Jesús Hernández Garibay
El más reciente viaje como Jefe de Estado del presidente Donald Trump, tras sus polémicas visitas a Bruselas y Londres marcadas por las duras críticas hechas contra sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y contra la primera ministra británica Theresa May, incluyó como se sabe, una entrevista ulterior con el presidente Vladimir Putin, un dirigente con el que Estados Unidos había mantenido antes numerosos puntos de conflicto.
Previo a dicha cumbre, llevada a cabo el lunes 16 de julio en Helsinki, Finlandia, ya se anunciaba que las conversaciones incluirían temas de comercio, lo militar y los misiles, las armas nucleares y el gigante China. No se mencionaba que fuera a tratarse la supuesta “intromisión” de Rusia en las elecciones de EUA y Trump centraba su atención más bien, en “las grandes oportunidades” que no se habían aprovechado a lo largo de los últimos años, por culpa, decía, de “la insensatez y estupidez” de los gobernantes anteriores de su país.
En una entrevista difundida por la cadena CBS en la víspera de la reunión con su homólogo, Trump se precavía de las eventuales críticas que al volver a casa le harían, y tildaba a Rusia, a la Unión Europea y a China, por razones diversas, de ser “enemigos” de Estados Unidos. La Unión Europea, “por lo que nos hacen en comercio”; Rusia “en ciertos aspectos”, y China “en lo económico”. Pero agregaba: “…eso no significa que sean malos. No significa nada. Significa que son competitivos”.
Como ya se esperaba, después de la Conferencia de Prensa conjunta al término de la cumbre, la líder demócrata Nancy Pelosi, representante por California, aseguraba que Trump había mostrado “debilidad frente a Putin...; lo cual es una prueba ―decía―, de que los rusos ‘tienen algo’ con el presidente, personal, económica o políticamente”. En tanto, Trump acusaba a los demócratas y a republicanos que también lo criticaban, de desatar una “cacería de brujas” en connivencia, apuntaba, con “el enemigo real de la gente: la prensa embustera…”
En el entorno de las duras críticas bipartidistas contra Trump, en una entrevista de Fox News realizada después de la cumbre y sobre el tema específico de la supuesta “intromisión electoral”, el presidente Putin tachaba de “completamente ridículo” el que algunos todavía pensaran que los rusos “pudieran haber persuadido a millones de votantes estadounidenses” en las elecciones de 2016. “¿Creen que nuestros servicios especiales ―añadía―, realmente organizaban la vigilancia sobre todos y cada uno de ellos?” Y terminaba: “…a diferencia de los Estados Unidos, no lo hacemos, no tenemos suficientes recursos, no tenemos suficiente mano de obra para organizar el estado total del control. No es parte de nuestros planes”.
“La cumbre con Rusia fue un gran éxito ―remataba luego Trump en un tweet, como lo hizo para el caso del líder de Corea del Norte―. Estoy viendo la posibilidad de un segundo encuentro, de tal manera que comencemos a implementar algunos de los múltiples temas que se discutieron, incluyendo el comercio, el terrorismo, la seguridad y los asuntos nucleares”.
30 de julio de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 29 de julio de 2018)
El Otoño del Imperio
lunes, 30 de julio de 2018
jueves, 12 de julio de 2018
La Historia No Escrita del Cuarto Reich (Segunda Parte)
Jesús Hernández Garibay
El tema del proyecto y cimentación de un IV Reich desde Sudamérica es, desde luego, uno muy conocido y tratado ya, muchos años antes del inicio de las investigaciones hechas para el Canal History Channel, relatadas hace quince días. Incontables notas periodísticas y libros fueron y siguen siendo escritos en distintos países de la región, como Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Chile mismo. “¡Bormann Vive! La Historia del IV Reich en Sudamérica”, “Los Nazis en Chile”, “Ultramar Sur. La última operación secreta del Tercer Reich”, son sólo un ejemplo de lo escrito al respecto por colegas sudamericanos.
En algunos se enfatiza el tema del escape de Hitler y su muerte en el subcontinente, mientras otros le siguen las huellas a varios altos oficiales de las SS que cubrieron la llegada del Führer y operaron desde varios países en busca de una infraestructura necesaria para el efluvio de los planes nazis. La fabricación de armamento para, según se estima, los alrededor de nueve mil soldados nazis que vinieron antes y después de 1945; la construcción de un complejo militar en el que se intentaron crear armas nucleares; los multitudinarios eventos nazis en Argentina; el diseño, producción y utilización de modernos aviones a reacción que sólo algunos países en el mundo eran capaces de lograr…
Con la ayuda de una red de antiguos miembros de las SS ya presentes ahí, Josef Mengele, el tétrico “médico de Auschwitz”, arribó a la Argentina siendo perseguido, en julio de 1949. En un principio vivió en Buenos Aires y sus alrededores, pero luego tuvo que huir a Paraguay en 1959 y a Brasil en 1960. Regresó a Paraguay protegido por el gobierno del dictador Alfredo Stroessner y, aunque escondido, mantuvo hasta su muerte en 1979 siempre la idea de apoyar desde el Atlántico los planes que Walter Rauff cumplía en Chile para la edificación de ese IV Reich, que se relataron en la primera parte de este mismo artículo.
Martin Bormann, Vice-Führer de Adolfo Hitler y uno de los hombres más influyentes sobre el dictador alemán que se hayan conocido, desde 1945 se había transformado en el virtual depositario de las esperanzas de su jefe para la refundación del Reich. El plan ya desde entonces era el de hacerlo realidad, pero en Sudamérica, con el apoyo tanto de Mengele como de la funesta Odessa alemana, “La Araña”, cuyo centro mundial estaba ya radicado en Bariloche, provincia de Río Negro, Argentina desde antes de terminar la guerra, y cuya principal labor era el traslado, protección y entrenamiento de miles de espías y agentes alemanes en este país desde la época de la guerra.
¿Hitler los acompañaba vivo, tras bambalinas? Pareciera, pues según la pesquisa apoyada en testimonios, del periodista brasileño Marcelo Netto, el Führer habría muerto en algún lugar entre Argentina y Chile el 5 de febrero de 1971, y habrían sido luego exhumados y trasladados sus restos a Asunción del Paraguay, para ser sepultado ahí dos años más tarde. Verdad o no, la historia no escrita aún, completa, revela una lógica bastante coherente…
12 de julio de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 15 de julio de 2018)
El Otoño del Imperio
El tema del proyecto y cimentación de un IV Reich desde Sudamérica es, desde luego, uno muy conocido y tratado ya, muchos años antes del inicio de las investigaciones hechas para el Canal History Channel, relatadas hace quince días. Incontables notas periodísticas y libros fueron y siguen siendo escritos en distintos países de la región, como Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Chile mismo. “¡Bormann Vive! La Historia del IV Reich en Sudamérica”, “Los Nazis en Chile”, “Ultramar Sur. La última operación secreta del Tercer Reich”, son sólo un ejemplo de lo escrito al respecto por colegas sudamericanos.
En algunos se enfatiza el tema del escape de Hitler y su muerte en el subcontinente, mientras otros le siguen las huellas a varios altos oficiales de las SS que cubrieron la llegada del Führer y operaron desde varios países en busca de una infraestructura necesaria para el efluvio de los planes nazis. La fabricación de armamento para, según se estima, los alrededor de nueve mil soldados nazis que vinieron antes y después de 1945; la construcción de un complejo militar en el que se intentaron crear armas nucleares; los multitudinarios eventos nazis en Argentina; el diseño, producción y utilización de modernos aviones a reacción que sólo algunos países en el mundo eran capaces de lograr…
Con la ayuda de una red de antiguos miembros de las SS ya presentes ahí, Josef Mengele, el tétrico “médico de Auschwitz”, arribó a la Argentina siendo perseguido, en julio de 1949. En un principio vivió en Buenos Aires y sus alrededores, pero luego tuvo que huir a Paraguay en 1959 y a Brasil en 1960. Regresó a Paraguay protegido por el gobierno del dictador Alfredo Stroessner y, aunque escondido, mantuvo hasta su muerte en 1979 siempre la idea de apoyar desde el Atlántico los planes que Walter Rauff cumplía en Chile para la edificación de ese IV Reich, que se relataron en la primera parte de este mismo artículo.
Martin Bormann, Vice-Führer de Adolfo Hitler y uno de los hombres más influyentes sobre el dictador alemán que se hayan conocido, desde 1945 se había transformado en el virtual depositario de las esperanzas de su jefe para la refundación del Reich. El plan ya desde entonces era el de hacerlo realidad, pero en Sudamérica, con el apoyo tanto de Mengele como de la funesta Odessa alemana, “La Araña”, cuyo centro mundial estaba ya radicado en Bariloche, provincia de Río Negro, Argentina desde antes de terminar la guerra, y cuya principal labor era el traslado, protección y entrenamiento de miles de espías y agentes alemanes en este país desde la época de la guerra.
¿Hitler los acompañaba vivo, tras bambalinas? Pareciera, pues según la pesquisa apoyada en testimonios, del periodista brasileño Marcelo Netto, el Führer habría muerto en algún lugar entre Argentina y Chile el 5 de febrero de 1971, y habrían sido luego exhumados y trasladados sus restos a Asunción del Paraguay, para ser sepultado ahí dos años más tarde. Verdad o no, la historia no escrita aún, completa, revela una lógica bastante coherente…
12 de julio de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 15 de julio de 2018)
El Otoño del Imperio
viernes, 29 de junio de 2018
La Historia No Escrita del Cuarto Reich en Sudamérica (Primera Parte)
Jesús Hernández Garibay
“Persiguiendo a Hitler” es una serie-documental de History Channel (HC) en su tercera temporada, centrado en un grupo de investigadores que sigue las pistas que intentan probar la hipótesis según la cual Adolfo Hitler no se suicidó en Berlín en abril de 1945, sino que preveía llegar a Sudamérica. Una sagaz investigación que deja ver que la intención de los nazis no era huir para esconderse y vivir clandestinos hasta el final de sus días, sino escapar para preparar la infraestructura necesaria con el manifiesto propósito de construir desde ahí un Cuarto Reich.
La serie revela que a comienzos de 2014 el FBI desclasificó cientos de documentos confidenciales que afirmaban que el Führer no se habría suicidado, sino que habría escapado después de la caída de Alemania. Un memo del propio J. Edgar Hoover, entonces director del organismo, señalaba: “Los oficiales del ejército estadounidense en Alemania no han localizado el cuerpo de Hitler y no hay ninguna fuente confiable que diga definitivamente que Hitler está muerto”.
Más allá de entrar en la polémica de si de acuerdo con un estudio estadounidense dado a conocer desde el 2009 un fragmento del cráneo que se cree provino de Adolfo Hitler era en realidad el de una mujer no identificada entre los 20 y los 40 años, o si como lo asevera recién en este 2018 un grupo de científicos franceses, el examen de fragmentos de los dientes de Hitler que se conservaron en Rusia del mismo cráneo, confirma la opinión generalizada de que el dictador murió en su búnker de Berlín, lo importante son otros datos harto reveladores de la investigación hecha por History Channel.
La serie da cuenta, mediante reportes de testigos y contacto con personas relacionadas, del inusual trasiego de dinero y la presencia de cientos de alemanes nazis que llegaron a Sudamérica, y luego de mostrar evidencias acerca de un posible viaje en submarino de las Islas Canarias hasta la Argentina, apoyado por Franco en España, encuentra pistas sobre la presencia del mismo Hitler y guardias nazis tanto en Inalco, Río Negro, como en la parte alta de la selva de Misiones, misteriosas guaridas y restos de complejos militares con edificios, artefactos nazis y estructuras de opulencia sin explicación mayor.
Pero lo más trascendente es cómo Walter Rauff y Joseph Mengele, altos oficiales de las SS y brazos principales del Führer, vivían ya en Sudamérica y fueron de hecho asignados a Chile uno y a Paraguay el otro. Y cómo Rauff, autor de los campos de concentración itinerantes y responsable en Alemania de más de 100 mil muertes, cumplió en Chile un papel cardinal desde la llamada “Colonia Dignidad”, otro complejo militar que contaba con sofisticado equipo de comunicaciones y una Torre de radio a 900 metros de altura y alcance para toda Sudamérica, desde la cual él personalmente tuteló 754 centros de tortura distribuidos en todo el territorio chileno que ostentaban la bandera nazi junto a la chilena y eran dirigidos por oficiales nazis.
De hecho, Rauff sería en Chile tanto el poder tras el trono al dirigir años después la infame Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) pinochetista, como figura central en la meticulosa preparación de un plan: la destrucción del Canal de Panamá, en manos en ese entonces de Estados Unidos, que anunciaría la inauguración del Cuarto Reich desde Chile bajo la guía de una cuarta copia del Testamento de Hitler escrito desde abril de 1945 en Alemania y que en Sudamérica circuló clandestinamente; un llamado a “la expansión del Estado nacional socialista”, y virtualmente un intento de Hitler por regresar al poder con la ayuda de sus ricos simpatizantes de toda la región. Y con Mengele desde Paraguay...
29 de junio de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1° de julio de 2018)
El Otoño del Imperio
“Persiguiendo a Hitler” es una serie-documental de History Channel (HC) en su tercera temporada, centrado en un grupo de investigadores que sigue las pistas que intentan probar la hipótesis según la cual Adolfo Hitler no se suicidó en Berlín en abril de 1945, sino que preveía llegar a Sudamérica. Una sagaz investigación que deja ver que la intención de los nazis no era huir para esconderse y vivir clandestinos hasta el final de sus días, sino escapar para preparar la infraestructura necesaria con el manifiesto propósito de construir desde ahí un Cuarto Reich.
La serie revela que a comienzos de 2014 el FBI desclasificó cientos de documentos confidenciales que afirmaban que el Führer no se habría suicidado, sino que habría escapado después de la caída de Alemania. Un memo del propio J. Edgar Hoover, entonces director del organismo, señalaba: “Los oficiales del ejército estadounidense en Alemania no han localizado el cuerpo de Hitler y no hay ninguna fuente confiable que diga definitivamente que Hitler está muerto”.
Más allá de entrar en la polémica de si de acuerdo con un estudio estadounidense dado a conocer desde el 2009 un fragmento del cráneo que se cree provino de Adolfo Hitler era en realidad el de una mujer no identificada entre los 20 y los 40 años, o si como lo asevera recién en este 2018 un grupo de científicos franceses, el examen de fragmentos de los dientes de Hitler que se conservaron en Rusia del mismo cráneo, confirma la opinión generalizada de que el dictador murió en su búnker de Berlín, lo importante son otros datos harto reveladores de la investigación hecha por History Channel.
La serie da cuenta, mediante reportes de testigos y contacto con personas relacionadas, del inusual trasiego de dinero y la presencia de cientos de alemanes nazis que llegaron a Sudamérica, y luego de mostrar evidencias acerca de un posible viaje en submarino de las Islas Canarias hasta la Argentina, apoyado por Franco en España, encuentra pistas sobre la presencia del mismo Hitler y guardias nazis tanto en Inalco, Río Negro, como en la parte alta de la selva de Misiones, misteriosas guaridas y restos de complejos militares con edificios, artefactos nazis y estructuras de opulencia sin explicación mayor.
Pero lo más trascendente es cómo Walter Rauff y Joseph Mengele, altos oficiales de las SS y brazos principales del Führer, vivían ya en Sudamérica y fueron de hecho asignados a Chile uno y a Paraguay el otro. Y cómo Rauff, autor de los campos de concentración itinerantes y responsable en Alemania de más de 100 mil muertes, cumplió en Chile un papel cardinal desde la llamada “Colonia Dignidad”, otro complejo militar que contaba con sofisticado equipo de comunicaciones y una Torre de radio a 900 metros de altura y alcance para toda Sudamérica, desde la cual él personalmente tuteló 754 centros de tortura distribuidos en todo el territorio chileno que ostentaban la bandera nazi junto a la chilena y eran dirigidos por oficiales nazis.
De hecho, Rauff sería en Chile tanto el poder tras el trono al dirigir años después la infame Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) pinochetista, como figura central en la meticulosa preparación de un plan: la destrucción del Canal de Panamá, en manos en ese entonces de Estados Unidos, que anunciaría la inauguración del Cuarto Reich desde Chile bajo la guía de una cuarta copia del Testamento de Hitler escrito desde abril de 1945 en Alemania y que en Sudamérica circuló clandestinamente; un llamado a “la expansión del Estado nacional socialista”, y virtualmente un intento de Hitler por regresar al poder con la ayuda de sus ricos simpatizantes de toda la región. Y con Mengele desde Paraguay...
29 de junio de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1° de julio de 2018)
El Otoño del Imperio
domingo, 17 de junio de 2018
Donald Trump: De Charlevoix al Capella
Jesús Hernández Garibay
“Hay un lugar especial en el infierno para cualquier líder que se involucra en la diplomacia de mala fe con el presidente Donald J. Trump y luego intenta apuñalarlo por la espalda... ―decía con particular desparpajo el asesor comercial estadunidense Peter Navarro a “Fox News Sunday”, a punto de culminar la Cumbre de Jefes de Estado del llamado Grupo de los 7 en Charlevoix, Quebec―; y eso fue lo que hizo Justin Trudeau con ese ardid de conferencia de prensa. Eso es lo que el débil y deshonesto Justin Trudeau hizo…”
Al ponerse por encima de un Jefe de Estado, lo que le preocupaba al buscapleitos Navarro, que días después pidió disculpas por su desmaña diplomática, más que un maltrato “ad hominem” a un aliado de EUA, era la Cumbre de Trump con el líder norcoreano Kim Jong Un que se realizaría el martes 12 en el Hotel Capella de Isla Sentosa en Singapur, pues a decir de otros miembros de la delegación estadounidense en Quebec la postura del primer ministro canadiense había incrementado la tensión, “al traicionar a Trump”, y según ellos arriesgaba hacer que el ocupante de la Casa Blanca “se viera débil” antes del histórico encuentro en aquel lugar.
Donald Trump, como se recuerda, había anunciado ya que impondría fuertes aranceles a las importaciones de acero y aluminio, incluidos los envíos provenientes de aliados clave del G-7 como Canadá, Japón y la Unión Europea; además, había amenazado con utilizar las leyes de seguridad nacional para hacer lo mismo con las importaciones de automóviles y se retiraba de acuerdos ambientales y de un pacto multinacional para evitar que Irán construyera un arma nuclear.
Es por esa razón que los líderes del Grupo de los 7 se reunieron en el contexto de la mayor división que ha enfrentado el grupo en sus 42 años, debido a que las políticas del presidente actual de Estados Unidos ―de acuerdo con la lógica tradicional del grupo, que sigue honrando los Acuerdos de Breton Woods―, podrían, aseveraron, “provocar una guerra comercial global y profundos cismas diplomáticos…”
Como quiera que haya sido, luego de retirar su respaldo para el comunicado final conjunto del Grupo de los países más industrializados del mundo, atacar de manera inusual a un cercano aliado y vecino de Estados Unidos, y hacer del G-7 un G-6+1 ante el disgusto generalizado del resto de los miembros y antes aliados incondicionales, el polémico mandatario partió hacia Singapur, donde ya lo esperaba su delegación.
El presidente Trump llegaría a Singapur dos días antes de la histórica cumbre en busca de un acuerdo para poner fin a un posible enfrentamiento nuclear entre viejos enemigos, mientras que los medios informativos occidentales especulaban si el norcoreano se sentiría a gusto comiendo hamburguesas y se preguntaban si eran verdad los decires de funcionarios de ambos países, quienes previo al encuentro supuestamente afirmaban que el aislado régimen ya quiere modernizar su economía y convertirse en un “país normal” con inversión estadounidense en su nación y la presencia de empresas como McDonald's, Condominios en las playas norcoreanas y hasta una Torre Trump en su capital Pyongyang.
El “sueño americano” pues, que dibujaba en el rostro del multimillonario una gran sonrisa…
17 de junio de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 17 de junio de 2018)
El Otoño del Imperio
“Hay un lugar especial en el infierno para cualquier líder que se involucra en la diplomacia de mala fe con el presidente Donald J. Trump y luego intenta apuñalarlo por la espalda... ―decía con particular desparpajo el asesor comercial estadunidense Peter Navarro a “Fox News Sunday”, a punto de culminar la Cumbre de Jefes de Estado del llamado Grupo de los 7 en Charlevoix, Quebec―; y eso fue lo que hizo Justin Trudeau con ese ardid de conferencia de prensa. Eso es lo que el débil y deshonesto Justin Trudeau hizo…”
Al ponerse por encima de un Jefe de Estado, lo que le preocupaba al buscapleitos Navarro, que días después pidió disculpas por su desmaña diplomática, más que un maltrato “ad hominem” a un aliado de EUA, era la Cumbre de Trump con el líder norcoreano Kim Jong Un que se realizaría el martes 12 en el Hotel Capella de Isla Sentosa en Singapur, pues a decir de otros miembros de la delegación estadounidense en Quebec la postura del primer ministro canadiense había incrementado la tensión, “al traicionar a Trump”, y según ellos arriesgaba hacer que el ocupante de la Casa Blanca “se viera débil” antes del histórico encuentro en aquel lugar.
Donald Trump, como se recuerda, había anunciado ya que impondría fuertes aranceles a las importaciones de acero y aluminio, incluidos los envíos provenientes de aliados clave del G-7 como Canadá, Japón y la Unión Europea; además, había amenazado con utilizar las leyes de seguridad nacional para hacer lo mismo con las importaciones de automóviles y se retiraba de acuerdos ambientales y de un pacto multinacional para evitar que Irán construyera un arma nuclear.
Es por esa razón que los líderes del Grupo de los 7 se reunieron en el contexto de la mayor división que ha enfrentado el grupo en sus 42 años, debido a que las políticas del presidente actual de Estados Unidos ―de acuerdo con la lógica tradicional del grupo, que sigue honrando los Acuerdos de Breton Woods―, podrían, aseveraron, “provocar una guerra comercial global y profundos cismas diplomáticos…”
Como quiera que haya sido, luego de retirar su respaldo para el comunicado final conjunto del Grupo de los países más industrializados del mundo, atacar de manera inusual a un cercano aliado y vecino de Estados Unidos, y hacer del G-7 un G-6+1 ante el disgusto generalizado del resto de los miembros y antes aliados incondicionales, el polémico mandatario partió hacia Singapur, donde ya lo esperaba su delegación.
El presidente Trump llegaría a Singapur dos días antes de la histórica cumbre en busca de un acuerdo para poner fin a un posible enfrentamiento nuclear entre viejos enemigos, mientras que los medios informativos occidentales especulaban si el norcoreano se sentiría a gusto comiendo hamburguesas y se preguntaban si eran verdad los decires de funcionarios de ambos países, quienes previo al encuentro supuestamente afirmaban que el aislado régimen ya quiere modernizar su economía y convertirse en un “país normal” con inversión estadounidense en su nación y la presencia de empresas como McDonald's, Condominios en las playas norcoreanas y hasta una Torre Trump en su capital Pyongyang.
El “sueño americano” pues, que dibujaba en el rostro del multimillonario una gran sonrisa…
17 de junio de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 17 de junio de 2018)
El Otoño del Imperio
domingo, 3 de junio de 2018
Donald Trump: ¿Una Política Exterior Errática?
Jesús Hernández Garibay
Las acciones y/o las intenciones en apariencia volubles del polémico Donald Trump han dejado en algunos analistas la idea de que hay todavía en la Casa Blanca un impetuoso mandatario que maneja la política internacional de Estados Unidos de una manera inconsistente y errática. Pero lo cierto es que tanto sus decisiones en el Oriente Medio como la postura asumida con respecto a Cuba o Venezuela, o frente a China y Rusia, responden más bien a las actuales necesidades de un país como el suyo, en un tiempo de debilidad sistémica no fácil de afrontar.
Las recientes semanas han atestiguado el reacercamiento a las arcaicas posturas sionistas de Benjamín Netanyahu en Israel, frente a sus vecinos palestinos y sirios; un hecho que no sorprende porque ha sido esa la postura de EUA durante años. En particular en Siria ha mantenido con fuego y metralla su intención de seguir apoyando a las debilitadas fuerzas del terrorista Estado Islámico (EI), contraponiendo sus ataques aéreos a los del ejército sirio, ahora apoyado no sólo por Rusia, sino también por Irak y Turquía; en tanto, con respecto a Palestina su país guarda el mismo silencio de siempre ante las atroces acciones represivas del ejército israelí.
En el entorno del provocativo traslado de la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén en total apoyo al sionismo, Trump anunció su intención de retirar a su país del acuerdo nuclear alcanzado en 2015 por la administración Obama con Irán, por considerar que el mismo favorece más a ese país que a los intereses del suyo; una gestión la del expresidente con la que Israel nunca estuvo de acuerdo y cuyo cambio ahora Netanyahu también celebra.
Ante la respuesta norcoreana de no concordar con dicha postura, Trump envió una carta al presidente Kim Jong-un, en la que anunciaba que la cumbre que ambos líderes iban a tener en Singapur en busca de una solución a sus diferencias, no se realizaría. Días después, presionado por las críticas de varios de sus aliados, Trump ha dado marcha atrás y plantea que sí tiene la intención de llevar a cabo esas pláticas, tal y como ya estaban programadas.
Y es que tanto Kim Jong-un y Moon Jae-In, líderes de las dos Coreas, luego de cuatro encuentros han firmado la Declaración de Panmunjom en la que el mandatario norcoreano se compromete a sentarse con Trump, como a la “total desnuclearización de la península coreana”. Ambas Coreas están ahora discutiendo un posible “Pacto de no agresión” entre Pyongyang y Washington, mediante el cual las dos partes se comprometan en abstenerse de cualquier acción militar unilateral contra la otra. Cosa que en anteriores negociaciones, nunca ha sido aceptado por EUA.
Finalmente, la preocupación por los cambios políticos en Centro y Sudamérica que han debilitado el vetusto panamericanismo de la Guerra Fría, se mantiene, y de manera particular su política continúa en el sentido de evitar que Cuba se fortalezca y la Revolución Bolivariana en Venezuela se consolide, en el entorno de la creciente importancia que China y Rusia han adquirido, para perjuicio del “mejor de los mundos posibles”. Así, como puede advertirse, a pesar de los deslices y los entreveros, sí hay en la política exterior de Trump una estrategia y una planificación que puede por momentos generar incertidumbre, pero no en toda la comunidad internacional.
3 de junio de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 3 de junio de 2018)
El Otoño del Imperio
Las acciones y/o las intenciones en apariencia volubles del polémico Donald Trump han dejado en algunos analistas la idea de que hay todavía en la Casa Blanca un impetuoso mandatario que maneja la política internacional de Estados Unidos de una manera inconsistente y errática. Pero lo cierto es que tanto sus decisiones en el Oriente Medio como la postura asumida con respecto a Cuba o Venezuela, o frente a China y Rusia, responden más bien a las actuales necesidades de un país como el suyo, en un tiempo de debilidad sistémica no fácil de afrontar.
Las recientes semanas han atestiguado el reacercamiento a las arcaicas posturas sionistas de Benjamín Netanyahu en Israel, frente a sus vecinos palestinos y sirios; un hecho que no sorprende porque ha sido esa la postura de EUA durante años. En particular en Siria ha mantenido con fuego y metralla su intención de seguir apoyando a las debilitadas fuerzas del terrorista Estado Islámico (EI), contraponiendo sus ataques aéreos a los del ejército sirio, ahora apoyado no sólo por Rusia, sino también por Irak y Turquía; en tanto, con respecto a Palestina su país guarda el mismo silencio de siempre ante las atroces acciones represivas del ejército israelí.
En el entorno del provocativo traslado de la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén en total apoyo al sionismo, Trump anunció su intención de retirar a su país del acuerdo nuclear alcanzado en 2015 por la administración Obama con Irán, por considerar que el mismo favorece más a ese país que a los intereses del suyo; una gestión la del expresidente con la que Israel nunca estuvo de acuerdo y cuyo cambio ahora Netanyahu también celebra.
Ante la respuesta norcoreana de no concordar con dicha postura, Trump envió una carta al presidente Kim Jong-un, en la que anunciaba que la cumbre que ambos líderes iban a tener en Singapur en busca de una solución a sus diferencias, no se realizaría. Días después, presionado por las críticas de varios de sus aliados, Trump ha dado marcha atrás y plantea que sí tiene la intención de llevar a cabo esas pláticas, tal y como ya estaban programadas.
Y es que tanto Kim Jong-un y Moon Jae-In, líderes de las dos Coreas, luego de cuatro encuentros han firmado la Declaración de Panmunjom en la que el mandatario norcoreano se compromete a sentarse con Trump, como a la “total desnuclearización de la península coreana”. Ambas Coreas están ahora discutiendo un posible “Pacto de no agresión” entre Pyongyang y Washington, mediante el cual las dos partes se comprometan en abstenerse de cualquier acción militar unilateral contra la otra. Cosa que en anteriores negociaciones, nunca ha sido aceptado por EUA.
Finalmente, la preocupación por los cambios políticos en Centro y Sudamérica que han debilitado el vetusto panamericanismo de la Guerra Fría, se mantiene, y de manera particular su política continúa en el sentido de evitar que Cuba se fortalezca y la Revolución Bolivariana en Venezuela se consolide, en el entorno de la creciente importancia que China y Rusia han adquirido, para perjuicio del “mejor de los mundos posibles”. Así, como puede advertirse, a pesar de los deslices y los entreveros, sí hay en la política exterior de Trump una estrategia y una planificación que puede por momentos generar incertidumbre, pero no en toda la comunidad internacional.
3 de junio de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 3 de junio de 2018)
El Otoño del Imperio
domingo, 20 de mayo de 2018
El Bicentenario del Nacimiento de Carlos Marx
Jesús Hernández Garibay
El 5 de mayo último fue recordado y en muchos lugares celebrado el bicentenario del natalicio de una de las figuras más influyentes de todos los tiempos en el mundo. Repudiado por unos y venerado por otros, respetado y reconocido por los más, el alemán nacido en Tréveris Carlos Marx es, todavía, a más de 130 años después de su muerte en 1883 en Londres, uno de los pensadores más comentados en el orbe.
Su obra permanece y es todavía tan acremente criticada por izquierdas y por derechas, como analizada ponderadamente por algunos de los más serios científicos sociales de nuestro tiempo, a la vez que admitida con agrado por intelectuales genuinos representantes de las capas más empobrecidas de la sociedad. Considerada en sus tres fuentes, la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés, y en sus tres partes, el materialismo dialéctico, el materialismo histórico y la economía política, ha sido aceptada por muchos como una infalible herramienta metodológica para el análisis de mayor fondo del sistema capitalista vigente.
Tan importante es todavía hasta para sus mismos coterráneos, que Alemania tiene formalmente programados en conmemoración de su nacimiento para lo que resta del año cerca de 600 eventos, incluyendo exposiciones, conciertos, obras de teatro y conferencias. Un mandato gubernamental que tuvo su inicio hace dos semanas con la inauguración de una exposición permanente en la casa natal del notable personaje y de una escultura de bronce de cinco y medio metros de altura obsequiada por China, un Karl Marx vestido con levita, ante casi mil 500 personas que asistieron al acto; algunos movilizados en protesta contra el homenaje.
Como quiera que sea ―no obstante que Mario Vargas Llosa haya dicho que “Nadie puede creer que el marxismo es la solución para los problemas de un país”, que José María Aznar acuse que “Los herederos de Marx y Engels fueron Stalin y Lenin, que asesinaron por millones”, o que Álvaro Uribe diga que Marx “murió sin conocer la cosecha de sus fracasos”―, lo cierto es que hoy no es posible comprender el alcance de los problemas que se viven en el mundo, tan sólo por causa de la corrupción, la crisis del Estado o las limitaciones de una política económica errada.
Hechos tales como la crisis global que sufre hoy el capitalismo, el declive de las ganancias y la necesidad de elevar la productividad y como consecuencia el aumento del desempleo, las presiones de los mercados para buscar nuevas formas de sustracción de plusvalía relativa, la financiarización y pérdida de valor de la economía, el grave proceso de concentración y centralización de los capitales, el peso con el que cuentan en nuestro tiempo los oligopolios y otros más que corresponden a la sociedad y la política, son circunstancias imposibles de entender sin el uso de la herramienta que nos provee la egregia obra de Carlos Marx.
Una obra vilipendiada por los defensores del sistema y hasta odiada por aquellos que se han dejado llevar por la incesante labor que hacen los medios favorecedores del statu quo, que dicen de manera arbitraria lo que está bien y lo que está mal en “el mejor de los mundos posible”, aquel principal responsable del crecimiento irrefrenable de la pobreza en todo el planeta.
20 de mayo de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 20 de mayo de 2018)
El Otoño del Imperio
El 5 de mayo último fue recordado y en muchos lugares celebrado el bicentenario del natalicio de una de las figuras más influyentes de todos los tiempos en el mundo. Repudiado por unos y venerado por otros, respetado y reconocido por los más, el alemán nacido en Tréveris Carlos Marx es, todavía, a más de 130 años después de su muerte en 1883 en Londres, uno de los pensadores más comentados en el orbe.
Su obra permanece y es todavía tan acremente criticada por izquierdas y por derechas, como analizada ponderadamente por algunos de los más serios científicos sociales de nuestro tiempo, a la vez que admitida con agrado por intelectuales genuinos representantes de las capas más empobrecidas de la sociedad. Considerada en sus tres fuentes, la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés, y en sus tres partes, el materialismo dialéctico, el materialismo histórico y la economía política, ha sido aceptada por muchos como una infalible herramienta metodológica para el análisis de mayor fondo del sistema capitalista vigente.
Tan importante es todavía hasta para sus mismos coterráneos, que Alemania tiene formalmente programados en conmemoración de su nacimiento para lo que resta del año cerca de 600 eventos, incluyendo exposiciones, conciertos, obras de teatro y conferencias. Un mandato gubernamental que tuvo su inicio hace dos semanas con la inauguración de una exposición permanente en la casa natal del notable personaje y de una escultura de bronce de cinco y medio metros de altura obsequiada por China, un Karl Marx vestido con levita, ante casi mil 500 personas que asistieron al acto; algunos movilizados en protesta contra el homenaje.
Como quiera que sea ―no obstante que Mario Vargas Llosa haya dicho que “Nadie puede creer que el marxismo es la solución para los problemas de un país”, que José María Aznar acuse que “Los herederos de Marx y Engels fueron Stalin y Lenin, que asesinaron por millones”, o que Álvaro Uribe diga que Marx “murió sin conocer la cosecha de sus fracasos”―, lo cierto es que hoy no es posible comprender el alcance de los problemas que se viven en el mundo, tan sólo por causa de la corrupción, la crisis del Estado o las limitaciones de una política económica errada.
Hechos tales como la crisis global que sufre hoy el capitalismo, el declive de las ganancias y la necesidad de elevar la productividad y como consecuencia el aumento del desempleo, las presiones de los mercados para buscar nuevas formas de sustracción de plusvalía relativa, la financiarización y pérdida de valor de la economía, el grave proceso de concentración y centralización de los capitales, el peso con el que cuentan en nuestro tiempo los oligopolios y otros más que corresponden a la sociedad y la política, son circunstancias imposibles de entender sin el uso de la herramienta que nos provee la egregia obra de Carlos Marx.
Una obra vilipendiada por los defensores del sistema y hasta odiada por aquellos que se han dejado llevar por la incesante labor que hacen los medios favorecedores del statu quo, que dicen de manera arbitraria lo que está bien y lo que está mal en “el mejor de los mundos posible”, aquel principal responsable del crecimiento irrefrenable de la pobreza en todo el planeta.
20 de mayo de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 20 de mayo de 2018)
El Otoño del Imperio
sábado, 5 de mayo de 2018
A 50 años del Mayo Francés
Jesús Hernández Garibay
En marzo de 1968 un grupo de estudiantes de la Universidad de Nanterre, en las afueras de París, inició una serie de protestas en contra de la Guerra de Vietnam. En abril se desataron enfrentamientos entre estudiantes anarquistas, trotskistas y maoístas con organizaciones de extrema derecha. La policía parisina reprimió estos enfrentamientos violentamente, lo que desató una reacción de repulsa en la juventud francesa. El día 3 de mayo, por ello, estudiantes de Nanterre se congregaron en La Sorbona para hacer más evidente su descontento. La Policía volvió a reprimir y disolvió la nueva manifestación. Así se inician los sucesos conocidos como el “Mayo Francés”.
El Barrio Latino de París junto a La Sorbona, se convirtió entonces en una zona de guerra donde barricadas de miles de jóvenes indignados bloqueaban las calles y resistían las embestidas de la policía; en tanto, estudiantes y maestros convocaron a una huelga que se extendería por algunos días. A partir de aquí las protestas fueron cada vez más intensas y el movimiento alcanzó escala nacional el 13 de mayo, cuando se sumaron los sindicatos obreros con un paro nacional.
Cientos de fábricas fueron tomadas por sus operarios y la industria quedó prácticamente paralizada, mientras los sectores más radicalizados comenzaban a exigir “la abolición de la sociedad de clases”. Siete millones de huelguistas de todos los sectores públicos y privados franceses llevaron a cabo la que ha sido considerada la huelga general más grande del mundo. Y aunque la crisis hizo tambalear al gobierno de Charles de Gaulle, quien hubo de anunciar el 30 de mayo la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria a elecciones legislativas, en el corto plazo las cosas volvieron a la normalidad.
No obstante esto, los acontecimientos de 1968 fueron un punto de quiebre importante en la historia francesa y el Mayo Francés tuvo un enorme y duradero impacto en el resto del planeta. Lemas como “La imaginación al poder”, “Prohibido prohibir”, o “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, dan cuenta de los alcances políticos del movimiento, aunque también de sus limitaciones. Lo que caracteriza el inicio de los movimientos en varios países es el rechazo a la guerra de Vietnam, pero después la gran mayoría de las protestas crecen como consecuencia de los excesos represores de regímenes autoritarios.
“De París a Praga, de Berlín a México, de Berkeley a Madrid ―dice Gilda Waldman―, los jóvenes compartieron el anhelo de libertad frente a sociedades rígidas y autoritarias, el cuestionamiento de anquilosadas estructuras de poder, la crítica a democracias que demostraban su insuficiencia, y la valoración de la responsabilidad solidaria frente al individualismo y la competencia…” Eso convierte al Mayo Francés del 68 en un parteaguas producto de una sociedad global, el propio capitalismo cerrado y conservador.
Para muchos que han escrito al respecto, dicho suceso derivó en una gran revolución cultural que se pronunció por una mayor libertad de todo tipo, incluida la liberación sexual, la igualdad de la mujer, la exigencia de mayor cultura con base en una cosmovisión amplia de izquierda, ecológicamente responsable y anticolonialista. Este es el legado del 68 a nivel mundial.
5 de mayo de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 5 de mayo de 2018)
El Otoño del Imperio
En marzo de 1968 un grupo de estudiantes de la Universidad de Nanterre, en las afueras de París, inició una serie de protestas en contra de la Guerra de Vietnam. En abril se desataron enfrentamientos entre estudiantes anarquistas, trotskistas y maoístas con organizaciones de extrema derecha. La policía parisina reprimió estos enfrentamientos violentamente, lo que desató una reacción de repulsa en la juventud francesa. El día 3 de mayo, por ello, estudiantes de Nanterre se congregaron en La Sorbona para hacer más evidente su descontento. La Policía volvió a reprimir y disolvió la nueva manifestación. Así se inician los sucesos conocidos como el “Mayo Francés”.
El Barrio Latino de París junto a La Sorbona, se convirtió entonces en una zona de guerra donde barricadas de miles de jóvenes indignados bloqueaban las calles y resistían las embestidas de la policía; en tanto, estudiantes y maestros convocaron a una huelga que se extendería por algunos días. A partir de aquí las protestas fueron cada vez más intensas y el movimiento alcanzó escala nacional el 13 de mayo, cuando se sumaron los sindicatos obreros con un paro nacional.
Cientos de fábricas fueron tomadas por sus operarios y la industria quedó prácticamente paralizada, mientras los sectores más radicalizados comenzaban a exigir “la abolición de la sociedad de clases”. Siete millones de huelguistas de todos los sectores públicos y privados franceses llevaron a cabo la que ha sido considerada la huelga general más grande del mundo. Y aunque la crisis hizo tambalear al gobierno de Charles de Gaulle, quien hubo de anunciar el 30 de mayo la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria a elecciones legislativas, en el corto plazo las cosas volvieron a la normalidad.
No obstante esto, los acontecimientos de 1968 fueron un punto de quiebre importante en la historia francesa y el Mayo Francés tuvo un enorme y duradero impacto en el resto del planeta. Lemas como “La imaginación al poder”, “Prohibido prohibir”, o “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, dan cuenta de los alcances políticos del movimiento, aunque también de sus limitaciones. Lo que caracteriza el inicio de los movimientos en varios países es el rechazo a la guerra de Vietnam, pero después la gran mayoría de las protestas crecen como consecuencia de los excesos represores de regímenes autoritarios.
“De París a Praga, de Berlín a México, de Berkeley a Madrid ―dice Gilda Waldman―, los jóvenes compartieron el anhelo de libertad frente a sociedades rígidas y autoritarias, el cuestionamiento de anquilosadas estructuras de poder, la crítica a democracias que demostraban su insuficiencia, y la valoración de la responsabilidad solidaria frente al individualismo y la competencia…” Eso convierte al Mayo Francés del 68 en un parteaguas producto de una sociedad global, el propio capitalismo cerrado y conservador.
Para muchos que han escrito al respecto, dicho suceso derivó en una gran revolución cultural que se pronunció por una mayor libertad de todo tipo, incluida la liberación sexual, la igualdad de la mujer, la exigencia de mayor cultura con base en una cosmovisión amplia de izquierda, ecológicamente responsable y anticolonialista. Este es el legado del 68 a nivel mundial.
5 de mayo de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 5 de mayo de 2018)
El Otoño del Imperio
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