Jesús Hernández Garibay
Las acciones y/o las intenciones en apariencia volubles del polémico Donald Trump han dejado en algunos analistas la idea de que hay todavía en la Casa Blanca un impetuoso mandatario que maneja la política internacional de Estados Unidos de una manera inconsistente y errática. Pero lo cierto es que tanto sus decisiones en el Oriente Medio como la postura asumida con respecto a Cuba o Venezuela, o frente a China y Rusia, responden más bien a las actuales necesidades de un país como el suyo, en un tiempo de debilidad sistémica no fácil de afrontar.
Las recientes semanas han atestiguado el reacercamiento a las arcaicas posturas sionistas de Benjamín Netanyahu en Israel, frente a sus vecinos palestinos y sirios; un hecho que no sorprende porque ha sido esa la postura de EUA durante años. En particular en Siria ha mantenido con fuego y metralla su intención de seguir apoyando a las debilitadas fuerzas del terrorista Estado Islámico (EI), contraponiendo sus ataques aéreos a los del ejército sirio, ahora apoyado no sólo por Rusia, sino también por Irak y Turquía; en tanto, con respecto a Palestina su país guarda el mismo silencio de siempre ante las atroces acciones represivas del ejército israelí.
En el entorno del provocativo traslado de la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén en total apoyo al sionismo, Trump anunció su intención de retirar a su país del acuerdo nuclear alcanzado en 2015 por la administración Obama con Irán, por considerar que el mismo favorece más a ese país que a los intereses del suyo; una gestión la del expresidente con la que Israel nunca estuvo de acuerdo y cuyo cambio ahora Netanyahu también celebra.
Ante la respuesta norcoreana de no concordar con dicha postura, Trump envió una carta al presidente Kim Jong-un, en la que anunciaba que la cumbre que ambos líderes iban a tener en Singapur en busca de una solución a sus diferencias, no se realizaría. Días después, presionado por las críticas de varios de sus aliados, Trump ha dado marcha atrás y plantea que sí tiene la intención de llevar a cabo esas pláticas, tal y como ya estaban programadas.
Y es que tanto Kim Jong-un y Moon Jae-In, líderes de las dos Coreas, luego de cuatro encuentros han firmado la Declaración de Panmunjom en la que el mandatario norcoreano se compromete a sentarse con Trump, como a la “total desnuclearización de la península coreana”. Ambas Coreas están ahora discutiendo un posible “Pacto de no agresión” entre Pyongyang y Washington, mediante el cual las dos partes se comprometan en abstenerse de cualquier acción militar unilateral contra la otra. Cosa que en anteriores negociaciones, nunca ha sido aceptado por EUA.
Finalmente, la preocupación por los cambios políticos en Centro y Sudamérica que han debilitado el vetusto panamericanismo de la Guerra Fría, se mantiene, y de manera particular su política continúa en el sentido de evitar que Cuba se fortalezca y la Revolución Bolivariana en Venezuela se consolide, en el entorno de la creciente importancia que China y Rusia han adquirido, para perjuicio del “mejor de los mundos posibles”. Así, como puede advertirse, a pesar de los deslices y los entreveros, sí hay en la política exterior de Trump una estrategia y una planificación que puede por momentos generar incertidumbre, pero no en toda la comunidad internacional.
3 de junio de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 3 de junio de 2018)
El Otoño del Imperio
domingo, 3 de junio de 2018
domingo, 20 de mayo de 2018
El Bicentenario del Nacimiento de Carlos Marx
Jesús Hernández Garibay
El 5 de mayo último fue recordado y en muchos lugares celebrado el bicentenario del natalicio de una de las figuras más influyentes de todos los tiempos en el mundo. Repudiado por unos y venerado por otros, respetado y reconocido por los más, el alemán nacido en Tréveris Carlos Marx es, todavía, a más de 130 años después de su muerte en 1883 en Londres, uno de los pensadores más comentados en el orbe.
Su obra permanece y es todavía tan acremente criticada por izquierdas y por derechas, como analizada ponderadamente por algunos de los más serios científicos sociales de nuestro tiempo, a la vez que admitida con agrado por intelectuales genuinos representantes de las capas más empobrecidas de la sociedad. Considerada en sus tres fuentes, la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés, y en sus tres partes, el materialismo dialéctico, el materialismo histórico y la economía política, ha sido aceptada por muchos como una infalible herramienta metodológica para el análisis de mayor fondo del sistema capitalista vigente.
Tan importante es todavía hasta para sus mismos coterráneos, que Alemania tiene formalmente programados en conmemoración de su nacimiento para lo que resta del año cerca de 600 eventos, incluyendo exposiciones, conciertos, obras de teatro y conferencias. Un mandato gubernamental que tuvo su inicio hace dos semanas con la inauguración de una exposición permanente en la casa natal del notable personaje y de una escultura de bronce de cinco y medio metros de altura obsequiada por China, un Karl Marx vestido con levita, ante casi mil 500 personas que asistieron al acto; algunos movilizados en protesta contra el homenaje.
Como quiera que sea ―no obstante que Mario Vargas Llosa haya dicho que “Nadie puede creer que el marxismo es la solución para los problemas de un país”, que José María Aznar acuse que “Los herederos de Marx y Engels fueron Stalin y Lenin, que asesinaron por millones”, o que Álvaro Uribe diga que Marx “murió sin conocer la cosecha de sus fracasos”―, lo cierto es que hoy no es posible comprender el alcance de los problemas que se viven en el mundo, tan sólo por causa de la corrupción, la crisis del Estado o las limitaciones de una política económica errada.
Hechos tales como la crisis global que sufre hoy el capitalismo, el declive de las ganancias y la necesidad de elevar la productividad y como consecuencia el aumento del desempleo, las presiones de los mercados para buscar nuevas formas de sustracción de plusvalía relativa, la financiarización y pérdida de valor de la economía, el grave proceso de concentración y centralización de los capitales, el peso con el que cuentan en nuestro tiempo los oligopolios y otros más que corresponden a la sociedad y la política, son circunstancias imposibles de entender sin el uso de la herramienta que nos provee la egregia obra de Carlos Marx.
Una obra vilipendiada por los defensores del sistema y hasta odiada por aquellos que se han dejado llevar por la incesante labor que hacen los medios favorecedores del statu quo, que dicen de manera arbitraria lo que está bien y lo que está mal en “el mejor de los mundos posible”, aquel principal responsable del crecimiento irrefrenable de la pobreza en todo el planeta.
20 de mayo de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 20 de mayo de 2018)
El Otoño del Imperio
El 5 de mayo último fue recordado y en muchos lugares celebrado el bicentenario del natalicio de una de las figuras más influyentes de todos los tiempos en el mundo. Repudiado por unos y venerado por otros, respetado y reconocido por los más, el alemán nacido en Tréveris Carlos Marx es, todavía, a más de 130 años después de su muerte en 1883 en Londres, uno de los pensadores más comentados en el orbe.
Su obra permanece y es todavía tan acremente criticada por izquierdas y por derechas, como analizada ponderadamente por algunos de los más serios científicos sociales de nuestro tiempo, a la vez que admitida con agrado por intelectuales genuinos representantes de las capas más empobrecidas de la sociedad. Considerada en sus tres fuentes, la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés, y en sus tres partes, el materialismo dialéctico, el materialismo histórico y la economía política, ha sido aceptada por muchos como una infalible herramienta metodológica para el análisis de mayor fondo del sistema capitalista vigente.
Tan importante es todavía hasta para sus mismos coterráneos, que Alemania tiene formalmente programados en conmemoración de su nacimiento para lo que resta del año cerca de 600 eventos, incluyendo exposiciones, conciertos, obras de teatro y conferencias. Un mandato gubernamental que tuvo su inicio hace dos semanas con la inauguración de una exposición permanente en la casa natal del notable personaje y de una escultura de bronce de cinco y medio metros de altura obsequiada por China, un Karl Marx vestido con levita, ante casi mil 500 personas que asistieron al acto; algunos movilizados en protesta contra el homenaje.
Como quiera que sea ―no obstante que Mario Vargas Llosa haya dicho que “Nadie puede creer que el marxismo es la solución para los problemas de un país”, que José María Aznar acuse que “Los herederos de Marx y Engels fueron Stalin y Lenin, que asesinaron por millones”, o que Álvaro Uribe diga que Marx “murió sin conocer la cosecha de sus fracasos”―, lo cierto es que hoy no es posible comprender el alcance de los problemas que se viven en el mundo, tan sólo por causa de la corrupción, la crisis del Estado o las limitaciones de una política económica errada.
Hechos tales como la crisis global que sufre hoy el capitalismo, el declive de las ganancias y la necesidad de elevar la productividad y como consecuencia el aumento del desempleo, las presiones de los mercados para buscar nuevas formas de sustracción de plusvalía relativa, la financiarización y pérdida de valor de la economía, el grave proceso de concentración y centralización de los capitales, el peso con el que cuentan en nuestro tiempo los oligopolios y otros más que corresponden a la sociedad y la política, son circunstancias imposibles de entender sin el uso de la herramienta que nos provee la egregia obra de Carlos Marx.
Una obra vilipendiada por los defensores del sistema y hasta odiada por aquellos que se han dejado llevar por la incesante labor que hacen los medios favorecedores del statu quo, que dicen de manera arbitraria lo que está bien y lo que está mal en “el mejor de los mundos posible”, aquel principal responsable del crecimiento irrefrenable de la pobreza en todo el planeta.
20 de mayo de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 20 de mayo de 2018)
El Otoño del Imperio
sábado, 5 de mayo de 2018
A 50 años del Mayo Francés
Jesús Hernández Garibay
En marzo de 1968 un grupo de estudiantes de la Universidad de Nanterre, en las afueras de París, inició una serie de protestas en contra de la Guerra de Vietnam. En abril se desataron enfrentamientos entre estudiantes anarquistas, trotskistas y maoístas con organizaciones de extrema derecha. La policía parisina reprimió estos enfrentamientos violentamente, lo que desató una reacción de repulsa en la juventud francesa. El día 3 de mayo, por ello, estudiantes de Nanterre se congregaron en La Sorbona para hacer más evidente su descontento. La Policía volvió a reprimir y disolvió la nueva manifestación. Así se inician los sucesos conocidos como el “Mayo Francés”.
El Barrio Latino de París junto a La Sorbona, se convirtió entonces en una zona de guerra donde barricadas de miles de jóvenes indignados bloqueaban las calles y resistían las embestidas de la policía; en tanto, estudiantes y maestros convocaron a una huelga que se extendería por algunos días. A partir de aquí las protestas fueron cada vez más intensas y el movimiento alcanzó escala nacional el 13 de mayo, cuando se sumaron los sindicatos obreros con un paro nacional.
Cientos de fábricas fueron tomadas por sus operarios y la industria quedó prácticamente paralizada, mientras los sectores más radicalizados comenzaban a exigir “la abolición de la sociedad de clases”. Siete millones de huelguistas de todos los sectores públicos y privados franceses llevaron a cabo la que ha sido considerada la huelga general más grande del mundo. Y aunque la crisis hizo tambalear al gobierno de Charles de Gaulle, quien hubo de anunciar el 30 de mayo la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria a elecciones legislativas, en el corto plazo las cosas volvieron a la normalidad.
No obstante esto, los acontecimientos de 1968 fueron un punto de quiebre importante en la historia francesa y el Mayo Francés tuvo un enorme y duradero impacto en el resto del planeta. Lemas como “La imaginación al poder”, “Prohibido prohibir”, o “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, dan cuenta de los alcances políticos del movimiento, aunque también de sus limitaciones. Lo que caracteriza el inicio de los movimientos en varios países es el rechazo a la guerra de Vietnam, pero después la gran mayoría de las protestas crecen como consecuencia de los excesos represores de regímenes autoritarios.
“De París a Praga, de Berlín a México, de Berkeley a Madrid ―dice Gilda Waldman―, los jóvenes compartieron el anhelo de libertad frente a sociedades rígidas y autoritarias, el cuestionamiento de anquilosadas estructuras de poder, la crítica a democracias que demostraban su insuficiencia, y la valoración de la responsabilidad solidaria frente al individualismo y la competencia…” Eso convierte al Mayo Francés del 68 en un parteaguas producto de una sociedad global, el propio capitalismo cerrado y conservador.
Para muchos que han escrito al respecto, dicho suceso derivó en una gran revolución cultural que se pronunció por una mayor libertad de todo tipo, incluida la liberación sexual, la igualdad de la mujer, la exigencia de mayor cultura con base en una cosmovisión amplia de izquierda, ecológicamente responsable y anticolonialista. Este es el legado del 68 a nivel mundial.
5 de mayo de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 5 de mayo de 2018)
El Otoño del Imperio
En marzo de 1968 un grupo de estudiantes de la Universidad de Nanterre, en las afueras de París, inició una serie de protestas en contra de la Guerra de Vietnam. En abril se desataron enfrentamientos entre estudiantes anarquistas, trotskistas y maoístas con organizaciones de extrema derecha. La policía parisina reprimió estos enfrentamientos violentamente, lo que desató una reacción de repulsa en la juventud francesa. El día 3 de mayo, por ello, estudiantes de Nanterre se congregaron en La Sorbona para hacer más evidente su descontento. La Policía volvió a reprimir y disolvió la nueva manifestación. Así se inician los sucesos conocidos como el “Mayo Francés”.
El Barrio Latino de París junto a La Sorbona, se convirtió entonces en una zona de guerra donde barricadas de miles de jóvenes indignados bloqueaban las calles y resistían las embestidas de la policía; en tanto, estudiantes y maestros convocaron a una huelga que se extendería por algunos días. A partir de aquí las protestas fueron cada vez más intensas y el movimiento alcanzó escala nacional el 13 de mayo, cuando se sumaron los sindicatos obreros con un paro nacional.
Cientos de fábricas fueron tomadas por sus operarios y la industria quedó prácticamente paralizada, mientras los sectores más radicalizados comenzaban a exigir “la abolición de la sociedad de clases”. Siete millones de huelguistas de todos los sectores públicos y privados franceses llevaron a cabo la que ha sido considerada la huelga general más grande del mundo. Y aunque la crisis hizo tambalear al gobierno de Charles de Gaulle, quien hubo de anunciar el 30 de mayo la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria a elecciones legislativas, en el corto plazo las cosas volvieron a la normalidad.
No obstante esto, los acontecimientos de 1968 fueron un punto de quiebre importante en la historia francesa y el Mayo Francés tuvo un enorme y duradero impacto en el resto del planeta. Lemas como “La imaginación al poder”, “Prohibido prohibir”, o “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, dan cuenta de los alcances políticos del movimiento, aunque también de sus limitaciones. Lo que caracteriza el inicio de los movimientos en varios países es el rechazo a la guerra de Vietnam, pero después la gran mayoría de las protestas crecen como consecuencia de los excesos represores de regímenes autoritarios.
“De París a Praga, de Berlín a México, de Berkeley a Madrid ―dice Gilda Waldman―, los jóvenes compartieron el anhelo de libertad frente a sociedades rígidas y autoritarias, el cuestionamiento de anquilosadas estructuras de poder, la crítica a democracias que demostraban su insuficiencia, y la valoración de la responsabilidad solidaria frente al individualismo y la competencia…” Eso convierte al Mayo Francés del 68 en un parteaguas producto de una sociedad global, el propio capitalismo cerrado y conservador.
Para muchos que han escrito al respecto, dicho suceso derivó en una gran revolución cultural que se pronunció por una mayor libertad de todo tipo, incluida la liberación sexual, la igualdad de la mujer, la exigencia de mayor cultura con base en una cosmovisión amplia de izquierda, ecológicamente responsable y anticolonialista. Este es el legado del 68 a nivel mundial.
5 de mayo de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 5 de mayo de 2018)
El Otoño del Imperio
sábado, 21 de abril de 2018
El Ataque de Trump a Siria
Jesús Hernández Garibay
Un nuevo giro se ha producido en Siria, donde la aviación aliada de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña bombardeó posiciones de las milicias que apoyan al presidente Al Assad en el distrito de Deir al Zor. Para Donald Trump, un hecho congruente con la postura que hizo pública en diciembre último: la “Estrategia de Seguridad Nacional” de su país, que considera a Rusia y China como “las mayores amenazas” para su nación. Un planteamiento que advierte que ambos países “tratan de erosionar la seguridad y la prosperidad estadounidense”, ante lo cual sugiere cuatro medidas para “hacer frente a tal peligro”: proteger la patria, el pueblo y el estilo de vida estadounidenses; promover la prosperidad estadounidense; conservar la paz a través de la fuerza, y aumentar la influencia de EUA en el mundo.
Para Trump, desde luego, el máximo riesgo no proviene en estos días de Siria, Irán o Rusia, sino de sus propias filas, pues en su entorno más cercano son desafiantes las acusaciones acerca de su vida privada y aun supuestamente depravada en la publicación de un nuevo libro del ex-director del FBI James Comey titulado “A Higher Loyalty: Truth, Lies and Leadership” (Una lealtad superior: Verdad, mentiras y liderazgo). Comey, quien fue despedido hace unos meses por él, describe en el osado libro al multimillonario pidiéndole que considere investigar un reporte que lo involucra “con prostitutas rusas orinando en una cama”, en un hotel de Moscú.
El libro, para peor consecuencia, aparece en el contexto de las investigaciones hechas por el fiscal especial Robert Mueller en relación con el acercamiento del staff del polémico mandatario a personeros rusos durante la campaña electoral; un intento más éste de los demócratas insatisfechos con el resultado comicial de 2016, que fervientemente desearían y han hecho hasta lo imposible por volver atrás la rueda de la historia.
Como quiera que sea, en el escandaloso contexto descrito arriba no le queda mal a Trump verse como un halcón más en busca de derrocar al odiado (por Occidente) presidente Assad, que nunca ha aceptado las reglas impuestas por el Fondo Monetario Internacional. Y de paso quedar más cerca de las importantes reservas de hidrocarburos que hoy se encuentran en manos del Estado sirio. Hay que recordar que la ubicación geográfica de Siria, a las puertas del Mediterráneo Oriental, representa una posición estratégica para el paso de oleoductos hacia Israel.
Siria producía antes del conflicto armado iniciado hace casi siete años 380 mil barriles diarios de crudo; cifra que se redujo a casi cero en el 2015 tras la ocupación por los sanguinarios extremistas del Estado Islámico ―un grupo al que siempre apoyo la Casa Blanca con dinero y con armas―, de la mayor parte de los campos petroleros del país. Hoy ese sector de hidrocarburos se recupera al aumentar la producción de petróleo a 20 mil barriles diarios y la de gas a unos 16 millones de metros cúbicos por jornada. Tales avances se deben a la rehabilitación en los últimos meses de la infraestructura petrolera y gasífera tras la extinción de los incendios provocados por la acción de tal grupo terrorista que está siendo expulsado casi en su totalidad del territorio sirio ocupado, con la participación de la aviación rusa, para preocupación del gobierno norteamericano…
Un nuevo giro se ha producido en Siria, donde la aviación aliada de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña bombardeó posiciones de las milicias que apoyan al presidente Al Assad en el distrito de Deir al Zor. Para Donald Trump, un hecho congruente con la postura que hizo pública en diciembre último: la “Estrategia de Seguridad Nacional” de su país, que considera a Rusia y China como “las mayores amenazas” para su nación. Un planteamiento que advierte que ambos países “tratan de erosionar la seguridad y la prosperidad estadounidense”, ante lo cual sugiere cuatro medidas para “hacer frente a tal peligro”: proteger la patria, el pueblo y el estilo de vida estadounidenses; promover la prosperidad estadounidense; conservar la paz a través de la fuerza, y aumentar la influencia de EUA en el mundo.
Para Trump, desde luego, el máximo riesgo no proviene en estos días de Siria, Irán o Rusia, sino de sus propias filas, pues en su entorno más cercano son desafiantes las acusaciones acerca de su vida privada y aun supuestamente depravada en la publicación de un nuevo libro del ex-director del FBI James Comey titulado “A Higher Loyalty: Truth, Lies and Leadership” (Una lealtad superior: Verdad, mentiras y liderazgo). Comey, quien fue despedido hace unos meses por él, describe en el osado libro al multimillonario pidiéndole que considere investigar un reporte que lo involucra “con prostitutas rusas orinando en una cama”, en un hotel de Moscú.
El libro, para peor consecuencia, aparece en el contexto de las investigaciones hechas por el fiscal especial Robert Mueller en relación con el acercamiento del staff del polémico mandatario a personeros rusos durante la campaña electoral; un intento más éste de los demócratas insatisfechos con el resultado comicial de 2016, que fervientemente desearían y han hecho hasta lo imposible por volver atrás la rueda de la historia.
Como quiera que sea, en el escandaloso contexto descrito arriba no le queda mal a Trump verse como un halcón más en busca de derrocar al odiado (por Occidente) presidente Assad, que nunca ha aceptado las reglas impuestas por el Fondo Monetario Internacional. Y de paso quedar más cerca de las importantes reservas de hidrocarburos que hoy se encuentran en manos del Estado sirio. Hay que recordar que la ubicación geográfica de Siria, a las puertas del Mediterráneo Oriental, representa una posición estratégica para el paso de oleoductos hacia Israel.
Siria producía antes del conflicto armado iniciado hace casi siete años 380 mil barriles diarios de crudo; cifra que se redujo a casi cero en el 2015 tras la ocupación por los sanguinarios extremistas del Estado Islámico ―un grupo al que siempre apoyo la Casa Blanca con dinero y con armas―, de la mayor parte de los campos petroleros del país. Hoy ese sector de hidrocarburos se recupera al aumentar la producción de petróleo a 20 mil barriles diarios y la de gas a unos 16 millones de metros cúbicos por jornada. Tales avances se deben a la rehabilitación en los últimos meses de la infraestructura petrolera y gasífera tras la extinción de los incendios provocados por la acción de tal grupo terrorista que está siendo expulsado casi en su totalidad del territorio sirio ocupado, con la participación de la aviación rusa, para preocupación del gobierno norteamericano…
21 de abril de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 21 de abril de 2018)
El Otoño del Imperio
(Publicado: Revista Siempre!, México, 21 de abril de 2018)
El Otoño del Imperio
sábado, 7 de abril de 2018
La “Opción Preferencial por los Pobres” en la Iglesia Católica Latinoamericana
Jesús Hernández Garibay
La iglesia católica no es uniforme, y nunca lo ha sido; hay un sustento teológico común a los católicos pero a la vez diversos planteos doctrinales correspondientes a épocas distintas y lugares en los que se lleva a cabo la práctica de la fe. Por ello, la discusión de las ideas siempre ha existido y se ha expresado en los concilios, muchas veces en cuanto al tema de las injusticias. Para el antiguo testamento los “profetas” no eran quienes adivinaban el futuro, sino aquellos que denunciaban las injusticias existentes y anunciaban un nuevo mundo más equitativo.
En la iglesia originaria se reconocía una sociedad en la que todos los bienes eran comunes; un “comunismo primitivo” donde se censuraba a los que se apropiaban de esos bienes para fines personales. Respecto de la justicia social, en la Biblia se enfatiza la preocupación por los que sufren, por los oprimidos y los pobres; sin embargo, en el Siglo IV cuando el emperador Constantino reconoce al cristianismo como religión oficial, se inicia un largo periodo donde la jerarquía eclesiástica comparte el poder con los políticos, dejando en segundo plano tal postura.
En la iglesia católica latinoamericana también se da una lucha de ideas, acorde con la que se lleva a cabo en toda la sociedad. Durante la conquista y la colonia, a la vez que se destruyen las culturas y religiones autóctonas con la espada en la mano y en el nombre de Cristo, surgen defensores de los indios como Bartolomé de las Casas, que también en el nombre de Cristo alzan la voz. Lo mismo, durante la Independencia curas como Hidalgo, Morelos y Matamoros desafían a los poderes civiles y religiosos luchando en contra de la opresión y por la libertad, en oposición al “alto clero” conformado por los obispos españoles que estaban a favor de la corona.
Todo esto nos da una clara imagen de algunas de las ideas discordantes en el terreno político y social al interior de la Iglesia. Así, a lo largo del Siglo XX y hasta el 2015 se promulgan encíclicas que expresan la posición de la Iglesia Católica sobre las cuestiones sociales, y conforman la llamada “Doctrina Social Cristiana”. Pero más en particular, a partir del Concilio Ecuménico Vaticano II en la primera mitad de los años sesenta, se da pie a posturas diferentes y aun contradictorias en el terreno social al interior de la Iglesia.
Entre los mismos Papas encontramos enfoques diferentes, como expresiones de distintas corrientes teológicas. Como resultado inevitable de las diferencias entre los Papas Pio XII y Juan XIII, surge una Nueva Teología que sienta las bases para el desarrollo en América Latina de la Teología de la Liberación, una corriente integrada por varias vertientes cristianas cuya aplicación primigenia se inicia en la Primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín (CELAM, 1968) y luego se fortalece en la Conferencia Episcopal de Puebla en 1980.
Así, el pensamiento teológico latinoamericano alcanza vida propia con esta tendencia añadida a las ya existentes en el seno de la Iglesia, que postula que el Evangelio demanda la “opción preferencial por los pobres”. De hecho, esta frase es una expresión y síntesis que forma parte desde hace décadas de las definiciones de la orden religiosa de la Compañía de Jesús, los “jesuitas”, a la que pertenece el Papa Francisco, nombrado nuevo jerarca de la Iglesia a partir de 2013.
La iglesia católica no es uniforme, y nunca lo ha sido; hay un sustento teológico común a los católicos pero a la vez diversos planteos doctrinales correspondientes a épocas distintas y lugares en los que se lleva a cabo la práctica de la fe. Por ello, la discusión de las ideas siempre ha existido y se ha expresado en los concilios, muchas veces en cuanto al tema de las injusticias. Para el antiguo testamento los “profetas” no eran quienes adivinaban el futuro, sino aquellos que denunciaban las injusticias existentes y anunciaban un nuevo mundo más equitativo.
En la iglesia originaria se reconocía una sociedad en la que todos los bienes eran comunes; un “comunismo primitivo” donde se censuraba a los que se apropiaban de esos bienes para fines personales. Respecto de la justicia social, en la Biblia se enfatiza la preocupación por los que sufren, por los oprimidos y los pobres; sin embargo, en el Siglo IV cuando el emperador Constantino reconoce al cristianismo como religión oficial, se inicia un largo periodo donde la jerarquía eclesiástica comparte el poder con los políticos, dejando en segundo plano tal postura.
En la iglesia católica latinoamericana también se da una lucha de ideas, acorde con la que se lleva a cabo en toda la sociedad. Durante la conquista y la colonia, a la vez que se destruyen las culturas y religiones autóctonas con la espada en la mano y en el nombre de Cristo, surgen defensores de los indios como Bartolomé de las Casas, que también en el nombre de Cristo alzan la voz. Lo mismo, durante la Independencia curas como Hidalgo, Morelos y Matamoros desafían a los poderes civiles y religiosos luchando en contra de la opresión y por la libertad, en oposición al “alto clero” conformado por los obispos españoles que estaban a favor de la corona.
Todo esto nos da una clara imagen de algunas de las ideas discordantes en el terreno político y social al interior de la Iglesia. Así, a lo largo del Siglo XX y hasta el 2015 se promulgan encíclicas que expresan la posición de la Iglesia Católica sobre las cuestiones sociales, y conforman la llamada “Doctrina Social Cristiana”. Pero más en particular, a partir del Concilio Ecuménico Vaticano II en la primera mitad de los años sesenta, se da pie a posturas diferentes y aun contradictorias en el terreno social al interior de la Iglesia.
Entre los mismos Papas encontramos enfoques diferentes, como expresiones de distintas corrientes teológicas. Como resultado inevitable de las diferencias entre los Papas Pio XII y Juan XIII, surge una Nueva Teología que sienta las bases para el desarrollo en América Latina de la Teología de la Liberación, una corriente integrada por varias vertientes cristianas cuya aplicación primigenia se inicia en la Primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín (CELAM, 1968) y luego se fortalece en la Conferencia Episcopal de Puebla en 1980.
Así, el pensamiento teológico latinoamericano alcanza vida propia con esta tendencia añadida a las ya existentes en el seno de la Iglesia, que postula que el Evangelio demanda la “opción preferencial por los pobres”. De hecho, esta frase es una expresión y síntesis que forma parte desde hace décadas de las definiciones de la orden religiosa de la Compañía de Jesús, los “jesuitas”, a la que pertenece el Papa Francisco, nombrado nuevo jerarca de la Iglesia a partir de 2013.
7 de abril de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 7 de abril de 2018)
El Otoño del Imperio
(Publicado: Revista Siempre!, México, 7 de abril de 2018)
El Otoño del Imperio
sábado, 24 de marzo de 2018
Ejemplares Elecciones al Parlamento Cubano
Jesús Hernández Garibay
El pasado 11 de marzo se llevó a cabo en Cuba la jornada electoral para elegir diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Durante la misma resaltó la tranquilidad ciudadana con la que se celebró la votación, con total disciplina de las y los pioneros al cuidado de las urnas. Radio Martí, emisora del gobierno de Estados Unidos, antes de la jornada destacaba desde Miami que “Cubanos consultados opinan que no hay elecciones en un país donde poco se sabe de la agenda o los planes de las personas por las que votarán…”, para después de la jornada afirmar que “Cubanos consultados para Martí Noticias parecen no saber ni por quién o para qué votaron…”
Al día siguiente de la jornada, la Comisión Electoral Nacional dio a conocer los resultados finales del suceso, haciendo notar que del total de electores, 8 millones 926 mil 575 ciudadanos, sufragaron en esta ocasión 7 millones 399 mil 891, o sea el 82.90 por ciento; a la vez, que no había votado el 17.10 por ciento del electorado, mientras que el 94.42 por ciento de las boletas fueron válidas, el 1.26 por ciento fueron anuladas y el 4.32 por ciento se depositaron en blanco.
Las votaciones de este 11 de marzo se realizaron en 24 mil 470 colegios electorales, de ellos 143 especiales, ubicados en hospitales, terminales y aeropuertos. Los comicios se llevaron a cabo para elegir delegados a las asambleas provinciales y diputados nacionales, en un proceso que culminará el 19 de abril con la elección de un nuevo presidente, en sustitución de Raúl Castro. Siendo el sufragio secreto y voluntario, cada uno de los diputados electos contó con el voto de más de la mitad de sus electores, vecinos de su localidad, luego de haber presentado ante ellos su respectivo programa de trabajo.
La sociedad civil cubana está integrada por más de 2 mil 200 organizaciones, entre las que se destacan las organizaciones sociales y de masas, y las organizaciones o asociaciones científicas o técnicas, culturales y artísticas, deportivas, de amistad y solidaridad, entre otras. El Parlamento está conformado por los 609 diputados ahora electos, además de 940 plenos provenientes de las organizaciones de masas de la Isla; entre otras la Central de Trabajadores de Cuba, la Federación de Mujeres Cubanas y la Federación Estudiantil Universitaria.
Ni duda cabe acerca del respaldo de un porcentaje mayor al 80 por ciento del pueblo a un sistema electoral genuino y ejemplar, situado a mucha distancia de los que se tienen en las llamadas “democracias de mercado”, donde en muchas ocasiones vota la mitad de los electores, los candidatos gastan millones en propaganda con promesas que no se llegan a cumplir, se triunfa a través de métodos fraudulentos, y al final gobiernan los electos con el sufragio de minorías.
Los resultados de esta elección al Parlamento cubano también atajan todos esos dichos de que “la gente está oprimida”, “no tienen qué comer”, “el descontento es generalizado”, y otros tantos mitos o invenciones que olvidan o tratan de ocultar los cincuenta años de guerra total hacia la Isla por parte del país más poderoso del mundo, así como la defensa heroica que el pueblo en su casi totalidad ha hecho de su patria y de sus decisiones soberanas.
El pasado 11 de marzo se llevó a cabo en Cuba la jornada electoral para elegir diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Durante la misma resaltó la tranquilidad ciudadana con la que se celebró la votación, con total disciplina de las y los pioneros al cuidado de las urnas. Radio Martí, emisora del gobierno de Estados Unidos, antes de la jornada destacaba desde Miami que “Cubanos consultados opinan que no hay elecciones en un país donde poco se sabe de la agenda o los planes de las personas por las que votarán…”, para después de la jornada afirmar que “Cubanos consultados para Martí Noticias parecen no saber ni por quién o para qué votaron…”
Al día siguiente de la jornada, la Comisión Electoral Nacional dio a conocer los resultados finales del suceso, haciendo notar que del total de electores, 8 millones 926 mil 575 ciudadanos, sufragaron en esta ocasión 7 millones 399 mil 891, o sea el 82.90 por ciento; a la vez, que no había votado el 17.10 por ciento del electorado, mientras que el 94.42 por ciento de las boletas fueron válidas, el 1.26 por ciento fueron anuladas y el 4.32 por ciento se depositaron en blanco.
Las votaciones de este 11 de marzo se realizaron en 24 mil 470 colegios electorales, de ellos 143 especiales, ubicados en hospitales, terminales y aeropuertos. Los comicios se llevaron a cabo para elegir delegados a las asambleas provinciales y diputados nacionales, en un proceso que culminará el 19 de abril con la elección de un nuevo presidente, en sustitución de Raúl Castro. Siendo el sufragio secreto y voluntario, cada uno de los diputados electos contó con el voto de más de la mitad de sus electores, vecinos de su localidad, luego de haber presentado ante ellos su respectivo programa de trabajo.
La sociedad civil cubana está integrada por más de 2 mil 200 organizaciones, entre las que se destacan las organizaciones sociales y de masas, y las organizaciones o asociaciones científicas o técnicas, culturales y artísticas, deportivas, de amistad y solidaridad, entre otras. El Parlamento está conformado por los 609 diputados ahora electos, además de 940 plenos provenientes de las organizaciones de masas de la Isla; entre otras la Central de Trabajadores de Cuba, la Federación de Mujeres Cubanas y la Federación Estudiantil Universitaria.
Ni duda cabe acerca del respaldo de un porcentaje mayor al 80 por ciento del pueblo a un sistema electoral genuino y ejemplar, situado a mucha distancia de los que se tienen en las llamadas “democracias de mercado”, donde en muchas ocasiones vota la mitad de los electores, los candidatos gastan millones en propaganda con promesas que no se llegan a cumplir, se triunfa a través de métodos fraudulentos, y al final gobiernan los electos con el sufragio de minorías.
Los resultados de esta elección al Parlamento cubano también atajan todos esos dichos de que “la gente está oprimida”, “no tienen qué comer”, “el descontento es generalizado”, y otros tantos mitos o invenciones que olvidan o tratan de ocultar los cincuenta años de guerra total hacia la Isla por parte del país más poderoso del mundo, así como la defensa heroica que el pueblo en su casi totalidad ha hecho de su patria y de sus decisiones soberanas.
24 de marzo de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 24 de marzo de 2018)
El Otoño del Imperio
(Publicado: Revista Siempre!, México, 24 de marzo de 2018)
El Otoño del Imperio
sábado, 10 de marzo de 2018
La Crisis Migratoria y la Nueva Derecha Europea
Jesús Hernández Garibay
Uno de los fenómeno sociales más significativo del nuevo siglo ha sido la migración, que alcanza en los años recientes sus más altos índices a nivel internacional y regional. A diferencia de épocas anteriores (por ejemplo, entre 1846 y 1914 pasaron de Europa a América y particularmente hacia Estados Unidos, más de 30 millones de migrantes), el centro geográfico de ese grave problema ha sido a partir de 2014, Europa, adonde ha concurrido el mayor número de personas desplazadas y en busca de refugio luego de la Segunda Guerra Mundial.
Ello ha creado la mayor crisis humanitaria sucedida en el mundo en los tiempos modernos, con cerca de 900 mil personas provenientes principalmente de África y Medio Oriente, cuyo arribo imprevisto ha creado en varios países problemas políticos, diplomáticos, económicos, sociales y, desde luego, culturales. Este es el entorno en el que, habiendo nacido como respuesta al movimiento social de 1968, ha comenzado ahora a irrumpir con mayor fuerza en la escena política una llamada Nueva Derecha Europea, cuyo discurso es renovado y acorde a los nuevos tiempos.
En efecto, la “Nouvelle Droit” es un movimiento ideológico surgido luego de que en el 68 Alain de Benoist publicara en Francia un Manifiesto, donde sus integrantes exponían no ser “ni la derecha tradicional ni la izquierda, sino algo totalmente distinto…”; una idea después reformulada en el Manifiesto “La nueva derecha del año 2000”, de Benoist y Champetier. En este nuevo documento, al referirse a la “modernidad”, sus autores indican: “La promesa de igualdad… ha fracasado y doblemente: el comunismo la traicionó instaurando los regímenes totalitarios más sangrientos de la historia. El capitalismo se burló de ella al legitimar mediante una igualdad de principios las más odiosas desigualdades económicas y sociales. La modernidad proclamó derechos, pero sin proporcionar los medios para ejercerlos…”
En un documento más reciente, publicado en octubre de 2017 y titulado “La declaración de París. Una Europa en la que pudiéramos creer”, sus autores, un grupo de respetados pensadores conservadores de todo el continente (Philippe Bénéton, de Francia; Ryszard Legutko, de Polonia; Dalmacio Negro Pavón, de España; Roger Scruton, del Reino Unido; y Robert Spaemann, de Alemania, entre otros), tocan ahora ya, al referirse a la respuesta de varios gobiernos a la invasión migratoria, el espinoso tema de “la fantasía utópica de un mundo multicultural sin fronteras”.
Con un discurso que si bien es parecido al de las revueltas de izquierda del 68, sus autores, sin embargo, se plantean defender no a las minorías como entonces (étnicas, religiosas, de mujeres), sino asumir la defensa de las mayorías hoy atribuladas por la crisis. En el fondo, no obstante, lo que todavía se proponen es deshacer el legado que el 1968 dejó en Europa, pues les preocupa que el descontento social actual se exacerbe y represente un verdadero peligro para el “statu quo”.
Lo cierto es que, como ya lo decíamos hace un tiempo en este espacio, la crisis migratoria europea es consecuencia de las modernas “guerras de conquista” de los gobiernos defensores del mismo “statu quo”, liderados por Estados Unidos; una secuela que ahora la Nueva Derecha pretende resolver con discursos manoteados. Lo que con seguridad no le dará al mundo más tranquilidad.
Uno de los fenómeno sociales más significativo del nuevo siglo ha sido la migración, que alcanza en los años recientes sus más altos índices a nivel internacional y regional. A diferencia de épocas anteriores (por ejemplo, entre 1846 y 1914 pasaron de Europa a América y particularmente hacia Estados Unidos, más de 30 millones de migrantes), el centro geográfico de ese grave problema ha sido a partir de 2014, Europa, adonde ha concurrido el mayor número de personas desplazadas y en busca de refugio luego de la Segunda Guerra Mundial.
Ello ha creado la mayor crisis humanitaria sucedida en el mundo en los tiempos modernos, con cerca de 900 mil personas provenientes principalmente de África y Medio Oriente, cuyo arribo imprevisto ha creado en varios países problemas políticos, diplomáticos, económicos, sociales y, desde luego, culturales. Este es el entorno en el que, habiendo nacido como respuesta al movimiento social de 1968, ha comenzado ahora a irrumpir con mayor fuerza en la escena política una llamada Nueva Derecha Europea, cuyo discurso es renovado y acorde a los nuevos tiempos.
En efecto, la “Nouvelle Droit” es un movimiento ideológico surgido luego de que en el 68 Alain de Benoist publicara en Francia un Manifiesto, donde sus integrantes exponían no ser “ni la derecha tradicional ni la izquierda, sino algo totalmente distinto…”; una idea después reformulada en el Manifiesto “La nueva derecha del año 2000”, de Benoist y Champetier. En este nuevo documento, al referirse a la “modernidad”, sus autores indican: “La promesa de igualdad… ha fracasado y doblemente: el comunismo la traicionó instaurando los regímenes totalitarios más sangrientos de la historia. El capitalismo se burló de ella al legitimar mediante una igualdad de principios las más odiosas desigualdades económicas y sociales. La modernidad proclamó derechos, pero sin proporcionar los medios para ejercerlos…”
En un documento más reciente, publicado en octubre de 2017 y titulado “La declaración de París. Una Europa en la que pudiéramos creer”, sus autores, un grupo de respetados pensadores conservadores de todo el continente (Philippe Bénéton, de Francia; Ryszard Legutko, de Polonia; Dalmacio Negro Pavón, de España; Roger Scruton, del Reino Unido; y Robert Spaemann, de Alemania, entre otros), tocan ahora ya, al referirse a la respuesta de varios gobiernos a la invasión migratoria, el espinoso tema de “la fantasía utópica de un mundo multicultural sin fronteras”.
Con un discurso que si bien es parecido al de las revueltas de izquierda del 68, sus autores, sin embargo, se plantean defender no a las minorías como entonces (étnicas, religiosas, de mujeres), sino asumir la defensa de las mayorías hoy atribuladas por la crisis. En el fondo, no obstante, lo que todavía se proponen es deshacer el legado que el 1968 dejó en Europa, pues les preocupa que el descontento social actual se exacerbe y represente un verdadero peligro para el “statu quo”.
Lo cierto es que, como ya lo decíamos hace un tiempo en este espacio, la crisis migratoria europea es consecuencia de las modernas “guerras de conquista” de los gobiernos defensores del mismo “statu quo”, liderados por Estados Unidos; una secuela que ahora la Nueva Derecha pretende resolver con discursos manoteados. Lo que con seguridad no le dará al mundo más tranquilidad.
10 de marzo de 2018.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de marzo de 2018)
El Otoño del Imperio
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de marzo de 2018)
El Otoño del Imperio
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