Jesús Hernández Garibay
El martes 12 de enero el presidente Barack Obama se dirigió a la nación en lo que fue su séptimo y último discurso del Estado de la Unión. En tanto que se vanagloriaba de ser “el país más poderoso de la tierra, punto…” y de estar “en medio de la racha más larga en la historia de la creación de empleo…”, lo cierto es que como resultado de su mandato de seis años deja pendientes temas que tendrá que asumir quien le suceda en el despacho oval de la Casa Blanca. De su lado, el escenario electoral está montado para dar inicio a las primarias de los dos principales partidos con las asambleas partidistas (caucus) en Iowa este primero de febrero y la primaria de New Hampshire el día nueve.
Del lado republicano, como se sabe, las hostilidades para ganar la nominación comenzaron temprano y se han llevado a cabo ya seis debates, con la participación principal de siete rivales, de los cuales a estas alturas destacan cuatro: Donald Trump, Ted Cruz, Ben Carson y Jeb Bush. El multimillonario Trump es quien por mucho, al menos hasta ahora, lidera las preferencias dentro del partido; la encuesta hecha por la agencia Reuters el pasado 15 de enero lo ubica con el 38.2 por ciento, lejos de Cruz, senador por Texas, que tiene un 16.7 por ciento, y sobre todo del inicialmente favorito exgobernador de Florida Jeb Bush, quien solamente alcanza para un tercer lugar un 9.4 por ciento.
Del lado demócrata, también habiendo comenzado temprano los rounds de sombra se han llevado a cabo cinco debates antes del inicio de las primarias. Hillary Clinton no ha dejado de ser la favorita y una muestra de ello es el resultado de la encuesta de Reuters también del 15 de enero que ubica a la ex secretaria de Estado con el 50.7 por ciento de las preferencias, de frente a su único adversario el senador por Vermont de 74 años, Bernie Sanders, que alcanza el 37.3 por ciento. El problema, sin embargo, es que los asesores de la Clinton, incluyendo al ex presidente Bill Clinton, creen que ella ha hecho cálculos erróneos al subestimar la campaña del senador Sanders y al no confrontar su mensaje “archiliberal”, antes de que se convirtiera en un movimiento político importante como lo está siendo; lo que podría descarrilar su campaña.
Es todavía temprano para saber cuál es el curso que tomará esta vez el proceso preelectoral en esa nación. Veremos adelante si el Gran Old Party republicano se decide por llevar adelante la opción más dura en la figura de Trump o prefiere obligar a éste a alejarse de sus posiciones más conservadoras, o alternativamente impulsa a otro candidato menos polémico como Jeb Bush. Veremos también si Hillary Clinton resuelve el embrollo en el que puede volver a meterse, por segunda vez si se toma en cuenta la manera en cómo se descarrila su campaña frente a Barack Obama seis años atrás, o si el “socialismo democrático” que propugna Bernie Sanders, alcanza a tomar el vuelo que en su tiempo logró con el apoyo de la gente el “Sí Se Puede” del actual presidente.
1° de febrero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 24 de enero de 2016)
El Otoño del Imperio
lunes, 1 de febrero de 2016
miércoles, 13 de enero de 2016
2016: Año Nuevo, Viejos Problemas
Jesús Hernández Garibay
El panorama mundial para este año que se inicia no es nada halagüeño. A pesar de los pronósticos optimistas por la aparente fortaleza del dólar y la relativa reactivación de la economía norteamericana, el mundo de las finanzas se sostiene todavía con alfileres. La crisis que en el 2008 se agrava y entra en un nuevo momento, es un fantasma que no desaparece, porque se sustenta en el debilitamiento global del sistema que se inicia en los años setenta y que hoy por hoy no encuentra solución. La búsqueda de aquellos buenos negocios que reactiven las ganancias, se enfrenta, así, al cada vez más difícil crecimiento económico.
Como se sabe, en el recién terminado 2015 la violencia sentó sus reales, para perjuicio de muchos y beneficio de unos cuantos, líderes de la industria armamentista para quienes el mercado sí sigue floreciendo. El problema es que ni todas las armas que han vendido ni las que venderán permiten pensar en que a través de ello se estimule a las economías belicosas: Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel o Francia, entre otras. La guerra sigue siendo un negocio de los menos, pero sin efectos mayores para el resto, a diferencia de como lo fueron las contiendas llevadas a cabo hasta antes del fin de la “guerra fría”: segunda guerra mundial, guerra de Corea, de Vietnam, etcétera, en que Estados Unidos vive los años dorados del predominio mundial.
La Organización Internacional del Trabajo indica que más de 61 millones de empleos se han perdido desde el comienzo de la crisis global en el 2008 y anticipa que el desempleo seguirá al alza debido a que la economía entró en un nuevo ciclo de desaceleración, mayores desigualdades y conflictos sociales. Hoy existen unos 204 millones de desempleados en el mundo; de ellos, más de 73 millones son jóvenes. Para el 2019, más de 212 millones de personas carecerán de un empleo estable. Lo que implica una sensible baja en el consumo que limita las inversiones y genera mayor empobrecimiento, además de una cada vez mayor desigualdad. El deterioro ambiental tampoco se detiene, a pesar de los deseos de muchos y por causa de las intenciones sólo triviales de los principales capitales responsables.
No obstante, a pesar de todo ello, el panorama mundial sí cambia. Estados Unidos mantiene su declive y nuevos actores como China y Rusia avanzan, despacio pero con vientos favorables. A pesar de algunas derrotas electorales en el 2015, por causa de las renuencias de las derechas y en medio de las limitaciones que la misma crisis impone a aquellos nuevos regímenes que tratan de avanzar en liberarse del yugo de los grandes negocios, los pueblos siguen aprendiendo y buscan poco a poco los resquicios que les ayuden a defenderse de la creciente agresividad del sistema y a buscar salidas más firmes a sus circunstancias. Esta es la esperanza, en medio de tanta desesperanza que hoy exhibe el orbe en muchas partes.
13 de enero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de enero de 2016)
El Otoño del Imperio
El panorama mundial para este año que se inicia no es nada halagüeño. A pesar de los pronósticos optimistas por la aparente fortaleza del dólar y la relativa reactivación de la economía norteamericana, el mundo de las finanzas se sostiene todavía con alfileres. La crisis que en el 2008 se agrava y entra en un nuevo momento, es un fantasma que no desaparece, porque se sustenta en el debilitamiento global del sistema que se inicia en los años setenta y que hoy por hoy no encuentra solución. La búsqueda de aquellos buenos negocios que reactiven las ganancias, se enfrenta, así, al cada vez más difícil crecimiento económico.
Como se sabe, en el recién terminado 2015 la violencia sentó sus reales, para perjuicio de muchos y beneficio de unos cuantos, líderes de la industria armamentista para quienes el mercado sí sigue floreciendo. El problema es que ni todas las armas que han vendido ni las que venderán permiten pensar en que a través de ello se estimule a las economías belicosas: Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel o Francia, entre otras. La guerra sigue siendo un negocio de los menos, pero sin efectos mayores para el resto, a diferencia de como lo fueron las contiendas llevadas a cabo hasta antes del fin de la “guerra fría”: segunda guerra mundial, guerra de Corea, de Vietnam, etcétera, en que Estados Unidos vive los años dorados del predominio mundial.
La Organización Internacional del Trabajo indica que más de 61 millones de empleos se han perdido desde el comienzo de la crisis global en el 2008 y anticipa que el desempleo seguirá al alza debido a que la economía entró en un nuevo ciclo de desaceleración, mayores desigualdades y conflictos sociales. Hoy existen unos 204 millones de desempleados en el mundo; de ellos, más de 73 millones son jóvenes. Para el 2019, más de 212 millones de personas carecerán de un empleo estable. Lo que implica una sensible baja en el consumo que limita las inversiones y genera mayor empobrecimiento, además de una cada vez mayor desigualdad. El deterioro ambiental tampoco se detiene, a pesar de los deseos de muchos y por causa de las intenciones sólo triviales de los principales capitales responsables.
No obstante, a pesar de todo ello, el panorama mundial sí cambia. Estados Unidos mantiene su declive y nuevos actores como China y Rusia avanzan, despacio pero con vientos favorables. A pesar de algunas derrotas electorales en el 2015, por causa de las renuencias de las derechas y en medio de las limitaciones que la misma crisis impone a aquellos nuevos regímenes que tratan de avanzar en liberarse del yugo de los grandes negocios, los pueblos siguen aprendiendo y buscan poco a poco los resquicios que les ayuden a defenderse de la creciente agresividad del sistema y a buscar salidas más firmes a sus circunstancias. Esta es la esperanza, en medio de tanta desesperanza que hoy exhibe el orbe en muchas partes.
13 de enero de 2016.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 10 de enero de 2016)
El Otoño del Imperio
domingo, 29 de noviembre de 2015
Estado Islámico Terrorista: El Nuevo Frankenstein de Occidente
Jesús Hernández Garibay
Dice el axioma que a confesión de partes, relevo de pruebas… El hecho de que Hillary Clinton afirmara en agosto de 2014 (entrevista en The Atlantic) que “El fracaso a la hora de ayudar a construir una fuerza de combate creíble… contra el presidente sirio, Bashar al Assad, dejó un gran vacío que los yihadistas ahora han llenado…”, viene a señalar de nuevo a los autores detrás de los atentados que ahora el Estado Islámico (EI) reivindica. “Financiamos mal a rebeldes sirios y surgió Estado Islámico”, confesaba entonces la responsable del Departamento de Estado durante la primera administración del presidente Obama, época en la cual fue considerada como una de los principales partidarios en el gobierno, de prestar más ayuda a la rebelión siria.
En efecto, ha sido la Casa Blanca por su ambición política en esa región y sus principales aliados europeos y asiáticos, entre los que se encuentra la ahora golpeada Francia, quienes son los principales culpables de la aparición de un nuevo y temible grupo terrorista. Es ya un secreto a voces que quienes proveyeron las armas y el entrenamiento de quienes se convierten en las principales fuerzas de combate del EI, fueron la OTAN y los “servicios de inteligencia” de esos países: CIA, MI5, Mossad, entre otros, con el apoyo de gobiernos como el saudiárabe y el turco, también entre otros; y quienes han aportado amplios recursos financieros a los que ahora se instauran como una poderosa fuerza con recursos inconmensurables.
No es poco el que en febrero pasado el Centro Nacional de Antiterrorismo de Siria haya revelado que al menos unos 20 mil extranjeros procedentes de 90 países se unieron a las filas del EI, de los cuales unos 3 mil 400 provienen de países occidentales. Ni es poco que durante el último año 15 países (Australia, Canadá, Egipto, Francia, Libia, Turquía, por mencionar a algunos) se vieran afectados por ataques del EI. Ni tampoco es un asunto menor el que el EI alcance a superar ya la producción petrolera conjunta de Qatar, Ecuador y Libia, y ganar cerca de un millón de dólares diarios por la venta de crudo procedente de pozos bajo su control. La venta, por cierto, a varios de los aliados.
Igual que se edificó varias décadas atrás a Al Qaeda, proveniente de los supuestos “luchadores por la libertad” que se utilizaron para desarticular al gobierno legítimo de Afganistán, igual ahora los aliados crean un nuevo Frankenstein al pretender derrocar al gobierno legítimo de Siria, que se revierte e induce el terror como estrategia de lucha en contra de sus creadores. Los verdaderos culpables así, no son los miles de jóvenes radicales que ahora nutren al deplorable EI, o quienes huyendo de la violencia en sus países forman parte de las masas que como refugiados hoy invaden otros con sus extraviadas vidas. Como dijera el escritor sueco Henning Mankell: “Ellos están aquí porque ustedes estuvieron allí”; difícil explicar mejor las razones de fondo de los atentados en París y la crisis humanitaria de los refugiados en gran parte de Europa.
29 de noviembre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 29 de noviembre de 2015)
El Otoño del Imperio
Dice el axioma que a confesión de partes, relevo de pruebas… El hecho de que Hillary Clinton afirmara en agosto de 2014 (entrevista en The Atlantic) que “El fracaso a la hora de ayudar a construir una fuerza de combate creíble… contra el presidente sirio, Bashar al Assad, dejó un gran vacío que los yihadistas ahora han llenado…”, viene a señalar de nuevo a los autores detrás de los atentados que ahora el Estado Islámico (EI) reivindica. “Financiamos mal a rebeldes sirios y surgió Estado Islámico”, confesaba entonces la responsable del Departamento de Estado durante la primera administración del presidente Obama, época en la cual fue considerada como una de los principales partidarios en el gobierno, de prestar más ayuda a la rebelión siria.
En efecto, ha sido la Casa Blanca por su ambición política en esa región y sus principales aliados europeos y asiáticos, entre los que se encuentra la ahora golpeada Francia, quienes son los principales culpables de la aparición de un nuevo y temible grupo terrorista. Es ya un secreto a voces que quienes proveyeron las armas y el entrenamiento de quienes se convierten en las principales fuerzas de combate del EI, fueron la OTAN y los “servicios de inteligencia” de esos países: CIA, MI5, Mossad, entre otros, con el apoyo de gobiernos como el saudiárabe y el turco, también entre otros; y quienes han aportado amplios recursos financieros a los que ahora se instauran como una poderosa fuerza con recursos inconmensurables.
No es poco el que en febrero pasado el Centro Nacional de Antiterrorismo de Siria haya revelado que al menos unos 20 mil extranjeros procedentes de 90 países se unieron a las filas del EI, de los cuales unos 3 mil 400 provienen de países occidentales. Ni es poco que durante el último año 15 países (Australia, Canadá, Egipto, Francia, Libia, Turquía, por mencionar a algunos) se vieran afectados por ataques del EI. Ni tampoco es un asunto menor el que el EI alcance a superar ya la producción petrolera conjunta de Qatar, Ecuador y Libia, y ganar cerca de un millón de dólares diarios por la venta de crudo procedente de pozos bajo su control. La venta, por cierto, a varios de los aliados.
Igual que se edificó varias décadas atrás a Al Qaeda, proveniente de los supuestos “luchadores por la libertad” que se utilizaron para desarticular al gobierno legítimo de Afganistán, igual ahora los aliados crean un nuevo Frankenstein al pretender derrocar al gobierno legítimo de Siria, que se revierte e induce el terror como estrategia de lucha en contra de sus creadores. Los verdaderos culpables así, no son los miles de jóvenes radicales que ahora nutren al deplorable EI, o quienes huyendo de la violencia en sus países forman parte de las masas que como refugiados hoy invaden otros con sus extraviadas vidas. Como dijera el escritor sueco Henning Mankell: “Ellos están aquí porque ustedes estuvieron allí”; difícil explicar mejor las razones de fondo de los atentados en París y la crisis humanitaria de los refugiados en gran parte de Europa.
29 de noviembre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 29 de noviembre de 2015)
El Otoño del Imperio
domingo, 1 de noviembre de 2015
El Ambiente Hacia las Elecciones en Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
Luego del reciente primer debate llevado a cabo entre los aspirantes demócratas a la candidatura de su partido hacia las elecciones por la presidencia de Estados Unidos de noviembre de 2016, el ambiente preelectoral comienza a calentarse a cuatro meses del inicio de las Primarias, para preocupación de quienes tal vez consideraban seguro su lugar en la contienda: Jeb Bush por el Partido Republicano y Hillary Clinton por el Demócrata. El escenario político estadounidense muestra ya dos posibles fuerzas que afinan sus motores para un eventual choque de trenes en el próximo año.
En el vergel republicano, guste o no guste, los votantes ven a Donald Trump ―un reconocido representante del ultraconservadurismo temeroso de los cambios que se producen de unos años acá―, como su candidato más fuerte para las elecciones, según una encuesta de Associated Press-GfK que resalta la fuerza política actual del empresario multimillonario. Al respecto, siete de cada 10 republicanos dicen que Trump podría ganar en noviembre de 2016 si es nombrado candidato de su partido. En comparación, 6 de 10 dicen lo mismo del neurocirujano jubilado Ben Carson que, como Trump, ha aprovechado la potente ola de disgusto “anti-Obama” que define las expresiones ultramontanas previas a las Primarias que inician en febrero.
Del lado demócrata, en tanto Hillary Clinton comienza a ser acremente criticada como “candidata increíblemente inútil a la que una gran mayoría del país no le cree una palabra…”, el senador por el estado de Vermont, Bernie Sanders, se está convirtiendo en una fuerza real. El año pasado era claro que la Clinton sería candidata y más que probable que llegaría a la Casa Blanca, pero en los últimos meses su fortaleza pasó de 60 puntos de diferencia frente a Sanders, a sólo 7 puntos. En su camino Hillary se topó con una pared llamada “creciente base de seguidores”, que apoyan al senador y que han transformado su campaña en una gigantesca red social.
Así, mientras una parte del país empuja a quien considera que puede darle la vuelta a la rueda de la historia y restituir el poderío blanco anglosajón que renueve el imperio de su nación en el mundo actual, otra parte ―como en las dos más recientes elecciones presidenciales― intenta de nuevo llevar a la presidencia a quien considera que puede darle otra mejor salida al creciente empobrecimiento que asola a cada vez más grupos sociales. Trump forma parte de ese uno por ciento más rico que el movimiento Ocupa Wall Street acertó en exhibir desde septiembre de 2011, mientras que a Sanders se le comienza a considerar, por sus posiciones, como un posible representante del 99 por ciento restante, perjudicado por el primero.
Todavía es temprano para poder precisar con mayor certeza lo que estará pasando en el curso del próximo año, porque hay otra docena más de precandidatos que podrían mover la balanza final. Pero lo que es cierto es que el panorama promete subir la temperatura.
1° de noviembre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1° de noviembre de 2015)
El Otoño del Imperio
Luego del reciente primer debate llevado a cabo entre los aspirantes demócratas a la candidatura de su partido hacia las elecciones por la presidencia de Estados Unidos de noviembre de 2016, el ambiente preelectoral comienza a calentarse a cuatro meses del inicio de las Primarias, para preocupación de quienes tal vez consideraban seguro su lugar en la contienda: Jeb Bush por el Partido Republicano y Hillary Clinton por el Demócrata. El escenario político estadounidense muestra ya dos posibles fuerzas que afinan sus motores para un eventual choque de trenes en el próximo año.
En el vergel republicano, guste o no guste, los votantes ven a Donald Trump ―un reconocido representante del ultraconservadurismo temeroso de los cambios que se producen de unos años acá―, como su candidato más fuerte para las elecciones, según una encuesta de Associated Press-GfK que resalta la fuerza política actual del empresario multimillonario. Al respecto, siete de cada 10 republicanos dicen que Trump podría ganar en noviembre de 2016 si es nombrado candidato de su partido. En comparación, 6 de 10 dicen lo mismo del neurocirujano jubilado Ben Carson que, como Trump, ha aprovechado la potente ola de disgusto “anti-Obama” que define las expresiones ultramontanas previas a las Primarias que inician en febrero.
Del lado demócrata, en tanto Hillary Clinton comienza a ser acremente criticada como “candidata increíblemente inútil a la que una gran mayoría del país no le cree una palabra…”, el senador por el estado de Vermont, Bernie Sanders, se está convirtiendo en una fuerza real. El año pasado era claro que la Clinton sería candidata y más que probable que llegaría a la Casa Blanca, pero en los últimos meses su fortaleza pasó de 60 puntos de diferencia frente a Sanders, a sólo 7 puntos. En su camino Hillary se topó con una pared llamada “creciente base de seguidores”, que apoyan al senador y que han transformado su campaña en una gigantesca red social.
Así, mientras una parte del país empuja a quien considera que puede darle la vuelta a la rueda de la historia y restituir el poderío blanco anglosajón que renueve el imperio de su nación en el mundo actual, otra parte ―como en las dos más recientes elecciones presidenciales― intenta de nuevo llevar a la presidencia a quien considera que puede darle otra mejor salida al creciente empobrecimiento que asola a cada vez más grupos sociales. Trump forma parte de ese uno por ciento más rico que el movimiento Ocupa Wall Street acertó en exhibir desde septiembre de 2011, mientras que a Sanders se le comienza a considerar, por sus posiciones, como un posible representante del 99 por ciento restante, perjudicado por el primero.
Todavía es temprano para poder precisar con mayor certeza lo que estará pasando en el curso del próximo año, porque hay otra docena más de precandidatos que podrían mover la balanza final. Pero lo que es cierto es que el panorama promete subir la temperatura.
1° de noviembre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1° de noviembre de 2015)
El Otoño del Imperio
viernes, 23 de octubre de 2015
El Mórbido Escenario del Mundo
Jesús Hernández Garibay
En el peor ataque registrado en la historia turca, el pasado sábado 10 de octubre se llevaba a cabo una manifestación convocada en la capital Ankara por sindicatos y colegios profesionales, a la cual acudieron miles de personas bajo el lema “Paz, Trabajo y Democracia”. Los manifestantes pasaban frente a la estación central de trenes al momento en que se registraron dos explosiones que causaron la muerte de al menos un centenar de personas y cientos de heridos.
El hecho se desarrolla en el contexto del escabroso escenario que se vive en varios países de la región, acicateado por los ambiciosos planes de Estados Unidos y sus aliados europeos de modificar, por las buenas o por las malas, el statu quo de varias naciones asiáticas, de Oriente Medio y el norte de África que les permita apoderarse del curso de su historia y sus recursos. Ello sin importar la crisis humanitaria que se crea y que ha tenido en estos últimos meses en el flujo de refugiados hacia Europa un nuevo capítulo, ensalzado por matanzas como la de Ankara o las defunciones masivas de quienes huyen de las guerras provocadas.
Al frente de dicho escenario se encuentra por ahora el grupo Estado Islámico (EI), que opera en una cruzada terrorista sobre todo en Irak y Siria, con la intención de modificar en esos países una correlación de fuerzas no satisfactoria para los planes norteamericanos en la región. En los entretelones y bajo una hipócrita máscara que en realidad lo que busca es derrocar a un gobernante incómodo como Al Assad en Siria, lo mismo que debilitar a gobiernos como el iraní y el iraquí, la CIA y otros servicios de inteligencia, junto con fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), continúan armando y apoyando logísticamente al EI.
En el trasfondo, tales circunstancias se desenvuelven en el marco de la grave crisis, sin solución, que vive el capital reinante en los mercados, y que en su afán por salvarse para garantizar los grandes negocios y seguir lucrando a costa de las vidas que sean necesarias, promueve las guerras de exterminio requeridas, en la supuesta búsqueda de la “estabilidad internacional”. Los que ganan primero son las industrias que venden las armas a quienes combaten; luego los gobiernos ligados a estas, a los que el dinero corrompe fácilmente; después aquellas empresas que elaboran las vituallas y al amparo del próspero armamentismo reciben también parte del jugoso pastel.
Los que pierden siempre son aquellos que el Papa Francisco recordaba en su discurso, dicho en la reciente Asamblea General de la ONU: “En las guerras y conflictos hay seres humanos singulares, hermanos y hermanas nuestros, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, niños y niñas, que lloran, sufren y mueren. Seres humanos que se convierten en material de descarte…” Una terrible realidad que desgraciadamente también ahora nos alcanza a los mexicanos, en la brutal guerra sin sentido humano que de unos años para acá se nos ha comenzado a imponer.
23 de octubre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 19 de octubre de 2015)
El Otoño del Imperio
En el peor ataque registrado en la historia turca, el pasado sábado 10 de octubre se llevaba a cabo una manifestación convocada en la capital Ankara por sindicatos y colegios profesionales, a la cual acudieron miles de personas bajo el lema “Paz, Trabajo y Democracia”. Los manifestantes pasaban frente a la estación central de trenes al momento en que se registraron dos explosiones que causaron la muerte de al menos un centenar de personas y cientos de heridos.
El hecho se desarrolla en el contexto del escabroso escenario que se vive en varios países de la región, acicateado por los ambiciosos planes de Estados Unidos y sus aliados europeos de modificar, por las buenas o por las malas, el statu quo de varias naciones asiáticas, de Oriente Medio y el norte de África que les permita apoderarse del curso de su historia y sus recursos. Ello sin importar la crisis humanitaria que se crea y que ha tenido en estos últimos meses en el flujo de refugiados hacia Europa un nuevo capítulo, ensalzado por matanzas como la de Ankara o las defunciones masivas de quienes huyen de las guerras provocadas.
Al frente de dicho escenario se encuentra por ahora el grupo Estado Islámico (EI), que opera en una cruzada terrorista sobre todo en Irak y Siria, con la intención de modificar en esos países una correlación de fuerzas no satisfactoria para los planes norteamericanos en la región. En los entretelones y bajo una hipócrita máscara que en realidad lo que busca es derrocar a un gobernante incómodo como Al Assad en Siria, lo mismo que debilitar a gobiernos como el iraní y el iraquí, la CIA y otros servicios de inteligencia, junto con fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), continúan armando y apoyando logísticamente al EI.
En el trasfondo, tales circunstancias se desenvuelven en el marco de la grave crisis, sin solución, que vive el capital reinante en los mercados, y que en su afán por salvarse para garantizar los grandes negocios y seguir lucrando a costa de las vidas que sean necesarias, promueve las guerras de exterminio requeridas, en la supuesta búsqueda de la “estabilidad internacional”. Los que ganan primero son las industrias que venden las armas a quienes combaten; luego los gobiernos ligados a estas, a los que el dinero corrompe fácilmente; después aquellas empresas que elaboran las vituallas y al amparo del próspero armamentismo reciben también parte del jugoso pastel.
Los que pierden siempre son aquellos que el Papa Francisco recordaba en su discurso, dicho en la reciente Asamblea General de la ONU: “En las guerras y conflictos hay seres humanos singulares, hermanos y hermanas nuestros, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, niños y niñas, que lloran, sufren y mueren. Seres humanos que se convierten en material de descarte…” Una terrible realidad que desgraciadamente también ahora nos alcanza a los mexicanos, en la brutal guerra sin sentido humano que de unos años para acá se nos ha comenzado a imponer.
23 de octubre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 19 de octubre de 2015)
El Otoño del Imperio
domingo, 11 de octubre de 2015
70 Aniversario de la Asamblea General de la ONU
Jesús Hernández Garibay
Del 15 de septiembre al 3 de octubre reciente fue llevado a cabo el 70° Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, un evento esperado entre otras cosas por la participación en la misma del Papa Francisco en representación del Vaticano, Estado que por primera vez pasa a ser oficialmente un Observador en el seno del organismo; la del presidente cubano Raúl Castro que asistiría después de más de 50 años de no pisar suelo estadounidense, y por la votación acerca del bloqueo que ejerce Estados Unidos en contra de la República de Cuba, en donde por primera vez en la historia el gobierno norteamericano se abstendría de votar.
Pero el tema central en esta ocasión era el de advertir los avances reales acerca de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que la comunidad internacional asumió en el año 2000, para ser alcanzados en este 2015, uno de los compromisos más ambiciosos de todos los tiempos asumido para erradicar definitivamente la pobreza en el mundo. Una iniciativa que pretendía confirmar la vocación de las Naciones Unidas como una organización promotora del desarrollo mundial, por encima de su objetivo original de mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.
A este respecto, el saldo no es del todo positivo, pues no obstante que la pobreza extrema se ha abatido en el orbe de manera significativa, no se han alcanzado otros logros: el progreso en la reducción de la cantidad de niños que no asisten a la escuela no fue suficiente; la participación política de las mujeres continúa confrontando infranqueables barreras invisibles; no se ha conseguido alcanzar la meta en cuanto a la reducción de la mortalidad de los niños menores de 5 años ni de la mortalidad materna; el embarazo en las adolescentes ha disminuido pero sigue siendo alto en muchas regiones; todavía hay demasiados nuevos casos de infecciones por VIH; todos los años se pierden aún millones de hectáreas de bosques, y en todo el mundo continúa la tendencia al alza de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Ello ha sido así, porque los esfuerzos por alcanzar los Objetivos y así impulsar el desarrollo mundial han sido hasta ejemplares, pero no en todos los países. Por eso es que a pocos meses de que venciera el plazo para su cumplimiento, se acordó la necesidad de establecer un nuevo marco global para el desarrollo posterior al 2015: la Agenda de Desarrollo Post-2015 y hacia el 2030 se estableció, entonces, con el objetivo pretendido de incidir en las causas estructurales de la pobreza, “combatir las desigualdades y generar oportunidades para mejorar los niveles de vida y la prosperidad de todos los miembros de nuestras sociedades en un marco de desarrollo sostenible a nivel mundial...” Una meta que, a pesar del nuevo entusiasmo que genera, se advierte todavía imposible, mientras sean los negocios de los grandes intereses oligárquicos del mundo los que prevalezcan en los mercados.
11 de octubre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de octubre de 2015)
El Otoño del Imperio
Del 15 de septiembre al 3 de octubre reciente fue llevado a cabo el 70° Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, un evento esperado entre otras cosas por la participación en la misma del Papa Francisco en representación del Vaticano, Estado que por primera vez pasa a ser oficialmente un Observador en el seno del organismo; la del presidente cubano Raúl Castro que asistiría después de más de 50 años de no pisar suelo estadounidense, y por la votación acerca del bloqueo que ejerce Estados Unidos en contra de la República de Cuba, en donde por primera vez en la historia el gobierno norteamericano se abstendría de votar.
Pero el tema central en esta ocasión era el de advertir los avances reales acerca de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que la comunidad internacional asumió en el año 2000, para ser alcanzados en este 2015, uno de los compromisos más ambiciosos de todos los tiempos asumido para erradicar definitivamente la pobreza en el mundo. Una iniciativa que pretendía confirmar la vocación de las Naciones Unidas como una organización promotora del desarrollo mundial, por encima de su objetivo original de mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.
A este respecto, el saldo no es del todo positivo, pues no obstante que la pobreza extrema se ha abatido en el orbe de manera significativa, no se han alcanzado otros logros: el progreso en la reducción de la cantidad de niños que no asisten a la escuela no fue suficiente; la participación política de las mujeres continúa confrontando infranqueables barreras invisibles; no se ha conseguido alcanzar la meta en cuanto a la reducción de la mortalidad de los niños menores de 5 años ni de la mortalidad materna; el embarazo en las adolescentes ha disminuido pero sigue siendo alto en muchas regiones; todavía hay demasiados nuevos casos de infecciones por VIH; todos los años se pierden aún millones de hectáreas de bosques, y en todo el mundo continúa la tendencia al alza de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Ello ha sido así, porque los esfuerzos por alcanzar los Objetivos y así impulsar el desarrollo mundial han sido hasta ejemplares, pero no en todos los países. Por eso es que a pocos meses de que venciera el plazo para su cumplimiento, se acordó la necesidad de establecer un nuevo marco global para el desarrollo posterior al 2015: la Agenda de Desarrollo Post-2015 y hacia el 2030 se estableció, entonces, con el objetivo pretendido de incidir en las causas estructurales de la pobreza, “combatir las desigualdades y generar oportunidades para mejorar los niveles de vida y la prosperidad de todos los miembros de nuestras sociedades en un marco de desarrollo sostenible a nivel mundial...” Una meta que, a pesar del nuevo entusiasmo que genera, se advierte todavía imposible, mientras sean los negocios de los grandes intereses oligárquicos del mundo los que prevalezcan en los mercados.
11 de octubre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de octubre de 2015)
El Otoño del Imperio
lunes, 14 de septiembre de 2015
A 10 años del huracán “Katrina”
Jesús Hernández Garibay
El 29 de agosto último se cumplieron 10 años de la tragedia causada por el huracán Katrina en la ciudad de Nueva Orleans. Con vientos de más de 200 kilómetros por hora, el huracán inundó el 80 por ciento del lugar, generando la mayor catástrofe natural de todos los tiempos en Estados Unidos; además de casas y barrios completos, destruyó los diques del lago Pontchartrain y del Delta del Mississippi, por lo que miles de personas debieron ser evacuados, mientras 182 mil edificios quedaron destruidos. Los daños, si embargo, fueron mucho más que las enormes pérdidas económicas de 75 mil millones de dólares, pues el devastador huracán se cobró la vida de 1 mil 833 personas, cambiando a la vez para siempre las de más de un millón.
Decenas de miles quedaron atrapados durante días en una ciudad arrasada, inundada y en caos, donde a pocas calles de los cadáveres que flotaban se sucedían los saqueos y la violencia ante el vacío de poder en la ciudad. Los días posteriores también fueron muy duros para los que lograron escapar; algunas de las áreas más pobladas quedaron inundadas completamente y no había un lugar donde volver para muchos, por lo que miles se fueron primero a estados vecinos como Texas pero terminaron reconstruyendo su vida en otros lugares de la nación donde tenían familiares o amigos. No había seguridad, ni organización, faltaban agua y comida, mientras que los enfermos y la gente mayor se vieron totalmente desatendidos. Lo único que funcionó fue la autoorganización de la gente para recoger basura y distribuir el agua.
A la lenta reacción e insuficiente apoyo del gobierno de George W. Bush, siguieron las denuncias de que la ayuda no había llegado por igual a todos los sectores de la ciudad, en un contexto que desnudó la frágil situación de la población más pobre de Nueva Orleans. Entre los comentarios de gente evacuada destaca el de una mujer que recuerda cómo el dique de la calle 17 “fue bombardeado por ingenieros del ejército para salvar las propiedades inmobiliarias más valiosas de la ciudad..., para mantener el barrio Francés protegido”, mientras que el empobrecido Barrio 9 “fue sacrificado..., ellos lo bombardearon siete veces… Las atracciones turísticas tuvieron mayor prioridad que la misma gente…”
Curiosamente, los trabajos de reconstrucción más duros fueron hechos por decenas de miles de trabajadores latinoamericanos, la mayoría mexicanos, para los cuales la retribución por su esfuerzo fue: no haber recibido pago alguno y sí haber sido denunciados ante Migración por parte de las compañías privadas que los habían contratado; lo que implicó que muchos de ellos fueran expulsados de territorio norteamericano. Además, en estos diez años, disminuyó la población afroamericana, símbolo de la cultura de la ciudad, pues actualmente viven ahí 100 mil afroamericanos menos que entonces, y hay ahora proporcionalmente más negros pobres, con precarios ingresos por debajo de los 21 mil dólares por año (WSJ).
14 de septiembre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 6 de septiembre de 2015)
El Otoño del Imperio
El 29 de agosto último se cumplieron 10 años de la tragedia causada por el huracán Katrina en la ciudad de Nueva Orleans. Con vientos de más de 200 kilómetros por hora, el huracán inundó el 80 por ciento del lugar, generando la mayor catástrofe natural de todos los tiempos en Estados Unidos; además de casas y barrios completos, destruyó los diques del lago Pontchartrain y del Delta del Mississippi, por lo que miles de personas debieron ser evacuados, mientras 182 mil edificios quedaron destruidos. Los daños, si embargo, fueron mucho más que las enormes pérdidas económicas de 75 mil millones de dólares, pues el devastador huracán se cobró la vida de 1 mil 833 personas, cambiando a la vez para siempre las de más de un millón.
Decenas de miles quedaron atrapados durante días en una ciudad arrasada, inundada y en caos, donde a pocas calles de los cadáveres que flotaban se sucedían los saqueos y la violencia ante el vacío de poder en la ciudad. Los días posteriores también fueron muy duros para los que lograron escapar; algunas de las áreas más pobladas quedaron inundadas completamente y no había un lugar donde volver para muchos, por lo que miles se fueron primero a estados vecinos como Texas pero terminaron reconstruyendo su vida en otros lugares de la nación donde tenían familiares o amigos. No había seguridad, ni organización, faltaban agua y comida, mientras que los enfermos y la gente mayor se vieron totalmente desatendidos. Lo único que funcionó fue la autoorganización de la gente para recoger basura y distribuir el agua.
A la lenta reacción e insuficiente apoyo del gobierno de George W. Bush, siguieron las denuncias de que la ayuda no había llegado por igual a todos los sectores de la ciudad, en un contexto que desnudó la frágil situación de la población más pobre de Nueva Orleans. Entre los comentarios de gente evacuada destaca el de una mujer que recuerda cómo el dique de la calle 17 “fue bombardeado por ingenieros del ejército para salvar las propiedades inmobiliarias más valiosas de la ciudad..., para mantener el barrio Francés protegido”, mientras que el empobrecido Barrio 9 “fue sacrificado..., ellos lo bombardearon siete veces… Las atracciones turísticas tuvieron mayor prioridad que la misma gente…”
Curiosamente, los trabajos de reconstrucción más duros fueron hechos por decenas de miles de trabajadores latinoamericanos, la mayoría mexicanos, para los cuales la retribución por su esfuerzo fue: no haber recibido pago alguno y sí haber sido denunciados ante Migración por parte de las compañías privadas que los habían contratado; lo que implicó que muchos de ellos fueran expulsados de territorio norteamericano. Además, en estos diez años, disminuyó la población afroamericana, símbolo de la cultura de la ciudad, pues actualmente viven ahí 100 mil afroamericanos menos que entonces, y hay ahora proporcionalmente más negros pobres, con precarios ingresos por debajo de los 21 mil dólares por año (WSJ).
14 de septiembre de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 6 de septiembre de 2015)
El Otoño del Imperio
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