Jesús Hernández Garibay
Este 11 de septiembre se cumplieron ya 12 años desde que el 2001 fueron llevados a cabo en el territorio de Estados Unidos los más graves atentados de la historia mundial, por parte de un grupo de musulmanes a quienes se catalogó como terroristas. En esos atentados varios aviones fueron utilizados para ser estrellados en contra de las llamadas Torres Gemelas del World Trade Center (WTC) en la ciudad de Nueva York, el edificio del Pentágono en Washington y al parecer un cuarto destinado al edificio de la Casa Blanca que, según esto, se estrelló sin llegar a consumar su misión, en el estado de Pensilvania. Como resultado del hecho, lamentablemente murieron 2 mil 986 personas.
Los ataques del llamado 9/11 ―en la versión del gobierno llevados a cabo por 19 suicidas afiliados a la organización terrorista Al-Qaeda y actuando supuestamente por instrucciones del multimillonario musulmán Osama Bin Laden―, que implicaron el secuestro de cuatro aviones de pasajeros de las líneas comerciales estadounidenses American Airlines y United Airlines, además de los blancos mencionados y las pérdidas humanas acotadas, destruyeron también de forma total o parcial en Nueva York al menos otros 23 edificios. Un acontecimiento todo, sin embargo, envuelto aún hasta ahora en el misterio de su verdadero origen, dadas las grandes interrogantes que dejaron los hechos.
Comenzando por las llamadas telefónicas supuestamente hechas por los pasajeros desde los aviones secuestrados que influyeron en el imaginario colectivo y sirvieron de base al relato sobre cómo se desarrollaron los hechos, y que un grupo de expertos (“9/11 Consensus Panel”) ha demostrado que en realidad fueron falsas, que ninguna existió, pasando por la inexistencia de los restos de ninguno de los pasajeros de las naves o indicios de las partes de las mismas, ni en Nueva York, ni en el sitio donde supuestamente cayó el avión en Pensilvania ni en ningún lugar del edificio del Pentágono, hasta la peculiar manera en que se derrumbaron tanto las Torres Gemelas como el edificio número 7 del WTC; nada hay luego de este tiempo que sirva de prueba a los dichos de la versión oficial.
Como quiera que sea, ese peculiar acontecimiento sirvió de manera eficaz para relanzar la maquinaria bélica del más poderoso país de todos los tiempos, como siguiendo el guion del “nuevo siglo americano” que buscaba aquel grupo de halcones para quienes era indispensable la existencia de “un nuevo Pearl Harbor” que llevara a EUA en el nuevo siglo a preservar la posibilidad de encauzar el mundo hacia el sostenimiento de los grandes negocios en el entorno de la “libertad” y la “democracia” de mercado. Un animal hambriento que ahora en crisis necesita todavía de más sangre para sobrevivir; que pasó ya por sobre Afganistán e Irak, y que ahora no le viene nada mal pasar por sobre Siria e Irán, y si fuera posible por qué no, también por sobre Rusia y China, y también por sobre todos los países que pretendan salir de su órbita de influencia por ejemplo en su propio continente, como excelso policía del mundo que es y quiere seguir siendo.
16 de septiembre de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 15 de septiembre de 2013)
El Otoño del Imperio
lunes, 16 de septiembre de 2013
domingo, 8 de septiembre de 2013
Se Desmorona el Argumento de Estados Unidos para Atacar Siria
Jesús Hernández Garibay
En relación con el supuesto ataque con armas químicas el 21 de agosto en Ghouta, un suburbio de Damasco, en el que murieron centenares de sirios, un grupo de rebeldes confirmó el sábado 31 en una entrevista con Dale Gavlak, corresponsal de Associated Press en Siria, su responsabilidad de lo que califican fue un “accidente”. Según el testimonio de los rebeldes opositores al régimen sirio, las armas provenían de Arabia Saudita e iban destinadas al Frente Al Nursa, grupo afilado a Al Qaeda. Los rebeldes declararon a la periodista que ellos fueron los responsables por el suceso que varios países occidentales atribuyen al gobierno de Bashar Al-Assad.
El grupo opositor afirmó que el hecho se produjo por el mal manejo de esas armas. “En numerosas entrevistas con los médicos, residentes de Ghouta, los rebeldes y sus familias ―escribe Gavlak―, muchos creen que los rebeldes recibieron armas químicas del jefe de la Inteligencia saudí, el príncipe Bandar bin Sultan, y que fueron ellos los responsables de llevar a cabo el ataque con gas…” (Mint Press News). La información obtenida por la periodista contradice completamente a los pretextos que esgrime la Casa Blanca, que a través de su titular del Departamento de Estado John Kerry se ha referido a la “alta confianza” que le merecen las pruebas que dice tener en su poder y que ―afirma― implican a Al Assad en el ataque con armas químicas.
En los hechos, esta nueva circunstancia, además del retiro de Gran Bretaña y otros gobiernos a participar como aliados de Estados Unidos en un ataque abierto en contra del gobierno de Damasco, ha obligado al presidente Barack Obama a dar un paso atrás y proponer que sea el Congreso de su país y no él mismo, el que decida acerca de la guerra contra Siria. Lo cual para muchos exhibe al presidente como inseguro de su habitual papel de “comandante en jefe” de un poderoso ejército, limitado a la vez por el 60 por ciento de los estadounidenses que consideran que EUA no debe intervenir en Siria, frente a sólo el 9 por ciento que piensa que sí (encuesta de la agencia Reuters).
Sabido es que Arabia Saudita resulta ser la principal fuente de financiación y de entrega de armas a los rebeldes sirios, a través de sus servicios de Inteligencia; esto es así porque Riad tiene un interés particular en la caída del régimen de Assad, dado el apoyo que recibe de su archienemigo Irán. The Washington Post, por su parte, ha informado que la CIA arma a los grupos rebeldes a través de bases clandestinas establecidas en Turquía y Jordania, con el objetivo de reforzar al llamado Ejército Libre Sirio ―tal y como se acordó en la última cumbre de “Amigos de Siria” en abril―, a través del Consejo Supremo Militar. De su lado, la Coalición Nacional Siria, un grupo apoyado por las monarquías absolutistas del Golfo y Occidente, eligieron recientemente a Ghassan Hitto, nacido en Siria, que ha vivido los últimos 30 años en Dallas, Texas, y ha sido ejecutivo de la empresa IT en ese estado, como su carta fuerte para un eventual gobierno post-Assad.
8 de septiembre de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de septiembre de 2013)
El Otoño del Imperio
En relación con el supuesto ataque con armas químicas el 21 de agosto en Ghouta, un suburbio de Damasco, en el que murieron centenares de sirios, un grupo de rebeldes confirmó el sábado 31 en una entrevista con Dale Gavlak, corresponsal de Associated Press en Siria, su responsabilidad de lo que califican fue un “accidente”. Según el testimonio de los rebeldes opositores al régimen sirio, las armas provenían de Arabia Saudita e iban destinadas al Frente Al Nursa, grupo afilado a Al Qaeda. Los rebeldes declararon a la periodista que ellos fueron los responsables por el suceso que varios países occidentales atribuyen al gobierno de Bashar Al-Assad.
El grupo opositor afirmó que el hecho se produjo por el mal manejo de esas armas. “En numerosas entrevistas con los médicos, residentes de Ghouta, los rebeldes y sus familias ―escribe Gavlak―, muchos creen que los rebeldes recibieron armas químicas del jefe de la Inteligencia saudí, el príncipe Bandar bin Sultan, y que fueron ellos los responsables de llevar a cabo el ataque con gas…” (Mint Press News). La información obtenida por la periodista contradice completamente a los pretextos que esgrime la Casa Blanca, que a través de su titular del Departamento de Estado John Kerry se ha referido a la “alta confianza” que le merecen las pruebas que dice tener en su poder y que ―afirma― implican a Al Assad en el ataque con armas químicas.
En los hechos, esta nueva circunstancia, además del retiro de Gran Bretaña y otros gobiernos a participar como aliados de Estados Unidos en un ataque abierto en contra del gobierno de Damasco, ha obligado al presidente Barack Obama a dar un paso atrás y proponer que sea el Congreso de su país y no él mismo, el que decida acerca de la guerra contra Siria. Lo cual para muchos exhibe al presidente como inseguro de su habitual papel de “comandante en jefe” de un poderoso ejército, limitado a la vez por el 60 por ciento de los estadounidenses que consideran que EUA no debe intervenir en Siria, frente a sólo el 9 por ciento que piensa que sí (encuesta de la agencia Reuters).
Sabido es que Arabia Saudita resulta ser la principal fuente de financiación y de entrega de armas a los rebeldes sirios, a través de sus servicios de Inteligencia; esto es así porque Riad tiene un interés particular en la caída del régimen de Assad, dado el apoyo que recibe de su archienemigo Irán. The Washington Post, por su parte, ha informado que la CIA arma a los grupos rebeldes a través de bases clandestinas establecidas en Turquía y Jordania, con el objetivo de reforzar al llamado Ejército Libre Sirio ―tal y como se acordó en la última cumbre de “Amigos de Siria” en abril―, a través del Consejo Supremo Militar. De su lado, la Coalición Nacional Siria, un grupo apoyado por las monarquías absolutistas del Golfo y Occidente, eligieron recientemente a Ghassan Hitto, nacido en Siria, que ha vivido los últimos 30 años en Dallas, Texas, y ha sido ejecutivo de la empresa IT en ese estado, como su carta fuerte para un eventual gobierno post-Assad.
8 de septiembre de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 8 de septiembre de 2013)
El Otoño del Imperio
domingo, 1 de septiembre de 2013
Estados Unidos Preparado para una Nueva Guerra, Ahora en Siria
Jesús Hernández Garibay
El miércoles 21 de agosto un ataque con gas en las proximidades de Damasco, Siria, quitó la vida a cientos de personas; inmediatamente, varios países de la OTAN culparon al gobierno sirio del hecho, mientras que otras fuentes hablaban de un número indeterminado que iba de decenas a centenares. De acuerdo con la organización no gubernamental Médicos Sin Fronteras, el día en el que se produjo el ataque tres hospitales atendieron a 3 mil 600 personas con “síntomas neurotóxicos”, 355 de las cuales fallecieron. Activistas rebeldes acusaron de ello a las fuerzas gubernamentales; sin embargo, el gobierno sirio aseguró que fueron los rebeldes y no ellos quienes usaron el armamento químico.
Lo curioso del caso es que de manera inexplicable los informes acerca del lamentable suceso se dieron a conocer horas antes de ser llevado a cabo, pues al menos 159 vídeos que muestran a las aparentes víctimas del ataque se subieron a YouTube desde el día 20 de agosto, es decir, un día antes de que los informes de prensa dijeran que el ataque ocurrió el día 21; en efecto, la lista de reproducción de vídeos fue subida el 20 de agosto, mientras los informes hospitalarios daban a conocer que fue el día 21 cuando los pacientes comenzaron a ingresar a sus instalaciones. Esta divergencia provocó que el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, afirmara que el incidente no era más que una nueva provocación diseñada con anticipación por los rebeldes.
El gobierno sirio ha presentado pruebas sobre el uso de químicos por grupos de la llamada oposición armada, en tanto busca desmantelar la campaña mediática en su contra que pretende justificar una invasión militar. Al allanar la víspera un depósito perteneciente a los rebeldes en Jobar, localidad de la periferia de Damasco, el Ejército Árabe Sirio encontró barriles de agentes tóxicos con la inscripción “Hecho en Arabia Saudita”, además de máscaras antigases y pastillas para neutralizar efectos por la exposición a dichos químicos, según mostró la televisión nacional siria; durante el operativo, soldados sirios sufrieron problemas respiratorios, ardor y picazón en la garganta y los ojos, además de otros síntomas por gases que habían sido rociados para evitar que se ocupara el lugar.
En días pasados la ONU decía que el número de niños que han huido de la violencia en Siria ha llegado ya a un millón, la mayoría refugiándose en países vecinos como Irak, Turquía, Líbano, Jordania y Egipto; la ONU estima que 740 mil refugiados sirios están por debajo de los 11 años y se cree que más de 7 mil niños sirios han muerto desde que el conflicto comenzó hace dos años. Ahora, cualquier tipo de intervención militar de Estados Unidos en Siria agravaría la crisis en ese país árabe y llevaría al mundo al borde de una nueva guerra, según asegura el analista político Kevin Barrett a la cadena iraní Press TV: “La participación militar de EUA obviamente no resolvería la crisis… Este es un movimiento peligroso porque realmente estamos al borde de una posible tercera guerra mundial. La región es cada vez más inestable…”
1º de septiembre de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1º de septiembre de 2013)
El Otoño del Imperio
El miércoles 21 de agosto un ataque con gas en las proximidades de Damasco, Siria, quitó la vida a cientos de personas; inmediatamente, varios países de la OTAN culparon al gobierno sirio del hecho, mientras que otras fuentes hablaban de un número indeterminado que iba de decenas a centenares. De acuerdo con la organización no gubernamental Médicos Sin Fronteras, el día en el que se produjo el ataque tres hospitales atendieron a 3 mil 600 personas con “síntomas neurotóxicos”, 355 de las cuales fallecieron. Activistas rebeldes acusaron de ello a las fuerzas gubernamentales; sin embargo, el gobierno sirio aseguró que fueron los rebeldes y no ellos quienes usaron el armamento químico.
Lo curioso del caso es que de manera inexplicable los informes acerca del lamentable suceso se dieron a conocer horas antes de ser llevado a cabo, pues al menos 159 vídeos que muestran a las aparentes víctimas del ataque se subieron a YouTube desde el día 20 de agosto, es decir, un día antes de que los informes de prensa dijeran que el ataque ocurrió el día 21; en efecto, la lista de reproducción de vídeos fue subida el 20 de agosto, mientras los informes hospitalarios daban a conocer que fue el día 21 cuando los pacientes comenzaron a ingresar a sus instalaciones. Esta divergencia provocó que el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, afirmara que el incidente no era más que una nueva provocación diseñada con anticipación por los rebeldes.
El gobierno sirio ha presentado pruebas sobre el uso de químicos por grupos de la llamada oposición armada, en tanto busca desmantelar la campaña mediática en su contra que pretende justificar una invasión militar. Al allanar la víspera un depósito perteneciente a los rebeldes en Jobar, localidad de la periferia de Damasco, el Ejército Árabe Sirio encontró barriles de agentes tóxicos con la inscripción “Hecho en Arabia Saudita”, además de máscaras antigases y pastillas para neutralizar efectos por la exposición a dichos químicos, según mostró la televisión nacional siria; durante el operativo, soldados sirios sufrieron problemas respiratorios, ardor y picazón en la garganta y los ojos, además de otros síntomas por gases que habían sido rociados para evitar que se ocupara el lugar.
En días pasados la ONU decía que el número de niños que han huido de la violencia en Siria ha llegado ya a un millón, la mayoría refugiándose en países vecinos como Irak, Turquía, Líbano, Jordania y Egipto; la ONU estima que 740 mil refugiados sirios están por debajo de los 11 años y se cree que más de 7 mil niños sirios han muerto desde que el conflicto comenzó hace dos años. Ahora, cualquier tipo de intervención militar de Estados Unidos en Siria agravaría la crisis en ese país árabe y llevaría al mundo al borde de una nueva guerra, según asegura el analista político Kevin Barrett a la cadena iraní Press TV: “La participación militar de EUA obviamente no resolvería la crisis… Este es un movimiento peligroso porque realmente estamos al borde de una posible tercera guerra mundial. La región es cada vez más inestable…”
1º de septiembre de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 1º de septiembre de 2013)
El Otoño del Imperio
sábado, 24 de agosto de 2013
De Nuevo un Golpe de Estado en Egipto
Jesús Hernández Garibay
Que el mundo no avanza en resolver la estela de contradicciones que acompañan al declive sistémico, lo deja ver el nuevo golpe de Estado llevado a cabo en Egipto, un país en el que el levantamiento popular a lo largo de 18 días a principios de 2011 logra derrocar al autócrata Hosni Mubarak, pero que no alcanza a profundizar más en un proceso de mayores vuelos que no sea el que demarcan las fuerzas dominantes en el país, de una “transición a la democracia” limitada; desde luego no solamente Washington como principal aliado de esos haberes ni tan sólo las fuerzas armadas “en defensa de la patria”, sino los grandes intereses geopolíticos y de mercado que buscan proteger ahí sus beneficios.
Difícil circunstancia, porque en el fondo lo que se sigue jugando en estas semanas en la nación norteafricana es el destino de los intereses que desde hacía décadas ya predominaban ahí: una comunidad empresarial muy activa constituida por centenares de empresas principalmente norteamericanas pero también europeas, árabes o israelíes, establecidas bajo la segura promoción de gestores egipcios y norteamericanos ligados al gobierno y a las fuerzas armadas, que garantizan que siga reinando el “libre mercado”, a costa del hambre y el desempleo por lo que desde hace meses se criticaba al presidente Adly Mursi, de no estar resolviendo los problemas económicos y sociales del país.
De nueva cuenta como hace dos años y medio, el trasfondo de la nueva crisis política no son más que los grandes negocios que sumen al país en una mayor crisis económica, que por insolvencia nacional el gobierno del islamista derrocado buscaba “resolver” mediante un préstamo de 14 mil 500 millones de dólares con el FMI, que lo obliga a eliminar subsidios y subir impuestos.
Ante un desempleo del 13 por ciento y una baja en el turismo producto de la inestabilidad en el país, la libra egipcia se devalúa un 10 por ciento desde finales de 2012 y la reserva de divisas extranjeras se desploma en más de un 60 por ciento desde principios de 2011. Sin un consenso nacional, igual que en muchas partes del mundo, de esta manera la calidad de vida se desploma.
Como se sabe, Egipto ha sido el segundo gran receptor de ayuda de Estados Unidos durante décadas, después de Israel; unos 2 mil millones de dólares al año. De este monto, las fuerzas armadas se quedan con mil 300, pero esos fondos van a parar a las arcas del complejo militar industrial; el dinero se transforma en contratos con empresas que proveen armamentos diversos como aviones, tanques, todo tipo de misiles o pistolas; un lugar donde siguen reinando los intereses de Lockheed Martin, General Dynamics, Boeing o Raytheon.
El ejército egipcio de su lado, mantiene un intocado imperio económico propio, con empresas que producen desde televisores hasta aspiradoras, mientras la “ayuda” por parte de Estados Unidos, en el fondo lo que busca de tiempo atrás es el establecimiento de una base militar “a cualquier precio”, para “asegurar la seguridad de Israel”. Así, ni los Hermanos Musulmanes ni nadie por ahora, tiene en sus manos ninguna solución…
24 de agosto de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 25 de agosto de 2013)
El Otoño del Imperio
Que el mundo no avanza en resolver la estela de contradicciones que acompañan al declive sistémico, lo deja ver el nuevo golpe de Estado llevado a cabo en Egipto, un país en el que el levantamiento popular a lo largo de 18 días a principios de 2011 logra derrocar al autócrata Hosni Mubarak, pero que no alcanza a profundizar más en un proceso de mayores vuelos que no sea el que demarcan las fuerzas dominantes en el país, de una “transición a la democracia” limitada; desde luego no solamente Washington como principal aliado de esos haberes ni tan sólo las fuerzas armadas “en defensa de la patria”, sino los grandes intereses geopolíticos y de mercado que buscan proteger ahí sus beneficios.
Difícil circunstancia, porque en el fondo lo que se sigue jugando en estas semanas en la nación norteafricana es el destino de los intereses que desde hacía décadas ya predominaban ahí: una comunidad empresarial muy activa constituida por centenares de empresas principalmente norteamericanas pero también europeas, árabes o israelíes, establecidas bajo la segura promoción de gestores egipcios y norteamericanos ligados al gobierno y a las fuerzas armadas, que garantizan que siga reinando el “libre mercado”, a costa del hambre y el desempleo por lo que desde hace meses se criticaba al presidente Adly Mursi, de no estar resolviendo los problemas económicos y sociales del país.
De nueva cuenta como hace dos años y medio, el trasfondo de la nueva crisis política no son más que los grandes negocios que sumen al país en una mayor crisis económica, que por insolvencia nacional el gobierno del islamista derrocado buscaba “resolver” mediante un préstamo de 14 mil 500 millones de dólares con el FMI, que lo obliga a eliminar subsidios y subir impuestos.
Ante un desempleo del 13 por ciento y una baja en el turismo producto de la inestabilidad en el país, la libra egipcia se devalúa un 10 por ciento desde finales de 2012 y la reserva de divisas extranjeras se desploma en más de un 60 por ciento desde principios de 2011. Sin un consenso nacional, igual que en muchas partes del mundo, de esta manera la calidad de vida se desploma.
Como se sabe, Egipto ha sido el segundo gran receptor de ayuda de Estados Unidos durante décadas, después de Israel; unos 2 mil millones de dólares al año. De este monto, las fuerzas armadas se quedan con mil 300, pero esos fondos van a parar a las arcas del complejo militar industrial; el dinero se transforma en contratos con empresas que proveen armamentos diversos como aviones, tanques, todo tipo de misiles o pistolas; un lugar donde siguen reinando los intereses de Lockheed Martin, General Dynamics, Boeing o Raytheon.
El ejército egipcio de su lado, mantiene un intocado imperio económico propio, con empresas que producen desde televisores hasta aspiradoras, mientras la “ayuda” por parte de Estados Unidos, en el fondo lo que busca de tiempo atrás es el establecimiento de una base militar “a cualquier precio”, para “asegurar la seguridad de Israel”. Así, ni los Hermanos Musulmanes ni nadie por ahora, tiene en sus manos ninguna solución…
24 de agosto de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 25 de agosto de 2013)
El Otoño del Imperio
sábado, 17 de agosto de 2013
6.5 Millones de “Ninis” en Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
En el mundo existen hoy 620 millones de Población Económicamente Activa (PEA) que tienen entre 15 y 24 años, 90 por ciento concentrado en países subdesarrollados. Son esos jóvenes los que resultan más afectados que los adultos en el desempleo generado por la crisis, a tal grado que la tasa de desocupación juvenil aumenta un punto porcentual en 2008 y 2009, el doble que el alza de 0,5 por ciento en la de los adultos. Un informe de la Oficina Internacional del Trabajo considera que la tasa de desempleo juvenil para el 2010 a nivel mundial se ubicaba en 13 por ciento, mientras que la de los adultos alcanzó un máximo de 4,9. De hecho, el desempleo juvenil en el mundo alcanzó el nivel más alto en la historia, con 81 millones de desocupados; una falta de puestos laborales provocada por la automatización de los procesos de trabajo y el incremento de población mundial.
Pero en Estados Unidos no es menor el problema. De acuerdo con un estudio de la Annie E. Casey Foundation, titulado “Los jóvenes y el trabajo”, el número de jóvenes estadounidenses que no van a la escuela ni encuentran empleo (los llamados “Ninis”) es de 6,5 millones. Así lo destaca Phil Izzo (Wall Street Journal), quien agrega que los jóvenes de entre 16 y 24 años que dejan la escuela y no encuentran trabajo son cada vez más numerosos, convirtiendo la tasa de desempleo juvenil en EUA en la más alta desde la Segunda Guerra Mundial. El estudio confirma que unos 2,2 millones de adolescentes y 4,3 millones de jóvenes de entre 20 y 24 años, actualmente ni estudian ni trabajan.
A la vez, dicho estudio indica que aquellos que son incapaces de encontrar un trabajo y aun así deciden abandonar la escuela secundaria, tienen más probabilidades de seguir siendo financieramente dependientes de sus familiares o del gobierno federal para obtener ayuda. Pero a la vez, los jóvenes que abandonan la escuela y que no pueden acceder al mercado laboral, recurren con frecuencia a la delincuencia; de hecho, toda la PEA, esto es, los hombres y las mujeres en edad y con deseos de trabajar, ha sufrido una lenta recuperación de puestos de trabajo, pero ningún grupo ha tenido más dificultades que los jóvenes. Así, la tasa de desempleo para las personas de 16 a 19 años es del 23,7 por ciento, frente al 7,2 de la población en su conjunto.
Mientras que la tasa general de desempleo en el país se ha reducido un 25 por ciento desde su punto más alto, la tasa de desempleo en jóvenes se reduce a tan sólo 13 por ciento. La mayoría de esos jóvenes entre 15 y 24 años no tiene estudios superiores y se les comienza a conocer como la “generación perdida”; son las primeras víctimas de la crisis a partir del 2008 y, desde entonces, su situación no ha dejado de deteriorarse. Los jóvenes representan menos del 4 por ciento de la fuerza laboral, pero el 12 por ciento (uno de cada ocho de los 11 millones de desempleados) tiene entre 16 y 19 años de edad; y un subconjunto de los trabajadores jóvenes están aún peor: los afroamericanos: la tasa de desempleo de los negros de 16 a 19 años de edad es de nada menos que el 41,6 por ciento.
17 de agosto de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 18 de agosto de 2013)
El Otoño del Imperio
En el mundo existen hoy 620 millones de Población Económicamente Activa (PEA) que tienen entre 15 y 24 años, 90 por ciento concentrado en países subdesarrollados. Son esos jóvenes los que resultan más afectados que los adultos en el desempleo generado por la crisis, a tal grado que la tasa de desocupación juvenil aumenta un punto porcentual en 2008 y 2009, el doble que el alza de 0,5 por ciento en la de los adultos. Un informe de la Oficina Internacional del Trabajo considera que la tasa de desempleo juvenil para el 2010 a nivel mundial se ubicaba en 13 por ciento, mientras que la de los adultos alcanzó un máximo de 4,9. De hecho, el desempleo juvenil en el mundo alcanzó el nivel más alto en la historia, con 81 millones de desocupados; una falta de puestos laborales provocada por la automatización de los procesos de trabajo y el incremento de población mundial.
Pero en Estados Unidos no es menor el problema. De acuerdo con un estudio de la Annie E. Casey Foundation, titulado “Los jóvenes y el trabajo”, el número de jóvenes estadounidenses que no van a la escuela ni encuentran empleo (los llamados “Ninis”) es de 6,5 millones. Así lo destaca Phil Izzo (Wall Street Journal), quien agrega que los jóvenes de entre 16 y 24 años que dejan la escuela y no encuentran trabajo son cada vez más numerosos, convirtiendo la tasa de desempleo juvenil en EUA en la más alta desde la Segunda Guerra Mundial. El estudio confirma que unos 2,2 millones de adolescentes y 4,3 millones de jóvenes de entre 20 y 24 años, actualmente ni estudian ni trabajan.
A la vez, dicho estudio indica que aquellos que son incapaces de encontrar un trabajo y aun así deciden abandonar la escuela secundaria, tienen más probabilidades de seguir siendo financieramente dependientes de sus familiares o del gobierno federal para obtener ayuda. Pero a la vez, los jóvenes que abandonan la escuela y que no pueden acceder al mercado laboral, recurren con frecuencia a la delincuencia; de hecho, toda la PEA, esto es, los hombres y las mujeres en edad y con deseos de trabajar, ha sufrido una lenta recuperación de puestos de trabajo, pero ningún grupo ha tenido más dificultades que los jóvenes. Así, la tasa de desempleo para las personas de 16 a 19 años es del 23,7 por ciento, frente al 7,2 de la población en su conjunto.
Mientras que la tasa general de desempleo en el país se ha reducido un 25 por ciento desde su punto más alto, la tasa de desempleo en jóvenes se reduce a tan sólo 13 por ciento. La mayoría de esos jóvenes entre 15 y 24 años no tiene estudios superiores y se les comienza a conocer como la “generación perdida”; son las primeras víctimas de la crisis a partir del 2008 y, desde entonces, su situación no ha dejado de deteriorarse. Los jóvenes representan menos del 4 por ciento de la fuerza laboral, pero el 12 por ciento (uno de cada ocho de los 11 millones de desempleados) tiene entre 16 y 19 años de edad; y un subconjunto de los trabajadores jóvenes están aún peor: los afroamericanos: la tasa de desempleo de los negros de 16 a 19 años de edad es de nada menos que el 41,6 por ciento.
17 de agosto de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 18 de agosto de 2013)
El Otoño del Imperio
domingo, 11 de agosto de 2013
¿Estados Unidos, Bajo Ataque?
Jesús Hernández Garibay
La inusual “alerta mundial” emitida por el gobierno de Estados Unidos el fin de semana pasado, que llevó a la decisión de cerrar 22 de sus embajadas ubicadas en países islámicos por causa de la sospecha de que la organización musulmana armada Al Qaeda podría realizar ataques contra blancos estadunidenses, da cuenta del clima cada vez más aprehensivo de Washington a nivel global. Un escenario (que, es verdad, podría ser cierto) definido como el más grave habido desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, sin parangón con otros ataques previos; un panorama, también es cierto, hasta patético en el que algunas sedes diplomáticas hubieron de ser fortificadas con miles de marines.
Luego de la identificación de la “amenaza significativa” de una filial de Al Qaeda, en que un alto funcionario militar, el general Martin Dempsey, ofreció detalles (ABC News) sobre las supuestas comunicaciones interceptadas de los terroristas, en las que, según esto, operativos de esa red hablaban de un próximo ataque, diciendo que dicho ataque “va a ser grande” y de “importancia estratégica”, el Departamento de Estado anunció que mantendría incluso 19 embajadas y consulados en el Medio Oriente y África cerradas durante toda la semana, “en abundancia de precaución” a raíz de las “amenazas de terror” advertidas. Un espectáculo en el que si algunos ganan, son las empresas armamentistas.
Un día después de que los asesores de “seguridad nacional” del presidente Obama se reunieran presurosos en la Casa Blanca, altos legisladores aparecían en la televisión el domingo 4 por la mañana, con ominosas advertencias sobre lo que “cuerpos de inteligencia nacional” revelaran por primera vez el jueves anterior. Un peculiar clima que rodeaba una amenaza “que parece ser específica y exasperantemente vaga”, opinaba algún diario de lo que esos legisladores decían estar seguros: “La suposición es que es probable que ocurra en el Medio Oriente ―decía Peter T. King, republicano de Nueva York y miembro del Comité de Inteligencia de la Cámara―. Pero no hay garantía de eso. Podría ser en Europa, podría ser en Estados Unidos, podrían ser una serie de ataques combinados…”
Lo cierto es que el cierre de las embajadas y el amplio alerta acerca de los viajes turísticos de este verano que el Departamento de Estado emitió el viernes 2 de agosto, provocó un amplio debate acerca de si los programas de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (SNA) eran necesarios o no. El periodista ultraconservador Bill Kristol de su parte, recordaba aquel mediador discurso de hace cuatro años en El Cairo del presidente Obama, dirigido a sosegar al mundo musulmán: “y ahora ―opinaba Kristol―, cuatro años más tarde cerramos embajadas en todas partes del mundo musulmán. Hace un año, el presidente dijo que Al Qaeda estaba en fuga; y ahora nosotros parecemos estar en fuga... No critico la decisión de cerrar las embajadas, esto es probablemente lo correcto por la intención de salvar vidas…; pero es una cosa terrible… Hace sólo un año él alardeaba de que Al Qaeda estaba huyendo y de que Osama Bin Laden estaba muerto...” Y ahora…
11 de agosto de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 11 de agosto de 2013)
El Otoño del Imperio
La inusual “alerta mundial” emitida por el gobierno de Estados Unidos el fin de semana pasado, que llevó a la decisión de cerrar 22 de sus embajadas ubicadas en países islámicos por causa de la sospecha de que la organización musulmana armada Al Qaeda podría realizar ataques contra blancos estadunidenses, da cuenta del clima cada vez más aprehensivo de Washington a nivel global. Un escenario (que, es verdad, podría ser cierto) definido como el más grave habido desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, sin parangón con otros ataques previos; un panorama, también es cierto, hasta patético en el que algunas sedes diplomáticas hubieron de ser fortificadas con miles de marines.
Luego de la identificación de la “amenaza significativa” de una filial de Al Qaeda, en que un alto funcionario militar, el general Martin Dempsey, ofreció detalles (ABC News) sobre las supuestas comunicaciones interceptadas de los terroristas, en las que, según esto, operativos de esa red hablaban de un próximo ataque, diciendo que dicho ataque “va a ser grande” y de “importancia estratégica”, el Departamento de Estado anunció que mantendría incluso 19 embajadas y consulados en el Medio Oriente y África cerradas durante toda la semana, “en abundancia de precaución” a raíz de las “amenazas de terror” advertidas. Un espectáculo en el que si algunos ganan, son las empresas armamentistas.
Un día después de que los asesores de “seguridad nacional” del presidente Obama se reunieran presurosos en la Casa Blanca, altos legisladores aparecían en la televisión el domingo 4 por la mañana, con ominosas advertencias sobre lo que “cuerpos de inteligencia nacional” revelaran por primera vez el jueves anterior. Un peculiar clima que rodeaba una amenaza “que parece ser específica y exasperantemente vaga”, opinaba algún diario de lo que esos legisladores decían estar seguros: “La suposición es que es probable que ocurra en el Medio Oriente ―decía Peter T. King, republicano de Nueva York y miembro del Comité de Inteligencia de la Cámara―. Pero no hay garantía de eso. Podría ser en Europa, podría ser en Estados Unidos, podrían ser una serie de ataques combinados…”
Lo cierto es que el cierre de las embajadas y el amplio alerta acerca de los viajes turísticos de este verano que el Departamento de Estado emitió el viernes 2 de agosto, provocó un amplio debate acerca de si los programas de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (SNA) eran necesarios o no. El periodista ultraconservador Bill Kristol de su parte, recordaba aquel mediador discurso de hace cuatro años en El Cairo del presidente Obama, dirigido a sosegar al mundo musulmán: “y ahora ―opinaba Kristol―, cuatro años más tarde cerramos embajadas en todas partes del mundo musulmán. Hace un año, el presidente dijo que Al Qaeda estaba en fuga; y ahora nosotros parecemos estar en fuga... No critico la decisión de cerrar las embajadas, esto es probablemente lo correcto por la intención de salvar vidas…; pero es una cosa terrible… Hace sólo un año él alardeaba de que Al Qaeda estaba huyendo y de que Osama Bin Laden estaba muerto...” Y ahora…
11 de agosto de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 11 de agosto de 2013)
El Otoño del Imperio
domingo, 4 de agosto de 2013
Cuatro de Cada Cinco Personas, Cerca de la Pobreza en Estados Unidos
Jesús Hernández Garibay
De acuerdo con una reciente encuesta de The Associated Press, cuatro de cada cinco adultos en Estados Unidos se encuentran desempleados, o se consideran cercanos a la pobreza o han dependido de la asistencia social (seguro del desempleo) al menos durante una parte de su vida; esto representa un indicio más del notable deterioro de la seguridad económica de las familias estadounidenses y una mayor dificultad para alcanzar un status de clase media, así como el llamado “sueño americano”. Datos de esa encuesta (AP-GfK) atribuyen dicha tendencia a una economía estadounidense cada vez más globalizada, una creciente brecha entre ricos y pobres, y una pérdida de empleos industriales bien pagados.
En dicha encuesta se advierte cómo aumentan las dificultades económicas particularmente entre los blancos, lo que se traduce en un marcado pesimismo al interior de este grupo racial acerca del futuro económico de sus familias. Según otro estudio (Oxford University Press), aunque las minorías raciales y étnicas tienen más probabilidades de vivir en la pobreza, la inseguridad económica entre los blancos es más generalizada: abarca a más de 76% de los adultos de raza blanca al momento de cumplir 60 años.
El estudio define la “inseguridad económica” como un año o más de desempleo, dependencia de la ayuda del gobierno como cupones de alimentos o ingresos por debajo del 150% del nivel de pobreza; al incluir a todas las razas, el riesgo de inseguridad económica se eleva al 79%.
En dicho estudio sólo el 45 por ciento plantea que su familia tendrá una buena oportunidad de mejorar su posición económica, basado en cómo van las cosas en el país. A veces denominados como “los pobres invisibles” por los demógrafos, los blancos de bajos ingresos están dispersos en suburbios y en pequeños pueblos rurales, donde constituyen más del 60 por ciento de los pobres. Más de 19 millones de blancos caen por debajo de la línea de pobreza, con ingresos de 23 mil dólares al año para una familia de cuatro, que representa más de 41 por ciento de los indigentes de la nación, sorprendentemente casi el doble que el número de negros pobres.
En su Informe Mundial 2012, la organización Human Rights Watch destaca de su lado cómo la pobreza generalizada exhibe desigualdades raciales y de género, y un impacto desproporcionado sobre los niños y los ancianos que plantea graves problemas de derechos humanos. Cientos de miles de niños trabajan en jornadas de 10 horas o más al día en granjas, mientras en las principales ciudades miles de personas sin hogar viven debajo de las calles, en túneles subterráneos o en carpas, rodeadas de miseria y montones de basura.
No está claro quiénes exactamente son estas personas sin hogar ni cómo cavaron túneles tan profundos, pero son conocidas como “gente topo”. A pesar de todas las afirmaciones del Gobierno, en el sentido de que la recesión en el país terminó y las cosas están mejorando, estos son ejemplos que señalan claramente que la pobreza y el número de familias que no tienen condiciones apropiadas de vida en EUA sigue aumentando.
4 de agosto de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de agosto de 2013)
El Otoño del Imperio
De acuerdo con una reciente encuesta de The Associated Press, cuatro de cada cinco adultos en Estados Unidos se encuentran desempleados, o se consideran cercanos a la pobreza o han dependido de la asistencia social (seguro del desempleo) al menos durante una parte de su vida; esto representa un indicio más del notable deterioro de la seguridad económica de las familias estadounidenses y una mayor dificultad para alcanzar un status de clase media, así como el llamado “sueño americano”. Datos de esa encuesta (AP-GfK) atribuyen dicha tendencia a una economía estadounidense cada vez más globalizada, una creciente brecha entre ricos y pobres, y una pérdida de empleos industriales bien pagados.
En dicha encuesta se advierte cómo aumentan las dificultades económicas particularmente entre los blancos, lo que se traduce en un marcado pesimismo al interior de este grupo racial acerca del futuro económico de sus familias. Según otro estudio (Oxford University Press), aunque las minorías raciales y étnicas tienen más probabilidades de vivir en la pobreza, la inseguridad económica entre los blancos es más generalizada: abarca a más de 76% de los adultos de raza blanca al momento de cumplir 60 años.
El estudio define la “inseguridad económica” como un año o más de desempleo, dependencia de la ayuda del gobierno como cupones de alimentos o ingresos por debajo del 150% del nivel de pobreza; al incluir a todas las razas, el riesgo de inseguridad económica se eleva al 79%.
En dicho estudio sólo el 45 por ciento plantea que su familia tendrá una buena oportunidad de mejorar su posición económica, basado en cómo van las cosas en el país. A veces denominados como “los pobres invisibles” por los demógrafos, los blancos de bajos ingresos están dispersos en suburbios y en pequeños pueblos rurales, donde constituyen más del 60 por ciento de los pobres. Más de 19 millones de blancos caen por debajo de la línea de pobreza, con ingresos de 23 mil dólares al año para una familia de cuatro, que representa más de 41 por ciento de los indigentes de la nación, sorprendentemente casi el doble que el número de negros pobres.
En su Informe Mundial 2012, la organización Human Rights Watch destaca de su lado cómo la pobreza generalizada exhibe desigualdades raciales y de género, y un impacto desproporcionado sobre los niños y los ancianos que plantea graves problemas de derechos humanos. Cientos de miles de niños trabajan en jornadas de 10 horas o más al día en granjas, mientras en las principales ciudades miles de personas sin hogar viven debajo de las calles, en túneles subterráneos o en carpas, rodeadas de miseria y montones de basura.
No está claro quiénes exactamente son estas personas sin hogar ni cómo cavaron túneles tan profundos, pero son conocidas como “gente topo”. A pesar de todas las afirmaciones del Gobierno, en el sentido de que la recesión en el país terminó y las cosas están mejorando, estos son ejemplos que señalan claramente que la pobreza y el número de familias que no tienen condiciones apropiadas de vida en EUA sigue aumentando.
4 de agosto de 2013.
(Publicado: Revista Siempre!, México, 4 de agosto de 2013)
El Otoño del Imperio
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