Jesús Hernández Garibay
Luego de advertir durante meses todas las vicisitudes que se han presentado en una singular precampaña y campaña electoral por la Presidencia de Estados Unidos, uno no puede menos que preguntarse cómo es que se ha llegado a este insólito escenario. Un candidato descalificado por los dirigentes de su partido pero virtualmente impuesto por un movimiento popular; una candidata acusada de ser apuntalada por el “establishment” y al mismo tiempo calificada como “farsante” por amplias capas de ciudadanos; un candidato caracterizado como sociópata por sus detractores y una candidata que se sospecha padece un trastorno cerebral; un candidato del cual se dice que tiene problemas con el fisco y una candidata a la que se le imputa un delito relacionado con la seguridad nacional.
Mientras que destacados personajes de gobiernos anteriores insisten en que Trump pondría en riesgo la seguridad nacional, pues “carece de carácter, valores y experiencia para ser presidente”, y que de llegar a la Casa Blanca “debilitará la autoridad moral de Estados Unidos como líder del mundo libre”, una reciente encuesta de NBC News/ Survey Monkey indica que Hillary podría ganar la carrera presidencial por 9 puntos, pero en la misma sólo el 42 por ciento de los votantes considera que tiene la personalidad y el temperamento para servir, sólo el 23 por ciento está de acuerdo en que ella “se preocupa por la gente como tú”, sólo el 20 por ciento dice que ella comparte sus valores y sólo el 11 por ciento opina que es honesta y confiable.
El periodista conservador Michael Goodwin, escribe en el New York Post que sucede ante nuestros ojos “el completo colapso del periodismo estadounidense”, al que acusa de un “frenesí por enterrar a Trump”. Las más grandes cadenas de televisión, CBS, NBC y ABC, así como grandes periódicos como The New York Times y Washington Post, opina el periodista, “han descartado toda pretensión de juego limpio. Su feroz determinación para evitar el triunfo de Trump y mantenerlo fuera de la Oficina Oval no tiene precedentes”. De hecho, agrega Goodwin, “ningún extranjero enemigo ni grupo terrorista ni banda criminal del país sufre la paliza diaria que Trump padece. Los locos mullahs de Irán que llaman a Norteamérica el gran Satán y que han votado por borrar a Israel del mapa, son tratados por la gran prensa suavemente, en comparación a Trump…”
Lo cierto es que hoy en el país de las barras y las estrellas continúa decayendo el curso de la política tradicional, como resultado de los nuevos momentos de una crisis que llegó para quedarse y que provoca marcadas percepciones divergentes entre los ciudadanos afectados por ello, así como inevitables contradicciones. Una nueva encuesta telefónica nacional de Rasmussen indica que el 72 por ciento de los probables votantes consideran hoy que Norteamérica es un país más dividido de lo que era hace cuatro años. Claramente los electores piensan que las cosas empeoran en el país, ya que su percepción de tal hecho crece en 11 puntos, del 61 por ciento que se sentía de esa manera justo antes de día de las elecciones de hace dos años.
28 de agosto de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 28 de agosto de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 28 de agosto de 2016
domingo, 14 de agosto de 2016
Hillary Clinton, Candidata Demócrata “Aprobada por el Establishment”
Jesús Hernández Garibay
Tal y como estaba programado, una semana después de la Convención Republicana, del 25 al 28 de julio se llevó a cabo en la ciudad de Filadelfia la Convención Nacional Demócrata, en un ambiente también crispado como en la republicana, aunque por motivos diferentes. Miles de hombres y mujeres, dentro de la convención y en las calles aledañas de la ciudad, se manifestaron a lo largo de esos días, disgustados por los obstáculos impuestos a la precampaña de su favorito el senador Bernie Sanders; entre ellos el que Hillary Clinton fuera virtualmente predestinada semanas antes de la convención por los más grandes medios informativos.
En efecto, la Convención Republicana mostró un rostro desdibujado porque el xenófobo Donald Trump fue nominado en contra del deseo de la cúpula republicana, por un movimiento popular conservador que piensa en él como el “salvador” de la debacle nacional que él mismo ha insistido que existe hoy en Estados Unidos; de su parte, Hillary Clinton fue ungida por la dirigencia del partido, el apoyo del gobierno saliente y también, es cierto, por la convicción de sus seguidores de que llegará a la Casa Blanca con el propósito de llevar esperanza a quienes no han podido alcanzar el “sueño americano”, pero estarían a punto de conseguirlo con la primera presidenta en la historia del país.
Pero en tanto que la nominada como candidata demócrata en las elecciones de noviembre afirmaba en su discurso de aceptación que “su misión” como presidenta sería la de “crear mayores oportunidades y mejores empleos, con salarios crecientes aquí mismo, en Estados Unidos…”, haciendo énfasis en las regiones más necesitadas, muchos ciudadanos en encuestas hechas a propósito de ello, manifestaban su descrédito a lo que consideran son mentiras que sólo buscan el propósito de llevarla a la silla presidencial del país.
Y mientras en un obligado llamado a la unidad en medio de la exacerbación del evento la ex secretaria de Estado reconocía la precampaña de la “revolución política” de Sanders, “por haber puesto la justicia económica y social al centro y al frente, donde deben estar”, agregando a todos los seguidores del precandidato que “los he escuchado, su causa es nuestra causa”, esos seguidores le reiteraban en las calles su desaprobación y su desconfianza. Lo que es más, miles de ciudadanos no partidistas se sumaban a ese coro.
Y claro, a pesar de que el nombre de la ex primera dama está ligado a la familia política y económica por lo cual, dicen, fue “aprobada por el establishment”, y que en un eventual triunfo por ese motivo no cambiaría en el país gran cosa por muchas promesas que haga ―como le ocurrió al mismo Obama en su momento―, lo cierto es que un segmento del electorado sí le dará su “voto útil”, al hacerse eco de los llamados a evitar que el extremista Trump llegue a la Casa Blanca. No obstante, a pesar de las reiteradas torpezas del ahora candidato republicano, es esta una posibilidad real que con seguridad le seguirá quitando el sueño a la también ex senadora.
14 de agosto de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de agosto de 2016)
El Otoño del Imperio
Tal y como estaba programado, una semana después de la Convención Republicana, del 25 al 28 de julio se llevó a cabo en la ciudad de Filadelfia la Convención Nacional Demócrata, en un ambiente también crispado como en la republicana, aunque por motivos diferentes. Miles de hombres y mujeres, dentro de la convención y en las calles aledañas de la ciudad, se manifestaron a lo largo de esos días, disgustados por los obstáculos impuestos a la precampaña de su favorito el senador Bernie Sanders; entre ellos el que Hillary Clinton fuera virtualmente predestinada semanas antes de la convención por los más grandes medios informativos.
En efecto, la Convención Republicana mostró un rostro desdibujado porque el xenófobo Donald Trump fue nominado en contra del deseo de la cúpula republicana, por un movimiento popular conservador que piensa en él como el “salvador” de la debacle nacional que él mismo ha insistido que existe hoy en Estados Unidos; de su parte, Hillary Clinton fue ungida por la dirigencia del partido, el apoyo del gobierno saliente y también, es cierto, por la convicción de sus seguidores de que llegará a la Casa Blanca con el propósito de llevar esperanza a quienes no han podido alcanzar el “sueño americano”, pero estarían a punto de conseguirlo con la primera presidenta en la historia del país.
Pero en tanto que la nominada como candidata demócrata en las elecciones de noviembre afirmaba en su discurso de aceptación que “su misión” como presidenta sería la de “crear mayores oportunidades y mejores empleos, con salarios crecientes aquí mismo, en Estados Unidos…”, haciendo énfasis en las regiones más necesitadas, muchos ciudadanos en encuestas hechas a propósito de ello, manifestaban su descrédito a lo que consideran son mentiras que sólo buscan el propósito de llevarla a la silla presidencial del país.
Y mientras en un obligado llamado a la unidad en medio de la exacerbación del evento la ex secretaria de Estado reconocía la precampaña de la “revolución política” de Sanders, “por haber puesto la justicia económica y social al centro y al frente, donde deben estar”, agregando a todos los seguidores del precandidato que “los he escuchado, su causa es nuestra causa”, esos seguidores le reiteraban en las calles su desaprobación y su desconfianza. Lo que es más, miles de ciudadanos no partidistas se sumaban a ese coro.
Y claro, a pesar de que el nombre de la ex primera dama está ligado a la familia política y económica por lo cual, dicen, fue “aprobada por el establishment”, y que en un eventual triunfo por ese motivo no cambiaría en el país gran cosa por muchas promesas que haga ―como le ocurrió al mismo Obama en su momento―, lo cierto es que un segmento del electorado sí le dará su “voto útil”, al hacerse eco de los llamados a evitar que el extremista Trump llegue a la Casa Blanca. No obstante, a pesar de las reiteradas torpezas del ahora candidato republicano, es esta una posibilidad real que con seguridad le seguirá quitando el sueño a la también ex senadora.
14 de agosto de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de agosto de 2016)
El Otoño del Imperio
sábado, 30 de julio de 2016
Donald Trump: Las Razones de la Candidatura Republicana
Jesús Hernández Garibay
Del lunes 18 al jueves 21 de julio se llevó a cabo en la ciudad de Cleveland la Convención Nacional Republicana en la cual sería nominado el candidato a participar en los comicios de noviembre por la presidencia de Estados Unidos. El evento se llevó a cabo en medio de la profunda división existente en torno del magnate Donald Trump en donde, sin embargo, las voces de descontento en contra del que tendría que ser inevitablemente ungido, fueron acalladas por el entusiasmo de sus seguidores. La última noche, Trump aceptaría el compromiso, bajo el manto de la consigna central de su campaña: “Hacer grande a [norte]América otra vez”.
Como se sabe, la revuelta ocasionada por el ahora candidato resultó de una agresiva agenda que despertó la dura respuesta en diversos medios y de la misma cúpula republicana, a posturas que fueron calificadas propias de un “demagogo fascista”. Pero la mayor conmoción que causó al “establishment” republicano fue el sorprendente éxito su precampaña, pues no obstante las acusaciones de ser un fanático, Trump tuvo la certeza de generar un movimiento social en su entorno, que es el que obliga a dicha cúpula a tener que rendirse ante su nominación.
Para entender las razones por las cuales las posturas del ahora candidato “prenden” en un escenario estadounidense como el actual, hay que tomar en cuenta algunos hechos como estos:
• El declive del poderío norteamericano en el mundo, asumido hasta por el National Intelligence Council en su estudio publicado “Tendencias Globales hacia 2030”, en el cual reconoce que EUA deja cada día más de ser un poder hegemónico, por causa de su “repliegue inesperado como actor global” en un “mundo multipolar”.
• El marcado empobrecimiento de grandes núcleos de la población y virtual quebranto para las clases medias del llamado “sueño americano”, que para muchos ciudadanos es consecuencia de una globalización que abrió la puerta a las grandes empresas para buscar mano de obra barata fuera del país, en detrimento de los empleos y salarios de los trabajadores nacionales.
• Cambios como los ya previstos desde hace décadas en la composición del espectro social nacional, que promete para los hispanos, actualmente minoría, convertirse hacia mediados del siglo en la mayoría poblacional del país, lo que desbancará a muchos ciudadanos blancos de los privilegios de los que aún disfrutan.
Es por razones como éstas por las que los conocidos como “angry white man” (hombre blanco irritado) se erigen como el segmento más apasionado en apoyo y defensa del magnate, seguidos por ciudadanos para quienes la globalización (animada por las grandes empresas y promovida por los gobernantes) les quitó sus puestos de trabajo, además de considerar que la inmigración también los afecta en el mismo sentido. Así, la verdadera razón del éxito del peculiar empresario ahora convertido en político, hay que buscarla en el sentimiento de vulnerabilidad, amenaza y debilidad por causa de la inseguridad económica, el desgaste de valores y la decepción con el sistema político del país, que percibe una parte importante de los votantes de noviembre.
30 de julio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 31 de julio de 2016)
El Otoño del Imperio
Del lunes 18 al jueves 21 de julio se llevó a cabo en la ciudad de Cleveland la Convención Nacional Republicana en la cual sería nominado el candidato a participar en los comicios de noviembre por la presidencia de Estados Unidos. El evento se llevó a cabo en medio de la profunda división existente en torno del magnate Donald Trump en donde, sin embargo, las voces de descontento en contra del que tendría que ser inevitablemente ungido, fueron acalladas por el entusiasmo de sus seguidores. La última noche, Trump aceptaría el compromiso, bajo el manto de la consigna central de su campaña: “Hacer grande a [norte]América otra vez”.
Como se sabe, la revuelta ocasionada por el ahora candidato resultó de una agresiva agenda que despertó la dura respuesta en diversos medios y de la misma cúpula republicana, a posturas que fueron calificadas propias de un “demagogo fascista”. Pero la mayor conmoción que causó al “establishment” republicano fue el sorprendente éxito su precampaña, pues no obstante las acusaciones de ser un fanático, Trump tuvo la certeza de generar un movimiento social en su entorno, que es el que obliga a dicha cúpula a tener que rendirse ante su nominación.
Para entender las razones por las cuales las posturas del ahora candidato “prenden” en un escenario estadounidense como el actual, hay que tomar en cuenta algunos hechos como estos:
• El declive del poderío norteamericano en el mundo, asumido hasta por el National Intelligence Council en su estudio publicado “Tendencias Globales hacia 2030”, en el cual reconoce que EUA deja cada día más de ser un poder hegemónico, por causa de su “repliegue inesperado como actor global” en un “mundo multipolar”.
• El marcado empobrecimiento de grandes núcleos de la población y virtual quebranto para las clases medias del llamado “sueño americano”, que para muchos ciudadanos es consecuencia de una globalización que abrió la puerta a las grandes empresas para buscar mano de obra barata fuera del país, en detrimento de los empleos y salarios de los trabajadores nacionales.
• Cambios como los ya previstos desde hace décadas en la composición del espectro social nacional, que promete para los hispanos, actualmente minoría, convertirse hacia mediados del siglo en la mayoría poblacional del país, lo que desbancará a muchos ciudadanos blancos de los privilegios de los que aún disfrutan.
Es por razones como éstas por las que los conocidos como “angry white man” (hombre blanco irritado) se erigen como el segmento más apasionado en apoyo y defensa del magnate, seguidos por ciudadanos para quienes la globalización (animada por las grandes empresas y promovida por los gobernantes) les quitó sus puestos de trabajo, además de considerar que la inmigración también los afecta en el mismo sentido. Así, la verdadera razón del éxito del peculiar empresario ahora convertido en político, hay que buscarla en el sentimiento de vulnerabilidad, amenaza y debilidad por causa de la inseguridad económica, el desgaste de valores y la decepción con el sistema político del país, que percibe una parte importante de los votantes de noviembre.
30 de julio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 31 de julio de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 17 de julio de 2016
El Momento de la Verdad: Las Convenciones Republicana y Demócrata
Jesús Hernández Garibay
Este lunes 18 de julio se lleva a cabo en la ciudad de Cleveland, Ohio, la Convención del Partido Republicano en la que sería nombrado el candidato a la presidencia de Estados Unidos por parte de dicha organización. Una semana después, el lunes 25 en la ciudad de Filadelfia, se realiza la Convención del Partido Demócrata en la que también sería elegido el candidato formal aspirante a ocupar la Casa Blanca. Ambos eventos se efectúan en un complicado momento nacional, donde a la creciente pobreza se adicionan las nuevas reclamaciones públicas ocasionadas por las reiteradas muertes de personas de raza negra a manos de policías blancos.
De por sí que, tal y como ya se preveía de tiempo atrás, a la convención republicana el Partido llega como un frente fragmentado, por causa de que el precandidato mejor posicionado resultó ser, como se sabe, el empresario Donald Trump, quien con un discurso agresivo, racista, sexista, ultranacionalista y, a juicio de algunos, hasta de corte fascista, logró convencer de buscar un cambio de rumbo a decenas de miles de republicanos desencantados con el gobierno de Barack Obama, a quien culpan por la creciente decadencia nacional y global. Son esas masas partidistas las que, sin importar lo que sus altos dirigentes piensen, obligan al partido a promover a un candidato como Trump.
De su parte, el Partido Demócrata no anticipa una Convención tan problemática, pero no por ello menos compleja, pues Hillary Clinton, quien llega a la misma con el apoyo de las dirigencias, los llamados “superdelegados” y decenas de miles de militantes de las bases demócratas, carga a la vez en su bolsa de campaña un severo rechazo de otros cientos de miles de ciudadanos, quienes la consideran una política poco confiable. Así, luego de haber perdido el sueño durante varios meses por la amenaza que le significó la precampaña del senador “socialista democrático” Sanders, ahora la Clinton lo perderá de nuevo por no saber exactamente hasta donde ese descrédito suyo irá a pesar finalmente en las elecciones de noviembre.
Claro que como quiera que vaya a resolver el pueblo estadounidense la disyuntiva de elegir a un presidente xenófobo o a una presidenta a la cual antes de llegar a la silla de gobierno ya consideran una mentirosa, será cosa de valorarlo luego de pasadas estas elecciones, que amenazan con ser las de mayor abstencionismo electoral de todos los tiempos frente a los dos candidatos menos populares de la historia de Estados Unidos por su alto grado de desprestigio a la vista del ciudadano común, que lejos de interesarse por una participación en los comicios, crece en su descontento tanto por las inequidades raciales de estos tiempos en los que en su defensa tiene que levantar el grito de “Black Lives Matter!!” ―más las que en su discurso promete Trump en caso de triunfar―, como por el creciente empobrecimiento de sus familias ante un “sueño americano” cada día más ausente para las grandes mayorías del país, que Hillary promete hueramente que cambiará.
17 de julio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 17 de julio de 2016)
El Otoño del Imperio
Este lunes 18 de julio se lleva a cabo en la ciudad de Cleveland, Ohio, la Convención del Partido Republicano en la que sería nombrado el candidato a la presidencia de Estados Unidos por parte de dicha organización. Una semana después, el lunes 25 en la ciudad de Filadelfia, se realiza la Convención del Partido Demócrata en la que también sería elegido el candidato formal aspirante a ocupar la Casa Blanca. Ambos eventos se efectúan en un complicado momento nacional, donde a la creciente pobreza se adicionan las nuevas reclamaciones públicas ocasionadas por las reiteradas muertes de personas de raza negra a manos de policías blancos.
De por sí que, tal y como ya se preveía de tiempo atrás, a la convención republicana el Partido llega como un frente fragmentado, por causa de que el precandidato mejor posicionado resultó ser, como se sabe, el empresario Donald Trump, quien con un discurso agresivo, racista, sexista, ultranacionalista y, a juicio de algunos, hasta de corte fascista, logró convencer de buscar un cambio de rumbo a decenas de miles de republicanos desencantados con el gobierno de Barack Obama, a quien culpan por la creciente decadencia nacional y global. Son esas masas partidistas las que, sin importar lo que sus altos dirigentes piensen, obligan al partido a promover a un candidato como Trump.
De su parte, el Partido Demócrata no anticipa una Convención tan problemática, pero no por ello menos compleja, pues Hillary Clinton, quien llega a la misma con el apoyo de las dirigencias, los llamados “superdelegados” y decenas de miles de militantes de las bases demócratas, carga a la vez en su bolsa de campaña un severo rechazo de otros cientos de miles de ciudadanos, quienes la consideran una política poco confiable. Así, luego de haber perdido el sueño durante varios meses por la amenaza que le significó la precampaña del senador “socialista democrático” Sanders, ahora la Clinton lo perderá de nuevo por no saber exactamente hasta donde ese descrédito suyo irá a pesar finalmente en las elecciones de noviembre.
Claro que como quiera que vaya a resolver el pueblo estadounidense la disyuntiva de elegir a un presidente xenófobo o a una presidenta a la cual antes de llegar a la silla de gobierno ya consideran una mentirosa, será cosa de valorarlo luego de pasadas estas elecciones, que amenazan con ser las de mayor abstencionismo electoral de todos los tiempos frente a los dos candidatos menos populares de la historia de Estados Unidos por su alto grado de desprestigio a la vista del ciudadano común, que lejos de interesarse por una participación en los comicios, crece en su descontento tanto por las inequidades raciales de estos tiempos en los que en su defensa tiene que levantar el grito de “Black Lives Matter!!” ―más las que en su discurso promete Trump en caso de triunfar―, como por el creciente empobrecimiento de sus familias ante un “sueño americano” cada día más ausente para las grandes mayorías del país, que Hillary promete hueramente que cambiará.
17 de julio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 17 de julio de 2016)
El Otoño del Imperio
viernes, 8 de julio de 2016
El Brexit Evidencia un Nuevo Momento de la Crisis
Jesús Hernández Garibay
La inicial secuela de la consulta a los ciudadanos británicos acerca de su decisión para salir de la Unión Europea o permanecer en ella ―un resultado inesperado en favor de la salida que ha puesto a temblar al mundo, pues se tradujo de inmediato en más de dos billones de dólares que desaparecieron virtualmente de los mercados bursátiles en todo el orbe―, ha sido, de acuerdo con el Index Dow Jones de Standard & Poors, “la mayor pérdida diaria de todos los tiempos”, superando la quiebra de Lehman Brothers durante la crisis financiera de 2008 y la caída de la bolsa en aquel Lunes Negro de 1987.
Esto, que según algunos analistas tiene “el potencial de provocar un reordenamiento del poder, las relaciones económicas, las fronteras y las ideologías del mundo entero” (The New York Times), pone de manifiesto, entre otros, varios hechos por demás trascendentes:
1. El progreso y el alcance de la crisis global del sistema, ya trastocado desde la primera década del nuevo siglo y que, ahora, tras el efecto del llamado “Brexit” golpea con fuerza a una fracción de los principales magnates del mundo, que pierden en un solo día más de 127 mil millones de dólares de sus fortunas.
2. El descontento y el resquemor de distintas capas sociales por causa del gradual empobrecimiento sin visos de solución en sus países, una de las causas del maremoto británico y por la que diversos movimientos separatistas se siguen manifestando en regiones de la misma Europa, como el País Vasco y Cataluña en España, Bavaria en Alemania, Gales, Irlanda y Escocia en Reino Unido, Bretaña y Córcega en Francia, Cerdeña y Trentino-Tirol del Sur en Italia.
3. El grado de estancamiento de los mercados que no logran generar un crecimiento continuo que dé un impulso sostenido a la economía de países desarrollados como Estados Unidos, los europeos, Japón y los países “emergentes” más vinculados a ellos.
4. El alto costo que alcanza ya el proceso especulativo de “financiarización” al que han sido sometidos los mercados mundiales, para tratar de contrarrestar la irrefrenable tendencia a la baja de las tasas de ganancia, como resultado de esa economía estancada y en crisis permanente luego de su auge en los años setenta del siglo pasado.
5. La magra marcha sistémica toda que, en el curso de una cada vez mayor productividad con la utilización de procesos altamente automatizados y tecnologías más sofisticadas, promueve el despido y siembra un mayor desempleo, subempleo y mercado informal en el planeta.
6. La grave rapacidad del actual capital financiero monopolista de hoy, que haciendo uso irracional del crédito tiende a volver a las mismas empresas, a los gobiernos y a amplias capas de la población en adictos y esclavos de las deudas, tan sólo para mantener el motor caminando.
En el fondo, la mayor concentración y centralización de los capitales que resulta de la producción global cada vez más social, frente a la apropiación cada vez más privada de la riqueza mundial.
8 de julio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 3 de julio de 2016)
El Otoño del Imperio
La inicial secuela de la consulta a los ciudadanos británicos acerca de su decisión para salir de la Unión Europea o permanecer en ella ―un resultado inesperado en favor de la salida que ha puesto a temblar al mundo, pues se tradujo de inmediato en más de dos billones de dólares que desaparecieron virtualmente de los mercados bursátiles en todo el orbe―, ha sido, de acuerdo con el Index Dow Jones de Standard & Poors, “la mayor pérdida diaria de todos los tiempos”, superando la quiebra de Lehman Brothers durante la crisis financiera de 2008 y la caída de la bolsa en aquel Lunes Negro de 1987.
Esto, que según algunos analistas tiene “el potencial de provocar un reordenamiento del poder, las relaciones económicas, las fronteras y las ideologías del mundo entero” (The New York Times), pone de manifiesto, entre otros, varios hechos por demás trascendentes:
1. El progreso y el alcance de la crisis global del sistema, ya trastocado desde la primera década del nuevo siglo y que, ahora, tras el efecto del llamado “Brexit” golpea con fuerza a una fracción de los principales magnates del mundo, que pierden en un solo día más de 127 mil millones de dólares de sus fortunas.
2. El descontento y el resquemor de distintas capas sociales por causa del gradual empobrecimiento sin visos de solución en sus países, una de las causas del maremoto británico y por la que diversos movimientos separatistas se siguen manifestando en regiones de la misma Europa, como el País Vasco y Cataluña en España, Bavaria en Alemania, Gales, Irlanda y Escocia en Reino Unido, Bretaña y Córcega en Francia, Cerdeña y Trentino-Tirol del Sur en Italia.
3. El grado de estancamiento de los mercados que no logran generar un crecimiento continuo que dé un impulso sostenido a la economía de países desarrollados como Estados Unidos, los europeos, Japón y los países “emergentes” más vinculados a ellos.
4. El alto costo que alcanza ya el proceso especulativo de “financiarización” al que han sido sometidos los mercados mundiales, para tratar de contrarrestar la irrefrenable tendencia a la baja de las tasas de ganancia, como resultado de esa economía estancada y en crisis permanente luego de su auge en los años setenta del siglo pasado.
5. La magra marcha sistémica toda que, en el curso de una cada vez mayor productividad con la utilización de procesos altamente automatizados y tecnologías más sofisticadas, promueve el despido y siembra un mayor desempleo, subempleo y mercado informal en el planeta.
6. La grave rapacidad del actual capital financiero monopolista de hoy, que haciendo uso irracional del crédito tiende a volver a las mismas empresas, a los gobiernos y a amplias capas de la población en adictos y esclavos de las deudas, tan sólo para mantener el motor caminando.
En el fondo, la mayor concentración y centralización de los capitales que resulta de la producción global cada vez más social, frente a la apropiación cada vez más privada de la riqueza mundial.
8 de julio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 3 de julio de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 19 de junio de 2016
Nueva Cumbre 2016 del Sombrío Grupo Bilderberg
Jesús Hernández Garibay
Un centenar de barricadas de concreto y rejas fueron colocadas por la policía de la ciudad de Dresden, Alemania, alrededor del Hotel Taschenbergpalais, sitio donde se llevó a cabo del miércoles 8 al domingo 12 de junio de este año una nueva reunión cumbre del sombrío Grupo Bilderberg, estableciendo así una gran “área de seguridad restringida” en torno al lugar donde se encontraron unos 150 “líderes mundiales”, entre jefes de estado, expertos en tecnología, académicos y periodistas selectos. Durante el evento, policías federales fuertemente armados impidieron las manifestaciones de más de 15 personas en la periferia.
Algunos periódicos y sitios independientes de redes sociales informaron sobre los invitados, que aparte de figurones usuales como Henry Kissinger, David Rockefeller o los Rothschild, incluyeron ahora al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, el ex presidente de la Comisión Europea José Manuel Barroso, y al secretario de la OTAN, Jens Stoltenberg, sin faltar además las principales cabezas de Google, Shell, BP y Deutsche Bank, entre otros. Todos encaminados por los primeros ―quienes durante muchos años han tenido el mando del cónclave― a la firme idea de seguir conspirando en decidir el futuro de la humanidad.
Los temas que figuraron en esta ocasión fueron el (seguramente perturbador) poderío alcanzado por China y Rusia, el panorama político electoral de Estados Unidos, el panorama financiero global y la posibilidad de un nuevo colapso como el de 2008, las condiciones actuales de la Unión Europea y en particular la posibilidad de que Gran Bretaña salga de la misma, además de la innovación tecnológica y la seguridad cibernética, entre otros importantes. Todos tratados en un ambiente de total secrecía. Stanislav Tillic, uno de los asistentes al conclave, admitía al final de la reunión ante los reporteros, que Bilderberg es básicamente un poderoso grupo cabildero que puede “encauzar” a los distintos gobiernos del orbe.
Claro, el grupo se sigue autoproclamando como “un foro internacional pequeño, flexible, informal y extraoficial en el cual pueden ser expresados diferentes puntos de vista en un ambiente de comprensión mutua”. No obstante, en múltiples ocasiones ha sido acusado de ser un verdadero intento de “gobierno del mundo en la sombra”. Y es que el selecto club, que se reuniera por vez primera en Holanda en 1954, está integrado hoy por inversores internacionales, banqueros, dueños de los principales medios de información, políticos y miembros de la realeza, mientras que las personas que acceden de vez en vez a sus reuniones, lo hacen a conveniencia del “foro” y sólo por invitación expresa.
Como quiera que sea, un intento más éste de orientar el convulso mundo que vivimos ahora, hacia el paraíso que ansían los grandes capitales de alcanzar estabilidad y mayor riqueza con base en la disciplina absoluta de los pueblos.
19 de junio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 19 de junio de 2016)
El Otoño del Imperio
Un centenar de barricadas de concreto y rejas fueron colocadas por la policía de la ciudad de Dresden, Alemania, alrededor del Hotel Taschenbergpalais, sitio donde se llevó a cabo del miércoles 8 al domingo 12 de junio de este año una nueva reunión cumbre del sombrío Grupo Bilderberg, estableciendo así una gran “área de seguridad restringida” en torno al lugar donde se encontraron unos 150 “líderes mundiales”, entre jefes de estado, expertos en tecnología, académicos y periodistas selectos. Durante el evento, policías federales fuertemente armados impidieron las manifestaciones de más de 15 personas en la periferia.
Algunos periódicos y sitios independientes de redes sociales informaron sobre los invitados, que aparte de figurones usuales como Henry Kissinger, David Rockefeller o los Rothschild, incluyeron ahora al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, el ex presidente de la Comisión Europea José Manuel Barroso, y al secretario de la OTAN, Jens Stoltenberg, sin faltar además las principales cabezas de Google, Shell, BP y Deutsche Bank, entre otros. Todos encaminados por los primeros ―quienes durante muchos años han tenido el mando del cónclave― a la firme idea de seguir conspirando en decidir el futuro de la humanidad.
Los temas que figuraron en esta ocasión fueron el (seguramente perturbador) poderío alcanzado por China y Rusia, el panorama político electoral de Estados Unidos, el panorama financiero global y la posibilidad de un nuevo colapso como el de 2008, las condiciones actuales de la Unión Europea y en particular la posibilidad de que Gran Bretaña salga de la misma, además de la innovación tecnológica y la seguridad cibernética, entre otros importantes. Todos tratados en un ambiente de total secrecía. Stanislav Tillic, uno de los asistentes al conclave, admitía al final de la reunión ante los reporteros, que Bilderberg es básicamente un poderoso grupo cabildero que puede “encauzar” a los distintos gobiernos del orbe.
Claro, el grupo se sigue autoproclamando como “un foro internacional pequeño, flexible, informal y extraoficial en el cual pueden ser expresados diferentes puntos de vista en un ambiente de comprensión mutua”. No obstante, en múltiples ocasiones ha sido acusado de ser un verdadero intento de “gobierno del mundo en la sombra”. Y es que el selecto club, que se reuniera por vez primera en Holanda en 1954, está integrado hoy por inversores internacionales, banqueros, dueños de los principales medios de información, políticos y miembros de la realeza, mientras que las personas que acceden de vez en vez a sus reuniones, lo hacen a conveniencia del “foro” y sólo por invitación expresa.
Como quiera que sea, un intento más éste de orientar el convulso mundo que vivimos ahora, hacia el paraíso que ansían los grandes capitales de alcanzar estabilidad y mayor riqueza con base en la disciplina absoluta de los pueblos.
19 de junio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 19 de junio de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 5 de junio de 2016
La Rapiña por el Agua
Jesús Hernández Garibay
De tiempo atrás se dice que el agua en el planeta se convierte en el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI, pues se prevé que en diez años más la demanda de este elemento indispensable para la vida humana será un 56 por ciento superior al suministro actual y quienes posean agua podrían ser blanco de un saqueo forzado. Esto es así porque en los últimos tiempos, advierten especialistas, las grandes corporaciones han pasado a controlar el agua en gran parte del orbe y se especula que en los próximos años unas pocas empresas privadas poseerán el control monopólico de casi el 75 por ciento de este recurso vital en el mundo.
Según cálculos de la ONU, cerca de mil millones de personas no tienen hoy acceso a agua potable y segura; 2 mil quinientos millones carecen de sistemas sanitarios adecuados, y más de 5 millones de personas fallecen anualmente por causa de enfermedades relacionadas con el agua. Pero mientras poblaciones enteras no tienen acceso al agua potable, grandes corporaciones aprovechan para vender agua pura embotellada bajo el supuesto de subsanar el problema; en 1970 se vendieron en el mundo mil millones de litros, en 2000 la venta fue de 84 mil millones y en el 2015 fue de 320 mil millones de litros.
Como cada tres años, en abril pasado se realizó la 7ª edición del Foro Mundial del Agua, en ciudades de Corea del Sur. En ésta ocasión se reunieron líderes políticos, funcionarios y expertos en el tema provenientes de más de 100 países, quienes discutieron bajo el lema: “Agua para nuestro futuro”. El objetivo era claro y se hizo un llamado a fin de incluir el caso en la Agenda del Desarrollo Post 2015, así como, entre otras cosas, “aportar apoyo científico y promover el desarrollo y la difusión de las tecnologías para la reducción de enfermedades relacionadas con el agua, la mejora de los tratamientos de purificación y la gestión de aguas residuales”.
No obstante, muchos gobiernos desvían su responsabilidad de tutela de los recursos naturales en favor de las empresas y así el embotellamiento del agua resulta un gran negocio. Al respecto, Sylvia Ubal, directora y fundadora de Barómetro Internacional, ha dicho: “En los finales del siglo pasado el mundo entró en una nueva fase de confrontación que denominamos la Nueva Guerra por los recursos naturales [donde lo que se busca es] apropiarse de los recursos estratégicos y necesarios para el desarrollo y expansión del capitalismo. Guerras por el petróleo, guerras por el agua, guerras por tierras, guerras atmosféricas, esta es la verdadera cara de la globalización económica… El problema no son los recursos naturales, no es la gente, sino la codicia de las corporaciones empresariales y las asociaciones entre éstas y los Estados con el fin de usurpar los recursos de los pueblos y violar sus derechos fundamentales de vida.”
Tan sólo la compañía Coca-Cola, la empresa de bebidas más grande del mundo, en un año utiliza alrededor de 390 mil millones de litros de agua para elaborar su producto, tan adictivo y dañino para la salud de todos.
05 de junio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 05 de junio de 2016)
El Otoño del Imperio
De tiempo atrás se dice que el agua en el planeta se convierte en el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI, pues se prevé que en diez años más la demanda de este elemento indispensable para la vida humana será un 56 por ciento superior al suministro actual y quienes posean agua podrían ser blanco de un saqueo forzado. Esto es así porque en los últimos tiempos, advierten especialistas, las grandes corporaciones han pasado a controlar el agua en gran parte del orbe y se especula que en los próximos años unas pocas empresas privadas poseerán el control monopólico de casi el 75 por ciento de este recurso vital en el mundo.
Según cálculos de la ONU, cerca de mil millones de personas no tienen hoy acceso a agua potable y segura; 2 mil quinientos millones carecen de sistemas sanitarios adecuados, y más de 5 millones de personas fallecen anualmente por causa de enfermedades relacionadas con el agua. Pero mientras poblaciones enteras no tienen acceso al agua potable, grandes corporaciones aprovechan para vender agua pura embotellada bajo el supuesto de subsanar el problema; en 1970 se vendieron en el mundo mil millones de litros, en 2000 la venta fue de 84 mil millones y en el 2015 fue de 320 mil millones de litros.
Como cada tres años, en abril pasado se realizó la 7ª edición del Foro Mundial del Agua, en ciudades de Corea del Sur. En ésta ocasión se reunieron líderes políticos, funcionarios y expertos en el tema provenientes de más de 100 países, quienes discutieron bajo el lema: “Agua para nuestro futuro”. El objetivo era claro y se hizo un llamado a fin de incluir el caso en la Agenda del Desarrollo Post 2015, así como, entre otras cosas, “aportar apoyo científico y promover el desarrollo y la difusión de las tecnologías para la reducción de enfermedades relacionadas con el agua, la mejora de los tratamientos de purificación y la gestión de aguas residuales”.
No obstante, muchos gobiernos desvían su responsabilidad de tutela de los recursos naturales en favor de las empresas y así el embotellamiento del agua resulta un gran negocio. Al respecto, Sylvia Ubal, directora y fundadora de Barómetro Internacional, ha dicho: “En los finales del siglo pasado el mundo entró en una nueva fase de confrontación que denominamos la Nueva Guerra por los recursos naturales [donde lo que se busca es] apropiarse de los recursos estratégicos y necesarios para el desarrollo y expansión del capitalismo. Guerras por el petróleo, guerras por el agua, guerras por tierras, guerras atmosféricas, esta es la verdadera cara de la globalización económica… El problema no son los recursos naturales, no es la gente, sino la codicia de las corporaciones empresariales y las asociaciones entre éstas y los Estados con el fin de usurpar los recursos de los pueblos y violar sus derechos fundamentales de vida.”
Tan sólo la compañía Coca-Cola, la empresa de bebidas más grande del mundo, en un año utiliza alrededor de 390 mil millones de litros de agua para elaborar su producto, tan adictivo y dañino para la salud de todos.
05 de junio de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 05 de junio de 2016)
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