Jesús Hernández Garibay
Para el domingo 6 de marzo en que este comentario salga a la luz, ya se habrán llevado a cabo en el curso de la carrera por la presidencia de Estados Unidos 25 primarias o asambleas partidistas (caucus), que iniciaron en la primera quincena de febrero en Iowa y New Hampshire e incluyeron específicamente el pasado primero de marzo un “Supermartes” en 14 estados. Una cita que ha incluido al Partido Republicano en 22 ocasiones y al Partido Demócrata en otras 19, y que provee al primero de estos una tendencia inicial en la definición de su candidato.
Ya hoy afuera de la carrera republicana el inicial favorito Jeb Bush, hermano del ex presidente George W., así como otros precandidatos sin mayor oportunidad, la contienda incluye en sus filas a dos senadores de ascendencia cubana: el senador por el estado de Florida Marco Rubio y el senador por Texas Ted Cruz, así como al multimillonario Donald Trump. En dicho escenario se advierte ―a pesar del clamor de varios liderazgos republicanos y sectores no republicanos en el sentido de detener a Trump, por motivo del malestar que causan sus escandalosas declaraciones―, que éste sigue liderando las preferencias de su partido.
Y aún más, por el creciente apoyo que comienzan a brindarle al multimillonario figuras republicanas como el ex precandidato presidencial y gobernador de Nueva Jersey Chris Christie y la ex gobernadora de Arizona Jan Brewer, impulsora de una ley anti-inmigrante que consideraba presuntos culpables de crímenes a todos los que por su apariencia pudieran parecer inmigrantes, fueran o no norteamericanos. O la más reciente del senador por Alabama Jeff Sessions, conocido por su postura de línea dura contra la inmigración ilegal. O hasta el ultrarracista ex líder del Ku Klux Klan David Duke.
Al respecto, el senador Sessions decía en un mitin de campaña en Madison, Alabama: “Esta elección es nuestra última oportunidad para salvar la soberanía de Estados Unidos… Nos estamos acercando rápidamente al punto de no retorno; las personas están sufriendo, los salarios disminuyen, las escuelas están sobrecargadas, los hospitales dilatados más allá del punto de ruptura, el crimen es ascendente y la confianza de la comunidad está por los suelos…” Temas en los que todos y cada uno de los republicanos han insistido religiosamente, en críticas abiertas y soterradas hechas en contra del primer negro en la historia de la Casa Blanca.
Ahora, ante la preocupación de algunos de los principales líderes republicanos que comienzan a advertir que la campaña incómoda de Trump se viene transformando en un movimiento popular y que hay una fuerte posibilidad de que éste llegue a ser el candidato, la “implosión” sobre dicha candidatura comienza a emerger y preocupar, pues podría derivar en enfrentamientos y hasta fisuras en la unidad partidista. “Es aterrador”, opinaba el gobernador de Carolina del sur Nikki Haley, pues plantea al partido preguntas acerca de su verdadera identidad y sus valores. “Y eso es algo que no queremos que suceda…”, decía Haley.
6 de marzo de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 6 de marzo de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 6 de marzo de 2016
domingo, 21 de febrero de 2016
El Orden Internacional: ¿Hacia una Tercera Guerra Mundial?
Jesús Hernández Garibay
Del 12 al 14 de este mes se llevó a cabo en la ciudad de Múnich la Conferencia Internacional de Seguridad 2016, con la presencia de políticos, diplomáticos, militares, hombres de negocios, científicos y figuras públicas de más de 40 países del mundo, miembros de la OTAN y la Unión Europea, junto con países influyentes como Rusia, China, Japón, India y otros. La Conferencia es el evento más importante en el ámbito de la seguridad internacional. Lo que resulta de ello es altamente significativo, y en esta ocasión se dijo ahí que el orden mundial atraviesa el momento más dramático desde hace catorce lustros.
En su discurso inaugural, el presidente de la misma, Wolfgang Ischinger, indicaba: “El orden mundial atraviesa probablemente el estado más grave desde el final de la Segunda Guerra Mundial…” Luego, al término del encuentro, bajo la sombra de un creciente pesimismo con respecto a las opciones de éxito del acuerdo sobre Siria alcanzado recién por Estados Unidos y Rusia, el mismo Ischinger reafirmaba: “Dije al principio de la conferencia que la situación era desoladora y tres días de conversaciones no me han hecho cambiar de opinión…”; y resumió que, lo que sobre todo se destacó ahí, fue la “confianza rota”, las “narrativas diametralmente opuestas” y los “instrumentos internacionales inadecuados para resolver conflictos”.
Son cada vez más las voces que se suman a una apreciación similar; y es que las cifras mismas lo sustentan. En este 2016 el presupuesto global de defensa aumentará en el mundo hasta US$1,68 billones, frente a US$1,65 billones en 2015, según indica el informe anual de la publicación “Defence & Security Intelligence & Analysis”, de Londres (IHS Jane). De acuerdo con IHS Jane, el presente año marcará “el retorno al crecimiento de los presupuestos de defensa”, mermados en los últimos tiempos por la crisis económica, y se espera que también la OTAN vea aumentar su dotación por primera vez desde 2010, con Estados Unidos a la cabeza.
China y Rusia son al respecto un contrapeso significativo. Pero la declaración de EUA sobre su disposición a seguir desarrollando un sistema antimisiles en Europa vuelve a confirmar que, en realidad, esa “defensa antimisiles” tiene como objetivo instalaciones rusas. A la vez, actualmente se desarrolla en Texas, el mayor y más caro proyecto nuclear de la historia de ese país, consistente en el desmantelamiento de ojivas antiguas, que son reemplazadas por nuevas. El asunto se discute en el Congreso, pues supondría el incumplimiento de la promesa de Obama de “no desarrollar ningún tipo de arma nuclear con nuevas capacidades”. La gravedad de una decisión como esa, bien nos podría llevar a la Tercera Guerra Mundial como pretendida solución al declive de su hegemonía y del reinado del dólar.
En noviembre último el secretario de Defensa estadounidense Ash Carter acusaba: “No buscamos hacer de Rusia un enemigo. Pero no hay que equivocarse; Estados Unidos defenderá sus intereses, los de nuestros aliados, el ejemplar orden internacional y el futuro positivo que abarca a todos…” Aunque, en verdad, este “futuro positivo” abarque más bien a unos cuantos.
21 de febrero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 21 de febrero de 2016)
El Otoño del Imperio
Del 12 al 14 de este mes se llevó a cabo en la ciudad de Múnich la Conferencia Internacional de Seguridad 2016, con la presencia de políticos, diplomáticos, militares, hombres de negocios, científicos y figuras públicas de más de 40 países del mundo, miembros de la OTAN y la Unión Europea, junto con países influyentes como Rusia, China, Japón, India y otros. La Conferencia es el evento más importante en el ámbito de la seguridad internacional. Lo que resulta de ello es altamente significativo, y en esta ocasión se dijo ahí que el orden mundial atraviesa el momento más dramático desde hace catorce lustros.
En su discurso inaugural, el presidente de la misma, Wolfgang Ischinger, indicaba: “El orden mundial atraviesa probablemente el estado más grave desde el final de la Segunda Guerra Mundial…” Luego, al término del encuentro, bajo la sombra de un creciente pesimismo con respecto a las opciones de éxito del acuerdo sobre Siria alcanzado recién por Estados Unidos y Rusia, el mismo Ischinger reafirmaba: “Dije al principio de la conferencia que la situación era desoladora y tres días de conversaciones no me han hecho cambiar de opinión…”; y resumió que, lo que sobre todo se destacó ahí, fue la “confianza rota”, las “narrativas diametralmente opuestas” y los “instrumentos internacionales inadecuados para resolver conflictos”.
Son cada vez más las voces que se suman a una apreciación similar; y es que las cifras mismas lo sustentan. En este 2016 el presupuesto global de defensa aumentará en el mundo hasta US$1,68 billones, frente a US$1,65 billones en 2015, según indica el informe anual de la publicación “Defence & Security Intelligence & Analysis”, de Londres (IHS Jane). De acuerdo con IHS Jane, el presente año marcará “el retorno al crecimiento de los presupuestos de defensa”, mermados en los últimos tiempos por la crisis económica, y se espera que también la OTAN vea aumentar su dotación por primera vez desde 2010, con Estados Unidos a la cabeza.
China y Rusia son al respecto un contrapeso significativo. Pero la declaración de EUA sobre su disposición a seguir desarrollando un sistema antimisiles en Europa vuelve a confirmar que, en realidad, esa “defensa antimisiles” tiene como objetivo instalaciones rusas. A la vez, actualmente se desarrolla en Texas, el mayor y más caro proyecto nuclear de la historia de ese país, consistente en el desmantelamiento de ojivas antiguas, que son reemplazadas por nuevas. El asunto se discute en el Congreso, pues supondría el incumplimiento de la promesa de Obama de “no desarrollar ningún tipo de arma nuclear con nuevas capacidades”. La gravedad de una decisión como esa, bien nos podría llevar a la Tercera Guerra Mundial como pretendida solución al declive de su hegemonía y del reinado del dólar.
En noviembre último el secretario de Defensa estadounidense Ash Carter acusaba: “No buscamos hacer de Rusia un enemigo. Pero no hay que equivocarse; Estados Unidos defenderá sus intereses, los de nuestros aliados, el ejemplar orden internacional y el futuro positivo que abarca a todos…” Aunque, en verdad, este “futuro positivo” abarque más bien a unos cuantos.
21 de febrero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 21 de febrero de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 14 de febrero de 2016
La Robótica y el Futuro del Mundo Laboral
Jesús Hernández Garibay
Implantes de teléfonos móviles, impresiones en 3D de órganos para trasplante, ropa y lentes de lectura conectados a Internet, serán con seguridad tecnologías habituales en 2025, en la medida en que el mundo entre en una era avanzada de la robótica, la inteligencia artificial y la biotecnología. Al menos es lo que piensan 1 mil 899 expertos en tecnología encuestados por el Pew Research Center para el Foro Económico Mundial, en un estudio realizado para conocer el impacto económico y social que los robots inteligentes tendrán alrededor del mundo en esas fechas.
Al respecto, “Preparando la Fuerza de Trabajo para la Cuarta Revolución Industrial” fue tema principal en la reciente cita anual de Davos, donde la preocupación central fue el futuro de los trabajos y la manera en cómo están siendo preparadas las nuevas generaciones de escolares para ello. O como lo decía Andy Haldane, director economista del Banco de Inglaterra: “Para evitar el peor escenario ―el cambio tecnológico acompañado de una escasez de talento…―, la capacitación de los trabajadores de hoy será decisiva”, porque “no es posible capear la actual revolución tecnológica, sólo esperando que la próxima generación de la fuerza de trabajo esté mejor preparada”. De ahí que, dicen, deba seguir adelante la reforma educativa mundial en marcha.
Gracias a libros recientes como “La segunda era de la máquina”, “El ascenso de los robots” y “El futuro de los trabajos”, el tema se ha vuelto candente, aunque también por otros motivos. El mismo Haldane opina: “Las habilidades ‘humanas’ que las máquinas pueden reproducir a bajo costo se van a multiplicar por el efecto de una oleada de automatización", tanto en cada uno de los procesos industriales, montaje, instalación y manejo de máquinas, las reparaciones, los trabajos nocturnos, como en los trabajos administrativos, la contabilidad, la atención directa al público, el transporte, la construcción y la extracción, la banca, los gobiernos locales, las tiendas, los cafés y restaurantes, y un largo etcétera.
Pero el efecto global de ello sobre el desempleo será cada vez más crítico. Hoy se estima que el 47 por ciento de los empleos en Estados Unidos y el 35 por ciento en el Reino Unido pueden considerarse de “alto riesgo” de ser automatizados en los próximos 10 a 20 años, lo que implica que en este segundo país los robots podrían desplazar en las dos próximas décadas a la mitad de la fuerza de trabajo, unos 15 millones de trabajadores, y que en ese mismo periodo acabarán con 18 millones de empleos en Alemania, aproximadamente la mitad del total.
Así, se espera que los actuales puestos de trabajo sean reemplazados por robots mucho más productivos y rentables que los humanos, ya que su proceso de formación es constante, su potencial de conflictividad laboral cero y, la mayor ventaja para la empresa, no cobran ningún sueldo ni cotizan a la seguridad social. O sea…, un paraíso para los grandes negocios…, aunque en medio graves contradicciones por el mayor empobrecimiento de todos los tiempos.
14 de febrero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de febrero de 2016)
El Otoño del Imperio
Implantes de teléfonos móviles, impresiones en 3D de órganos para trasplante, ropa y lentes de lectura conectados a Internet, serán con seguridad tecnologías habituales en 2025, en la medida en que el mundo entre en una era avanzada de la robótica, la inteligencia artificial y la biotecnología. Al menos es lo que piensan 1 mil 899 expertos en tecnología encuestados por el Pew Research Center para el Foro Económico Mundial, en un estudio realizado para conocer el impacto económico y social que los robots inteligentes tendrán alrededor del mundo en esas fechas.
Al respecto, “Preparando la Fuerza de Trabajo para la Cuarta Revolución Industrial” fue tema principal en la reciente cita anual de Davos, donde la preocupación central fue el futuro de los trabajos y la manera en cómo están siendo preparadas las nuevas generaciones de escolares para ello. O como lo decía Andy Haldane, director economista del Banco de Inglaterra: “Para evitar el peor escenario ―el cambio tecnológico acompañado de una escasez de talento…―, la capacitación de los trabajadores de hoy será decisiva”, porque “no es posible capear la actual revolución tecnológica, sólo esperando que la próxima generación de la fuerza de trabajo esté mejor preparada”. De ahí que, dicen, deba seguir adelante la reforma educativa mundial en marcha.
Gracias a libros recientes como “La segunda era de la máquina”, “El ascenso de los robots” y “El futuro de los trabajos”, el tema se ha vuelto candente, aunque también por otros motivos. El mismo Haldane opina: “Las habilidades ‘humanas’ que las máquinas pueden reproducir a bajo costo se van a multiplicar por el efecto de una oleada de automatización", tanto en cada uno de los procesos industriales, montaje, instalación y manejo de máquinas, las reparaciones, los trabajos nocturnos, como en los trabajos administrativos, la contabilidad, la atención directa al público, el transporte, la construcción y la extracción, la banca, los gobiernos locales, las tiendas, los cafés y restaurantes, y un largo etcétera.
Pero el efecto global de ello sobre el desempleo será cada vez más crítico. Hoy se estima que el 47 por ciento de los empleos en Estados Unidos y el 35 por ciento en el Reino Unido pueden considerarse de “alto riesgo” de ser automatizados en los próximos 10 a 20 años, lo que implica que en este segundo país los robots podrían desplazar en las dos próximas décadas a la mitad de la fuerza de trabajo, unos 15 millones de trabajadores, y que en ese mismo periodo acabarán con 18 millones de empleos en Alemania, aproximadamente la mitad del total.
Así, se espera que los actuales puestos de trabajo sean reemplazados por robots mucho más productivos y rentables que los humanos, ya que su proceso de formación es constante, su potencial de conflictividad laboral cero y, la mayor ventaja para la empresa, no cobran ningún sueldo ni cotizan a la seguridad social. O sea…, un paraíso para los grandes negocios…, aunque en medio graves contradicciones por el mayor empobrecimiento de todos los tiempos.
14 de febrero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de febrero de 2016)
El Otoño del Imperio
lunes, 1 de febrero de 2016
Estados Unidos: El Panorama Preelectoral
Jesús Hernández Garibay
El martes 12 de enero el presidente Barack Obama se dirigió a la nación en lo que fue su séptimo y último discurso del Estado de la Unión. En tanto que se vanagloriaba de ser “el país más poderoso de la tierra, punto…” y de estar “en medio de la racha más larga en la historia de la creación de empleo…”, lo cierto es que como resultado de su mandato de seis años deja pendientes temas que tendrá que asumir quien le suceda en el despacho oval de la Casa Blanca. De su lado, el escenario electoral está montado para dar inicio a las primarias de los dos principales partidos con las asambleas partidistas (caucus) en Iowa este primero de febrero y la primaria de New Hampshire el día nueve.
Del lado republicano, como se sabe, las hostilidades para ganar la nominación comenzaron temprano y se han llevado a cabo ya seis debates, con la participación principal de siete rivales, de los cuales a estas alturas destacan cuatro: Donald Trump, Ted Cruz, Ben Carson y Jeb Bush. El multimillonario Trump es quien por mucho, al menos hasta ahora, lidera las preferencias dentro del partido; la encuesta hecha por la agencia Reuters el pasado 15 de enero lo ubica con el 38.2 por ciento, lejos de Cruz, senador por Texas, que tiene un 16.7 por ciento, y sobre todo del inicialmente favorito exgobernador de Florida Jeb Bush, quien solamente alcanza para un tercer lugar un 9.4 por ciento.
Del lado demócrata, también habiendo comenzado temprano los rounds de sombra se han llevado a cabo cinco debates antes del inicio de las primarias. Hillary Clinton no ha dejado de ser la favorita y una muestra de ello es el resultado de la encuesta de Reuters también del 15 de enero que ubica a la ex secretaria de Estado con el 50.7 por ciento de las preferencias, de frente a su único adversario el senador por Vermont de 74 años, Bernie Sanders, que alcanza el 37.3 por ciento. El problema, sin embargo, es que los asesores de la Clinton, incluyendo al ex presidente Bill Clinton, creen que ella ha hecho cálculos erróneos al subestimar la campaña del senador Sanders y al no confrontar su mensaje “archiliberal”, antes de que se convirtiera en un movimiento político importante como lo está siendo; lo que podría descarrilar su campaña.
Es todavía temprano para saber cuál es el curso que tomará esta vez el proceso preelectoral en esa nación. Veremos adelante si el Gran Old Party republicano se decide por llevar adelante la opción más dura en la figura de Trump o prefiere obligar a éste a alejarse de sus posiciones más conservadoras, o alternativamente impulsa a otro candidato menos polémico como Jeb Bush. Veremos también si Hillary Clinton resuelve el embrollo en el que puede volver a meterse, por segunda vez si se toma en cuenta la manera en cómo se descarrila su campaña frente a Barack Obama seis años atrás, o si el “socialismo democrático” que propugna Bernie Sanders, alcanza a tomar el vuelo que en su tiempo logró con el apoyo de la gente el “Sí Se Puede” del actual presidente.
1° de febrero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 24 de enero de 2016)
El Otoño del Imperio
El martes 12 de enero el presidente Barack Obama se dirigió a la nación en lo que fue su séptimo y último discurso del Estado de la Unión. En tanto que se vanagloriaba de ser “el país más poderoso de la tierra, punto…” y de estar “en medio de la racha más larga en la historia de la creación de empleo…”, lo cierto es que como resultado de su mandato de seis años deja pendientes temas que tendrá que asumir quien le suceda en el despacho oval de la Casa Blanca. De su lado, el escenario electoral está montado para dar inicio a las primarias de los dos principales partidos con las asambleas partidistas (caucus) en Iowa este primero de febrero y la primaria de New Hampshire el día nueve.
Del lado republicano, como se sabe, las hostilidades para ganar la nominación comenzaron temprano y se han llevado a cabo ya seis debates, con la participación principal de siete rivales, de los cuales a estas alturas destacan cuatro: Donald Trump, Ted Cruz, Ben Carson y Jeb Bush. El multimillonario Trump es quien por mucho, al menos hasta ahora, lidera las preferencias dentro del partido; la encuesta hecha por la agencia Reuters el pasado 15 de enero lo ubica con el 38.2 por ciento, lejos de Cruz, senador por Texas, que tiene un 16.7 por ciento, y sobre todo del inicialmente favorito exgobernador de Florida Jeb Bush, quien solamente alcanza para un tercer lugar un 9.4 por ciento.
Del lado demócrata, también habiendo comenzado temprano los rounds de sombra se han llevado a cabo cinco debates antes del inicio de las primarias. Hillary Clinton no ha dejado de ser la favorita y una muestra de ello es el resultado de la encuesta de Reuters también del 15 de enero que ubica a la ex secretaria de Estado con el 50.7 por ciento de las preferencias, de frente a su único adversario el senador por Vermont de 74 años, Bernie Sanders, que alcanza el 37.3 por ciento. El problema, sin embargo, es que los asesores de la Clinton, incluyendo al ex presidente Bill Clinton, creen que ella ha hecho cálculos erróneos al subestimar la campaña del senador Sanders y al no confrontar su mensaje “archiliberal”, antes de que se convirtiera en un movimiento político importante como lo está siendo; lo que podría descarrilar su campaña.
Es todavía temprano para saber cuál es el curso que tomará esta vez el proceso preelectoral en esa nación. Veremos adelante si el Gran Old Party republicano se decide por llevar adelante la opción más dura en la figura de Trump o prefiere obligar a éste a alejarse de sus posiciones más conservadoras, o alternativamente impulsa a otro candidato menos polémico como Jeb Bush. Veremos también si Hillary Clinton resuelve el embrollo en el que puede volver a meterse, por segunda vez si se toma en cuenta la manera en cómo se descarrila su campaña frente a Barack Obama seis años atrás, o si el “socialismo democrático” que propugna Bernie Sanders, alcanza a tomar el vuelo que en su tiempo logró con el apoyo de la gente el “Sí Se Puede” del actual presidente.
1° de febrero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 24 de enero de 2016)
El Otoño del Imperio
miércoles, 13 de enero de 2016
2016: Año Nuevo, Viejos Problemas
Jesús Hernández Garibay
El panorama mundial para este año que se inicia no es nada halagüeño. A pesar de los pronósticos optimistas por la aparente fortaleza del dólar y la relativa reactivación de la economía norteamericana, el mundo de las finanzas se sostiene todavía con alfileres. La crisis que en el 2008 se agrava y entra en un nuevo momento, es un fantasma que no desaparece, porque se sustenta en el debilitamiento global del sistema que se inicia en los años setenta y que hoy por hoy no encuentra solución. La búsqueda de aquellos buenos negocios que reactiven las ganancias, se enfrenta, así, al cada vez más difícil crecimiento económico.
Como se sabe, en el recién terminado 2015 la violencia sentó sus reales, para perjuicio de muchos y beneficio de unos cuantos, líderes de la industria armamentista para quienes el mercado sí sigue floreciendo. El problema es que ni todas las armas que han vendido ni las que venderán permiten pensar en que a través de ello se estimule a las economías belicosas: Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel o Francia, entre otras. La guerra sigue siendo un negocio de los menos, pero sin efectos mayores para el resto, a diferencia de como lo fueron las contiendas llevadas a cabo hasta antes del fin de la “guerra fría”: segunda guerra mundial, guerra de Corea, de Vietnam, etcétera, en que Estados Unidos vive los años dorados del predominio mundial.
La Organización Internacional del Trabajo indica que más de 61 millones de empleos se han perdido desde el comienzo de la crisis global en el 2008 y anticipa que el desempleo seguirá al alza debido a que la economía entró en un nuevo ciclo de desaceleración, mayores desigualdades y conflictos sociales. Hoy existen unos 204 millones de desempleados en el mundo; de ellos, más de 73 millones son jóvenes. Para el 2019, más de 212 millones de personas carecerán de un empleo estable. Lo que implica una sensible baja en el consumo que limita las inversiones y genera mayor empobrecimiento, además de una cada vez mayor desigualdad. El deterioro ambiental tampoco se detiene, a pesar de los deseos de muchos y por causa de las intenciones sólo triviales de los principales capitales responsables.
No obstante, a pesar de todo ello, el panorama mundial sí cambia. Estados Unidos mantiene su declive y nuevos actores como China y Rusia avanzan, despacio pero con vientos favorables. A pesar de algunas derrotas electorales en el 2015, por causa de las renuencias de las derechas y en medio de las limitaciones que la misma crisis impone a aquellos nuevos regímenes que tratan de avanzar en liberarse del yugo de los grandes negocios, los pueblos siguen aprendiendo y buscan poco a poco los resquicios que les ayuden a defenderse de la creciente agresividad del sistema y a buscar salidas más firmes a sus circunstancias. Esta es la esperanza, en medio de tanta desesperanza que hoy exhibe el orbe en muchas partes.
13 de enero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de enero de 2016)
El Otoño del Imperio
El panorama mundial para este año que se inicia no es nada halagüeño. A pesar de los pronósticos optimistas por la aparente fortaleza del dólar y la relativa reactivación de la economía norteamericana, el mundo de las finanzas se sostiene todavía con alfileres. La crisis que en el 2008 se agrava y entra en un nuevo momento, es un fantasma que no desaparece, porque se sustenta en el debilitamiento global del sistema que se inicia en los años setenta y que hoy por hoy no encuentra solución. La búsqueda de aquellos buenos negocios que reactiven las ganancias, se enfrenta, así, al cada vez más difícil crecimiento económico.
Como se sabe, en el recién terminado 2015 la violencia sentó sus reales, para perjuicio de muchos y beneficio de unos cuantos, líderes de la industria armamentista para quienes el mercado sí sigue floreciendo. El problema es que ni todas las armas que han vendido ni las que venderán permiten pensar en que a través de ello se estimule a las economías belicosas: Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel o Francia, entre otras. La guerra sigue siendo un negocio de los menos, pero sin efectos mayores para el resto, a diferencia de como lo fueron las contiendas llevadas a cabo hasta antes del fin de la “guerra fría”: segunda guerra mundial, guerra de Corea, de Vietnam, etcétera, en que Estados Unidos vive los años dorados del predominio mundial.
La Organización Internacional del Trabajo indica que más de 61 millones de empleos se han perdido desde el comienzo de la crisis global en el 2008 y anticipa que el desempleo seguirá al alza debido a que la economía entró en un nuevo ciclo de desaceleración, mayores desigualdades y conflictos sociales. Hoy existen unos 204 millones de desempleados en el mundo; de ellos, más de 73 millones son jóvenes. Para el 2019, más de 212 millones de personas carecerán de un empleo estable. Lo que implica una sensible baja en el consumo que limita las inversiones y genera mayor empobrecimiento, además de una cada vez mayor desigualdad. El deterioro ambiental tampoco se detiene, a pesar de los deseos de muchos y por causa de las intenciones sólo triviales de los principales capitales responsables.
No obstante, a pesar de todo ello, el panorama mundial sí cambia. Estados Unidos mantiene su declive y nuevos actores como China y Rusia avanzan, despacio pero con vientos favorables. A pesar de algunas derrotas electorales en el 2015, por causa de las renuencias de las derechas y en medio de las limitaciones que la misma crisis impone a aquellos nuevos regímenes que tratan de avanzar en liberarse del yugo de los grandes negocios, los pueblos siguen aprendiendo y buscan poco a poco los resquicios que les ayuden a defenderse de la creciente agresividad del sistema y a buscar salidas más firmes a sus circunstancias. Esta es la esperanza, en medio de tanta desesperanza que hoy exhibe el orbe en muchas partes.
13 de enero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de enero de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 29 de noviembre de 2015
Estado Islámico Terrorista: El Nuevo Frankenstein de Occidente
Jesús Hernández Garibay
Dice el axioma que a confesión de partes, relevo de pruebas… El hecho de que Hillary Clinton afirmara en agosto de 2014 (entrevista en The Atlantic) que “El fracaso a la hora de ayudar a construir una fuerza de combate creíble… contra el presidente sirio, Bashar al Assad, dejó un gran vacío que los yihadistas ahora han llenado…”, viene a señalar de nuevo a los autores detrás de los atentados que ahora el Estado Islámico (EI) reivindica. “Financiamos mal a rebeldes sirios y surgió Estado Islámico”, confesaba entonces la responsable del Departamento de Estado durante la primera administración del presidente Obama, época en la cual fue considerada como una de los principales partidarios en el gobierno, de prestar más ayuda a la rebelión siria.
En efecto, ha sido la Casa Blanca por su ambición política en esa región y sus principales aliados europeos y asiáticos, entre los que se encuentra la ahora golpeada Francia, quienes son los principales culpables de la aparición de un nuevo y temible grupo terrorista. Es ya un secreto a voces que quienes proveyeron las armas y el entrenamiento de quienes se convierten en las principales fuerzas de combate del EI, fueron la OTAN y los “servicios de inteligencia” de esos países: CIA, MI5, Mossad, entre otros, con el apoyo de gobiernos como el saudiárabe y el turco, también entre otros; y quienes han aportado amplios recursos financieros a los que ahora se instauran como una poderosa fuerza con recursos inconmensurables.
No es poco el que en febrero pasado el Centro Nacional de Antiterrorismo de Siria haya revelado que al menos unos 20 mil extranjeros procedentes de 90 países se unieron a las filas del EI, de los cuales unos 3 mil 400 provienen de países occidentales. Ni es poco que durante el último año 15 países (Australia, Canadá, Egipto, Francia, Libia, Turquía, por mencionar a algunos) se vieran afectados por ataques del EI. Ni tampoco es un asunto menor el que el EI alcance a superar ya la producción petrolera conjunta de Qatar, Ecuador y Libia, y ganar cerca de un millón de dólares diarios por la venta de crudo procedente de pozos bajo su control. La venta, por cierto, a varios de los aliados.
Igual que se edificó varias décadas atrás a Al Qaeda, proveniente de los supuestos “luchadores por la libertad” que se utilizaron para desarticular al gobierno legítimo de Afganistán, igual ahora los aliados crean un nuevo Frankenstein al pretender derrocar al gobierno legítimo de Siria, que se revierte e induce el terror como estrategia de lucha en contra de sus creadores. Los verdaderos culpables así, no son los miles de jóvenes radicales que ahora nutren al deplorable EI, o quienes huyendo de la violencia en sus países forman parte de las masas que como refugiados hoy invaden otros con sus extraviadas vidas. Como dijera el escritor sueco Henning Mankell: “Ellos están aquí porque ustedes estuvieron allí”; difícil explicar mejor las razones de fondo de los atentados en París y la crisis humanitaria de los refugiados en gran parte de Europa.
29 de noviembre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 29 de noviembre de 2015)
El Otoño del Imperio
Dice el axioma que a confesión de partes, relevo de pruebas… El hecho de que Hillary Clinton afirmara en agosto de 2014 (entrevista en The Atlantic) que “El fracaso a la hora de ayudar a construir una fuerza de combate creíble… contra el presidente sirio, Bashar al Assad, dejó un gran vacío que los yihadistas ahora han llenado…”, viene a señalar de nuevo a los autores detrás de los atentados que ahora el Estado Islámico (EI) reivindica. “Financiamos mal a rebeldes sirios y surgió Estado Islámico”, confesaba entonces la responsable del Departamento de Estado durante la primera administración del presidente Obama, época en la cual fue considerada como una de los principales partidarios en el gobierno, de prestar más ayuda a la rebelión siria.
En efecto, ha sido la Casa Blanca por su ambición política en esa región y sus principales aliados europeos y asiáticos, entre los que se encuentra la ahora golpeada Francia, quienes son los principales culpables de la aparición de un nuevo y temible grupo terrorista. Es ya un secreto a voces que quienes proveyeron las armas y el entrenamiento de quienes se convierten en las principales fuerzas de combate del EI, fueron la OTAN y los “servicios de inteligencia” de esos países: CIA, MI5, Mossad, entre otros, con el apoyo de gobiernos como el saudiárabe y el turco, también entre otros; y quienes han aportado amplios recursos financieros a los que ahora se instauran como una poderosa fuerza con recursos inconmensurables.
No es poco el que en febrero pasado el Centro Nacional de Antiterrorismo de Siria haya revelado que al menos unos 20 mil extranjeros procedentes de 90 países se unieron a las filas del EI, de los cuales unos 3 mil 400 provienen de países occidentales. Ni es poco que durante el último año 15 países (Australia, Canadá, Egipto, Francia, Libia, Turquía, por mencionar a algunos) se vieran afectados por ataques del EI. Ni tampoco es un asunto menor el que el EI alcance a superar ya la producción petrolera conjunta de Qatar, Ecuador y Libia, y ganar cerca de un millón de dólares diarios por la venta de crudo procedente de pozos bajo su control. La venta, por cierto, a varios de los aliados.
Igual que se edificó varias décadas atrás a Al Qaeda, proveniente de los supuestos “luchadores por la libertad” que se utilizaron para desarticular al gobierno legítimo de Afganistán, igual ahora los aliados crean un nuevo Frankenstein al pretender derrocar al gobierno legítimo de Siria, que se revierte e induce el terror como estrategia de lucha en contra de sus creadores. Los verdaderos culpables así, no son los miles de jóvenes radicales que ahora nutren al deplorable EI, o quienes huyendo de la violencia en sus países forman parte de las masas que como refugiados hoy invaden otros con sus extraviadas vidas. Como dijera el escritor sueco Henning Mankell: “Ellos están aquí porque ustedes estuvieron allí”; difícil explicar mejor las razones de fondo de los atentados en París y la crisis humanitaria de los refugiados en gran parte de Europa.
29 de noviembre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 29 de noviembre de 2015)
El Otoño del Imperio
domingo, 1 de noviembre de 2015
El Ambiente Hacia las Elecciones en Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
Luego del reciente primer debate llevado a cabo entre los aspirantes demócratas a la candidatura de su partido hacia las elecciones por la presidencia de Estados Unidos de noviembre de 2016, el ambiente preelectoral comienza a calentarse a cuatro meses del inicio de las Primarias, para preocupación de quienes tal vez consideraban seguro su lugar en la contienda: Jeb Bush por el Partido Republicano y Hillary Clinton por el Demócrata. El escenario político estadounidense muestra ya dos posibles fuerzas que afinan sus motores para un eventual choque de trenes en el próximo año.
En el vergel republicano, guste o no guste, los votantes ven a Donald Trump ―un reconocido representante del ultraconservadurismo temeroso de los cambios que se producen de unos años acá―, como su candidato más fuerte para las elecciones, según una encuesta de Associated Press-GfK que resalta la fuerza política actual del empresario multimillonario. Al respecto, siete de cada 10 republicanos dicen que Trump podría ganar en noviembre de 2016 si es nombrado candidato de su partido. En comparación, 6 de 10 dicen lo mismo del neurocirujano jubilado Ben Carson que, como Trump, ha aprovechado la potente ola de disgusto “anti-Obama” que define las expresiones ultramontanas previas a las Primarias que inician en febrero.
Del lado demócrata, en tanto Hillary Clinton comienza a ser acremente criticada como “candidata increíblemente inútil a la que una gran mayoría del país no le cree una palabra…”, el senador por el estado de Vermont, Bernie Sanders, se está convirtiendo en una fuerza real. El año pasado era claro que la Clinton sería candidata y más que probable que llegaría a la Casa Blanca, pero en los últimos meses su fortaleza pasó de 60 puntos de diferencia frente a Sanders, a sólo 7 puntos. En su camino Hillary se topó con una pared llamada “creciente base de seguidores”, que apoyan al senador y que han transformado su campaña en una gigantesca red social.
Así, mientras una parte del país empuja a quien considera que puede darle la vuelta a la rueda de la historia y restituir el poderío blanco anglosajón que renueve el imperio de su nación en el mundo actual, otra parte ―como en las dos más recientes elecciones presidenciales― intenta de nuevo llevar a la presidencia a quien considera que puede darle otra mejor salida al creciente empobrecimiento que asola a cada vez más grupos sociales. Trump forma parte de ese uno por ciento más rico que el movimiento Ocupa Wall Street acertó en exhibir desde septiembre de 2011, mientras que a Sanders se le comienza a considerar, por sus posiciones, como un posible representante del 99 por ciento restante, perjudicado por el primero.
Todavía es temprano para poder precisar con mayor certeza lo que estará pasando en el curso del próximo año, porque hay otra docena más de precandidatos que podrían mover la balanza final. Pero lo que es cierto es que el panorama promete subir la temperatura.
1° de noviembre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1° de noviembre de 2015)
El Otoño del Imperio
Luego del reciente primer debate llevado a cabo entre los aspirantes demócratas a la candidatura de su partido hacia las elecciones por la presidencia de Estados Unidos de noviembre de 2016, el ambiente preelectoral comienza a calentarse a cuatro meses del inicio de las Primarias, para preocupación de quienes tal vez consideraban seguro su lugar en la contienda: Jeb Bush por el Partido Republicano y Hillary Clinton por el Demócrata. El escenario político estadounidense muestra ya dos posibles fuerzas que afinan sus motores para un eventual choque de trenes en el próximo año.
En el vergel republicano, guste o no guste, los votantes ven a Donald Trump ―un reconocido representante del ultraconservadurismo temeroso de los cambios que se producen de unos años acá―, como su candidato más fuerte para las elecciones, según una encuesta de Associated Press-GfK que resalta la fuerza política actual del empresario multimillonario. Al respecto, siete de cada 10 republicanos dicen que Trump podría ganar en noviembre de 2016 si es nombrado candidato de su partido. En comparación, 6 de 10 dicen lo mismo del neurocirujano jubilado Ben Carson que, como Trump, ha aprovechado la potente ola de disgusto “anti-Obama” que define las expresiones ultramontanas previas a las Primarias que inician en febrero.
Del lado demócrata, en tanto Hillary Clinton comienza a ser acremente criticada como “candidata increíblemente inútil a la que una gran mayoría del país no le cree una palabra…”, el senador por el estado de Vermont, Bernie Sanders, se está convirtiendo en una fuerza real. El año pasado era claro que la Clinton sería candidata y más que probable que llegaría a la Casa Blanca, pero en los últimos meses su fortaleza pasó de 60 puntos de diferencia frente a Sanders, a sólo 7 puntos. En su camino Hillary se topó con una pared llamada “creciente base de seguidores”, que apoyan al senador y que han transformado su campaña en una gigantesca red social.
Así, mientras una parte del país empuja a quien considera que puede darle la vuelta a la rueda de la historia y restituir el poderío blanco anglosajón que renueve el imperio de su nación en el mundo actual, otra parte ―como en las dos más recientes elecciones presidenciales― intenta de nuevo llevar a la presidencia a quien considera que puede darle otra mejor salida al creciente empobrecimiento que asola a cada vez más grupos sociales. Trump forma parte de ese uno por ciento más rico que el movimiento Ocupa Wall Street acertó en exhibir desde septiembre de 2011, mientras que a Sanders se le comienza a considerar, por sus posiciones, como un posible representante del 99 por ciento restante, perjudicado por el primero.
Todavía es temprano para poder precisar con mayor certeza lo que estará pasando en el curso del próximo año, porque hay otra docena más de precandidatos que podrían mover la balanza final. Pero lo que es cierto es que el panorama promete subir la temperatura.
1° de noviembre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1° de noviembre de 2015)
El Otoño del Imperio
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