial Watch” interpuso de tiempo atrás una demanda que obligó al gobierno a dar a conocer el contenido de documentos que no se habían hecho públicos en año y medio. Ahora, la revelación de correos electrónicos sobre el tema, originados un día después de la masacre por el asesor presidencial Ben Rhodes, destapó una Caja de Pandora que dicen, tiene el potencial de convertirse en un nuevo “Watergate”, pues en esos correos Rhodes instruye a Susan Rice, embajadora de Estados Unidos en Naciones Unidas, sobre la forma en que debía explicar los acontecimientos en el curso de cinco comparecencias televisadas el domingo 16 de septiembre del 2012.
Siguiendo las instrucciones de Rhodes, la Embajadora Rice ofreció en todas sus comparecencias la versión de que el ataque al Consulado había sido una reacción espontánea contra un video aficionado norteamericano donde se atacaba al Profeta Mahoma, y no un acto terrorista orquestado por Al Qaeda. La versión, sin embargo, no ha sido del agrado de grupos conservadores; desde hace meses estos grupos insisten en que la Casa Blanca miente, pues entre otros datos existen alertas preventivas de gobiernos acerca de la preparación del ataque por Al Qaeda, que no tomaron en cuenta ni Obama ni Hillary Clinton, entonces encargada del Departamento de Estado. Hasta hace unas semanas el republicano John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes, se había resistido a nombrar un Comité que investigara el escándalo; ahora, ante la presunta evidencia de encubrimiento, no tuvo más alternativa que acceder a su creación.
En enero pasado, J. D. Gordon, un comandante retirado de la Armada publicaba un artículo en la página editorial del diario “USA Today”, en el que escribe que el alegato de que Al Qaeda no estuvo involucrada “no solo contradice a las autoridades de inteligencia de EUA…, sino que a propósito minimiza el peligro que representa para todos los estadounidenses una amplia variedad de grupos terroristas islámicos radicales…” Este artículo editorial, en un periódico de amplia circulación en Estados Unidos, no es más que una de las muchas expresiones de malestar proyectadas en los medios, en contra del supuesto encubrimiento presente en el entorno del gobierno de Obama que, como han dicho algunos, amenaza con colocar al presidente “en medio de la tormenta perfecta para un enjuiciamiento…” Un sueño, claro, largamente acariciado por el “Tea Party” desde que toma posesión Obama en 2009.
25 de mayo de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 25 de mayo de 2014)
El Otoño del Imperio
El 11 de septiembre de 2012 se produjo el asalto al consulado estadounidense en Benghazi, en esa ciudad del este de Libia. El asalto provocó la muerte de varias personas, entre ellas la del embajador estadounidense en el país africano, Christopher Stevens, así como la de varios soldados y funcionarios. La respuesta inmediata al inesperado suceso fue el envío, por parte de Washington, de 50 marines de la Flota del Equipo de Seguridad Antiterrorista y dos buques de guerra a Libia, así como evacuar a su personal diplomático en el país. Pero a la vez y desde entonces, el evento fue convertido en un punto de aguda crítica para la presidencia de Barack Obama, que supone que si el mandatario hubiese actuado a tiempo, el embajador y sus custodios estarían hoy reunidos con sus familias.
Hasta hace un tiempo la Casa Blanca podía considerar que el hecho era un tema olvidado y que no influiría sobre los comicios electorales de 2014 y 2016. No obstante, la organización “Judicial Watch” interpuso de tiempo atrás una demanda que obligó al gobierno a dar a conocer el contenido de documentos que no se habían hecho públicos en año y medio. Ahora, la revelación de correos electrónicos sobre el tema, originados un día después de la masacre por el asesor presidencial Ben Rhodes, destapó una Caja de Pandora que dicen, tiene el potencial de convertirse en un nuevo “Watergate”, pues en esos correos Rhodes instruye a Susan Rice, embajadora de Estados Unidos en Naciones Unidas, sobre la forma en que debía explicar los acontecimientos en el curso de cinco comparecencias televisadas el domingo 16 de septiembre del 2012.
Siguiendo las instrucciones de Rhodes, la Embajadora Rice ofreció en todas sus comparecencias la versión de que el ataque al Consulado había sido una reacción espontánea contra un video aficionado norteamericano donde se atacaba al Profeta Mahoma, y no un acto terrorista orquestado por Al Qaeda. La versión, sin embargo, no ha sido del agrado de grupos conservadores; desde hace meses estos grupos insisten en que la Casa Blanca miente, pues entre otros datos existen alertas preventivas de gobiernos acerca de la preparación del ataque por Al Qaeda, que no tomaron en cuenta ni Obama ni Hillary Clinton, entonces encargada del Departamento de Estado. Hasta hace unas semanas el republicano John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes, se había resistido a nombrar un Comité que investigara el escándalo; ahora, ante la presunta evidencia de encubrimiento, no tuvo más alternativa que acceder a su creación.
En enero pasado, J. D. Gordon, un comandante retirado de la Armada publicaba un artículo en la página editorial del diario “USA Today”, en el que escribe que el alegato de que Al Qaeda no estuvo involucrada “no solo contradice a las autoridades de inteligencia de EUA…, sino que a propósito minimiza el peligro que representa para todos los estadounidenses una amplia variedad de grupos terroristas islámicos radicales…” Este artículo editorial, en un periódico de amplia circulación en Estados Unidos, no es más que una de las muchas expresiones de malestar proyectadas en los medios, en contra del supuesto encubrimiento presente en el entorno del gobierno de Obama que, como han dicho algunos, amenaza con colocar al presidente “en medio de la tormenta perfecta para un enjuiciamiento…” Un sueño, claro, largamente acariciado por el “Tea Party” desde que toma posesión Obama en 2009.
25 de mayo de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 25 de mayo de 2014)
El Otoño del Imperio
domingo, 18 de mayo de 2014
Crece el Número de Trabajos Precarios en Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
El pasado 5 de mayo, el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Ángel Gurría, señalaba que, según las previsiones del organismo, la economía global crecerá un 3,5% en 2014. En su discurso durante la apertura del “Forum 2014” de la OCDE, Gurría señalaba que la economía global está mostrando “importantes signos de mejora”; no obstante, afirmaba que los progresos registrados “no son suficientes” para acabar con el desempleo, que afecta a 202 millones de trabajadores y de manera particular a 73 millones de jóvenes. Recién en Estados Unidos se vive, al respecto, un aliento, pues el índice del desempleo para el mes de abril ha mejorado; el problema se mantiene, sin embargo, agravado por las condiciones adversas de quienes sí trabajan, en condiciones precarias.
En efecto, a pesar de que la cifra de los trabajos formales mejora, un creciente número de trabajadores en EUA no cuenta con un trabajo estable de largo plazo, vinculado a un negocio en particular. Por el contrario, muchos trabajadores laboran en trabajos temporales, por obra o tiempo determinado, en empleos precarios sin mayores prestaciones. Ello pone al trabajador a expensas de su patrón, que puede despedirlo en el momento en que lo desee, lo que implica un régimen de inseguridad laboral sin derecho a seguridad social y pensión. El asunto no es menor, pues la Oficina de Cuentas Nacionales estima que dicha condición alcanza al 30 por ciento del total de los trabajadores, los cuales son empleados en alguno de los tipos de “contrato de trabajo contingente” que incluye a trabajadores independientes de tiempo parcial (“freelancers”).
Los trabajadores por obra o tiempo determinado son empleados en toda la economía formal, en todas las industrias y en prácticamente todas las ocupaciones. Dicho empleo incluye a trabajadores por obra contratada con sueldos bajos en la agricultura, la construcción, la industria, el comercio minorista y los servicios. De manera particular, es en la educación superior donde se ubica uno de los sectores más afectados: gran cantidad de profesores adjuntos, que son contratados profusamente en cada ciclo escolar para dar clases frente a pizarrón, con sueldos bajos y sin prestaciones. De hecho, las cifras muestran que a principios de los ochenta el 40 por ciento de los profesores en Colegios y Universidades tenían un “trabajo contingente”, mientras que hoy rebasan el 70 por ciento del total (Friedman, “Truthout”, 9 de mayo de 2014).
En su discurso, el secretario general de la OCDE añadía que son insuficientes los esfuerzos que se han hecho para resolver la economía mundial; sobre todo, decía, cuando las desigualdades en muchos países están creciendo ahora más rápido que antes de la crisis, y cuando la confianza en líderes, gobiernos, parlamentos, empresas, bancos, agencias de rating, reguladores y medios de comunicación “se está erosionando y alcanzando niveles mínimos récord…” Como quiera, lo cierto es que es el “libre mercado” el que manda; de hecho, a partir de la recesión económica de principios del nuevo siglo y de la anémica recuperación desde el 2007 hasta el presente, los patrones han rechazado los contratos de trabajo de largo plazo y los trabajadores han tenido que aceptar de facto la creciente precariedad en el empleo. Así, ninguna acción de política educativa o laboral, por contundente que parezca, podrá mejorar la perspectiva del empleo/desempleo, ni en Estados Unidos ni en el resto del mundo
18 de mayo de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 18 de mayo de 2014)
El Otoño del Imperio
El pasado 5 de mayo, el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Ángel Gurría, señalaba que, según las previsiones del organismo, la economía global crecerá un 3,5% en 2014. En su discurso durante la apertura del “Forum 2014” de la OCDE, Gurría señalaba que la economía global está mostrando “importantes signos de mejora”; no obstante, afirmaba que los progresos registrados “no son suficientes” para acabar con el desempleo, que afecta a 202 millones de trabajadores y de manera particular a 73 millones de jóvenes. Recién en Estados Unidos se vive, al respecto, un aliento, pues el índice del desempleo para el mes de abril ha mejorado; el problema se mantiene, sin embargo, agravado por las condiciones adversas de quienes sí trabajan, en condiciones precarias.
En efecto, a pesar de que la cifra de los trabajos formales mejora, un creciente número de trabajadores en EUA no cuenta con un trabajo estable de largo plazo, vinculado a un negocio en particular. Por el contrario, muchos trabajadores laboran en trabajos temporales, por obra o tiempo determinado, en empleos precarios sin mayores prestaciones. Ello pone al trabajador a expensas de su patrón, que puede despedirlo en el momento en que lo desee, lo que implica un régimen de inseguridad laboral sin derecho a seguridad social y pensión. El asunto no es menor, pues la Oficina de Cuentas Nacionales estima que dicha condición alcanza al 30 por ciento del total de los trabajadores, los cuales son empleados en alguno de los tipos de “contrato de trabajo contingente” que incluye a trabajadores independientes de tiempo parcial (“freelancers”).
Los trabajadores por obra o tiempo determinado son empleados en toda la economía formal, en todas las industrias y en prácticamente todas las ocupaciones. Dicho empleo incluye a trabajadores por obra contratada con sueldos bajos en la agricultura, la construcción, la industria, el comercio minorista y los servicios. De manera particular, es en la educación superior donde se ubica uno de los sectores más afectados: gran cantidad de profesores adjuntos, que son contratados profusamente en cada ciclo escolar para dar clases frente a pizarrón, con sueldos bajos y sin prestaciones. De hecho, las cifras muestran que a principios de los ochenta el 40 por ciento de los profesores en Colegios y Universidades tenían un “trabajo contingente”, mientras que hoy rebasan el 70 por ciento del total (Friedman, “Truthout”, 9 de mayo de 2014).
En su discurso, el secretario general de la OCDE añadía que son insuficientes los esfuerzos que se han hecho para resolver la economía mundial; sobre todo, decía, cuando las desigualdades en muchos países están creciendo ahora más rápido que antes de la crisis, y cuando la confianza en líderes, gobiernos, parlamentos, empresas, bancos, agencias de rating, reguladores y medios de comunicación “se está erosionando y alcanzando niveles mínimos récord…” Como quiera, lo cierto es que es el “libre mercado” el que manda; de hecho, a partir de la recesión económica de principios del nuevo siglo y de la anémica recuperación desde el 2007 hasta el presente, los patrones han rechazado los contratos de trabajo de largo plazo y los trabajadores han tenido que aceptar de facto la creciente precariedad en el empleo. Así, ninguna acción de política educativa o laboral, por contundente que parezca, podrá mejorar la perspectiva del empleo/desempleo, ni en Estados Unidos ni en el resto del mundo
18 de mayo de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 18 de mayo de 2014)
El Otoño del Imperio
viernes, 9 de mayo de 2014
El Peligro de una Guerra Civil y Militar en Ucrania
Jesús Hernández Garibay
El pasado 29 de abril, el ministro de Defensa de Rusia, Serguéi Shoigú, denunció el aumento de la presencia militar de Estados Unidos y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) cerca de las fronteras de su país; un hecho que, aseguró, “no tiene precedentes” en la historia contemporánea. Shoigú manifestaba que, bajo el pretexto de una “lucha contra el terrorismo”, el gobierno golpista de Kiev concentró cerca de 80 carros de combate, más de 130 vehículos blindados, al menos 60 piezas de artillería, además de aviones de guerra, helicópteros y miles de tropas militares, al este de su territorio. Semanas antes, de su lado el gobierno de EUA anunció que comenzaría a realizar ejercicios militares conjuntos en países aledaños a Rusia, dejando ver un posible escalamiento en el conflicto provocado por Occidente en Ucrania.
Más allá del asunto de Crimea ─cuyos habitantes a pesar del revuelo que causó entre los gobiernos de Occidente, se acogieron finalmente luego de un referéndum a la Federación Rusa─, lo que ahora está preocupando más a estos gobiernos es el agravamiento de un conflicto social y político en el resto de Ucrania, que ellos mismos despertaron como resultado del golpe de Estado en contra de un gobierno, sí blandengue pero finalmente constituido legalmente: el descontento social con el “libre mercado” que, luego de la desaparición de la Unión Soviética, reinstauraron en los territorios de Europa del Este. A lo largo de las últimas semanas, en las sedes de las administraciones regionales en Lugansk, Górlovka, Donetsk y Slaviansk, al este de Ucrania, crece el clamor de amplios sectores sociales por llevar a cabo ahí también referéndums similares al realizado en Crimea, e incluso decretar una “república popular” en sus territorios.
En efecto, diversas milicias ciudadanas comienzan a autoproclamar en Lugansk la creación de un estado soberano con el nombre de “República Popular de Lugansk”, en tanto que en Donetsk hablan ya abiertamente de la “República Popular de Donetsk”. La ambición, así, por parte de EUA y la Unión Europea de imponer a un gobierno fiel a sus intereses, despierta ahora un fantasma que sólo dormía en el curso de la historia post-guerra fría. Inevitablemente, porque como lo manifestara una ciudadana, Juliana Anatoliyevna, frente al edificio municipal de la también agitada ciudad de Kosryantynivka: “Ya nos esperábamos que pasara esto. Hemos visto otros lugares volverse libres y nosotros estábamos esperando. Hemos tenido 22 años de Ucrania y todo lo que nos ha dado es miseria, cierre de industrias y desempleo. Lo único que queremos ahora es un referéndum, tan pronto como sea posible…” (“The Independent”, 29/04/14).
Cierto, estamos hablando del este de Ucrania y no del resto del país, pero, por si las dudas y por lo que está ya aconteciendo, la Casa Blanca ha decidido por ahora, junto con la OTAN, iniciar ejercicios militares limitados pero en alerta, en los territorios de Polonia, Lituania, Estonia y Letonia, así como ampliar sus relaciones militares con Rumanía, Moldavia, Armenia y Azerbaiyán, además de haber estacionado ya 12 cazas F-16 en Polonia y al destructor Truxtun en el Mar Negro. Así, escala peligrosamente el problema en Ucrania, caldeado aún más por las declaraciones del secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, sobre la necesidad de “contener a Rusia”, y de la “histeria antirrusa” desencadenada por la prensa occidental en torno al conflicto.
9 de mayo de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 11 de mayo de 2014)
El Otoño del Imperio
El pasado 29 de abril, el ministro de Defensa de Rusia, Serguéi Shoigú, denunció el aumento de la presencia militar de Estados Unidos y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) cerca de las fronteras de su país; un hecho que, aseguró, “no tiene precedentes” en la historia contemporánea. Shoigú manifestaba que, bajo el pretexto de una “lucha contra el terrorismo”, el gobierno golpista de Kiev concentró cerca de 80 carros de combate, más de 130 vehículos blindados, al menos 60 piezas de artillería, además de aviones de guerra, helicópteros y miles de tropas militares, al este de su territorio. Semanas antes, de su lado el gobierno de EUA anunció que comenzaría a realizar ejercicios militares conjuntos en países aledaños a Rusia, dejando ver un posible escalamiento en el conflicto provocado por Occidente en Ucrania.
Más allá del asunto de Crimea ─cuyos habitantes a pesar del revuelo que causó entre los gobiernos de Occidente, se acogieron finalmente luego de un referéndum a la Federación Rusa─, lo que ahora está preocupando más a estos gobiernos es el agravamiento de un conflicto social y político en el resto de Ucrania, que ellos mismos despertaron como resultado del golpe de Estado en contra de un gobierno, sí blandengue pero finalmente constituido legalmente: el descontento social con el “libre mercado” que, luego de la desaparición de la Unión Soviética, reinstauraron en los territorios de Europa del Este. A lo largo de las últimas semanas, en las sedes de las administraciones regionales en Lugansk, Górlovka, Donetsk y Slaviansk, al este de Ucrania, crece el clamor de amplios sectores sociales por llevar a cabo ahí también referéndums similares al realizado en Crimea, e incluso decretar una “república popular” en sus territorios.
En efecto, diversas milicias ciudadanas comienzan a autoproclamar en Lugansk la creación de un estado soberano con el nombre de “República Popular de Lugansk”, en tanto que en Donetsk hablan ya abiertamente de la “República Popular de Donetsk”. La ambición, así, por parte de EUA y la Unión Europea de imponer a un gobierno fiel a sus intereses, despierta ahora un fantasma que sólo dormía en el curso de la historia post-guerra fría. Inevitablemente, porque como lo manifestara una ciudadana, Juliana Anatoliyevna, frente al edificio municipal de la también agitada ciudad de Kosryantynivka: “Ya nos esperábamos que pasara esto. Hemos visto otros lugares volverse libres y nosotros estábamos esperando. Hemos tenido 22 años de Ucrania y todo lo que nos ha dado es miseria, cierre de industrias y desempleo. Lo único que queremos ahora es un referéndum, tan pronto como sea posible…” (“The Independent”, 29/04/14).
Cierto, estamos hablando del este de Ucrania y no del resto del país, pero, por si las dudas y por lo que está ya aconteciendo, la Casa Blanca ha decidido por ahora, junto con la OTAN, iniciar ejercicios militares limitados pero en alerta, en los territorios de Polonia, Lituania, Estonia y Letonia, así como ampliar sus relaciones militares con Rumanía, Moldavia, Armenia y Azerbaiyán, además de haber estacionado ya 12 cazas F-16 en Polonia y al destructor Truxtun en el Mar Negro. Así, escala peligrosamente el problema en Ucrania, caldeado aún más por las declaraciones del secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, sobre la necesidad de “contener a Rusia”, y de la “histeria antirrusa” desencadenada por la prensa occidental en torno al conflicto.
9 de mayo de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 11 de mayo de 2014)
El Otoño del Imperio
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