Jesús Hernández Garibay
El reciente triunfo electoral de un partido de izquierda en Grecia, un logro largamente acariciado por decenas de miles de ciudadanos que pergeñaban un cambio de gobierno en la búsqueda de una solución a la crisis en favor de su pueblo, viene a refrescar el ambiente europeo, preñado desde hace lustros por políticas neoliberales que ensayaron sin éxito la formula draconiana de la austeridad, pero para las grandes mayorías y en beneficio de los capitales depredadores.
La Coalición de la Izquierda Radical (Syriza), inicialmente fundada como una coalición de varios grupos y políticos independientes de una amplia gama de tendencias dentro de la izquierda, entre otras los simpatizantes del “socialismo democrático”, ecologistas de izquierda, maoístas, trotskistas y eurocomunistas, fue el principal partido de la oposición en Grecia entre 2012 y 2014 y el partido más votado en las elecciones parlamentarias de enero de 2015, quedando a dos escaños de la mayoría absoluta. Su líder Alexis Tsipras fue nombrado así, primer ministro.
Antes de las elecciones, Syriza anunciaba un programa definido por puntos como los siguientes: anulación de las medidas de austeridad dictadas por la “troika” europea; alivio inmediato de la carga de la deuda; redistribución de los ingresos y una nueva fiscalidad que grave a los más ricos; reducción de los gastos militares; reconstrucción productiva, social y medioambiental; aseguramiento de un empleo estable; profundización de la democracia, refundando la soberanía popular y el parlamento; fortalecimiento del Estado de Bienestar; salud como bien público y derecho social; educación universal, pública y gratuita; política exterior griega independiente y comprometida con el fomento de la paz.
Los inicios del nuevo gobierno de Tsipras han estado signados por algunas medidas urgentes para fortalecer el empleo y el poder de compra de los griegos, así como tratar de encontrar un punto de acuerdo con el Eurogrupo encargado de revisar los préstamos financieros condicionados hace un tiempo para Grecia; un primer avance limitado ha sido hasta ahora posible, aunque causa cierto resquemor en las filas de Syriza. Lo cierto es que, tendrá que pasar un tiempo para ver la dirección en que avanzan los acontecimientos en ese país.
Pero sea lo que pase, las actuales nuevas circunstancias que definen el panorama político griego, comienzan a influir en el ambiente europeo todo. Al respecto basta referirse ahora al caso de España, país con una tasa de desempleo juvenil del 50 por ciento, donde florece el movimiento de los “indignados” y en cuyo seno el pasado mes de mayo se funda un nuevo partido político llamado “Podemos”. El partido se inaugura con 1 millón 200 mil votos que alcanzan para ingresar a su dirigente Pablo Iglesias y a otros cuatro miembros más al Parlamento Europeo. Para más, una encuesta sugiere que Podemos podría ganar en las elecciones nacionales el próximo mes de noviembre, mientras que Iglesias podría ser el próximo presidente español. Lo que de ser así modificaría más el mapa político del mundo…
8 de marzo de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de marzo de 2015)
El Otoño del Imperio
domingo, 8 de marzo de 2015
domingo, 1 de marzo de 2015
La Precaria Paz del Mundo
Jesús Hernández Garibay
El reciente acuerdo al que llegaron los jefes de Estado de Francia, François Hollande, de Alemania, Angela Merkel, de Ucrania, Petro Poroshenko y de Rusia, Vladimir Putin, en torno al grave conflicto de Ucrania la semana anterior, disminuye un poco el peligro de desatar una guerra de grandes proporciones en esa región; pero no la anula, pues mantiene viva una tensa calma y una precaria paz en la zona. Si a esa olla de vapor humeante se le agrega otro grave conflicto como el creado por el llamado Estado Islámico en el Cercano Oriente, o el ahora reciente nuevo intento de golpe de Estado en Venezuela, o la incontrolable violencia en más lugares del mundo, puede observarse que el futuro de este planeta sigue pendiendo de un delgado hilo.
Como se recuerda, el conflicto de Ucrania emerge al montarse un golpe de Estado en 2013, en contra del gobierno constituido, que busca vincular al país a la Unión Europea y debilitar la presencia rusa en el puerto de Sebastopol. Eso da lugar a la separación de Crimea y su adhesión a Rusia, la conformación en Luhansk y Donetsk de dos nuevas “republicas populares”, además de un pretendido castigo de Occidente vía sanciones económicas a Rusia. El conflicto se agrava tras la operación militar que Kiev lanza en contra las regiones independentistas, que no reconocen al nuevo gobierno impuesto tras el derrocamiento del presidente Viktor Yanukovich.
Los acuerdos a los que llegan en esa cumbre cuatripartita son un alto al fuego inmediato en las zonas separatistas, la creación de una zona de seguridad, la verificación del cumplimiento del alto el fuego, el inicio de un diálogo para realizar elecciones locales en las zonas bajo control rebelde, indultos y amnistías a personas implicados en los sucesos, liberación e intercambio de rehenes y detenidos, suministro de ayuda humanitaria, plena restauración de las relaciones socioeconómicas, pleno control de la frontera ruso-ucraniana, una reforma constitucional, la retirada de todas las fuerzas armadas extranjeras y el desarme de los grupos irregulares en el territorio de Ucrania.
Infortunadamente, ninguno de estos acuerdos se encuentra plenamente asegurado y en medio del calor de las armas que día con día se disparan, los mismos corren el riesgo de ser solamente una expresión de buena voluntad. Así, el esfuerzo hecho por Hollande y Merkel en lograr reunir a Putin y Poroshenko, corre el peligro de caer en el vacío y, para mayor preocupación, en un contexto en el que por todos lados hace agua la seguridad mundial: con el peligroso crecimiento del Estado Islámico a quien se dice que le siguen llegando armas desde Estados Unidos, la intención por Washington de desestabilizar otros países mediante intentos de asonadas como sucede hoy en Venezuela, y hasta el debilitamiento de algunos gobiernos por parte de otras fuerzas irregulares ligadas al narcotráfico y la delincuencia organizada.
1° de marzo de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 22 de febrero de 2015)
El Otoño del Imperio
El reciente acuerdo al que llegaron los jefes de Estado de Francia, François Hollande, de Alemania, Angela Merkel, de Ucrania, Petro Poroshenko y de Rusia, Vladimir Putin, en torno al grave conflicto de Ucrania la semana anterior, disminuye un poco el peligro de desatar una guerra de grandes proporciones en esa región; pero no la anula, pues mantiene viva una tensa calma y una precaria paz en la zona. Si a esa olla de vapor humeante se le agrega otro grave conflicto como el creado por el llamado Estado Islámico en el Cercano Oriente, o el ahora reciente nuevo intento de golpe de Estado en Venezuela, o la incontrolable violencia en más lugares del mundo, puede observarse que el futuro de este planeta sigue pendiendo de un delgado hilo.
Como se recuerda, el conflicto de Ucrania emerge al montarse un golpe de Estado en 2013, en contra del gobierno constituido, que busca vincular al país a la Unión Europea y debilitar la presencia rusa en el puerto de Sebastopol. Eso da lugar a la separación de Crimea y su adhesión a Rusia, la conformación en Luhansk y Donetsk de dos nuevas “republicas populares”, además de un pretendido castigo de Occidente vía sanciones económicas a Rusia. El conflicto se agrava tras la operación militar que Kiev lanza en contra las regiones independentistas, que no reconocen al nuevo gobierno impuesto tras el derrocamiento del presidente Viktor Yanukovich.
Los acuerdos a los que llegan en esa cumbre cuatripartita son un alto al fuego inmediato en las zonas separatistas, la creación de una zona de seguridad, la verificación del cumplimiento del alto el fuego, el inicio de un diálogo para realizar elecciones locales en las zonas bajo control rebelde, indultos y amnistías a personas implicados en los sucesos, liberación e intercambio de rehenes y detenidos, suministro de ayuda humanitaria, plena restauración de las relaciones socioeconómicas, pleno control de la frontera ruso-ucraniana, una reforma constitucional, la retirada de todas las fuerzas armadas extranjeras y el desarme de los grupos irregulares en el territorio de Ucrania.
Infortunadamente, ninguno de estos acuerdos se encuentra plenamente asegurado y en medio del calor de las armas que día con día se disparan, los mismos corren el riesgo de ser solamente una expresión de buena voluntad. Así, el esfuerzo hecho por Hollande y Merkel en lograr reunir a Putin y Poroshenko, corre el peligro de caer en el vacío y, para mayor preocupación, en un contexto en el que por todos lados hace agua la seguridad mundial: con el peligroso crecimiento del Estado Islámico a quien se dice que le siguen llegando armas desde Estados Unidos, la intención por Washington de desestabilizar otros países mediante intentos de asonadas como sucede hoy en Venezuela, y hasta el debilitamiento de algunos gobiernos por parte de otras fuerzas irregulares ligadas al narcotráfico y la delincuencia organizada.
1° de marzo de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 22 de febrero de 2015)
El Otoño del Imperio
domingo, 8 de febrero de 2015
La Crisis Arrecia, a Pesar de la Recuperación de Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
El reciente anuncio de un “recorte preventivo” en el gasto público en México, por causa de un déficit de $124 mil millones de pesos, “un enfoque… para enfrentar… la complejidad de 2016 y de los años por venir”, según el secretario de Hacienda mexicano, demuestra que la crisis sistémica global sigue avanzando en el mundo, no obstante la reactivación de la economía de Estados Unidos, y comienza a agravar la de por si frágil situación de muchos países, incluso aquellos que por su apego al vecino del norte, pudieran estar en mejores condiciones para aprovechar la recuperación, así sea endeble, de esa economía.
La medida del gobierno mexicano, derivado de un “cambio en las condiciones financieras internacionales, la menor perspectiva de crecimiento de la economía mundial y la previsión de que los precios del crudo se mantendrán bajos por varios años…”, habla justo de eso que se advierte como una negra nube en el panorama mundial: una crisis por venir, más grave que cualquiera de los últimos años. Por el momento y respecto a la economía mundial, el FMI recién ha recortado en tres décimas el aumento del PIB en 2015 y 2016, hasta el 3,5 y el 3,7 por ciento, respectivamente.
En dicho escenario, de acuerdo con el mismo FMI, las economías avanzadas crecerán sólo un 2,4 por ciento tanto en 2015 como en 2016 (y eso, por la fortaleza pasajera de EUA, que crecerá un 3,6 por ciento en 2015 y un 3,3 en 2016). En cambio, para los países “emergentes” reduce su previsión en seis décimas para 2015 y cinco décimas para 2016, al 4,3 y 4,7 por ciento, respectivamente (y eso, tomando en cuenta el comportamiento de la economía china, el motor principal, que crecerá un 6,8 por ciento en 2015 y un 6,3 en 2016).
A contrapelo de penurias como esas, un reporte dado a conocer el pasado 19 de enero por Oxfam en el más reciente Foro Económico Mundial de Davos, muestra que el 1 por ciento más rico del planeta ha visto incrementar su parte de la riqueza global del 44 por ciento en 2009, al 48 por ciento en 2014. Con este ritmo, Oxfam pronostica que para 2016 este 1 por ciento poseerá más del 50 por ciento de la riqueza mundial en sus manos. Tal inequidad, dice el organismo, anula de una manera dramática la lucha contra la pobreza global, sobre todo porque 1 de cada 9 personas no tiene lo suficiente para comer y más de mil millones de personas todavía viven con menos de 1.25 dólares por día.
Un entorno internacional en el cual muchos son perdedores. Y lo serán más en México si, como anuncia el funcionario mexicano, el proceso de “reingeniería” presupuestal del gobierno en los próximos meses es asesorado por el Banco Mundial; un organismo que no se tienta el corazón para dictar medidas draconianas en contra de las mayorías y no en contra de aquella minoría mundial ganona.
8 de febrero de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de febrero de 2015)
El Otoño del Imperio
El reciente anuncio de un “recorte preventivo” en el gasto público en México, por causa de un déficit de $124 mil millones de pesos, “un enfoque… para enfrentar… la complejidad de 2016 y de los años por venir”, según el secretario de Hacienda mexicano, demuestra que la crisis sistémica global sigue avanzando en el mundo, no obstante la reactivación de la economía de Estados Unidos, y comienza a agravar la de por si frágil situación de muchos países, incluso aquellos que por su apego al vecino del norte, pudieran estar en mejores condiciones para aprovechar la recuperación, así sea endeble, de esa economía.
La medida del gobierno mexicano, derivado de un “cambio en las condiciones financieras internacionales, la menor perspectiva de crecimiento de la economía mundial y la previsión de que los precios del crudo se mantendrán bajos por varios años…”, habla justo de eso que se advierte como una negra nube en el panorama mundial: una crisis por venir, más grave que cualquiera de los últimos años. Por el momento y respecto a la economía mundial, el FMI recién ha recortado en tres décimas el aumento del PIB en 2015 y 2016, hasta el 3,5 y el 3,7 por ciento, respectivamente.
En dicho escenario, de acuerdo con el mismo FMI, las economías avanzadas crecerán sólo un 2,4 por ciento tanto en 2015 como en 2016 (y eso, por la fortaleza pasajera de EUA, que crecerá un 3,6 por ciento en 2015 y un 3,3 en 2016). En cambio, para los países “emergentes” reduce su previsión en seis décimas para 2015 y cinco décimas para 2016, al 4,3 y 4,7 por ciento, respectivamente (y eso, tomando en cuenta el comportamiento de la economía china, el motor principal, que crecerá un 6,8 por ciento en 2015 y un 6,3 en 2016).
A contrapelo de penurias como esas, un reporte dado a conocer el pasado 19 de enero por Oxfam en el más reciente Foro Económico Mundial de Davos, muestra que el 1 por ciento más rico del planeta ha visto incrementar su parte de la riqueza global del 44 por ciento en 2009, al 48 por ciento en 2014. Con este ritmo, Oxfam pronostica que para 2016 este 1 por ciento poseerá más del 50 por ciento de la riqueza mundial en sus manos. Tal inequidad, dice el organismo, anula de una manera dramática la lucha contra la pobreza global, sobre todo porque 1 de cada 9 personas no tiene lo suficiente para comer y más de mil millones de personas todavía viven con menos de 1.25 dólares por día.
Un entorno internacional en el cual muchos son perdedores. Y lo serán más en México si, como anuncia el funcionario mexicano, el proceso de “reingeniería” presupuestal del gobierno en los próximos meses es asesorado por el Banco Mundial; un organismo que no se tienta el corazón para dictar medidas draconianas en contra de las mayorías y no en contra de aquella minoría mundial ganona.
8 de febrero de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de febrero de 2015)
El Otoño del Imperio
domingo, 25 de enero de 2015
La Nueva Estrategia de Estados Unidos Hacia Latinoamérica
Jesús Hernández Garibay
La decisión del gobierno de Barack Obama de abrir una nueva etapa en las relaciones de Estados Unidos con Cuba, independientemente del significado que para ambos países tiene, marca un hito en la forma como advierte el poderoso país del norte el actual panorama interamericano, en el que importantes cambios se desenvuelven a lo largo de las últimas tres décadas.
Ante la imposibilidad de todavía mantener el panamericanismo que campeó en todo el continente por casi setenta años, mediante una Organización de Estados Americanos (OEA) desgastada y un Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) obsoleto, EUA se ve obligado ahora a buscar formas nuevas para intentar salvaguardar su tradicional predominio, aquel que garantizó antes un “libre mercado” abierto y proclive a sus intereses.
Desde luego, ningún mérito quita al digno pueblo cubano —que ha tenido que sufrir como pocos la decisión valiente de mantener su independencia y el derecho a su autodeterminación a toda costa—, el que la necesidad de buscar una nueva estrategia para el país de las barras y las estrellas sea consecuencia de la diversidad de esfuerzos que en muchos de nuestros países, en unos más que en otros, se han hecho por defender también tales banderas.
El proceso de integración buscado por gobiernos a través de mecanismos nuevos como la ALBA, la UNASUR o la CELAC, pero sobre todo procesos más independientes como los de la “revolución bolivariana” en Venezuela, la “revolución ciudadana” en Ecuador o el “Estado plurinacional” de Bolivia, o el que en nuevos países se sigan tales ejemplos para alcanzar rumbos distintos a los que interesa preservar EUA para el regio mundo de los grandes negocios, son hechos y posibilidades que inquietan sobremanera a las fuerzas más retrogradas de la región.
La posibilidad abierta hace ya un tiempo por el gobierno de Colombia de que EUA utilice bases militares colombianas para agrupar sus fuerzas castrenses en el área y la reciente decisión final de la Cámara de Representantes colombiana, de aceptar tácitamente la eventual expansión de la OTAN hacia el escenario regional, son hechos que delineados por el Departamento de Estado estadunidense caminan en esa dirección, al pretender abrir un valladar más ante dichos cambios, a fin de contener eventualmente cualquier nuevo motivo de preocupación sistémica.
El cierre de pinzas que de otro lado busca el trabajo sedicioso que desarrollan silenciosamente la Fundación Nacional para la Democracia (NED) y la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID), que se afanan en agravar las contradicciones sociales y políticas en países específicos y que en la nueva relación buscarán llevar adelante en Cuba con la intención de lograr algún día reimplantar el propio “libre mercado” y la democracia que lo garantice, son asuntos que forman parte hoy de esa misma estrategia que nuestro “buen vecino” trabaja en medio del declive global que padece…
25 de enero de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 25 de enero de 2015)
El Otoño del Imperio
La decisión del gobierno de Barack Obama de abrir una nueva etapa en las relaciones de Estados Unidos con Cuba, independientemente del significado que para ambos países tiene, marca un hito en la forma como advierte el poderoso país del norte el actual panorama interamericano, en el que importantes cambios se desenvuelven a lo largo de las últimas tres décadas.
Ante la imposibilidad de todavía mantener el panamericanismo que campeó en todo el continente por casi setenta años, mediante una Organización de Estados Americanos (OEA) desgastada y un Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) obsoleto, EUA se ve obligado ahora a buscar formas nuevas para intentar salvaguardar su tradicional predominio, aquel que garantizó antes un “libre mercado” abierto y proclive a sus intereses.
Desde luego, ningún mérito quita al digno pueblo cubano —que ha tenido que sufrir como pocos la decisión valiente de mantener su independencia y el derecho a su autodeterminación a toda costa—, el que la necesidad de buscar una nueva estrategia para el país de las barras y las estrellas sea consecuencia de la diversidad de esfuerzos que en muchos de nuestros países, en unos más que en otros, se han hecho por defender también tales banderas.
El proceso de integración buscado por gobiernos a través de mecanismos nuevos como la ALBA, la UNASUR o la CELAC, pero sobre todo procesos más independientes como los de la “revolución bolivariana” en Venezuela, la “revolución ciudadana” en Ecuador o el “Estado plurinacional” de Bolivia, o el que en nuevos países se sigan tales ejemplos para alcanzar rumbos distintos a los que interesa preservar EUA para el regio mundo de los grandes negocios, son hechos y posibilidades que inquietan sobremanera a las fuerzas más retrogradas de la región.
La posibilidad abierta hace ya un tiempo por el gobierno de Colombia de que EUA utilice bases militares colombianas para agrupar sus fuerzas castrenses en el área y la reciente decisión final de la Cámara de Representantes colombiana, de aceptar tácitamente la eventual expansión de la OTAN hacia el escenario regional, son hechos que delineados por el Departamento de Estado estadunidense caminan en esa dirección, al pretender abrir un valladar más ante dichos cambios, a fin de contener eventualmente cualquier nuevo motivo de preocupación sistémica.
El cierre de pinzas que de otro lado busca el trabajo sedicioso que desarrollan silenciosamente la Fundación Nacional para la Democracia (NED) y la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID), que se afanan en agravar las contradicciones sociales y políticas en países específicos y que en la nueva relación buscarán llevar adelante en Cuba con la intención de lograr algún día reimplantar el propio “libre mercado” y la democracia que lo garantice, son asuntos que forman parte hoy de esa misma estrategia que nuestro “buen vecino” trabaja en medio del declive global que padece…
25 de enero de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 25 de enero de 2015)
El Otoño del Imperio
domingo, 18 de enero de 2015
La Guerra más Larga en la Historia Norteamericana Llega a su Fin
Jesús Hernández Garibay
El pasado 18 de diciembre las fuerzas armadas de la OTAN en Afganistán (ISAF), anunciaron su salida del país luego de 13 años de combates. El anuncio fue hecho simultáneamente al del presidente Barack Obama, quien también dio término a la presencia norteamericana en la misma nación. “Juntos hemos sacado al pueblo afgano de las tinieblas de la desesperación y le hemos dado esperanza en el futuro”, dijo el general John Campbell ante los soldados de la OTAN en una ceremonia solemne, mientras el mandatario estadounidense opinaba que “gracias al sacrificio extraordinario de nuestros hombres y mujeres uniformados, nuestra misión se acaba y la guerra más larga en la historia de Estados Unidos termina de forma responsable…”
Fuerzas talibanes por su parte, aseguraban un día después que la retirada de las tropas internacionales de suelo afgano marca una derrota para Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. “¿Cuál es el sentido de que EE.UU. ponga fin a la guerra? —preguntaba a la agencia de noticias EFE el portavoz talibán Zabihullah Mujahid—. Esto significa que Estados Unidos y sus aliados… están huyendo del campo de batalla —agregaba—. La ISAF replegó su bandera en una atmósfera de fracaso y decepción, sin haber logrado nada sustancial o tangible…”
Aun así, la guerra llega oficialmente a su fin, aunque en el entorno también del cansancio y la insatisfacción de las tropas, cuyo desgaste moral es evidente. En los últimos años, en verdad, el pesimismo acerca de la misión en Afganistán creció sostenidamente y muchos soldados se preguntan ahora qué es lo que realmente lograron los 13 años de guerra; la mayoría de las tropas son hoy una fuerza desmoralizada que cree que no se cumplieron los objetivos de la guerra.
En efecto, según una reciente encuesta de Military Times Group, la moral se redujo drásticamente en los últimos cinco años y a la mayoría de los activos lo que preocupa más es que su calidad de vida empeorará; a la vez, pocos apoyan plenamente a sus altos dirigentes; la popularidad de Obama entre sus soldados —que nunca fue alta— ahora se desmorona, al pasar del 35 por ciento en 2009 a sólo el 15 por ciento en 2014, con un índice de desaprobación que aumentó del 40 hasta el 55 por ciento durante ese tiempo.
Para peor, Matthieu Aikins, un periodista residente en Kabul que ha investigado para la revista “Rolling Stone” sobre el auge de la heroína de Afganistán, advierte que en los 13 años desde que Estados Unidos invadió el país, la producción de opio ahí se duplicó y representa ahora nada menos que alrededor del 90 por ciento de la oferta mundial. “Lo que ha ocurrido en Afganistán en los últimos 13 años —decía Aikins en una entrevista para ‘Democracy Now’— ha sido el florecimiento de un narco-estado que no tiene precedente en la historia,.. Esto es algo extraordinario, catastrófico, que es un grave peligro para el futuro…”, y que con seguridad deja al pueblo afgano en las tinieblas…
18 de enero de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 11 de enero de 2015)
El Otoño del Imperio
El pasado 18 de diciembre las fuerzas armadas de la OTAN en Afganistán (ISAF), anunciaron su salida del país luego de 13 años de combates. El anuncio fue hecho simultáneamente al del presidente Barack Obama, quien también dio término a la presencia norteamericana en la misma nación. “Juntos hemos sacado al pueblo afgano de las tinieblas de la desesperación y le hemos dado esperanza en el futuro”, dijo el general John Campbell ante los soldados de la OTAN en una ceremonia solemne, mientras el mandatario estadounidense opinaba que “gracias al sacrificio extraordinario de nuestros hombres y mujeres uniformados, nuestra misión se acaba y la guerra más larga en la historia de Estados Unidos termina de forma responsable…”
Fuerzas talibanes por su parte, aseguraban un día después que la retirada de las tropas internacionales de suelo afgano marca una derrota para Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. “¿Cuál es el sentido de que EE.UU. ponga fin a la guerra? —preguntaba a la agencia de noticias EFE el portavoz talibán Zabihullah Mujahid—. Esto significa que Estados Unidos y sus aliados… están huyendo del campo de batalla —agregaba—. La ISAF replegó su bandera en una atmósfera de fracaso y decepción, sin haber logrado nada sustancial o tangible…”
Aun así, la guerra llega oficialmente a su fin, aunque en el entorno también del cansancio y la insatisfacción de las tropas, cuyo desgaste moral es evidente. En los últimos años, en verdad, el pesimismo acerca de la misión en Afganistán creció sostenidamente y muchos soldados se preguntan ahora qué es lo que realmente lograron los 13 años de guerra; la mayoría de las tropas son hoy una fuerza desmoralizada que cree que no se cumplieron los objetivos de la guerra.
En efecto, según una reciente encuesta de Military Times Group, la moral se redujo drásticamente en los últimos cinco años y a la mayoría de los activos lo que preocupa más es que su calidad de vida empeorará; a la vez, pocos apoyan plenamente a sus altos dirigentes; la popularidad de Obama entre sus soldados —que nunca fue alta— ahora se desmorona, al pasar del 35 por ciento en 2009 a sólo el 15 por ciento en 2014, con un índice de desaprobación que aumentó del 40 hasta el 55 por ciento durante ese tiempo.
Para peor, Matthieu Aikins, un periodista residente en Kabul que ha investigado para la revista “Rolling Stone” sobre el auge de la heroína de Afganistán, advierte que en los 13 años desde que Estados Unidos invadió el país, la producción de opio ahí se duplicó y representa ahora nada menos que alrededor del 90 por ciento de la oferta mundial. “Lo que ha ocurrido en Afganistán en los últimos 13 años —decía Aikins en una entrevista para ‘Democracy Now’— ha sido el florecimiento de un narco-estado que no tiene precedente en la historia,.. Esto es algo extraordinario, catastrófico, que es un grave peligro para el futuro…”, y que con seguridad deja al pueblo afgano en las tinieblas…
18 de enero de 2015.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 11 de enero de 2015)
El Otoño del Imperio
lunes, 29 de diciembre de 2014
En el 2015, Más Signos Adversos Para el Mundo
Jesús Hernández Garibay
Si el año que termina exhibió un desolador panorama mundial en el que destacaron graves y preocupantes problemas en el contexto de una mayor pobreza e inseguridad para las familias, el año 2015 no será mejor que el que termina, sobre todo para algunos países en los que los problemas nacionales rebasan cualquier esfuerzo por disminuir la pobreza y las cada vez más desastrosas condiciones de vida, en medio del mayor enriquecimiento de sólo unos 85 grandes oligarcas, frente al empobrecimiento de más de la mitad de la población global; donde el uno por ciento más rico concentra más del 46 por ciento de la riqueza del planeta.
La crisis todo lo abarca. Pero a diferencia de la pretensión y esperanza de que estén cambiando ya las cosas y que la relativa reactivación de la economía de Estados Unidos que ha comenzado a mostrarse, se consolide, lo cierto es que la salida norteamericana de la más grave recesión mundial desde los años treinta del siglo pasado, no tendrá la fuerza suficiente ni la duración bastante como para alcanzar una nueva era de progreso, ni ahí, ni en otros lados.
El mismo Barack Obama reconocía tácitamente en la cita de los líderes del Grupo de los 20 de mediados de noviembre último en Australia, que su país no puede “tirar de la economía mundial solo”, por lo que apremiaba al resto del grupo a trabajar duro para reavivar el crecimiento. Pero reavivar el crecimiento no es tarea fácil en medio de la pobreza. Y el problema es que la crisis es consecuencia de las dificultades del mercado para producir ganancias suficientes y por ello los más poderosos oligopolios en el mundo andan tras la caza de nuevos negocios ahí donde sea posible hacerlos, a costa de la eliminación y empobrecimiento de quien sea; lo que continúa promoviendo la concentración y centralización del capital en unas cuantas manos.
El más reciente señalamiento de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el sentido de que la hambruna global ha disminuido desde 1992, pero que más de la mitad de los habitantes en el mundo sufren todavía en forma variable de hambre, deficiencias en micronutrientes y obesidad, es solamente una expresión más de la misma enfermedad que padece un sistema que no alcanza, en medio de su decadencia, a resolver verdaderamente el bienestar de la población mundial.
Por todo ello es que suena cada día más razonable que esfuerzos internacionales como el del grupo de los BRICS encabezados por China y Rusia, o el del Movimiento de los No Alineados o el que se desenvuelve a partir de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y UNASUR, continúen pugnando por crear un diferente orden económico internacional que permita cambiar las cosas en el panorama mundial.
29 de diciembre de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 28 de diciembre de 2014)
El Otoño del Imperio
Si el año que termina exhibió un desolador panorama mundial en el que destacaron graves y preocupantes problemas en el contexto de una mayor pobreza e inseguridad para las familias, el año 2015 no será mejor que el que termina, sobre todo para algunos países en los que los problemas nacionales rebasan cualquier esfuerzo por disminuir la pobreza y las cada vez más desastrosas condiciones de vida, en medio del mayor enriquecimiento de sólo unos 85 grandes oligarcas, frente al empobrecimiento de más de la mitad de la población global; donde el uno por ciento más rico concentra más del 46 por ciento de la riqueza del planeta.
La crisis todo lo abarca. Pero a diferencia de la pretensión y esperanza de que estén cambiando ya las cosas y que la relativa reactivación de la economía de Estados Unidos que ha comenzado a mostrarse, se consolide, lo cierto es que la salida norteamericana de la más grave recesión mundial desde los años treinta del siglo pasado, no tendrá la fuerza suficiente ni la duración bastante como para alcanzar una nueva era de progreso, ni ahí, ni en otros lados.
El mismo Barack Obama reconocía tácitamente en la cita de los líderes del Grupo de los 20 de mediados de noviembre último en Australia, que su país no puede “tirar de la economía mundial solo”, por lo que apremiaba al resto del grupo a trabajar duro para reavivar el crecimiento. Pero reavivar el crecimiento no es tarea fácil en medio de la pobreza. Y el problema es que la crisis es consecuencia de las dificultades del mercado para producir ganancias suficientes y por ello los más poderosos oligopolios en el mundo andan tras la caza de nuevos negocios ahí donde sea posible hacerlos, a costa de la eliminación y empobrecimiento de quien sea; lo que continúa promoviendo la concentración y centralización del capital en unas cuantas manos.
El más reciente señalamiento de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el sentido de que la hambruna global ha disminuido desde 1992, pero que más de la mitad de los habitantes en el mundo sufren todavía en forma variable de hambre, deficiencias en micronutrientes y obesidad, es solamente una expresión más de la misma enfermedad que padece un sistema que no alcanza, en medio de su decadencia, a resolver verdaderamente el bienestar de la población mundial.
Por todo ello es que suena cada día más razonable que esfuerzos internacionales como el del grupo de los BRICS encabezados por China y Rusia, o el del Movimiento de los No Alineados o el que se desenvuelve a partir de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y UNASUR, continúen pugnando por crear un diferente orden económico internacional que permita cambiar las cosas en el panorama mundial.
29 de diciembre de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 28 de diciembre de 2014)
El Otoño del Imperio
Crisis y Violencia en el Año que Termina
Jesús Hernández Garibay
El año que termina exhibió un desolador panorama mundial, en el que destacaron graves y preocupantes problemas en el contexto de un mayor empobrecimiento y una cada día mayor inseguridad para las familias. En el orbe se hizo ostentación de la pobreza y el desempleo, acompañados de recesiones económicas y nueva inestabilidad financiera, pero a la vez asesinatos políticos, terrorismo por parte de grupos irregulares y terrorismo de Estado, atentados, golpes de Estado e intentos frustrados, violencia generalizada, conflictos bélicos y aun amenazas de ataques nucleares; el narcotráfico y el crimen organizado se multiplica, la corrupción se generaliza y la delincuencia se expande.
Un estudio realizado por la OCDE y la Organización Internacional del Trabajo, divulgado con motivo del encuentro ministerial sobre Trabajo y Empleo en el marco de la reunión de septiembre último del Grupo de los 20, deja ver que al presente más de 100 millones de personas están sin empleo en las economías del grupo y 447 millones son “trabajadores pobres” que viven con menos de 2 dólares diarios; a la vez, que más de la mitad de la fuerza de trabajo en los países llamados “emergentes” del grupo (una impactante cifra de 837 millones de trabajadores), “son pobres o estuvieron ligeramente por encima de la línea de la pobreza el año pasado".
Un rápido recuento deja ver el alcance de las dificultades. En Asia y el Medio Oriente hay conflictos cada vez mayores, tanto aquellos añejos que son parte y secuela del intervencionismo norteamericano y de sus aliados en la región (conflictos interétnicos en Irak promovidos desde Occidente, amenazas constantes en contra de la estabilidad de Irán, ataques en contra del gobierno sirio por fuerzas irregulares apoyadas abierta o furtivamente por Washington, nuevos y sanguinarios ataques contra el pueblo palestino por el gobierno israelí), como el más reciente en Ucrania donde un golpe de Estado vertebrado desde el mismo Estados Unidos y varios países de Europa, crea la mayor inestabilidad de la posguerra.
Todos estos graves problemas, que son nuevas expresiones de la larga crisis que sufre el capitalismo global, y que en el declinante Estados Unidos se manifiesta en una débil recuperación, amenazan con nuevas crisis financieras, que lo que crearán es una mayor pobreza y desigualdad. En medio de todo ello, el deterioro medioambiental de los últimos tiempos, resultado del calentamiento de la Tierra, se va convirtiendo en un gravísimo problema sin solución a la vista. Según los expertos, el cambio climático es causado por el hombre y en la medida en que el mundo no adopte medidas para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio continúe aumentando, la estabilidad social de los sistemas de vida humanos corre un grave peligro.
29 de diciembre de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de diciembre de 2014)
El Otoño del Imperio
El año que termina exhibió un desolador panorama mundial, en el que destacaron graves y preocupantes problemas en el contexto de un mayor empobrecimiento y una cada día mayor inseguridad para las familias. En el orbe se hizo ostentación de la pobreza y el desempleo, acompañados de recesiones económicas y nueva inestabilidad financiera, pero a la vez asesinatos políticos, terrorismo por parte de grupos irregulares y terrorismo de Estado, atentados, golpes de Estado e intentos frustrados, violencia generalizada, conflictos bélicos y aun amenazas de ataques nucleares; el narcotráfico y el crimen organizado se multiplica, la corrupción se generaliza y la delincuencia se expande.
Un estudio realizado por la OCDE y la Organización Internacional del Trabajo, divulgado con motivo del encuentro ministerial sobre Trabajo y Empleo en el marco de la reunión de septiembre último del Grupo de los 20, deja ver que al presente más de 100 millones de personas están sin empleo en las economías del grupo y 447 millones son “trabajadores pobres” que viven con menos de 2 dólares diarios; a la vez, que más de la mitad de la fuerza de trabajo en los países llamados “emergentes” del grupo (una impactante cifra de 837 millones de trabajadores), “son pobres o estuvieron ligeramente por encima de la línea de la pobreza el año pasado".
Un rápido recuento deja ver el alcance de las dificultades. En Asia y el Medio Oriente hay conflictos cada vez mayores, tanto aquellos añejos que son parte y secuela del intervencionismo norteamericano y de sus aliados en la región (conflictos interétnicos en Irak promovidos desde Occidente, amenazas constantes en contra de la estabilidad de Irán, ataques en contra del gobierno sirio por fuerzas irregulares apoyadas abierta o furtivamente por Washington, nuevos y sanguinarios ataques contra el pueblo palestino por el gobierno israelí), como el más reciente en Ucrania donde un golpe de Estado vertebrado desde el mismo Estados Unidos y varios países de Europa, crea la mayor inestabilidad de la posguerra.
Todos estos graves problemas, que son nuevas expresiones de la larga crisis que sufre el capitalismo global, y que en el declinante Estados Unidos se manifiesta en una débil recuperación, amenazan con nuevas crisis financieras, que lo que crearán es una mayor pobreza y desigualdad. En medio de todo ello, el deterioro medioambiental de los últimos tiempos, resultado del calentamiento de la Tierra, se va convirtiendo en un gravísimo problema sin solución a la vista. Según los expertos, el cambio climático es causado por el hombre y en la medida en que el mundo no adopte medidas para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio continúe aumentando, la estabilidad social de los sistemas de vida humanos corre un grave peligro.
29 de diciembre de 2014.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 14 de diciembre de 2014)
El Otoño del Imperio
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